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Chaos World: Bouken no Baka Kami

Capítulo 2: Hablo un Idioma Alienígena

Si, sé lo que están pensando.

“Si ese cristalito de mierda es un Dios, ¿por qué no lo matas para vengarte?”.

Créanme, estoy tentado. Pero entonces me doy cuenta de que es la primera maldita cosa en este puto mundo que no ha intentado matarme y comerme apenas me ve. ¿Pueden entender mi problema? ¿Qué tan difícil seria encontrar otro ser razonable en este lugar de locos monstruos hambrientos? ¿Eh? ¿Alguien me puede contestar?

Por lo menos, espero sacarle algo de información a este vidrio inútil antes de pisotearlo y hacerlo mierda. Sigue leyendo

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Yuuitsu no Shinjitsu

Capítulo 2: Mirada del Terror

¿Alguna vez han querido matar a alguien?

No, no es ninguna especie de broma. Lo estoy preguntando seriamente.

Todos hemos estado enojados alguna vez. Y en ese momento, no razonamos nuestras acciones. Por eso son peligrosos los ataques de ira incontrolables, porque puedes terminar haciendo algo sin pensar, y luego debes asumir las consecuencias.

Sin embargo, si empiezan a pensar en matar a alguien, si diseñan un plan, si se preparan para ello, incluso buscando deliberadamente entorpecer a cualquiera tratando de impedírselo, en ese momento tienen que empezar a preocuparse.

En ese momento, en verdad tienen que tener miedo. Y si no lo tienen, acéptenlo: Son unos psicópatas. Porque no hay otra forma de planear un homicidio tan metódico, y continuar pensando eso incluso después de haberse enfriado la cabeza. Ya no es una reacción violenta, es una necesidad inhumana muy peligrosa.

Ahora, vamos a añadir algunos ingredientes a la receta. Quieren que su víctima sepa que fueron ustedes, o no quedaran satisfechos. Este es un asunto personal, necesitan la satisfacción de ver en sus ojos el terror de sus últimos momentos, dándose cuenta de la razón por la que morirá. Obviamente, esto añade riesgo al asunto. Tienen que asegurarse de que no sea capaz de decirle a nadie, ni que algún otro pueda sospecharlo. Tiene que ser algo sutil.

Por ejemplo… ¿Qué les parece sonreírle en el momento en que lo asesinan? En ese fatídico momento, en el cual esa persona que tanto quieres ver muerta comprende su Destino, le sonríen con toda la maldad en vuestro corazón, dando el mensaje silencioso de quien es el responsable.

Y ahora, luego de tantas suposiciones, vamos a imaginar que pueden hacerlo. Que pueden matar a esa persona que odian tanto. Sin siquiera tener que hacerlo en persona, con sólo un simple movimiento de la muñeca.

Si fuera tan sencillo cometer ese asesinato… ¿Lo harían?

Tomen un momento para pensarlo.

Y ahora, deténganse. Si no se han dado cuenta todavía, lo acaban de hacer. Acaban de considerar, siquiera por un segundo, una forma práctica para matar a otro ser humano, sin sufrir ninguna consecuencia.

¿Deberían temer? ¿Son unos psicópatas?

No se hagan tantos problemas. La mayoría de las personas, independientemente de sus rencores o valores personales, no tienen la capacidad para matar a alguien con tanta facilidad. La tentación no existe, no tienen que preocuparse.

Pero… Imaginen, sólo por un momento, que esa tentación existe. Que hay un rencor. Que tienen todo el tiempo del mundo, y tantas oportunidades como quieran. Que nadie va a sospechar de ustedes, que poseen el intelecto necesario para planificarlo, que no tienen ningún principio moral fuerte que les oponga resistencia.

Y, por encima de todo, que poseen algo que nadie sabe, algo tan poderoso y extraño como para permitirles cumplir su deseo, y jamás ser sospechosos: Una misteriosa habilidad, conocida como ‘Entendimiento’, la cual la mayoría de las personas desconoce, y no pueden enfrentar de ningún modo.

¿Lo harían? ¿Planificarían el momento, hora, lugar, arma, y hasta el asunto de la sonrisa? No olvidemos, por supuesto, la destrucción de toda la evidencia, unas meras hojas de papel de impresora que no molestan a nadie. Y también deben mantener su cara de póker absoluta, para que nadie sospeche ni lo más mínimo.

Oh, casi olvido el detalle más importante. No se trata de un solo homicidio, no. Son ocho asesinatos. Ocho jodidos crímenes perfectos, totalmente satisfactorios, y que todavía hoy siguen sin resolver, pues nadie sospecha que son asesinatos.

Un accidente de tráfico, un suicidio por ahorcamiento, una electrocución, un ahogamiento, un envenenamiento por monóxido de carbono, un suicidio por sobredosis, un traumatismo de cráneo, y finalmente, hipotermia severa.

Dos estudiantes de Preparatoria, tres estudiantes de Secundaria, una mujer adulta, y dos chicos de Primaria. A todos ellos se les dio lo que se merecían, un castigo divino. Y yo fui quien se los administró; haciendo el papel de juez, jurado, y verdugo.

Supongo que, a estas alturas, la mayoría de ustedes están pensando una de estas dos cosas: “¿Quién te crees que eres? Sólo Dios puede juzgar a otros”, o tal vez “¿Puedes dejar de restregarme tus experiencias como asesina? No me interesan”.

A ambas preguntas tengo la misma respuesta: Lo sé. No tengo derecho a tomar las vidas de otros, ni a desahogar mis mierdas con ustedes. Creí que había dejado todo eso atrás, que lo había olvidado, pero ahora veo que no así.

Yo… Asesiné una vez más…


Tirada en mi cama, me retuerzo en agonía, imitando a un árbol viejo y nudoso que tiene todas sus ramas enredadas.

Yo… Maté a esas dos personas. Dos jóvenes. Debían tener unos 18 años. Los quemé vivos. No, incluso peor, hice que la persona a la que más admiraban los ejecutara por mí, en contra de su voluntad.

Ahora son diez las muertes en mi conciencia. Y otra vez, todo fue mi culpa. Porque me deje engañar de nuevo. No aprendí nada de lo que sucedió antes. No debo confiar en nadie. Todas las personas en las que confió, tarde o temprano, me traicionaran. Siempre lo han hecho. Yo atraigo a ese tipo de gente.

Ya no quiero matar a nadie más. Puede que consiguiera ocultar mis asesinatos a todo el mundo, pero no es cierto que evité cualquier consecuencia. Todas las noches tengo pesadillas, y son tan horribles que despierto empapada en sudor. Apenas he podido dormir.

Solté un leve gemido, agarrándome la cabeza con fuerza.

Supongo que no soy una psicópata. Ahora que tengo la edad para usar la razón, para entender lo que significa la empatía, estoy pagando por lo que hice.

Como resultado, día a día estoy muy estresada. No puedo concentrarme, estoy irritable y malhumorada. Tengo suerte de que en esta Academia a nadie le importa si falto a clases.

Esta última semana, bajo la excusa de un resfriado, me encerré en mi habitación. Hay un par de chicas más, que igual que yo, son del Grupo B, pero ellas hacen como si yo no existiera. O, mejor dicho, intentan no molestarme, porque me tienen miedo. El resto de la Academia, ahora que se ha extendido la noticia de la verdadera identidad de Amano Haruka, también decidieron ignorarme por completo.

Creo que hay otra chica en el dormitorio que hace lo mismo. Dicen que no ha salido de su habitación en años. Sinceramente, pensar en quedarme encerrada tanto tiempo me asusta, pero recientemente lo empecé a considerar.

Y mientras me recluía, ahogándome en mis penas personales, alguien tocó la puerta.

-Takane-chan, abre la puerta. Quiero hablar contigo.

Esa voz es de Mirai. ¿Quiere hablar conmigo? ¿Para qué?

¡Oh, ya me acuerdo! Estamos en la primera semana de Octubre. Ya no falta mucho para ese día… La Battle Royale de la Academia Jikû. Un evento que tiene lugar cada año, el día de Halloween. Aún recuerdo lo que pasó el año pasado, cuan frustrada estaba Mirai tras haber perdido.

Seguramente, va a tratar de reclutarme.

Sí, no tengo duda de que lo va a intentar. Ella piensa que, conmigo en su equipo, podrá vencer al Grupo H, los campeones del año pasado.

¡Que ridícula! ¿Cómo espera lograr eso? ¡Ni siquiera conoce la habilidad de Nameless! ¡Es imposible vencer a un oponente del que desconoces su habilidad! ¡Literalmente, es igual que tratar de escalar una montaña sin siquiera saber que tan alta es!

Aunque… No diría que es imposible. No del todo. Si estos dos rastros que he estado sintiendo son de quienes pienso, entonces tiene una ligera probabilidad.

Esos dos, los hermanos Yuuki… ¿Es una coincidencia que ambos fueran genios?

Dos genios y un entendimiento raro. Eso, y lo que sea que tenga ese tal Tsuruya Tomonori que destruyó a Akire de un solo golpe. Ese rastro era demencial. No sé de donde habrá salido, pero podría funcionar muy bien como arma secreta.

Ya veo. En ese caso, tratar de reclutarme no suena como una mala idea. Si consigue el ‘entendimiento misterioso’ de un genio Tipo Mental, suena como una buena formación de batalla. Incluso Nameless debería temer contra tantos enemigos poderosos.

¡Bah! ¡Me da igual! Sin importar cuantas veces me lo pida, no pienso aceptar. No me interesa participar en un espectáculo decadente como ese. Y no importa cuánto me lo pida, cuánto me ruegue, cuánto me suplique, mi única respuesta es no.

-Takane-chan… ¡Vamos, abre! –aun después de varios minutos, continúa tocando insistentemente la puerta-. Si no me abres, tendré que entrar por la fuerza.

-No lo harás –murmuré una respuesta, pero sólo fue para mí misma.

-¡Te doy cinco segundos! –dejo de golpear a la puerta-. ¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos! ¡Uno!

De repente, un sonido estruendoso.

Alcé la cabeza. La puerta estaba en medio de la habitación, luego de ser arrancada de sus bisagras de una patada.

En el marco de la puerta destrozada había una persona. Una mujer de cabello azul, aunque de un tono mucho más oscuro que el mío. Con una figura envidiable, una sonrisa maliciosa, y unos ojos que parecían ciegos; ella es Kirisaki Ruri, alias Mirai, líder del Grupo S.

-¡No puedo creerlo! ¡En serio lo hiciste! –me incorporé, muy molesta-. ¡¿Estás loca o qué?! ¡Mira el desastre que has hecho!

-¿De qué estás hablando? ¡Yo no veo nada! –ella puso una sonrisa sarcástica, al tiempo que alzaba su mano derecha en alto, y chasqueaba sonoramente sus dedos.

De inmediato, la puerta se alzó en el aire. Los trozos de madera que saltaron del marco volvieron a su sitio, regresando atrás como en una película en reversa. La puerta se quedó quieta un instante, mientras está molesta mujer se invitaba ella misma con una reverencia hipócrita, y luego volvió a su posición usual. Sonaron unos ruidos raros, y luego se acopló perfectamente, como si jamás la hubieran roto.

Haciendo una burla final, Mirai abrió la puerta desde adentro, la volvió a cerrar, y entonces se oyó el sonido de la cerradura.

Ese conveniente poder de controlar el tiempo… ¡Es irritante!

-Si podías abrirla tan fácilmente, ¿para qué la pateaste?

-Porque fue más dramático, ¿verdad? –ella se plantó frente a mí, exhibiendo su arrogante sonrisa-. Además, consiguió sacarte de la cama, ¿no es así? Todos ganamos.

-¡Te equivocas! ¡Maldita loca! –me paré en puntas de pie, intentando parecer algo más alta e intimidante, pero fue inútil contra esta mujer. Ella supera el metro setenta, es ridículamente enorme-. ¡No entres a la fuerza a las habitaciones de otras personas!

-Si no quieres abrirme, ¿qué más quieres que haga? ¡No me dejaste otra opción! –Mirai se sentó en mi cama con suma arrogancia.

¡Me está hirviendo la sangre de ira! ¡Esta mujer es una maldita desgraciada y creída!

-¡No quiero abrirte porque no pensaba escucharte! ¡Sé muy bien para que viniste, y la respuesta es no!

Mirai comenzó a reírse de repente, como si algo de lo que dije fuera gracioso.

-¿¡Cuál es tu maldito problema!?

-Pues, para empezar, ni siquiera te he dicho para que vine a verte, y ya estas negándote a todo. ¿Qué tal si hubiera venido a salvarte la vida? –me lanzó una mirada presuntuosa, al tiempo que sonreía con malicia-. Y antes de que te pongas a decir que no es así, déjame advertirte que realmente vengo a ayudarte.

-¿Ayudarme? ¡Créeme una cosa, Mirai; no importa cuántas veces lo pidas, no importa si te arrodillas ante mí, no me importa si me lames los pies mientras suplicas con lágrimas en los ojos, jamás me uniré a tu Grupo para participar en la Battle Royale! ¡Detesto esa absurda farsa! ¡No participé ni una vez, y no pienso iniciar ahora!

Solté todo ese discurso con una furia desbordante, casi echando espuma por la boca. No sé cómo debo verme en el espejo, pero como mínimo tiene que haberle entrado en la cabeza que estoy siendo seria sobre esto.

Mirai bajó la cabeza, asintiendo levemente.

-Lo imaginaba. Y estas en tu derecho de decir que no quieres participar –alzó la mirada, clavando sus ojos blanquecinos en los míos de color caoba-. Pero realmente te quiero en mi equipo para ese momento. Y por esa razón, pensé en hacerte este pequeño regalo.

Llevó la mano a su enorme pecho, sacando un trozo de papel del bolsillo de su uniforme. Me lo tendió, agrandando incluso más esa sonrisa demoníaca suya.

Yo no quería aceptarlo. Tenía un presentimiento muy negativo al respecto. Sin embargo, mi maldita curiosidad me derrotó casi instantáneamente, y tuve que recibir el regalo.

-¿Un boleto de tren? ¿Quieres que vaya a algún lado?

-Correcto –respondió ella-. Una amiga mía me invitó a pasar una semana en una isla, y me dejo traer algunos amigos. Unas cortas vacaciones en un hotel de lujo completamente gratis. Imposible perdérselas, ¿verdad?

-Pareces un anuncio de Internet –me burlé, aunque fue de manera lacónica-. ¿Y para qué quieres invitarme a una isla? ¿Vas a intentar lavarme el cerebro o qué?

-¡Por supuesto que no! ¿Quién piensas que soy? –hizo una risita muy molesta-. Simplemente, me gustaría que pasaras un tiempo conmigo y mi Grupo, relajándote y disfrutando. Luego de que pase la semana, te daré la oportunidad de decidir si quieres unírtenos o no. Es tu decisión.

Me lanzó una mirada profunda. La vista de esos ojos blancos me provocó un ligero escalofrío. Por un instante, sentí como si pudiera ver a través de mí.

¿Qué está intentando hacer? ¿Cree que cambiare de idea sólo por unas vacaciones? Ella no es estúpida, sabe que no va a convencerme con esto. Lo mejor sería declinar la invitación, ya que no tengo idea de qué diablos esté planeando hacer en ese supuesto hotel de lujo. Para empezar, ¿cómo diablos consiguió una amiga suya estas cosas?

No puede ser…

Ahora que lo pienso, esta mujer no tiene muchos amigos. Su personalidad aleja a la gente, especialmente a los hombres. Que yo sepa, sólo se junta con dos personas aparte del Grupo S.

Yamanaka Aya, del Grupo U, la hermana mayor de la conocida Hikikomori…

…E Ishida Kitsumiya, hija de la rama principal de la familia Ishida.

Tuve que usar toda mi fuerza de voluntad para evitar que mis piernas comenzaran a temblar sin control.

-Ehm… ¿Mirai-san? –intenté no balbucear, pero se hacía difícil-. Por casualidad… Esta invitación viene de parte de Ishida-san, ¿no es así?

-¿Oh? ¿Cómo lo supiste? –aunque fingía ignorancia, se me hizo evidente que se daba cuenta de lo que yo estaba pensando-. Acertaste. Quien nos invitó a estas vacaciones fue Miya. Ella está ansiosa por conocerlos a todos.

Maldita sea.

¡Maldita sea!

¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea!

¡¡¡MALDITA SEAS, MIRAI!!!

No puedo decir que no.

A estas alturas, decirle que no a esta chica sería como insultar a la familia Ishida.

Hacer eso… Es el equivalente de saltar desde el techo de un rascacielos. Para cuando llegue al suelo, no quedara mucho que sepultar. Tendrían que recogerme en bolsas. Quedaría irreconocible.

La mayoría de la gente simplemente cree que esa familia es una antigua casa tradicional con mucho dinero, que maneja una empresa valuada en billones de dólares americanos.

En esta Academia, ellos sólo son los benefactores que mantienen estas instalaciones, consiguiendo nuevos talentos alrededor de todo el país. Justamente por eso, Ishida Kitsumiya es extremadamente popular y muy querida por todos.

Pero yo sé mucho más que eso. Sé cuan terribles pueden ser. Por nada del mundo quisiera ser enemiga de esa familia, ni siquiera de la hija menor. Ella puede parecer inofensiva, pero tiene en sus venas la misma sangre.

La misma sangre que esas personas. Aquellos que saben todo lo que he hecho.

Sólo tuve que verlos una vez para darme cuenta. No se juega con esa familia. Si vas contra ellos, moverán el Cielo y la Tierra para encontrarte, destruirte, y encargarse de que jamás nadie sepa que pasó contigo.

Sólo pensar las cosas que han hecho hasta ahora me hiela la sangre. Absolutamente no quiero vivirlas en carne propia.

-Está bien. Estaré ahí mañana –murmuré débilmente, bajando la cabeza, totalmente derrotada-. Comenzare a hacer mis maletas.

-Un momento, Takane-chan. Hay algo que deberías arreglar primero –ella se puso de pie, tomándome por los hombros-. Ven conmigo un segundo.

Sumisamente, me deje arrastrar hasta el baño. La forma en que ella me guiaba era algo extraña, se sentía muy incómodo. Casi como si me estuviera tratando como a un perrito. Finalmente, me puso frente al espejo, abrazándome suavemente el cuello con sus brazos.

Podía sentir su aliento en mi oreja. Y también dos enormes cosas en mi espalda.

-Mírate bien –ordenó.

Alce los ojos, contemplándome. Lo que vi parecía sacado de una película de terror.

Estoy muy pálida, casi cadavérica. Mi cabello es un desastre. Tengo las mejillas hundidas, unas profundas ojeras, y el pijama sucio y arrugado. Pero lo peor es la mirada en mis ojos. Se ve tan apagada y temerosa… Ya veo como esta mujer sabía cada cosa que estaba pensando: Lo vio fácilmente en mi cara.

Esa niña capaz de esconder que había cometido ocho asesinatos ya murió hace mucho tiempo.

-Será mejor que te tomes un tiempo para descansar apropiadamente. No querrás que los chicos te vean así, ¿verdad? –murmuró Mirai amablemente.

Sin embargo, por más que su sonrisa se vea amigable, es sólo la máscara de un demonio. La forma en que está inclinada, asomándose por encima de mi hombro, es tétrica. Empiezo a pensar que está acosándome sexualmente.

Suspiré para dejar escapar mi nerviosismo.

-Tienes razón. Me ha costado dormir últimamente.

-Todos tenemos ese problema alguna vez. Afortunadamente, hay soluciones –puso en mi mano dos píldoras blancas. La sensación de sus dedos en mi piel me ponía tensa-. Tomate estas, tiéndete en la cama, y en media hora estarás durmiendo como un bebe. Y hasta que no recuperes el color en el rostro, no te levantes. Créeme, funcionan.

¿Ella también las usa? Supongo que no es una psicópata tampoco. Tal vez sólo me está intimidando con este lenguaje corporal tan raro. Si le cuesta dormir, debe ser porque tiene cosas en su cabeza que la atormentan, igual que yo.

Por cierto, también es obvio porque sólo me dio dos, en vez de un frasco entero o algo así. No quiere que este tentada a suicidarme. Aunque, en verdad, nunca lo considere como posibilidad. No importa cuán mal me sienta, quitarme la vida no es una opción.

Del otro lado me esperan cosas mucho peores, estoy segura.

-Muchas gracias –respondí débilmente-. ¿Nos vemos después?

-Claro. Un auto vendrá a recogernos mañana, alrededor de las 05:30. No te retrases –con estas palabras, me soltó y salió del baño. Se paró frente a la puerta-. Adiós, Takane-chan. Espero que pasemos unas hermosas vacaciones.

Tan repentinamente como vino se marchó, aunque esta vez de una forma mucho más silenciosa.

Ya sola, me derrumbe en el piso del baño, abrazando mis rodillas. Deje escapar una risa nerviosa.

Tengo miedo. Miedo de esa mujer, miedo de los Ishida, miedo de todo.

A estas alturas, lo mejor que puedo hacer es dejarme llevar, actuar como una muñeca sin alma, no llamar su atención. Mientras no haga nada estúpido, deberían dejarme en paz. Al menos espero que sea así.

Si no tuviera este maldito poder…

Si no hubiera cometido esos asesinatos…

Si no me hubiera encaprichado de Amano Haruka…

Todo esto es una mierda. Una gran mierda.

Pero no hay nada que yo puedo hacer para cambiarlo.


(Cambio de Narrador: Mirai)

Lo logré.

Hice que la muy renuente Takane-chan accediera a este viaje.

Tuve que engañarla un poco, pero fue por una buena causa.

En realidad, y es mejor que ella no lo sepa, los Ishida no la mencionaron en lo absoluto. Miya sólo quería que mi Grupo viniera, pero la convencí de que me permitiera llevar a algunas personas más.

Pasé cuatro horas discutiendo con Ayano-chan, pero no conseguí convencerla. Después de eso quede tan frustrada, que probablemente me acabo de descargar con Takane-chan. No trataba de amenazarla, pero creo que me extralimite cuando le hice creer que la familia Ishida le ordenaba venir.

Aunque lo peor, por lejos, fue cuando me puse a toquetearla. Por suerte, mi autocontrol evitó que hiciera algo estúpido. Pero es claro que me aproveche de mi posición de autoridad para acosarla sexualmente. ¡Y ella ni siquiera es mi tipo!

Realmente estoy estresada si estoy pensando seriamente en manosear a una chica de Secundaria para descargar mi frustración sexual. Por eso tuve que salir lo más rápido que pude de esa habitación… Antes de pasar un punto de no retorno.

-Tendré que tener una charla con ella. Con suerte, ignorara lo que hice.

Di un suspiro cansado.

Necesito un descanso. Todavía tengo que preparar mi cara de póker para cuando Kiyoshi-chan se ponga su traje de baño. Si me la quedo mirando, con baba en la boca, tarde o temprano alguien sabrá mis… Tendencias…

No quiero que este en guardia de mí. Eso sería terrible.

Mi celular sonó, recibiendo un correo de Kiyoshi-chan. Entre la enorme cantidad de locas suposiciones de que Tsuruya y su sexy prima tenían un romance incestuoso, logré entender que él traería a esta chica y su hermano en el viaje con los boletos extra.

Con eso ya somos ocho. Y si no exagera sobre la tal Ka-chan, debe ser una belleza de mi edad. Espero que sea digna de contemplar. Hará el viaje entretenido.

Pero, antes de eso, tengo que hacer una llamada.

-Hola, Miya.

-Buenos días, Ruri –respondió una voz melodiosa al otro lado del teléfono.

De fondo podía escucharse el sonido de conversaciones. Parece que el aislamiento del jet privado es tan bueno que los motores ni siquiera se oyen desde adentro. Todo un viaje de primera clase.

-Confirmé que recibió la invitación. Vendrá mañana, junto a un par de familiares. ¿Las instalaciones están preparadas?

-Tengo entendido que ya llegó la primera ronda de visitantes. Unos muchachos nos estarán acompañando esta semana.

-¿La inauguración no era mañana?

-Eso se supone, pero según Onii-sama, es malo para el negocio usar trivialidades para incomodar al público. Por otro lado, que ya haya gente interesada es una buena señal.

-Eso es cierto –acordé-. No serán problema, probablemente. Y si alguno se pasa de listo… Sólo déjame hacerme cargo.

¿Necesito hacer algún gesto cliché para sugerir violencia? Creo que es innecesario a estas alturas. Ustedes pueden imaginar lo que podría pasarles a esos idiotas. Por favor, no olviden incluir en sus fantasías el clásico sistema de pechos rebotadores.

Oh, y si acaban de imaginar a los míos en esa situación, pueden empezar a tocar sus pequeños palillos que comienzan a endurecerse. Lentamente, acelerando poco a poco… Cierren los ojos, relájense…

¡Y disfruten mientras se los rompo de una patada!

No, ya en serio, no lo hagan. Es de muy mala educación masturbarse mientras miran a los pechos de alguien. Créanme, cada vez que veo a algún idiota mirando los míos, me dan ganas de estrellarle la cabeza contra alguna pared y clavarles un talonazo directo en las bolas.

No me obliguen a hacerlo, ¿sí? Preferiría no tener que hacerlo, pero si es necesario…

-Ruri, ya hay seguridad. No es necesario que hagas nada violento –Miya me sacó de mis pensamientos, soltando una risita amigable-. Sólo tienes que decirme si te sientes incomoda, y me encargare de todo.

-No me gusta tener que depender de gente que ni siquiera conozco –me quejé.

-Nada malo puede pasar, Ruri. Onii-sama también vendrá.

La revelación me tomó desprevenida.

-¿Kurokami? ¿Está interesado en ellos?

-Por supuesto. Onii-sama también quiere conocerlos. Me pidió que organizara este viaje –Miya soltó un suspiro-. Aun no puedo creer que vayamos a encontrarnos personalmente. ¡Estoy tan emocionada!

-Miya, sé que no soy quien para discutir vuestra fe, pero tengo que advertírtelo: No esperes algo extraordinario. Ella no parece ningún tipo de Dios. Sin mencionar que sospecho que Tsuruya no va a estar de acuerdo con nada de esto –se me escapó una risa burlona-. De hecho, creo que él tiene miedo de que ustedes lo descuarticen o algo así.

De inmediato, ella también comenzó a reírse.

-¿Por qué haríamos eso? No entiendo cómo podría llegar a esa conclusión –sonreí. La risita infantil de Miya era capaz de alegrar el corazón de cualquiera-. En cualquier caso, estamos muy ansiosos por encontrarnos con ellos. Este será un evento único en la historia de nuestra familia.

Una pausa dramática, seguida de una solemne declaración.

-Porque yo, Ishida Kitsumiya, podre por fin cumplir una de las grandes tareas que mi linaje ha perseguido desde hace siglos: Probar la existencia de Nuestra Señora Rea, Madre de Todo el Entendimiento…

Escuche un suspiro fanático del otro lado de la llamada.

-…Y también, dar la bienvenida a Nosotros al Apóstol de la Madre Rea, Kronos, Tsuruya Tomonori-dono.


Y al día siguiente, cerca de las seis de la mañana…

-Juro que apenas ella le ponga la mano encima, se la cortare –murmuraba Kiyoshi-chan, rechinando sus bonitos dientes blancos.

-Hermanita, no digas eso. Estoy muy seguro de que no hay ningún tipo de relación enfermiza entre Tomonori-kun y su prima –aseguró Yuuki, con su sonrisa omnipresente pintada en el rostro-. Además de eso, ¿con que cuchillos harías semejante cosa? Kirisaki-san y yo te los confiscamos todos. Y si haces más, ya sabes lo que pasara, ¿no es así?

-Lo sé, Onii-san –refunfuño Kiyoshi-chan, molesta-. Tendría que volver a encerrarme en la Academia otra semana, hasta que mi emisión de rastro baje otra vez.

-Correcto. Así que nada de pasarse de lista, ¿comprendes? –ante mis palabras, ella dejo escapar unas maldiciones en voz baja, al tiempo que se cruzaba de brazos en el asiento-. Y cuidado con tus modales. ¿O prefieres quedar al cuidado de Aya?

Kiyoshi-chan dejo escapar un gruñido. Ella seguramente piensa que suena como una amenaza, pero es más comparable a un perrito que se ha portado mal.

¿Recuerdan lo que utilizó el Volumen pasado para esconder su rastro de todo el mundo? No usar su entendimiento de creación de armas, sino uno de modificación, con tal de disminuir la emisión. Es una táctica que se ha usado por siglos para no ser reconocido como un entendedor.

No hay manera de que tres genios puedan salir de vacaciones sin llamar la atención. El rastro de un genio ya es enorme, con nosotros en el mismo lugar sin duda alguien va a notarlo. Necesitamos una manera de anular nuestros rastros.

Para eso se inventó el Espacio, pero somos Tipo Material, no Tipo Mental. Ninguno puede hacer un Espacio perfecto, a diferencia de Tsuruya y Shiro. Con nuestras técnicas incompletas sólo somos capaces de bloquear una parte de nuestros rastros, así que tenemos que recurrir a este tipo de tácticas para pasar desapercibidos fuera de la barrera de Danger.

Desde la semana pasada, no hemos usado nuestros poderes.

Bueno, estrictamente hablando, quebré eso ayer cuando rehíce la puerta de la habitación de Takane-chan, pero no importa. Puedo calcular mi emisión de rastro, y tengo un Espacio lo suficientemente bueno para contener algunos usos deliberados del entendimiento temporal. Aun así, estoy casi en el límite, así que será mejor no hacer tonterías.

Yuuki debe estar en una situación parecida a la mía. Sé que sólo ha usado una ficha para vigilar a Kiyoshi-chan ayer, cuando fue a casa de Tsuruya. Ella es quien más complicada esta, su Espacio es apenas aceptable. Puede contener el rastro residual de la semana pasada, pero si vuelve a usar ese entendimiento, habrá fugas.

Es una buena excusa que tenemos para que se mantenga calmada.

En este momento, estoy en el asiento del acompañante de una discreta camioneta negra. La misma está siendo conducida por un auxiliar de la Academia Jikû. El sujeto no ha dicho una palabra en todo el trayecto, casi parece que fuera un robot o algo parecido.

Detrás de mi esta Takane-chan, quien no tiene ningún problema con rastros residuales debido a su Espacio perfecto. A su derecha esta Yuuki. Y a la derecha de él, Kiyoshi-chan, refunfuñando. Shiro viene con el equipaje, ya que fue imposible hacerlo desprenderse de ese gato de la cola peluda. Además, trae una ardilla metida en su bolsillo; y un pájaro raro de color azul eléctrico parado sobre su hombro. Por lo menos, sus animales se comportan perfectamente, a diferencia de cierta chica.

-Estúpido sempai, ¿por qué tiene que traer a una súper sexy prima lujuriosa seductora? ¡Es ridículo! ¡Es muy obvio que yo soy más linda que ella! ¿Qué le vio? ¿O es por el sentimiento prohibido de poner sus manos encima de un pariente? ¡Seguro que ella lo sedujo con ese cuerpo curvo podrido inmundo deforme lleno de grasa inútil y asquerosa!

-Hay tantas cosas que podría reprocharte… ¡Ni siquiera sé por cual empezar! –le lance una mirada afilada, haciendo que se encogiera en el asiento-. Por favor, Kiyoshi-chan, no me hagas amordazarte, ¿bien?

Ella asintió lentamente.

Yuuki se estaba aguantando las ganas de soltar una carcajada.

Por otro lado, Takane-chan sólo mira aburridamente por la ventana. No ha dicho una sola palabra desde que subimos al auto. Por lo menos tiene mejor aspecto que ayer, ya no parece una vagabunda drogadicta. Es probable que tenga miedo de decir algo erróneo y molestarnos, como si fuéramos los sirvientes de los Ishida.

Todavía no tuve tiempo de hablar con ella. No creo que se ponga a decir nada, pero no puedo estar segura. La parte de mi amenaza usando a los Ishida no me preocupa, puedo hacerlo ver como una broma de mal gusto. Sin embargo, lo del acoso sexual es otra cosa.

No quiero ni imaginar la cara de Kiyoshi-chan si se entera de las cosas que hice a sus espaldas. Especialmente cuando se entere adónde van a parar sus bragas desaparecidas.

-Parece que ya hemos llegado, Kirisaki-san –avisó Yuuki. El vehículo comenzaba a bajar su velocidad.

Nos detuvimos frente a la estación de trenes. El auxiliar no se movió del volante mientras sacábamos nuestro equipaje. Eche un vistazo alrededor, pero Tsuruya no estaba por ninguna parte.

-¿Y sempai? –preguntó Kiyoshi-chan, llevando a Shiro de la mano. El pájaro estaba en su hombro, y el gato dormía mansamente encima de una maleta con ruedas. No veo a la ardilla, pero esa debe estar escondida en algún lado.

-Llegamos temprano. Debería aparecer en unos minutos –respondió Yuuki, mirando su teléfono.

Terminado el trabajo de bajar las maletas, el robot encendió la camioneta, largándose tan rápido como había llegado. Suspiré. ¿De dónde sacó Miya a este sujeto? No esperaba al tipo más elocuente de la Tierra, pero por lo menos sería bueno que no pareciera como si estuviéramos en plena misión de espionaje.

Takane-chan, completamente apática, comenzó a escribir algo en su celular. Mirando de reojo, me asegure de que los hermanos estaban ocupados con el chico albino. Me acerque a ella, pero ocultó el Smartphone cuando intenté mirar la pantalla.

-Espero que no estés haciendo nada extraño, ¿verdad? –pregunté, tratando de sonar desinteresada.

-No –su respuesta fue escueta. Evitaba encontrarse con mis ojos.

-Oye –le tomé el brazo suavemente, causando que se sobresaltara-. Sobre lo de ayer… Sabes que no era tan en serio, ¿verdad?

-¿Oh? ¿Qué parte? –me lanzó una mirada furiosa con disimulo-. ¿Qué eres un perro de los Ishida? ¿Qué estabas intentando intimidarme para traerme? ¿O tienes por hobby manosear a chicas más jóvenes?

Diablos. Es más perspicaz de lo que pensaba. ¡Estúpida característica de los Tipo Mental! Si sólo ella y Tsuruya fueran como Shiro, todo sería más fácil.

-Para responder a tus preguntas… No soy el perro de nadie. Simplemente me sirvo de cualquier arma para lograr mis objetivos. Y sí, me pasé con la amenaza, me disculpo. En cuanto a mis hobbys, mis preferencias son mi asunto.

-¿Preferencias? –lanzó una mirada a Kiyoshi-chan, que estaba ocupada acariciando al gato dormido-. Tú y ella…

-¿Crees que le haría eso a una cosita inocente y adorable como ella?

El rostro de Takane-chan se estaba poniendo rojo lentamente.

-Lo que ustedes hagan no es de mi incumbencia. Por cierto, ¿podrías soltarme?

Deje ir su brazo. Inmediatamente, puso un paso de distancia entre nosotras.

-No vuelvas a tocarme. ¡Pervertida! –por suerte, lo dijo en voz baja-. Si vuelves a ponerme un dedo encima, se lo diré a todo el mundo.

-Muy bien –alcé las manos, en señal de paz-. No te tocare. ¿Tenemos un trato?

Alargué la mano para estrechársela. Takane-chan la ignoró, dándose la vuelta.

Ah… Eso salió bastante mal. Por lo menos conseguí convencerla de no decir mi pequeño secreto. Es un trato justo, así que no le daré más vueltas. No voy a gastar mi arma secreta en una discusión banal.

-¡Ahí viene sempai! –gritó Kiyoshi-chan, señalando a un auto que se acercaba rápidamente. Era un modelo nacional de hace unos años, bien cuidado.

Se detuvo. El conductor, a quien identifico como Tsuruya Mikuni, apaga el coche. Un segundo después, la puerta del acompañante se abre, revelando a un Tsuruya bastante nervioso.

Primero lo primero, la cortesía. Me acerqué al padre de Tsuruya, quien estaba bajando tranquilamente, a diferencia de su hijo.

-Tsuruya-san, supongo –realice una inclinación rápida-. Mi nombre es Kirisaki Ruri, jefa del club. Encantada de conocerlo.

-El placer es mío, señorita. Veo que mi hijo está en buenas manos –por un segundo, tuve la desagradable impresión de que había mirado más abajo que mi mentón. Suele suceder-. Estoy agradecido de ver que se ha unido a un buen club, para variar. No todos pueden tener Tesoros Nacionales…

-¡Otou-san! ¡Creí que ya habíamos discutido eso! –gritó Tsuruya, que había pasado de la preocupación a la ira en un instante. Su hermano menor, a punto de bajar del auto, reprimió a duras penas la risa.

-Hijo, no hagas un escándalo por una broma inocente.

-¿Qué tiene de inocente? ¡Si ella se da cuenta, va a molerme a golpes!

¿Si me doy cuenta? ¿Acaso ese idiota cree que no voy a notar que llamaron ‘Tesoros Nacionales’ a mis pechos? No hay forma de no darse cuenta, especialmente con esas miraditas de reojo que intentan esconder.

Hombres mirando mis pechos es cosa de todos los días. Es una de esas molestias que me estresan mucho, y me hace querer reventarles la cara a puñetazos. No sé cómo Miya no se molesta por esto.

Y si, sé que algunos imbéciles entre el público deben estar pensando en ese asunto. “¿Por qué te pusiste un cosplay atrevido antes si no te gusta que te miren?”

Tengo una pregunta que hacerles a esos idiotas: ¿Por qué les importa tanto? ¿Creen que una chica quiere que la miren con lujuria o la acosen sólo porque se puso una minifalda?

Eso es estúpido. Que una chica use ropa atrevida no les da una excusa a los hombres pervertidos de acosarla. Podemos vestirnos como queramos. Yo puedo usar la ropa que quiera, y ahora mismo no llevo nada llamativo, así que no entiendo porque el pervertido padre de Tsuruya tiene que mirar mis pechos.

Ah… Supongo que de tal astilla, tal palo. No sé ni porque me estoy sorprendiendo.

-Tsuruya-san, déjeme asegurarle que cualquier cosa que su hijo le haya dicho sobre mí es una exageración sacada de contexto, producto de una mente muy fructífera a la hora de inventar excusas –interrumpí la discusión padre e hijo con una corta explicación, la cual es una obvia mentira a oídos de ese lolicon pervertido. Sin embargo, espero que una discusión adulta haga que este hombre reaccione como tal, y deje de comportarse como un adolescente en celo.

-Estoy seguro que sí. Mi hijo es una persona que suele dramatizarlo todo –con una sonrisa, su parte que es padre reaccionó-. Espero que disfruten mucho de este viaje. ¿Podrás tratar con él y su hermano? Juntos son mucho peores.

-Le aseguró que sí. Un par de niños en plena pubertad no son la gran cosa. Cuando vuelvan, van a estar mucho más calmados que antes, se lo prometo.

Tsuruya-san soltó una risa alegre.

-Muy bien. Y, te lo advierto, también deberías tener un ojo en Touka. Ella puede ser más problemática que los dos juntos. Los tres al mismo tiempo… Aún recuerdo lo difíciles que eran de pequeños.

¿Un trio de chicos problemáticos? ¿Qué sigue, me crecen orejas en el pelo y me convierto en Kuro Usagi? Si eso llega a pasar, por favor, que nadie se vuelva Shiroyasha. No me malinterpreten, adoro a esa pervertida, pero no quiero tenerla entre mis pechos 24/7.

-Créame, tengo experiencia tratando con chicos problema.

Miré detrás de mí, viendo como Yuuki detenía a su hermana de lanzarse a derribar a Tsuruya al suelo. Takane-chan ignoraba a todo el mundo, escribiendo cosas en su celular. Shiro se había quedado parado, muy quieto, mientras el pájaro en su hombro y la ardilla en su cabeza atraían la atención de los transeúntes.

-Ya veo –el padre de Tsuruya asintió con la cabeza, viendo la situación-. Mi esposa debe estar por llegar con nuestra sobrina. Por cierto, me recuerdas a ella.

-¿A su sobrina? –respondí, con una sonrisa presumida.

-No, a mi esposa. Ustedes dos tienen la misma… No sé cómo explicarlo. ¿La misma aura? –se encogió de hombros, confundido.

Un segundo después, otro auto se estacionó junto a nosotros. Este era importado, nuevo y reluciente. Si los transeúntes ya nos miraban por el comportamiento de estos chicos problema, ahora no podían sacarnos los ojos de encima. Casi siento como más de un hombre mira donde no debería. ¡Estúpidos pervertidos!

Del asiento del conductor bajo una mujer que también reconocí. Tsuruya Hikari rodeó el carísimo Maserati, abriendo la puerta del acompañante.

-Touka-chan, llegamos. ¡Despierta!

Frotándose los ojos, una chica emitió un largo bostezo mientras recogía una maleta bastante grande.

Wow. En serio. Tuve que controlarme mucho para no quedarme tiesa y boquiabierta.

Ella es muy hermosa.

Su piel bronceada relumbra en un tono similar al chocolate. Ese cabello castaño rizado y llenó de broches es precioso. Y tiene unos ojos oscuros como la obsidiana, profundos como el Vacío del Universo, y brillantes como las estrellas.

A diferencia de mi cuerpo desproporcionado, sus curvas son perfectas. Las caderas son igual de anchas que los pechos. La cintura no es demasiado estrecha, ni demasiado rellena. Su cuello está perfectamente delineado, sus muslos tienen el tamaño justo. No hay ninguna forma en que pueda decir que no es preciosa y perfecta.

Si tuviera que ponerla en un ranking de belleza, le daría el top 4, desbancando a la misma Miya (jamás lo admitiré frente a ella). Ayano es muy difícil de mover de su sólido tercer puesto. El top 2 es para Kiyoshi-chan, pero esa es únicamente una preferencia personal. Y creo que no tengo que decir a quien puse en primer lugar. Sólo la vi una vez, y fue suficiente…

¡Ah, mierda! ¡¿Qué carajo es lo de arriba?! ¡Por favor, ignoren los tres párrafos anteriores! Siento como si mi lado homosexual me hubiera poseído por un instante. Hagan como que no han leído nada… ¡O ya verán!

-Encantada de conocerte. Mi nombre es Kanagawa Touka –ella me saludó a mi primero. Su sonrisa es cordial y aventurera-. Estoy en Segundo Año de Preparatoria. Mis aficiones incluyen la natación, el boxeo, las películas de acción, y el ramen de carne. ¡Muchas gracias por esta oportunidad!

Kanagawa Touka hace una reverencia frente a mí, haciéndome sentir incomoda. Ahora puedo notar que es casi tan alta como yo. Viste ropa ligera, shorts, y unas medias de nailon debajo de ellos. Considerando sus autoproclamadas aficiones, creo que es un poco marimacho.

Perfecto. También me gustan así. Mujeres, hombres, ¿cuál es la diferencia?

¡Ah, rayos! ¡Ya cálmate, Ruri! ¡No es momento de pensar cosas pervertidas! ¡Si te pones así con una chica que apenas conoces, terminaras babeándole el traje de baño a Kiyoshi-chan!

-Kirisaki Ruri, Tercer Año. Mis aficiones incluyen la lectura, el karate, la música pop, y hacer cosplay –le devolví la reverencia. Mi cintura no estaba acostumbrada, así que dolió un poco-. Estoy segura de que nos llevaremos muy bien, Kanagawa-san.

-Por favor, llámame Ka-chan –me dio una mirada picara-. ¿Está bien que te llamé Ruri-chan?

-Demasiado lindo para mi gusto –respondí, con una risa nerviosa.

-Que lastima. Suena tan adorable… Pero es cierto, no combina. Kirisaki-san parece más bien una Onee-chan sexy –murmuró, con una sonrisa maliciosa.

Sin duda, esta chica es pariente de Tsuruya. Nadie más se atrevería a decir semejante cosa apenas conocernos. Aunque no es nada malo que ella me considere sexy. Nada malo.

-Por favor, disculpa a mi sobrina impertinente. Es demasiado masculina para ser tan guapa –Tsuruya Hikari puso una mano sobre el hombro de Ka-chan, provocando que ella se pusiera tensa-. Le encanta poner incomoda a la gente en su primer encuentro, igual que a mi hermana. El abuelo solía decir que toda su familia era extraña por naturaleza. ¿Tenemos algún gen raro?

-El Asperger suele ser genético –respondí educadamente, intentando despejar la densa atmósfera que producía la presencia de esta mujer-. Muchas grandes figuras de nuestra época lo tienen, así que no debería ser tan malo.

-Eso sólo depende de la crianza, la parte más difícil –lanzó una mirada a sus hijos, poniéndolos nerviosos-. Tomonori ya es un caso perdido, pero creo que Kyousuke tiene esperanzas.

-¡Ka-san! –se quejó Tsuruya, apartando la cara violentamente-. ¡Deja de hacerme quedar mal!

-Tomonori, yo no te hago quedar mal. No necesitas mi ayuda para eso –su hijo no pudo replicar nada, fulminado por una mirada sumamente inquietante-. Ruri, ¿puedes venir conmigo un segundo? Hay algo que quiero discutir contigo.

La acompañé hasta unos diez metros de distancia. Le dimos la espalda a los demás, mientras hacían sus presentaciones. Noté que se veía un poco incomoda al tener que mirarme hacia arriba, probablemente porque tiene edad para ser mi madre.

-Seré directa –musitó, al tiempo que sacaba un chicle de nicotina de su bolso y se lo ponía en la boca-. ¿Cuál es la verdadera razón de esto?

¿De qué está hablando? No hay manera de ella sepa nada sobre…

Qué diablos… ¿¡Qué pasa con esa mirada!? ¡Es aterradora! ¡Esta mujer parece el Mal en persona! ¡Puedo ver algo extremadamente peligroso en la profundidad de esos ojos oscuros! ¡¿Ella es algún tipo de monstruo?!

-Dime, Ruri. ¿Por qué una simple líder de un club en el que mi hijo apenas ha estado menos de una semana tiene reservaciones para un hotel recién abierto en Okinawa?  ¿Desde cuándo se le dan tantos favoritismos a una amiga del colegio? ¿Y por qué trae a gente que apenas conoce con ella? Yo notó un montón de cosas sin sentido allí. Y cuando hay cosas ocultas, significa que alguien tiene malas intenciones.

Su mirada oscura no me dejaba escapar, exigiendo una respuesta.

-Yo… Yo… –tomé aire apresuradamente, buscando ideas-. Ishida Kitsumiya es la hija más joven de la rama principal, que ya tiene otros siete hijos. Nadie esperaba nada de ella, no hubo ningún esfuerzo por criarla adecuadamente. Desde que nació, estuvo completamente sola y sin ningún amigo. La única persona que le prestaba atención era su hermano más cercano, Ishida Koutarou. Tiene un grave complejo de hermana, así que le da todo lo que quiere. Y como tampoco tiene muchas amigas, me haría cualquier favor que le pida. Incluso pagarme unas vacaciones.

-¿Así que tú le pediste que te diera las invitaciones? ¿Por qué?

¡Tengo que pensar en algo! ¡Algo que no suene como una mentira! Si quieres mentir bien, tienes que mezclarlo con verdad para que no encuentren donde empieza lo falso. Tiene que haber algo que pueda decir, algo que sirva para justificar el viaje…

¡Lo tengo! ¡Puedo usar eso!

-Creo que ya debería haber notado el interés de Kiyoshi-chan en su hijo –ella asintió lentamente-. Pensé que, ya que es un otaku, vivir un poco de su mundo soñado podría hacer que pierda sus inhibiciones y piense en tomarla más en serio. Una isla es el sitio perfecto para un escenario de comedia romántica.

Tras escuchar mi explicación, Tsuruya Hikari cerró sus ojos.

Y luego comenzó a reírse.

¿Eh? ¿De qué se está riendo? ¡Hace un segundo me tenía aterrorizada! ¿Qué es lo gracioso?

-Disculpa, Ruri. No pude evitarlo –una nueva carcajada-. Ese tipo de táctica ridícula sin duda funcionaria con Tomonori. ¡Es un gran plan!

-¿En serio? –solté una risa nerviosa. El ambiente había cambiado con demasiada brusquedad-. Ya que es muy estúpido, pensé que era la clase de cosa que le encantaría.

-No te equivocas –ella abrió sus ojos. Ya no había hostilidad en ellos, sino esa burla que caracteriza a esta familia-. Aun escondes algunas cosas, pero no creo que importen. Sin embargo, me parece curioso que intentes juntar a una chica tan linda con Tomonori. ¿No te preocupa?

-En lo absoluto. Mantendré sus correas firmes y tirantes. Ellos no harán nada que no les autorice. ¿Está bien con eso?

-Perfecto. Casi había perdido la esperanza de que consiguiera una novia de forma legal –comenzó a reírse, mientras meneaba la cabeza-. Pero no hagas que vayan muy rápido, o se volverá un idiota.

-Tiene razón. No lo haré. No puedo tener idiotas en mi club –intenté imitar su sonrisa maliciosa-. Y si fallamos con Kiyoshi-chan, hay un Plan B.

-¿En serio? ¿De dónde sacarías otra niña adorable que esté interesada en él?

Una cierta Hikikomori estaba pasando por mi cabeza.

-Créame, eso está arreglado. Sin embargo, me gustaría que sea Kiyoshi-chan. Ella necesita urgentemente distraerse –recordando lo que había estado haciendo los últimos años, era realmente necesario. No quiero tener que volver a tratar con su absurdamente molesto complejo de hermano.

-Eres muy confiable, Ruri. Eso no es fácil de conseguir –su sonrisa maliciosa se intensificó. Parecía la boca de un escualo, sólo le faltaban las filas de dientes puntiagudos-. Confió en ti. Lo harás bien. Eres una chica fuerte.

Bajé la cabeza, ligeramente avergonzada.

-¿Yo, fuerte? Tal vez me confunde, Tsuruya-san. No soy tan fuerte como debería.

-No es así. Fuera de mi familia, eres la octava persona que ve mi Verdadera Naturaleza y no desvía la mirada ni un segundo. Eso no lo puede lograr cualquiera –su sonrisa se volvió mucho más amigable-. Es lo que yo buscaría en una hija.

-¿Una hija? –pregunté, tratando de que mi cara no comenzara a enrojecerse de vergüenza.

-Sí. No logramos tener una. Por eso intentamos usar a Touka-chan como sustituta, casi como una hermana mayor, pero ella resultó ser igual que ellos. Aun así, su influencia los ayudo un poco. Tú puedes terminar el trabajo. Por experiencia, sé que para controlar a un chico problemático se necesita una mujer fuerte –soltó una risita malévola.

-Su marido sigue siendo un pervertido –repliqué.

-‘Controlado’ no es lo mismo que ‘suprimido’ –ella dio un suspiró-. Tendré que tener una ‘conversación’ con él.

Por un instante, vi esa “Verdadera Naturaleza” asomar en su cara, pero enseguida se desvaneció.

-Muy bien. Nuestra charla se ha alargado demasiado. Creo que sería hora de…

-¡SÚPER LINDA!

Ambas nos dimos la vuelta, sorprendidas.

Ka-chan tenía a Kiyoshi-chan agarrada de la cabeza y enterrada entre sus pechos. Saltaba de alegría, mientras todos los presentes nos quedábamos mirando.

Estoy muy segura de que nadie se esperaba eso.

Por cierto, me está corroyendo la envidia por dentro, pero eso no importa ahora mismo.

-¡Wah! ¡Me ahogó! ¡Me ahogó! –Kiyoshi-chan chilló como un ratoncito asustado, zafándose del apriete. Corrió a esconderse tras la espalda de Tsuruya-. ¡Sempai! ¡Aléjala de mí!

-¡Ni loco me meto en su camino! –respondió este. Trató de sacarse a Kiyoshi-san de encima, pero era mucho más fácil decirlo que hacerlo. Ella se le pegaba como una garrapata, tratando de usarlo como escudo.

-¡Tomo-chan, muévete! –ordenó Ka-chan.

-¡Lo estoy intentando! ¡Es difícil!

-¿Por qué no lo intentas un poco más, Nii-san? –se burló Kyousuke.

-¡Cállate, idiota! ¡Si tienes tiempo para burlarte, dame una mano!

Ka-chan apartó a Tsuruya bruscamente, dirigiendo una mirada hambrienta a Kiyoshi-chan. Sus dedos se agitaban siniestramente en el aire. Estaba a punto de lanzarse encima de ella, y apachurrarla como un animalito peludo.

-¡Onii-san! ¡Ayúdame! –chilló Kiyoshi-chan, evitando por poco las manos de la chica. Yuuki hizo como que no escuchó nada, así que fue por la siguiente opción-. ¡Ruri-nee!

Corrió hacia mí a una velocidad que rayaba lo sobrehumano, y sin usar entendimiento. Con una mirada de terror desorbitado, se escondió tras mi espalda, aferrándose a mi cintura como si la persiguiera una horda de zombies.

-¡Ella es rara! ¡Tengo miedo! ¡Es como un sempai súper pervertido con pechos enormes y olor a champú! –hablando como ametralladora, Kiyoshi-chan se asomaba detrás de mí-. ¡Sálvame! ¡Por favor!

Que yo recuerde, hace unos minutos estabas diciendo que le cortarías la mano.

¿Ven por qué es imposible que ella haya matado a alguien? ¿Alguna vez han visto a un asesino tener una reacción tan linda? Cada vez que Tsuruya se asusta por su acto de Yandere, me dan ganas de reírme. ¡Es tan tonto!

-Kirisaki-san, por favor… ¡Es tan linda! –balbuceó la prima de Tsuruya. Sus ojos y boca estaban completamente abiertos, formando una expresión increíblemente obscena. Si fuera un hombre, ya lo habría derribado de un puñetazo.

-¡No! ¡Que no se me acerque! –chilló Kiyoshi-chan.

-Mmm… No lo sé… ¿Te comportaras? –la mire de reojo.

Su rostro asustado se arrugó de irritación. Dejó escapar un ruido entre dientes, quejándose. Y luego asintió una vez con la cabeza.

Intercambie una mirada con Tsuruya Hikari.

-Touka-chan, es suficiente –la mujer colocó una sonrisa maliciosa, sólo una advertencia.

-Está bien –respondió Ka-chan, aunque a regañadientes. Ni siquiera intentó protestar.

Tengo que aprender a hacer eso. Meterles miedo a los idiotas a puñetazos es divertido, pero hacerlo con sólo una mirada… ¡El maldito nirvana!

-Chicos, miren la hora –exclamó Tsuruya Mikuni, fijándose en los horarios exhibidos en los carteles electrónicos-. ¡Vuestro tren saldrá en cualquier momento!

En realidad, no es así. Ese tren no saldrá si nosotros no lo abordamos. Pero nadie aparte de mí tiene porque saberlo, por supuesto.


Tras algunas conversaciones banales y despedidas (Tsuruya Mikuni se puso muy emocional, para tormento de sus hijos), abordamos nuestro tren.

-¿Todo el vagón es nuestro? –preguntó Ka-chan, con una gran sonrisa, caminando entre los asientos vacíos con rapidez.

-Apenas hay gente en este tren, así que no hay problema. Siéntense donde gusten –contesté.

Miya nos hizo el favor de reservar extraoficialmente este tren. Todos los otros pasajeros son agentes de seguridad, observadores, y algunos actores que están de relleno. Espero que ninguno sea espía o algo así, ya tuve suficiente de ellos con lo que pasó la otra vez.

Por cierto, ya que lo mencioné, haré un pequeño resumen de lo que hemos averiguado hasta la fecha. El par de idiotas que capturé junto a Danger no han parado de hablar, pero no han dicho nada que sirva. Por el contrario, Pyromancer esta callado como una tumba.

Encontraron ADN de Nonomiya en el edificio de Archivos, pero él se ha hecho humo. Ni siquiera hay cuerpo, así que no sabemos si está vivo o no. Según Kiyoshi-chan, lo dejo escapar luego de asustarlo un poco. Lo más probable es que huyera con alguno de los rezagados de Ellos en el ataque. Si lo llego a ver, me voy a divertir mucho dándole su merecido.

En cuanto a Owari no Sensou, es otro callejón sin salida. Desapareció de la faz de la Tierra, y junto con él varios documentos valiosos. Investigar su entorno no llevo a nada. Su familia era muy pobre, así que asistía a la Academia bajo la excusa de un trabajo, y ellos recibían su supuesto sueldo. Sin embargo, un incendio arrasó su casa el año pasado. No hubo sobrevivientes. Tampoco encontraron evidencia de que fuera intencional, sino que fue probablemente culpa de un cable viejo que hizo cortocircuito.

Por esas razones, los altos mandos no tienen ni la más remota idea de donde esta Morimura Kengo. Sin embargo, lograron darse cuenta de que su habilidad es mucho más poderosa de lo que sabíamos. Evadió a todos sus perseguidores sin ayuda ni violencia. Es probable que sea un genio del Tipo Mental, como mínimo. Y no sabemos que puede hacer, o cuanta información ha filtrado al enemigo. Es un dolor de cabeza importante.

En cuanto a la investigación de ese rastro obscenamente poderoso, es confidencial. No sé mucho más que antes. Si fue un Monstruo, un Demonio, o cualquier otra cosa, ni idea. Sé que fue cerca de donde estaba Tsuruya. Causó un gran daño al edificio, salvándole de Akire en lo que Kaminari se presentaba. Pero eso es todo lo que he podido averiguar.

Por cierto, el resto de la banda de Nonomiya tuvo una suerte de espanto. La mitad fueron colgados por Daimondai, quien desapareció luego de terminada la batalla. Y a la otra mitad hubo que recogerlos del suelo. No tengo idea de cómo hicieron para saber de quién era cada parte, estaban despedazados de tal forma que me dio nauseas.

Por alguna razón, cuando interrogaron a Tsuruya por eso, él afirmó que Shiro era responsable. Entiendo que pueda pensar que Kiyoshi-chan es peligrosa, pero eso fue pasarse de la raya. ¿Shiro haciendo esa masacre? ¡Has leído demasiado manga gore!

Producto de todo lo ocurrido, fui elogiada por algunos superiores por el manejo de la situación. Ellos parecían convencidos de que todo era parte de mi plan, o algo así.

La verdad, más del 70 % fue pura improvisación. Que hayamos logrado resultados tan buenos es producto de nuestra buena suerte. Me dio un poco de pena tomar el crédito, pero realmente necesito hacer algún mérito. Me acerca más a mis metas.

Por otro lado, han cambiado el rango del Grupo S. Estamos en el segundo lugar de la Academia en cuestiones de poder, según el ranking no oficial de los superiores; sólo por debajo del Grupo H, quienes están de vacaciones con su permiso especial por haber ganado la Battle Royale del año pasado.

¡Eso sí que me molesta! ¡Se supone que son los más fuertes, y cuando más los necesitamos están alardeando del maldito permiso especial que yo debería haber conseguido! ¡Si no fuera por Nameless, no habría perdido el año pasado!

Oh, y hablando de esos permisos, están más estrictos que nunca. Kiyoshi-chan no puede poner ni un pie afuera sin autorización ahora que fue reclasificada como genio. Yuuki, luego de que derrotara a Uragirimono, también fue reclasificado como genio superior, que es lo más lejos que se puede llegar sin un entendimiento raro.

Por otro lado, yo no conseguí nada importante. El mérito por la derrota de Hanshakaiteki le corresponde a Danger. Me hubiera servido, pero tristemente, no contribuí en lo absoluto a esa pelea. Lo único que logré fue hacer un poco de drama, y patearles el culo a dos matones inútiles que él hubiera derrotado en segundos. Que decepción.

Lancé un suspiro irritado luego de recordar todo eso.

Volviendo a la realidad, todos han comenzado a acomodarse en los asientos. Kiyoshi-chan no se despega de Tsuruya, así que se ha formado un grupito con él y sus parientes. Yuuki se ocupa de que Shiro no haga nada extraño, y espero que esta vez lo haga bien. Takane-chan fue a sentarse al asiento más lejano, aislándose de todo el mundo, con su cara metida en medio de las páginas de un grueso libro. Intento mirar el título, pero el inglés se me da muy mal. Reconozco el nombre de Stephen King, pero apenas ella se da cuenta de mi interés, se aparta rápidamente.

Suspiré otra vez.

Este va a ser un lindo viaje, ¿verdad?

Bueno, supongo que es hora de ponernos manos a la obra. Hay algo que tengo que comprobar obligatoriamente.

-¿Me lo prestan un segundo? –pregunté, al tiempo que agarraba del hombro a Tsuruya. Le lancé una mirada que debería leerse fácilmente.

-¡Como quieras! –notó rápido mi mensaje. Se puso de pie, acompañándome.

Caminamos por el pasillo hasta la puerta del vagón. La abro. Este tren es tan rápido que sería peligroso caminar si no fuera por el último modelo de amortiguación. Hay cabinas especiales entre vagones que contribuyen a esto, como la que tenemos aquí.

-Vamos directo al grano –lo miré directo a los ojos, practicando mi cara aterradora estilo Tsuruya Hikari-. ¿Esta ella aquí?

-¿Te refieres a Ka-chan? ¿O a Kiyoshi?

-Deja de hacerte el idiota. Sabes a quien me refiero.

Los ojos oscuros de Tsuruya miraron a nuestro lado. Un hombre en sus veinticinco está apoyado contra la pared, leyendo atentamente un periódico de cabeza. Estaba vestido con una gabardina naranja muy sospechosa, un sombrero totalmente fuera de lugar, zapatos europeos de hace un siglo, y unos lentes cuadrados sacados de una película de espías.

-Haruhiko-san… Si va a usar un disfraz, por favor, hágalo bien. Su intento es tan miserable que da lástima –murmuré, mirando hacia abajo con evidente pena ajena.

-¿Uh? ¿Mi disfraz no es bueno? –replicó el sujeto, saliendo rápido de su papel de ignorante-. Estoy seguro de que lo estaba haciendo perfecto. ¿Dónde está el error?

Tsuruya se lo queda mirando, atónito. Al ver su cara, Haruhiko-san estalla en carcajadas.

-¡Eres tan divertido como me han dicho! –arrugó el periódico, guardándolo en su gabardina-. Mi nombre es Yoshida Haruhiko. Trabajo en el Departamento de Inteligencia de Nosotros como Agente de Campo Investigador y Observador de Seguridad.

-¿Es un agente? ¿Y qué hace en el tren? –preguntó Tsuruya, todavía en guardia.

-Estoy actuando como observador para mis superiores, la familia Ishida. Ellos quieren confirmación de que los pasajeros VIP están en camino.

-¿Pasajeros VIP? ¿La Niña Fantasma es tan importante?

-¡Por supuesto que lo es, idiota! ¿Te das cuenta de que ella es una figura misteriosa que otorga habilidades paranormales? ¿Qué no sabemos casi nada concreto? ¿Y por qué tú si puedes verla? ¿Qué te hace diferente? ¡Tenemos que encontrar respuestas a todos esos interrogantes! –le repliqué.

-¡Eso ya lo sabía! ¡Sólo pensé que, como no parecía que había algún tipo de investigación, se habían olvidado del asunto o algo!

-No es que lo olvidáramos, Tsuruya-dono. Fue pospuesto porque los altos mandos tenían cosas que discutir –Haruhiko-san explicó la situación con mucha tranquilidad, contrariando su sospechosa vestimenta-. La situación era tan irregular que no sabían que hacer. Hubo una intensa discusión, tras la cual se decidió dejar toda la investigación del asunto a la familia Ishida.

-¿Ósea que estas ‘vacaciones’ son para investigar si miento con lo de Rea? –Tsuruya se veía algo decepcionado. ¿Estaba esperando alguna cosa en especial?-. ¡Que fastidio! ¿¡Cómo quieren que explique algo que ni yo mismo sé porque ocurre!?

-No estábamos esperando que usted nos de todas las respuestas, Tsuruya-dono. La investigación es seria, no una caza de brujas –el agente se mostró cordial, intentando calmarlo. No tuvo mucho éxito.

-¡Ya deja de protestar! ¿Ella está aquí o no? –lo amenacé con la mirada. Parecía que no había mucho efecto, debe estar acostumbrado a cuando su madre lo hace. Sin embargo, luego chasqueo la lengua, ilustrando que estaba molesto.

-Si quieres saberlo, ¿por qué no le preguntas a ella?

Señaló detrás de mí.

Estaba dudando de si voltear o no, ya que seguramente va a intentar escaparse apenas lo haga, pero la expresión sorprendida de Haruhiko-san me convenció de que no era un truco.

Pero… ¿Qué carajo? ¿Una libreta voladora?

No, es un bloc de notas. Y, mientras yo estaba pasmada mirando el extraño suceso frente a mis ojos, una lapicera apareció en el aire, escribiendo en el bloc.

“Hola.”

Eso es lo que escribió la lapicera voladora en una nota flotante.

-Esto es realmente extraño –musitó Haruhiko-san, sosteniendo su barbilla.

La nota suspendida en el aire se dio la vuelta, y nuevas palabras fueron escritas en ella.

“Aquí estoy. No me iré a ninguna parte.”

-Como Yoshida-san debe saber, soy Tipo Mental, así que no puedo hacer que las cosas floten en el aire –se burló Tsuruya-. ¡Por lo tanto, este es un genuino fenómeno espectral!

-Oh… Vaya, supongo que tiene razón, Tsuruya-dono. Usted no puede ser responsable de esto –el agente se acercó, tratando de distinguir algún truco en el bloc de notas volador.

-Algo así ya había pasado antes con una taza de té –añadí.

-¡Bien, creo que el observador ya tiene lo que quería! Ahora, ¿alguien me explica que vamos a hacer ahora? ¿La comisión de investigación tiene algún plan para tratar de comprobar que no estoy inventando esto? –preguntó él, cruzándose de brazos con una sonrisa presumida.

Una nueva nota fue despegada del bloc.

“No lo estas entendiendo, Tomonori. La familia Ishida no está buscando comprobar si mientes o no. Ellos están tratando de probar que yo existo.”

Una conversación muy natural comenzó en estas extrañas circunstancias. Haruhiko-san y yo estamos tan sorprendidos que ni siquiera podemos intervenir.

-¿Qué tú existes? ¿Eso no está claro? Ellos debieron verte alguna vez.

“Ellos son Despiertos, hijos de personas que ya poseían el entendimiento. El antepasado de los Ishida que yo desperté, y que comenzó la línea genética de la familia, falleció hace varios siglos. Desde entonces, han estado buscando una prueba irrefutable de mi existencia.”

-¿¡Desde hace siglos!? ¡Están un poco obsesionados, ¿no crees?!

“Naturalmente. Muchos Despiertos han heredado de sus ancestros esa necesidad de comprobar mi existencia. Es la base de todos las sociedades que me rinden culto.”

-¿Qué te rinden culto? –el rostro de Tsuruya se puso completamente pálido-. Entonces, los Ishida están haciendo esta investigación…

-…Porque están dentro de una religión que adora a la Madre de Todo el Entendimiento, la Señora Rea –intervino el agente-. Fe que también es la mía, por cierto.

Apareció un tic en el ojo de este imbécil pervertido.

Y luego, un nuevo sonido de papel rasgado.

“No te preocupes, Tomonori. Me asegurare de que tus restos reciban el respeto que merecen. No dejare que los contaminen con sus experimentos.”

Creo que, en este momento, no necesito ver a la Niña Fantasma para saber que está sonriendo de forma traviesa. Igual que yo.

Ah… Este viaje va a ser muy divertido…

Continuara…

Yuiitsu no Shinjitsu

Capítulo 1: Zashiki Warashi en la Casa del Otaku Afortunado

Mhngggg (Vibración).

Mhngggg (Vibración).

Mhngggg (Vibración).

Mhng…

-¡Joder! ¿¡Qué mierda pasa con este maldito celular!?

Tomé entre mis manos el Smartphone que estaba en la mesilla junto a la cama, fijándome en la pantalla. La imagen de una sexy Eucliwood Hellscythe se vio opacada por más vibraciones, señalando que recibía una llamada.

Según el reporte de llamadas perdidas, era la décima. Y, para ponerlo todavía peor, de un número desconocido que no tenía agendado.

-¡Púdrete! –oprimí el botón para apagar el teléfono, y regrese a mis hermosas sabanas.

Entonces, sentí que alguien las jalaba con violencia, casi tirándome al suelo.

Una forma transparente puso las manos en su cintura, como si fuera ella la que debería estar enojada.

-¿Otra vez? ¿Puedes dejarme en paz, Niña Fantasma? ¡Quiero dormir! –supliqué, con mis ojos medio abiertos.

Ella soltó un suspiro, o al menos hizo gestos similares. Señaló la pantalla del ordenador portátil. ¿Qué hacía encendido en la mesilla?

Oh, claro. Me había olvidado. Me quede hasta tarde, y termine desmayándome de cansancio frente a la pantalla. A veces pasa.

Escuché un ruido de papel rasgado. La Niña Fantasma me tendía una nota de su bloc.

“Si no te apresuras, vas a llegar tarde al desayuno.”

Me fijé en el reloj de la portátil. Parece que tiene razón, ya debería estar despierto.

-Ah… Que pereza…

Mi cuerpo cansado quería tirarse en la cama otra vez, pero la Niña Fantasma abrió la ventana, cegándome con un resplandor dorado. Me cubrí con mis manos de la intensa luz de la mañana.

-¡Me derrito! ¡Me derrito!

Un nuevo sonido de papel rasgado.

“No eres un vampiro. ¡Levántate ya!”

Tuve la idea del bloc de notas hace un par de días. Pensé lo siguiente: Si la ya nombrada Nigromante puede usarlo para comunicarse, ¿por qué no probar lo mismo con Rea?

El resultado… Es una calamidad. Incluso si mis intenciones eran buenas, darle a esta chica ese bloc sólo provoca desastre tras desastre.

Desde hace rato que lo único escrito en esas notas son quejas hacia mi estilo de vida. Cosas como por ejemplo…

“No comas helado en secreto a las tres de la mañana.”

“No te pongas a insultar Trolls en los comentarios de YouTube.”

“Lávate los dientes después de comer.”

“¡No te quedes despierto toda la noche tratando de llegar a Diamante en LoL!”

“¿Por qué te molestas en abrir el navegador de incógnito? ¿Tienes algo que ocultar?”

¡Es una pesadilla trasparente!

¡Además de esas irritantes notitas que violan mi privacidad, ella está empezando a meter su nariz en todo! Como por ejemplo, despertarme por la mañana.

¿¡No puedo dormir mis doce horas de sueño de belleza!? ¡Me marchitare, como una planta a la que no riegas!

Gracias a sus empujones, termine saliendo de mi habitación bastante más temprano de lo usual. Mis ojos se caían apenas trataba de abrirlos, pero un poco de agua fría de su parte lo solucionó.

Prácticamente me arrastró escaleras abajo.

Y allí, tropecé con cierta persona que estaba subiendo.

-Nii-san, ya sería hora de que… ¿Oh? ¿Estas despierto? Que extraño.

Les presento a Kyousuke, mi hermanito.

No, no es una chica travestida. No, no es una especie de alíen cambia-sexos. No, no se convierte en mujer con algún poder o magia. No, no era una chica en su vida anterior.

¿Suficientes aclaraciones? ¿Van a seguir pensando que es un trapo o algo así? Porque no lo es. Es un muy normal hermano menor. Ni siquiera sirve para fanservice, así que olvídenlo, pervertidas extremas de esas. Seguro que hay alguna por aquí.

Oh, y antes de que se me olvide… ¡No, no hacemos yaoi!

¿Listas todas las aclaraciones? Bien, continuemos.

Kyousuke me alcanzó una taza de chocolate caliente muy azucarado, indispensable para despertarme.

Me la bebí, haciendo unas raras gárgaras debido a mi cansancio.

-Otro día que no tuve que despertarte…. ¿Por fin descubriste un timbre para alarma que funciona? No llegue a oírlo.

-No, no es nada de eso –murmuré, malhumorado-. Es todavía peor. Estoy siendo acosado día y noche.

-Aja. Como siempre, Nii-san es muy melodramático. ¿Te jugó una broma la Zashiki Warashi? –me responde, sin siquiera preocuparse por mí.

-¿Broma? ¿A esto le llamas broma? ¡Es más bien una tortura!

-Oh, ya veo… Ella hizo lo de meterse en tu cama, ¿verdad? –él sonrió de una manera muy sugerente-. ¿Qué tal te fue? ¿Lograste algo con ella? ¿Era tu tipo?

-Yo que sé, no la vi. Además, no podemos simplemente ponernos a decir que es mujer. ¿No decía que usualmente eran niñas, pero no siempre? Podría ser un chico.

-Sospecho que es una niña. Tiene más sentido. De cualquier otra forma, Nii-san la hubiera sacado de una patada –Kyousuke soltó una risita.

Un momento… ¿Otra vez con eso?

-¡Ya te dije que dejes las indirectas! ¿Qué harás si Otou-san y Ka-san te oyen? ¡Me vas a arruinar! –le advertí, susurrando.

-Nii-san lo dice como si ellos no se dieran cuenta de nada… Como sea, tu desayuno está listo. Baja y cómelo mientras esta caliente –con estas palabras, pasó junto a mi lado, subiendo la escalera.

La Niña Fantasma parecía estar riéndose. Creo que le encanta espiarnos, mientras toda mi familia cree que tenemos una Zashiki Warashi en casa.

Ignorándola, baje al comedor. En el último escalón estaba recostado un enorme gato de pelaje amarillento, que lanzó un gruñido vago cuando me le acerque.

-Dio, no te pongas en la escalera si no quieres que te molesten. No eres estúpido –mascullé, saltando por encima de él.

Rea se apoyó en la barandilla, deslizándose por encima para caer en el suelo con ligereza. Dio era uno de esos raros animales que podían ver y tocar a esta fantasma, y con su arisca personalidad, delataba muy claramente que había alguien invisible allí.

Ya que nos habíamos tomado la molestia de inventarnos el cuento de la Zashiki Warashi, mejor no complicarnos de más.

Ahora, lo que yo me pregunto es, ¿por qué ella me está siguiendo?

Me acompaño a casa, me despierta todos los días, me molesta con sus notitas… ¿Está intentando hacer como que es mi hermana mayor?

¡No, gracias! ¡No quiero ninguna Onee-chan mandona! ¡Prefiero tener una adorable hermanita menor, del estilo de Ayano!

Sea cual sea el caso, me senté a la mesa, donde estaba mi desayuno ya preparado.

-Tomonori, buenos días –me saludó mi padre, bebiendo su taza de café.

Sí, es mi padre biológico. No es ningún extraterrestre disfrazado. No es un samurái mágico de hace cinco mil años. Obviamente, tampoco es ninguna especie de robot asesino. Y no conduce ningún mecha ultra poderoso.

Por si se lo preguntan, no se va en viajes largos, ni practica artes marciales. No desaparecerá de un momento a otro, no ha viajado en el tiempo, no tiene poderes, no es un asesino serial… ¿Tengo que seguir?

-¿Buenos? ¿Qué tienen de buenos? –me restregué los ojos, cansado. Había un delicioso desayuno frente a mí, pero con tanto sueño, me supo a nada-. Lo único bueno aquí es que es fin de semana… Cosa que igualmente no importa, ya que mi escuela está cerrada hasta nuevo aviso. ¡Qué aburrimiento!

-¿Ya te acostumbraste al nuevo instituto? –mi padre expresó su sorpresa con una sonrisa de oreja a oreja-. Me parecía extraño que te transfirieran a una Academia privada con beca completa, especialmente a medio semestre. ¿Es algún tipo de colegio especial o algo así?

-No lo hagas sonar como si yo fuera un enfermo mental aislado en una especie de manicomio –murmuré, ligeramente irritado-. Es una escuela algo particular, pero no es un sanatorio mental. Está financiada por un grupo empresarial que busca crear jóvenes mentes para asegurar el futuro de Japón, una generación de élite capaz de convertirse en la esperanza de la humanidad.

-Eso suena impresionante.

-Es mentira –declaré inmediatamente, haciendo gestos de aburrimiento-. Simplemente, algún sujeto con mucho dinero decidió darle becas a cualquier menor en el país al azar, y ponerlos a todos juntos a ver que sucedía. La Academia Jikû es esa clase de lugar.

-Hahaha… ¿En serio? Eso explica como entraste ahí, hijo –declaró este descarado padre mío, riendo-. Sólo no causes ningún problema cuando terminen de arreglarla, ¿sí?

-¿Me lo dices a mí? ¡Yo no fui como esos que, totalmente drogados y borrachos de euforia, hicieron vandalismo sin control! Gracias a ellos, ahora tengo un montón de tiempo libre… ¡Justo cuando más quería asistir!

Es curioso, pero parte de esto es verdad, y parte no lo es.

Si leyeron la Parte 1, saben que no hubo vandalismo, sino una batalla campal. Que es una escuela de gente con poderes especiales. Y que tuve un papel fundamental, como parte del Grupo de Mirai-sempai.

Y si no la leyeron… ¿¡Qué carajos hacen aquí!? ¡Vayan a buscar la Parte 1, inútiles!

-Por favor, hijo, no digas mentiras tan obvias. Te conozco. Sé que fuiste el primero en comenzar a filmarlo todo, mientras ponías una sonrisa de loco maniático.

-¡No es verdad! ¡Yo estaba escondido en un lugar seguro, mientras veía a esos vándalos haciendo graffitis y encendiendo fuego!

-Seguramente, ‘lugar seguro’ significa algún sitio alto, donde tendrías vista perfecta, ¿no es así?

-Querido, ya es suficiente –exclamó mi madre, saliendo de la cocina-. Si Tomonori dice que no lo hizo, al menos créele… ¿O hay alguna evidencia que pruebe su participación en los incidentes?

-No…

Me interrumpí a tiempo.

¡Maldita sea, casi se me va la lengua!

Por poco digo “No hay ninguna evidencia”. Si llega a salir esa frase de mi boca, Ka-san la usara como base para interrogarme sobre lo que ocurrió en realidad. Ella siempre hace eso, para asegurarse de que no haya hecho nada ilegal.

Es obvio que hay demasiadas cosas que no puedo decir.

Oh, por cierto, ella es mi madre. Y como es obvio, su relación con cualquier cosa sobrenatural o misteriosa es… Nada. Como mucho, habría que examinar esa personalidad que tiene, pero no es ningún problema.

-No hice nada, aparte de quedarme en un lugar seguro –declaré, siendo cauteloso.

-Tomonori, no hay de que avergonzarse. Eres un adolescente. Lo extraño seria que no te metieras en ningún problema –concluyó mi madre, sonriendo de una manera espeluznante-. Pero no hagas nada ilegal, ¿sí? Nuestro abogado ha dicho que, con tu historial, incluso aunque seas un menor de edad…

-¡Que poca confianza en mí!

-Hijo, es normal. Tus hormonas te están pidiendo que dejes la semilla del mañana –Otou-san comenzó a dar un dramático monologo, con gestos tan ridículos que hasta una Idol se sonrojaría-. Y si no tienes cuidado, acabaras igual que tu padre… ¡Atrapado en este lugar sin futuro!

¿No estamos hablando de participar en vandalismo? ¿Por qué de repente sale con eso de ‘plantar semillas’? ¿¡Qué mierda tiene que ver!?

-Querido…

-No te preocupes, Ka-san, estoy siendo amable. Incluso aunque no tengamos un futuro brillante, no me disgusta nuestro modo de vida.

¿Primero se queja, y ahora dice que está bien?

Alguien entre el público, por favor, ¿puede explicarme de donde salieron este par de padres? ¿Son todos así, o es sólo que me tocaron unos raros?

-En resumen, hijo, eres un chico que ha llegado a la edad más problemática de la vida. Pero no te debes preocupar, pasara de largo tarde o temprano. Y cuando eso suceda, te sentirás…

-Otou-san, sé lo que es la pubertad –interrumpí, antes de que esta conversación se vuelva tan vergonzosa como para hacer daño mental-. Ya pase por ella, la supere, y dejo de afectarme. Si vienes a darme clases de educación sexual a los quince años, te atrasaste por mucho.

Ante mi respuesta, este adulto hizo una expresión sumamente preocupada, pero la borró antes de dar signos realmente visibles de eso. Si no fuera yo, esa cara habría pasado desapercibida.

Inmediatamente, comenzó a reírse de manera forzada.

-Tal parece que me he perdido de mucho con mis hijos… ¡Pero han crecido bien, así que es una buena señal! –su sonrisa se tornó ligeramente depravada-. Y dime, hijo, ¿hay chicas bonitas?

¿No es obvio que estas intentando desviar la conversación? Da igual, le seguiré el juego. Así puede, al menos, conservar su dignidad como padre.

-En realidad, hay varias chicas muy guapas. Pero lamentablemente, están contagiadas de la atmósfera alocada del lugar –me levante el flequillo, mostrando el moretón del cabezazo que recibí el lunes pasado-. ¡Mira lo que me hizo una de ellas cuándo dije algo ligeramente insinuante!

-Tomonori… ¿Fuiste golpeado por una chica? –mi madre entornó sus ojos, claramente enfadada. Otou-san, en cambio, se veía muy sorprendido.

-¡Ella es más alta que yo! ¡Es la peor sempai que haya visto en toda mi vida! –me levanté, poniendo mi mano derecha a la altura de Mirai-sempai, para no quedar tan mal-. ¡Es tan violenta que me sorprende! ¡Creo que hasta podría darle una paliza a unos marines estadounidenses, y los mandaría a casa a llorar con su mama!

-Hijo, eso es algo absurdo –discutió mi padre-. No hay manera de que una chica sea así de violenta de la nada. ¿Qué fue exactamente lo que dijiste?

-Otou-san, es Tomonori. Seguramente fue algo muy pervertido. Especialmente si era una chica guapa –se sumó Ka-san-. ¿Le agarraste los pechos, o le levantaste la falda?

En realidad, no fui indecente con ella. Si no mal recuerdo, la insulte por ponerme de forma arbitraria un alias sin preguntarme. Es evidente que no puedo decirles eso. Tendré que inventarme alguna excusa.

-Le dije… –fingí nerviosismo-. Le dije que el uniforme hacia ver sus pechos muy grandes, y le pregunté si los iba a nominar como Tesoros Nacionales.

Mis padres se quedaron atónitos. No encontré nada en sus expresiones que no fuera pura y dura sorpresa.

-Hijo… Eso es extrañamente cortés, pero al mismo tiempo, extremadamente indecente –murmuró Otou-san-. Aunque, si sus pechos son tan grandes como para sugerir eso, deberías dejar de hacerle bromas pervertidas, y comenzar a seducirla.

-Nunca dije que estuviera interesado en ella. Su cuerpo parece tallado en el Olimpo por los mismísimos Dioses, pero esa personalidad mata cualquier pasión.

-¿Seguro que ella no intenta nada contigo? Ponerse así por el comentario de un kouhai, eso suele indicar a una chica avergonzada…

-O se sintió acosada sexualmente, y ustedes dos simplemente quieren creer tonterías para justificar vuestros actos pervertidos –Ka-san soltó ese comentario mordaz, cerrándonos la boca a los dos.

Padre e hijo nos miramos, sin saber qué hacer. Si decíamos algo equivocado, nos ganaríamos una mirada de desprecio por nuestras ideas sexistas.

¡RING!

Afortunadamente, el timbre sonó en ese instante. La atmósfera tensa fue destruida. Padre e hijo respiramos aliviados en secreto, mientras Ka-san desviaba la mirada.

-Hijo, ¿atiendes la puerta? –capté su intención de desviar la conversación, por segunda vez en un muy corto tiempo.

-No creo que pueda caminar ni tres pasos –me derrumbé sobre la mesa. Mis ojos se cerraban solos, se me hacía muy difícil mantenerlos abiertos-. Que vaya Kyousuke.

Otou-san se burló de mi estado desfalleciente con una sonora carcajada. ¿Cuál es tu problema, remedo de padre fallido?

¡RING!

Y el timbre volvió a sonar.

No ha pasado ni siquiera un minuto. ¿Quién es tan impaciente? ¿O acaso cree que estamos esperando en la puerta, para abrirle apenas llama?

La Niña Fantasma desparece un instante, y regresa con una extraña sonrisa en la cara. Me hace un gesto de levantar su pulgar, como si me deseara suerte.

¡RIIING!

Suena el timbre por tercera vez. Y claramente dejo oprimido el botón más de lo debido. ¿Quién es el idiota infantiloide allá afuera?

Se oye el sonido de pasos apresurados en las escaleras, seguido de un gruñido molesto de Dio. Kyousuke, lanzándome una mirada de odio, se precipitó a la puerta, mientras el timbre sonaba una cuarta vez.

¡RIIIIING!

¿Cuánto tiempo piensa oprimir ese botón? ¿Acaso quiere romperlo?

-Vaya, parece que tenemos un visitante algo ansioso –murmuro mi madre, con una risita-. ¿Estábamos esperando a alguien?

-No –respondió mi padre.

-Tal vez es un vendedor puerta a puerta. Seguro un idiota vendiendo biblias –razoné.

Apenas dije eso de forma desinteresada, recibí un golpe leve en mi nuca. Con esa frialdad, no me fue difícil saber quién lo hizo.

-¿Cuál es tu problema? –murmuré, luego de comprobar con disimulo que mis padres no habían notado nada.

Una notita apareció sobre mi pierna, donde ellos no la veían.

“Respeta a otras religiones.”

-Si quieres discutir eso, ve al Medio Oriente –repliqué, molesto-. Les encantara hablar de ese tema. Si no te disparan, o te vuelan en pedazos.

Otra hoja más se apareció de la nada.

“Por eso lo digo. Si ofendes a una persona devota, van a convertirte en polvo.”

-Esto es Japón, nadie va a matarme por discutir sobre que supuesto Dios es más falso.

Me lanzó una mirada ofendida. ¿Cuál es el problema? ¿Cree que alguien pueda ir a por mi cabeza debido a cuestiones religiosas?

Bueno, ahora que lo pienso, si hay un grupo de personas que podrían querer matarme… ¡Esa secta que adora a esta fantasma! ¡Ellos seguramente me deben de considerar una especie de hereje!

No estoy realmente preocupado, todavía no ha pasado nada… Pero… Digamos que me he puesto algo paranoico… Un poco más de lo normal. No puedo dejar de mandar a volar mi imaginación, y termino viendo alguna especie de sacerdotes vestidos con túnicas negras escondidos detrás de las esquinas… Ya me entienden.

Una vez, tuve una pesadilla sobre que me sacrificaban en una especie de ritual bizarro. Y otra en la que me despertaba encadenado a una camilla, abierto del cuello a la cintura, con unos doctores siniestros sacando mis pulmones.

¡Joder, qué miedo!

Mientras me retorcía por los escalofríos, sonó la voz de Kyousuke.

-¡Nii-san, tienes un visitante!

-¿Visitante? –pregunté, poniéndome de pie. Me acerque a él, caminando despacio.

Que no sea un sacerdote siniestro… Que no sea medico psicópata… Que no sea un asesino a sueldo… ¡Te lo ruego, diosa mía!

Mi hermano apareció en el comedor. Está acostumbrado a mi capacidad de leer las expresiones, así que desarrollo una cara de póker más que excelente. Sin embargo, a veces se le cae, especialmente cuando está sorprendido o asustado, como parece ser el caso.

Y eso que acabo de ver… ¿Es envidia? ¿De dónde ha salido eso?

-Sí, es para ti. Vinieron a verte. Un amigo de la escuela –la forma en que dijo esto fue extraña. Su voz esta algo rígida, y su cara también. ¿Qué está pasando? ¿Tendrá que ver con el visitante?

Si es un amigo de la escuela, tal vez se trata de Hiramaki. Es el único que ha venido a pasar el rato a mi casa. Justamente por eso, Kyousuke lo conoce, así que me hubiera dicho si fuera él. Supongo que puedo descartarlo.

Nota Mental: Debo hacerle una llamada a ese sujeto. Urgentemente. Con todo lo que paso la semana pasada, me olvide de contactarlo, y es una de las pocas personas con las que disfruto pasar el tiempo. No es conveniente perder el contacto.

En ese caso, ¿podría ser alguien más? De Shibanashi no recuerdo a nadie en específico aparte de él, ninguno era interesante.

¿Vino alguien de la Academia Jikû? ¿Alguien del Grupo S?

La reacción de la Niña Fantasma era reírse, y desearme suerte.

Kyousuke se pone tan celoso como para romper su cara de póker.

Y tenía que ser alguien tan impaciente para presionar el timbre como si hubiera perdido la cordura.

‘Clic’.

¡No me digas que…

En el instante en que esa idea pasó por mi mente, se oyó el sonido de pasos que venían a la carrera. Apenas tuve tiempo de voltear la cabeza antes de que un bólido moviéndose a una velocidad impensable se estrellara contra mí, derribándome al suelo.

-¡SEMPAI!

Y así… Comienza una vez más mi pesadilla.


(Cambio de Narrador: Kiyoshi)

Me pare frente a la puerta.

Miré mi teléfono, revisando el mail que me envió Ruri-nee con la dirección. Sí, es aquí, no hay duda alguna.

Por si acaso, revise la placa junto a la puerta. A un lado del apellido Tsuruya hay cuatro nombres. El tercero es Tomonori. Tiene que ser sempai, ¿verdad? La posibilidad de que sea otro Tsuruya Tomonori es muy baja, ¿verdad?

Supongo que sólo hay una forma de averiguarlo.

Ha pasado demasiado tiempo… Concretamente, cuatro días, once horas, cuarenta y dos minutos… Bueno, cuarenta y tres ahora. Lo estoy cronometrando.

¡Quisiera haber venido el primer día, pero no me dejaron salir!

No le dan permiso a los genios de hacer lo que quieran. Nadie me dijo nada por ocultar mi habilidad, pero desde que revele mi verdadero rastro, mis permisos para salir fueron completamente revocados, sin ninguna explicación.

Ruri-nee me había dicho que cualquiera en la clasificación de ‘genio’ o superior era puesto bajo un agobiante programa para protegerle de peligros externos, pero nunca pensé que sería tan grave. Onii-san jamás se quejó por ello, así que pensé que Ruri-nee exageraba… Ahora veo que es lo opuesto: Onii-san minimizó el problema.

¿Cómo se las arreglo el falso sempai para ser un espía en estas condiciones? ¡Siento como si me observaran hasta en el baño! ¡Es horroroso!

Incluso ahora, puedo sentirlo. Alguien me sigue. No he logrado verlo sin importar lo que hice. Es probable que sea un usuario de Espacio perfecto, más alguna técnica de invisibilidad; o tal vez sea un Tipo Mental con algún truco raro. Si no fuera por esta persistente sensación de que me observan, no me daría cuenta.

¡Malditos pervertidos bastardos espías militares! ¡Yo soy la única persona con el derecho de acosar a alguien! ¡Porque lo hago por amor, a diferencia de ustedes!

Ah… Como sea.

Con mi pobre corazón a punto de estallar de emoción, toque el timbre con delicadeza.

¡Ring!

¿Eh? ¿No viene nadie? ¿Podría ser que no hay nadie en casa?

Pero… Sempai no contesta su teléfono. Ruri-nee me dio su número. ¡Le llamé diez veces, pero no atendió nunca! Y durante la última llamada, esta se cortó de forma extraña. ¡Ahora me dice que su celular está apagado! Es preocupante.

Bueno, es sábado por la mañana. Podrían haber ido a una salida familiar o algo…

O podrían estar tirados en el piso de la cocina, siendo descuartizados por un demente con una sonrisa de lunático…

¡No, olvídenlo! ¡La probabilidad de que este visitando una casa, y que justo ocurra un cuádruple homicidio brutal y sangriento, es minúscula! Además, si sempai hubiera sido asesinado por alguien que no soy yo…

Sempai… Siendo asesinado…

Todo en mi vista está pintado de rojo.

Siento la presión del mango de madera en mis manos, y de la carne siendo cortada.

El olor a hierro en el aire.

Las lágrimas que caen de mis ojos saben a sal.

Mis gritos de odio, de rencor, de impotencia…

Y esa voz que me susurra “Lo hiciste bien. Continua. Se lo merece”.

¡Ya es suficiente! Sacudí mi cabeza, sacando esas raras imágenes de mi mente. Eso ya paso hace tiempo. Está enterrado. Literalmente.

Sé que sólo es mi imaginación, pero por si acaso, tocare el timbre una vez más.

Por si acaso.

¡Ring!

¡¿Por qué no aparece nadie!? ¡Es extraño! ¡Alguien ya debería haber venido! ¿Era cierta mi teoría de los homicidios? ¡¿Hubo un asesinato en esta casa?!

Sempai, tirado en el suelo, en un charco de sangre…

¡De-debe ser mi imaginación volviéndome algo paranoica! ¡No hay manera de que algo como eso pueda suceder justo ahora!

Sus ojos están abiertos, en una expresión de terror, que conservaran para toda la eternidad. Sus labios, a punto de articular un último grito, se tiñen lentamente de azul, mientras la sangre se escapa de su cuerpo…

¡Por favor, que alguien venga! ¡Que no sea verdad lo que estoy pensando!

¡Riiing!

Oprimí el botón por última vez. Si nadie contesta, derribaré la puerta, y realmente estoy hablando en serio, entrare cuchillo en mano a masacrar lo primero que vea. Lo haré, ¡juro que lo haré!

Un sujeto vestido de negro está inclinado sobre el cuerpo. Sonríe. Alza su mano, en la que sostiene un cuchillo curvo, y lo clava sobre el cadáver de forma frenética.

Pegué la oreja a la puerta.

¡Escuché algo! ¡Son pasos! Pero la forma en que camina esta persona es rara… Oh, claro, debe ser una escalera, la casa tiene dos pisos. Si está descendiendo de forma tan calmada, tiene que ser alguien que se sienta seguro en la casa. No puede ser un intruso armado, ¿verdad? ¡¿Verdad?!

¡Riiiiing!

Se me resbalo el dedo. Mis manos tiemblan. No sé si la persona que viene es un espectador inocente, o un asesino psicópata. Mi corazón pasó de latir como loco a vibrar a toda velocidad. ¡Atrévete a atacarme, maldito! ¡Ya verás lo que te pasara! ¡Puede que Ruri-nee y Danger me hayan confiscado todos mis cuchillos, pero todavía puedo hacer más! ¡No necesito ni medio segundo!

La persona está a punto de llegar a la puerta. Me paré recta, y cruce las manos a la espalda. Puse mi mejor sonrisa inocente. Si es una persona extraña, lo apuñalaré en el cuello apenas abra la puerta. ¡Si es cualquiera aparte de sempai, lo haré! ¡Juro que lo haré!

El asesino mira a través de la mirilla. Sonríe malignamente. Ha aparecido una linda chica. Pasa su lengua por sus labios, ansioso por divertirse. Cuando acabe con ella, no la reconocerán ni sus propios familiares.

La persona al otro lado abrió la puerta con excesiva lentitud, o al menos así lo percibí.

Un chico de mi edad, cabello y ojos oscuros, una expresión aburrida en la cara. No necesito preguntarle quien es, puedo ver el parecido en sus rasgos. Tiene que ser Tsuruya Kyousuke, el hermano menor de sempai.

Di un suspiro mental. Tiene suerte de parecerse. Si no, ya estaría en el suelo, a medio descuartizar. Parece que lo que yo había imaginado era pura paranoia de mi parte.

A menos que…

El asesino pone su cuchillo en el cuello de Tsuruya Tomonori. Y, con un susurro sibilante, ordena a Tsuruya Kyousuke que abra la puerta, que traiga al invitado a jugar. El chico mira el rostro aterrorizado de su hermano y traga saliva, asustado.

¿Es posible? Hasta ahora, no hay ninguna señal de que todo esto sea real. Pero no puedo descartar la posibilidad. Homicidas como ese, totalmente desquiciados y muy sádicos, hay muchos en el país. Yo lo sé. Los iguales nos reconocemos.

Pero… Tener la mala suerte de encontrarse con otro de esos… Sempai debe ser muy desafortunado para que eso pase. Ya es difícil encontrarse con un asesino serial, y seguir vivo, no hablemos de dos.

Y si alguno de esos idiotas se atreve a pisar mi territorio, no le daré una muerte rápida. Será lenta, dolorosa, y especialmente brutal. Haré que llore y pida ser asesinado. Y no crean, ni por un momento, que voy a tener piedad, no se engañen. Cuando le llegue la hora, lo convertiré en un ejemplo para todos.

Ups. Con todo este pensamiento, olvidé que ya han pasado algunos segundos de silencio, y nadie ha dicho nada. Estamos parados, yo sonriendo, los dos callados, se siente el ambiente incómodo. ¡Tengo que dejar buena impresión!

-¡Buenos días! ¿Está en casa Tsuruya Tomonori-sempai? –pregunté, asegurándome de no dejar que mis sospechas o intenciones se filtraran al exterior.

-¿Nii-san? Si, está en casa. Y despierto a esta hora en un fin de semana, es sorprendente –soltó una risita burlona y maliciosa-. ¿Por qué lo estás buscando? ¿Eres de su escuela? ¿La antigua o la nueva?

Todas esas preguntas… ¡Se nota que es hermano de sempai!

Oh, por cierto, no llevó el uniforme. ¡Me arreglé para la ocasión! Ruri-nee me ayudo a escoger la ropa, después de ver mi primera opción. La descartó por ser ‘demasiado pervertida’, y me hizo unas cuantas sugerencias. Según ella, sempai debería caer rendido apenas me vea.

-¡Has acertado! Mi nombre es Yuuki Kiyoshi. Asisto a la Academia Jikû, la escuela a la que transfirieron a sempai la semana pasada –bajé la mirada tímidamente-. Y yo he venido porque… Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos… Lo extraño un poco… Y tengo algo que quiero hablar con él…

Como tengo la mirada baja, no sé qué expresión está haciendo en este momento. Pero seguramente está pensando algo como “¡Que linda!”, y no puede sacarme los ojos de encima. Y el ligero rubor de mis mejillas, consecuencia de mi impaciente emoción, provoca que la escena se vea mucho más realista.

-Vaya. Es la primera vez que una chica viene a ver a Nii-san –la voz de Kyousuke hizo un instante de silencio-. Por casualidad, me gustaría saber algo, Yuuki-san. ¿No se conocen ustedes desde hace muy poco? A él lo transfirieron repentinamente la semana pasada, así que se conocieron ese día, ¿no es así?

Alce la mirada, asegurándome de no verlo directamente a los ojos.

-Así es. Nos conocemos desde la semana pasada –murmuré, en un susurro apenas audible-. Siempre recordaré ese día.

Recuerdo que encontré a sempai espiando a Onii-san y Ruri-nee, y pensé que había atacado a Shiro-chan, así que intenté cortarlo en pedazos. Por suerte, me detuvieron antes de que llegara a hacerle algún daño. Si hubieran tardado más, habría tenido que deshacerme del cuerpo de la misma forma en que lo hice con Nonomiya-sempai.

-Aja. Ya veo. Entonces, la situación es esa –alce la mirada. Kyousuke parecía muy sorprendido, sin sacarme la vista de encima-. Voy a preguntar esto una sola vez, y espero que seas sincera: ¿Tú y Nii-san están saliendo?

Hubo un incómodo silencio tras esa pregunta. Yo me aseguré de esquivar su mirada. Tras lo que me pareció una eternidad de tiempo, asentí levemente con la cabeza.

Sé que es mentira. Pero a sempai no le molestara una mentirilla blanca, ¿verdad?

-Ya veo. Me lo imaginaba –Kyousuke me miro de arriba abajo, y noté que se fijó en el tamaño de mi busto-. Sí, creo encajas muy bien en su zona de strike. Puedes pasar.

Él se hizo a un lado, permitiéndome entrar a la casa.

-Si me disculpas, ¿podrías esperar aquí un segundo? Tengo que cruzar unas palabritas con Nii-san.

Tras decir eso, me dejo en el recibidor, y camino hacia la entrada de la siguiente habitación. Tuve la impresión de que su cara estaba muy rara, como si algo sorprendente acabara de ocurrir. ¿Es tan raro que su hermano tuviera una novia?

-¡Nii-san, tienes un visitante!

Escuche un débil sonido. Alguien había arrastrado una silla por el suelo. Y entonces, mi corazón saltó de la emoción.

-¿Visitante?

¡Esa voz es suya! ¡Tiene que ser sempai! Suena algo extraño, pero no hay duda de que es él. ¡Si está aquí! ¡Volveré a verlo después cuatro días, once horas, cuarenta y cinco minutos! ¡He esperado demasiado tiempo!

Unos pasos lentos y apagados sonaron en el suelo. Puedo decir, sólo por la forma en que camina, que son suyos. Cada persona tiene una manera muy característica de caminar, es muy sencillo reconocer a un conocido. ¡No me puedo equivocar con este patrón tan notorio!

-Sí, es para ti. Vinieron a verte. Un amigo de la escuela.

¿¡Debería esperar a que Kyousuke le diga a sempai que soy yo!? ¿Y si le pregunta algo sobre si realmente estamos saliendo? Debo estar ahí, para cubrir los argumentos de sempai con mis mentiras. ¡No puedo esperar ni un segundo! ¡No quiero esperar ni un segundo! ¡No voy a esperar ni un segundo!

Deje caer mi bolso, lanzándome con todas mis fuerzas hacia la sala. Ni siquiera tuve tiempo de pensarlo, directamente me lance sobre sempai a toda la velocidad de la que fui humanamente capaz.

-¡SEMPAI!

Me estrellé contra él, derribándolo al suelo en un gran abrazo.

¡Este olor! ¡Ha pasado tanto desde la última vez que lo sentí! ¡Ah, que delicia! ¡Sin duda la nostalgia es tan dura, y a la vez tan bella! ¿¡Por qué diablos no me escapé para venir a verlo!?

Aun absorta en mí arrebato, alce la mirada, y lo contemple. Sempai tiene el rostro desencajado de terror, mirándome fijamente. Sus ojeras son muy oscuras. Y su piel esta pálida. Pero es él… ¡Es él por fin!

Acerqué lentamente mis labios a los suyos…

¿¡Eh!? ¡Acaba de parar mis labios con su dedo, como si hiciéramos una seña de silencio! ¡No me detengas, sempai! ¡Déjame besarte! ¡¿No sabes cuánto te he extrañado?!

-¡¿Qué diablos estás haciendo, niña Yandere loca?! ¡¿Siquiera te has fijado dónde estamos?! –me susurró.

¿Dónde estamos? Sé muy bien en qué lugar…

Alce levemente la cabeza, mirando la situación alrededor. Estoy sentada sobre sempai, quien esta tumbado en el suelo, con una expresión muy molesta en la cara. A nuestro lado está un muy sorprendido Kyousuke. Y junto a la mesa del comedor, hay un hombre y una mujer, con sus bocas abiertas.

Ellos son los padres de sempai y Kyousuke, ¿verdad? ¿Y nos están viendo en este momento? ¿Qué tipo de impresión debo estar dando?

Sentí que mi cara se ponía caliente. Muy, muy, pero muy caliente.

-¡Kyah!


Tras unos minutos, en los cuales no he hecho más que disculparme sin cesar, ahora estamos todos sentados a la mesa, luego de habernos presentado. Yo quería estar en el sitio junto a sempai, pero él se negó, así que termine del otro lado, enfrente suyo.

A la cabeza, el padre de sempai, Tsuruya Mikuni-san. Es un hombre delgado de estatura media, que utiliza unos anteojos médicos debido a un leve caso de estrabismo. Sus ojos, bajo los lentes, pasaban de sempai a mí de manera ininterrumpida, mientras mantenía una sonrisa algo extraña. Supongo que está bastante feliz conmigo, ¿no es así? Al menos, eso espero, porque no sé qué impresión se debe haber llevado luego de lo que ha pasado.

A la derecha de sempai, entre él y su padre, está sentado Tsuruya Kyousuke. No ha parado de hacerle comentarios sarcásticos a sempai, principalmente sobre mí. Parecería que no se llevan bien, pero según algunas cosas que me ha dicho Ruri-nee, este tipo de relación es normal cuando se trata de hermanos varones.

A mi derecha, entre mí y Tsuruya Mikuni-san, está la silla que ocupaba Tsuruya Hikari-san hasta hace un minuto. Fue a preparar un poco de té para todos. Ella es una mujer baja, de corto cabello oscuro, con una extraña mirada en su rostro. Puedo afirmar sin equivocarme que ya descubrí de donde salió esa expresión algo demente que tiene sempai a veces: La heredo.

Y, por alguna razón, hay una sexta silla en el otro extremo de la mesa, en la cual no hay nadie sentado. ¿Estarán esperando a alguien más? No creo que haya otra persona en la casa ahora mismo, no he visto evidencia de nadie.

-¿Estas cómoda, Kiyoshi-chan? –me preguntó el padre de sempai.

-¿Eh? ¡Ah, sí, por supuesto! ¡Nunca podría estar incomoda en la casa de la familia de sempai! –respondí, sonriendo tanto como pude-. Y, por cierto, me gustaría volver a disculparme por la escenita de antes… Otou-sama.

Ante mis palabras, él soltó una risa divertida.

-¡Ya termina con esa mentira! –murmuró sempai, lanzándome una mirada asesina-. ¡No eres mi novia! ¡Ni de broma!

-Nii-san, no seas tan malo –Kyousuke le pegó una palmada en la espalda-. Tienes a una linda chica loca por ti, y la rechazas. ¿Te sientes bien? ¿No estas enfermo?

-Créeme, ella está realmente loca, y no exactamente por mí –le respondió sempai, al tiempo que apoyaba ambos codos en la mesa, cruzabas los dedos de ambas manos justo debajo de su nariz, y comenzaba a mover sus ojos de lado a lado.

Ah… ¿Alguien me puede decir que está haciendo? No sé qué sea. ¿Está parodiando alguna escena de un anime? Estoy perdida.

-Sempai, eso es muy cruel –murmuré.

-Es cierto, hijo. Esta linda chica hizo el esfuerzo de venir a verte, no seas tan maleducado –lo reprendió Tsuruya Mikuni-san, utilizando un tono autoritario-. ¿Cuál es el problema contigo? ¿Tienes vergüenza de salir con ella? ¿Es por qué tiene la edad de tu hermano?

Sempai se puso de pie, haciendo gestos mordaces con su cara y manos.

-¡No salgo con ella! ¡Apenas la conocí la semana pasada! ¡Y además de eso, tiene ese pequeño problema de ser muy impulsiva! ¡Te aseguró que tiene al menos un cuchillo escondido por alguna parte! ¡Ese bolso debe estar lleno de instrumentos homicidas, y productos de limpieza para borrar sus huellas!

-¡Eso no es cierto! –yo también me puse de pie, tratando de no dejarle tener la autoridad de la mesa-. ¡No llevo ningún cuchillo! Puedo mostrarte el contenido de mi bolso si quieres, ¡y te apuesto lo que sea a que no hallaras nada!

-¡Seguro que los tienes escondidos donde nadie los buscaría! ¡¿Deberíamos revisar también tu ropa interior?!

-¡¿Quieres verla?! ¡No tienes que inventarte excusas ridículas, sólo pedirlo!

Ante mi respuesta, Kyousuke soltó una risa sugerente. El padre de sempai se veía incomodo, sin saber cómo defender a su hijo, el comentario que había hecho era demasiado pervertido para eso.

Era el efecto que había buscado lograr. Si no quiero ser descubierta por la familia de sempai, lo mejor es torcer la discusión en una forma graciosamente estúpida. De esa manera, pensaran que no es algo serio, y no le darán importancia. Que sempai quiera convertir cada palabra que dice en un chiste ayuda mucho a lograr eso.

-¿Qué tipo de discusión están teniendo? ¿Se dan cuenta de donde están parados?

La madre de sempai, cargando una bandeja con varias tazas de té, apareció en la sala y nos regañó.

De inmediato, sempai dejo de intentar dominar la conversación, y volvió a sentarse. La atmósfera alrededor, que se estaba tornando tensa, fue completamente destruida, siendo dominada por la presencia poderosa de Tsuruya Hikari-san. Considerando que su esposo seguía visiblemente incomodo, creo que ya veo quien tiene el control de esta casa.

-Por Dios, estos chicos de hoy son tan atrevidos… –ella deposito la bandeja sobre la mesa, y procedió a repartir las tazas de té. El leve tañido de la cerámica puso en guardia a los tres miembros masculinos de la familia Tsuruya; cada vez que ella depositaba las tazas frente a ellos, se quedaban rígidos-. ¿Recuerdas lo que hacíamos a su edad, querido?

Le lanzó una mirada llena de suspicacia.

-Pues… Si no mal recuerdo yo salía con esa chica rara de la clase 1-3, antes de conocerte. ¿Te acuerdas de ella? Era esa que usaba los mechones de pelo azules…

La voz de Mikuni-san se fue apagando lentamente, hasta ser tan baja que ya no podía oírla. Eche un vistazo a Hikari-san, y esta seguía sonriendo… ¡Pero de una manera aterradora! ¡Parece Ruri-nee cuando se enoja! ¡Qué miedo!

-Me acuerdo de Imari-san, querido. Recuerdo que ustedes estaban jugando Backgammon en el salón de ciencias, cuando deberían estar en clase –murmuró ella, fríamente-. Yo era miembro del Consejo Estudiantil, así que tuve que intervenir, para la preservación de la moral pública. Hacer ese tipo de cosas en horario de clases… ¿Me recuerdas por qué me case contigo?

Su mirada era tan aterradora que me dieron escalofríos. La sonrisa que tenía estaba cargada de un sarcasmo tan retorcido y malicioso que me quitaba el aliento. Empecé a sentir algo de miedo, y eso que no me está mirando a mí. ¿Cómo hace Mikuni-san para soportarlo?

Pero, a todo esto, hay algo que no entiendo.

-¿Era tan grave que estuvieran jugando en la escuela? Backgammon… ¿No es juego de mesa parecido al ajedrez?

De inmediato, fui el centro de atención.

¿¡Qué dije exactamente!? ¡Todos me están mirando! ¡No entiendo que pasa! ¿¡Seguro que ese raro presentimiento que tuve afuera no fue porque sempai y su familia son alguna especie de lunáticos dementes homicidas seriales sádicos y brutales!?

-No puedo creerlo. Una adolescente hoy en día que no entiende esa indirecta. Tomonori, Kyousuke, ¿estoy vieja? ¿Se ha dejado de usar esa expresión? –preguntó Hikari-san, comenzando a revisarse el rostro. ¿Estará buscando arrugas? La verdad, no tiene ninguna, su piel esta hermosa. ¿Cuántos años tendrá?

-Qué yo sepa, si se sigue usando –murmuró Kyousuke, tapándose parte de la cara con sus manos.

¿Está riendo? ¿De qué? ¿Cuál es el chiste? ¿Alguien me lo dice?

-A veces le pasa. Tiene lapsos momentáneos de… Lindura extrema. Te hacen olvidar por un segundo el resto de su personalidad –añadió sempai burlonamente.

¿Se están riendo de mí? ¿Por qué?

-Supongo que siempre hay algunas de esas chicas inocentes allá afuera –Mikuni-san parecía algo aliviado de que su esposa se distrajera-. Ka-san tiene razón, últimamente todos los hijos de mis compañeros en el trabajo hacen cosas muy discutibles. Siempre oigo que se metieron en graves problemas por cualquier razón, llegando a preocuparme que Tomonori o Kyousuke terminen cayendo en alguna de esas locuras. La inocencia es un bien preciado.

-La inocencia sólo existe para perderse –respondió sempai, sonriendo maliciosamente-. Kiyoshi, ‘Jugar Backgammon’ es una forma de decir suavemente que estaban haciendo cosas muy sucias.

¿Cosas muy sucias? ¿A qué se refiere con eso? Podría ser…

Sentí como mi cara se puso caliente.

Oh, ya veo. Así que eso significaba la frase. Entonces, Mikuni-san estaba en el salón de ciencias, con una compañera, y Hikari-san entró y los encontró a la mitad…

-Parece que ya ha muerto la inocencia –sempai lanzó una risa digna de un villano de videojuego retro, muy maligna y bastante falsa-. ¡Deleitémonos con la sangre de aquellos que han descubierto su propia ignorancia!

¿¡Sempai es un vampiro!? E-espero que sea otra broma. No sé a qué se puede estar refiriendo, pero suena como una broma, o algo así.

-Tomonori, no sé porque estas actuando de esa manera tan prepotente –¡ahí va de nuevo! ¡Esa mirada aterradora de Hikari-san hiela la sangre de cualquiera!-. Por lo que puedo ver, tu adorable novia que no dices tener apenas llega a la edad de tu hermanito. ¿No te parece que se ve un poco mal? Si no fueras mi hijo, diría que eres un lolicon. Y llamaría a la policía.

Sempai reaccionó de inmediato, muy molesto.

-¡No soy un lolicon! ¡Y ella no sería mi novia ni aunque fuera la última chica en el mundo! ¡Ni aunque estuviera borracho, drogado, sin brazos ni piernas, y me fuera a quedar impotente en los próximos cinco minutos! ¡A la mierda el futuro de la humanidad, prefiero tener mi cabeza sobre los hombros!

Vaya… Ese es un discurso muy frenético. Estoy algo impresionada… ¡Y también molesta! ¿Qué significa todo eso? ¡No le estoy pidiendo que salve a la raza! ¡Sólo quiero algo de amor! ¿Por qué es tan difícil? ¡Yo jamás le haría daño a sempai! ¡Lo que pasó en el pasado debería olvidarse!

-En ese caso, ¿por qué ella dice que si es tu novia? ¿Hay algo que no me estén contando? –pregunto Hikari-san, moviendo levemente sus ojos entre sempai y yo.

En el instante en que cruzamos miradas, tuve que desviar la vista. ¡Da demasiado miedo! ¡Ahora va a desconfiar de mí por haber hecho eso! ¿¡Que hago!?

-Ka-san, no te alteres –sempai alzó sus manos, desviando su atención hacia él-. Esta chica es todo un problema, créeme. Ella se puso celosa porque comparto habitación con su hermano mayor gay. Y luego se empeñó en creerse esta relación inexistente para negar su complejo de hermano, que es muy fuerte. ¡Tiene una peligrosa tendencia a obsesionarse con la gente!

-¡No es cierto! –protesté.

-Y además, es mentirosa compulsiva –sempai soltó una risita.

Me tiene. Después de eso, dudó que me crean a mí en vez de a él. Y como es obvio que no les ha dicho la verdad respecto a la Academia, ya no hay nada que pueda alegar a mi favor.

Me tiene donde me quiere, al menos por ahora.

-¿Todo eso es verdad, Kiyoshi-chan? –preguntó la madre de sempai, suavizando mucho su tono de voz. La expresión en su rostro había pasado a ser mucho más comprensiva.

¿Qué hago? ¿Lo admito? Si hago eso, quedare como una estúpida. Y si lo niego, me trataran como una loca. ¡No hay salida alguna! ¿¡Que hago!?

Incapaz de decidir nada, desvié la mirada al suelo.

-Ya veo –Hikari-san dejo escapar un suspiro-. Tal parece que debo confiar un poco más en mi hijo. Te debo una disculpa, Tomonori. Tuve miedo de que le hubieras puesto la mano encima a una chica tan linda e inocente.

-¿Ponerle las manos encima? ¡Nunca en la vida! Me sentiría muy sucio –declaró sempai, cruzándose de brazos.

Eso es una mentira. Según Ruri-nee, sempai es un lolicon de primera clase. Dijo que Aya-sempai buscó en el historial de su computadora ayer, y encontró todo tipo de proxys y firewalls; y debajo de ellos, mucha evidencia de sus preferencias sexuales.

¿Los padres de sempai no están enterados? Pero la reacción de Kyousuke fue bastante evidente, él mismo dijo que estoy en su zona de strike. Y dudo mucho que sempai logre esconderlo de ellos, tal vez de Mikuni-san, pero Hikari-san no es ninguna estúpida. Aquí hay algo raro.

-Así que, Kiyoshi-chan, ¿te pusiste celosa? –me preguntó Mikuni-san, quien recién ahora decidió abrir la boca, una vez que su esposa ya había relajado su aterradora presencia-. ¡Que linda! No deberías preocuparte. Tanto Tomonori como Kyousuke son chicos completamente… ¿Normales? ¿Sin preferencias raras?

-Heterosexuales –aclaró Kyousuke-. Es el término correcto. Decir ‘normales’ suena ofensivo, como si los homosexuales no fueran personas. Es discriminatorio.

Que extraño. Pensé que se imaginarían que yo era una cualquiera que había venido a molestar a sempai, pero me tratan como una chiquilla. ¿Qué está pasando? ¿Puede ser que creen que soy una niña tonta que está molestando a su hijo por un capricho infantil?

¡Eso es muy vergonzoso! ¡Es casi tan horrible como las otras opciones!

Escondiendo mis pensamientos, recordé que el té se estaba enfriando, así que le di una probada. Sabe algo raro, como frutas, es dulce y fuerte. A mí alrededor, ahora que ya había pasado el momento tenso del interrogatorio, la familia Tsuruya también disfrutaba del té de Hikari-san.

Me fijé, sin llamar la atención, que sempai había deslizado una cuchara hacia la bandeja, donde había un pequeño contenedor con azúcar. Lentamente, deposito una cucharada colmada de azúcar en su taza. Y luego otra. Y otra más.

Intentó poner una cuarta cucharada, pero sus ojos se cruzaron con los de Hikari-san, y desistió de la idea. Se contentó con remover su té, para luego bebérselo de un solo trago.

Casi me atraganté. El té debe tener más azúcar de la que es posible disolver en esta cantidad de líquido. ¡Sin mencionar que ya de por si era dulce! ¡¿Cómo logró bebérselo así?! ¡Eso es demasiado, me habría atascado la garganta si lo hubiera bebido!

Con cuidado, por debajo de la mesa para evitar que lo vieran, saqué mi libreta de sempai. En la sección de cocina, dejé una anotación grande y notoria, indicando que le gusta el té dulce. ¿Podría ser así con el resto de la comida? Tendré que hacer averiguaciones.

Entonces, noté algo extraño. ¿Se acuerdan de esa sexta silla? Pues Hikari-san puso una taza frente a ella, pese a que no hay nadie sentado allí. Me quede mirándola.

-¿Te interesa saber sobre eso, Kiyoshi-chan? –preguntó Hikari-san, con una sonrisa en su rostro, una que no daba miedo. Yo asentí-. Esa silla es para el más reciente habitante de la casa: Una Zashiki Warashi. ¿No te parece increíble?

-¿Zashiki Warashi? ¿No es una especie de fantasma? –pregunté, sorprendida.

-Técnicamente, es un Youkai, una criatura mística del folklore japonés. Es un espíritu benevolente que habita un hogar y le trae buena fortuna. Tiene la apariencia de una niña pequeña. Se dice que es el alma de aquellos niños que fueron sacrificados por sus padres, cuando no tenían como alimentarlos, pero su amor a su familia fue tal que decidieron protegerlos y amarlos, incluso en la muerte –me explicó Kyousuke, muy entusiasta. Parecía que hubiera investigado mucho, y estaba orgulloso de ello.

-¿Quieren decir que hay un espíritu real en esta casa? –pregunté. Por alguna razón, algo me suena sospechoso en su explicación.

Eso, y que sempai soltó una risita extraña cuando mencione lo del fantasma.

-Nos costó creérnoslo cuando Kyousuke nos lo dijo, hace unos días, pero luego tuvimos que admitir que era cierto –Mikuni-san también parecía muy exaltado por este tema-. A Ka-san le dieron un aumento en el trabajo. Mi jefe me dijo que yo era el principal candidato para un puesto que quedo libre la semana pasada. Tomonori fue transferido, con una beca completa, a una escuela privada. Y las notas de Kyousuke han mejorado notablemente. Además, las cosas que habíamos perdido comenzaron a aparecer, cada mañana, sobre esta mesa. ¡Incluso ese pendiente de cuando nos casamos, que llevaba desaparecido casi catorce años!

-Querido, el aumento de nuestra suerte no es la cosa más llamativa –Hikari-san tenía las manos firmemente juntas, a la altura de su corazón, todos sus dedos estaban cruzados juntos. Parecía como si estuviera rezando-. Hemos estado viviendo extrañas experiencias. Oímos ruidos inexplicables, en ocasiones risas y pisadas, como si provinieran de un niño pequeño jugando. Algunas puertas se cierran y abren sin que nadie esté allí. Hay sombras que pasan por el rabillo de los ojos, pero cuando voy a revisar, sólo escuchó una risa de niña, que suena como si estuviera muy lejos.

-Y un día, cuando regresaba de la escuela, ¡encontré una nota doblada sobre la mesa! –Kyousuke saltó de la silla, se dirigió a una estantería, y sacó un trozo de papel ocultó bajo un adorno-. ¡No había nadie en casa, y ninguna puerta estaba abierta! ¡Sin mencionar que no hay ningún bloc de notas aquí!

Me mostró la nota, cuidadosamente doblada en dos. Había un bonito dibujo en el papel, algo que parecía un ave. Tenía el pico curvo, la cabeza redonda, los ojos saltones, y unas manchas blancas en el cuello. Se veía muy feo, fuera lo que fuera.

Lo aclaró: El pájaro es horrible, no el dibujo, ese si es muy bueno. No sé porque alguien gastaría tanto tiempo y talento en retratar este horrible animal.

-¿Lo hizo la Zashiki Warashi?

-Seguramente –asintió Kyousuke, de forma algo frenética-. ¡Busque en línea, y creo que es una paloma torcaz, un ave migratoria que habita en la mayor parte de Europa!

-Kyousuke, cálmate, por favor. Vas a asustarla –el padre de sempai reprendió a su hijo más joven, quien estaba demasiado entusiasmado con el tema-. Te aseguro, Kiyoshi-chan, que no hay nada peligroso en la Zashiki Warashi. Ella sólo juega bromas inofensivas.

-Sólo por curiosidad, ¿cuánto tiempo lleva ese Youkai en esta casa? –pregunté.

De reojo, me fije en la expresión de sempai. Cuando notó que lo observaba, curvo sus labios en una sonrisa traviesa, sólo durante un instante. Como si se estuviera burlando de ellos, como si supiera algo que ignoran.

-Pues, aunque parece como si hubiera pasado mucho tiempo, en realidad ha llegado hasta hace muy poco. Todo lo que te hemos dicho sucedió en los últimos cuatro o cinco días –respondió Mikuni-san.

¿Cuatro o cinco días? ¡Ese es el tiempo exacto desde que sempai volvió a su casa! Es una coincidencia demasiado rara para ser verdad. Y si hablamos de fantasmas, sé de uno que ha estado cerca suyo hasta hace poco.

¿Hmm? Sentí un raro tirón en mi libreta de sempai. ¿Qué es eso? ¡Hay una nota asomando entre las páginas! La tomé, lentamente, tratando de no llamar la atención de sempai y su familia.

“Sé lo que estás pensando. No hagas una escena. Ya sabes quién soy.”

Rea-san.

Ella debe de ser la Zashiki Warashi de esta casa. Incluso ahora, está pululando alrededor de sempai, la única persona capaz de verla todo el tiempo.

En este preciso instante, siento una especie de emoción violenta naciendo en mi interior. La conozco bien. Se llama ‘Celos’, y me provoca un inmenso deseo de tomar a esa fantasma entre mis manos, y arrancarle la cabeza de sus delgados hombros. ¡Y lo peor es que conozco tres métodos para hacerlo en menos de un segundo!

Mejor desisto. Como ya comprobé antes, no puedo tocarla; mis armas la atraviesan, pero ella si puede sujetarlas cuando le da la gana. Además de eso, ella tiene unos mil años de edad, y seguramente posee entendimientos muy poderosos. Es la peor de las situaciones. La diferencia de poder sólo se puede describir como ‘Abismal’.

Mejor será hacerle creer que no voy a intentar nada. Que baje la guardia. Como dije, algún día voy a verla morir. Por mi mano, o por la de alguien más, me voy a asegurar de que pase. No dejare que me robe a sempai. Nunca.

-¡Que suerte tienen! ¡Nunca había oído de ninguna Zashiki Warashi de verdad viviendo en una casa! ¡Es seguro que tendrán una prospera vida! –puse mi mejor sonrisa falsa, fingiendo que no notaba la mueca socarrona de sempai.

Empiezo a pensar que se está burlando de mí. No sé porque, pero creo que eso es lo que hace. ¿Qué le pasa? ¿Rea-san le lavó el cerebro? ¿Lo convirtió en otro de sus extraños sectarios? Esa gente es rara. ¡Dan miedo! ¡Están locos!

Nadie que siga a una entidad tan cuestionable como un Dios está bien de la cabeza.

Sin importar la situación, sin importar los motivos, aquellos que eligen seguir a semejante existencia están totalmente locos. Incluso más que yo. Al punto de que no tienen salvación alguna. Debería matarlos a todos, apiadarme de ellos, pero son dos mil millones a una. Es otra desventaja ‘Abismal’.

Que injusta es la vida. ¿Por qué no tengo una cabeza nuclear? ¡Me hace falta!

-Muchas gracias, Kiyoshi-chan. Estoy segura de que tu presencia aquí también es obra de la Zashiki Warashi –murmuró Hikari-san, sonriendo de forma tranquilizante-. Espero que su poder sobre la buenaventura también te conceda todos tus deseos.

Vaya, en realidad le acertó. Es culpa de Rea-san que yo esté aquí, ella fue quien nos despertó a Onii-san y a mí. Si ella no lo hubiera hecho, ¿en qué situación estaríamos? Sinceramente, no lo sé, pero estoy segura de que algo sería diferente.

¿Otou-san seguiría vivo? ¿Onii-san habría muerto? ¿O tal vez sería yo la muerta?

-Y hablando de eso, ¿por qué viniste en primer lugar? ¿Sólo fue para ver a Nii-san? –preguntó Kyousuke.

-¡Ah, es cierto! ¡Me había olvidado! –comencé a buscar en mi bolso. Tras unos segundos, saqué tres trozos de papel-. Ruri-nee me pidió que venga a entregarle a sempai estos boletos.

Los deje sobre la mesa, pero antes de que sempai pudiera alcanzarlos, Kyousuke los tomó repentinamente.

-¿Boletos para el tren bala de mañana? ¿Van a alguna parte?

-¡Dame eso, entrometido! –sempai intentó recuperar los boletos, pero Kyousuke los cambio de manos. Reía burlonamente, al tiempo que los alejaba por cualquier medio posible.

Vaya, sempai y su familia son gente muy alegre. Se la pasan bromeando en todo momento, incluso con visitas. Se llevan bastante bien…

Otra vez. Paso otra vez.

Me puse celosa de nuevo.

-En realidad, es un asunto sorpresivo. Esta mañana, Ruri-nee me dijo que iríamos de vacaciones mientras están arreglando la Academia, después de lo que pasó el fin de semana pasado –me sacudí la envidia que me corroía por dentro, antes de que se dieran cuenta-. Una amiga la invitó a una propiedad de su familia en Okinawa, y como no quería ser egoísta, le pidió que nos diera boletos a todos los miembros de nuestro club.

Intercambie una mirada discreta con sempai, en la cual intenté decirle que me siguiera el juego.

Porque, obviamente, no hay ningún tipo de club ni organizaciones similares en la Academia Jikû. ¿Para qué servirían?

-¿A todos? Esa amiga es bastante generosa –sempai entendió bien lo que intentaba transmitirle, y no intentó profundizar en ese asunto-. Espera un minuto… ¿Una amiga de Mirai-sempai? ¿¡Esa mujer tan violenta tiene amigas!?

-¿Violenta? –preguntó Mikuni-san. Por toda respuesta, sempai se alzó el flequillo-. Ah, ya veo. La señorita de los ‘Tesoros Nacionales’.

-¿Tesoros Nacionales? –pregunté, confundida.

-Oh, no te preocupes por eso, Kiyoshi-chan. Es una bromilla inofensiva de la familia –murmuró Hikari-san, lanzando una mirada levemente siniestra a su marido.

Ignoraré que eso ocurrió. No quiero saber a qué se referían. Seguramente es algo pervertido.

-¿Y por qué son tres para Nii-san? –preguntó Kyousuke, quien todavía retenía los boletos-. ¿Necesita más de uno?

-Esa es una historia un poco graciosa –murmuré, soltando una risita nerviosa-. Originalmente, la idea de Ruri-nee era traer a las hermanas Yamanaka con nosotros, pero hubo algunos inconvenientes…

-Fue imposible sacar a Ayano del dormitorio, ¿verdad? –sempai adivinó el problema fácilmente-. Y su hermana mayor no la va a dejar sola, obviamente. ¿En serio pensó que aceptarían?

-Le pregunté lo mismo, y ella respondió que “No pierdo nada por intentarlo”. Y cómo fallamos en convencerlas, ahora nos sobran dos boletos, así que Ruri-nee me dijo que te los diera, que era mejor no desperdiciarlos.

-Entonces… ¿Estos son dos boletos extras a Okinawa? –preguntó Kyousuke, poniendo una sonrisa maliciosa muy familiar. ¿También la heredo de Hikari-san?

-En realidad, iremos a un puerto en tren. Luego ahí nos recogerá el barco de la familia Ishida, que nos llevara al hotel en la isla –aclaré.

-¿Hotel en la isla? ¿Familia Ishida? –murmuró Mikuni-san, pensativo-. ¡Ya recuerdo! ¡Escuche de algo así! La familia del Ministro de Economía, Ishida Kenshirou, terminó de construir un complejo turístico en una pequeña isla paradisíaca en Okinawa. ¡Abrirá al público mañana!

-Si no mal recuerdo, creo que ese Ministro es el padre de la amiga de Ruri-nee, Kitsumiya-sempai –añadí.

Por alguna razón, luego de mi comentario, toda la familia Tsuruya se quedó en silencio. Dirigieron sus miradas hacia mí, poniéndome muy nerviosa.

-¿Eh? ¿Qué pasa? –me empezaron a temblar las piernas.

Esta familia… Da miedo…

-Un hotel en una isla paradisíaca, construido por una familia dueña de empresas multimillonarias, ¿y nos estas regalando tres pasajes gratuitos para el día de su inauguración? –Hikari-san pronunció estas palabras con un tono solemne-. Kiyoshi-chan, el nivel de generosidad de tu hermana mayor es increíble.

-No es realmente mi hermana… Al menos, no estamos relacionadas por la sangre –murmuré, bajando la mirada-. Y, en realidad, no estamos perdiendo nada, fueron gratis. Ishida Kitsumiya-sempai dijo que está ansiosa por conocernos.

-¿No es esa la chica súper popular de la clase 1-1? –preguntó sempai, mientras sus dedos comenzaban a bailar sobre la superficie de la mesa-. ¿Desde cuándo le interesamos a esa chica rica?

-Bueno… En realidad, la familia Ishida financia la Academia Jikû. Ellos pagan todas las becas. No creo que sea buena idea rechazar su invitación –aclaré.

Por alguna razón, no me siento tranquila sin importar cuanto tiempo pasa. De hecho, es lo opuesto.

-Y… ¿Cómo decidimos quien va? –preguntó Kyousuke-. Nii-san tiene que ir, por supuesto, así que quedan dos boletos.

-Es muy repentino para nosotros, no podemos dejar el trabajo así de repente… ¿Por qué no vas tú también, Kyousuke? –respondió Hikari-san.

Su esposo estuvo a punto de decir algo, pero ella hizo un gesto, jugó con el cabello de su lado derecho, y él hizo silencio inmediatamente.

-¡Gracias, Ka-san! –Kyousuke sonrió, pero no parecía agradecido. Diría que, en realidad, estaba feliz de que su plan saliera bien-. ¡Ya sé! ¿Por qué no traemos también a Ka-chan?

-¡Es una horrible idea! –protestó sempai-. ¡Mezclar a Ka-chan con esta chica seria como sumergir dinamita en nitroglicerina! ¡Sólo vas a hacer la explosión más grande!

-Tonterías, Nii-san. Ka-chan jamás causaría ningún problema. Y Kiyoshi-san es demasiado linda para ser peligrosa.

Me dijo linda… ¡Me dijo linda! Si la genética es confiable, y sospecho que lo es porque Onii-san y yo tenemos el mismo cabello, ¡entonces sempai también debe pensar que soy linda! ¡Es fabuloso! ¡Estoy muy feliz!

Obviamente, no puedo dejar que tales emociones se filtren en mi expresión, así que clavo mis uñas en la parte de mis muslos que cubre mi falda. De esta manera, evitó que ellos se den cuenta de que me emocioné.

-Esto… Sempai, Kyousuke-san, ¿puedo saber quién es exactamente ese tal Ka-chan?

-Nuestro primo –aclara Kyousuke, con una sonrisa totalmente malintencionada. Comenzó a operar su Smartphone-. Estoy seguro de que vendrá. No se va a perder una oportunidad de ir a Okinawa de forma gratuita.

-¡Sólo estas tratando de molestarme! ¡Aún recuerdo que ustedes dos se aliaron para hacerme la vida imposible! –sempai se puso de pie, señalando a su hermano menor con el dedo, como si lo estuviera acusando de algo serio.

-Tomonori, tus modales –lo reprendió de inmediato Hikari-san. Sempai bajo su mano, pero no quito la expresión irritada de su rostro.

-Ka-chan, buenos días. Si, sé que es temprano, ¡pero tengo grandes noticias! –Kyousuke comenzó a hablar con alguien al teléfono-. ¡Una compañera de club de Nii-san, de su nueva escuela, le está regalando tres boletos para un hotel en Okinawa! ¡Salimos mañana a primera hora!

Se escuchó una exclamación del otro lado de la línea.

-Sí. Sí. No –Kyousuke me miró-. Kiyoshi-san, es totalmente gratis, ¿verdad? ¿Cuánto tiempo nos quedaremos? ¿Y hay una playa?

-No, no tendrá que pagar ni un centavo. Será una semana, más o menos. Y si no mal recuerdo, Ruri-nee dijo que hay un kilómetro de playa. Deberían traer sus trajes de baño, además de bloqueador solar.

Luego de una corta conversación, durante la cual sempai no paró de hacer señales muy negativas (incluyendo pasar su mano por el cuello, señalando que debía cortar urgentemente), Kyousuke se despidió y cortó la llamada.

-¡Ka-chan vendrá! ¡Se reunirá con nosotros en la estación! –puso su teléfono sobre la mesa-. ¡Nii-san, hay que apresurarnos! ¡Tenemos que hacer las maletas! Hay muchas cosas que empacar. ¡Ka-chan dice que nos preparemos para su bikini, que será algo que nos derretirá el cerebro!

-¿Bikini? ¿Ka-chan es una chica? –pregunté, sorprendida. Estaba convencida, por la manera que hablaban de su primo, que se trataba de un chico.

-Es natural que te confundas, Kiyoshi-chan. Touka-chan es muy masculina, especialmente cuando se encuentra con Tomonori y Kyousuke –Hikari-san puso una sonrisa divertida-. Ella es hija única, mi hermana se divorció cuando era muy joven, así que nuestros hijos se han criado siendo muy cercanos. Si no me equivoco, debería estar en esa foto de allí, la cuarta a la derecha de la puerta.

Me puse de pie, disculpándome con la familia Tsuruya. Me acerqué a la línea de retratos colgados, mirándolos con atención.

En el primero a la derecha de la puerta se puede ver a Hikari-san y Mikuni-san, de jóvenes. Ella lleva un vestido blanco muy voluminoso, y él un esmoquin. Debe de ser su día de bodas. Al fijarme con cuidado, el abdomen de Hikari-san está un poco inflado.

En la segunda se puede ver a ambos, vestidos de forma más casual, pero Hikari-san sostiene un bulto entre sus brazos. Supongo que ese debe ser sempai, recién nacido.

En la tercera se puede ver a los padres junto a un sempai muy joven. Incluso siendo un niño pequeño, ya tiene esa mirada de aburrimiento en el rostro. Hikari-san sostiene a Kyousuke entre sus brazos.

Y en la cuarta…

-Así que esta es Ka-chan, ¿cierto?

Intenté que no se notara en mi voz.

Tercera vez que me estoy poniendo celosa en un corto tiempo.

En la foto, bastante reciente, se veía a tres jóvenes. A la derecha, sempai. A la izquierda, Kyousuke. Entre ellos, abrazándolos a ambos a la vez, una hermosa chica de la edad de Ruri-nee guiñaba un ojo seductoramente a la cámara. Su cuerpo tenía proporciones excelentes, su rostro estaba muy bien delineado, y emitía una atmósfera completamente sexy.

Esta chica podía ser, tranquilamente, una Idol muy popular; o una modelo de pasarela; incluso podrías ponerla a protagonizar una película. ¿Y voy a encontrarme con ella? ¡¿En traje de baño?! ¡Además de todo, dijo que iba a llevar un bikini que derrite cerebros, seguramente será algo brutalmente erótico!

Tal parece que, al final, si voy a necesitar mis cuchillos.

Muchos cuchillos.

¡MUCHISIMOS!

Continuara…

Yuiitsu no Shinjitsu

Parte Dos: Ellos

Prologo: No Armor

En realidad, no quiero hacer esto.

Me gustaría poder recostarme en una bonita habitación con vista a la playa, viendo a bellas chicas jugando en el agua, exhibiendo sus esculturales cuerpos en bikinis atrevidas, mientras bebo un Martini con hielo.

¡Ah, que cruel es la vida!

Bueno, trabajo es trabajo. No queda de otra.

¡Te maldigo, Tomonori-kun! ¡Si no hubieras traído a los malditos Ishida a esta isla, podríamos seguir disfrutando de nuestras merecidas vacaciones!

Bah, tampoco es que sea su culpa. No tenía ni idea de que estaríamos aquí. Y tampoco creo que fuera él quien decidió venir a este lugar, sé que prefiere quedarse en casa.

Y, obviamente, ni siquiera yo sabía que estábamos en organizaciones opuestas.

Esto ya parece argumento de anime cliché. Seguro que a Tomonori-kun le encanta. Hasta me lo imagino comprando los Blu-ray de una serie así, para ponerlos en su estante, junto a su póster de Chicas Mágicas.

Debí haber notado las señales. Recuerdo que un día dijo que vio a una niña rara. ¿Por qué no me di cuenta de que se refería a Rea? Si lo hubiera sabido, ahora él estaría a mi lado, preparándose para asaltar ese hotel.

Olvídenlo. Meterlo a este mundo sería un gran error. Él es el tipo de persona que sería capaz de emocionarse con este tipo de misiones. Incluso aunque implique asesinar. Probablemente, ni lo pensaría mucho, simplemente lo haría.

Y luego se daría cuenta de que esto no es ningún juego. De que si matas o mueres, es de verdad.

O tal vez no. Es posible que sea un psicópata demente lo suficientemente chiflado para tomarle el gusto. Su manera de jugar videojuegos súper violentos con una sonrisa de loco en la cara me dio una advertencia, pero yo no me lo tomé en serio.

Todo el mundo tiene derecho a jugar como les plazca. Si él quiere parecer un loco, perfecto. Esa parte suya hasta me divierte.

Incluso demostró que podía ser cruel, cuando se río mientras la ambulancia se llevaba a los matones de la escuela, que nosotros herimos al jugarles una broma muy pesada. No sabía que eso iba a pasar, pero Tomonori-kun sí. Y no me advirtió. De hecho, debía ser parte de su plan el no hacerlo, así le ayudaba a ejecutar esa maliciosa trampa.

Y aunque me dio algo de miedo, también fue muy divertido.

Incluso cuando me di cuenta de que era un lolicon, y no uno de los ligeros, sino de esos que lo esconden obstinadamente. Ese brillo en sus ojos, que aparece cada vez que una niña pequeña vestida de forma moe, lo delata.

Eso, y esa sonrisa de pervertido de closet que pone a veces. Tarde o temprano, te das cuenta de lo que está pensando para sonreír así. No es agradable, pero le hacen una persona muy interesante, y no se me quitan las ganas de ser su amigo.

Y estoy a punto de atacar a esa persona.

¿Enloquecí yo también?

Sinceramente, no tengo idea.


Creo que a estas alturas, ya deberían saber quién soy.

Y si no se han dado cuenta, o están leyendo este relato en estado zombie, o son un poco idiotas.

No se preocupen, es normal. A todo el mundo le pasa alguna vez. Incluso puede ser que tengan una memoria desastrosa, lo cual les daría una justificación un poco más válida para no saber quién soy.

Da igual.

El caso es que estamos aquí, en este barco, esperando mientras la niebla de Sora se acumula alrededor.

Los cielos están oscuros, cubiertos por espesas nubes de tormenta.

Con esto, ya nadie es capaz de ver donde estamos. El barco no es pequeño, pero con tanta niebla y nubes, si tienen alguna manera de vernos, será un auténtico milagro.

De nuestro lado, vinimos preparados. Sentada junto a mí, en el puente de mando, hay una adivina china con un alias muy difícil de recordar. Creo que significaba algo parecido a “Visión”, pero no estoy seguro. Tiene unos treinta, y no es muy bonita, así que no me interesa memorizarlo.

El caso es que ella tiene una habilidad de Tipo Material, la cual le permite proyectar reflejos en su bola de cristal. Según No Armor, su habilidad trabaja bajo la idea de que todos los reflejos eran, en realidad, una única imagen unificada; por lo cual era capaz de acceder a cualquiera de ellos.

Por cierto, este No Armor es un candidato a Gran Maestro. Fue opacado por Abismo en los últimos movimientos militares, hace tres años, pero tiene un enorme potencial. Contra él, todos los Tipo Corporal están perdidos. Por eso fue traído aquí, desde su hogar en China.

Los Ishida son una familia de Tipo Corporal. La mayoría de sus afiliados también lo son, como es la norma en Japón.

Esta es, probablemente, una nueva gran batalla para esta generación de entendedores. De aquí podría salir un Gran Maestro para Nosotros, si ganamos; o reforzar la posición de Ellos en Japón, si perdemos.

Nuestro oponente principal, y objetivo, es el futuro cabeza de familia Ishida, el Gran Maestro Kurokami. Es un Tipo Corporal genio, quien junto a Abismo, se alzó con el título hace tres años.

Si logramos eliminar a uno de los dos Gran Maestros de Japón, estaremos un paso más cerca de apoderarnos de este territorio. Y además, es la venganza por lo que hicieron hace tres años en Estados Unidos, donde justamente fue que los Ishida hicieron su jugada.

Bueno, en realidad, todo eso me da igual. Simplemente soy un soldado. Y aunque estábamos de vacaciones, esta oportunidad no se presenta todos los días, así que los altos mandos nos enviaron a nosotros, ya que estamos aquí.

Una completa mierda.

En la bola de cristal, de repente, aparece una imagen, no muy nítida que digamos. La adivina comienza a observar, pasando su mano por encima. Poco a poco, se va aclarando, hasta que podemos ver a un grupo en el balcón del hotel en la isla.

-Ese hombre, el del cabello largo, es Kurokami –señala nuestro traductor, apuntando con su dedo a la imagen.

¿De dónde salió? No sé. No me interesa, así que paso de su existencia. Creo que es un chino que habla japonés, o un japonés que habla chino, me importa una mierda.

El sujeto dice algo en mandarín, hablando con la mujer, y ella asiente y le responde.

Por supuesto, no entiendo nada, para eso tenemos a este hombre.

Quánzhī pregunta si es lo suficientemente nítida –me traduce él.

Examinó la imagen. No parece algo de calidad HD, pero servirá, llegado el momento.

-Sería mejor si fuera algo más panorámico. No tengo rango de visión.

El traductor asiente, y transmite mi mensaje a Quánzhī, que de inmediato pasa la mano por encima. La imagen en la bola de cristal se aleja, mostrándonos la zona circundante.

-Eso será suficiente –indiqué. El hombre tradujo mis palabras.

Ahora podemos ver al grupo completo. Están observando las nubes negras y la niebla de Sora, discutiendo de algo; como la imagen no tiene sonido, no tengo idea de que sea.

-La muchacha del cabello rosado, esa es su hermana menor, Kibou –el traductor señala a nuestro objetivo secundario, la otra miembro de la familia en esta isla. Tengo entendido de que ella es la líder del Grupo A en la Academia Jikû.

Aunque, la verdad, no necesito que él me diga quién es. La acabo de conocer hace apenas ayer, a ella y a su muy buen cuerpo, en ese exquisito bikini rosado.

-¿En serio hay que eliminarla a ella también? ¿No podemos tomarla como rehén o algo? ¡Sería un desperdicio matarla! ¡Mira esos pechos, son demasiado grandes, no cualquier chica tiene un par de esos! ¡Dan tantas ganas de apretarlos!

Hice unos ademanes, como si los estuviera agarrando.

El traductor me lanzó una mirada enojada. Quánzhī tenía una expresión tan obvia, que no necesito ser Tomonori-kun para saber lo que está pensando. Debe ser algo cercano a “¡Muérete ya, basura!”.

Es lo normal.

Aunque, por cierto, me pregunto cómo se dirá esa frase en mandarín.

-Concéntrate –me reprendió el traductor-. Da igual lo que sugieras, ella es una bandera de esperanza para Ellos, como bien dice su alias. No podemos dejarla con vida. No serviría de nada tomarla prisionera. Los Ishida vendrían a rescatarla. Este golpe debe ser tan duro como podamos, para que no puedan recuperarse. Para que no puedan tomar venganza. Para que bajen de una vez la cabeza, y nos dejen obrar en paz.

-Sí, lo sé –moví mis manos, gesticulando-. Conozco todo el discurso, te lo puedes ahorrar. Igualmente, será No Armor quien la eliminara, si el plan sale bien.

-Saldrá bien, buen muchacho. No te preocupes. Trust in me. Trust in God.

Una nueva persona acaba de entrar a la cabina. Es un hombre de unos cuarenta años, que parece nativo de Asia Central. Su cabello es blanco como la cal. Viste una sotana negra, la cual le llega hasta sus tobillos; unos zapatos negros que se ven muy incómodos; además de un alzacuellos blanco, y un crucifijo largo en su cuello.

Es un sacerdote católico chino.

Y también, es No Armor.

El candidato a Gran Maestro inclinó su cabeza, en una reverencia cortes al estilo oriental. Abrió sus ojos, los cuales son de un intenso purpura, llenos de una voluntad muy poderosa, que me hacía sentir que mi alma estaba siendo perforada. No pude mantenerle la mirada mucho tiempo, así que la desvié al suelo.

-Levanta la cabeza, hijo. Hay trabajo que hacer –indicó No Armor.

-Padre, bendígame, porque he pecado. He tenido… Pensamientos lujuriosos –sonreí maliciosamente.

El traductor se enfada, claramente molesto por mi broma. En cambio, el sacerdote suelta unas risas alegres.

-Lo siento, muchacho, pero es imposible para este simple humano. No tengo qué hacer con un adolescente lleno de deseo sexual. Vuelve a confesarte cuando tengas veinticinco años.

Pronuncia todo eso en chino, y el intérprete lo traduce, a regañadientes. Su conocimiento de japonés es muy escaso, así que no puede mantener una conversación sin ayuda.

-Lo suponía. Supongo que tendré que pedirle al señor de la barba por ayuda, si es que está dispuesto a escuchar a un adolescente lleno de deseo sexual –respondí, encogiéndome de hombros.

El traductor parecía enojarse, al tener que comunicar eso, pero lo hacía fielmente, o al menos eso espero. El sacerdote, en cambio, esbozó una leve sonrisa.

-Dios todo lo perdona, joven. Incluso aquellos pecados que nos parecen imperdonables –No Armor observó las imágenes en la bola de cristal-. Incluso a nuestros enemigos, Él les dará la oportunidad de ser perdonados.

Parecía como si algún pensamiento de esa índole estuviera circulando por su mente, mientras veía la imagen del grupo de personas en el balcón.

Quánzhī empezó a hablar, pero el sacerdote levanto una mano, y ella calló. Acto seguido, le respondió en mandarín, con algo que parecían unas explicaciones.

El traductor, a quien ya he molestado mucho, sólo se dignó a decirme que era hora de iniciar la operación.


Salimos todos a la cubierta delantera. FrostSnow nos esperaba, viéndose realmente muy melancólico.

-Hola –me saludo de una manera lacónica-. Sora ha hecho un gran trabajo. No puedo ver ni un centímetro más allá de la niebla.

-Y gracias a tu gran trabajo, no hay nada de esta dentro del barco –le palmeé la espalda, pero él no reaccionó.

La niebla es, básicamente, gotas de agua flotando en el aire. Ya que el poder de Sora le permite controlar todo lo que tenga que ver con tormentas, puede producirla sin dificultad. Frost se encarga de regular la temperatura en los alrededores del barco, para impedir que se acerque.

-¿Estás seguro? –preguntó él, susurrando, para que nadie más pudiera oírlo.

-¿Hay alguna otra opción? –respondí, también en voz muy baja. Luego, comencé a hablar con mi tono de voz normal-. ¡No te preocupes, Frost! Terminaremos este trabajo rápido. ¡Podremos volver a nuestras vacaciones apenas nos hayamos cargado algunos Ishida! ¿O acaso le tienes miedo a esa supuesta leyenda del monstruo en este lugar? ¿Nessie te asusta?

Él me lanzó una mirada aparentemente inexpresiva, pero luego de conocerlo algún tiempo, notas lo que hay tras ella. Claramente, no estaba convencido de que estuviéramos haciendo esto de la manera correcta.

Sabe que no va a ser fácil, para mí, atacar ese hotel. Y no es por la tonta excusa de los pechos de Ishida Kitsumiya.

Tomonori-kun, junto a todo el Grupo S, están actualmente en ese hotel.

Se les dio la oportunidad de abandonar la isla, yo mismo les advertí con anticipación, pero no lo hicieron. O son muy valientes, o muy estúpidos.

Bueno, ya que estamos hablando de Tomonori-kun, deberíamos añadir una tercera categoría: Muy metidos en su mundo de fantasía anime.

-Es hora –murmuró No Armor, con su escaso japonés.

Frost y yo nos unimos al traductor, observando la bola de cristal de Quánzhī. El grupo de personas en el balcón parecían estar expectantes, sin saber lo que les deparaba.

El sacerdote sacó su teléfono celular, haciendo una llamada. Intercambio unas cuantas palabras en su lengua con alguien. No puedo estar seguro, pero creo saber quién es la persona al otro lado de la línea.

El Gran Maestro chino, Tóudàn shǒu. He escuchado que su relación con No Armor es muy cercana, al punto de que son íntimos.

Este sacerdote está aquí, en Japón, para darle una mano a su amigo.

Y también, para comenzar nuevamente su carrera a por el título, en busca de la gloria y el poder.

Este hombre, con su calmada expresión y un aura solemne rodeándole, está preparado para enfrentar a todo aquel que se ponga en su camino por ese objetivo.

Él es el responsable de llevar a buen puerto esta Cacería de un Gran Maestro.

-Ya he hablado con Tóudàn shǒu. Dará inicio a nuestro plan. ¿Están preparados, muchachos? –declaró el sacerdote, en un japonés algo torpe, pero adecuado.

-¡Claro! –respondí.

-Bien –Frost dio una respuesta muy desinteresada.

El traductor no parecía contento con nuestras respuestas, pero no tuvo tiempo de dar ninguna opinión, pues un sonido estruendoso interrumpió todos nuestros pensamientos.

Solamente No Armor no reaccionó en lo absoluto, así que sea lo que sea, debe ser obra del Gran Maestro chino.

En la bola de cristal podemos ver al grupo de Kurokami. Todos ellos, incluido Tomonori-kun, están mirando hacia arriba, y se ven muy sorprendidos. ¿Qué estarán viendo? ¿Qué podría causar ese sonido que estábamos oyendo?

Sólo aguanta un poco más, Tomonori-kun. Si sobrevives a esto, te daré una mano. Me caes demasiado bien para dejarte morir. Ya es algo tarde cuando te metiste a este mundo, pero puedo ayudarte a permanecer vivo.

No sé qué vaya a salir de esto, o si es real ese rumor de que masacró a Akire sin dificultad, pero creo que soy capaz de hacer algo para ayudarlo.

Ustedes, los que están aquí leyendo esto, ¿no lo harían?

¿Ni siquiera por un buen amigo?


Bien, suficiente de introducción.

Si ya leyeron la primer parte, creo que entienden de qué va esto. Es una pequeña forma de crear hype, para que después no se quejen del inicio lento.

Esta situación se creó luego de una serie de desafortunadas coincidencias. No tengo idea de cómo se dieron, pero ya da igual. Estamos metidos en este desastre. Voy a tratar de solucionarlo, pero no puedo prometer nada. Es demasiado complicado.

Supongo que quieren saber cómo acabamos así, en esa situación de matar o morir, ¿verdad?

Vayan por sus palomitas y su bebida favorita; y de paso, díganle a su waifu 3D que tienen cosas que hacer.

¿Conocen ese cliché ridículo de todos los animes? El famoso ‘Día de la Playa’.

Si, exactamente lo que están pensando.

Disfrútenlo.

Yuiitsu no Shinjitsu-Extra

Capítulo -1: La Cálida Verdad

Es cálido.

Es todo lo que puedo decir.

No puedo ver.

No puedo oír.

No puedo oler.

No puedo saborear.

Sólo puedo sentir. Y lo que siento es esta calidez.

¿Es una especie de bolsa? Estoy dentro de ella. Y hay un líquido alrededor, pero no me ahogo. Es muy cómodo, así que no hay necesidad de moverse.

Sólo tengo que quedarme aquí, quieto/a, sin hacer nada. Hay un leve movimiento, pero nada más me arrulla, hasta quedarme dormido/a. Ya siento como la somnolencia invade mi mente. Me recuesto en esta delicada calidez, perfecta en todo sentido.

¿Hmm? Es extraño. Debería haber más espacio. Siento algo más aquí.

Con dificultad, me muevo todo lo que puedo. Es difícil, pues mis brazos y piernas son muy cortos y torpes. Además, estoy en esta bolsa cálida, flotando. Me cuesta incluso darme la vuelta. Entonces, me doy cuenta de que estoy atado/a, pero no por una soga. Hay algo saliendo de mi interior, una especie de tubo que cubre mi ombligo.

No puedo decir nada más, ya que no soy capaz de verlo. Sin embargo, deshecho esa incógnita, pues siento que es algo natural. Lo que no es natural es esta cosa extraña a mi espalda, que se presiona contra mí.

Finalmente, logró darme la vuelta. Mis dedos gordos se alargan, tratando de tomar aquello que me quita el espacio. Pero… Esto… ¿Qué es?

Estoy sintiendo mis dedos. Son míos. Pero no es mi otra mano.

Oh, ya veo. Me he preocupado por nada.

Sólo soy yo. Eso era lo que me restringía el espacio. No había ningún problema. Sólo era yo, que no me había dado cuenta de que me daba la espalda.

Es curioso cómo una vez te das cuenta de que lo que creías extraño es normal, lo naturalizas. Hace un momento, sentía que había algo estorbándome, pero ahora ya entiendo, es normal. Y sólo tuve que agarrar mi mano para darme cuenta.

Me recuesto en esta calidez, sujetando mi mano. Esta igual de cálida que la bolsa. Me arroja nuevamente a esa sensación de comodidad que me provoca somnolencia. Me arrulla a un sueño largo, lento, indefinidamente delicioso.

No me siento solo/a. Porque estoy aquí conmigo.

Porque mi otra mitad, que hasta ahora no me había dado cuenta que existía, está aquí a mi lado, sujetando mi mano, contagiándome esta deliciosa calidez.

Continuara…

Yuuitsu no Shinjitsu

Epilogo: La Oración

Me arrepiento.

Me arrepiento profundamente de haber convertido a Tsuruya Tomonori en entendedor.

Lo hice sabiendo lo que pasaría. Sabiendo que terminaría implicado en este horrible mundo, cubierto con una máscara bonita, para que no parezca tan terrible. Sin embargo, él mismo ha empezado a intuir lo que está pasando. Tarde o temprano, lo iba a descubrir.

Una máscara no puede tapar todo el olor a podrido.

Si yo no hubiera usado mi True Understanding en él, seguiría viviendo como un chico normal. Iría a la escuela cada día tranquilamente, sin temor de ser un objetivo. Jamás sabría que su amigo es un soldado de una organización secreta. Nunca se enteraría de quien controla el mundo realmente.

Eso hubiera sido mejor.

Pero yo, al final, decidí hacer mi parte en esta historia escrita con sangre.

No creí que en realidad pudiera haber otro. Otro como yo.

Esa Serpiente me dijo que mi deseo seria cumplido cuando otro Side Soul apareciese. Pero somos tan pocos… No pensé que sucedería en menos de mil años más. Me aferré a una esperanza lejana, y por eso me sorprendí cuando encontré a Tsuruya Tomonori.

Para cumplir mi deseo, fui capaz de arrojarlo a este mundo cruel.

Estoy mintiendo. No lo hice por esa razón.

Aunque deseo mucho lograr mi objetivo, no lo convertí en un Despertado con esa intención. Es aun peor, lo hice por una motivación todavía más egoísta. ¿Por qué soy capaz de intentar algo así por una oportunidad tan lejana?

Tomonori es un Side Soul. Y es muy parecido a esa persona.

Pero no es él.

Me aferré a dos esperanzas completamente en vano. Y cómo resultado de eso, volví a realizar una acción imperdonable. Mi alma esta tan manchada por el pecado que no merezco ni siquiera que oren por mí.

Y sin embargo, estoy feliz.

Estoy feliz de ver a Tsuruya Tomonori aquí, mientras escucha su nuevo alias. Por alguna razón, verlo quejarse por todo de forma tan exagerada me alegra el corazón. Incluso aunque me arrepiento profundamente de haberlo traído a este mundo, lo volvería a hacer si fuera necesario.

¿Soy tan estúpida? ¿O ya he llegado al punto en que he decidido olvidarme de mis remordimientos, y que mis acciones se guíen nada más por mi puro egoísmo? ¿Ya decidí resignarme a que mi nombre sea incluido en el Libro de la Vida?

No lo sé.

Me gustaría decir que lo hice por una buena razón, pero no es la verdad. Que mis acciones egoístas dieran como resultado esta escena divertida y tierna es muy contradictorio. Me hace sentir que no me equivoqué, aunque sé que es así.

En este momento, estoy en un dilema moral demasiado profundo.

¿Fue correcto traer a Tsuruya Tomonori al mundo de los que pueden entender? ¿Poner su vida en riesgo por mis intereses personales? ¿Aunque parece estar disfrutando mucho de estar en esta Academia? ¿Incluso cuando sé que va a estar en peligro permanente?

No, no lo fue. Esa es mi conclusión final.

Sin embargo, ya no puedo deshacer lo hecho. Puedo lamentarme todo el tiempo que quiera, pero eso no pagara mis errores. Si quiero, por lo menos, ser perdonada por él, debo protegerlo con cada tecnicismo y vacío legal que encuentre en mis restricciones.

Incluso si Tomonori decide no perdonarme, en el remoto caso en que pueda decirle toda la verdad, continuare defendiéndole como pueda. Sospecho que lo hará, pero incluso si se niega, no me molestare. Está en su derecho de odiarme con toda su alma. Sólo espero que ese rencor no pueda llegar a ennegrecer su corazón.

Haré lo mejor que pueda para evitar eso.

He mentido otra vez. Dios mío, sé que seguramente no existes, pero por favor, perdona los pecados de este cordero tuyo que se ha extraviado del rebaño. Incluso si es sólo por mi egoísmo, no puedo parar de pedir misericordia por aquellos a quienes asesiné, directa o indirectamente; y a todos a quienes les arruiné la vida, que no son pocos. Tal vez, alguno de ellos logre superar la ruina a la que los arrastré.

En realidad, no quiero protegerle para compensarlo.

Quiero hacerlo porque sé que, algún día, en el lejano futuro, estaremos juntos bajo ese hermoso Cielo de Cristal. Estaremos recostados juntos sobre ese Suelo de Oro y Piedras Preciosas. Y uniremos nuestras manos, allí donde no hay nada, atascados en algún parte, juntos en ese mundo que no es ni Cielo ni Infierno.

Y me gustaría que, cuando estemos allí juntos, aunque sea un pecado pedirlo…

Me gustaría que podamos reír juntos allí, los dos.

Por favor, Dios mío, por favor te lo pido.

Ese es mi único deseo.

Final de la Parte Uno

Próximamente, Parte Dos: Ellos

Ficha de Personajes-Miembro 00a: Kronos

Alias: Kronos

Nombre: Tsuruya Tomonori.

Fecha de Nacimiento: 31 de Diciembre de 1997 (15 años).

Origen: Despertado.

Apariencia: Hombre, 168 cm de altura. Cabello negro, ojos oscuros.

Tipo de Sangre: A+.

Ocupación: Estudiante.

Afiliación: Nosotros. Academia Jikû. Grupo S.

Tipo de Entendimiento: Tipo Mental. Manipulación de Rastros.

Clasificación: Especial, ¿Segunda Clase?

Técnicas: Espacio perfecto, sensibilidad extrema a los rastros por entendimiento.

True Understanding: Desconocido.

Yuuitsu no Shinjitsu

Capítulo 18: Kronos

No me entiendo.

Desde que vine aquí… No, seamos más claros. Desde el momento en que Mirai-sempai me obligó a venir a punta de vara mágica, siempre estuve pensando lo mismo: ‘Esto es una molestia’. Que el lugar fuera espantosamente caótico no ayudo para nada, contribuyendo a mi malestar.

Además, todos aquí tienen un pequeño problema con respecto a sus personalidades alocadas. En resumen, están chiflados. Completamente fuera de la realidad.

Sin embargo, ¿puedo afirmar que no me agrada?

Ese sentimiento, del momento exacto cuando Akire me estaba cazando… Si, tenía miedo, estaba asustado, pero al mismo tiempo, me emocioné. Era como estar en un manga. Me estaba divirtiendo, aunque mi vida estuviera en la cuerda floja.

Ese sentimiento fue tan extraño, tan irracional, que no puedo esperar para volver a sentirlo. Por momentos, pienso que puedo volverme adicto a eso.

¿Este lugar es una molestia? ¿Todos están locos? ¿Pareciera que estoy siendo irracional? ¡Al diablo con todo eso! Cada día, en mi vida normal, me aburría mortalmente. No volveré a esos días.

Si tengo que renunciar a la realidad, lo haré, pero no perderé estos momentos llenos de emoción. Ese es, sin duda, el pensamiento que se quiere quedar arraigado en mi mente.

Lo prefiero. No dejare que se me escape esta oportunidad. ¡Me convertiré en un entendedor de verdad! ¡Viviré en este mundo que me gusta tanto!

Y el primer paso, es aprender más. Soy un Tipo Mental. Tengo que averiguar todo lo que pueda sobre mi Tipo, y perfeccionar cualquier habilidad que tenga. Por ahora, sólo puedo usar Espacio, pero si soy de los más raros debo tener algunas habilidades ocultas útiles. Es como el inicio de un anime, el chico nuevo sin poder alguno que resulta ser muy fuerte. ¿No puedo ser esa clase de protagonista? ¡Vamos, mundo, no seas tan cruel!


Como sea, actualmente, me encuentro descansando en el dormitorio. La reunión con Kouri no Hauto-sensei fue larga y pesada. Tuve que contar toda la historia… Bueno, la mayor parte. Obviamente, excluí algunas cosas, como el plan sobre el virus y el duplicado de la información.

En algún momento, quiero saber qué diablos había en esa computadora que era tan importante para hacer todo este caos sin sentido. Tiene que ser terriblemente valioso para que Ellos lo quisieran con tanta desesperación. Y, por la expresión de Kouri no Hauto-sensei en el momento en que le di la información, allí hay algo que los estudiantes no deberían revisar. ¿Qué está ocultando Nosotros?

Mientras me revuelvo en la cama, totalmente agotado a causa de esta noche tan agitada, siento una leve sensación. Me parece muy familiar. ¿Las sabanas están frías?

Abro los ojos, y veo a una cierta chica transparente recostada frente a mí.

-¿Qué se supone que estás haciendo? –le pregunté.

Ella sólo me devolvió la mirada, pero con ojos de cachorro.

Literalmente, podía leer en su mirada el ‘Por favor’.

Solté un suspiro largo. Le debo mi vida, varias veces. Simplemente, a estas alturas, no puedo rechazar su petición, o me vería como un desagradecido.

-Sólo esta vez, ¿sí? –su sonrisa se sintió ardiente como el Infierno.

-¡Como quieras, sempai!

¿Eh? ¿La Niña Fantasma acaba de hablar? No, no puede ser. Ella también se ve sorprendida. Y esa voz sonó escalofriantemente familiar…

¡¿Qué hace esa chica aquí?!

Lentamente, me doy la vuelta, confirmando mis peores temores. ¡Ella esta acostada justo del otro lado! ¿Desde cuándo hay espacio en esta cama para los tres? Bueno, ellas dos apenas ocupan sitio, así que no haré demasiados problemas por eso.

La expresión de Kiyoshi es tan fácil de leer que me impacta. El brillo en sus ojos rosados no puede ser natural, es demasiado atrayente. Sus labios están fuertemente apretados, formando una sonrisa pequeña, pero dulce.

Pero, y sólo pude comprobarlo unos segundos después, eso no es lo peor. Noté que sus hombros están desnudos, así que mi cerebro inicio automáticamente la búsqueda de algo necesario, la tan humilde barrera contra perversión que llamamos ‘ropa’.

Y ese es el problema, si la lleva. ¡Un camisón blanco transparente! Olviden el calor del verano, absolutamente el objetivo de esta ropa no tiene nada que ver con la temperatura. Eso no puede siquiera llamarse ropa, no es funcional para nada.

La manera más cruda de describirlo: Es un cosplay erótico de ‘Imouto Kawaii’.

Mis ojos no podían apartarse de sus hombros, hasta que note que sus axilas y ombligo estaban al descubierto también. Debido a las mantas, sólo puedo ver hasta su cintura, pero me queda claro que es probable que esté usando una preciosa ropa interior blanco puro.

Es más, tengo mucha suerte de que la sección de su camisón correspondiente a sus pechos sea más opaca que el resto. Aunque su tamaño es ciertamente moderado, ella todavía se ve como una chica joven y sana, en perfecta edad para reproducirse.

Empiezo a sentir que hay algo extraño corriendo por las venas de mi cara. Me arden las orejas. No puedo ni hablar. ¡Simplemente, esta visión es demasiado para mi cerebro! ¿Cómo es posible que me dé una reacción así? ¡Esto debería ser un golpe crítico para esos inmundos lolicon, no para mí! ¡No me afecta, de verdad que no!

-¿Kiyoshi? –murmuró, sin comprender nada.

¿Cómo puede ser posible? ¿Esto es una bandera como las que aparecen en los juegos de citas? ¡No, ya entiendo! Ella, en su habitual torpeza de niña pequeña, se equivocó de cama. Quería acostarse junto a Kazami-kun, pero termino aquí por accidente.

¡Espero que entienda eso y no trate de matarme por su propio error!

-¿Si, sempai? –su respuesta es muy natural, y está llena de… No sé.

Incluso puedo ver el rubor sano en sus mejillas. No parece que este en ‘modo asesina psicópata’, pero eso puede cambiar con tan sólo una simple palabra equivocada.

-Tu Onii-san está durmiendo allá –señalé a un costado.

Por razones evidentes, la cama de Shiro es la más cercana a la ventana; y según Kazami-kun, él siempre olvida arreglarse si no duerme junto al baño, aunque en realidad nunca se arregla en lo más mínimo; por lo que duermo en medio de ellos.

Como una nota aparte, estos dormitorios tienen un estilo ligeramente occidental, aunque le va bien, para mi gusto.

-Ya lo sé –responde ella, con una extraña sonrisa de oreja a oreja.

-Entonces, ¿no te equivocaste? ¿Tienes alguna razón para querer matarme tan temprano? –preguntó, preparándome para correr.

No sé qué tan lejos pueda llegar antes de que haga aparecer un arma peligrosa, pero espero lograrlo. Si Rea me ayuda un poco, creo ser capaz de escapar a tiempo.

-¿Matar a sempai? Sempai está muy equivocado –suelta una risita-. Kiyoshi sólo quería estar cerca de sempai. Y, ya que tenía este lindo cosplay que de seguro le gusta a sempai, pensé en probármelo.

-¿Cómo llegaste a una conclusión así? ¡No me afecta en lo absoluto! –mi voz suena desesperada. ¡Tengo que sacarla de mi cama urgentemente!

Aunque es grande, ya está ocupada parcialmente por la Niña Fantasma, así que el espacio restante es demasiado pequeño. La distancia entre mi piel y la suya no es mayor a diez centímetros. ¡Esta situación es demasiado terrible! ¡Podría perder el control!

Y luego se me vendrían encima la ONU, el FBI, y tal vez la CIA.

-Porque sempai es lolicon, claro está. Kiyoshi se siente muy afortunada de encajar perfectamente en los gustos de sempai –esa respuesta me dejo helado de terror.

¿Se volvió más loca de lo que ya estaba o qué? ¿Por qué todo el mundo, y literalmente lo digo, desde Hiramaki hasta esta Yandere, tienen una impresión tan equivocada? ¿De dónde sacan esas estupideces? ¡Repetí docenas de veces que los odio!

-¿Y por qué querrías hacer eso? –si buscaba acostarse en mi cama, usar un cosplay que cree que funciona conmigo, y hablarme de esta manera…

¿Qué se supone que ocurre aquí? ¡Esta chica es imposible de comprender! ¡Es como hablar con un idiota, nunca te escucha! Me recuerda a Hiramaki, pero él tiene como premisa ser un pervertido.

Un momento… Esta chica también es una pervertida, especialmente con esos cosplay.

-Porque… Es vergonzoso decir esto, pero… ¡Kiyoshi se dio cuenta de la verdad! –más rápido de lo que puedo reaccionar, se abalanzó sobre mí, presionándome fuertemente sobre el colchón.

Por un momento, pensé que mi estómago seria perforado, o que me cortaría el cuello, pero la verdad superó mis expectativas.

Sentí algo dulce y húmedo en mis labios.

¿Esto qué es? Mis ojos estaban abiertos, pero no podían procesar las imágenes correctamente. ¿Cómo es posible? ¿Por qué está ocurriendo esto? ¡No tiene ningún sentido! ¡Es incomprensible!

No puede estar ocurriendo realmente… Si es lo que creo, definitivamente hay algo mal con el mundo. Por lógica, esta clase de cosas no deberían ocurrir en la vida real, pero aun así, todos mis sentidos me lo están diciendo. Este tipo de escenas sólo deberían pasar en los mangas para adolescentes, porque no hay ninguna chica así de verdad.

Soy yo quien no lo puede creer.

Kiyoshi se levantó con lentitud, encima mío. Sus muslos estaban perfectamente ubicados en la peor, o mejor, parte posible. Como imaginé, estaba usando unas bragas preciosas de un rosa pálido muy lindas. Pero lo más impresionante, sin duda, era la manera en que sus ojos me miraban.

Le brillaban como dos gemas rosadas, hermosas y agudas como cuchillos.

Ella me había besado.

No había más explicación posible. Era la lógica más obvia. Esta chica acababa de robarse mi primer beso. Con sus mejillas ruborizadas, su cuerpo indefenso inclinado sobre mí, no hay manera de no llegar a una reacción fisiológica en este instante.

-Ese fue mi primer beso, sempai… –eso se nota mucho. Esta rozando sus labios con las yemas de sus dedos de una manera inconfundible, como si quisiera disfrutar cada milisegundo de esa sensación.

Y, además, la hace ver notablemente sexy.

Esta chica es un crisol increíble de hermosura, lindura, sensualidad, torpeza y peligro.

¿Puede existir una mujer tan perfecta? ¿Puedo delirar más de lo que ya lo estoy haciendo? ¿A alguien siquiera le importa lo que digo?

Entonces, siento un golpe en mi pecho. Una mano transparente está allí, helando mi piel. Mirando hacia la derecha, noto a la Niña Fantasma, que me observa con desaprobación, y algo que parecen celos.

Esto, literalmente, me enfrió la cabeza, devolviéndome la capacidad de pensar racionalmente. Sin contemplaciones, aparte a esta chica demasiado hermosa de mi vista.

-¡¿Sempai?! No sabía que querías ser tan rudo. Si querías jugar a eso, pudiste decírselo a Kiyoshi…

Se recuesta en la cama, en una postura tan erótica que mis ojos empiezan a derretirse.

Sin embargo, un toque de Rea en mi mejilla me devolvió a la realidad.

-Para empezar, ¿a qué diablos estás jugando? ¡Joder, casi me matas de miedo! ¡Y cálmate, niña Yandere en celo! –ante mis palabras furibundas, los ojos de Kiyoshi comenzaron a humedecerse. Todo su aspecto sensual desaparece.

Recordé que hace nada más unas pocas horas, ella se había deprimido un poco porque la llame así. ¿Será que estoy siendo cruel? ¡Me da igual, esta chica es un peligro para la sociedad! ¡Alguien debió enseñarle disciplina hace mucho tiempo, no arrojármela de esta manera!

Arrojármela… Ahora que lo pienso, esta situación es sospechosa.

La Niña Fantasma me abraza, de una manera muy posesiva.

¿Ah? ¿Tú también? ¿Qué está pasando aquí? Pero entonces, sonríe maliciosamente, mientras me jala hacia delante, ¡haciéndome caer justo sobre Kiyoshi!

Mi cara golpea contra algo muy suave y terso, que rebotó levemente con una extrañísima sensación. Mi mano derecha siente algo similar, mientras la izquierda trata de aferrarse a las mantas, pero termina tomando algo muy delicado y sedoso, jalándolo hacia arriba. Y, por alguna razón, mi rodilla parece atrapada entre dos bolsas cálidas y suaves.

En este momento, justamente en este preciso momento, se enciende la luz.

Parado junto al interruptor, está un Kazami-kun ligeramente más despeinado que de costumbre, todo un logro. Es natural que se haya despertado, estamos haciendo una cantidad de ruido anormal. Está mirando directamente hacia acá.

Siguiendo la línea de sus ojos, veo la situación en la que estoy realmente.

Para empezar, estoy justo sobre Kiyoshi. Mi mano derecha, por alguna razón, sostiene su pecho por encima de su ropa. Y mi mano izquierda está levantando su camisón, revelando bastante de su torso. Ni siquiera tengo que mencionar mi rodilla, atrapada entre sus muslos, a milímetros del lugar más importante.

Encima de todo, mis labios están justo sobre su otro pecho, casi besándolo.

Y, para hacerlo todavía peor, ahora eran claramente visibles las lágrimas en los rabillos de sus ojos debido a que herí sus sentimientos hace un momento.

Puedo ver a la Niña Fantasma, parada junto a la cama, poniendo una expresión diabólica. Debe estar diciendo algo como ‘Te lo tenías merecido, pervertido’.

No necesito estar en la posición de Kazami-kun para saber que esto se ve claramente como una situación de ‘ataque a la hermanita menor’. Y, por supuesto, yo soy el atacante.

-Ay ay ay… ¿Qué pasa aquí, Tomonori-kun?

Claramente, estaba teniendo sentimientos cruzados, en este mismo instante.

Por un lado, estaba sorprendido y pasmado.

Por el otro, había una intensa sensación asesina.

Sus ojos rojos parecían decididos a llevarme hasta lo más alto del edificio de Archivos, y dejarme caer, para hacer una hermosa flor escarlata.

Joder, ¡estoy acabado!


(Cambio de Narrador: Kazami)

Tomonori-kun tiene mucho que explicar.

Sin embargo, es claro que no todo es su culpa. Para empezar, sé perfectamente que no hay manera de que esta situación llegue a tales extremos sin que la otra parte estuviera involucrada. Es evidente que Kiyoshi tiene mucha de la culpa también, pero no me agradan las excusas de Tomonori-kun.

Echarle la culpa a Rea, a quien sólo él puede ver, es demasiado exagerado.

-Está bien, entiendo –asentí con la cabeza. Mejor, escuchemos otras excusas antes de dar un veredicto-. Así que, hermanita, ¿cómo llegaste a ponerte ese cosplay tan ridículo?

-¡Onii-san! Si lo dices así, me avergüenzas. Kiyoshi sólo quería seducir a sempai, ¡eso es todo! –tengo que admitir su valor para decir estas cosas tan tranquila.

Sin embargo, Tomonori-kun no parece muy de acuerdo.

-Ya deja tu actuación. Sólo lo hace ver más extraño –replicó él, bien lejos de Kiyoshi-. ¡Explica porque hiciste todo eso! ¡Sin más excusas!

-En realidad… Lo que ocurrió, sempai, es que Mirai-nee me abrió los ojos –comenzó a decir ella, con sus mejillas enrojecidas infladas, así que su voz sonaba rara-. Yo siempre había creído que amaba a Onii-san… Pero en realidad, lo que sucede es que tengo un fuerte complejo de hermano que no puedo superar. Y cuando me puse a pensar en todo lo que ocurrió, me di cuenta de que quien realmente me gustaba todo este tiempo… ¡Eras tú, sempai!

Haciendo esta firme declaración, finalmente colapsó en la cama de Tomonori-kun, sin querer enseñar su rostro.

-¡Lo dije! ¡Al fin lo dije! ¡Qué vergüenza, pero me siento muy satisfecha!

En este momento, no necesito la habilidad de Tomonori-kun para saber lo que está pasando por su cabeza. Su reacción es increíblemente obvia.

-Ósea que Kazami-kun es un hermano mayor con un fuerte complejo de hermana. Y tú eres una hermana menor con un fuerte complejo de hermano –parpadeó, antes de agarrarse la cabeza con las manos-. ¿Y por qué de repente soy yo quien te gusta? ¡Es incomprensible como llegamos a esta situación! ¡Había pensado que por fin me había acostumbrado a sus niveles de anormalidad, pero esto es el colmo! ¡Mirai-sempai me va a pagar caro todo este problema, lo juro! ¡No podrá ni caminar cuando acabe con ella!

-No te enojes tanto, Tomonori-kun. No puedes rechazar de manera tan ruda a una doncella que te confesó su amor. Claro, si sigue siendo una doncella…

-¡Lo sigue siendo! ¡No te enojes!

-No estaba enojado –no estoy mintiendo. Estas situaciones podrían volverse comunes, así que sólo me acostumbrare y seguiré la corriente-. Sólo hacia una observación. Como hermano mayor, la seguridad de mi hermanita es ciertamente una prioridad para mí.

-Onii-san… Me voy a morir de la vergüenza…

-¡¿Y cómo sobreviviste a acostarte junto al chico que supuestamente te gusta vestida así?! ¿No crees que pueda haber algo mal en tu cabeza? –se puso a quejarse Tomonori-kun-. ¿No será que eres así de pervertida?

-¡No lo soy! ¡Pensé que a sempai le gustaría la sorpresa! –replicó ella-. Y eso que Kiyoshi estaba dispuesta a renunciar incluso a…

-¡No quiero oír ni una palabra más! ¿Cómo puedes decir esas cosas delante de tu propio hermano? ¡Sólo lárgate de aquí! ¡Estoy muy cansado! –suplicó Tomonori-kun, algo frustrado-. ¿Y ahora qué? Sabes que no fue culpa mía… ¡Esta chica salió de la nada! Tampoco interrumpió algo, porque no estábamos en una situación así. ¿Qué te enoja tanto?

Comenzó a hablarle al aire, no, probablemente es Rea.

Por alguna razón, mi hermanita comenzó a refunfuñar.

-Sempai… ¿Rea-san está ahí? –preguntó ella, escondiendo las manos atrás de la espalda.

Esa es una señal de que planea algo.

-¿Eh? Si, ella está sentada justo junto a ti…

Se interrumpió al instante. Kiyoshi estaba cortando el lugar donde Rea debería estar con una katana que acaba de aparecer en sus manos.

-¡SEMPAI ES MÍO! ¡NO ME LO QUITARAS NUNCA! ¿Me oíste, Rea-san? ¡NUNCA! –grita desesperadamente, sin dejar de intentar asesinarla.

Aunque, por supuesto, los fantasmas no pueden ser heridos con espadas de acero, ¿verdad?

-La Niña Fantasma dice que pruebes más tarde, tal vez le hagas cosquillas –se burló Tomonori-kun. Luego, comenzó a disculparse-. ¡Es una broma! Obviamente, no podrá hacerte nada.

Retrocedió un paso. ¿Se está disculpando con Rea, o está huyendo de ella?

-Sí, ¡ya se! Entiendo: No es gracioso que te estén atravesando con una espada. ¡No pongas esa cara otra vez!

De repente, el arma de Kiyoshi se detuvo en el aire. Ella jaló con fuerza, pero no pudo liberar la hoja, que estaba paralizada como si alguien la estuviera deteniendo.

¿Rea se ha enojado? Es bastante posible.

-¡Suéltala! –aunque tiro con mucha fuerza, no fue suficiente para hacer que Rea soltara su espada-. ¡Hazlo ahora, ladrona de sempai! ¡¿Kyah?! –la hoja fue liberada, pero mi hermanita aún estaba jalándola, así que perdió el equilibrio por su propio impulso.

Estuve a punto de detener su caída, pero no fue necesario.

Ella cayó justo sobre Tomonori-kun.

Ambos terminaron en el suelo, en una curiosa posición, totalmente opuesta a la anterior. Esta vez, mi hermanita acabó sentada sobre sus muslos. Y por alguna razón, las manos de Tomonori-kun la sostenían por la cintura, haciendo parecer que estaban a la mitad de un juego erótico.

Todo el rostro de Kiyoshi, desde su cuello hasta la raíz de sus cabellos, se puso totalmente rojo.

-¡Sempai, no aquí, frente a Onii-san! –intentó alejarse, pero ‘algo’, la empujo hacia abajo, justo sobre Tomonori-kun.

-¿Qué no? ¡Lo intentaste hace unos minutos, chica loca! ¡Y ya deja de hacer eso, Niña Fantasma! ¿Desde cuándo eres tan vengativa?

-¡Onii-san no nos estaba viendo! ¡Ya es suficiente, Rea-san! ¡Kiyoshi promete no tratar de matarte de nuevo! ¡Lo prometo de verdad! –ante sus chillidos, Rea por fin dejo de bromear y le permitió levantarse.

Inmediatamente, mi hermanita tomó distancia, respirando a grandes bocanadas.

Entonces, habló una voz rasposa.

-Pervertida…

Shiro-chan, no tú también! ¡Que no soy pervertida!

Todo este alboroto debe haberlo despertado. Nos está mirando con esos fríos ojos suyos, tan rojos como la sangre recién derramada. Siempre me he preguntado cómo consiguió ojos tan siniestros, siendo tan inofensivo.

-No es fácil creerte vestida así, ¿sabes? –las palabras de Tomonori-kun, llenas de ironía hiriente, hacen que Kiyoshi se entristezca. Se marcha por la puerta, arrastrando los pies.

-Lo siento, sempai, Onii-san, Shiro-chan.

Camino lentamente afuera, mascullando cosas sobre que no es una pervertida, que todo es culpa mía y de Tomonori-kun, y sobre que tiene vergüenza de toda esta situación. Realmente, le cuesta mucho asumir que tiene alguna responsabilidad, sólo evita cualquier culpa con excusas baratas.

-¡Rea-san, algún día voy a verte morir! ¡Es una promesa! –se escucha un último grito.

Ay, esta hermanita mía es tan celosa… Bueno, es cierto que no hay forma de que ella o Yamanaka-san puedan competir contra Rea. Si todo lo que he escuchado es cierto, su belleza ha destruido países enteros en el pasado. A veces, me gustaría poder recordar el momento en que la vi.

Pero eso está muy lejos, fuera de mi propio poder.

Un momento. Me acabo de dar cuenta de algo.

-¿No prometiste hace minutos que no lo volverías a intentar? –Tomonori-kun, cansado, se lanza de cabeza al colchón-. Si cae una bomba encima de mi cabeza, no me despierten.

Y se queda dormido en el acto, incluso después del alboroto y con la luz encendida. Debe estar realmente cansado. Sin embargo, no es momento para eso, sigo pensando en lo que acabo de notar.

Luego de que Shiro y un par de sus gatos se quejaron por la luz, toqué el interruptor para apagarla. Sin embargo, incluso de nuevo en mi cama, mi mente continua trabajando, totalmente centrada en resolver el enigma que acabo de notar. Y eso me impide dormir.

Hace poco, Yamanaka Ayano y Kiyoshi se deprimieron porque era Rea quien competía con ellas. No estoy seguro realmente si la Niña Fantasma, como la llama Tomonori-kun, tenga esos sentimientos por él. Sin embargo, incluso así, claramente acaba de demostrar que no está muy feliz con la confesión de mi hermana menor.

¿Realmente las tres están pensando en enfrentarse por el corazón de este chico?

Sin embargo, aquí hay una pequeña irregularidad que no acabo de entender.

¿Por qué Yamanaka Ayano se deprimió justo ahora? Hace días que sabe sobre Rea. La primera vez, sólo se asustó, pero no reaccionó en lo más mínimo de esta manera que vimos hoy. ¿No se dio cuenta de que era su competencia? ¿O hay algo más detrás de esto?

Es imposible que lo haya olvidado, la memoria de esa niña es su punto fuerte. Por algo consiguió el arreglo para estudiar desde su habitación, Yamanaka-san es muy inteligente para su edad.

Finalmente, deshecho estas preguntas. Sea lo que sea, como dice a veces Mirai-san, ‘Si es necesario, ocurrirá, darle vueltas al asunto sólo complica todo de forma innecesaria’. Así que, simplemente, dejare que el Destino decida las cosas a su manera.

Y que sea lo que tenga que ser.

¿Será una buena decisión?

Quien sabe…


(Cambio de Narrador: Yami)

¿Están dormidos? No. Shiro aún está despierto. No es que importe, pero preferiría no ser vista por él. No es momento todavía. Aún no esta tan profundamente hundido en la Oscuridad para que nos reunamos otra vez. Dependiendo de lo que ocurra, tal vez no suceda nunca.

Y eso sería lo mejor. No quiero verlo de nuevo.

Me acerco lentamente a sus camas. Shiro se mantiene estoico, con la mano en el lomo de un gato calicó, sin ganas todavía de dormir. Yuuki Kazami ronca levemente. Y allí esta Tsuruya Tomonori, junto a la Niña Fantasma, quien no necesita descansar, así que esta recostada a su lado observándolo.

Una tierna escena, aún más considerando lo que yo sé.

Querido Longinus, vas a odiarme por esto. Pero es para educarte.

Me deslizo entre ellos, riendo. Ni siquiera el albino o la fantasma pueden detectarme ahora. Gracias a mi Ars Goetia (Memory Make-Perfect Plan), soy completamente indetectable.

Solamente he venido a evaluar su avance. No a entrometerme. Todavía no.

Delicadamente, paso mis dedos sobre la frente de Tsuruya Tomonori. No está listo. Longinus sí, pero quiero darles posibilidades de victoria, así que tendrán que esperar. Eso le molestara, pero valdrá la pena al final.

Todo es por su bien. Incluida su ignorancia.

Entonces, observo a su compañera de cama.

Que belleza.

Ese cabello negro, esa piel tersa y suave, esos labios rosados, y esos ojos oscuros y profundos. Es hermosa. Muy hermosa. Casi tanto como yo, pero ella es natural, a diferencia de mí.

No me malentiendan, es sólo que mi belleza es demasiado imposible de alcanzar para los mortales e inmortales. Estoy demasiado lejos de ellos. Simplemente, soy algo superior a todo lo que pueden imaginar. Por eso, es mejor que no me conozcan todavía.

Sus almas podrían ser arrancadas de sus cuerpos si me observan descuidadamente.

En todo caso, esta niña es tan hermosa que comienzo a mojarme.

Ah, no, todavía no. Vamos a darle algo de tiempo más.

Han pasado muchos años. Mi Serpiente todavía guía a Longinus. Tiene mucho trabajo que hacer, empezando por enseñarle a hablar japonés. Además, debe hacerle entender todo el desarrollo humano de los últimos siglos.

La ciencia puede cambiar este mundo, aunque no de la misma manera en que yo lo hago. Digamos que, en comparación, soy algo extrema.

A veces, es difícil ser yo.

Es hora de irme. No hay razón para hacer nada. Todo va perfectamente.

Mi sonrisa es imborrable.

La inversión pronto valdrá la pena. Tarde o temprano, gane o pierda, el precio será saldado. Nuestro pacto de sangre no se puede quebrar. Estará eternamente en deuda conmigo, y su alma nunca se separara de mí.

Longinus ya es mío. Mate o no a Ragnarok, terminara convirtiéndose en un Asesino de Dios, y uniéndose a mis Condenados Espectrales. Eso ya es un hecho.

Entonces, me alejare. Los dejare a solas por unos días. Sin embargo, siempre estoy observando. Falta algún tiempo para que las cosas se pongan interesantes.

No puedo esperar. El tiempo de los mortales se ve muy corto a veces, y ahora se siente extremadamente largo.

Por eso me gustan los mortales.

-Nos veremos pronto… Mi querido Longinus


(Cambio de Narrador: Mirai)

A la luz del nuevo día, la Academia se ve realmente mal.

Hay orificios de bala por doquier. Ni hablar de casquillos, trozos de barreras, y demás efectos secundarios de entendimientos varios. Va a ser un completo dolor de cabeza arreglar todo este lugar.

Ah, bueno, no importa. No soy yo quien se hará cargo de eso. Y como los impuestos públicos financian este lugar, no hay que preocuparse por falta de fondos. Lo único que no podemos arreglar son las vidas humanas. Pero gracias a Shinjinfuka, no tenemos que preocuparnos por alguna fatalidad en nuestro bando.

En cuanto a las tropas de Ellos… No es que me guste tener que dejar a su suerte a tanta gente, pero se lo tienen merecido. Somos estudiantes en edad escolar, e incluso hay niños que se quedaron huérfanos, o gente que no puede vivir sin una cubierta de Espacio permanente, porque tienen rastros demasiado fuertes.

¿Por qué tanto esfuerzo en arruinar las vidas de la gente que sólo quiere vivir en paz?

Bueno, sé la respuesta a esa pregunta. Pero sigue sin gustarme. A final de cuentas, lo que importa más que nada es el beneficio de aquellos con poder. Las minúsculas vidas de las personas no significan demasiado cuando puedes destrozarlas con sólo agitar una mano, o decir una palabra.

Esa forma de pensar me enferma. Pero poco puedo hacer al respecto.

Mirai-nee, ¿estas segura de eso? –preguntó Kiyoshi-chan, quien ha estado alicaída todo el día-. ¿Segura? ¿Segura, segura de verdad?

Estamos sentadas en un banco junto a los cerezos. Vine a revisar si no había ningún efecto secundario de Zone of Silence, pero todo se ve muy normal.

-Por supuesto. Sus reacciones son evidentes, por más que lo haya negado. Es un lolicon, estoy 100% segura de ello –no necesita saber porque estoy segura de ello.

Si esta chica se diera cuenta de cómo suelo mirarla, se asustaría.

¿Qué pensarían ustedes si supieran que se bañan y cambian frente a alguien que los tiene en su zona de strike? ¿Qué duermen junto a una persona que disfruta mucho verlos mientras están dormidos? ¿Qué incluso comparten información íntima con esa persona?

Ahora que lo pienso, eso me hace sonar como una pervertida, ¿no?

Mejor dejo de hablar del tema.

-¡Pero sempai me rechazo! ¡Estuve en su cama, vestida muy eróticamente, y no me hizo nada! –se quejó. Miré hacia ambos lados, pero afortunadamente nadie está cerca para oír sus gritos. Sería muy vergonzoso que alguien nos oyera diciendo esta clase de cosas.

-Porque seguramente te comportaste como una desquiciada, ¿no es así?

-¡Por supuesto que no! –miente. O simplemente está poniendo sus típicas excusas ridículas y baratas. En cualquier caso, el resultado es obvio.

-Ningún chico con un mínimo de inteligencia, ni aunque sea extremadamente pervertido, se acostaría con una adolescente que parece una loca peligrosa. Y aun menos si su hermano, con un complejo fuerte de hermana, está durmiendo en la cama de al lado –mientras daba las explicaciones, su rostro se iba poniendo más y más nervioso. Cada palabra mía era un clavo más en el ataúd de sus intenciones románticas-. Y aparte de todo eso… ¿Qué tipo de relación empieza con sexo? Eso sólo serviría para atraerlo temporalmente. Una vez que se canse de fornicar contigo, ¿qué crees que pasara?

La forma en que la mirada de Kiyoshi-chan se oscureció me dio algo de risa. ¿Realmente pensó que funcionaria? ¿En serio? Esta chica es tan torpe cuando no se detiene a pensar las cosas.

-Así que… ¿Hiciste todo eso por impulso?

Ella asintió con la cabeza. Sus ojos se veían como los de un pez muerto.

Suspiré falsamente.

-Escúchame, entre más parezcas una demente impredecible, más lo alejaras. Ni hablemos de intentar desnudarte tan pronto. ¿Conoces lo que se llama paciencia?

Tengo que guiarla de manera correcta. Aún es demasiado pronto para avanzar tanto. Pero si los hago ir demasiado lento, no ocurrirá nada. Tendré que vigilar de cerca, para evitar que Tsuruya le ponga la mano encima, o que deje de verla. Cualquiera de las dos opciones es un fallo.

No vas a hacer esa clase de cosas con MI cosita adorable. No todavía.

Kiyoshi-chan sólo emite sonidos guturales, sin ser capaz de justificar sus acciones.

Ah… Es tan linda, incluso cuando se deprime. Sin embargo, también me contagia su tristeza al ver su expresión sin ningún ánimo. La Kiyoshi-chan que conozco debería ser alegre y brillante como el sol. Estando abatida, me deja un agujero en el corazón.

-¡Está bien! Te ayudare a conquistarlo –declaré, con una enorme sonrisa.

-¿En serio? –los ojos de Kiyoshi-chan se iluminaron inmediatamente.

-Por supuesto. Créeme, lo vas a tener lamiendo tus pies en poco tiempo –no exagero. Por más que Tsuruya sea un bicho raro, sigue siendo un chico.

Tendré que limitar las ocasiones en que ella se comporta como una lunática. Que ocurran sólo cuando intente tener intimidad con él. De esa forma, Tsuruya no querrá hacer nada en la cama, al menos por el momento.

Y hablando del Rey de Roma, ahí viene. Y no se ve feliz.

-¡Tú! –me señaló con el dedo extendido, de forma muy grosera-. ¡Bastarda de dos caras! ¡Sabía que estabas planeando algo! ¡Vas a tener que explicarme muy bien esta situación!

A su lado, Yuuki sólo se encogía de hombros. No creo que le guste ser un espectador en una conversación como esta, pero es el tipo de persona que no puede contener su curiosidad en un caso como este.

Tsuruya llego junto a nosotras. Empezó a gesticular mientras hablaba, pero se paró de repente, y volvió a empezar. Y se volvió a trabar.

Parece que esta tan enojado que se olvida de lo que quiere decir apenas abre la boca.

¡Esto es tan gracioso! ¡Tengo que contener la risa como puedo!

-¡¿QUÉ SIGNIFICA ESTA SITUACIÓN?! ¿Por qué la Yandere ahora está obsesionada conmigo? ¿¡Te das cuenta de lo que eso significa!? –logra decir, finalmente.

Puedo notar que tiene unas ojeras leves. Probablemente, entre la situación de anoche y la visita nocturna de Kiyoshi, no pudo dormir adecuadamente.

-No me digas Yandere, sempai –murmuró Kiyoshi-chan, desviando la mirada-. Más bien, eres tú el acosador, nos encontraste aquí cuando estamos solas.

-¡Y tú no te metas en mi cama en plena madrugada, loca demente! ¡Pensé que moriría! ¡Y no seas ridícula, puedo oler ese rastro tan obvio tuyo desde muy lejos! –esa respuesta hizo que los hombros de la chica bajaran aún más-. Pero ya, no importa. Tienes 13, es normal que hagas cosas algo ilógicas a veces. ¡Lo peor es tu actitud, Mirai-sempai! ¡Tú si estas plenamente consciente de sus acciones! ¡No tienes ninguna excusa!

-¿Excusa? ¿Para qué? –me hice la ignorante.

-¡Respóndeme! ¿¡Cual era la idea detrás de hacer que Kiyoshi se obsesione conmigo!?

-No estoy obsesionada de sempai… ¡Es amor! ¡Estoy enamorada de sempai! –discute ella, con las mejillas rojas como manzanas.

Sin embargo, una mirada furiosa de Tsuruya le hace soltar un gemido débil.

-No. Nadie se enamora en apenas un par de días. ¡Eso sólo pasa en la ficción! –suelta él, siendo muy sarcástico, más de lo que debería-. ¿No prefieres volver a acosar a Kazami-kun? ¿Por favor?

Se está desviando de lo que quería decir. Mejor para mí, se está olvidando de que estaba furioso conmigo, y le presta atención a quien debe mirar.

-Ya te dije, sempai. No estoy enamorada de Onii-san, sólo tengo un complejo de hermano. E incluso si intentara algo con él, me rechazaría de inmediato, como siempre. No hay futuro en insistir en ello –responde Kiyoshi-chan, desviando adorablemente la mirada. Todavía es incapaz de mirarlo a los ojos.

-Obviamente, ningún hermano mayor aceptaría un incesto tan fácilmente –señala él.

-No tiene que ver con el incesto. A Onii-san nunca le atraje en lo más mínimo –se encogió de hombros, resignándose-. A Onii-san nunca le gustaron las chicas.

Un momento de silencio.

-Repite eso –pidió Tsuruya, con la cara rígida.

Oh, cierto, nadie se le dijo. ¿Recién se entera?

-A Onii-san nunca le gustaron las chicas.

Si, recién se entera.

-¿Entonces que le gusta? –preguntó él.

-Los chicos –respondió Kiyoshi-chan, con toda la inocencia del mundo-. Onii-san es gay.

Tsuruya no reaccionó de inmediato. Se quedó congelado en el lugar un minuto.

Acto seguido, volteó a ver a Yuuki, quien estaba algo apartado. Y lo hizo con curiosa naturalidad, sin siquiera parecer alarmado.

-¿Es cierto eso, Kazami-kun? –preguntó.

-Ay, parece que por fin te enteraste –murmuró Yuuki-. Si, Tomonori-kun. Soy gay.

-Entiendo. ¿Y por qué no dijiste nada hasta ahora, Kazami-kun?

-Si lo hubiera dicho, ¿no te habrías puesto en guardia? No quería que estuvieras preocupado siempre sobre si yo tenía algún tipo de atracción hacia ti, o si intentaba hacer algo contigo –Yuuki se encogió de hombros, sin alterar su cara de póker-. Eso sí, debo señalar que tienes unos muslos y una espalda muy bonitos, Tomonori-kun.

Soltó una risita burlona.

Tsuruya no reaccionaba. Parecía que su cerebro estaba asimilando la nueva información, mientras le temblaban los dedos de las manos.

¡Estoy a punto de perder el control!

-Que quede claro, no tengo ningún problema con los homosexuales. Mi punto de vista es que deberíamos normalizar su existencia. El mundo avanza rápido, y no deberíamos estancarnos en prejuicios idiotas –comienza diciendo Tsuruya, con una expresión aparentemente calmada-. Pero… Tengo un pequeño problema… ¡CONTIGO!

Señala a Yuuki con el dedo, vociferando como un altavoz. ¿No va a dolerle la garganta después de todos esos gritos?

-¡Si tenías esas intenciones, debiste decirlas desde un principio! ¡Me siento violado! ¡Seguramente pensabas toda clase de cosas indecentes cuando nos cambiábamos! ¡No hubiera dejado que vieras ni un centímetro de más de mi piel si hubiera sabido eso!

Comenzó a respirar con fuerza, luego de gastar todo su aire.

Sus jadeos apresurados están a punto de romper mi expresión. ¡No aguanto más! ¡Me duele el estómago de tanto aguantar la risa! ¡Es demasiado!

No pude más, así que comencé a reír sin parar. No podía ni mantener los ojos abiertos, estaba demasiado concentrada en continuar limpiando mi alma.

Cuando me di cuenta, yo también estaba sin aliento. Tuve que hacer un serio esfuerzo para no terminar rodando por el suelo, algo muy indigno de mí.

-¡No puedo creerlo! ¡Es incluso más grave de lo que pensé! ¡Cada uno es peor que el anterior! –escucho la voz de Tsuruya, pero no soy capaz de voltear a verlo-. ¡¿Por qué me pasa esto a mí?! ¡Diosa mía, dame una señal de que no me odias! ¿No puedes hacer aparecer una waifu de verdad aquí?

¿Es mi imaginación, o acaba de proclamar a los cuatro vientos que es virgen? ¿Y qué está diciendo de diosas? Probablemente sea de algún anime, no hay que tomarlo seriamente.

-¿Diosa? ¿Te refieres a Rea-san? ¿¡Te convirtió a su culto maligno!?

Kiyoshi-chan está sacando conclusiones tan extrañas, que me cuesta imaginar de donde salen. ¿Por qué adorarías a alguien que está en tu harem potencial?

-Cálmate, Tomonori-kun. Ni siquiera eres mi tipo. Me gustan los chicos más bonitos.

Yuuki, sin alterarse, comienza a burlarse del propio Tsuruya. ¿Realmente le divierte tanto molestarle? Aunque, viendo sus reacciones exageradas, es evidente que todo el mundo desearía continuar fastidiándolo.

-Ah… Ah…

Me cuesta respirar. Me duele el estómago. Pero no me arrepiento de nada, es muy gratificante divertirse así. Me hace olvidar mis feos recuerdos.

Entonces, cuando por fin abro los ojos, veo la situación ante mí. Tsuruya está mirando hacia arriba, como si le rezara a un dios imaginario. Esto pone de malhumor a Kiyoshi-chan, que no deja de murmurar cosas contra Rea, mientras Yuuki le acaricia la cabeza para consolarla. Una interacción no asquerosa entre hermanos.

En ese momento, escucho un batir de alas. Es la paloma mensajera de Shiro. Y trae algo en sus patas, un documento sellado con el emblema de la Academia Jikû.

Estaba esperándolo. Lo presenté esta mañana. Han respondido rápido.

-Veamos que dicen –tomé el documento, dándole unos cereales a la paloma por su buen trabajo. Ella emitió unos sonidos alegres, parándose en mi hombro-. Perfecto. Han aceptado. ¡Felicidades, Tsuruya! Tienes tu alias.

-¿Alias? ¿Qué diablos estas diciendo ahora? –me arrebata el papel de mis manos.

Un poco más de mala educación, y tendré que disciplinarlo. Ya saben de qué forma.

-¿Esto es en serio? ¿Hiciste que me pusieran ESTE alias? ¿Qué tienes en la cabeza?

Suficiente. Me harté de soportar sus quejas.

Me puse de pie, y antes de que nadie pudiera reaccionar, le di un rodillazo en el estómago. Cuando se inclinó por pura inercia, le agarré el pelo y le di un cabezazo. Su frente hizo un sonido casi hueco al chocar contra la mía.

Tsuruya se derrumbó como un muñeco de trapo.

¡No te di tan fuerte, no exageres!

-Ay, eso debe doler –señaló Yuuki, riéndose. Hace ya tiempo que él sabe cómo evitar decir las estupideces que provocan que me moleste. Lo aprendió de esta forma, mejor que recuerde bien, o ya vera.

-¿Cómo hiciste para hacer que lo acepten sin la firma? –preguntó Kiyoshi-chan, tomando el documento de manos del derribado Tsuruya.

No le preocupa que yo lo discipline. Se acostumbró cuando lo hacía con Yuuki. A diferencia de los chicos, ella rara vez decía algo que mereciera corregirse. Porque suena adorable cuando dice estupideces, a diferencia de ellos.

-Ser líder de Grupo tiene privilegios –aclaré, con una sonrisa.

-No lo sabía. ¿Cómo se lee esto? –esta confundida por el texto, ya que no es un apodo en kanji-. Negro… ¿Negroros?

Kronos. Es de la mitología griega. Kronos era rey de los titanes, Señor del Tiempo –le aclaré-. Sin embargo, la razón por la que lo elegí es otra.

-¿Por qué? –pregunta ella. Estoy segura que no le va a gustar la respuesta.

Kronos era esposo de Rea. Supongo que ahí está el chiste –aclara Tsuruya, sujetándose el estómago-. La Niña Fantasma dice que no le molesta, de hecho se está riendo.

-No me gusta ese apodo –refunfuñó Kiyoshi-chan, molesta.

Se ve tan linda. Me dan ganas de abrazarla y apretujarla entre mis pechos.

-No es más que un apodo, hermanita. No significa nada –Yuuki se encogió de hombros, sonriendo de oreja a oreja-. Si lo pones de ese modo, tú serias una loca que va por ahí matando gente de forma pervertida.

Este nuevo comentario la hizo reír, aunque de manera algo forzada.

-Entonces, no hay ningún problema. Felicidades, Kronos, ya eres legítimamente un miembro del Grupo S. Desde hoy, eres un entendedor, un habitante del mundo secreto detrás de la realidad. ¿Hacemos una fiesta? –propuse, sonriendo alegremente.

-¡Olvídenlo! ¡Todavía me duele todo por lo de ayer! ¡Y mi mano sigue estando sin piel! ¿No podemos relajarnos un día? –de repente, como si hubiera recordado algo, se incorpora con rapidez-. Un momento. Si aceptaron ese alias… ¿¡LES DIJISTE QUE PUEDO VER A REA!?

-No te pongas histérico. Nada va a pasar. La gente del culto a Rea es tranquila, en general. Mientras no hagas nada llamativo, nadie querrá asesinarte –le resto importancia al asunto.

Tsuruya se arroja al suelo, murmurando cosas sobre que será diseccionado.

Los hermanos Yuuki se ríen.

Este es, nuevamente, otro hermoso día en la Academia Jikû.

Continuara…

Original Sin: Kage no Michi

Capitulo 1

Los Aguijones

-¡Te digo que es la única explicación! ¡El Rey Demonio esta muy interesado en doblegar primero este país! –clamó, por tercera vez, el mercenario.

-Y yo te digo que has bebido demasiado. O si no es eso, simplemente estas muy paranoico –le respondió su compañero de armas.

Ambos hombres bebían en un bar al aire libre. Apenas era la Quinta Hora de Luz, pero este establecimiento continuaba recibiendo ordenes de clientes sin parar. No eran pocos los mercenarios que volvían de sus incursiones, además de los que utilizaban este campamento como base. Sumando a los viajeros y comerciantes de paso, una compañía militar de la Frontera Roja que se había extraviado, los nómadas migrantes, y algunos extras más que habían llegado por quien sabe que razones, el lugar estaba repleto.

El bullicio en el bar era tan ruidoso que ambos hombres debían conversar a gritos. Ellos pertenecían a la clase más común de mercenarios, esa a la que apodaban “Carroñeros”. Su trabajo era revisar periódicamente los territorios de la Frontera Roja cercanos al campamento, en busca de algún grupo de Demonios que hubiera escapado al cerco del Ejercito Real. Les pagaban por cada uno que liquidasen.

Por supuesto, este dinero no alcanzaba para nada. No porque fueran pocos los Demonios que se filtraban fuera del Territorio Vedado, si no porque había docenas de grupos de Carroñeros explorando los territorios circundantes. Era casi un juego de azar, patrullando en busca de cualquier monstruo que les pudiera reportar un ingreso. Y los días infructuosos simplemente acababan haciendo tareas básicas, para ayudar a mantener el campamento en buen estado y ganar algunas monedas.

La noche anterior habían tenido suerte: Un Demonio intentaba esconderse en los pastizales, pero alcanzaron a verlo primero. No fue difícil para el grupo de cuatro acabar con él. Y ahora, dos de ellos estaban aquí, despilfarrando el dinero recién adquirido en placeres pasajeros.

Típico día para un par de Carroñeros.

-¡Fíjate que es cierto! ¡El Rey Demonio viene a por nosotros! –exclamó el ruidoso mercenario después de un instante de silencio. Sus mejillas estaban enrojecidas, señal de su estado de ebriedad.

-Si fuera verdad, ya estaríamos muertos. Y los Demonios estarían sacándole la piel a nuestros cadáveres –su compañero estaba mucho mas lucido, recostado en la silla de madera-. Es obvio que esta cantidad de bestias atacan en todos los países a la vez, no tenemos nada especial para llamar la atención de sus tropas.

-¡Que si hay algo extraño aquí, Crajers! –volvió a insistir el mercenario bebido, luego de vaciar su quinta jarra del día de un solo trago.

-Es Crijiers –le corrigió su compañero-. ¿Por qué tanta fijación a ese tema? ¿Prefieres que haya menos Demonios que cazar, Fuodza?

-¡Obviamente no! Bueno, preferiría que no hubiera Demonios en primer lugar –gruñó Fuodza, limpiándose restos de cerveza de su corta barba-. Pero no puedo sacarme de la cabeza las palabras de ese sujeto. ¿Te acuerdas de la compañía militar de la semana pasada? ¿Esos que volvían del Reino vecino?

-Si. Hicieron un escándalo con el jefe del campamento por las condiciones de viaje que tuvieron. ¿Qué culpa tenia él? Es obvio que si vas como refuerzo a las fronteras ajenas, será un viaje duro. ¡Y ni que hubiera sido el jefe quien los mando! –recordó Crijiers, resoplando de irritación. Estaba cansado de tantos pelotones despistados que venían a molestar aquí porque se había perdido. Sólo daban problemas.

-Como sea. Uno de ellos estaba quejándose con la chica que contrató en la habitación junto a la mía. Y lo hacia a los gritos –Fuodza se acercó a su compañero, para hablarle en privado, cosa inútil porque nadie en realidad les prestaba atención-. Dijo que el número de Demonios en ese Reino vecino era mucho menor. Se quejaba de que parecía que los habían enviado para nada, porque las tropas locales hicieron todo el trabajo y ellos estuvieron varios días matando el rato. ¿No te parece extraño?

-Ciertamente, hay algo raro allí. Si las tropas del Ejercito Real holgazanearan mas de lo que ya lo hacen, estaríamos  peleando día y noche contra esos malditos monstruos –Crijiers se rascó la barbilla lampiña-. Tienes un punto. Podría ser que estén concentrándose en este país. Pero no creo que sea por nada en especial. Si yo fuera su estratega, hace años me habría dado cuenta de la cantidad de agujeros en el cerco del Ejercito Real. Seguramente por eso tienen este país en la mira.

Ambos intercambiaron expresiones preocupadas.

-¿Crees que sea buena idea largarnos? A este paso, el Reino no durara mucho tiempo más. Si ocurre otra Gran Matanza, seremos los primeros en ser desollados vivos –murmuró Fuodza. Su compañero no pudo oírle bien por todo el alboroto alrededor, pero capto la idea de lo que intentaba comunicar.

-¿Y adonde iríamos sin dinero? Cualquier puesto fronterizo nos haría regresar a punta de espada. ¡Nadie quiere a los refugiados pobres! –totalmente pesimista, Crijiers destrozó las esperanzas del borracho-. Además, aparte del Imperio, no hay más naciones capaces de plantarle cara a un ejército tan grande. Tarde o temprano van a caer. Y ya sabes lo que opina el Imperio de los demás países.

Fuodza trago saliva. Cada vez que algún comerciante del Imperio pasaba por ahí, afirmaba fuertemente que su nación no toleraba a los cobardes países vecinos. Que si no hubiera un enemigo como el Rey Demonio, con un poderío tal que les obligaba a gastar todos sus recursos militares, ya hubieran conquistado a todos los Reinos aledaños.

Eso sin mencionar las formas increíblemente despectivas que tenían todos los mensajes de las Tropas Imperiales a los puestos de avanzada y campamentos cercanos a su Frontera Roja, como este. Eran advertencias periódicas de no entrar al Imperio bajo ningún motivo, incluso si eran perseguidos por un ejército de Demonios. Las insinuaciones que hacían eran tan horribles, que nadie intentaba probarlas.

Los piadosos comerciantes trataban de advertirles que, literalmente, serian decapitados si ponían un pie en el Territorio Imperial.

-¿Qué diablos les pasa a esos sujetos? ¡Que nosotros no somos el enemigo! ¡Combatimos a los Demonios igual que ellos! –se quejó Fuodza, sujetándose el estomago. Empezaba a sentir los efectos de ingerir tanta cerveza.

-No tengo idea. Lo mas probable es que ven este país como algo inútil, así que no somos igual que ellos –razonó Crijiers-. En el mejor caso, gente como nosotros deben parecerle escudos de carne para algún soldado de la clase mas baja. En el peor, nos cortaran las piernas y las asaran para la cena.

-¡Aggghh! –ante la mención del canibalismo, Fuodza se encogió, con nauseas.

-Si, a eso me refiero. Allá estaríamos seguros de los Demonios, pero no podemos decir lo mismo de los demás humanos –vacío una jarra enorme, refunfuñando-. ¡Maldito Rey Demonio! ¡Maldito Ejercito Real! ¡Maldito Imperio! ¡Malditos Dioses que se sientan a mirar como nos pudrimos!

-¡Malditos todos! –coreó Fuodza.

Ambos hombres chocaron sus jarras, gritando improperios contra todo el mundo.

En lo que se distraían, una conmoción empezó a extenderse por el campamento.

-¿Qué pasó? ¿Ataque de Demonios en masa? ¡Vamos a morir! –chilló Fuodza, hablando solo.

Un sujeto del mantenimiento de establos que pasaba por allí le escuchó, y comenzó a negar con la cabeza.

-No son Demonios, señor. Ha llegado un grupo de Cazadores del Territorio Vedado. ¡Es El Destajador, y trae consigo cien cabezas demoníacas! –dicho esto, se largó rápidamente a atender sus deberes.

Los dos Carroñeros intercambiaron miradas sorprendidas.

-¿¡Cien cabezas demoníacas!? –Crijiers murmuró esas palabras en voz alta, ante la dificultad de asimilar su significado-. ¿Te das cuenta de lo que eso significa?

-¿Qué ellos son mejores que nosotros? –respondió Fuodza.

El grupo que regresaba no era uno de Carroñeros. Eran “Aguijones”.

Se trataba de una profesión mucho más arriesgada. Ellos no eran tan cobardes como para esperar a que las tropas del Rey Demonio vinieran, enfrentaran al Ejercito Real, y pasaran de a uno entre los agujeros de la inestable Frontera Roja.

Los Aguijones entraban en el Territorio Vedado.

Luego de conseguir un permiso especial, ingresaban periódicamente. Mientras los Carroñeros eran un sistema de seguridad que impedía que los Demonios invadieran los terrenos privados de los nobles, y el Ejercito Real era la fuerza principal encargada de hacerles frente, los Aguijones se adentraban entre las filas de los Demonios. Confiando únicamente en sus habilidades, causaban tanto daño como les era posible, y regresaban triunfantes.

Por supuesto, la paga que recibían por sus hazañas era más que generosa. Incluso así, no había demasiados candidatos para convertirse en Aguijones. Nadie sabía con certeza cuantas bajas sufrían estos grupos. Si eras atrapado por Demonios allí afuera, no había que ser muy listo para imaginarse la clase de final atroz y horrible que tendrías. Por no mencionar que tu cadáver nunca seria sepultado, y era muy probable que lo profanaran de toda forma posible.

En definitiva, o tenias éxito, o te esperaba la muerte.

Y El Destajador era una de esas personas que habían tenido éxito.

-¿Quieres ir a ver? –preguntó Crijiers a su compañero.

-¿Para qué? ¿Morirnos de envidia? –se quejó Fuodza, terminando la jarra que tenía en sus manos-. Déjalos, que sigan en lo suyo. Que disfruten de la gloria mientras puedan. Tarde o temprano, acabaran mal.

Con un último eructo, el Carroñero se durmió sobre la mesa, producto de la ebriedad. Su compañero suspira, intentando incorporarse, pero le falla el equilibrio y termina en el suelo.

Tirado en la tierra, comienza a sentir vibraciones crecientes, producto de los pasos de muchas personas. Alza la cabeza, contemplando cómo se acerca una gran multitud, siguiendo a un grupo de hombres que caminan solemnemente a la cabeza.

Tras ellos, los recién llegados arrastran sacos enormes.

-Así que no era necesario ir a verlos, ¿eh? –murmura Crijiers. Se queda contemplando la forma en que la gente del campamento les adula, ofreciéndoles todo tipo de productos a su llegada, desde tragos hasta sexo. Era evidente para el Carroñero que cargaban en esos sacos abultados.

Cabezas. Cien cabezas de Demonios. Una extraordinaria proeza.

Antes de siquiera notarlo, esta intercambiando miradas con el líder del grupo, el hombre más alto que encabeza la marcha. Los ojos de este se clavan dolorosamente en la figura patética del mediocre Carroñero borracho.

Una armadura pesada de cuero y acero. Cargaba un mandoble con una oscura hoja rojiza. Una cicatriz entre sus ojos, producto del ataque de algún Demonio en su juventud. Era la viva imagen del poder de la humanidad.

Sin embargo, su mirada dio escalofríos al hombre tumbado en el suelo.

Esa era la mirada de un loco, un monstruo inhumano.

Los ojos de Vourdred el Destajador hicieron temblar el alma de Crijiers, incluso aunque este ya se había alejado, seguido de cerca por su grupo y la comitiva que les acompañaba.


A El Destajador no le causo ningún impacto el hombre tendido en el suelo. Para él, un Carroñero mediocre no era importante. Si moría, otro más ocuparía su lugar. Eran tan desechables como los ineptos e inexpertos soldados del Ejercito Real.

Tarde o temprano, iban a morir por su pasividad.

En cambio, cada uno de los hombres que le acompañaba era capaz de enfrentar a los Demonios por sí solo. Se habían curtido en el campo de batalla, preparándose para, en un día no muy lejano, enfrentar al enemigo de manera desesperada.

-¡Es suficiente, señoras y señores! –exclamó uno de los Aguijones, haciendo gestos teatrales. Druess era el portavoz del grupo, gracias a su elocuencia y creatividad-. Acabamos de regresar de un duro viaje de tres días al Territorio Vedado, deslizándonos con cautela entre hordas y hordas de Demonios sedientos de nuestra sangre. ¿Nos acosaran a preguntas, en el estado extenuado en que nos encontramos?

Los aduladores fueron completamente captados por las palabras de Druess, y comenzaron a dispersarse.

Estaban frente al único hospedaje solido del campamento. El rustico edificio de madera podía albergar a unas doscientas cincuenta personas como máximo, siendo todas estas casi siempre Aguijones, o funcionarios del Ejercito Real que venían a hacer las revisiones regulares.

Este tipo de lugares eran los sitios donde el grupo de Vourdred recuperaba sus fuerzas luego de cada incursión al Territorio Vedado, al otro lado de la Frontera Roja.

En la puerta, los guardias armados se hicieron a un lado para permitir la entrada a los inquilinos. El mayordomo, quien también era el encargado y dueño del lugar, les dio la bienvenida con una reverencia. No necesitaba ni que se identificaran, eran tan conocidos que podía reconocerlos solamente al darles una mirada.

-¡Bienvenidos! ¡Estábamos esperando vuestra llegada! –comenzó a decir. Alzo la cabeza, acariciándose el bigote-. ¡Por favor, acepten una muestra de nuestra hospitalidad! Tenemos el baño listo, y un banquete digno del Rey para agasajar a nuestros bravos guerreros que mantienen a los Demonios lejos de nuestras familias. La Casa invita, por supuesto.

Había sido alertado por sus empleados de la llegada del grupo de Aguijones, y había ordenado un repaso general a las habitaciones que usarían. Sin embargo, necesitaban algo de tiempo para tenerlas a punto, así que debía entretener a los clientes mientras tanto. Cuartos sucios era algo realmente malo para el negocio.

-No es necesaria la hospitalidad. Nuestras manos nunca vuelven vacías después de vernos cara a cara con los sucios y horribles Demonios –respondió Druess, haciendo una leve reverencia en respuesta a la del encargado.

Druess intercambio una mirada con Vourdred.

Vourdred hizo una seña a dos de sus hombres, los cuales sonrieron casi inmediatamente. Se acercaron, sacando de entre su ropa objetos brillantes.

Ante los ojos desorbitados del mayordomo, ellos le entregaron un pesado cáliz de oro incrustado con joyas, y un collar de plata con un zafiro en forma de estrella.

Estos tesoros fácilmente podían adquirir el hotel entero, incluyendo a las personas y animales que incluían el servicio. Era un pago absolutamente desproporcionado a la estadía en el hotel. Era como comprar un trozo de pan con monedas de oro.

-Esto… Es mucho… ¡Agradezco humildemente la generosidad que me ofrecen! –musitó el encargado, tratando desesperadamente de que no se notara la codicia en su voz. Incluso volvió a hacer una reverencia, para evitar que vieran el brillo en sus ojos-. ¡Les daré las mejores habitaciones durante toda la Época de Manzanos!

Se oyeron algunas risas.

-¿He escuchado la Época de Manzanos? Me temo que nos está malentendiendo, señor Látencer –el encargado se quedo en blanco al escuchar su nombre de familia. El jamás había pronunciado esa palabra en este campamento, para evitar cualquier problema-. Estas meras fruslerías no pueden pagar un establecimiento tan fino como el vuestro por tal tiempo. Simplemente, nos quedaremos una semana.

Las palabras de Druess dejaron a Látencer sin habla. Sus ojos parecía que se le iban a salir de las órbitas. Su quijada podría haber caído al piso si no estuviera ligada a su cara. Sus manos se quedaron heladas. Los guardias apostados alrededor estaban prestando mucha atención, admirando el brillo del oro y las joyas en estado de shock, pero él ni se daba cuenta.

Era imposible. ¿Acaso acababa de pasar lo que su cuerpo le estaba diciendo a su mente? ¿En serio? ¿De verdad? ¿Sin ninguna duda?

Esas personas, estos Aguijones… ¡¿Ellos realmente estaban dispuestos a entregarle a él estos tesoros increíblemente valiosos por nada?!

Los ojos del encargado se llenaron de lágrimas.

-Ustedes… ¡Vuestra generosidad me llega hasta el alma!

El mayordomo comenzó a derretirse en elogios hacia ellos, y no eran las típicas palabras zalameras que decía a los otros inquilinos. Están nacían de su profundo agradecimiento hacia el grupo de Aguijones. Desde el fondo de su corazón, sin exagerar.

-¡Agradecemos sus bellas palabras, honorable señor Látencer! –Druess dio una sonrisa limpia de oreja a oreja, mientras gesticulaba con sus manos de manera natural-. ¡Por favor, cuide de nosotros durante nuestra corta estadía!

Con estas palabras, los guardias que venían escuchando la conversación se hicieron a un lado, dejándoles ingresar al hotel. Vourdred hizo una nueva señal, indicándoles que entraran detrás de él.

Druess no fue detrás de ellos inmediatamente.

-Señor Látencer, ¿podría escuchar una última petición de nuestra parte?

-¡Claro! ¡Lo que quieran! –respondió éste, abrazando contra su cuerpo los tesoros.

-Vera… Los trofeos que trajimos del Territorio Vedado… Ya tenemos muchos –Druess soltó una risa irónica-. ¿Podría encargarse de estos? Al jefe dice que le gustaría ponerlos en la entrada del campamento, mirando hacia el Sureste.

-¿Hacia el Sureste? –preguntó Látencer. La Frontera Roja estaba al Sureste.

-Sí. De esta forma, les dará valor a nuestros compatriotas cuando salgan a enfrentar a los terribles Demonios. Sin mencionar que llenara de miedo los corazones de los monstruos que se atrevan a siquiera acercarse a este campamento –explicó el mercenario, actuando como si estuviera sobre un escenario, con un público ávido de ver su interpretación.

-¡Qué gran idea! ¡No se preocupe, yo me encargare de todo! ¡Vaya a limpiar su cuerpo, comer y descansar, buen hombre! –aseguró el encargado.

-Muchas gracias, señor Látencer. Me despido de usted, debo reunirme con mis compañeros. ¡Hasta luego!

Con un ademán, entro rápidamente en el edificio, con una sonrisa enorme en su rostro sucio y mal afeitado. Nadie vio su expresión apenas les dio la espalda.

-A ver, veamos que tenemos aquí –murmuró el dueño del hotel.

Tomó el borde de uno de los sacos dejados por los mercenarios. Del interior venia un olor espantoso a putrefacción, así que fue fácil para él adivinar que contenían. No era extraño que pasaran cosas como esas, eran muchos los Aguijones que traían trofeos para celebrar sus victorias contra el ejército demoníaco.

El hombre calculó que el tamaño de cada cabeza debería ser similar a un melón. Si así era, entonces el número de trofeos era mayor a los que se decía. Debían ser al menos doscientas.

-¡Señor! –llamó uno de los guardias. Parecía que estaba haciendo lo mismo que él, inspeccionando los sacos para ver qué clase de trofeos habían traído los Aguijones-. ¡Venga a ver esto! ¡RÁPIDO!

-¿Ah? ¿Qué sucede? ¿Hay algún problema? –Látencer se acercó al ver la expresión asustada del hombre. Se trataba de un Carroñero, así que cabezas de Demonio deberían ser cosas relativamente normales para él.

Sin embargo, olvido eso cuando sus ojos se posaron en el contenido de la bolsa.

-Esto… Esto es…

Por segunda vez en corto tiempo, se había quedado sin habla.

Lo que estaba dentro del saco era una sola cabeza. Enorme y maciza, los ojos estaban anormalmente separados entre sí. Sus dientes del tamaño de un ladrillo eran amarillentos, y en algunos había feas marcas negruzcas. La piel tenía un tono verdoso que recordaba al moho, y sin duda era más gruesa que la de cualquier Demonio. El poco cabello, del color de la paja sucia, eran matojos revueltos y enmarañados sobre las orejas de la criatura. La nariz era asquerosamente grande.

-¡Un Troll! –exclamó el guardia.

-Es demasiado grande –contestó Látencer.

-Una vez, vi uno de estos. Por suerte, estaba bien lejos cuando logre avistarlo –aseguró otro de los hombres, atraído por el escándalo. Su rostro estaba pálido-. ¡Es un Ogro de las Tierras Bajas! ¡En el Ejercito del Rey Demonio, estas cosas son usadas para arrastrar armas de asedio, o para llevarse por delante a compañías enteras de soldados!

-¿Cómo se las ingeniaron para acabar con este monstruo? –murmuró el primero, aterrorizado al ver la gruesa piel que tenia. Las espadas no podían cortar eso.

-Mira atentamente –respondió Látencer, señalando a los ojos del Ogro.

Ambos estaban atravesados por flechas largas. La derecha estaba partida, como si alguien la hubiera quebrado al intentar quitársela. La izquierda estaba completa, mostrando unas largas plumas de pato silvestre.

-¿Qué arquero podría darle a blancos tan pequeños? ¡Y eso en medio de una batalla contra un monstruo como este! –el segundo guardia tragó saliva-. ¿Qué clase de monstruos son esos Aguijones?

-Pues me alegró de estar en el mismo bando que ellos –aseguró el encargado, abrazando contra su pecho los tesoros que se le habían entregado-. Fuertes, generosos, educados… ¡Esta es la clase de hombres que salvaran a la humanidad del Rey Demonio!

Los guardias fueron completamente incapaces de refutar sus palabras. Ante la vista de esa hazaña, no tenían forma alguna de expresar lo que sentían en palabras.


En palabras simples de explicar, ¿qué es un regalo?

Un regalo tan generoso era un acto claro de amabilidad, un gesto de personas con gran corazón. Una muestra de la bondad del ser humano. ¿No es así?

Pero… ¿Qué parte de ello es el gesto de bondad? ¿Desprenderse de tesoros tan valiosos? ¿Entregárselos a una persona que no conocías? ¿Incluso después de haberlos robado de los horribles Demonios a costa de sangre, sudor y lagrimas?

¿Y qué dirías si supieras que, para esas ‘buenas personas’, esos tesoros tan valiosos les dan igual?

¿Qué dirías si te dijera que no hay nada que podrían hacer con ellos si se los quedaran?

¿Es todavía un acto desinteresado de bondad? ¿El gesto todavía es algo grande? ¿Hay realmente una muestra del buen corazón de la humanidad?

¿O acaso es solamente un acto al nivel de tirarle un hueso a un perro callejero?

¿Qué opinas tú?


Ya dentro del establecimiento, se escuchaban las risas de los Aguijones, mientras se quitaban el barro y la sangre de sus cuerpos llenos de músculos. Los empleados del hotel, luego de que se corriera la noticia sobre la cabeza de Ogro, estaban tan impresionados que aceleraron sus trabajos.

Eso, y que el dueño les había prometido monedas extras si terminaban antes de la Octava Hora de Luz.

Entre la conmoción, los empleados ocupados, que no había más clientes importantes capaces de pagar la estadía, y el respeto hacia el grupo de mercenarios, ellos pudieron darse un largo baño en la enorme estancia con relativa facilidad.

Sin embargo, si alguien más hubiera entrado, se habría encontrado confundido.

¿Por qué los que reían eran sólo cuatro personas junto a la puerta? ¿Y por qué parecía que estaban forzándose a sí mismos a hacerlo? De vez en cuando, aparecía alguno de los demás a sustituir a una de estas cuatro personas. De esa manera, seguían contando historias banales y chistes tontos, mientras soltaban carcajadas ocasionales con extrañas expresiones en sus rostros.

Daba incluso algo de miedo.

En el fondo del baño, metido hasta la cintura en agua caliente, Vourdred se arrojó un cubo de agua humeante sobre su enorme y fornido cuerpo. Estaba repleto de cicatrices, muchas de ellas viejas. Había una muy grande en su hombro izquierdo, allí donde el alfanje de aquel Demonio se había clavado. Aunque era claro que la herida más notoria estaba en su rostro: Una marca negruzca, dejada allí por la figura negra el día que su vida se derrumbó en un instante.

Su expresión estaba tan fría que incluso congelaba el agua a su alrededor, haciendo que el agradable baño caliente se tornara algo incomodo.

-¡Jefe! ¿Estás escuchando?

-¿Ah? –Vourdred salió de sus pensamientos al ver que Firdas le hablaba-. No, repítelo. Y no me llames jefe aquí.

-Está bien, Vourdred –murmuró el hombre. Tenía el cabello rubio platinado, y un cuerpo flaco y fibroso. Aparte de eso, con su nombre sacado de una vieja leyenda élfica, muchas veces el resto de los hombres solían fijarse si tenía orejas de punta-. Estaba preguntando si iremos en una nueva incursión a la Llanura de Acero. Los Demonios empiezan a venir en caudales mayores.

-Lo sé. No hay razones para quedarse más tiempo. Recuperaremos fuerzas y suministros y partiremos a las Colinas de los Aullidos. Allí debería haber mejores oportunidades, especialmente cuando llegue el Invierno. Los Trolls y Ogros tendrán problemas para moverse con la nieve gruesa de esa zona.

-Entendido –Firdas no discutió nada. No hizo más preguntas. No eran necesarias.

Vourdred se quedo solo una vez más. Él y sus pensamientos no fueron perturbados durante el resto del día. Solamente se quedo en silencio durante el baño, el banquete, y la tarde. Nadie más le pregunto nada, nadie le prestó atención.

Como si fuera natural que el líder de la tropa de mercenarios no hiciera el más mínimo comentario, todos los demás pasaron a su lado hasta la noche sin prestarle atención. Incluso cuando Druess contó historias de terror frente al fuego de la chimenea, asustando a los empleados. Tampoco cuando Mulen y Seigbuk hicieron una competencia de pulsos. Ni siquiera cuando Ergasse partió rocas en dos con la fuerza de sus enormes y poderosos brazos. Hasta los chistes ridículos de Kaltras se oyeron esa noche, y no le inmutaron ni un poco.

Cómo si se hubiera convertido en una estatua de piedra con forma de hombre.

Como si estuviera esperando algo.


Esa noche fue silenciosa.

El campamento, luego de la agitación de la mañana, se quedó en silencio.

Fue por eso que ese insignificante ruido despertó al mercenario.

No era el chirrido de un insecto. No era un animal domestico despierto. No era el ronquido de un hombre. No era ningún sonido natural.

Si le preguntaras a Vourdred, él diría que era una risa. Una débil, fría y sibilante risa.

Y luego, esa sensación helada. Se sentía como una mano de pura malicia glacial que acariciaba su costado. Y subía lentamente, acercándose a su cuello.

Casi podía sentir las escamas frías de la serpiente, mientras se acercaba a los puntos vitales de su cuerpo.

Sintió el lamido de la lengua bífida en su cuello.

La cicatriz de su frente comenzó a picarle.

Se incorporó rápidamente, con una mano agarrando el mango de la espada, y la otra asiendo al viperino animal que intentaba morderle el cuello.

Sin embargo, no había nada ni nadie. Ni serpiente, ni enemigo. La habitación donde descansaban él y sus hombres estaba vacía. El calor corporal de la chimenea y las personas durmiendo llenaba la estancia, mientras la ventana abierta dejaba entrar un aire fresco ligero. La única frialdad la sentía en su cuerpo, pero rápidamente desaparecía.

¿Una pesadilla?

Frotándose la oscura marca sobre su nariz, el Aguijón se levantó de la cama. Camino lentamente hasta la ventana, dispuesto a cerrarla sin despertar a sus compañeros. Sin embargo, en el momento en que estaba frente a ella, algo le hizo desviar su mirada hacia la calle completamente vacía. Desde el primer piso, tenía una vista perfecta.

Una forma oscura se podía ver a la débil luz de una tea que estaba casi extinguida.

A pesar de que la calle estaba vacía hasta hace un momento, ahora había alguien allí. La tea comenzó a arder de repente con una llama negra como la Oscuridad Infinita, que se devoraba la negrura alrededor.

Esa forma oscura de una persona con capa y capucha, rodeada de un aura negra.

A pesar de la distancia, era capaz de ver al ser sombrío que le había hecho esa cicatriz que ardía en su frente. Y esa criatura, esa cosa, esa abominación, estaba allí.

Le hacía señas con una delgada mano, pálida como la Luna.

“Ven. Ven aquí ahora.”

Vourdred no espero ni un segundo. Tomo su espada, saltó por la ventana, y comenzó a correr como un loco hacia la forma encapuchada que le esperaba allí. Si hubiera algo en medio, lo habría arrollado como un búfalo salvaje desquiciado.

De sus labios escapaba un gruñido animalesco.

Sin embargo, la forma oscura no parecía en lo absoluto preocupada por un enorme hombre corpulento corriendo en su dirección. Ni siquiera reaccionó cuando el mercenario esgrimió la espada, preparándose para partirle en dos.

Simplemente, en el momento en que se acercó lo suficiente, se dio la vuelta con naturalidad, y camino hacia el establecimiento más cercano. No mostraba la más mínima preocupación, ni cambio su ritmo al desplazarse.

No le alarmaba el hombre intentando atacarle.

Vourdred, con la manía de la experiencia obtenida en combate, se dio cuenta de que no llegaría a golpear a la figura oscura antes de que llegara a la carpa. No podía ir más rápido, ni serviría de nada arrojarle la espada. Recordando sus experiencias pasadas, todavía dudaba de que esta arma fuera capaz de herir a este ente misterioso.

Justo antes de desaparecer detrás de la tela, la figura dejo entrever una sonrisa bajo su capucha. Los labios carmesí en la piel pálida no mostraban ninguna imperfección.

El Aguijón gruñó por la impotencia, pero nada podía hacer más que aminorar el paso y bajar su arma. Entro rápidamente a la carpa, mirando hacia todas partes en busca del Demonio encapuchado, pero no había señales de su presencia. Y tampoco ningún lugar donde pudiera estar ocultándose. Una única vela larga y gris iluminaba el lugar con facilidad, así que tampoco podrían estar escondiéndose en las sombras.

La atención de Vourdred se dirigió hacia las personas en el lugar, imaginando que no sería capaz de reconocer a la figura oscura sin sus atavíos regulares, pero se llevó otra decepción. Tan sólo había un hombre mayor con una larga barba, y un niño pequeño que sostenía una bolsa de arpillera.

Ninguno de ellos tenía parecido alguno con ese ente que le había hecho la cicatriz.

¿Adónde había ido?

-¿Han visto algo extraño? Vi que una persona sospechosa pasó por aquí –dijo Vourdred, refrenando la furia que ardía en su sangre.

Había esperado por siete años. Todavía no había llegado al límite de su paciencia. Si la figura oscura se había mostrado después de todo este tiempo, significaba algo. Las respuestas que estaba buscando debían estar por revelarse.

-¿Alguien sospechoso? Por ejemplo… ¿Qué tal un sujeto que aparece en mi tienda, espada en mano, cuando todavía falta más de una hora para que amanezca? –respondió el dueño, mirando al reloj de arena a su lado, y poniendo una sonrisa irónica en sus labios oscuros-. Y aparte de eso, con el torso al descubierto con este frio… ¿Busca un resfriado?

El Aguijón no estaba de humor para bromas. En su precipitación, había olvidado la vaina de la espada, por lo que clavo la punta en el suelo, mientras miraba por el lugar. Sus ojos buscaban lugares donde ocultarse, pero la frutería no tenía ningún escondite para una persona tan alta como él.

La figura oscura no había entrado en ese lugar. Le había engañado.

El Destajador exhaló lentamente, calmando su mente. Dejo de preguntarse adonde podía haber ido ese Demonio. No estaba aquí, y de nada serviría obsesionarse con ello. Con la adrenalina retirándose de su cuerpo, se dio cuenta de que el viejo tenía razón. El frío de la noche no se sentía en el cuarto calefaccionado del hotel, pero aquí era otra historia.

El niño, maravillado, comenzó a observar la enorme espada del mercenario. La hoja desnuda no brillaba ni se veía hermosa. Era un instrumento cuya única utilidad era matar, y nada más que eso. Se podían ver una serie de pequeñas letras alineadas en el mango, pero sus trazos eran tan pequeños y finos como hilos de araña.

-¿Esas son runas élficas? –preguntó el niño. Sus ojos brillaban.

El Aguijón, quien seguía buscando alrededor en busca de pistas, presto atención al pequeño que admiraba su mandoble.

-Enanas. O al menos, eso dicen –él había adquirido la espada en una armería, tiempo atrás. Había costado mucho oro, supuestamente por las propiedades mágicas de las runas en su mango, y la hoja hecha de acero celestial. Cuanto de esto era realmente cierto, no sabía, pero en estos años no recordaba haber sentido ni presenciado ningún hecho místico relacionado a esa espada.

Era mucho más común que fueran los Demonios, o los hechiceros errantes, quienes usaran magia contra él. Y jamás con buenas intenciones.

-¡Impresionante! –murmuró el niño-. Entonces, ¿es usted el Aguijón que cazó a un Ogro de las Tierras Bajas? ¡Dicen que era tan alto como una torre, con una piel más gruesa que una coraza de acero, y portaba una espada gigantesca!

Los rumores que había oído dejaron a Vourdred perplejo. Cada uno era más ridículo que el anterior. Para empezar, los Ogros no eran tan altos, pues caminaban encorvados; y este en particular usaba un garrote y un hacha.

Algunas personas, al parecer, disfrutaban enormemente de inventarse historias de la nada para hacerle ver como una especie de héroe legendario.

-¿No deberías estar en casa? En la noche pueden acechar todo tipo de criaturas horribles –advirtió el mercenario.

-¡No les tengo miedo a los Demonios! ¡Algún día, tendré mi propia espada, y cortaré en pedazos a cada uno de esos monstruos! –el pequeño comenzó a agitar un arma invisible, adoptando poses gallardas. El espectáculo era tan ridículo que a Vourdred le entraron ganas de reírse.

Y luego, comenzó a acordarse del pasado. De su pequeño Jadred. De cómo él se ensuciaba siempre las manos con tierra jugando, de cómo practicaba ser arquero arrojando ramitas, de la vez que había intentado levantar el hacha de su padre, pero sólo consiguió caer sobre su propio trasero.

Recordó su pequeño cadáver, en el suelo, asesinado por las bestias que hicieron arder su aldea ese día, sin dejar un solo edificio en pie.

El niño de la bolsa de arpillera había empezado a describir sus heroicas hazañas, y se volteó para ver si el mercenario seguía prestándole atención. Sin embargo, se quedó tieso al ver la escena que tenía lugar en ese momento.

Los ojos del hombre, que miraban a ninguna parte, estaban tan llenos de odio e ira que se le olvidaron todas sus fantasías de ser un guerrero. En lo profundo de esa mirada yacía un ansia tan repulsiva, que las piernas del pequeño comenzaron a temblar.

-Ah… Has- ¡Hasta otro día! –se despidió el niño, aferrando fuertemente la bolsa de arpillera. Salió despacio, como si caminara frente a un león dormido.

Un león al que no quería despertar.

-Que tengas un día bonito –le despidió el dueño, quien había estado abstraído de todo lo ocurrido, contando las monedas en una bolsa. Se fijó en que Vourdred seguía allí parado, ensimismado en sus pensamientos-. ¿Necesitas algo?

-No –respondió el Aguijón, volviendo al presente.

-Pues mejor ve a abrigarte, que hace un frío espantoso allí afuera –declaró el anciano, bostezando por el cansancio-. Qué horror de día. ¿Bonito? ¡Desde hace años que no hay un día bonito en este maldito campamento!

-Si tiene frío y sueño, ¿por qué tiene la tienda abierta? –discutió Vourdred, empezando a enfadarse por la actitud de este viejo.

La mayoría de las tiendas no abrían hasta el amanecer. Lo que el viejo hiciera de su vida, a él le daba igual, pero si se quejaba por eso, era un hipócrita.

-¿Ah? Me desperté de repente por ese sueño horrible. Y cuando salí a caminar para olvidarme, me encontré a ese niñato hablando con una muchacha preciosa frente a la tienda. Pensé que sería su hermana o algo así. El caso es que ella me pidió si podía venderle unas manzanas para el pequeño, y soy un hombre. ¿Cómo podría rechazar a esa mujer tan hermosa que me pide algo? –el dueño hizo una sonrisa zalamera.

-¿Mujer? –una idea se deslizó de repente por la mente de Vourdred-. ¿Era igual de alta que yo, con la piel blanca, labios rojizos, vestida de negro? ¿Con los ojos rojos como la sangre recién derramada?

A duras penas resistió las ansias, para que no se filtraran en su voz.

-Sí, ella era exactamente así. ¿La conoces? Si es así, ¿te molestaría decirme…

El Aguijón no escuchó el resto. Salió corriendo, espada en mano, buscando frenéticamente alrededor, hasta que vio la espalda del niño. Corrió hacia él, respirando fuertemente, como un buey en embestida.

Alcanzó rápidamente al pequeño, y lo agarró por los hombros. Jadeando, comenzó a interrogarle con una expresión enloquecida.

-Esa mujer… La que te compró las manzanas… ¿La conoces?

Ante el brillo demente en los ojos del hombre, el niño no pudo hacer más que responder nerviosamente.

-Ella… Yo había tenido una pesadilla, y me desperté en plena noche… Me hizo señas por la ventana… Jugamos un rato… Y entonces me dijo que le hiciera un favor, pero ella terminó comprándome estas manzanas… ¡Eso fue todo!

Ambos se miraron unos segundos. Nadie hablaba. La atmósfera incomoda preocupaba al niño, quien miraba muy seriamente la espada del mercenario.

¿Era su turno de probar cuán afilada estaba la hoja?

-Esas manzanas… Te las compró –Vourdred se sacó un pendiente de plata que llevaba en el lóbulo de su oreja izquierda, entregándoselo al niño en las manos sorprendidas y temblorosas.

Sólo con una mirada, supo que era muy valioso.

-Está bien –dejó escapar con un hilillo de voz.

Con una sonrisa maníaca, el mercenario tomó la bolsa de arpillera, y salió corriendo como un loco en la oscura noche.

El niño parpadeo, repentinamente solo en la quietud del campamento dormido. Caminando con lentitud, regresó a su hogar, todavía pensando si debía considerar que esta noche había sido un sueño.


-¿Manzanas? –preguntó Kaltras, parpadeando de sueño y sorpresa.

Rápidamente, se hizo su habitual coleta en el cabello teñido de azul, haciendo extraños ademanes exagerados. Se acercó a la chimenea, avivando las llamas y agregando nuevos troncos. Iban a necesitar todo el calor que pudieran para despertarse rápidamente.

-No las toquen. Podrían estar malditas –advirtió Vourdred, arrojando la bolsa de arpillera sobre un banquito. Envaino su espada, y luego comenzó a ponerse sus ropas-. Druess, encárgate.

-Claro, jefe –el mercenario de cabello largo se frotó las manos frías, acercándolas al fuego que ya ardía con fiereza. El Destajador estaba tan ensimismado, que olvido recordarle que no debía llamarle de esa manera fuera del campo de batalla.

Acto seguido, comenzó  hacer ademán de tocar la bolsa de arpillera, pero siempre se detenía a milímetros de hacerlo. Repitió esto unas cuantas veces, pero no ocurrió nada extraño. Tras terminar esta comprobación, abrió la bolsa, y echo un vistazo al contenido.

-Alcohol –pidió, alargando la mano.

Su asistente, el viejo Marguil, le alcanzó una botella de vodka medio vacía. Druess arrojó un chorro dentro de la bolsa. Rápidamente, agarró una astilla de madera que había junto a la chimenea, y presiono la punta contra los leños ardientes para encenderla. Acto seguido, la uso para prender el alcohol que había arrojado dentro, provocando una llamarada.

Los demás mercenarios observaban la ceremonia, intrigados por la forma en que su compañero descubría las maldiciones colocadas en la fruta. Druess era un conocedor de toda leyenda antigua que hubiera, las cuales había recopilado en múltiples libros. Incluso había pasado un año estudiando en la sede de la Santa Iglesia, aprendiendo sobre las maldiciones demoníacas y la magia negra.

Si había algo en esas manzanas, él iba a descubrirlo.

Una vez la llamarada provocada por el alcohol se extinguió, el mercenario abrió la bolsa, sacando las tres frutas rojas algo chamuscadas, depositándolas en el banquito.

-¿Algo en la bolsa? –preguntó Vourdred.

Ergasse tomó la arpillera, y la deshizo en trozos fácilmente con sus poderosas manos. Negó con la cabeza. No había nada en el interior.

Mientras tanto, Druess había sacado una fina aguja de su cinturón. La sostuvo verticalmente, por encima de una de las manzanas, y la dejo caer. La punta chocó con la piel de la fruta, haciendo un rasguño diminuto, antes de caer a un costado. Repitió esto con las otras dos, pero seguía sin ocurrir nada anormal.

-¿Son para comerlas? –preguntó el mercenario a su jefe. Vourdred negó con la cabeza-. Entonces, es todo. No hay problema con tocarlas o cortarlas. No encontré ninguna maldición en ellas. ¿Qué debemos hacer?

-Corta una. Veamos que hay dentro –ordenó el jefe.

-Como diga –Druess sacó un cuchillo corto de su cinturón. Sujetando la manzana, comenzó a cortarla lentamente, de arriba a abajo. Tras llegar a la mitad, se detuvo de repente-. Parece que tenía razón, jefe. Hay algo dentro ofreciendo resistencia.

-¡Sácalo! –en la voz de Vourdred se notaba claramente la impaciencia.

Con una risa sarcástica, Druess cortó el otro extremo de la manzana, y la partió en dos. Del interior extrajo una pieza de un metal liviano, grabada con delicados dibujos. Su asistente le alcanzo un trapo para que pudiera limpiar los restos de fruta.

-¿Cómo lograron meter esto dentro? –preguntó Marguil, mirando por encima de su hombro el extraño objeto. Era rectangular, con los bordes pulidos. Cabía en la palma de su mano. Luego de limpiarlo mejor, se hacía evidente que era de fabricación artesanal, hecho con dedicación por un herrero de primera clase.

-Definitivamente, no lo hicieron con métodos ordinarios. Me huele a magia. Sin embargo, hacer algo como esto… Sin duda, se trata de una clase de magia de la que nunca he oído antes –declaró Druess. Enseño los pedazos de la manzana, colocándolos boca arriba sobre el banquito. Se oyeron algunas exclamaciones de asombro.

Parte del corazón de la fruta se apreciaba dentro. El contorno del objeto se notaba en el interior, como si hubieran retirado específicamente la parte que necesitaban con alguna herramienta desconocida. Sin duda alguna, no había forma de hacer crecer la manzana con esa cosa incrustada, así que debía ser obra de hechicería.

-En ese caso, seguramente hay otras cosas dentro del resto de fruta –aseguró Firdas, tomando una de las dos manzanas restantes. Sacó un cuchillo curvo de su cinturón y comenzó a recortar cuidadosamente la fruta. Ergasse agarró la otra, estrujándola entre sus manos.

-¿Qué metal es? ¿Acero? –preguntó Thorun, admirando el trabajo de grabado.

Era por lejos el más joven del grupo, con apenas dieciséis primaveras. Era el hijo del herrero del pueblo, pero apenas había sido iniciado en el trabajo cuando ocurrió la Gran Matanza. No había logrado aprender mucho. Y obviamente, ya no tenía ninguna oportunidad para seguir la tradición familiar. Incluso así, aun le apasionaba la idea de continuar sus estudios, y trabajar en una forja.

-No. Esto es… ¡Aluminio! –Druess parpadeo, sorprendido-. ¿Sabes lo asquerosamente difícil que debe ser encontrar un herrero que trabaje con este metal? ¿Quién tiene el dinero y los contactos para hacer algo como eso?

-Además, esos grabados son muy delicados. Esto fue hecho por encargo. ¿Y ese sello? ¿Es de alguna familia noble? –preguntó Marguil.

-No. El emblema que veo aquí no se parece al de ninguna familia de la nobleza. Al menos, ninguna de la que tenga conocimiento –Druess le paso el objeto, ya limpio, a Srump-. ¿Lo conoces?

-Sin duda. No es de una familia noble –el hombre rubio señalo uno de los símbolos-. Eso es un león con cabeza de águila. Una bestia mítica que aparece en las leyendas sobre la fundación de este Reino. Este es el sello de la Casa Real.

Comenzó a girar el objeto, enseñando las diversas formas decorativas alrededor.

-Esta cosa no la había visto antes, pero si escuche de ella. Es un Pase Real, que sólo puede ser emitido por su Majestad en persona, luego de contar con la aprobación de la Cámara de Ministros y la Cámara de Nobleza –continuó Srump, haciendo gala de todo su conocimiento sobre la política e historia de este Reino-. Te permite entrar en cualquier ciudad sin pagar impuestos, incluso en la Capital. No tiene fecha de vencimiento. No puede ser revocado. Sólo el Rey puede negarlo, y debe hacerlo en persona, frente a ambas Cámaras.

-¿Entrar en cualquier ciudad libre de impuestos? ¿También se aplica a tu carga? –Srump asintió a la pregunta de Thorun-. ¿¡Eso no te permitiría meter contrabando de cualquier tipo a plena luz del día y a la vista de todos!?

-Exactamente. Por esa razón, no se ha vuelto a emitir ninguno en las últimas tres generaciones. El poder político y comercial que te otorga es absurdo –el hombre rubio se fijó en las fechas grabadas en la base del Pase Real-. Pero este en particular es viejo, fue emitido por un Rey anterior. Y aun así, todavía sirve. Mientras no sea fundido, este pequeño objeto permite a su poseedor ser inmensamente poderoso.

-¿Qué querrá significar esta señal? ¿Por qué un Pase Real antiguo estaba en esa manzana? –preguntó Marguil.

-Esta podría ser la respuesta –Firdas había recortado su manzana, revelando que dentro había un recipiente de vidrio sellado. Lo rompió con un golpe del mango. Del interior sacó un pergamino pequeño.

-Pásalo –pidió Gandour. Se alisó su barba canosa, examinando la apretada escritura-. No creo que sea buena idea leerlo en voz alta. El lenguaje está lleno de formalismos y protocolo, es bastante irritante. En resumen, es una invitación a un evento secreto en la Capital. Algo que los remitentes llaman “La Reunión de los Mártires”.

El nombre despertó algo de polémica entre los mercenarios. Se escuchaban murmullos, intrigados por la elección de tal título para ese encuentro.

-Es sólo para Aguijones. Y no puedes participar si no presentas la “Moneda del Mártir” –continuó Gandour-. El lugar es la residencia de la familia Mardetroid. Y la fecha, dentro de una semana.

-Si vamos en carruajes y caballos, todavía podemos llegar a tiempo –añadió Druess.

-¿Y esas monedas? –preguntó Vourdred.

Ergasse extendió su mano, mostrando el contenido de la tercera manzana. Entre sus enormes dedos había tres monedas de cobre. Thorun las tomó, notando que eran muy distintas de las habituales monedas.

-Observen. Las monedas normales tienen la faz del primer Rey en la cara, y el emblema de la Santa Iglesia en la cruz –sujetaba una moneda normal en la mano izquierda, comparándola con la Moneda del Mártir en su derecha-. Pero estas tienen el rostro del Archiduque que fundo la casa Mardetroid, y el sello de los feudos de Mardefild, que son propiedad de esa familia. ¡Sin la menor duda, es una moneda especial que ha sido acuñada por esa familia!

-Emitir moneda falsa es un delito. Y se pena con la horca –señaló Srump-. Incluso si están distribuyendo estas monedas en secreto, es sumamente arriesgado. Podrían ser colgados por fraude.

-A menos que tengan permiso del Rey –añadió Gandour-. En ese caso, es incluso más extraño. En cualquiera de los dos casos, algo está pasando aquí.

-La pregunta es… ¿Iremos? –Firdas puso en palabras lo que todos los demás estaban pensando. Todos dirigieron su mirada hacia Vourdred.

-¿Dice cuál es el motivo del encuentro? –preguntó El Destajador a Gandour.

-No. Pero si menciona que podría haber una gran recompensa.

-Es una buena táctica para atraer a los Aguijones –murmuró Thorun.

Vourdred cerró los ojos un segundo, pensativo.

Este era sin duda un mensaje de la figura oscura. Estaba sugiriéndoles que deberían ir a esa Reunión de los Mártires. Incluso les había dado los medios para participar.

No sabía que intenciones tenía ese ser sombrío. Lo que le había dicho hace siete años todavía estaba grabado a fuego en su memoria. Supo que sería llamado El Destajador, algo que no ocurrió hasta varios años después.

¿Estaba el llamado Parche Rojo en esta reunión? ¿Tendría una oportunidad de concretar su venganza? ¿Y cuál era el objeto de este evento?

Él no sabía nada. No tenía idea. No había ninguna respuesta.

Y justamente por eso, no podía dejar pasar la oportunidad.

-Prepárense para partir –ordenó El Destajador-. Vamos a la Capital.

Todos en la habitación asintieron. Nadie puso ninguna queja.

Vourdred y sus compañeros asistirían a la Reunión de los Mártires.


Mientras tanto, lejos de allí, en un angosto pasillo de la residencia de la familia Mardetroid, Krurin rezaba en voz baja.

-¿Podrías callarte? –pidió Youche-. Me pones de mal humor.

Ambos estaban vestidos con armadura completa, y sujetaban largas lanzas. La hoja metálica de sus armas estaba recubierta de un leve resplandor pálido. Si te acercabas a mirar, podrías notar que había formaciones mágicas tanto en el mango de sus armas, como en los cascos y guantes que llevaban, e incluso en el pomo de las espadas que tenían al cinto.

-Lo que yo haga no te incumbe –masculló Krurin, interrumpiendo sus rezos-. Es nuestra última semana aquí, quiero sobrevivir hasta conseguir mi último pago.

Youche chasqueó la lengua, fastidiado por la actitud de su compañero. Lo habían contratado hace apenas tres meses, así que era un completo novato. Todavía creía que había un riesgo real por el cual tenían que usar estos equipos mágicos.

-Llevo aquí dos años. Y sé que no le ha pasado nada a ninguno de nuestros predecesores en estos siete años que han pasado. No tienes ninguna razón por la que preocuparte. Nada ocurrirá en estos últimos siete días –le contradijo.

-Aun así, no me calmare hasta que me den mi maldito dinero –respondió Krurin.

Ellos estaban parados a ambos lados de una puerta de madera sencilla. Dentro, se escuchaban débiles sonidos. Generalmente eran ruidos de agua, telas, o pisadas.

Y en ocasiones, extraños sonidos que ningún humano era capaz de identificar.

-Disculpen, pero… ¿Han dicho siete días? –repentinamente, se escuchó una voz viniendo del cuarto. Krurin se tensó por completo, aferrando fuertemente su arma.

-Sí. Escuchaste bien. Faltan siete días para la Reunión de los Mártires –Youche, ignorando la mirada aterrada de su compañero, respondió a la débil voz femenina.

-Muchas gracias. Disculpen la molestia, Youche, Krurin –con este comentario, se escucharon los débiles sonidos de pasos que se alejaban de la puerta.

-¿¡Cómo sabe mi nombre!? –susurró furiosamente el aterrado guardia-. ¿¡Se lo dijiste!? ¿¡Estas mal de la cabeza!?

-Deja de joder por tus estúpidas supersticiones –respondió Youche, mirándolo con desprecio-. ¿Todavía no te das cuenta de que todo lo que dices puede ser escuchado dentro? No importa si lo dices en voz baja. Te va a oír.

Al escuchar esto, Krurin cerró inmediatamente la boca. Se puso firme, esperando que algo ocurriera, pero fue en vano. No ocurrió nada. Incluso así, seguían temblándole las manos. Continuaba pensando que esta última semana seria su perdición.

Youche se cansó de intentar convencerlo. Sabía lo que debía estar pensando. Recordaba perfectamente cómo, hace dos años, era en extremo cuidadoso al montar guardia fuera de este cuarto.

En ese entonces, no paraba de preguntarse “¿Por qué acepte vigilar a ESTA COSA?”

Luego de dos años, se pregunta “¿Por qué fui tan idiota en el pasado?”

Ambos continuaron parados en el lugar, con tan distintas ideas pasando por sus mentes. Pero mientras tanto, dentro de la habitación, empezaron a escucharse algunos ruidos. Eran esos sonidos ininteligibles que hacían que Krurin tuviera escalofríos, además de pesadillas cada noche.

Allí dentro, a la tenue luz de la luna que entraba por una ventana enrejada, se veía moverse una figura delgada. Y a su alrededor, extrañas y amorfas criaturas emitían esos sonidos, a los cuales ella respondía.

Observando a la luna en lo alto del cielo oscuro, la persona sonrió. De sus labios escapó un suspiro, mientras cerraba su ojo derecho.

-Sólo siete días más…

Si, cerró únicamente el derecho.

Porque el izquierdo… Estaba cubierto con un parche de cuero rojo.

Un Parche Rojo.

Continuara…

Yuuitsu no Shinjitsu

Capítulo 17: El Ultimo Traidor

-¿Y bien? ¿Dónde está?

Ante mi pregunta, Tsuruya sacó un pendrive de su bolsillo.

Se lo arrebaté de las manos, buscando donde introducirlo para comprobar que fuera la auténtica información secreta.

-¡Yamanaka, trae una computadora!

Mirai, ya te dije que hay algo que debo decirte…

-¡Que lo hagas ya! –ordené.

Yamanaka parecía querer insistir, pero luego suspiró y abrió un cajón.

Tsuruya, Yuuki y Shiro acaban de regresar. Por lo que parece, ninguno de los tres está herido de gravedad, salvo por esa mano desollada.

Me gustaría saber cómo acabo así, pero primero tengo que comprobar este pendrive.

Sin embargo, desde que vine aquí, Yamanaka no deja de quejarse. Ya ha repetido varias veces que hay algo que tiene que decirme, pero no es buen momento.

Lo que sea, tendrá que esperar.

La chica puso un ordenador sobre la mesa, introdujo una larguísima contraseña, y giró la pantalla para que pudiéramos verla.

-Ese pendrive no tiene la información. Lo que de verdad hay ahí es un virus informático destinado a borrar todos los datos de la red de computadoras donde intenten descargarlo –explicó ella, mientras señalaba con su dedo una carpeta nombrada ‘Información Secreta’.

Me quedé en blanco.

-¿Eh? –no se me ocurrió nada más para decir.

-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó Tsuruya.

Yuuki y Kiyoshi-chan se veían completamente sorprendidos, igual que yo. En cambio Tsuruya tenía una caricaturesca expresión de molestia.

Yamanaka comenzó a jugar con sus coletas, algo nerviosa.

-Mientras ustedes distraían al enemigo, Daimondai y yo nos colamos en el Depósito 9 y cambiamos la información por ese virus. La idea era sabotear la red de Ellos, pero había demasiada seguridad en ese edificio.

Además de Chi no Ken había múltiples alarmas, por si acaso alguien se colaba en secreto. Incluso si evadías la detección de los aparatos eléctricos, había diversas habilidades plantadas para indicar la presencia de intrusos.

-Sin embargo, lo ocurrido activo toda la seguridad, y pudimos entrar fácilmente sin ser detectados. ¿Quién iría a revisar el edificio durante una invasión? Sólo cambie todo mientras Daimondai vigilaba, y luego nos fuimos rápidamente –terminó de explicar.

-Eso explica porque él estaba en el edificio… –murmuró Kiyoshi-chan.

Luego de nuestra conversación, esta algo retraída y callada.

Sin duda sabe que tengo razón, pero todavía parece costarle un poco de esfuerzo admitirlo. Seguro se le pasa en un par de horas.

-Entonces, cuando Akire llego al Deposito 9, el virus ya estaba colocado. Sin un tecnópata en el lugar, habría sido imposible que lo detectaran. Intenté decirles después, pero en el caos de la situación…

Radio se encogió de hombros, con una media sonrisa forzada.

A Tsuruya le dio un tic en el ojo izquierdo, mientras que Yuuki soltó una risita sin gracia.

-Entonces… Nos enfrentamos a todos esos matones idiotas, a un genio capaz de calcinarnos, casi muero muchas veces porque Akire intento aplastarme como a un insecto… ¡¿Y LA MALDITA INFORMACIÓN NO ESTABA AHÍ?! –soltando un grito que hubiera despertado a todo el dormitorio de no ser por la insonorización, Tsuruya se puso de pie, totalmente furioso-. ¡¿NO TE PARECIÓ QUE DEBISTE DECIRNOS!?

-Esa idea se me ocurrió de repente. Y, ya que todos ustedes estaban tan ocupados actuando como héroes, no tuve tiempo de avisarles.

Yamanaka no está nada arrepentida de esto. Ella es la clase de persona a la que no le preocupa el pasado.

Si la leche ya está derramada, no sirve de nada quejarse.

-¿Debería disculparme? –preguntó, parpadeando con cansancio.

-No importa. Nada serio ocurrió, después de todo –por un momento parecía que Tsuruya estaba a punto de gritarme, pero le lancé una mirada gélida, y se tragó lo que hubiera querido discutir-. ¿La has comprobado? ¿Es autentica?

-Lo es –entonces, por alguna razón, Yamanaka bajó la cabeza.

-Necesitamos verla –afirmó Tsuruya.

Pude notar algo de rencor en su voz.

-No es conveniente que hagan eso –murmuró Radio.

Esquivaba los ojos de Tsuruya.

¿Qué está pasando aquí?

-Allí hay varios secretos que sería mejor que no fueran desvelados aún. Será mejor esperar a un momento adecuado –explicó, evasivamente.

-¿Y ahora no podemos ni siquiera echarle un vistazo? ¿Segura que estas de nuestro lado? –se quejó este chico-. Además, en primer lugar, ¿cómo conseguiste camuflar un virus en tan poco tiempo? ¡Apenas deberías haber tenido unos diez minutos!

Su tono imperioso exigía respuestas. No intenté detenerlo, pues también tengo curiosidad al respecto. No hay necesidad de corregir algo que no es un error.

-No digan esto a nadie, ¿sí? –pidió Radio.

Comenzó a jugar con su cabello, mientras la pantalla del ordenador abría y cerraba varios programas simultáneamente, con mucha velocidad.

Nadie la había tocado.

-Soy una tecnópata. Mi habilidad surte efecto con cualquier equipo electrónico –confesó, mirando al suelo cansinamente-. Lo siento, Mirai, tuve que mentirte un par de veces. No es conveniente que sepas demasiado al respecto.

-¿Cualquier aparato electrónico? ¡Ese es un talento de genio! –exclamé, sin estar realmente sorprendida.

Ya había notado ciertas cosas respecto a sus habilidades que realmente no concordaban, así que tenía la sospecha de que estaba escondiendo su entendimiento real.

Los genios tecnópatas eran muy codiciados, especialmente desde que el Gran Maestro de Ellos, Skynet, casi acceso a nuestros archivos más secretos sin siquiera poner un pie fuera de su país.

Si los altos mandos se enteraban de esto, seria llamada de inmediato al extranjero, para proteger las redes de Nosotros. Obviamente, sin Ayano-chan.

Puedo entender porque no quiere que se difunda este secreto.

-¡Onee-chan es la mejor! –exclamó Ayano-chan, apareciendo repentinamente, con una voz somnolienta.

Parece que por fin se ha despertado, y no se ha dado cuenta de lo indefensa que parece con ese pijama rosa, mientras se frotaba los ojos para quitarse el sueño restante. El derecho tenía un tono morado oscuro.

¿Una caída? Sí, claro, y yo nací ayer.

Ese es el resultado de un golpe, tal vez un puñetazo.

¿Quién podría haberlo hecho? Evidentemente, debió ocurrir en el tiempo que Yamanaka estaba fuera plantando el virus, porque ella no le dejaría a nadie hacerle daño a su hermanita. Sin embargo, a pesar de que estuvimos solas un buen tiempo, ninguna de las dos intentó explicarme nada respecto a eso.

Incluso ahora, Radio no se molesta en decirme nada. Eso me hace llegar a una horrible conclusión: Quien le hizo eso a Ayano-chan fue…

No quiero ni pensarlo. Me da escalofríos.

-¿Qué te paso en el ojo? –preguntó Tsuruya, sorprendido, devolviéndome a la realidad.

-¿Ah? ¿Esto? No es nada, Onii-chan, sólo soy una torpe –se golpeó la cabeza levemente con sus nudillos, en una linda señal de auto castigo-. ¡Tenía mucho miedo! ¡Qué bueno saber que estas bien!

Su hermosa sonrisa de oreja a oreja me deja sorprendida.

¿Cuándo fue la última vez que la vi? ¡Ni siquiera lo recuerdo! ¡Esta niña nunca sonríe!

-Sí, relativamente estoy bien. Aterrorizado, pero sobreviviré –Tsuruya, disimuladamente, esconde su mano herida de la vista de ella.

Admirable, kouhai mío, eres un caballero.

Sin embargo, eso no servirá. Ayano-chan es muy observadora.

-¿Onii-chan? ¿Por qué escondes tu mano? –el movimiento, que desde su posición debería haber sido imperceptible, fue descifrado en menos de un segundo.

Rápidamente, la niña se acercó y se inclinó junto a él. Jaló su brazo con una fuerza inusitada para su tamaño y estilo de vida, revelando sus nudillos desollados.

La cara de Ayano-chan se puso más pálida que nunca.

-¡Tu mano! ¡Es horrible! ¿¡Por qué no me dijiste!?

El botiquín de primeros auxilios, que se suponía estaba en el baño, apareció de repente junto a ella. Unas vendas limpias salieron disparadas como serpientes blancas, mientras se empapaban en medicina y desinfectante, enroscándose alrededor de sus dedos.

En un minuto, la herida había sido tratada con increíble destreza. Tsuruya apretó su mano varias veces, comprobando que estaba correcto.

-¡Un gran trabajo! Eres buena en esto –afirmo él, sonriendo amablemente.

-Siempre me estoy lastimando por lo torpe que soy… ¡Pero Onii-chan debería haberme dicho! ¡Seguro que esa herida dolía mucho! –había unas lágrimas asomando en el rabillo de sus ojos-. Si se infectaban, Onii-chan pudo haber sufrido mucho. ¡No quiero eso!

Ante la sorpresa general, o mejor dicho, ante un absoluto e increíble estupor que nos envolvió a todos los presentes; ella lo abrazó.

Ayano-chan, la Hikikomori tímida y asustadiza, abrazó a un chico que acaba de conocer hace apenas unos días, y lo hizo como si no quisiera soltarlo nunca en su vida.

¡Hasta pude ver una sonrisa débil en sus labios antes de que recostara la cabeza en su pecho! ¡Esto es imposible! ¡No hay manera de que realmente este sucediendo algo así!

Tsuruya parecía igual de sorprendido que yo. Y, ligeramente, en su rostro se veía un leve rubor, que no tardo en desaparecer.

Radio, ¿cuándo fue la última vez que paso algo así? –murmuré en su oído, sin poder apartar mis ojos de esta escena imposible.

La chica de cabellera plateada parece incluso más atónita que todos los demás presentes.

-Es la primera vez… ¡Ella no ha abrazado a ningún chico desde que tenía seis años! ¡Y el último era un familiar directo! –ante esta información sorprendente, mi cabeza se sintió como si estuviera dando vueltas.

Tsuruya, ¿cómo te las has ingeniado para lograr este resultado impredecible?

De improviso, se sintió una leve molestia. Era un rastro grande, que mostró una poderosa emoción sólo por una fracción de segundo.

No, incluso también hubo una clara intención asesina.

El chico, casi por reflejo, tiró al piso a Ayano-chan gentilmente, mientras un cuchillo pasaba volando por donde estaba su mejilla hasta hace una décima de segundo antes.

En una esquina de la habitación, casi excluida hasta este momento de la conversación, Kiyoshi-chan dejaba salir una clara aura diabólica, mientras sostenía una docena de pequeñas hojas afiladas entre sus dedos.

-Suelta… A mi… Sempai…

Sus palabras salían de sus labios entrecerrados como un siseo venenoso.

Tenía los ojos desenfocados, vacíos.

Todos los instintos de mi cuerpo estaban en alerta máxima, esperando una reacción todavía más violenta. ¡Realmente fue inesperado!

Como imagine, esta chica es posesiva. Pero no creí que tanto. Deliberadamente, lanzó ese cuchillo con la única intención de herir a Ayano-chan. ¿Habré cometido algún error al tener nuestra conversación? Tal vez sólo cambie un mal hábito por otro.

No, no pasa nada. La diferencia ahora es que el nuevo ‘mal hábito’ es menos asqueroso que el anterior. Eso es todo. Si quiero evitar esta clase de situaciones, tendré que empezar una campaña para lavarle el cerebro a Kiyoshi-chan.

No es buen momento para iniciarla, al menos por ahora.

-Hermanita, cálmate, por favor –Yuuki pone una mano en su hombro para detenerla, pero ella sólo comienza a quejarse.

-¡Onii-san! ¡Que Ayano-san se aparte de mi sempai! –dirigió intención asesina hacia la niña-. ¿Entiendes? ¡Aléjate de él!

-¡Eek! –soltando un gritito aterrado, Ayano-chan saltó del suelo, con los ojos desorbitados de espanto. Se escondió detrás de su hermana mayor, quien sólo podía mirar a Kiyoshi-chan con desaprobación.

Vaya, parece que tendré que ser yo quien controle sus impulsos.

-Kiyoshi-chan…

-¿Cuál es tu problema, niña Yandere? ¡Ayano puede hacer lo que quiera! –sorpresivamente, Tsuruya la reprendió antes de que yo pudiera hacerlo.

Tal parece que todo está saliendo perfecto.

Sin embargo, por alguna razón, el rostro de Kiyoshi-chan se mantuvo sombrío.

-Sempai no lo entiende –murmuró ella, desviando la mirada.

Los cuchillos desaparecieron, mientras la niña se encogía torpemente.

¿Está tratando de esconderlo? No durara mucho.

Simplemente, es clara la situación, al menos para mí.

-Sí, es cierto, no te entiendo para nada –Tsuruya suspiró, irritado-. Tendré que llevarle esa información a Kouri no Hauto-sensei, o se darán cuenta de que estuvimos viéndola.

-Yo me encargo de eso –Radio tomó el pendrive en la mano de Tsuruya, introduciéndolo en la computadora. Varios programas simultáneos aparecieron, incluyendo una barra de carga que se completó en un minuto-. Listo, el virus ha sido borrado. He colocado el archivo original en el pendrive, y guardé una copia en la computadora. Alteré el programa que registra las conexiones para que no se den cuenta de esto.

-¡Que rápido! Eres muy buena en esto, Radio –tomando el dispositivo, el chico lo guardo en su bolsillo. Hizo ademán de levantarse.

-Espera. Aún nos queda tiempo. Hay muchas cosas que tenemos que aclarar –ordené.

Volvió a cruzar las piernas, suspirando. Parecía que estaba completamente molesto.

Tsuruya, Yuuki, Shiro y Kiyoshi-chan estaban en el edificio cuando ese rastro demencial apareció. Si alguien puede saber que sucedió allí, son ellos. Y es necesario averiguar al respecto. No puedo dejar algo como eso suelto por ahí sin hacer nada.

-Comiencen desde que nos separamos. Quiero saberlo todo.

Yuuki comenzó a relatar lo que ocurrió. Cuando llego a la parte donde revelaron la identidad de Uragirimono, no pude evitar sorprenderme.

-¿¡Amano-kun es Pyromancer y Uragirimono!? ¡Maldición! Pensé que él era de confianza por estar en el Grupo E. Tendré que hablarlo con Morimura después.

No le va a gustar, para nada. Saber que hay un traidor en tu Grupo debe ser horrible, y aún peor sabiendo que lo reclutaste tú mismo. Además, Owari no Sensou se caracteriza por su honestidad, este será un duro golpe para él.

Yuuki continuó por como Nonomiya hizo que parte del edificio se derrumbara, y su pelea con Uragirimono. Cuando describió la forma en que Takane-chan asesino a sus subordinados, recordé porque le temía a esa chica.

Su poder era terrorífico, y no sabemos cómo funciona. En el peor de los casos, ella podría matar a cualquier persona en su presencia. Es una amenaza terrible.

-¿Esa acosadora puede hacer eso? –sorprendido, Tsuruya soltó una exclamación-. ¿Qué tipo de entendimiento es ese?

-Hay muchos genios en la Academia últimamente, Tomonori-kun. En los últimos tiempos, Japón está experimentando una generación inusualmente poderosa de entendedores. Y varios de ellos tienen habilidades ciertamente peligrosas –explicó Yuuki-. Sin embargo, lo que me sorprendió fue lo que ocurrió después…

Y allí esta lo que esperaba. Explicó acerca de ese rastro extraño, tan enorme y tan espantoso. Todos los presentes agacharon la cabeza al recordarlo, con excepción de Tsuruya, que sólo parpadeo.

-¿Odio? No recuerdo haber sentido ningún rastro así.

-¿Realmente? No veo cómo es posible, Tomonori-kun. Claramente, el epicentro estaba dentro del edificio. Deberías haberlo notado antes que nadie.

-Yo también lo sentí. Era muy horrible. Y su poder parecía ilimitado.

Kiyoshi-chan estaba de acuerdo. ¿Sólo Tsuruya, quien estaba más cerca, no lo sintió?

Qué extraño. Me suena tan raro que es sospechoso.

-En todo caso, te toca contar lo que paso allí abajo, niña Yandere –sugirió él.

Ante esas palabras, ella se quedó tiesa como una estatua, con su rostro oculto por su cabello largo. Le tomo unos segundos recuperarse, pero aun cuando hablaba se la veía y oía decaída.

Comenzó a contar desde la caída. Curiosamente, el rostro de Tsuruya se puso rojizo otra vez en un par de momentos, pero Kiyoshi-chan escogía muy bien sus palabras, y no dijo nada que realmente fuera vergonzoso.

Sea lo que fuere, lo estaban escondiendo. No importa.

Cuando llego a la parte de Daimondai, Ayano-chan soltó un gritito ahogado, pero se tranquilizó después de que Yamanaka le acaricio la cabeza.

Finalmente, luego de que se separó de Shiro y Tsuruya, habló de cómo derrotó a Nonomiya ampliamente, y lo dejo huir después de que prometió no volver nunca más.

Algo en esa historia no me cierra por completo, pero no es momento para discutirlo.

-¿Entonces puedes hacer armas? –preguntó Tsuruya, maravillado-. ¿Por qué escondiste un poder como ese? ¡Podrías haberlo destrozado el otro día!

-¡No quería mentirle a Onii-san y Mirai-nee! –se justificó rápidamente Kiyoshi-chan-. Pero consideré que tener un as bajo la manga era más importante que mi orgullo.

-Ya lo sabía –acotó rápidamente Yuuki.

-Yo también –añadí.

-¡¿Qué?! –Kiyoshi-chan abrió sus ojos, sorprendida.

Procedí a explicar mis motivos.

-Cuando los traje, noté que sus rastros eran densos. Sabía que tenían cierto tipo de habilidades poderosas, y Yuuki no me decepcionó. Sin embargo, como luego de todo este tiempo no habías mejorado nada, tenía la impresión que nos escondías tu verdadero poder –Kiyoshi-chan se quedó sin habla ante mi declaración-. Pero creí que tenías tus motivos, así que lo ignoré.

-En mi caso, en realidad no noté todas esas cosas que dice Mirai-san, pero sí que ocultabas algo, hermanita. Tienes ciertas señales que no pude ignorar –cómo un buen hermano, Yuuki había llegado a la misma conclusión que yo a través de medios distintos.

-¡Lo siento, Onii-san, Mirai-nee! ¡Pensé que sería mejor si no sabían de mis habilidades! –inclinó la cabeza hasta tocar el suelo con su frente.

Lo entiendo. Ella teme que descubramos a su verdadera yo, sea cual sea.

Sin embargo, como parece ser mejor de lo que yo imaginaba, entonces no hay necesidad de castigarla por eso.

-Eso explica porque tu rastro es tan grande. Yo diría que es la mitad del tamaño de Akire –mencionó Tsuruya-. Y ya que estamos en eso, ¿qué paso con Hanshakaiteki, Mirai-sempai? ¿Lograron deshacerse de él?

-Ah, cierto, no expliqué lo que sucedió.

Veamos, hay varias cosas que no puedo decir, ¿y si hago un resumen?

-Para abreviar: Estaban allí Danger y Hanshakaiteki en pleno combate, además de los subordinados de Nonomiya. Les di una paliza, Danger sacó su arma secreta, y no veremos a ese experto en locura nunca más –murmuré, rápidamente.

-¿Nada más? –preguntó Tsuruya, que hoy parece estar particularmente molesto-. ¿Y no sentiste el rastro misterioso?

-Oh, sí que lo sentimos. Según Danger, había allí cuatro rastros. El primero debía ser de Akire, ¿no es verdad? –el chico asintió-. El segundo era el terrible, el tercero tenía un tinte diabólico, y el último era de Kaminari, el Dios Eléctrico.

-¿Ahora dices que eran dos más? –se quejó nuevamente Tsuruya.

Me dan ganas de darle un puñetazo. ¡Que pesado!

-Ciertamente, había dos rastros enormes y terribles, entrelazados como si fueran uno. El primero era enorme, lleno de Odio, pero… El otro era terrorífico. Estaba tan lleno de maldad que no parecía salido de una mente humana –Yamanaka me ha quitado las palabras de la boca.

Sin embargo, no les diré acerca de las conclusiones de Danger, o la posesión de Koumeisai. No son cosas que deban saber. Podrían asustarse más de la cuenta, o tener un interés excesivo y caer en la trampa de este ente misterioso.

¿Qué habrá sucedido realmente? Quiero saberlo, y lo más rápido posible.

Me tengo que sacar esta curiosidad. Es muy peligrosa.

-Está bien, me toca contar lo que paso –Tsuruya comenzó con relatando como subieron arriba, y encontró a Akire robando el virus.

Cuando menciono la invisibilidad, Kiyoshi-chan puso una objeción.

-¿Sempai ya puede usar un entendimiento? ¡Es muy pronto!

-En realidad, no fui yo, sino la Niña Fantasma.

No le hemos dicho esto a Kiyoshi-chan. ¿Cómo reaccionara?

-¿Niña Fantasma? ¿Hay una chica cerca de sempai? –los ojos rosados se llenaron de cierta emoción particular, volviéndose afilados-. ¿Dónde está?

-Detrás de ti, en realidad –Kiyoshi-chan se dio la vuelta, buscando a alguien, que claramente no podía ver-. Pero sólo yo puedo verla. Tal vez la recuerdes, ella es Rea.

-¿Rea? –su rostro se iluminó de comprensión y temor-. ¡¿Quieres decir ESA Rea?!

-Sí, esa misma –cuando lo confirmé, nuevamente su expresión se tornó oscura. Y, por alguna razón, también la de Ayano-chan.

Un momento… Rea, Kiyoshi-chan, Ayano-chan… ¡Fufufu, Tsuruya, eres muy rápido! Pensar que, en tan sólo este corto tiempo, ya tienes tres… ¡No me quiero imaginar que pasara después! ¿Se convertirá en una orgía de menores de edad?

Hay que llamar a la ONU, ¡pero ya!

Oh, claro, casi lo olvidaba. Ese organismo es una fachada, una inútil además.

-Imposible… No se puede… –murmura Ayano-chan, mientras le corren lágrimas por la cara. Yamanaka intenta calmarla, pero está en un estado inconsolable.

-Contra Rea-san… Competir es inútil… –incluso Kiyoshi-chan comienza a balbucear incoherencias.

Yuuki ignora completamente esta reacción, en apariencia, pero sé que en el fondo está preocupado. Después de todo, la relación afectiva es recíproca.

-¿Qué diablos están haciendo ustedes dos? –preguntó Tsuruya, irritado-. Como sea, continuare con lo demás…

Explicó cómo robo la información, se ocultó del traidor, y todas las dificultades que pasaron. Cuando llego al momento en que casi fue encontrado porque se introdujo en el espacio de tres metros, pero lo impidió usando un Espacio perfecto, todos en la habitación quedamos anonadados.

-Espera un momento, ¿todavía estas usándolo?

Era cierto que ese rastro que envolvía su cuerpo en un radio de tres metros se había desvanecido por completo. No siento ni una pizca en él, como si fuera una persona normal.

-Sí, ¿cuál es el problema?

¿Qué cuál es el problema? ¡Es un novato haciendo un Espacio perfecto cuando hasta hace un par de horas ni siquiera podía sentir rastros!

-La razón por la que no podías captar rastros era porque todavía no se había agudizado tu sexto sentido –expliqué-. Se va despertando de a poco mientras te mantienes en contacto con rastros alrededor. Sin embargo, hay casos raros en donde primero terminan acercándose a uno de tal tamaño que lo despierta a la fuerza, como el de Akire. Incluso así, hacer un Espacio perfecto en esas condiciones… ¿Podría ser lo que pienso? –hagamos una pequeña prueba. Si la pasa, entonces estamos frente a algo interesante-. Cierra los ojos. Usare entendimiento en un objeto particular, y quiero que determines cuál es sólo por su rastro.

Me dirigió una mirada molesta, pero acató la orden.

-Ese de allá –con sus ojos cerrados, señaló perfectamente a su derecha, detrás de Yuuki. Había un reloj de arena rosada que estaba corriendo de abajo a arriba-. ¿Ya pasé esta ridícula prueba?

-Cien puntos. No cabe duda, tienes sensibilidad extrema a los rastros, igual que Koumeisai.

-¿Sensibilidad extrema? ¿Significa que tengo un sexto sentido muy agudo? –se le iluminó el rostro-. ¡Sí! ¡Sabía que tenía algo especial!

-Pero también puede ser una debilidad. Múltiples cantidades de rastros, o uno muy grande, pueden provocarte un colapso mental. Tienes que ser muy cuidadoso con eso, Tomonori-kun –le aclaró Yuuki-. Fíjate lo que ocurrió cuando estabas junto a Akire-sensei. Dijiste que no podías moverte del miedo, pero también pudo haber sido la presión del impacto por ese rastro poderoso, magnificada debido a tu sensibilidad.

-Como sea, continua –ordené. Otro día le explicaremos el resto.

Ya quiero que llegue a la parte donde aparece Kaminari. Necesito respuestas.

-Está bien –comenzó a explicar la habilidad que Akire descubrió en plena búsqueda, la capacidad de generar un radar a partir de su buena audición.

Sin embargo, cuando relató cómo quedó inconsciente, le hice detenerse.

-¿Te desmayaste, y cuando ya te habías despertado, alguien había derrotado a Akire? –eso no sólo suena ridículo, también me parece sumamente sospechoso.

-Y mi mano estaba así –levantó sus nudillos vendados-. Según él, yo tengo personalidad múltiple, mis recuerdos borrados, y soy un agente de Abismo enviado para molestarlo o algo así. ¿No les parece totalmente bizarro?

El tiempo, más o menos, encajaba. Sin duda, ese era el momento en que ese rastro horrible apareció. Sin embargo, la persona que más información nos podía dar al respecto, sólo tenía teorías vagas de un oponente que ni siquiera podía deducir la situación del rival.

Bueno, eso es perfectamente normal, Tsuruya es el anormal.

Finalmente, termino diciendo como fue salvado por Kaminari, incluyendo todo lo que dijo.

-Si, como imaginaba. Él es un mentiroso –afirmé-. Kaminari probablemente sabia de toda esta situación, y también que esta invasión fracasaría estrepitosamente. Nos estaba probando a nosotros, los propios alumnos, para asegurarse de que podíamos defender la Academia sin su ayuda.

-Pero no sabía de Akire-sensei, hasta que vino a investigar el rastro extraño, y se encontró con él –añadió Yuuki-. Como nadie más podía detenerlo, se encargó en persona de eliminarlo. Ni siquiera le importó mostrar su técnica a Tomonori-kun, así que tiene mucha confianza en sí mismo.

-Hablando de eso, ¿en realidad no murió nadie? –preguntó Tsuruya.

-Ni un solo estudiante, aparte de los matones de Nonomiya –aclaré-. Y de los adultos, sólo Chi no Ken, que probablemente fue asesinado por Akire en persona.

-¿Cómo puede ser posible? Digo, el conflicto era muy violento, no hay manera de que no haya heridos graves, ¡y ellos nos superaban en número!

Los razonamientos de Tsuruya son ciertos. Es probable que el estratega oponente pensara cosas similares.

Pero, afortunadamente para nosotros, no conocía a Kouri no Hauto-sensei.

La estrategia fue sublime. Mientras transcurría el combate, las ordenes que Takayama hizo llegar a todos por medio de un telépata fueron ‘Ante heridas poco serias, retirarse inmediatamente’. Por eso, la batalla fue cada vez más unilateral, mientras nuestros reclutas sólo huían y se retiraban, acorralándose en una esquina del edificio de Personal.

Esto era todo parte del plan.

Para empezar, había un mínimo de tropas necesarias para mantener la línea defensiva. Y estuvimos siempre en ese límite. El enemigo probablemente pensó que estábamos huyendo debido a la baja moral.

En realidad, el sensei aprovecho nuestra ventaja más significativa: Shinjinfuka. Si hay algo que nunca debes subestimar, es a un sanador como ella. Probablemente, los atacantes no trajeron ninguno con ellos.

Una y otra vez, pequeñas heridas eran sanadas continuamente. Y como resultado, muchos estudiantes pudieron reunirse en un punto alejado, formando un segundo frente que tomó por sorpresa a nuestros oponentes.

Y cuando se daban la vuelta para contraatacar, un tercero los sorprendió, integrado por los alumnos que se estaban escondiendo en los dormitorios y en los edificios aledaños al terreno. Toda la zona, de hecho, fue comprada por Nosotros como tapadera para la Academia, pero también tiene fines estratégicos.

Este tercer frente estaba liderado por Oni no Sansujin-sha, quien tenía fama de ser sumamente peligrosa si se llegaba al combate físico.

Siendo atacados desde tres direcciones simultáneas, y al darse cuenta de que en un principio eran inferiores en número, eso destruyo su moral. Además, esto coincidió con la llegada de Daimondai, que desequilibró la batalla contra los genios de Ellos por completo.

Con todos estos factores en contra, el comandante dio la orden de retirarse estratégicamente a través de la única vía de escape libre, un agujero en la formación que casi parecía hecho a propósito.

En realidad, era a propósito.

Takayama describió las expresiones del enemigo, en el momento en que lo vieron, como ‘Aterrorizados por completo’. Eso fue porque el viejo Kyojin se les apareció para cortarles la retirada, y con toda su fuerza: Todo el dormitorio masculino, convertido en un golem de diez metros de altura.

Esta técnica es muy lenta, y toma su tiempo, pero el resultado es impresionante.

-Los invasores fueron barridos por completo. Los que huyeron, totalmente desorganizados, ya están siendo cazados por el anillo de guardias de seguridad de Nosotros, que fueron alertados misteriosamente por una paloma mensajera –sonreí malignamente luego de decir eso. Obviamente, yo fui la responsable-. ¡Nadie ataca nuestra escuela y vive para contarlo!

-¿Ah? No lo sabía –murmuró Tsuruya-. Mirai-sempai es inesperadamente sanguinaria y vengativa. ¿Segura que no quieres ser la comandante de un ejército?

Sin un instante de duda, tomé el cuello de su uniforme, y lo atraje hacia mi tan rápido que parecía una escena de ‘beso repentino’.

Sin embargo, no tenía nada que ver con eso.

El objetivo era ponernos tan cerca como para que él pudiera sentir mi aliento en su nariz. Obviamente, no perdí atención de cómo Ayano-chan y Kiyoshi-chan se sobresaltaron.

-¿Decías algo? –puse una sonrisa extremadamente tensa.

-¡Nada! ¡Nada en lo absoluto! –lo solté, arrojándolo hacia atrás.

-Muy bien. Volviendo al tema, el enemigo fue aplastado. Lamentablemente, Kurai Sora convoco una espesa neblina que ocultó el escape de él y sus genios aliados –palmeé el hombro de Yuuki-. Afortunadamente, alguien capturo efectivamente a Pyromancer, así que podremos interrogarlo y averiguar sus identidades.

En realidad, hay algo más que me molesta. Takayama mencionó que, durante un minuto, el grupo de genios de Ellos pudo predecir los movimientos de los maestros; cosa que aprovecharon para huir.

Incluso las tácticas de Kouri no Hauto-sensei fueron predichas.

No sabemos cómo lo hicieron. ¿Tendrán algún otro as bajo la manga? Esperemos que haya sido temporal. Si no es así, tenemos un misterio que resolver.

-Podríamos decir que el asunto del ataque a la Academia Jikû ha quedado zanjado, ¿verdad? –propuso Radio.

-Casi. Aún hay una última cosa que debemos aclarar.

Dirigí mis ojos a Tsuruya, lo cual provocó que se sobresaltara ligeramente. No es extraño, hace un momento fui un tanto violenta, algo necesario para disciplinar a los novatos engreídos.

-¿Puedes deshacer tu Espacio un segundo? Hay algo que debo confirmar.

Tsuruya obedeció casi instantáneamente.

De inmediato, su rastro reapareció, regándose por todo el lugar. Ya que había un Espacio añadido a la insonorización, no escaparía de este cuarto.

-Enorme –señaló Yuuki-. Como mínimo, está al nivel de un especial de segunda clase, ¿verdad?

-Yo diría que de primera –señaló Yamanaka-. Dependiendo del Tipo, claro está. Si es un Tipo Mental, tiene sentido que sea así de grande y denso.

-¿De qué están hablando? –preguntó Tsuruya. Es evidente que no comprende nada.

-Tienes mucho talento, sempai –le felicitó Kiyoshi-chan.

Se podía notar un levísimo rubor en sus mejillas.

-¿De qué estás hablando? ¡Ni siquiera puedo hacer una barrera!

-Tsuruya, aún no sabes nada. Hay cuatro Tipos de entendimiento distintos. No es una clasificación oficial, pero es ampliamente conocida y usada –comencé a enumerar con mis dedos-. Primero, los Tipo Material; nuestro entendimiento nos permite controlar objetos; somos los más comunes en el mundo, un 45% de la población mundial. Luego están los Tipo Corporal; ellos controlan los cuerpos físicos, son el 25%. En tercero, los Tipo Elemental, que manipulan fuerzas de la naturaleza; son el 20% del mundo. Y, finalmente, están los Tipo Mental; ellos manipulan las mentes de sus objetivos; son los más raros, sólo representan el 10%.

-Como la mitad del mundo es Tipo Material, el programa de la Academia se enfoca en ellos –continuó Radio-. Por eso, el primer objetivo para los novatos es hacer barreras, que son la especialidad de los Tipo Material. Como te darás cuenta, todos en esta habitación, a excepción de ti, somos de ese Tipo.

-Los rastros vienen del cerebro cuando se usa entendimiento. Por eso, se los considera de Tipo Mental –acabó Yuuki.

-¿Eso quiere decir que soy Tipo Mental? –comprendió finalmente Tsuruya-. Akire me llamó así un par de veces. Supongo que él era un Tipo Corporal, ¿verdad?

-Lo has entendido –confirmé-. Cada uno tiene diferentes afinidades con los Tipos. Habrá uno que será el mejor, claramente, y otro en el que eres malo. Incluso si entrenas arduamente tu peor afinidad, tu avance será lento, y nunca obtendrás los mismos resultados. Kiyoshi-chan, ¿cuál es tu peor afinidad?

-El Tipo Mental, Mirai-nee –afirmó ella.

-¿Puedes liberar tu Espacio un momento para dar una demostración?

-Claro –lo deshizo inmediatamente.

-¿Eh? ¡Tu rastro apenas cambio! –señaló Tsuruya.

Efectivamente, el Espacio de Kiyoshi-chan sólo retiene una fracción pequeña de su rastro. Por eso tuvo que evitar completamente el uso de su técnica real para esconderlo.

-Y eso que lo entreno diariamente –murmuró ella, algo decaída-. Que sempai pueda hacer un Espacio perfecto es sorprendente. Creo que nunca llegare a ese punto de maestría.

-En realidad, Tomonori-kun, ese es un logro enorme. Veras, yo sólo puedo contener un parte de mi rastro, y eso que el Tipo Mental es mi segunda afinidad. La hazaña que conseguiste es magnífica. Quién sabe, podrías ser un genio –dijo Yuuki.

-¿¡Es en serio!? –Tsuruya está bastante sorprendido, y es natural.

Es una enorme coincidencia que pueda haber encontrado a mi tercer genio en diez años…

¿O será acaso obra del Destino? Nunca podremos saberlo.

-¡Felicidades, Onii-chan! –Ayano sonrió nuevamente.

Una hermosa sonrisa, que rara vez aparece. Es una verdadera lástima.

-Eh, bueno, gracias –el rostro de Tsuruya cuando esta apenado es interesante.

¿Acaso acabo de encontrar su debilidad?

-Pero, a todo esto, ¿entonces el entendimiento de Kaminari es tan fuerte? Si no malinterpreto todo lo que hizo, puede convertir su cuerpo en electricidad. No sólo sirve para trasladarse por la red eléctrica, también le permite esquivar ataques de medios conductores. Es probable que sea inmune a cualquier cosa que conduzca electricidad, incluido el cuerpo humano. ¿Eso cuenta como Tipo Corporal o Tipo Elemental? –preguntó.

-Ambos. Una cosa es aprender como dominar otros Tipos, y otra muy distinta son las técnicas combinadas. Probablemente, él es un Tipo Doble, que puede usar los dos Tipos Elemental y Corporal simultáneamente –me puse a pensar en las implicaciones de eso. No sólo tiene un poder de ataque terrible, sino también una táctica cuerpo a cuerpo. ¡Es riesgoso alejarse, pero aún más estar cerca!-. Uragirimono también es un Tipo Doble, ¿no es así, Yuuki?

-Así es, Mirai-san. Haruka-kun no sólo podía producir fuego, también lo manipulaba a conveniencia. Claramente es un Tipo Elemental-Material. Como notaras, Tomonori-kun, el mundo del entendimiento es más complejo de lo que imaginabas.

-¿Complejo? ¡Si me hubieran dicho cualquiera de estas cosas antes, hubiera sido mucho más fácil! –se quejó él, cruzándose de brazos-. ¡Gracias por ayudar a casi matarme!

-Todo salió bien, no hay razón para quejarse –remarque el ‘no’ con una mirada asesina-. Ahora mismo, lo siguiente que tenemos que hacer es entregar la información secreta. Y luego dejaremos que los altos mandos discutan y hagan sus estupideces típicas, mientras nosotros volvemos a la normalidad.

-¿No querrás decir a la anormalidad? ¡En este lugar, todo el mundo hace lo que se le da la gana! –este chico está a punto de hartarme. ¡En serio, es irritante como discute todo!

¿No puede comprenderlo por sí mismo? ¡Se lo tendré que decir para que cierre la boca!

-¡Esa es la premisa de la Academia! –le grité, a ver si ahora se deja de molestarme-. ¿Has visto cómo está la situación? ¡Todo el mundo puede hacer lo que quiera! La única razón de que haya alguna regla que los mantiene tranquilos, es que la mayoría no se da cuenta de ello. ¡Son tan idiotas, y están tan perdidos en las nubes, que ni lo notan!

La boca de Tsuruya pasó a ser la de un pez, literalmente.

Luego, sonrió muy diabólicamente.

¡Si llega a aparecer un pervertido con esa cara en mi habitación, de noche mientras duermo, me daría el peor susto de mi vida!

Y luego, fijó que lo mato. Con mucho dolor.

-Espera un minuto… Quieres decir que si, hipotéticamente, me pusiera unas bragas en la cabeza y saliera a correr desnudo por el patio agitando una bandera en llamas… ¿Puedo hacerlo? ¿Nadie se quejara?

-Por supuesto, Tomonori-kun. No hay reglas en lo absoluto –aclaró Yuuki, ante esa pregunta realmente estúpida-. Si quieres, puedo conseguirte las bragas. ¿Tienes unas de sobra, Kiyoshi?

Esta pregunta, todavía más idiota, hizo que Kiyoshi-chan se quedara helada. Sus mejillas se pintaron tanto de rojo que su cabello podría incluso teñirse en cualquier momento.

-Si Onii-san y sempai lo piden… ¡Entonces está bien! –comenzó a ponerse de pie, mientras deslizaba las manos por debajo de su falda…

-¡Lo decía hipotéticamente! ¡No era en serio! –chilló Tsuruya, pero no parecía que lo dijera por timidez. Más bien, trataba de evitar una escena que me diera excusa para darle una paliza ejemplar-. Además, ya hubo suficientes problemas hoy, no es momento para comenzar otro asunto que trastorne la situación.

Solté un chasquido de lengua, demostrando mi irritación.

-Ten presente, Tsuruya, que incluso si puedes hacer una estupidez, yo tengo permitido también destrozarte la cara para arreglar lo que este mal en tu cerebro –señalé. Espero que lo entienda-. En todo caso, para eso se creó la BACUCE, para controlar a los locos que intentaran hacer esa clase de cosas. Sin embargo, es claro que tenemos muy poco poder. Y todo es culpa de los anteriores directores, que apoyaron este sistema sin sentido. Si plantas una semilla podrida, crecerá algo podrido, ¿no creen?

Yamanaka y Tsuruya asintieron, entendiendo perfectamente mi punto.

-¡Si plantas una semilla podrida, no va a crecer nada! –discutió Kiyoshi-chan, sin entender a lo que me refería, haciéndonos soltar un par de carcajadas.

Ella realmente tiene esos momentos en los que te das cuenta de que sigue siendo una niña consentida. Se ve adorable. Dan ganas de comértela.

Tsuruya, ni te atrevas a ponerle una mano encima.

Yo apenas me resisto, así que sé que debe estar muy tentado.

-Es hora de que regresemos. El viejo Kyojin ya debería haber reconstruido los dormitorios. Llevare a Shiro allá, y te esperaremos, Tomonori-kun. Buena suerte –con estas palabras, Yuuki tomó de la mano al chico albino, y salieron volando por la ventana.

Tsuruya miraba la escena con una expresión extraña, como si quisiera decir algo.

-Esto… Mirai-sempai… ¿Sabes algo sobre Shiro? –de improviso, salió con una pregunta extraña-. Quiero decir, sé muy poco de él. ¿De dónde vino? ¿Qué busca?

¿Eh? ¿Por qué esa pregunta? En general, Shiro es prácticamente parte del decorado de las habitaciones. Por lo menos, es callado y obediente, muy fácil quererlo.

Ahora que recuerdo, no le pregunté nada. Estaba tan quieto que me olvide de su existencia. Aunque, igualmente sería inútil pedirle que explique algo, nos ignoraría.

-Es curioso que preguntes eso. En realidad, no sabemos nada sobre él –aclaré-. Lleva en el Grupo S más tiempo que yo, y antes de eso, fue abandonado en un bosque de bebé. Todo lo que ha dicho del pasado es que vio a Rea en su cuna, y por alguna razón recuerda algo como eso, pero no ha querido hablar sobre sus padres. Y, como habrás notado, es una persona de pocas palabras.

-¿Desde antes que tú? ¿No llevas diez años como entendedora, Mirai? –preguntó Radio, bebiendo algo del té de Ayano-chan, mientras un reproductor de música comenzaba a pasar canciones automáticamente, sin decidirse por ninguna.

-Tampoco sabemos su edad. Nosotros han estimado que tiene unos quince años –añadí.

-Sempai debería llevarse bien con él, ya que ambos son del mismo Tipo –comentó Kiyoshi-chan, acercándose sigilosamente a Tsuruya sin que esté la viera.

Se puso a… ¿Esta oliendo su nuca? Es lo más normal que se me ocurre. No querrán saber qué otras cosas se me vinieron a la cabeza.

-Tipo Mental, comunicación telepática con los animales –murmuró él, pensando en algo nuevamente-. ¿Podría tener algún truco? ¡No se me ocurre nada!

-¿De qué estás hablando, Onii-chan? –también Ayano-chan aprovechó la menor oportunidad para acercarse sigilosamente.

Ambas niñas intercambiaron una curiosa mirada desafiante, aunque la de Kiyoshi-chan tenía intención asesina, y la Ayano-chan estaba temerosa.

-En realidad, no es nada –murmuró Tsuruya-. ¡Ah, lo acabo de recordar! Mirai-sempai prometió decirme su nombre si salíamos vivos de esto. Así que, ¿cuál es?

Otra vez esa sonrisa de Pedo-bear. ¡Qué miedo! ¡Y que ganas de bajarle los dientes!

¡¿Cómo se le ocurre preguntar eso en este mismo momento?! ¡Realmente, no debería siquiera recordar eso! Sólo les quería dar un incentivo para que volvieran vivos, pero no imagine que este chico pérfido pensara en semejante forma de humillarme.

Sin embargo, una promesa es una promesa. ¡Tendré que decírselo! Maldita sea… Lo haré rápido para que no llegue a escucharlo.

-Kirisaki Ruri –murmuré, tan bajo como me atreví.

Claramente, Tsuruya no pudo haberlo oído, así que estoy a salvo…

-No seas tan egoísta, Mirai-nee.

¿Me está reprendiendo Kiyoshi-chan? ¡He caído muy bajo!

Mirai-san tiene tanta vergüenza que rompe su promesa con Onii-chan!

Incluso Ayano-chan… ¡Diablos! ¡Simplemente no puedo decirlo, es muy vergonzoso! ¡Odio que todo el mundo tenga la misma reacción cuando lo escuchan!

-Su nombre completo es Kirisaki Ruri –reveló Radio, apuñalándome por la espalda.

¡Esa es una jugada traicionera! ¡Eres una completa Judas! ¡Tu fechoría es comparable a la traición de Akechi Mitsuhide! ¡Muy mala amiga! ¡Sekai estaría celosa de ti!

-¿Ruri? ¡Ese nombre es muy lindo! –de alguna manera, se las ingenió para esquivar mi gancho que iba directo a su cabeza. Mostrando una sonrisa arrogante, comenzó a burlarse de mí-. Y pensar que a Mirai-sempai le avergüenza tanto que sepan su lindo nombre… ¡Eso es muy tierno!

Tsuruya… ¡Acabas de grabar tu epitafio! ¡Comienza a correr, insecto bastardo, porque si te atrapo te matare!

-¡Cállate! ¡Te arrancare la piel a tiras! ¡Discúlpate ahora mismo! –salté sobre él, pero me esquivo, y repentinamente se desvaneció en el aire.

-¿Cómo quieres que me disculpe sin hablar? La Niña Fantasma y yo iremos a entregar el pendrive, así que todavía no puedes matarme –su voz se escuchaba alejándose, junto al sonido de pasos rápidos. ¡Está huyendo!-. ¡Nos vemos después!

¡Ese condenado chico! Al parecer, los rumores de que los Tipo Mental son de la gente más extraña, molesta y anormal son ciertos. ¡Espera a que te atrape, y ya verás!

-Bueno, yo tengo que irme, Mirai-nee. Hay algo que tengo que hacer…

Con una sonrisa que se notaba culpable, Kiyoshi-chan abandono la habitación. ¿Algo que hacer? Tengo que vigilar a esa chica. Seguramente, sea algo que no aprobare.

Sin embargo, antes de que pudiera comenzar a pensar que cosa podía ocurrir, una paloma mensajera entro por la ventana. Cargaba un papel, y estaba marcado en rojo, señal de que era urgente.

En cuanto lo leí, ahogué una exclamación.

-¿Mirai? –preguntó Yamanaka. Le pase la nota, y ella también se sorprendió-. Esto significa… Que siempre nos tuvieron vigilados. ¡Maldita sea! ¿Cuánto crees que sepan?

-No lo sé. Sin embargo, esto puede ser el comienzo de algo muy peligroso.

No puedo creerlo. Pensar que esa persona, en realidad, ocultaba tan bien semejante secreto sin que lo supiéramos. Aún más que Uragirimono, nos engañó a todos.

-¿Eh? ¿Qué sucede? –preguntó Ayano-chan, asustada por la nueva atmósfera, repentinamente negativa.

No la culpo. Estamos en una situación horrible. En el peor de los casos, información de todas nuestras habilidades se ha filtrado a Ellos. Y lo que es peor, incluso podrían haber descubierto puntos cruciales de nuestras personalidades.

¿Cuántos traidores más están entre nosotros?


(Cambio de Narrador: Rea)

Esa persona ingresó rápidamente a una casa particular, vigilando alrededor.

Está buscando a posibles perseguidores. Sabe que lo estaban siguiendo, pero logró escabullirse gracias a su habilidad específica. Como es un Tipo Mental experimentado, su Espacio es magnífico. Y posee una técnica terrorífica, que si bien no tiene capacidad de combate, puede alterar el transcurso de cualquier enfrentamiento.

Es un entendimiento que permite leer la mente.

Bueno, no es exactamente eso. Leer la mente es algo tan avanzado, que incluso aquellos con esa habilidad tienen muchas condiciones para usarla, además de su extrema dificultad.

No hay nada tan complejo como la mente humana.

El entendimiento de esa persona, en realidad, tiene una base diferente; pero a través de mucho estudio y práctica, logro aplicarlo de esta manera. Y no sólo consiguió usarlo en muchas personas en la Academia Jikû, incluso se apropió de material importante.

Un trabajo de espionaje muy hábil. Apenas me entere, vine aquí a buscarlo.

Por eso le estoy siguiendo. Tengo que esperar al momento indicado, y modificar cualquier documento en el que Tomonori aparezca. No puedo dejar que sea un objetivo. Y, aunque su habilidad le permite averiguar perfectamente si lo están siguiendo, no funciona si no es capaz de ver a su objetivo.

Así que en mí, es inútil.

Para empezar, él es un Despierto, nunca me ha visto. Y la única persona en este mundo que puede verme es Tsuruya Tomonori.

Luego de tocar el timbre de manera extraña, probablemente una clave, se abrió la cerradura electrónica de la puerta. Él ingreso, conmigo detrás, y sólo se quedó parado en la entrada un instante.

Escuche un sonido curioso venir de las paredes. Cuando revise, descubrí unas máquinas que estaban analizando su rostro, contextura física, vestimentas, y rastro. Luego de que acabaron, sonó un pequeño timbre, como si hubiera aprobado.

Una persona apareció en el umbral.

-Lo siento por las maquinas, pero ya sabes, nunca se está demasiado seguro. Los de arriba querían que tuviéramos un cuartel bien provisto –declaró Kurai Sora.

Es un joven alto, de cabello ceniciento y brillantes ojos amarillos. Su cuerpo es alto y delgado, pero está en forma, además de ser ciertamente guapo. Debe tener la misma edad que Mirai. Aún continúa vistiendo el traje negro ceñido.

-Sí, lo sé –murmura la persona que estoy persiguiendo. Tiene el cabello rojo, ojos de tonos anaranjados, ambos dan la impresión de estar en llamas. Su peinado es del estilo punk, remarcado por su ropa, aunque eso es un disfraz-. Yo hubiera hecho lo mismo. ¿Cómo están los demás?

-Bien, dadas las circunstancias. Trickster tiene una torcedura de tobillo, pero se recuperara pronto –suelta un suspiro-. Todo salió mal. ¿Cómo hubo tantos fallos?

-Ya verás. ¿Y el resto?

-Por aquí –indicó el muchacho alto.

Ambos pasan al cuarto principal. Es un extenso lugar, aunque sin ninguna decoración, algo normal considerando que todos son varones y este es un refugio que podrían abandonar mañana.

Allí están esperando dos personas más, sentadas a una mesa, bebiendo té: Un chico serio, delgado y pálido, con un largo cabello negro petróleo, que parecía de la misma edad que Tomonori, mirando todo fríamente con unos ojos de un sorprendente verde oscuro; y un niño de unos diez años, de ojos violeta claro y cabello castaño oscuro, observando al recién llegado con evidente timidez.

Si no me equivoco, ellos son FrostSnow y Motto Tsuyoku, los genios de Ellos.

-¿Es él entonces? ¿Nuestro contacto? –preguntó el muchacho de melena negra-. ¿Cómo era su alias?

-No me dieron uno. Pero ya me acostumbre al de la Academia. Pueden llamarme Owari no Sensou.

Si, así es. Tal vez lo recuerden. Él, la persona a la que he seguido, es en realidad un infiltrado de Ellos que ha estado en la Academia por años. Y su nombre es…

Morimura Kengo, el líder del Grupo E.

Era parte de una estrategia a gran escala, largamente planeada. Tomaron a un niño de diez años, de quien poco sospecharían, y le dieron la misión de entrar en la Academia Jikû. No falsificó nada, ni su nombre, ni sus habilidades, ni su historia. Incluso fue mayormente sincero con su personalidad. Todo para ganarse la confianza de Nosotros, y lo consiguió.

Lo que si escondió fue su misión, y el punto al que llegaba su talento.

Todos en la Academia creían que su poder es ‘leer el rastro del oponente’. Una habilidad que le permite entender el estado de ánimo de una persona a través de su rastro, causando que sea capaz de ver los sentimientos del rival.

Sin embargo, Kengo es un genio, y su verdadera técnica esta un paso más allá. Eso fue lo que oculto, y muy bien lo hizo.

Con su verdadero poder, con sólo hacer contacto visual con el rostro de alguien, es capaz de percibir sus emociones. Todas. Desde la ira a la tristeza. De esta manera, incluso una pequeña reacción puede ser anticipada.

Es una forma de leer la mente de manera indirecta. Así fue como predijeron los movimientos de Kouri no Hauto, ya que Kengo estaba a su lado en un cuarto de observación durante la batalla.

Hasta ese punto confiaban en él.

En realidad, yo sólo sé todo esto porque leí su mente. No, no fue un método indirecto. Utilice un entendimiento que lee la mente, recuerdos específicos, con gran detalle. Me tomó 50 años desarrollar la teoría, y dos siglos más aplicarlo exitosamente, y sólo porque soy una experta en el campo.

Soy algo… Particular.

-¿Quieres decir que han descubierto tu identidad, Sensou-san? –preguntó el niño, sorprendido por su apariencia.

Para ser el genio Motto Tsuyoku, se veía bastante débil. Con razón no es un agente de combate. Sus manos conservaban un leve temblor, como si tuviera miedo de algo.

-No exactamente. Hice un mal movimiento –Kengo se sienta a la mesa, apoyando su codo sobre ella, y la mejilla sobre su puño. Suelta un gruñido animal, sobresaltando a Motto Tsuyoku-. Me dieron la orden de buscar un método para liberar a Pyromancer, pero cometí un error estúpido. Vi una oportunidad donde no la había, y resultó en que hubo una ligera sospecha sobre mí. Y, justamente, Kouri no Hauto de alguna manera se dio cuenta de que sus documentos fueron movidos. Una mala combinación, así que tomé todo lo que pude rescatar, y hui a este lugar.

-¿No te siguieron? –preguntó FrostSnow, aunque su rostro permanecía desinteresado.

-Sí, lo hicieron, pero los perdí a las tres calles. ¿En serio creían que podían seguirme? Sólo mire atrás una vez, y me di cuenta de que tenía a seis detrás mío. Después, fue fácil.

-Un buen trabajo. Nos hacía falta un Tipo Mental en el equipo –murmuró Kurai Sora-. Ya teníamos mucha fuerza bruta, entre FrostSnow, Pyro-kun y yo.

Sora-san, no digas esas cosas! ¡Suena como si fueras a abandonar a Pyro-san! –exclamó el niño, muy alterado.

-¡No lo vamos a abandonar! Hablé con los altos mandos. Hay una manera de sacarlo.

Quien dijo todo esto fue un recién llegado, que literalmente se materializo en medio de la sala, sentado a la mesa. Kengo se sorprendió, saltando a un costado, pero los demás ni se inmutaron. Incluso Motto Tsuyoku, que claramente es una persona muy nerviosa, ya estaba acostumbrado.

Se me pusieron los pelos de punta.

No puede ser. ¡No puede ser! ¡Es imposible!

¡¿QUÉ HACE ÉL AQUÍ?!

Si él ve su nombre… Algo malo pasara. ¡No puedo dejar que vea su nombre!

-¿En serio? Parece que Nosotros es más indulgente que Ellos –Kengo se tranquilizó, luego de darse cuenta de quién era.

En esta ocasión, se refirió a las organizaciones de manera opuesta a como lo han hecho los chicos de la Academia. Si, sé que es confuso. Llevan seiscientos años causando problemas en torno a sus nombres. No es que me preocupe, realmente, el nombre es lo de menos.

Lo terrible son las cosas que hacen. No importa lo que haga, nunca pude impedir que pasaran todas esas cosas. Me odio por ser tan inútil.

Y aun así, sigo causando dolor al mundo.

Soy un árbol envenenado, que sólo cosecha frutos ponzoñosos.

-Alguien en los altos mandos aceptó que enviarnos a esta misión fue un desastre desde el comienzo. No tenían a Hanshakaiteki en buenos términos, en primer lugar. Y atacar la Academia nunca fue una verdadera prioridad –comenzó a hablar el recién llegado-. Afortunadamente, parece que él no tuvo un buen resultado en su venganza contra Danger. Y nuestro patético estratega fue completamente incapaz de competir con Kouri no Hauto. Por eso, ya tenían planes de contingencia listos. No hay nada que podamos hacer, por ahora, salvo esperar a que finalicen las negociaciones. ¿Te dieron la orden de garantizar nuestra retirada?

-Sí, así fue. Logre salvar a cuatro de cinco, no está mal. Lo malo es que arruiné mi cobertura –Kengo miraba hacia el suelo, frustrado-. Ocho años a la basura. ¡Qué hermosa vida! ¡Si, preciosa de veras!

-No te lo tomes tan mal. ¿Acaso no lograste lo que querías? –Kurai Sora puso una mano en su hombro para tranquilizarlo-. Hemos escuchado de ti. Tu familia no sabía nada, ¿verdad? Recibían el apoyo económico de Ellos, mientras Nosotros suministraba los favores políticos. Hiciste muchos sacrificios para darles un sustento. Eres un verdadero hombre.

-Sí, ya lo sé, pero al final fue en vano, ¿lo sabes? –Owari no Sensou soltó una carcajada irónica-. Un simple incendio, y todos…

-Bienvenido al club –interrumpió FrostSnow, con un comentario oscuro.

La atmósfera se tornó muy sombría.

-Tratamos de no pensar en eso –concluyó Kurai Sora-. ¿Y bien? ¿Qué era ese rastro? No se parecía a nada que hubiera visto antes.

No necesito ni explicar a que se refieren, ¿verdad? Es evidente.

-No tengo la menor idea. Estuve allí por ocho años, y es la primera vez que ocurre algo similar. El epicentro fue el edificio de Archivos, probablemente cerca del Depósito 9. Tengo entendido que, quien fuera, destrozó a Akire por completo –reveló Kengo, malhumorado. Arrojó al suelo una hoja de papel-. Estos son los inscriptos de los últimos tres meses. Hay una alta probabilidad de que este allí. Si no, quiere decir que tienen algún arma secreta de la que no han hablado.

Ninguno le prestó demasiada atención al documento, así que me apresure a mirarlo.

Como me lo temía, su nombre está aquí, al final de la lista. Tengo que trabajar rápido y ser cuidadosa, para borrarlo por completo. Si ninguno de ellos mira en esta dirección, sería ideal.

-En serio, ¿quién diablos puede tener un rastro como ese? –se quejó Kurai Sora, revolviendo en una bolsa de papas fritas-. Parecía como un monstruo. Y por el tamaño, se deben de haber enterado todos los entendedores del país. Muy pronto tendremos a los Ishida metiendo la nariz en todos lados.

-Por lo que tengo entendido, el nuevo cabeza de familia tiene una personalidad paranoica, especialmente con su hermanita –habla FrostSnow, que no está bebiendo té, sino una lata de refresco. Y hasta parece que uso su poder para ponerla a su temperatura ideal.

-Yo también la tendría, de ser ella mi hermana menor –Morimura Kengo soltó unas risas, mientras miraba al techo-. Recibe dos docenas de cartas amorosas cada día, tiene al menos veinte acosadores, y la invitan a quien sabe cuántas citas a diario. Y a todo eso, ella sólo dice cosas como ‘Son muy traviesos’. Es tan indefensa, que de no ser por esas amigas suyas y el miedo a su familia, ya habría sido secuestrada.

-Parece que ya extrañas ese lugar, ¿no es así? –preguntó el niño, para luego encogerse, como si quisiera desaparecer lo más posible.

Créeme, ser invisible no es nada agradable.

-No era un mal sitio. Sólo algo descontrolado.

-Eh, y… ¿Qué talla de sostén usa exactamente? –el recién llegado, primero que nada, pone una sonrisa lasciva y hace una pregunta pervertida.

Trickster, esa pregunta ha sido lo más estúpido que has dicho en todo el día –señaló Kurai Sora-. Pensé que, al menos, podías pasar veinticuatro horas sin llegar a ese nivel de idiotez.

-No te quejes, Sora. Todo típico adolescente tiene derecho a preguntar eso, ¿no? –contraataco Trickster, robando una de las papas fritas de su compañero.

-En realidad, Trickster, tengo entendido que es al menos F. Y eso sólo por sus acosadores, no pienses mal de mí, no soy un adolescente típico –replicó Kengo cínicamente.

-¿En serio? ¡Qué par de melones! ¿No es tu tipo, Sora?

-Ya deja de molestarme, ¿quieres?

Mientras continuaban con su conversación pervertida, modifiqué el documento. El nombre de Tsuruya Tomonori fue completamente borrado. Y sin ningún rastro.

Ahora, no podrán saber de él, a menos que se saque alguna otra información de encima. Aún es posible que oculte más papeles bajo su chaqueta. Todavía me preocupa que Trickster pueda leerlos.

Eso sería desastroso.

-¿Qué haremos ahora? –preguntó Kengo, todavía decaído.

-Tenemos un presupuesto para las próximas dos semanas. Mientras nos atengamos a él, podemos hacer lo que queramos –respondió Trickster, sonriendo maliciosamente-. ¿Les muestro un buen cabaret?

-¡NO! –respondieron Kurai Sora, Owari no Sensou y FrostSnow, todos a la vez.

-Preferiría ir a algún sitio tranquilo. Una región apartada, sin demasiada gente –sugirió Motto Tsuyoku, retorciéndose las manos. Sus orejas habían enrojecido ante el comentario del cabaret-. Algún lugar sin conflictos a punto de estallar.

Todos hicieron silencio un momento, probablemente pensando en su propuesta.

Finalmente, Trickster habló.

-Estoy de acuerdo. El verano sigue diciendo que todavía no quiere acabar en los próximos días. ¡Vámonos de vacaciones! –se teletransporto encima de la mesa, haciendo un gesto extraño con el puño en alto-. ¡Los Poderosos Cinco iremos a buscar chicas!

Trickster, tu tobillo…

La advertencia del joven pálido llego un poco tarde. El chico sobre la mesa apoyo su peso en su pie lastimado, causándose mucho dolor, y cayendo de espaldas.

A media caída, desapareció nuevamente, para reaparecer recostado en el suelo.

Kengo dio un largo suspiro.

-¿Siempre es así? –preguntó, con expresión muy irritada.

-Créeme, a veces es todavía peor. Tenemos suerte de que este con la moral baja –le respondió Kurai Sora-. Está enfadado porque no pudo desenmascarar a Daimondai.

-¡Ese sujeto es extraño! ¡Cuando lo pateé, se movió de una manera incomprensible! –se quejó Trickster, sujetando su tobillo torcido-. ¡Hay algo muy raro en él!

-¿Además de su vestimenta, su entendimiento, y que mide casi tres metros de altura? –ironizó Kengo-. De todas formas, estuve investigándolo. Logre reducir la lista a cincuenta personas –extrajo otro documento de su bolsillo.

-Esas son muchas –se quejó FrostSnow, revisando los papeles.

Yo estoy lista, mirando sobre su hombro, pero el nombre de Tomonori no está, así que no tuve que hacer nada.

-¿Prefieres volver a veinte veces esa cantidad? –replicó Owari no Sensou.

FrostSnow ignoró ese comentario, arrojando el documento a la mesa.

-Yo prefiero un analgésico –murmuró Trickster.

Motto Tsuyoku le alcanzo un frasquito diminuto, que apenas parecía contener un par de gotas, con un poco de rubor en sus orejas.

El temblor de sus manos desapareció en ese momento, y no regreso.

Apenas Trickster lo bebió, se puso de pie rápidamente, con una sonrisa.

-¡Como nuevo!

-¡No se ha curado todavía! ¡Si sigues usando el tobillo, sólo lo dañaras más! –lo amonestó el niño-. ¡Siéntate y descansa!

-Como quiera, doctor –el chico se sentó de nuevo, provocando más enrojecimiento en las orejas de su compañero.

-¿Podemos hacer cualquier cosa? Hay un par de lugares donde me gustaría ir, pero me temo que después de este incidente haya una seguridad excesiva en toda la ciudad –murmuró, preocupado, Kurai Sora-. Lo siento, Owari no Sensou, pero será mejor que permanezcas escondido, incluso si nos acompañas.

-Me da igual.

-Oigan, ¿y qué hay de ese anuncio? –Trickster desapareció un instante, para luego volver con un folleto, que desplegó sobre la mesa-. Alejado de la ciudad, no es muy caro, y tendremos desde un descanso hasta chicas. ¡Es perfecto!

-Tendrías que tomarte unos días en la escuela –señaló Motto Tsuyoku.

-¿Vas a una escuela? ¿Una normal? –preguntó Kengo, sorprendido-. Incluso con tu entendimiento, es riesgoso. Si descubren tu cara, tu vida se acabó, ¿lo sabes?

-No hay cuidado. Nunca falto a las misiones, pago mis propias cuentas, y hago amigos. ¿Les conté de ese chico de primer año? Todos siempre dicen que es callado, y se la pasa aburrido todo el día, pero he notado ciertas cosas sobre él…

Trickster comenzó a relatar varias cosas sobre esa persona, incluyendo algunas anécdotas.

La vez que se metieron a una casa embrujada, y estaba muerto de miedo, pero su compañero incluso desafió a los fantasmas, aunque no apareció ninguno.

La vez que les jugaron una broma a los matones, y los mandaron al hospital, cosa que sólo hizo reír a su amigo.

También hicieron hechizos a media noche, pero nunca ocurrió nada.

Fueron a convenciones de anime, disfrazados con cosplay. Y aprovechando que llevaban mascara, espiaron en el baño de mujeres.

Ese amigo suyo es una persona muy extraña… ¿Estará hablando de quien yo creo?

-Suena como una persona interesante –le felicitó el niño.

Entonces, Trickster comenzó a reír de una manera aterradora.

-Ten cuidado, Motto. Si ese chico te ve, podría pensar que eres una chica. No quiere admitirlo, pero es obvio que es un lolicon cuando lo conoces –sus risas asustaron a Motto Tsuyoku, que se encogió todavía más-. ¡Incluso cuando lo atrapé mirando ciertos mangas muy delatores, lo negó! ¡Es tan gracioso! Por alguna razón, no ha venido en la última semana. Tendré que preguntar que le paso.

-Lindo amigo –murmuró FrostSnow.

-Tomonori-kun es un buen chico, no lo malinterpretes. Es sólo que siempre se lo ve aburrido, como si deseara vivir en un anime. Si le dijera la verdad, ¿no creen que se quedaría maravillado?

Sí, me lo temía. ¡Está hablando de él!

-Si sólo le muestras tu color de cabello real, sería suficiente –señaló Kurai Sora.

Es cierto. Trickster utiliza un disfraz en la Preparatoria Shibanashi. Probablemente, porque su cabello púrpura y sus ojos de ese tono gris acero llamarían mucho la atención.

Cuando lo vi junto a Tomonori, su apariencia no era llamativa. Por eso me sorprende verlo aquí, porque no me imaginaba que esta persona era un entendedor.

No recuerdo si es uno de mis Despertados, pero sí recuerdo cuando lo vi la última vez. Estaba junto a Tomonori, el día en que lo desperté.

Este chico, que sonríe de forma atrevida, mientras piensa en cosas pervertidas sin parar.

Hiramaki Toto, también conocido como Trickster, el entendedor más rápido de Japón.

Y, mientras estos cinco chicos discuten sobre las vacaciones, y sus vidas cotidianas, comienzo a preocuparme. ¿Cuánto tiempo tomara antes de que descubran la verdad?

Tengo que esforzarme, ponerme una máscara, para que Tomonori no pueda ver mi cara de preocupación. Su intuición es aterradoramente certera. Si no tengo cuidado, él vera muchas cosas de mi que no es prudente que un humano sepa.

Después de todo, soy una figura divina para el resto del mundo.

Y debe segur así, mientras se pueda.

Por el bien de este mundo, y de quienes viven en él.

Por el bien de todos.

Continuara…