Acerca de LordSombras

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Yuiitsu no Shinjitsu-Extra

Capítulo -1: La Cálida Verdad

Es cálido.

Es todo lo que puedo decir.

No puedo ver.

No puedo oír.

No puedo oler.

No puedo saborear.

Sólo puedo sentir. Y lo que siento es esta calidez.

¿Es una especie de bolsa? Estoy dentro de ella. Y hay un líquido alrededor, pero no me ahogo. Es muy cómodo, así que no hay necesidad de moverse.

Sólo tengo que quedarme aquí, quieto/a, sin hacer nada. Hay un leve movimiento, pero nada más me arrulla, hasta quedarme dormido/a. Ya siento como la somnolencia invade mi mente. Me recuesto en esta delicada calidez, perfecta en todo sentido.

¿Hmm? Es extraño. Debería haber más espacio. Siento algo más aquí.

Con dificultad, me muevo todo lo que puedo. Es difícil, pues mis brazos y piernas son muy cortos y torpes. Además, estoy en esta bolsa cálida, flotando. Me cuesta incluso darme la vuelta. Entonces, me doy cuenta de que estoy atado/a, pero no por una soga. Hay algo saliendo de mi interior, una especie de tubo que cubre mi ombligo.

No puedo decir nada más, ya que no soy capaz de verlo. Sin embargo, deshecho esa incógnita, pues siento que es algo natural. Lo que no es natural es esta cosa extraña a mi espalda, que se presiona contra mí.

Finalmente, logró darme la vuelta. Mis dedos gordos se alargan, tratando de tomar aquello que me quita el espacio. Pero… Esto… ¿Qué es?

Estoy sintiendo mis dedos. Son míos. Pero no es mi otra mano.

Oh, ya veo. Me he preocupado por nada.

Sólo soy yo. Eso era lo que me restringía el espacio. No había ningún problema. Sólo era yo, que no me había dado cuenta de que me daba la espalda.

Es curioso cómo una vez te das cuenta de que lo que creías extraño es normal, lo naturalizas. Hace un momento, sentía que había algo estorbándome, pero ahora ya entiendo, es normal. Y sólo tuve que agarrar mi mano para darme cuenta.

Me recuesto en esta calidez, sujetando mi mano. Esta igual de cálida que la bolsa. Me arroja nuevamente a esa sensación de comodidad que me provoca somnolencia. Me arrulla a un sueño largo, lento, indefinidamente delicioso.

No me siento solo/a. Porque estoy aquí conmigo.

Porque mi otra mitad, que hasta ahora no me había dado cuenta que existía, está aquí a mi lado, sujetando mi mano, contagiándome esta deliciosa calidez.

Continuara…

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Yuuitsu no Shinjitsu

Epilogo: La Oración

Me arrepiento.

Me arrepiento profundamente de haber convertido a Tsuruya Tomonori en entendedor.

Lo hice sabiendo lo que pasaría. Sabiendo que terminaría implicado en este horrible mundo, cubierto con una máscara bonita, para que no parezca tan terrible. Sin embargo, él mismo ha empezado a intuir lo que está pasando. Tarde o temprano, lo iba a descubrir.

Una máscara no puede tapar todo el olor a podrido.

Si yo no hubiera usado mi True Understanding en él, seguiría viviendo como un chico normal. Iría a la escuela cada día tranquilamente, sin temor de ser un objetivo. Jamás sabría que su amigo es un soldado de una organización secreta. Nunca se enteraría de quien controla el mundo realmente.

Eso hubiera sido mejor.

Pero yo, al final, decidí hacer mi parte en esta historia escrita con sangre.

No creí que en realidad pudiera haber otro. Otro como yo.

Esa Serpiente me dijo que mi deseo seria cumplido cuando otro Side Soul apareciese. Pero somos tan pocos… No pensé que sucedería en menos de mil años más. Me aferré a una esperanza lejana, y por eso me sorprendí cuando encontré a Tsuruya Tomonori.

Para cumplir mi deseo, fui capaz de arrojarlo a este mundo cruel.

Estoy mintiendo. No lo hice por esa razón.

Aunque deseo mucho lograr mi objetivo, no lo convertí en un Despertado con esa intención. Es aun peor, lo hice por una motivación todavía más egoísta. ¿Por qué soy capaz de intentar algo así por una oportunidad tan lejana?

Tomonori es un Side Soul. Y es muy parecido a esa persona.

Pero no es él.

Me aferré a dos esperanzas completamente en vano. Y cómo resultado de eso, volví a realizar una acción imperdonable. Mi alma esta tan manchada por el pecado que no merezco ni siquiera que oren por mí.

Y sin embargo, estoy feliz.

Estoy feliz de ver a Tsuruya Tomonori aquí, mientras escucha su nuevo alias. Por alguna razón, verlo quejarse por todo de forma tan exagerada me alegra el corazón. Incluso aunque me arrepiento profundamente de haberlo traído a este mundo, lo volvería a hacer si fuera necesario.

¿Soy tan estúpida? ¿O ya he llegado al punto en que he decidido olvidarme de mis remordimientos, y que mis acciones se guíen nada más por mi puro egoísmo? ¿Ya decidí resignarme a que mi nombre sea incluido en el Libro de la Vida?

No lo sé.

Me gustaría decir que lo hice por una buena razón, pero no es la verdad. Que mis acciones egoístas dieran como resultado esta escena divertida y tierna es muy contradictorio. Me hace sentir que no me equivoqué, aunque sé que es así.

En este momento, estoy en un dilema moral demasiado profundo.

¿Fue correcto traer a Tsuruya Tomonori al mundo de los que pueden entender? ¿Poner su vida en riesgo por mis intereses personales? ¿Aunque parece estar disfrutando mucho de estar en esta Academia? ¿Incluso cuando sé que va a estar en peligro permanente?

No, no lo fue. Esa es mi conclusión final.

Sin embargo, ya no puedo deshacer lo hecho. Puedo lamentarme todo el tiempo que quiera, pero eso no pagara mis errores. Si quiero, por lo menos, ser perdonada por él, debo protegerlo con cada tecnicismo y vacío legal que encuentre en mis restricciones.

Incluso si Tomonori decide no perdonarme, en el remoto caso en que pueda decirle toda la verdad, continuare defendiéndole como pueda. Sospecho que lo hará, pero incluso si se niega, no me molestare. Está en su derecho de odiarme con toda su alma. Sólo espero que ese rencor no pueda llegar a ennegrecer su corazón.

Haré lo mejor que pueda para evitar eso.

He mentido otra vez. Dios mío, sé que seguramente no existes, pero por favor, perdona los pecados de este cordero tuyo que se ha extraviado del rebaño. Incluso si es sólo por mi egoísmo, no puedo parar de pedir misericordia por aquellos a quienes asesiné, directa o indirectamente; y a todos a quienes les arruiné la vida, que no son pocos. Tal vez, alguno de ellos logre superar la ruina a la que los arrastré.

En realidad, no quiero protegerle para compensarlo.

Quiero hacerlo porque sé que, algún día, en el lejano futuro, estaremos juntos bajo ese hermoso Cielo de Cristal. Estaremos recostados juntos sobre ese Suelo de Oro y Piedras Preciosas. Y uniremos nuestras manos, allí donde no hay nada, atascados en algún parte, juntos en ese mundo que no es ni Cielo ni Infierno.

Y me gustaría que, cuando estemos allí juntos, aunque sea un pecado pedirlo…

Me gustaría que podamos reír juntos allí, los dos.

Por favor, Dios mío, por favor te lo pido.

Ese es mi único deseo.

Final de la Parte Uno

Próximamente, Parte Dos: Ellos

Ficha de Personajes-Miembro 00a: Kronos

Alias: Kronos

Nombre: Tsuruya Tomonori.

Fecha de Nacimiento: 31 de Diciembre de 1997 (15 años).

Origen: Despertado.

Apariencia: Hombre, 168 cm de altura. Cabello negro, ojos oscuros.

Tipo de Sangre: A+.

Ocupación: Estudiante.

Afiliación: Nosotros. Academia Jikû. Grupo S.

Tipo de Entendimiento: Tipo Mental. Manipulación de Rastros.

Clasificación: Especial, ¿Segunda Clase?

Técnicas: Espacio perfecto, sensibilidad extrema a los rastros por entendimiento.

True Understanding: Desconocido.

Yuuitsu no Shinjitsu

Capítulo 18: Kronos

No me entiendo.

Desde que vine aquí… No, seamos más claros. Desde el momento en que Mirai-sempai me obligó a venir a punta de vara mágica, siempre estuve pensando lo mismo: ‘Esto es una molestia’. Que el lugar fuera espantosamente caótico no ayudo para nada, contribuyendo a mi malestar.

Además, todos aquí tienen un pequeño problema con respecto a sus personalidades alocadas. En resumen, están chiflados. Completamente fuera de la realidad.

Sin embargo, ¿puedo afirmar que no me agrada?

Ese sentimiento, del momento exacto cuando Akire me estaba cazando… Si, tenía miedo, estaba asustado, pero al mismo tiempo, me emocioné. Era como estar en un manga. Me estaba divirtiendo, aunque mi vida estuviera en la cuerda floja.

Ese sentimiento fue tan extraño, tan irracional, que no puedo esperar para volver a sentirlo. Por momentos, pienso que puedo volverme adicto a eso.

¿Este lugar es una molestia? ¿Todos están locos? ¿Pareciera que estoy siendo irracional? ¡Al diablo con todo eso! Cada día, en mi vida normal, me aburría mortalmente. No volveré a esos días.

Si tengo que renunciar a la realidad, lo haré, pero no perderé estos momentos llenos de emoción. Ese es, sin duda, el pensamiento que se quiere quedar arraigado en mi mente.

Lo prefiero. No dejare que se me escape esta oportunidad. ¡Me convertiré en un entendedor de verdad! ¡Viviré en este mundo que me gusta tanto!

Y el primer paso, es aprender más. Soy un Tipo Mental. Tengo que averiguar todo lo que pueda sobre mi Tipo, y perfeccionar cualquier habilidad que tenga. Por ahora, sólo puedo usar Espacio, pero si soy de los más raros debo tener algunas habilidades ocultas útiles. Es como el inicio de un anime, el chico nuevo sin poder alguno que resulta ser muy fuerte. ¿No puedo ser esa clase de protagonista? ¡Vamos, mundo, no seas tan cruel!


Como sea, actualmente, me encuentro descansando en el dormitorio. La reunión con Kouri no Hauto-sensei fue larga y pesada. Tuve que contar toda la historia… Bueno, la mayor parte. Obviamente, excluí algunas cosas, como el plan sobre el virus y el duplicado de la información.

En algún momento, quiero saber qué diablos había en esa computadora que era tan importante para hacer todo este caos sin sentido. Tiene que ser terriblemente valioso para que Ellos lo quisieran con tanta desesperación. Y, por la expresión de Kouri no Hauto-sensei en el momento en que le di la información, allí hay algo que los estudiantes no deberían revisar. ¿Qué está ocultando Nosotros?

Mientras me revuelvo en la cama, totalmente agotado a causa de esta noche tan agitada, siento una leve sensación. Me parece muy familiar. ¿Las sabanas están frías?

Abro los ojos, y veo a una cierta chica transparente recostada frente a mí.

-¿Qué se supone que estás haciendo? –le pregunté.

Ella sólo me devolvió la mirada, pero con ojos de cachorro.

Literalmente, podía leer en su mirada el ‘Por favor’.

Solté un suspiro largo. Le debo mi vida, varias veces. Simplemente, a estas alturas, no puedo rechazar su petición, o me vería como un desagradecido.

-Sólo esta vez, ¿sí? –su sonrisa se sintió ardiente como el Infierno.

-¡Como quieras, sempai!

¿Eh? ¿La Niña Fantasma acaba de hablar? No, no puede ser. Ella también se ve sorprendida. Y esa voz sonó escalofriantemente familiar…

¡¿Qué hace esa chica aquí?!

Lentamente, me doy la vuelta, confirmando mis peores temores. ¡Ella esta acostada justo del otro lado! ¿Desde cuándo hay espacio en esta cama para los tres? Bueno, ellas dos apenas ocupan sitio, así que no haré demasiados problemas por eso.

La expresión de Kiyoshi es tan fácil de leer que me impacta. El brillo en sus ojos rosados no puede ser natural, es demasiado atrayente. Sus labios están fuertemente apretados, formando una sonrisa pequeña, pero dulce.

Pero, y sólo pude comprobarlo unos segundos después, eso no es lo peor. Noté que sus hombros están desnudos, así que mi cerebro inicio automáticamente la búsqueda de algo necesario, la tan humilde barrera contra perversión que llamamos ‘ropa’.

Y ese es el problema, si la lleva. ¡Un camisón blanco transparente! Olviden el calor del verano, absolutamente el objetivo de esta ropa no tiene nada que ver con la temperatura. Eso no puede siquiera llamarse ropa, no es funcional para nada.

La manera más cruda de describirlo: Es un cosplay erótico de ‘Imouto Kawaii’.

Mis ojos no podían apartarse de sus hombros, hasta que note que sus axilas y ombligo estaban al descubierto también. Debido a las mantas, sólo puedo ver hasta su cintura, pero me queda claro que es probable que esté usando una preciosa ropa interior blanco puro.

Es más, tengo mucha suerte de que la sección de su camisón correspondiente a sus pechos sea más opaca que el resto. Aunque su tamaño es ciertamente moderado, ella todavía se ve como una chica joven y sana, en perfecta edad para reproducirse.

Empiezo a sentir que hay algo extraño corriendo por las venas de mi cara. Me arden las orejas. No puedo ni hablar. ¡Simplemente, esta visión es demasiado para mi cerebro! ¿Cómo es posible que me dé una reacción así? ¡Esto debería ser un golpe crítico para esos inmundos lolicon, no para mí! ¡No me afecta, de verdad que no!

-¿Kiyoshi? –murmuró, sin comprender nada.

¿Cómo puede ser posible? ¿Esto es una bandera como las que aparecen en los juegos de citas? ¡No, ya entiendo! Ella, en su habitual torpeza de niña pequeña, se equivocó de cama. Quería acostarse junto a Kazami-kun, pero termino aquí por accidente.

¡Espero que entienda eso y no trate de matarme por su propio error!

-¿Si, sempai? –su respuesta es muy natural, y está llena de… No sé.

Incluso puedo ver el rubor sano en sus mejillas. No parece que este en ‘modo asesina psicópata’, pero eso puede cambiar con tan sólo una simple palabra equivocada.

-Tu Onii-san está durmiendo allá –señalé a un costado.

Por razones evidentes, la cama de Shiro es la más cercana a la ventana; y según Kazami-kun, él siempre olvida arreglarse si no duerme junto al baño, aunque en realidad nunca se arregla en lo más mínimo; por lo que duermo en medio de ellos.

Como una nota aparte, estos dormitorios tienen un estilo ligeramente occidental, aunque le va bien, para mi gusto.

-Ya lo sé –responde ella, con una extraña sonrisa de oreja a oreja.

-Entonces, ¿no te equivocaste? ¿Tienes alguna razón para querer matarme tan temprano? –preguntó, preparándome para correr.

No sé qué tan lejos pueda llegar antes de que haga aparecer un arma peligrosa, pero espero lograrlo. Si Rea me ayuda un poco, creo ser capaz de escapar a tiempo.

-¿Matar a sempai? Sempai está muy equivocado –suelta una risita-. Kiyoshi sólo quería estar cerca de sempai. Y, ya que tenía este lindo cosplay que de seguro le gusta a sempai, pensé en probármelo.

-¿Cómo llegaste a una conclusión así? ¡No me afecta en lo absoluto! –mi voz suena desesperada. ¡Tengo que sacarla de mi cama urgentemente!

Aunque es grande, ya está ocupada parcialmente por la Niña Fantasma, así que el espacio restante es demasiado pequeño. La distancia entre mi piel y la suya no es mayor a diez centímetros. ¡Esta situación es demasiado terrible! ¡Podría perder el control!

Y luego se me vendrían encima la ONU, el FBI, y tal vez la CIA.

-Porque sempai es lolicon, claro está. Kiyoshi se siente muy afortunada de encajar perfectamente en los gustos de sempai –esa respuesta me dejo helado de terror.

¿Se volvió más loca de lo que ya estaba o qué? ¿Por qué todo el mundo, y literalmente lo digo, desde Hiramaki hasta esta Yandere, tienen una impresión tan equivocada? ¿De dónde sacan esas estupideces? ¡Repetí docenas de veces que los odio!

-¿Y por qué querrías hacer eso? –si buscaba acostarse en mi cama, usar un cosplay que cree que funciona conmigo, y hablarme de esta manera…

¿Qué se supone que ocurre aquí? ¡Esta chica es imposible de comprender! ¡Es como hablar con un idiota, nunca te escucha! Me recuerda a Hiramaki, pero él tiene como premisa ser un pervertido.

Un momento… Esta chica también es una pervertida, especialmente con esos cosplay.

-Porque… Es vergonzoso decir esto, pero… ¡Kiyoshi se dio cuenta de la verdad! –más rápido de lo que puedo reaccionar, se abalanzó sobre mí, presionándome fuertemente sobre el colchón.

Por un momento, pensé que mi estómago seria perforado, o que me cortaría el cuello, pero la verdad superó mis expectativas.

Sentí algo dulce y húmedo en mis labios.

¿Esto qué es? Mis ojos estaban abiertos, pero no podían procesar las imágenes correctamente. ¿Cómo es posible? ¿Por qué está ocurriendo esto? ¡No tiene ningún sentido! ¡Es incomprensible!

No puede estar ocurriendo realmente… Si es lo que creo, definitivamente hay algo mal con el mundo. Por lógica, esta clase de cosas no deberían ocurrir en la vida real, pero aun así, todos mis sentidos me lo están diciendo. Este tipo de escenas sólo deberían pasar en los mangas para adolescentes, porque no hay ninguna chica así de verdad.

Soy yo quien no lo puede creer.

Kiyoshi se levantó con lentitud, encima mío. Sus muslos estaban perfectamente ubicados en la peor, o mejor, parte posible. Como imaginé, estaba usando unas bragas preciosas de un rosa pálido muy lindas. Pero lo más impresionante, sin duda, era la manera en que sus ojos me miraban.

Le brillaban como dos gemas rosadas, hermosas y agudas como cuchillos.

Ella me había besado.

No había más explicación posible. Era la lógica más obvia. Esta chica acababa de robarse mi primer beso. Con sus mejillas ruborizadas, su cuerpo indefenso inclinado sobre mí, no hay manera de no llegar a una reacción fisiológica en este instante.

-Ese fue mi primer beso, sempai… –eso se nota mucho. Esta rozando sus labios con las yemas de sus dedos de una manera inconfundible, como si quisiera disfrutar cada milisegundo de esa sensación.

Y, además, la hace ver notablemente sexy.

Esta chica es un crisol increíble de hermosura, lindura, sensualidad, torpeza y peligro.

¿Puede existir una mujer tan perfecta? ¿Puedo delirar más de lo que ya lo estoy haciendo? ¿A alguien siquiera le importa lo que digo?

Entonces, siento un golpe en mi pecho. Una mano transparente está allí, helando mi piel. Mirando hacia la derecha, noto a la Niña Fantasma, que me observa con desaprobación, y algo que parecen celos.

Esto, literalmente, me enfrió la cabeza, devolviéndome la capacidad de pensar racionalmente. Sin contemplaciones, aparte a esta chica demasiado hermosa de mi vista.

-¡¿Sempai?! No sabía que querías ser tan rudo. Si querías jugar a eso, pudiste decírselo a Kiyoshi…

Se recuesta en la cama, en una postura tan erótica que mis ojos empiezan a derretirse.

Sin embargo, un toque de Rea en mi mejilla me devolvió a la realidad.

-Para empezar, ¿a qué diablos estás jugando? ¡Joder, casi me matas de miedo! ¡Y cálmate, niña Yandere en celo! –ante mis palabras furibundas, los ojos de Kiyoshi comenzaron a humedecerse. Todo su aspecto sensual desaparece.

Recordé que hace nada más unas pocas horas, ella se había deprimido un poco porque la llame así. ¿Será que estoy siendo cruel? ¡Me da igual, esta chica es un peligro para la sociedad! ¡Alguien debió enseñarle disciplina hace mucho tiempo, no arrojármela de esta manera!

Arrojármela… Ahora que lo pienso, esta situación es sospechosa.

La Niña Fantasma me abraza, de una manera muy posesiva.

¿Ah? ¿Tú también? ¿Qué está pasando aquí? Pero entonces, sonríe maliciosamente, mientras me jala hacia delante, ¡haciéndome caer justo sobre Kiyoshi!

Mi cara golpea contra algo muy suave y terso, que rebotó levemente con una extrañísima sensación. Mi mano derecha siente algo similar, mientras la izquierda trata de aferrarse a las mantas, pero termina tomando algo muy delicado y sedoso, jalándolo hacia arriba. Y, por alguna razón, mi rodilla parece atrapada entre dos bolsas cálidas y suaves.

En este momento, justamente en este preciso momento, se enciende la luz.

Parado junto al interruptor, está un Kazami-kun ligeramente más despeinado que de costumbre, todo un logro. Es natural que se haya despertado, estamos haciendo una cantidad de ruido anormal. Está mirando directamente hacia acá.

Siguiendo la línea de sus ojos, veo la situación en la que estoy realmente.

Para empezar, estoy justo sobre Kiyoshi. Mi mano derecha, por alguna razón, sostiene su pecho por encima de su ropa. Y mi mano izquierda está levantando su camisón, revelando bastante de su torso. Ni siquiera tengo que mencionar mi rodilla, atrapada entre sus muslos, a milímetros del lugar más importante.

Encima de todo, mis labios están justo sobre su otro pecho, casi besándolo.

Y, para hacerlo todavía peor, ahora eran claramente visibles las lágrimas en los rabillos de sus ojos debido a que herí sus sentimientos hace un momento.

Puedo ver a la Niña Fantasma, parada junto a la cama, poniendo una expresión diabólica. Debe estar diciendo algo como ‘Te lo tenías merecido, pervertido’.

No necesito estar en la posición de Kazami-kun para saber que esto se ve claramente como una situación de ‘ataque a la hermanita menor’. Y, por supuesto, yo soy el atacante.

-Ay ay ay… ¿Qué pasa aquí, Tomonori-kun?

Claramente, estaba teniendo sentimientos cruzados, en este mismo instante.

Por un lado, estaba sorprendido y pasmado.

Por el otro, había una intensa sensación asesina.

Sus ojos rojos parecían decididos a llevarme hasta lo más alto del edificio de Archivos, y dejarme caer, para hacer una hermosa flor escarlata.

Joder, ¡estoy acabado!


(Cambio de Narrador: Kazami)

Tomonori-kun tiene mucho que explicar.

Sin embargo, es claro que no todo es su culpa. Para empezar, sé perfectamente que no hay manera de que esta situación llegue a tales extremos sin que la otra parte estuviera involucrada. Es evidente que Kiyoshi tiene mucha de la culpa también, pero no me agradan las excusas de Tomonori-kun.

Echarle la culpa a Rea, a quien sólo él puede ver, es demasiado exagerado.

-Está bien, entiendo –asentí con la cabeza. Mejor, escuchemos otras excusas antes de dar un veredicto-. Así que, hermanita, ¿cómo llegaste a ponerte ese cosplay tan ridículo?

-¡Onii-san! Si lo dices así, me avergüenzas. Kiyoshi sólo quería seducir a sempai, ¡eso es todo! –tengo que admitir su valor para decir estas cosas tan tranquila.

Sin embargo, Tomonori-kun no parece muy de acuerdo.

-Ya deja tu actuación. Sólo lo hace ver más extraño –replicó él, bien lejos de Kiyoshi-. ¡Explica porque hiciste todo eso! ¡Sin más excusas!

-En realidad… Lo que ocurrió, sempai, es que Mirai-nee me abrió los ojos –comenzó a decir ella, con sus mejillas enrojecidas infladas, así que su voz sonaba rara-. Yo siempre había creído que amaba a Onii-san… Pero en realidad, lo que sucede es que tengo un fuerte complejo de hermano que no puedo superar. Y cuando me puse a pensar en todo lo que ocurrió, me di cuenta de que quien realmente me gustaba todo este tiempo… ¡Eras tú, sempai!

Haciendo esta firme declaración, finalmente colapsó en la cama de Tomonori-kun, sin querer enseñar su rostro.

-¡Lo dije! ¡Al fin lo dije! ¡Qué vergüenza, pero me siento muy satisfecha!

En este momento, no necesito la habilidad de Tomonori-kun para saber lo que está pasando por su cabeza. Su reacción es increíblemente obvia.

-Ósea que Kazami-kun es un hermano mayor con un fuerte complejo de hermana. Y tú eres una hermana menor con un fuerte complejo de hermano –parpadeó, antes de agarrarse la cabeza con las manos-. ¿Y por qué de repente soy yo quien te gusta? ¡Es incomprensible como llegamos a esta situación! ¡Había pensado que por fin me había acostumbrado a sus niveles de anormalidad, pero esto es el colmo! ¡Mirai-sempai me va a pagar caro todo este problema, lo juro! ¡No podrá ni caminar cuando acabe con ella!

-No te enojes tanto, Tomonori-kun. No puedes rechazar de manera tan ruda a una doncella que te confesó su amor. Claro, si sigue siendo una doncella…

-¡Lo sigue siendo! ¡No te enojes!

-No estaba enojado –no estoy mintiendo. Estas situaciones podrían volverse comunes, así que sólo me acostumbrare y seguiré la corriente-. Sólo hacia una observación. Como hermano mayor, la seguridad de mi hermanita es ciertamente una prioridad para mí.

-Onii-san… Me voy a morir de la vergüenza…

-¡¿Y cómo sobreviviste a acostarte junto al chico que supuestamente te gusta vestida así?! ¿No crees que pueda haber algo mal en tu cabeza? –se puso a quejarse Tomonori-kun-. ¿No será que eres así de pervertida?

-¡No lo soy! ¡Pensé que a sempai le gustaría la sorpresa! –replicó ella-. Y eso que Kiyoshi estaba dispuesta a renunciar incluso a…

-¡No quiero oír ni una palabra más! ¿Cómo puedes decir esas cosas delante de tu propio hermano? ¡Sólo lárgate de aquí! ¡Estoy muy cansado! –suplicó Tomonori-kun, algo frustrado-. ¿Y ahora qué? Sabes que no fue culpa mía… ¡Esta chica salió de la nada! Tampoco interrumpió algo, porque no estábamos en una situación así. ¿Qué te enoja tanto?

Comenzó a hablarle al aire, no, probablemente es Rea.

Por alguna razón, mi hermanita comenzó a refunfuñar.

-Sempai… ¿Rea-san está ahí? –preguntó ella, escondiendo las manos atrás de la espalda.

Esa es una señal de que planea algo.

-¿Eh? Si, ella está sentada justo junto a ti…

Se interrumpió al instante. Kiyoshi estaba cortando el lugar donde Rea debería estar con una katana que acaba de aparecer en sus manos.

-¡SEMPAI ES MÍO! ¡NO ME LO QUITARAS NUNCA! ¿Me oíste, Rea-san? ¡NUNCA! –grita desesperadamente, sin dejar de intentar asesinarla.

Aunque, por supuesto, los fantasmas no pueden ser heridos con espadas de acero, ¿verdad?

-La Niña Fantasma dice que pruebes más tarde, tal vez le hagas cosquillas –se burló Tomonori-kun. Luego, comenzó a disculparse-. ¡Es una broma! Obviamente, no podrá hacerte nada.

Retrocedió un paso. ¿Se está disculpando con Rea, o está huyendo de ella?

-Sí, ¡ya se! Entiendo: No es gracioso que te estén atravesando con una espada. ¡No pongas esa cara otra vez!

De repente, el arma de Kiyoshi se detuvo en el aire. Ella jaló con fuerza, pero no pudo liberar la hoja, que estaba paralizada como si alguien la estuviera deteniendo.

¿Rea se ha enojado? Es bastante posible.

-¡Suéltala! –aunque tiro con mucha fuerza, no fue suficiente para hacer que Rea soltara su espada-. ¡Hazlo ahora, ladrona de sempai! ¡¿Kyah?! –la hoja fue liberada, pero mi hermanita aún estaba jalándola, así que perdió el equilibrio por su propio impulso.

Estuve a punto de detener su caída, pero no fue necesario.

Ella cayó justo sobre Tomonori-kun.

Ambos terminaron en el suelo, en una curiosa posición, totalmente opuesta a la anterior. Esta vez, mi hermanita acabó sentada sobre sus muslos. Y por alguna razón, las manos de Tomonori-kun la sostenían por la cintura, haciendo parecer que estaban a la mitad de un juego erótico.

Todo el rostro de Kiyoshi, desde su cuello hasta la raíz de sus cabellos, se puso totalmente rojo.

-¡Sempai, no aquí, frente a Onii-san! –intentó alejarse, pero ‘algo’, la empujo hacia abajo, justo sobre Tomonori-kun.

-¿Qué no? ¡Lo intentaste hace unos minutos, chica loca! ¡Y ya deja de hacer eso, Niña Fantasma! ¿Desde cuándo eres tan vengativa?

-¡Onii-san no nos estaba viendo! ¡Ya es suficiente, Rea-san! ¡Kiyoshi promete no tratar de matarte de nuevo! ¡Lo prometo de verdad! –ante sus chillidos, Rea por fin dejo de bromear y le permitió levantarse.

Inmediatamente, mi hermanita tomó distancia, respirando a grandes bocanadas.

Entonces, habló una voz rasposa.

-Pervertida…

Shiro-chan, no tú también! ¡Que no soy pervertida!

Todo este alboroto debe haberlo despertado. Nos está mirando con esos fríos ojos suyos, tan rojos como la sangre recién derramada. Siempre me he preguntado cómo consiguió ojos tan siniestros, siendo tan inofensivo.

-No es fácil creerte vestida así, ¿sabes? –las palabras de Tomonori-kun, llenas de ironía hiriente, hacen que Kiyoshi se entristezca. Se marcha por la puerta, arrastrando los pies.

-Lo siento, sempai, Onii-san, Shiro-chan.

Camino lentamente afuera, mascullando cosas sobre que no es una pervertida, que todo es culpa mía y de Tomonori-kun, y sobre que tiene vergüenza de toda esta situación. Realmente, le cuesta mucho asumir que tiene alguna responsabilidad, sólo evita cualquier culpa con excusas baratas.

-¡Rea-san, algún día voy a verte morir! ¡Es una promesa! –se escucha un último grito.

Ay, esta hermanita mía es tan celosa… Bueno, es cierto que no hay forma de que ella o Yamanaka-san puedan competir contra Rea. Si todo lo que he escuchado es cierto, su belleza ha destruido países enteros en el pasado. A veces, me gustaría poder recordar el momento en que la vi.

Pero eso está muy lejos, fuera de mi propio poder.

Un momento. Me acabo de dar cuenta de algo.

-¿No prometiste hace minutos que no lo volverías a intentar? –Tomonori-kun, cansado, se lanza de cabeza al colchón-. Si cae una bomba encima de mi cabeza, no me despierten.

Y se queda dormido en el acto, incluso después del alboroto y con la luz encendida. Debe estar realmente cansado. Sin embargo, no es momento para eso, sigo pensando en lo que acabo de notar.

Luego de que Shiro y un par de sus gatos se quejaron por la luz, toqué el interruptor para apagarla. Sin embargo, incluso de nuevo en mi cama, mi mente continua trabajando, totalmente centrada en resolver el enigma que acabo de notar. Y eso me impide dormir.

Hace poco, Yamanaka Ayano y Kiyoshi se deprimieron porque era Rea quien competía con ellas. No estoy seguro realmente si la Niña Fantasma, como la llama Tomonori-kun, tenga esos sentimientos por él. Sin embargo, incluso así, claramente acaba de demostrar que no está muy feliz con la confesión de mi hermana menor.

¿Realmente las tres están pensando en enfrentarse por el corazón de este chico?

Sin embargo, aquí hay una pequeña irregularidad que no acabo de entender.

¿Por qué Yamanaka Ayano se deprimió justo ahora? Hace días que sabe sobre Rea. La primera vez, sólo se asustó, pero no reaccionó en lo más mínimo de esta manera que vimos hoy. ¿No se dio cuenta de que era su competencia? ¿O hay algo más detrás de esto?

Es imposible que lo haya olvidado, la memoria de esa niña es su punto fuerte. Por algo consiguió el arreglo para estudiar desde su habitación, Yamanaka-san es muy inteligente para su edad.

Finalmente, deshecho estas preguntas. Sea lo que sea, como dice a veces Mirai-san, ‘Si es necesario, ocurrirá, darle vueltas al asunto sólo complica todo de forma innecesaria’. Así que, simplemente, dejare que el Destino decida las cosas a su manera.

Y que sea lo que tenga que ser.

¿Será una buena decisión?

Quien sabe…


(Cambio de Narrador: Yami)

¿Están dormidos? No. Shiro aún está despierto. No es que importe, pero preferiría no ser vista por él. No es momento todavía. Aún no esta tan profundamente hundido en la Oscuridad para que nos reunamos otra vez. Dependiendo de lo que ocurra, tal vez no suceda nunca.

Y eso sería lo mejor. No quiero verlo de nuevo.

Me acerco lentamente a sus camas. Shiro se mantiene estoico, con la mano en el lomo de un gato calicó, sin ganas todavía de dormir. Yuuki Kazami ronca levemente. Y allí esta Tsuruya Tomonori, junto a la Niña Fantasma, quien no necesita descansar, así que esta recostada a su lado observándolo.

Una tierna escena, aún más considerando lo que yo sé.

Querido Longinus, vas a odiarme por esto. Pero es para educarte.

Me deslizo entre ellos, riendo. Ni siquiera el albino o la fantasma pueden detectarme ahora. Gracias a mi Ars Goetia (Memory Make-Perfect Plan), soy completamente indetectable.

Solamente he venido a evaluar su avance. No a entrometerme. Todavía no.

Delicadamente, paso mis dedos sobre la frente de Tsuruya Tomonori. No está listo. Longinus sí, pero quiero darles posibilidades de victoria, así que tendrán que esperar. Eso le molestara, pero valdrá la pena al final.

Todo es por su bien. Incluida su ignorancia.

Entonces, observo a su compañera de cama.

Que belleza.

Ese cabello negro, esa piel tersa y suave, esos labios rosados, y esos ojos oscuros y profundos. Es hermosa. Muy hermosa. Casi tanto como yo, pero ella es natural, a diferencia de mí.

No me malentiendan, es sólo que mi belleza es demasiado imposible de alcanzar para los mortales e inmortales. Estoy demasiado lejos de ellos. Simplemente, soy algo superior a todo lo que pueden imaginar. Por eso, es mejor que no me conozcan todavía.

Sus almas podrían ser arrancadas de sus cuerpos si me observan descuidadamente.

En todo caso, esta niña es tan hermosa que comienzo a mojarme.

Ah, no, todavía no. Vamos a darle algo de tiempo más.

Han pasado muchos años. Mi Serpiente todavía guía a Longinus. Tiene mucho trabajo que hacer, empezando por enseñarle a hablar japonés. Además, debe hacerle entender todo el desarrollo humano de los últimos siglos.

La ciencia puede cambiar este mundo, aunque no de la misma manera en que yo lo hago. Digamos que, en comparación, soy algo extrema.

A veces, es difícil ser yo.

Es hora de irme. No hay razón para hacer nada. Todo va perfectamente.

Mi sonrisa es imborrable.

La inversión pronto valdrá la pena. Tarde o temprano, gane o pierda, el precio será saldado. Nuestro pacto de sangre no se puede quebrar. Estará eternamente en deuda conmigo, y su alma nunca se separara de mí.

Longinus ya es mío. Mate o no a Ragnarok, terminara convirtiéndose en un Asesino de Dios, y uniéndose a mis Condenados Espectrales. Eso ya es un hecho.

Entonces, me alejare. Los dejare a solas por unos días. Sin embargo, siempre estoy observando. Falta algún tiempo para que las cosas se pongan interesantes.

No puedo esperar. El tiempo de los mortales se ve muy corto a veces, y ahora se siente extremadamente largo.

Por eso me gustan los mortales.

-Nos veremos pronto… Mi querido Longinus


(Cambio de Narrador: Mirai)

A la luz del nuevo día, la Academia se ve realmente mal.

Hay orificios de bala por doquier. Ni hablar de casquillos, trozos de barreras, y demás efectos secundarios de entendimientos varios. Va a ser un completo dolor de cabeza arreglar todo este lugar.

Ah, bueno, no importa. No soy yo quien se hará cargo de eso. Y como los impuestos públicos financian este lugar, no hay que preocuparse por falta de fondos. Lo único que no podemos arreglar son las vidas humanas. Pero gracias a Shinjinfuka, no tenemos que preocuparnos por alguna fatalidad en nuestro bando.

En cuanto a las tropas de Ellos… No es que me guste tener que dejar a su suerte a tanta gente, pero se lo tienen merecido. Somos estudiantes en edad escolar, e incluso hay niños que se quedaron huérfanos, o gente que no puede vivir sin una cubierta de Espacio permanente, porque tienen rastros demasiado fuertes.

¿Por qué tanto esfuerzo en arruinar las vidas de la gente que sólo quiere vivir en paz?

Bueno, sé la respuesta a esa pregunta. Pero sigue sin gustarme. A final de cuentas, lo que importa más que nada es el beneficio de aquellos con poder. Las minúsculas vidas de las personas no significan demasiado cuando puedes destrozarlas con sólo agitar una mano, o decir una palabra.

Esa forma de pensar me enferma. Pero poco puedo hacer al respecto.

Mirai-nee, ¿estas segura de eso? –preguntó Kiyoshi-chan, quien ha estado alicaída todo el día-. ¿Segura? ¿Segura, segura de verdad?

Estamos sentadas en un banco junto a los cerezos. Vine a revisar si no había ningún efecto secundario de Zone of Silence, pero todo se ve muy normal.

-Por supuesto. Sus reacciones son evidentes, por más que lo haya negado. Es un lolicon, estoy 100% segura de ello –no necesita saber porque estoy segura de ello.

Si esta chica se diera cuenta de cómo suelo mirarla, se asustaría.

¿Qué pensarían ustedes si supieran que se bañan y cambian frente a alguien que los tiene en su zona de strike? ¿Qué duermen junto a una persona que disfruta mucho verlos mientras están dormidos? ¿Qué incluso comparten información íntima con esa persona?

Ahora que lo pienso, eso me hace sonar como una pervertida, ¿no?

Mejor dejo de hablar del tema.

-¡Pero sempai me rechazo! ¡Estuve en su cama, vestida muy eróticamente, y no me hizo nada! –se quejó. Miré hacia ambos lados, pero afortunadamente nadie está cerca para oír sus gritos. Sería muy vergonzoso que alguien nos oyera diciendo esta clase de cosas.

-Porque seguramente te comportaste como una desquiciada, ¿no es así?

-¡Por supuesto que no! –miente. O simplemente está poniendo sus típicas excusas ridículas y baratas. En cualquier caso, el resultado es obvio.

-Ningún chico con un mínimo de inteligencia, ni aunque sea extremadamente pervertido, se acostaría con una adolescente que parece una loca peligrosa. Y aun menos si su hermano, con un complejo fuerte de hermana, está durmiendo en la cama de al lado –mientras daba las explicaciones, su rostro se iba poniendo más y más nervioso. Cada palabra mía era un clavo más en el ataúd de sus intenciones románticas-. Y aparte de todo eso… ¿Qué tipo de relación empieza con sexo? Eso sólo serviría para atraerlo temporalmente. Una vez que se canse de fornicar contigo, ¿qué crees que pasara?

La forma en que la mirada de Kiyoshi-chan se oscureció me dio algo de risa. ¿Realmente pensó que funcionaria? ¿En serio? Esta chica es tan torpe cuando no se detiene a pensar las cosas.

-Así que… ¿Hiciste todo eso por impulso?

Ella asintió con la cabeza. Sus ojos se veían como los de un pez muerto.

Suspiré falsamente.

-Escúchame, entre más parezcas una demente impredecible, más lo alejaras. Ni hablemos de intentar desnudarte tan pronto. ¿Conoces lo que se llama paciencia?

Tengo que guiarla de manera correcta. Aún es demasiado pronto para avanzar tanto. Pero si los hago ir demasiado lento, no ocurrirá nada. Tendré que vigilar de cerca, para evitar que Tsuruya le ponga la mano encima, o que deje de verla. Cualquiera de las dos opciones es un fallo.

No vas a hacer esa clase de cosas con MI cosita adorable. No todavía.

Kiyoshi-chan sólo emite sonidos guturales, sin ser capaz de justificar sus acciones.

Ah… Es tan linda, incluso cuando se deprime. Sin embargo, también me contagia su tristeza al ver su expresión sin ningún ánimo. La Kiyoshi-chan que conozco debería ser alegre y brillante como el sol. Estando abatida, me deja un agujero en el corazón.

-¡Está bien! Te ayudare a conquistarlo –declaré, con una enorme sonrisa.

-¿En serio? –los ojos de Kiyoshi-chan se iluminaron inmediatamente.

-Por supuesto. Créeme, lo vas a tener lamiendo tus pies en poco tiempo –no exagero. Por más que Tsuruya sea un bicho raro, sigue siendo un chico.

Tendré que limitar las ocasiones en que ella se comporta como una lunática. Que ocurran sólo cuando intente tener intimidad con él. De esa forma, Tsuruya no querrá hacer nada en la cama, al menos por el momento.

Y hablando del Rey de Roma, ahí viene. Y no se ve feliz.

-¡Tú! –me señaló con el dedo extendido, de forma muy grosera-. ¡Bastarda de dos caras! ¡Sabía que estabas planeando algo! ¡Vas a tener que explicarme muy bien esta situación!

A su lado, Yuuki sólo se encogía de hombros. No creo que le guste ser un espectador en una conversación como esta, pero es el tipo de persona que no puede contener su curiosidad en un caso como este.

Tsuruya llego junto a nosotras. Empezó a gesticular mientras hablaba, pero se paró de repente, y volvió a empezar. Y se volvió a trabar.

Parece que esta tan enojado que se olvida de lo que quiere decir apenas abre la boca.

¡Esto es tan gracioso! ¡Tengo que contener la risa como puedo!

-¡¿QUÉ SIGNIFICA ESTA SITUACIÓN?! ¿Por qué la Yandere ahora está obsesionada conmigo? ¿¡Te das cuenta de lo que eso significa!? –logra decir, finalmente.

Puedo notar que tiene unas ojeras leves. Probablemente, entre la situación de anoche y la visita nocturna de Kiyoshi, no pudo dormir adecuadamente.

-No me digas Yandere, sempai –murmuró Kiyoshi-chan, desviando la mirada-. Más bien, eres tú el acosador, nos encontraste aquí cuando estamos solas.

-¡Y tú no te metas en mi cama en plena madrugada, loca demente! ¡Pensé que moriría! ¡Y no seas ridícula, puedo oler ese rastro tan obvio tuyo desde muy lejos! –esa respuesta hizo que los hombros de la chica bajaran aún más-. Pero ya, no importa. Tienes 13, es normal que hagas cosas algo ilógicas a veces. ¡Lo peor es tu actitud, Mirai-sempai! ¡Tú si estas plenamente consciente de sus acciones! ¡No tienes ninguna excusa!

-¿Excusa? ¿Para qué? –me hice la ignorante.

-¡Respóndeme! ¿¡Cual era la idea detrás de hacer que Kiyoshi se obsesione conmigo!?

-No estoy obsesionada de sempai… ¡Es amor! ¡Estoy enamorada de sempai! –discute ella, con las mejillas rojas como manzanas.

Sin embargo, una mirada furiosa de Tsuruya le hace soltar un gemido débil.

-No. Nadie se enamora en apenas un par de días. ¡Eso sólo pasa en la ficción! –suelta él, siendo muy sarcástico, más de lo que debería-. ¿No prefieres volver a acosar a Kazami-kun? ¿Por favor?

Se está desviando de lo que quería decir. Mejor para mí, se está olvidando de que estaba furioso conmigo, y le presta atención a quien debe mirar.

-Ya te dije, sempai. No estoy enamorada de Onii-san, sólo tengo un complejo de hermano. E incluso si intentara algo con él, me rechazaría de inmediato, como siempre. No hay futuro en insistir en ello –responde Kiyoshi-chan, desviando adorablemente la mirada. Todavía es incapaz de mirarlo a los ojos.

-Obviamente, ningún hermano mayor aceptaría un incesto tan fácilmente –señala él.

-No tiene que ver con el incesto. A Onii-san nunca le atraje en lo más mínimo –se encogió de hombros, resignándose-. A Onii-san nunca le gustaron las chicas.

Un momento de silencio.

-Repite eso –pidió Tsuruya, con la cara rígida.

Oh, cierto, nadie se le dijo. ¿Recién se entera?

-A Onii-san nunca le gustaron las chicas.

Si, recién se entera.

-¿Entonces que le gusta? –preguntó él.

-Los chicos –respondió Kiyoshi-chan, con toda la inocencia del mundo-. Onii-san es gay.

Tsuruya no reaccionó de inmediato. Se quedó congelado en el lugar un minuto.

Acto seguido, volteó a ver a Yuuki, quien estaba algo apartado. Y lo hizo con curiosa naturalidad, sin siquiera parecer alarmado.

-¿Es cierto eso, Kazami-kun? –preguntó.

-Ay, parece que por fin te enteraste –murmuró Yuuki-. Si, Tomonori-kun. Soy gay.

-Entiendo. ¿Y por qué no dijiste nada hasta ahora, Kazami-kun?

-Si lo hubiera dicho, ¿no te habrías puesto en guardia? No quería que estuvieras preocupado siempre sobre si yo tenía algún tipo de atracción hacia ti, o si intentaba hacer algo contigo –Yuuki se encogió de hombros, sin alterar su cara de póker-. Eso sí, debo señalar que tienes unos muslos y una espalda muy bonitos, Tomonori-kun.

Soltó una risita burlona.

Tsuruya no reaccionaba. Parecía que su cerebro estaba asimilando la nueva información, mientras le temblaban los dedos de las manos.

¡Estoy a punto de perder el control!

-Que quede claro, no tengo ningún problema con los homosexuales. Mi punto de vista es que deberíamos normalizar su existencia. El mundo avanza rápido, y no deberíamos estancarnos en prejuicios idiotas –comienza diciendo Tsuruya, con una expresión aparentemente calmada-. Pero… Tengo un pequeño problema… ¡CONTIGO!

Señala a Yuuki con el dedo, vociferando como un altavoz. ¿No va a dolerle la garganta después de todos esos gritos?

-¡Si tenías esas intenciones, debiste decirlas desde un principio! ¡Me siento violado! ¡Seguramente pensabas toda clase de cosas indecentes cuando nos cambiábamos! ¡No hubiera dejado que vieras ni un centímetro de más de mi piel si hubiera sabido eso!

Comenzó a respirar con fuerza, luego de gastar todo su aire.

Sus jadeos apresurados están a punto de romper mi expresión. ¡No aguanto más! ¡Me duele el estómago de tanto aguantar la risa! ¡Es demasiado!

No pude más, así que comencé a reír sin parar. No podía ni mantener los ojos abiertos, estaba demasiado concentrada en continuar limpiando mi alma.

Cuando me di cuenta, yo también estaba sin aliento. Tuve que hacer un serio esfuerzo para no terminar rodando por el suelo, algo muy indigno de mí.

-¡No puedo creerlo! ¡Es incluso más grave de lo que pensé! ¡Cada uno es peor que el anterior! –escucho la voz de Tsuruya, pero no soy capaz de voltear a verlo-. ¡¿Por qué me pasa esto a mí?! ¡Diosa mía, dame una señal de que no me odias! ¿No puedes hacer aparecer una waifu de verdad aquí?

¿Es mi imaginación, o acaba de proclamar a los cuatro vientos que es virgen? ¿Y qué está diciendo de diosas? Probablemente sea de algún anime, no hay que tomarlo seriamente.

-¿Diosa? ¿Te refieres a Rea-san? ¿¡Te convirtió a su culto maligno!?

Kiyoshi-chan está sacando conclusiones tan extrañas, que me cuesta imaginar de donde salen. ¿Por qué adorarías a alguien que está en tu harem potencial?

-Cálmate, Tomonori-kun. Ni siquiera eres mi tipo. Me gustan los chicos más bonitos.

Yuuki, sin alterarse, comienza a burlarse del propio Tsuruya. ¿Realmente le divierte tanto molestarle? Aunque, viendo sus reacciones exageradas, es evidente que todo el mundo desearía continuar fastidiándolo.

-Ah… Ah…

Me cuesta respirar. Me duele el estómago. Pero no me arrepiento de nada, es muy gratificante divertirse así. Me hace olvidar mis feos recuerdos.

Entonces, cuando por fin abro los ojos, veo la situación ante mí. Tsuruya está mirando hacia arriba, como si le rezara a un dios imaginario. Esto pone de malhumor a Kiyoshi-chan, que no deja de murmurar cosas contra Rea, mientras Yuuki le acaricia la cabeza para consolarla. Una interacción no asquerosa entre hermanos.

En ese momento, escucho un batir de alas. Es la paloma mensajera de Shiro. Y trae algo en sus patas, un documento sellado con el emblema de la Academia Jikû.

Estaba esperándolo. Lo presenté esta mañana. Han respondido rápido.

-Veamos que dicen –tomé el documento, dándole unos cereales a la paloma por su buen trabajo. Ella emitió unos sonidos alegres, parándose en mi hombro-. Perfecto. Han aceptado. ¡Felicidades, Tsuruya! Tienes tu alias.

-¿Alias? ¿Qué diablos estas diciendo ahora? –me arrebata el papel de mis manos.

Un poco más de mala educación, y tendré que disciplinarlo. Ya saben de qué forma.

-¿Esto es en serio? ¿Hiciste que me pusieran ESTE alias? ¿Qué tienes en la cabeza?

Suficiente. Me harté de soportar sus quejas.

Me puse de pie, y antes de que nadie pudiera reaccionar, le di un rodillazo en el estómago. Cuando se inclinó por pura inercia, le agarré el pelo y le di un cabezazo. Su frente hizo un sonido casi hueco al chocar contra la mía.

Tsuruya se derrumbó como un muñeco de trapo.

¡No te di tan fuerte, no exageres!

-Ay, eso debe doler –señaló Yuuki, riéndose. Hace ya tiempo que él sabe cómo evitar decir las estupideces que provocan que me moleste. Lo aprendió de esta forma, mejor que recuerde bien, o ya vera.

-¿Cómo hiciste para hacer que lo acepten sin la firma? –preguntó Kiyoshi-chan, tomando el documento de manos del derribado Tsuruya.

No le preocupa que yo lo discipline. Se acostumbró cuando lo hacía con Yuuki. A diferencia de los chicos, ella rara vez decía algo que mereciera corregirse. Porque suena adorable cuando dice estupideces, a diferencia de ellos.

-Ser líder de Grupo tiene privilegios –aclaré, con una sonrisa.

-No lo sabía. ¿Cómo se lee esto? –esta confundida por el texto, ya que no es un apodo en kanji-. Negro… ¿Negroros?

Kronos. Es de la mitología griega. Kronos era rey de los titanes, Señor del Tiempo –le aclaré-. Sin embargo, la razón por la que lo elegí es otra.

-¿Por qué? –pregunta ella. Estoy segura que no le va a gustar la respuesta.

Kronos era esposo de Rea. Supongo que ahí está el chiste –aclara Tsuruya, sujetándose el estómago-. La Niña Fantasma dice que no le molesta, de hecho se está riendo.

-No me gusta ese apodo –refunfuñó Kiyoshi-chan, molesta.

Se ve tan linda. Me dan ganas de abrazarla y apretujarla entre mis pechos.

-No es más que un apodo, hermanita. No significa nada –Yuuki se encogió de hombros, sonriendo de oreja a oreja-. Si lo pones de ese modo, tú serias una loca que va por ahí matando gente de forma pervertida.

Este nuevo comentario la hizo reír, aunque de manera algo forzada.

-Entonces, no hay ningún problema. Felicidades, Kronos, ya eres legítimamente un miembro del Grupo S. Desde hoy, eres un entendedor, un habitante del mundo secreto detrás de la realidad. ¿Hacemos una fiesta? –propuse, sonriendo alegremente.

-¡Olvídenlo! ¡Todavía me duele todo por lo de ayer! ¡Y mi mano sigue estando sin piel! ¿No podemos relajarnos un día? –de repente, como si hubiera recordado algo, se incorpora con rapidez-. Un momento. Si aceptaron ese alias… ¿¡LES DIJISTE QUE PUEDO VER A REA!?

-No te pongas histérico. Nada va a pasar. La gente del culto a Rea es tranquila, en general. Mientras no hagas nada llamativo, nadie querrá asesinarte –le resto importancia al asunto.

Tsuruya se arroja al suelo, murmurando cosas sobre que será diseccionado.

Los hermanos Yuuki se ríen.

Este es, nuevamente, otro hermoso día en la Academia Jikû.

Continuara…

Original Sin: Kage no Michi

Capitulo 1

Los Aguijones

-¡Te digo que es la única explicación! ¡El Rey Demonio esta muy interesado en doblegar primero este país! –clamó, por tercera vez, el mercenario.

-Y yo te digo que has bebido demasiado. O si no es eso, simplemente estas muy paranoico –le respondió su compañero de armas.

Ambos hombres bebían en un bar al aire libre. Apenas era la Quinta Hora de Luz, pero este establecimiento continuaba recibiendo ordenes de clientes sin parar. No eran pocos los mercenarios que volvían de sus incursiones, además de los que utilizaban este campamento como base. Sumando a los viajeros y comerciantes de paso, una compañía militar de la Frontera Roja que se había extraviado, los nómadas migrantes, y algunos extras más que habían llegado por quien sabe que razones, el lugar estaba repleto.

El bullicio en el bar era tan ruidoso que ambos hombres debían conversar a gritos. Ellos pertenecían a la clase más común de mercenarios, esa a la que apodaban “Carroñeros”. Su trabajo era revisar periódicamente los territorios de la Frontera Roja cercanos al campamento, en busca de algún grupo de Demonios que hubiera escapado al cerco del Ejercito Real. Les pagaban por cada uno que liquidasen.

Por supuesto, este dinero no alcanzaba para nada. No porque fueran pocos los Demonios que se filtraban fuera del Territorio Vedado, si no porque había docenas de grupos de Carroñeros explorando los territorios circundantes. Era casi un juego de azar, patrullando en busca de cualquier monstruo que les pudiera reportar un ingreso. Y los días infructuosos simplemente acababan haciendo tareas básicas, para ayudar a mantener el campamento en buen estado y ganar algunas monedas.

La noche anterior habían tenido suerte: Un Demonio intentaba esconderse en los pastizales, pero alcanzaron a verlo primero. No fue difícil para el grupo de cuatro acabar con él. Y ahora, dos de ellos estaban aquí, despilfarrando el dinero recién adquirido en placeres pasajeros.

Típico día para un par de Carroñeros.

-¡Fíjate que es cierto! ¡El Rey Demonio viene a por nosotros! –exclamó el ruidoso mercenario después de un instante de silencio. Sus mejillas estaban enrojecidas, señal de su estado de ebriedad.

-Si fuera verdad, ya estaríamos muertos. Y los Demonios estarían sacándole la piel a nuestros cadáveres –su compañero estaba mucho mas lucido, recostado en la silla de madera-. Es obvio que esta cantidad de bestias atacan en todos los países a la vez, no tenemos nada especial para llamar la atención de sus tropas.

-¡Que si hay algo extraño aquí, Crajers! –volvió a insistir el mercenario bebido, luego de vaciar su quinta jarra del día de un solo trago.

-Es Crijiers –le corrigió su compañero-. ¿Por qué tanta fijación a ese tema? ¿Prefieres que haya menos Demonios que cazar, Fuodza?

-¡Obviamente no! Bueno, preferiría que no hubiera Demonios en primer lugar –gruñó Fuodza, limpiándose restos de cerveza de su corta barba-. Pero no puedo sacarme de la cabeza las palabras de ese sujeto. ¿Te acuerdas de la compañía militar de la semana pasada? ¿Esos que volvían del Reino vecino?

-Si. Hicieron un escándalo con el jefe del campamento por las condiciones de viaje que tuvieron. ¿Qué culpa tenia él? Es obvio que si vas como refuerzo a las fronteras ajenas, será un viaje duro. ¡Y ni que hubiera sido el jefe quien los mando! –recordó Crijiers, resoplando de irritación. Estaba cansado de tantos pelotones despistados que venían a molestar aquí porque se había perdido. Sólo daban problemas.

-Como sea. Uno de ellos estaba quejándose con la chica que contrató en la habitación junto a la mía. Y lo hacia a los gritos –Fuodza se acercó a su compañero, para hablarle en privado, cosa inútil porque nadie en realidad les prestaba atención-. Dijo que el número de Demonios en ese Reino vecino era mucho menor. Se quejaba de que parecía que los habían enviado para nada, porque las tropas locales hicieron todo el trabajo y ellos estuvieron varios días matando el rato. ¿No te parece extraño?

-Ciertamente, hay algo raro allí. Si las tropas del Ejercito Real holgazanearan mas de lo que ya lo hacen, estaríamos  peleando día y noche contra esos malditos monstruos –Crijiers se rascó la barbilla lampiña-. Tienes un punto. Podría ser que estén concentrándose en este país. Pero no creo que sea por nada en especial. Si yo fuera su estratega, hace años me habría dado cuenta de la cantidad de agujeros en el cerco del Ejercito Real. Seguramente por eso tienen este país en la mira.

Ambos intercambiaron expresiones preocupadas.

-¿Crees que sea buena idea largarnos? A este paso, el Reino no durara mucho tiempo más. Si ocurre otra Gran Matanza, seremos los primeros en ser desollados vivos –murmuró Fuodza. Su compañero no pudo oírle bien por todo el alboroto alrededor, pero capto la idea de lo que intentaba comunicar.

-¿Y adonde iríamos sin dinero? Cualquier puesto fronterizo nos haría regresar a punta de espada. ¡Nadie quiere a los refugiados pobres! –totalmente pesimista, Crijiers destrozó las esperanzas del borracho-. Además, aparte del Imperio, no hay más naciones capaces de plantarle cara a un ejército tan grande. Tarde o temprano van a caer. Y ya sabes lo que opina el Imperio de los demás países.

Fuodza trago saliva. Cada vez que algún comerciante del Imperio pasaba por ahí, afirmaba fuertemente que su nación no toleraba a los cobardes países vecinos. Que si no hubiera un enemigo como el Rey Demonio, con un poderío tal que les obligaba a gastar todos sus recursos militares, ya hubieran conquistado a todos los Reinos aledaños.

Eso sin mencionar las formas increíblemente despectivas que tenían todos los mensajes de las Tropas Imperiales a los puestos de avanzada y campamentos cercanos a su Frontera Roja, como este. Eran advertencias periódicas de no entrar al Imperio bajo ningún motivo, incluso si eran perseguidos por un ejército de Demonios. Las insinuaciones que hacían eran tan horribles, que nadie intentaba probarlas.

Los piadosos comerciantes trataban de advertirles que, literalmente, serian decapitados si ponían un pie en el Territorio Imperial.

-¿Qué diablos les pasa a esos sujetos? ¡Que nosotros no somos el enemigo! ¡Combatimos a los Demonios igual que ellos! –se quejó Fuodza, sujetándose el estomago. Empezaba a sentir los efectos de ingerir tanta cerveza.

-No tengo idea. Lo mas probable es que ven este país como algo inútil, así que no somos igual que ellos –razonó Crijiers-. En el mejor caso, gente como nosotros deben parecerle escudos de carne para algún soldado de la clase mas baja. En el peor, nos cortaran las piernas y las asaran para la cena.

-¡Aggghh! –ante la mención del canibalismo, Fuodza se encogió, con nauseas.

-Si, a eso me refiero. Allá estaríamos seguros de los Demonios, pero no podemos decir lo mismo de los demás humanos –vacío una jarra enorme, refunfuñando-. ¡Maldito Rey Demonio! ¡Maldito Ejercito Real! ¡Maldito Imperio! ¡Malditos Dioses que se sientan a mirar como nos pudrimos!

-¡Malditos todos! –coreó Fuodza.

Ambos hombres chocaron sus jarras, gritando improperios contra todo el mundo.

En lo que se distraían, una conmoción empezó a extenderse por el campamento.

-¿Qué pasó? ¿Ataque de Demonios en masa? ¡Vamos a morir! –chilló Fuodza, hablando solo.

Un sujeto del mantenimiento de establos que pasaba por allí le escuchó, y comenzó a negar con la cabeza.

-No son Demonios, señor. Ha llegado un grupo de Cazadores del Territorio Vedado. ¡Es El Destajador, y trae consigo cien cabezas demoníacas! –dicho esto, se largó rápidamente a atender sus deberes.

Los dos Carroñeros intercambiaron miradas sorprendidas.

-¿¡Cien cabezas demoníacas!? –Crijiers murmuró esas palabras en voz alta, ante la dificultad de asimilar su significado-. ¿Te das cuenta de lo que eso significa?

-¿Qué ellos son mejores que nosotros? –respondió Fuodza.

El grupo que regresaba no era uno de Carroñeros. Eran “Aguijones”.

Se trataba de una profesión mucho más arriesgada. Ellos no eran tan cobardes como para esperar a que las tropas del Rey Demonio vinieran, enfrentaran al Ejercito Real, y pasaran de a uno entre los agujeros de la inestable Frontera Roja.

Los Aguijones entraban en el Territorio Vedado.

Luego de conseguir un permiso especial, ingresaban periódicamente. Mientras los Carroñeros eran un sistema de seguridad que impedía que los Demonios invadieran los terrenos privados de los nobles, y el Ejercito Real era la fuerza principal encargada de hacerles frente, los Aguijones se adentraban entre las filas de los Demonios. Confiando únicamente en sus habilidades, causaban tanto daño como les era posible, y regresaban triunfantes.

Por supuesto, la paga que recibían por sus hazañas era más que generosa. Incluso así, no había demasiados candidatos para convertirse en Aguijones. Nadie sabía con certeza cuantas bajas sufrían estos grupos. Si eras atrapado por Demonios allí afuera, no había que ser muy listo para imaginarse la clase de final atroz y horrible que tendrías. Por no mencionar que tu cadáver nunca seria sepultado, y era muy probable que lo profanaran de toda forma posible.

En definitiva, o tenias éxito, o te esperaba la muerte.

Y El Destajador era una de esas personas que habían tenido éxito.

-¿Quieres ir a ver? –preguntó Crijiers a su compañero.

-¿Para qué? ¿Morirnos de envidia? –se quejó Fuodza, terminando la jarra que tenía en sus manos-. Déjalos, que sigan en lo suyo. Que disfruten de la gloria mientras puedan. Tarde o temprano, acabaran mal.

Con un último eructo, el Carroñero se durmió sobre la mesa, producto de la ebriedad. Su compañero suspira, intentando incorporarse, pero le falla el equilibrio y termina en el suelo.

Tirado en la tierra, comienza a sentir vibraciones crecientes, producto de los pasos de muchas personas. Alza la cabeza, contemplando cómo se acerca una gran multitud, siguiendo a un grupo de hombres que caminan solemnemente a la cabeza.

Tras ellos, los recién llegados arrastran sacos enormes.

-Así que no era necesario ir a verlos, ¿eh? –murmura Crijiers. Se queda contemplando la forma en que la gente del campamento les adula, ofreciéndoles todo tipo de productos a su llegada, desde tragos hasta sexo. Era evidente para el Carroñero que cargaban en esos sacos abultados.

Cabezas. Cien cabezas de Demonios. Una extraordinaria proeza.

Antes de siquiera notarlo, esta intercambiando miradas con el líder del grupo, el hombre más alto que encabeza la marcha. Los ojos de este se clavan dolorosamente en la figura patética del mediocre Carroñero borracho.

Una armadura pesada de cuero y acero. Cargaba un mandoble con una oscura hoja rojiza. Una cicatriz entre sus ojos, producto del ataque de algún Demonio en su juventud. Era la viva imagen del poder de la humanidad.

Sin embargo, su mirada dio escalofríos al hombre tumbado en el suelo.

Esa era la mirada de un loco, un monstruo inhumano.

Los ojos de Vourdred el Destajador hicieron temblar el alma de Crijiers, incluso aunque este ya se había alejado, seguido de cerca por su grupo y la comitiva que les acompañaba.


A El Destajador no le causo ningún impacto el hombre tendido en el suelo. Para él, un Carroñero mediocre no era importante. Si moría, otro más ocuparía su lugar. Eran tan desechables como los ineptos e inexpertos soldados del Ejercito Real.

Tarde o temprano, iban a morir por su pasividad.

En cambio, cada uno de los hombres que le acompañaba era capaz de enfrentar a los Demonios por sí solo. Se habían curtido en el campo de batalla, preparándose para, en un día no muy lejano, enfrentar al enemigo de manera desesperada.

-¡Es suficiente, señoras y señores! –exclamó uno de los Aguijones, haciendo gestos teatrales. Druess era el portavoz del grupo, gracias a su elocuencia y creatividad-. Acabamos de regresar de un duro viaje de tres días al Territorio Vedado, deslizándonos con cautela entre hordas y hordas de Demonios sedientos de nuestra sangre. ¿Nos acosaran a preguntas, en el estado extenuado en que nos encontramos?

Los aduladores fueron completamente captados por las palabras de Druess, y comenzaron a dispersarse.

Estaban frente al único hospedaje solido del campamento. El rustico edificio de madera podía albergar a unas doscientas cincuenta personas como máximo, siendo todas estas casi siempre Aguijones, o funcionarios del Ejercito Real que venían a hacer las revisiones regulares.

Este tipo de lugares eran los sitios donde el grupo de Vourdred recuperaba sus fuerzas luego de cada incursión al Territorio Vedado, al otro lado de la Frontera Roja.

En la puerta, los guardias armados se hicieron a un lado para permitir la entrada a los inquilinos. El mayordomo, quien también era el encargado y dueño del lugar, les dio la bienvenida con una reverencia. No necesitaba ni que se identificaran, eran tan conocidos que podía reconocerlos solamente al darles una mirada.

-¡Bienvenidos! ¡Estábamos esperando vuestra llegada! –comenzó a decir. Alzo la cabeza, acariciándose el bigote-. ¡Por favor, acepten una muestra de nuestra hospitalidad! Tenemos el baño listo, y un banquete digno del Rey para agasajar a nuestros bravos guerreros que mantienen a los Demonios lejos de nuestras familias. La Casa invita, por supuesto.

Había sido alertado por sus empleados de la llegada del grupo de Aguijones, y había ordenado un repaso general a las habitaciones que usarían. Sin embargo, necesitaban algo de tiempo para tenerlas a punto, así que debía entretener a los clientes mientras tanto. Cuartos sucios era algo realmente malo para el negocio.

-No es necesaria la hospitalidad. Nuestras manos nunca vuelven vacías después de vernos cara a cara con los sucios y horribles Demonios –respondió Druess, haciendo una leve reverencia en respuesta a la del encargado.

Druess intercambio una mirada con Vourdred.

Vourdred hizo una seña a dos de sus hombres, los cuales sonrieron casi inmediatamente. Se acercaron, sacando de entre su ropa objetos brillantes.

Ante los ojos desorbitados del mayordomo, ellos le entregaron un pesado cáliz de oro incrustado con joyas, y un collar de plata con un zafiro en forma de estrella.

Estos tesoros fácilmente podían adquirir el hotel entero, incluyendo a las personas y animales que incluían el servicio. Era un pago absolutamente desproporcionado a la estadía en el hotel. Era como comprar un trozo de pan con monedas de oro.

-Esto… Es mucho… ¡Agradezco humildemente la generosidad que me ofrecen! –musitó el encargado, tratando desesperadamente de que no se notara la codicia en su voz. Incluso volvió a hacer una reverencia, para evitar que vieran el brillo en sus ojos-. ¡Les daré las mejores habitaciones durante toda la Época de Manzanos!

Se oyeron algunas risas.

-¿He escuchado la Época de Manzanos? Me temo que nos está malentendiendo, señor Látencer –el encargado se quedo en blanco al escuchar su nombre de familia. El jamás había pronunciado esa palabra en este campamento, para evitar cualquier problema-. Estas meras fruslerías no pueden pagar un establecimiento tan fino como el vuestro por tal tiempo. Simplemente, nos quedaremos una semana.

Las palabras de Druess dejaron a Látencer sin habla. Sus ojos parecía que se le iban a salir de las órbitas. Su quijada podría haber caído al piso si no estuviera ligada a su cara. Sus manos se quedaron heladas. Los guardias apostados alrededor estaban prestando mucha atención, admirando el brillo del oro y las joyas en estado de shock, pero él ni se daba cuenta.

Era imposible. ¿Acaso acababa de pasar lo que su cuerpo le estaba diciendo a su mente? ¿En serio? ¿De verdad? ¿Sin ninguna duda?

Esas personas, estos Aguijones… ¡¿Ellos realmente estaban dispuestos a entregarle a él estos tesoros increíblemente valiosos por nada?!

Los ojos del encargado se llenaron de lágrimas.

-Ustedes… ¡Vuestra generosidad me llega hasta el alma!

El mayordomo comenzó a derretirse en elogios hacia ellos, y no eran las típicas palabras zalameras que decía a los otros inquilinos. Están nacían de su profundo agradecimiento hacia el grupo de Aguijones. Desde el fondo de su corazón, sin exagerar.

-¡Agradecemos sus bellas palabras, honorable señor Látencer! –Druess dio una sonrisa limpia de oreja a oreja, mientras gesticulaba con sus manos de manera natural-. ¡Por favor, cuide de nosotros durante nuestra corta estadía!

Con estas palabras, los guardias que venían escuchando la conversación se hicieron a un lado, dejándoles ingresar al hotel. Vourdred hizo una nueva señal, indicándoles que entraran detrás de él.

Druess no fue detrás de ellos inmediatamente.

-Señor Látencer, ¿podría escuchar una última petición de nuestra parte?

-¡Claro! ¡Lo que quieran! –respondió éste, abrazando contra su cuerpo los tesoros.

-Vera… Los trofeos que trajimos del Territorio Vedado… Ya tenemos muchos –Druess soltó una risa irónica-. ¿Podría encargarse de estos? Al jefe dice que le gustaría ponerlos en la entrada del campamento, mirando hacia el Sureste.

-¿Hacia el Sureste? –preguntó Látencer. La Frontera Roja estaba al Sureste.

-Sí. De esta forma, les dará valor a nuestros compatriotas cuando salgan a enfrentar a los terribles Demonios. Sin mencionar que llenara de miedo los corazones de los monstruos que se atrevan a siquiera acercarse a este campamento –explicó el mercenario, actuando como si estuviera sobre un escenario, con un público ávido de ver su interpretación.

-¡Qué gran idea! ¡No se preocupe, yo me encargare de todo! ¡Vaya a limpiar su cuerpo, comer y descansar, buen hombre! –aseguró el encargado.

-Muchas gracias, señor Látencer. Me despido de usted, debo reunirme con mis compañeros. ¡Hasta luego!

Con un ademán, entro rápidamente en el edificio, con una sonrisa enorme en su rostro sucio y mal afeitado. Nadie vio su expresión apenas les dio la espalda.

-A ver, veamos que tenemos aquí –murmuró el dueño del hotel.

Tomó el borde de uno de los sacos dejados por los mercenarios. Del interior venia un olor espantoso a putrefacción, así que fue fácil para él adivinar que contenían. No era extraño que pasaran cosas como esas, eran muchos los Aguijones que traían trofeos para celebrar sus victorias contra el ejército demoníaco.

El hombre calculó que el tamaño de cada cabeza debería ser similar a un melón. Si así era, entonces el número de trofeos era mayor a los que se decía. Debían ser al menos doscientas.

-¡Señor! –llamó uno de los guardias. Parecía que estaba haciendo lo mismo que él, inspeccionando los sacos para ver qué clase de trofeos habían traído los Aguijones-. ¡Venga a ver esto! ¡RÁPIDO!

-¿Ah? ¿Qué sucede? ¿Hay algún problema? –Látencer se acercó al ver la expresión asustada del hombre. Se trataba de un Carroñero, así que cabezas de Demonio deberían ser cosas relativamente normales para él.

Sin embargo, olvido eso cuando sus ojos se posaron en el contenido de la bolsa.

-Esto… Esto es…

Por segunda vez en corto tiempo, se había quedado sin habla.

Lo que estaba dentro del saco era una sola cabeza. Enorme y maciza, los ojos estaban anormalmente separados entre sí. Sus dientes del tamaño de un ladrillo eran amarillentos, y en algunos había feas marcas negruzcas. La piel tenía un tono verdoso que recordaba al moho, y sin duda era más gruesa que la de cualquier Demonio. El poco cabello, del color de la paja sucia, eran matojos revueltos y enmarañados sobre las orejas de la criatura. La nariz era asquerosamente grande.

-¡Un Troll! –exclamó el guardia.

-Es demasiado grande –contestó Látencer.

-Una vez, vi uno de estos. Por suerte, estaba bien lejos cuando logre avistarlo –aseguró otro de los hombres, atraído por el escándalo. Su rostro estaba pálido-. ¡Es un Ogro de las Tierras Bajas! ¡En el Ejercito del Rey Demonio, estas cosas son usadas para arrastrar armas de asedio, o para llevarse por delante a compañías enteras de soldados!

-¿Cómo se las ingeniaron para acabar con este monstruo? –murmuró el primero, aterrorizado al ver la gruesa piel que tenia. Las espadas no podían cortar eso.

-Mira atentamente –respondió Látencer, señalando a los ojos del Ogro.

Ambos estaban atravesados por flechas largas. La derecha estaba partida, como si alguien la hubiera quebrado al intentar quitársela. La izquierda estaba completa, mostrando unas largas plumas de pato silvestre.

-¿Qué arquero podría darle a blancos tan pequeños? ¡Y eso en medio de una batalla contra un monstruo como este! –el segundo guardia tragó saliva-. ¿Qué clase de monstruos son esos Aguijones?

-Pues me alegró de estar en el mismo bando que ellos –aseguró el encargado, abrazando contra su pecho los tesoros que se le habían entregado-. Fuertes, generosos, educados… ¡Esta es la clase de hombres que salvaran a la humanidad del Rey Demonio!

Los guardias fueron completamente incapaces de refutar sus palabras. Ante la vista de esa hazaña, no tenían forma alguna de expresar lo que sentían en palabras.


En palabras simples de explicar, ¿qué es un regalo?

Un regalo tan generoso era un acto claro de amabilidad, un gesto de personas con gran corazón. Una muestra de la bondad del ser humano. ¿No es así?

Pero… ¿Qué parte de ello es el gesto de bondad? ¿Desprenderse de tesoros tan valiosos? ¿Entregárselos a una persona que no conocías? ¿Incluso después de haberlos robado de los horribles Demonios a costa de sangre, sudor y lagrimas?

¿Y qué dirías si supieras que, para esas ‘buenas personas’, esos tesoros tan valiosos les dan igual?

¿Qué dirías si te dijera que no hay nada que podrían hacer con ellos si se los quedaran?

¿Es todavía un acto desinteresado de bondad? ¿El gesto todavía es algo grande? ¿Hay realmente una muestra del buen corazón de la humanidad?

¿O acaso es solamente un acto al nivel de tirarle un hueso a un perro callejero?

¿Qué opinas tú?


Ya dentro del establecimiento, se escuchaban las risas de los Aguijones, mientras se quitaban el barro y la sangre de sus cuerpos llenos de músculos. Los empleados del hotel, luego de que se corriera la noticia sobre la cabeza de Ogro, estaban tan impresionados que aceleraron sus trabajos.

Eso, y que el dueño les había prometido monedas extras si terminaban antes de la Octava Hora de Luz.

Entre la conmoción, los empleados ocupados, que no había más clientes importantes capaces de pagar la estadía, y el respeto hacia el grupo de mercenarios, ellos pudieron darse un largo baño en la enorme estancia con relativa facilidad.

Sin embargo, si alguien más hubiera entrado, se habría encontrado confundido.

¿Por qué los que reían eran sólo cuatro personas junto a la puerta? ¿Y por qué parecía que estaban forzándose a sí mismos a hacerlo? De vez en cuando, aparecía alguno de los demás a sustituir a una de estas cuatro personas. De esa manera, seguían contando historias banales y chistes tontos, mientras soltaban carcajadas ocasionales con extrañas expresiones en sus rostros.

Daba incluso algo de miedo.

En el fondo del baño, metido hasta la cintura en agua caliente, Vourdred se arrojó un cubo de agua humeante sobre su enorme y fornido cuerpo. Estaba repleto de cicatrices, muchas de ellas viejas. Había una muy grande en su hombro izquierdo, allí donde el alfanje de aquel Demonio se había clavado. Aunque era claro que la herida más notoria estaba en su rostro: Una marca negruzca, dejada allí por la figura negra el día que su vida se derrumbó en un instante.

Su expresión estaba tan fría que incluso congelaba el agua a su alrededor, haciendo que el agradable baño caliente se tornara algo incomodo.

-¡Jefe! ¿Estás escuchando?

-¿Ah? –Vourdred salió de sus pensamientos al ver que Firdas le hablaba-. No, repítelo. Y no me llames jefe aquí.

-Está bien, Vourdred –murmuró el hombre. Tenía el cabello rubio platinado, y un cuerpo flaco y fibroso. Aparte de eso, con su nombre sacado de una vieja leyenda élfica, muchas veces el resto de los hombres solían fijarse si tenía orejas de punta-. Estaba preguntando si iremos en una nueva incursión a la Llanura de Acero. Los Demonios empiezan a venir en caudales mayores.

-Lo sé. No hay razones para quedarse más tiempo. Recuperaremos fuerzas y suministros y partiremos a las Colinas de los Aullidos. Allí debería haber mejores oportunidades, especialmente cuando llegue el Invierno. Los Trolls y Ogros tendrán problemas para moverse con la nieve gruesa de esa zona.

-Entendido –Firdas no discutió nada. No hizo más preguntas. No eran necesarias.

Vourdred se quedo solo una vez más. Él y sus pensamientos no fueron perturbados durante el resto del día. Solamente se quedo en silencio durante el baño, el banquete, y la tarde. Nadie más le pregunto nada, nadie le prestó atención.

Como si fuera natural que el líder de la tropa de mercenarios no hiciera el más mínimo comentario, todos los demás pasaron a su lado hasta la noche sin prestarle atención. Incluso cuando Druess contó historias de terror frente al fuego de la chimenea, asustando a los empleados. Tampoco cuando Mulen y Seigbuk hicieron una competencia de pulsos. Ni siquiera cuando Ergasse partió rocas en dos con la fuerza de sus enormes y poderosos brazos. Hasta los chistes ridículos de Kaltras se oyeron esa noche, y no le inmutaron ni un poco.

Cómo si se hubiera convertido en una estatua de piedra con forma de hombre.

Como si estuviera esperando algo.


Esa noche fue silenciosa.

El campamento, luego de la agitación de la mañana, se quedó en silencio.

Fue por eso que ese insignificante ruido despertó al mercenario.

No era el chirrido de un insecto. No era un animal domestico despierto. No era el ronquido de un hombre. No era ningún sonido natural.

Si le preguntaras a Vourdred, él diría que era una risa. Una débil, fría y sibilante risa.

Y luego, esa sensación helada. Se sentía como una mano de pura malicia glacial que acariciaba su costado. Y subía lentamente, acercándose a su cuello.

Casi podía sentir las escamas frías de la serpiente, mientras se acercaba a los puntos vitales de su cuerpo.

Sintió el lamido de la lengua bífida en su cuello.

La cicatriz de su frente comenzó a picarle.

Se incorporó rápidamente, con una mano agarrando el mango de la espada, y la otra asiendo al viperino animal que intentaba morderle el cuello.

Sin embargo, no había nada ni nadie. Ni serpiente, ni enemigo. La habitación donde descansaban él y sus hombres estaba vacía. El calor corporal de la chimenea y las personas durmiendo llenaba la estancia, mientras la ventana abierta dejaba entrar un aire fresco ligero. La única frialdad la sentía en su cuerpo, pero rápidamente desaparecía.

¿Una pesadilla?

Frotándose la oscura marca sobre su nariz, el Aguijón se levantó de la cama. Camino lentamente hasta la ventana, dispuesto a cerrarla sin despertar a sus compañeros. Sin embargo, en el momento en que estaba frente a ella, algo le hizo desviar su mirada hacia la calle completamente vacía. Desde el primer piso, tenía una vista perfecta.

Una forma oscura se podía ver a la débil luz de una tea que estaba casi extinguida.

A pesar de que la calle estaba vacía hasta hace un momento, ahora había alguien allí. La tea comenzó a arder de repente con una llama negra como la Oscuridad Infinita, que se devoraba la negrura alrededor.

Esa forma oscura de una persona con capa y capucha, rodeada de un aura negra.

A pesar de la distancia, era capaz de ver al ser sombrío que le había hecho esa cicatriz que ardía en su frente. Y esa criatura, esa cosa, esa abominación, estaba allí.

Le hacía señas con una delgada mano, pálida como la Luna.

“Ven. Ven aquí ahora.”

Vourdred no espero ni un segundo. Tomo su espada, saltó por la ventana, y comenzó a correr como un loco hacia la forma encapuchada que le esperaba allí. Si hubiera algo en medio, lo habría arrollado como un búfalo salvaje desquiciado.

De sus labios escapaba un gruñido animalesco.

Sin embargo, la forma oscura no parecía en lo absoluto preocupada por un enorme hombre corpulento corriendo en su dirección. Ni siquiera reaccionó cuando el mercenario esgrimió la espada, preparándose para partirle en dos.

Simplemente, en el momento en que se acercó lo suficiente, se dio la vuelta con naturalidad, y camino hacia el establecimiento más cercano. No mostraba la más mínima preocupación, ni cambio su ritmo al desplazarse.

No le alarmaba el hombre intentando atacarle.

Vourdred, con la manía de la experiencia obtenida en combate, se dio cuenta de que no llegaría a golpear a la figura oscura antes de que llegara a la carpa. No podía ir más rápido, ni serviría de nada arrojarle la espada. Recordando sus experiencias pasadas, todavía dudaba de que esta arma fuera capaz de herir a este ente misterioso.

Justo antes de desaparecer detrás de la tela, la figura dejo entrever una sonrisa bajo su capucha. Los labios carmesí en la piel pálida no mostraban ninguna imperfección.

El Aguijón gruñó por la impotencia, pero nada podía hacer más que aminorar el paso y bajar su arma. Entro rápidamente a la carpa, mirando hacia todas partes en busca del Demonio encapuchado, pero no había señales de su presencia. Y tampoco ningún lugar donde pudiera estar ocultándose. Una única vela larga y gris iluminaba el lugar con facilidad, así que tampoco podrían estar escondiéndose en las sombras.

La atención de Vourdred se dirigió hacia las personas en el lugar, imaginando que no sería capaz de reconocer a la figura oscura sin sus atavíos regulares, pero se llevó otra decepción. Tan sólo había un hombre mayor con una larga barba, y un niño pequeño que sostenía una bolsa de arpillera.

Ninguno de ellos tenía parecido alguno con ese ente que le había hecho la cicatriz.

¿Adónde había ido?

-¿Han visto algo extraño? Vi que una persona sospechosa pasó por aquí –dijo Vourdred, refrenando la furia que ardía en su sangre.

Había esperado por siete años. Todavía no había llegado al límite de su paciencia. Si la figura oscura se había mostrado después de todo este tiempo, significaba algo. Las respuestas que estaba buscando debían estar por revelarse.

-¿Alguien sospechoso? Por ejemplo… ¿Qué tal un sujeto que aparece en mi tienda, espada en mano, cuando todavía falta más de una hora para que amanezca? –respondió el dueño, mirando al reloj de arena a su lado, y poniendo una sonrisa irónica en sus labios oscuros-. Y aparte de eso, con el torso al descubierto con este frio… ¿Busca un resfriado?

El Aguijón no estaba de humor para bromas. En su precipitación, había olvidado la vaina de la espada, por lo que clavo la punta en el suelo, mientras miraba por el lugar. Sus ojos buscaban lugares donde ocultarse, pero la frutería no tenía ningún escondite para una persona tan alta como él.

La figura oscura no había entrado en ese lugar. Le había engañado.

El Destajador exhaló lentamente, calmando su mente. Dejo de preguntarse adonde podía haber ido ese Demonio. No estaba aquí, y de nada serviría obsesionarse con ello. Con la adrenalina retirándose de su cuerpo, se dio cuenta de que el viejo tenía razón. El frío de la noche no se sentía en el cuarto calefaccionado del hotel, pero aquí era otra historia.

El niño, maravillado, comenzó a observar la enorme espada del mercenario. La hoja desnuda no brillaba ni se veía hermosa. Era un instrumento cuya única utilidad era matar, y nada más que eso. Se podían ver una serie de pequeñas letras alineadas en el mango, pero sus trazos eran tan pequeños y finos como hilos de araña.

-¿Esas son runas élficas? –preguntó el niño. Sus ojos brillaban.

El Aguijón, quien seguía buscando alrededor en busca de pistas, presto atención al pequeño que admiraba su mandoble.

-Enanas. O al menos, eso dicen –él había adquirido la espada en una armería, tiempo atrás. Había costado mucho oro, supuestamente por las propiedades mágicas de las runas en su mango, y la hoja hecha de acero celestial. Cuanto de esto era realmente cierto, no sabía, pero en estos años no recordaba haber sentido ni presenciado ningún hecho místico relacionado a esa espada.

Era mucho más común que fueran los Demonios, o los hechiceros errantes, quienes usaran magia contra él. Y jamás con buenas intenciones.

-¡Impresionante! –murmuró el niño-. Entonces, ¿es usted el Aguijón que cazó a un Ogro de las Tierras Bajas? ¡Dicen que era tan alto como una torre, con una piel más gruesa que una coraza de acero, y portaba una espada gigantesca!

Los rumores que había oído dejaron a Vourdred perplejo. Cada uno era más ridículo que el anterior. Para empezar, los Ogros no eran tan altos, pues caminaban encorvados; y este en particular usaba un garrote y un hacha.

Algunas personas, al parecer, disfrutaban enormemente de inventarse historias de la nada para hacerle ver como una especie de héroe legendario.

-¿No deberías estar en casa? En la noche pueden acechar todo tipo de criaturas horribles –advirtió el mercenario.

-¡No les tengo miedo a los Demonios! ¡Algún día, tendré mi propia espada, y cortaré en pedazos a cada uno de esos monstruos! –el pequeño comenzó a agitar un arma invisible, adoptando poses gallardas. El espectáculo era tan ridículo que a Vourdred le entraron ganas de reírse.

Y luego, comenzó a acordarse del pasado. De su pequeño Jadred. De cómo él se ensuciaba siempre las manos con tierra jugando, de cómo practicaba ser arquero arrojando ramitas, de la vez que había intentado levantar el hacha de su padre, pero sólo consiguió caer sobre su propio trasero.

Recordó su pequeño cadáver, en el suelo, asesinado por las bestias que hicieron arder su aldea ese día, sin dejar un solo edificio en pie.

El niño de la bolsa de arpillera había empezado a describir sus heroicas hazañas, y se volteó para ver si el mercenario seguía prestándole atención. Sin embargo, se quedó tieso al ver la escena que tenía lugar en ese momento.

Los ojos del hombre, que miraban a ninguna parte, estaban tan llenos de odio e ira que se le olvidaron todas sus fantasías de ser un guerrero. En lo profundo de esa mirada yacía un ansia tan repulsiva, que las piernas del pequeño comenzaron a temblar.

-Ah… Has- ¡Hasta otro día! –se despidió el niño, aferrando fuertemente la bolsa de arpillera. Salió despacio, como si caminara frente a un león dormido.

Un león al que no quería despertar.

-Que tengas un día bonito –le despidió el dueño, quien había estado abstraído de todo lo ocurrido, contando las monedas en una bolsa. Se fijó en que Vourdred seguía allí parado, ensimismado en sus pensamientos-. ¿Necesitas algo?

-No –respondió el Aguijón, volviendo al presente.

-Pues mejor ve a abrigarte, que hace un frío espantoso allí afuera –declaró el anciano, bostezando por el cansancio-. Qué horror de día. ¿Bonito? ¡Desde hace años que no hay un día bonito en este maldito campamento!

-Si tiene frío y sueño, ¿por qué tiene la tienda abierta? –discutió Vourdred, empezando a enfadarse por la actitud de este viejo.

La mayoría de las tiendas no abrían hasta el amanecer. Lo que el viejo hiciera de su vida, a él le daba igual, pero si se quejaba por eso, era un hipócrita.

-¿Ah? Me desperté de repente por ese sueño horrible. Y cuando salí a caminar para olvidarme, me encontré a ese niñato hablando con una muchacha preciosa frente a la tienda. Pensé que sería su hermana o algo así. El caso es que ella me pidió si podía venderle unas manzanas para el pequeño, y soy un hombre. ¿Cómo podría rechazar a esa mujer tan hermosa que me pide algo? –el dueño hizo una sonrisa zalamera.

-¿Mujer? –una idea se deslizó de repente por la mente de Vourdred-. ¿Era igual de alta que yo, con la piel blanca, labios rojizos, vestida de negro? ¿Con los ojos rojos como la sangre recién derramada?

A duras penas resistió las ansias, para que no se filtraran en su voz.

-Sí, ella era exactamente así. ¿La conoces? Si es así, ¿te molestaría decirme…

El Aguijón no escuchó el resto. Salió corriendo, espada en mano, buscando frenéticamente alrededor, hasta que vio la espalda del niño. Corrió hacia él, respirando fuertemente, como un buey en embestida.

Alcanzó rápidamente al pequeño, y lo agarró por los hombros. Jadeando, comenzó a interrogarle con una expresión enloquecida.

-Esa mujer… La que te compró las manzanas… ¿La conoces?

Ante el brillo demente en los ojos del hombre, el niño no pudo hacer más que responder nerviosamente.

-Ella… Yo había tenido una pesadilla, y me desperté en plena noche… Me hizo señas por la ventana… Jugamos un rato… Y entonces me dijo que le hiciera un favor, pero ella terminó comprándome estas manzanas… ¡Eso fue todo!

Ambos se miraron unos segundos. Nadie hablaba. La atmósfera incomoda preocupaba al niño, quien miraba muy seriamente la espada del mercenario.

¿Era su turno de probar cuán afilada estaba la hoja?

-Esas manzanas… Te las compró –Vourdred se sacó un pendiente de plata que llevaba en el lóbulo de su oreja izquierda, entregándoselo al niño en las manos sorprendidas y temblorosas.

Sólo con una mirada, supo que era muy valioso.

-Está bien –dejó escapar con un hilillo de voz.

Con una sonrisa maníaca, el mercenario tomó la bolsa de arpillera, y salió corriendo como un loco en la oscura noche.

El niño parpadeo, repentinamente solo en la quietud del campamento dormido. Caminando con lentitud, regresó a su hogar, todavía pensando si debía considerar que esta noche había sido un sueño.


-¿Manzanas? –preguntó Kaltras, parpadeando de sueño y sorpresa.

Rápidamente, se hizo su habitual coleta en el cabello teñido de azul, haciendo extraños ademanes exagerados. Se acercó a la chimenea, avivando las llamas y agregando nuevos troncos. Iban a necesitar todo el calor que pudieran para despertarse rápidamente.

-No las toquen. Podrían estar malditas –advirtió Vourdred, arrojando la bolsa de arpillera sobre un banquito. Envaino su espada, y luego comenzó a ponerse sus ropas-. Druess, encárgate.

-Claro, jefe –el mercenario de cabello largo se frotó las manos frías, acercándolas al fuego que ya ardía con fiereza. El Destajador estaba tan ensimismado, que olvido recordarle que no debía llamarle de esa manera fuera del campo de batalla.

Acto seguido, comenzó  hacer ademán de tocar la bolsa de arpillera, pero siempre se detenía a milímetros de hacerlo. Repitió esto unas cuantas veces, pero no ocurrió nada extraño. Tras terminar esta comprobación, abrió la bolsa, y echo un vistazo al contenido.

-Alcohol –pidió, alargando la mano.

Su asistente, el viejo Marguil, le alcanzó una botella de vodka medio vacía. Druess arrojó un chorro dentro de la bolsa. Rápidamente, agarró una astilla de madera que había junto a la chimenea, y presiono la punta contra los leños ardientes para encenderla. Acto seguido, la uso para prender el alcohol que había arrojado dentro, provocando una llamarada.

Los demás mercenarios observaban la ceremonia, intrigados por la forma en que su compañero descubría las maldiciones colocadas en la fruta. Druess era un conocedor de toda leyenda antigua que hubiera, las cuales había recopilado en múltiples libros. Incluso había pasado un año estudiando en la sede de la Santa Iglesia, aprendiendo sobre las maldiciones demoníacas y la magia negra.

Si había algo en esas manzanas, él iba a descubrirlo.

Una vez la llamarada provocada por el alcohol se extinguió, el mercenario abrió la bolsa, sacando las tres frutas rojas algo chamuscadas, depositándolas en el banquito.

-¿Algo en la bolsa? –preguntó Vourdred.

Ergasse tomó la arpillera, y la deshizo en trozos fácilmente con sus poderosas manos. Negó con la cabeza. No había nada en el interior.

Mientras tanto, Druess había sacado una fina aguja de su cinturón. La sostuvo verticalmente, por encima de una de las manzanas, y la dejo caer. La punta chocó con la piel de la fruta, haciendo un rasguño diminuto, antes de caer a un costado. Repitió esto con las otras dos, pero seguía sin ocurrir nada anormal.

-¿Son para comerlas? –preguntó el mercenario a su jefe. Vourdred negó con la cabeza-. Entonces, es todo. No hay problema con tocarlas o cortarlas. No encontré ninguna maldición en ellas. ¿Qué debemos hacer?

-Corta una. Veamos que hay dentro –ordenó el jefe.

-Como diga –Druess sacó un cuchillo corto de su cinturón. Sujetando la manzana, comenzó a cortarla lentamente, de arriba a abajo. Tras llegar a la mitad, se detuvo de repente-. Parece que tenía razón, jefe. Hay algo dentro ofreciendo resistencia.

-¡Sácalo! –en la voz de Vourdred se notaba claramente la impaciencia.

Con una risa sarcástica, Druess cortó el otro extremo de la manzana, y la partió en dos. Del interior extrajo una pieza de un metal liviano, grabada con delicados dibujos. Su asistente le alcanzo un trapo para que pudiera limpiar los restos de fruta.

-¿Cómo lograron meter esto dentro? –preguntó Marguil, mirando por encima de su hombro el extraño objeto. Era rectangular, con los bordes pulidos. Cabía en la palma de su mano. Luego de limpiarlo mejor, se hacía evidente que era de fabricación artesanal, hecho con dedicación por un herrero de primera clase.

-Definitivamente, no lo hicieron con métodos ordinarios. Me huele a magia. Sin embargo, hacer algo como esto… Sin duda, se trata de una clase de magia de la que nunca he oído antes –declaró Druess. Enseño los pedazos de la manzana, colocándolos boca arriba sobre el banquito. Se oyeron algunas exclamaciones de asombro.

Parte del corazón de la fruta se apreciaba dentro. El contorno del objeto se notaba en el interior, como si hubieran retirado específicamente la parte que necesitaban con alguna herramienta desconocida. Sin duda alguna, no había forma de hacer crecer la manzana con esa cosa incrustada, así que debía ser obra de hechicería.

-En ese caso, seguramente hay otras cosas dentro del resto de fruta –aseguró Firdas, tomando una de las dos manzanas restantes. Sacó un cuchillo curvo de su cinturón y comenzó a recortar cuidadosamente la fruta. Ergasse agarró la otra, estrujándola entre sus manos.

-¿Qué metal es? ¿Acero? –preguntó Thorun, admirando el trabajo de grabado.

Era por lejos el más joven del grupo, con apenas dieciséis primaveras. Era el hijo del herrero del pueblo, pero apenas había sido iniciado en el trabajo cuando ocurrió la Gran Matanza. No había logrado aprender mucho. Y obviamente, ya no tenía ninguna oportunidad para seguir la tradición familiar. Incluso así, aun le apasionaba la idea de continuar sus estudios, y trabajar en una forja.

-No. Esto es… ¡Aluminio! –Druess parpadeo, sorprendido-. ¿Sabes lo asquerosamente difícil que debe ser encontrar un herrero que trabaje con este metal? ¿Quién tiene el dinero y los contactos para hacer algo como eso?

-Además, esos grabados son muy delicados. Esto fue hecho por encargo. ¿Y ese sello? ¿Es de alguna familia noble? –preguntó Marguil.

-No. El emblema que veo aquí no se parece al de ninguna familia de la nobleza. Al menos, ninguna de la que tenga conocimiento –Druess le paso el objeto, ya limpio, a Srump-. ¿Lo conoces?

-Sin duda. No es de una familia noble –el hombre rubio señalo uno de los símbolos-. Eso es un león con cabeza de águila. Una bestia mítica que aparece en las leyendas sobre la fundación de este Reino. Este es el sello de la Casa Real.

Comenzó a girar el objeto, enseñando las diversas formas decorativas alrededor.

-Esta cosa no la había visto antes, pero si escuche de ella. Es un Pase Real, que sólo puede ser emitido por su Majestad en persona, luego de contar con la aprobación de la Cámara de Ministros y la Cámara de Nobleza –continuó Srump, haciendo gala de todo su conocimiento sobre la política e historia de este Reino-. Te permite entrar en cualquier ciudad sin pagar impuestos, incluso en la Capital. No tiene fecha de vencimiento. No puede ser revocado. Sólo el Rey puede negarlo, y debe hacerlo en persona, frente a ambas Cámaras.

-¿Entrar en cualquier ciudad libre de impuestos? ¿También se aplica a tu carga? –Srump asintió a la pregunta de Thorun-. ¿¡Eso no te permitiría meter contrabando de cualquier tipo a plena luz del día y a la vista de todos!?

-Exactamente. Por esa razón, no se ha vuelto a emitir ninguno en las últimas tres generaciones. El poder político y comercial que te otorga es absurdo –el hombre rubio se fijó en las fechas grabadas en la base del Pase Real-. Pero este en particular es viejo, fue emitido por un Rey anterior. Y aun así, todavía sirve. Mientras no sea fundido, este pequeño objeto permite a su poseedor ser inmensamente poderoso.

-¿Qué querrá significar esta señal? ¿Por qué un Pase Real antiguo estaba en esa manzana? –preguntó Marguil.

-Esta podría ser la respuesta –Firdas había recortado su manzana, revelando que dentro había un recipiente de vidrio sellado. Lo rompió con un golpe del mango. Del interior sacó un pergamino pequeño.

-Pásalo –pidió Gandour. Se alisó su barba canosa, examinando la apretada escritura-. No creo que sea buena idea leerlo en voz alta. El lenguaje está lleno de formalismos y protocolo, es bastante irritante. En resumen, es una invitación a un evento secreto en la Capital. Algo que los remitentes llaman “La Reunión de los Mártires”.

El nombre despertó algo de polémica entre los mercenarios. Se escuchaban murmullos, intrigados por la elección de tal título para ese encuentro.

-Es sólo para Aguijones. Y no puedes participar si no presentas la “Moneda del Mártir” –continuó Gandour-. El lugar es la residencia de la familia Mardetroid. Y la fecha, dentro de una semana.

-Si vamos en carruajes y caballos, todavía podemos llegar a tiempo –añadió Druess.

-¿Y esas monedas? –preguntó Vourdred.

Ergasse extendió su mano, mostrando el contenido de la tercera manzana. Entre sus enormes dedos había tres monedas de cobre. Thorun las tomó, notando que eran muy distintas de las habituales monedas.

-Observen. Las monedas normales tienen la faz del primer Rey en la cara, y el emblema de la Santa Iglesia en la cruz –sujetaba una moneda normal en la mano izquierda, comparándola con la Moneda del Mártir en su derecha-. Pero estas tienen el rostro del Archiduque que fundo la casa Mardetroid, y el sello de los feudos de Mardefild, que son propiedad de esa familia. ¡Sin la menor duda, es una moneda especial que ha sido acuñada por esa familia!

-Emitir moneda falsa es un delito. Y se pena con la horca –señaló Srump-. Incluso si están distribuyendo estas monedas en secreto, es sumamente arriesgado. Podrían ser colgados por fraude.

-A menos que tengan permiso del Rey –añadió Gandour-. En ese caso, es incluso más extraño. En cualquiera de los dos casos, algo está pasando aquí.

-La pregunta es… ¿Iremos? –Firdas puso en palabras lo que todos los demás estaban pensando. Todos dirigieron su mirada hacia Vourdred.

-¿Dice cuál es el motivo del encuentro? –preguntó El Destajador a Gandour.

-No. Pero si menciona que podría haber una gran recompensa.

-Es una buena táctica para atraer a los Aguijones –murmuró Thorun.

Vourdred cerró los ojos un segundo, pensativo.

Este era sin duda un mensaje de la figura oscura. Estaba sugiriéndoles que deberían ir a esa Reunión de los Mártires. Incluso les había dado los medios para participar.

No sabía que intenciones tenía ese ser sombrío. Lo que le había dicho hace siete años todavía estaba grabado a fuego en su memoria. Supo que sería llamado El Destajador, algo que no ocurrió hasta varios años después.

¿Estaba el llamado Parche Rojo en esta reunión? ¿Tendría una oportunidad de concretar su venganza? ¿Y cuál era el objeto de este evento?

Él no sabía nada. No tenía idea. No había ninguna respuesta.

Y justamente por eso, no podía dejar pasar la oportunidad.

-Prepárense para partir –ordenó El Destajador-. Vamos a la Capital.

Todos en la habitación asintieron. Nadie puso ninguna queja.

Vourdred y sus compañeros asistirían a la Reunión de los Mártires.


Mientras tanto, lejos de allí, en un angosto pasillo de la residencia de la familia Mardetroid, Krurin rezaba en voz baja.

-¿Podrías callarte? –pidió Youche-. Me pones de mal humor.

Ambos estaban vestidos con armadura completa, y sujetaban largas lanzas. La hoja metálica de sus armas estaba recubierta de un leve resplandor pálido. Si te acercabas a mirar, podrías notar que había formaciones mágicas tanto en el mango de sus armas, como en los cascos y guantes que llevaban, e incluso en el pomo de las espadas que tenían al cinto.

-Lo que yo haga no te incumbe –masculló Krurin, interrumpiendo sus rezos-. Es nuestra última semana aquí, quiero sobrevivir hasta conseguir mi último pago.

Youche chasqueó la lengua, fastidiado por la actitud de su compañero. Lo habían contratado hace apenas tres meses, así que era un completo novato. Todavía creía que había un riesgo real por el cual tenían que usar estos equipos mágicos.

-Llevo aquí dos años. Y sé que no le ha pasado nada a ninguno de nuestros predecesores en estos siete años que han pasado. No tienes ninguna razón por la que preocuparte. Nada ocurrirá en estos últimos siete días –le contradijo.

-Aun así, no me calmare hasta que me den mi maldito dinero –respondió Krurin.

Ellos estaban parados a ambos lados de una puerta de madera sencilla. Dentro, se escuchaban débiles sonidos. Generalmente eran ruidos de agua, telas, o pisadas.

Y en ocasiones, extraños sonidos que ningún humano era capaz de identificar.

-Disculpen, pero… ¿Han dicho siete días? –repentinamente, se escuchó una voz viniendo del cuarto. Krurin se tensó por completo, aferrando fuertemente su arma.

-Sí. Escuchaste bien. Faltan siete días para la Reunión de los Mártires –Youche, ignorando la mirada aterrada de su compañero, respondió a la débil voz femenina.

-Muchas gracias. Disculpen la molestia, Youche, Krurin –con este comentario, se escucharon los débiles sonidos de pasos que se alejaban de la puerta.

-¿¡Cómo sabe mi nombre!? –susurró furiosamente el aterrado guardia-. ¿¡Se lo dijiste!? ¿¡Estas mal de la cabeza!?

-Deja de joder por tus estúpidas supersticiones –respondió Youche, mirándolo con desprecio-. ¿Todavía no te das cuenta de que todo lo que dices puede ser escuchado dentro? No importa si lo dices en voz baja. Te va a oír.

Al escuchar esto, Krurin cerró inmediatamente la boca. Se puso firme, esperando que algo ocurriera, pero fue en vano. No ocurrió nada. Incluso así, seguían temblándole las manos. Continuaba pensando que esta última semana seria su perdición.

Youche se cansó de intentar convencerlo. Sabía lo que debía estar pensando. Recordaba perfectamente cómo, hace dos años, era en extremo cuidadoso al montar guardia fuera de este cuarto.

En ese entonces, no paraba de preguntarse “¿Por qué acepte vigilar a ESTA COSA?”

Luego de dos años, se pregunta “¿Por qué fui tan idiota en el pasado?”

Ambos continuaron parados en el lugar, con tan distintas ideas pasando por sus mentes. Pero mientras tanto, dentro de la habitación, empezaron a escucharse algunos ruidos. Eran esos sonidos ininteligibles que hacían que Krurin tuviera escalofríos, además de pesadillas cada noche.

Allí dentro, a la tenue luz de la luna que entraba por una ventana enrejada, se veía moverse una figura delgada. Y a su alrededor, extrañas y amorfas criaturas emitían esos sonidos, a los cuales ella respondía.

Observando a la luna en lo alto del cielo oscuro, la persona sonrió. De sus labios escapó un suspiro, mientras cerraba su ojo derecho.

-Sólo siete días más…

Si, cerró únicamente el derecho.

Porque el izquierdo… Estaba cubierto con un parche de cuero rojo.

Un Parche Rojo.

Continuara…

Yuuitsu no Shinjitsu

Capítulo 17: El Ultimo Traidor

-¿Y bien? ¿Dónde está?

Ante mi pregunta, Tsuruya sacó un pendrive de su bolsillo.

Se lo arrebaté de las manos, buscando donde introducirlo para comprobar que fuera la auténtica información secreta.

-¡Yamanaka, trae una computadora!

Mirai, ya te dije que hay algo que debo decirte…

-¡Que lo hagas ya! –ordené.

Yamanaka parecía querer insistir, pero luego suspiró y abrió un cajón.

Tsuruya, Yuuki y Shiro acaban de regresar. Por lo que parece, ninguno de los tres está herido de gravedad, salvo por esa mano desollada.

Me gustaría saber cómo acabo así, pero primero tengo que comprobar este pendrive.

Sin embargo, desde que vine aquí, Yamanaka no deja de quejarse. Ya ha repetido varias veces que hay algo que tiene que decirme, pero no es buen momento.

Lo que sea, tendrá que esperar.

La chica puso un ordenador sobre la mesa, introdujo una larguísima contraseña, y giró la pantalla para que pudiéramos verla.

-Ese pendrive no tiene la información. Lo que de verdad hay ahí es un virus informático destinado a borrar todos los datos de la red de computadoras donde intenten descargarlo –explicó ella, mientras señalaba con su dedo una carpeta nombrada ‘Información Secreta’.

Me quedé en blanco.

-¿Eh? –no se me ocurrió nada más para decir.

-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó Tsuruya.

Yuuki y Kiyoshi-chan se veían completamente sorprendidos, igual que yo. En cambio Tsuruya tenía una caricaturesca expresión de molestia.

Yamanaka comenzó a jugar con sus coletas, algo nerviosa.

-Mientras ustedes distraían al enemigo, Daimondai y yo nos colamos en el Depósito 9 y cambiamos la información por ese virus. La idea era sabotear la red de Ellos, pero había demasiada seguridad en ese edificio.

Además de Chi no Ken había múltiples alarmas, por si acaso alguien se colaba en secreto. Incluso si evadías la detección de los aparatos eléctricos, había diversas habilidades plantadas para indicar la presencia de intrusos.

-Sin embargo, lo ocurrido activo toda la seguridad, y pudimos entrar fácilmente sin ser detectados. ¿Quién iría a revisar el edificio durante una invasión? Sólo cambie todo mientras Daimondai vigilaba, y luego nos fuimos rápidamente –terminó de explicar.

-Eso explica porque él estaba en el edificio… –murmuró Kiyoshi-chan.

Luego de nuestra conversación, esta algo retraída y callada.

Sin duda sabe que tengo razón, pero todavía parece costarle un poco de esfuerzo admitirlo. Seguro se le pasa en un par de horas.

-Entonces, cuando Akire llego al Deposito 9, el virus ya estaba colocado. Sin un tecnópata en el lugar, habría sido imposible que lo detectaran. Intenté decirles después, pero en el caos de la situación…

Radio se encogió de hombros, con una media sonrisa forzada.

A Tsuruya le dio un tic en el ojo izquierdo, mientras que Yuuki soltó una risita sin gracia.

-Entonces… Nos enfrentamos a todos esos matones idiotas, a un genio capaz de calcinarnos, casi muero muchas veces porque Akire intento aplastarme como a un insecto… ¡¿Y LA MALDITA INFORMACIÓN NO ESTABA AHÍ?! –soltando un grito que hubiera despertado a todo el dormitorio de no ser por la insonorización, Tsuruya se puso de pie, totalmente furioso-. ¡¿NO TE PARECIÓ QUE DEBISTE DECIRNOS!?

-Esa idea se me ocurrió de repente. Y, ya que todos ustedes estaban tan ocupados actuando como héroes, no tuve tiempo de avisarles.

Yamanaka no está nada arrepentida de esto. Ella es la clase de persona a la que no le preocupa el pasado.

Si la leche ya está derramada, no sirve de nada quejarse.

-¿Debería disculparme? –preguntó, parpadeando con cansancio.

-No importa. Nada serio ocurrió, después de todo –por un momento parecía que Tsuruya estaba a punto de gritarme, pero le lancé una mirada gélida, y se tragó lo que hubiera querido discutir-. ¿La has comprobado? ¿Es autentica?

-Lo es –entonces, por alguna razón, Yamanaka bajó la cabeza.

-Necesitamos verla –afirmó Tsuruya.

Pude notar algo de rencor en su voz.

-No es conveniente que hagan eso –murmuró Radio.

Esquivaba los ojos de Tsuruya.

¿Qué está pasando aquí?

-Allí hay varios secretos que sería mejor que no fueran desvelados aún. Será mejor esperar a un momento adecuado –explicó, evasivamente.

-¿Y ahora no podemos ni siquiera echarle un vistazo? ¿Segura que estas de nuestro lado? –se quejó este chico-. Además, en primer lugar, ¿cómo conseguiste camuflar un virus en tan poco tiempo? ¡Apenas deberías haber tenido unos diez minutos!

Su tono imperioso exigía respuestas. No intenté detenerlo, pues también tengo curiosidad al respecto. No hay necesidad de corregir algo que no es un error.

-No digan esto a nadie, ¿sí? –pidió Radio.

Comenzó a jugar con su cabello, mientras la pantalla del ordenador abría y cerraba varios programas simultáneamente, con mucha velocidad.

Nadie la había tocado.

-Soy una tecnópata. Mi habilidad surte efecto con cualquier equipo electrónico –confesó, mirando al suelo cansinamente-. Lo siento, Mirai, tuve que mentirte un par de veces. No es conveniente que sepas demasiado al respecto.

-¿Cualquier aparato electrónico? ¡Ese es un talento de genio! –exclamé, sin estar realmente sorprendida.

Ya había notado ciertas cosas respecto a sus habilidades que realmente no concordaban, así que tenía la sospecha de que estaba escondiendo su entendimiento real.

Los genios tecnópatas eran muy codiciados, especialmente desde que el Gran Maestro de Ellos, Skynet, casi acceso a nuestros archivos más secretos sin siquiera poner un pie fuera de su país.

Si los altos mandos se enteraban de esto, seria llamada de inmediato al extranjero, para proteger las redes de Nosotros. Obviamente, sin Ayano-chan.

Puedo entender porque no quiere que se difunda este secreto.

-¡Onee-chan es la mejor! –exclamó Ayano-chan, apareciendo repentinamente, con una voz somnolienta.

Parece que por fin se ha despertado, y no se ha dado cuenta de lo indefensa que parece con ese pijama rosa, mientras se frotaba los ojos para quitarse el sueño restante. El derecho tenía un tono morado oscuro.

¿Una caída? Sí, claro, y yo nací ayer.

Ese es el resultado de un golpe, tal vez un puñetazo.

¿Quién podría haberlo hecho? Evidentemente, debió ocurrir en el tiempo que Yamanaka estaba fuera plantando el virus, porque ella no le dejaría a nadie hacerle daño a su hermanita. Sin embargo, a pesar de que estuvimos solas un buen tiempo, ninguna de las dos intentó explicarme nada respecto a eso.

Incluso ahora, Radio no se molesta en decirme nada. Eso me hace llegar a una horrible conclusión: Quien le hizo eso a Ayano-chan fue…

No quiero ni pensarlo. Me da escalofríos.

-¿Qué te paso en el ojo? –preguntó Tsuruya, sorprendido, devolviéndome a la realidad.

-¿Ah? ¿Esto? No es nada, Onii-chan, sólo soy una torpe –se golpeó la cabeza levemente con sus nudillos, en una linda señal de auto castigo-. ¡Tenía mucho miedo! ¡Qué bueno saber que estas bien!

Su hermosa sonrisa de oreja a oreja me deja sorprendida.

¿Cuándo fue la última vez que la vi? ¡Ni siquiera lo recuerdo! ¡Esta niña nunca sonríe!

-Sí, relativamente estoy bien. Aterrorizado, pero sobreviviré –Tsuruya, disimuladamente, esconde su mano herida de la vista de ella.

Admirable, kouhai mío, eres un caballero.

Sin embargo, eso no servirá. Ayano-chan es muy observadora.

-¿Onii-chan? ¿Por qué escondes tu mano? –el movimiento, que desde su posición debería haber sido imperceptible, fue descifrado en menos de un segundo.

Rápidamente, la niña se acercó y se inclinó junto a él. Jaló su brazo con una fuerza inusitada para su tamaño y estilo de vida, revelando sus nudillos desollados.

La cara de Ayano-chan se puso más pálida que nunca.

-¡Tu mano! ¡Es horrible! ¿¡Por qué no me dijiste!?

El botiquín de primeros auxilios, que se suponía estaba en el baño, apareció de repente junto a ella. Unas vendas limpias salieron disparadas como serpientes blancas, mientras se empapaban en medicina y desinfectante, enroscándose alrededor de sus dedos.

En un minuto, la herida había sido tratada con increíble destreza. Tsuruya apretó su mano varias veces, comprobando que estaba correcto.

-¡Un gran trabajo! Eres buena en esto –afirmo él, sonriendo amablemente.

-Siempre me estoy lastimando por lo torpe que soy… ¡Pero Onii-chan debería haberme dicho! ¡Seguro que esa herida dolía mucho! –había unas lágrimas asomando en el rabillo de sus ojos-. Si se infectaban, Onii-chan pudo haber sufrido mucho. ¡No quiero eso!

Ante la sorpresa general, o mejor dicho, ante un absoluto e increíble estupor que nos envolvió a todos los presentes; ella lo abrazó.

Ayano-chan, la Hikikomori tímida y asustadiza, abrazó a un chico que acaba de conocer hace apenas unos días, y lo hizo como si no quisiera soltarlo nunca en su vida.

¡Hasta pude ver una sonrisa débil en sus labios antes de que recostara la cabeza en su pecho! ¡Esto es imposible! ¡No hay manera de que realmente este sucediendo algo así!

Tsuruya parecía igual de sorprendido que yo. Y, ligeramente, en su rostro se veía un leve rubor, que no tardo en desaparecer.

Radio, ¿cuándo fue la última vez que paso algo así? –murmuré en su oído, sin poder apartar mis ojos de esta escena imposible.

La chica de cabellera plateada parece incluso más atónita que todos los demás presentes.

-Es la primera vez… ¡Ella no ha abrazado a ningún chico desde que tenía seis años! ¡Y el último era un familiar directo! –ante esta información sorprendente, mi cabeza se sintió como si estuviera dando vueltas.

Tsuruya, ¿cómo te las has ingeniado para lograr este resultado impredecible?

De improviso, se sintió una leve molestia. Era un rastro grande, que mostró una poderosa emoción sólo por una fracción de segundo.

No, incluso también hubo una clara intención asesina.

El chico, casi por reflejo, tiró al piso a Ayano-chan gentilmente, mientras un cuchillo pasaba volando por donde estaba su mejilla hasta hace una décima de segundo antes.

En una esquina de la habitación, casi excluida hasta este momento de la conversación, Kiyoshi-chan dejaba salir una clara aura diabólica, mientras sostenía una docena de pequeñas hojas afiladas entre sus dedos.

-Suelta… A mi… Sempai…

Sus palabras salían de sus labios entrecerrados como un siseo venenoso.

Tenía los ojos desenfocados, vacíos.

Todos los instintos de mi cuerpo estaban en alerta máxima, esperando una reacción todavía más violenta. ¡Realmente fue inesperado!

Como imagine, esta chica es posesiva. Pero no creí que tanto. Deliberadamente, lanzó ese cuchillo con la única intención de herir a Ayano-chan. ¿Habré cometido algún error al tener nuestra conversación? Tal vez sólo cambie un mal hábito por otro.

No, no pasa nada. La diferencia ahora es que el nuevo ‘mal hábito’ es menos asqueroso que el anterior. Eso es todo. Si quiero evitar esta clase de situaciones, tendré que empezar una campaña para lavarle el cerebro a Kiyoshi-chan.

No es buen momento para iniciarla, al menos por ahora.

-Hermanita, cálmate, por favor –Yuuki pone una mano en su hombro para detenerla, pero ella sólo comienza a quejarse.

-¡Onii-san! ¡Que Ayano-san se aparte de mi sempai! –dirigió intención asesina hacia la niña-. ¿Entiendes? ¡Aléjate de él!

-¡Eek! –soltando un gritito aterrado, Ayano-chan saltó del suelo, con los ojos desorbitados de espanto. Se escondió detrás de su hermana mayor, quien sólo podía mirar a Kiyoshi-chan con desaprobación.

Vaya, parece que tendré que ser yo quien controle sus impulsos.

-Kiyoshi-chan…

-¿Cuál es tu problema, niña Yandere? ¡Ayano puede hacer lo que quiera! –sorpresivamente, Tsuruya la reprendió antes de que yo pudiera hacerlo.

Tal parece que todo está saliendo perfecto.

Sin embargo, por alguna razón, el rostro de Kiyoshi-chan se mantuvo sombrío.

-Sempai no lo entiende –murmuró ella, desviando la mirada.

Los cuchillos desaparecieron, mientras la niña se encogía torpemente.

¿Está tratando de esconderlo? No durara mucho.

Simplemente, es clara la situación, al menos para mí.

-Sí, es cierto, no te entiendo para nada –Tsuruya suspiró, irritado-. Tendré que llevarle esa información a Kouri no Hauto-sensei, o se darán cuenta de que estuvimos viéndola.

-Yo me encargo de eso –Radio tomó el pendrive en la mano de Tsuruya, introduciéndolo en la computadora. Varios programas simultáneos aparecieron, incluyendo una barra de carga que se completó en un minuto-. Listo, el virus ha sido borrado. He colocado el archivo original en el pendrive, y guardé una copia en la computadora. Alteré el programa que registra las conexiones para que no se den cuenta de esto.

-¡Que rápido! Eres muy buena en esto, Radio –tomando el dispositivo, el chico lo guardo en su bolsillo. Hizo ademán de levantarse.

-Espera. Aún nos queda tiempo. Hay muchas cosas que tenemos que aclarar –ordené.

Volvió a cruzar las piernas, suspirando. Parecía que estaba completamente molesto.

Tsuruya, Yuuki, Shiro y Kiyoshi-chan estaban en el edificio cuando ese rastro demencial apareció. Si alguien puede saber que sucedió allí, son ellos. Y es necesario averiguar al respecto. No puedo dejar algo como eso suelto por ahí sin hacer nada.

-Comiencen desde que nos separamos. Quiero saberlo todo.

Yuuki comenzó a relatar lo que ocurrió. Cuando llego a la parte donde revelaron la identidad de Uragirimono, no pude evitar sorprenderme.

-¿¡Amano-kun es Pyromancer y Uragirimono!? ¡Maldición! Pensé que él era de confianza por estar en el Grupo E. Tendré que hablarlo con Morimura después.

No le va a gustar, para nada. Saber que hay un traidor en tu Grupo debe ser horrible, y aún peor sabiendo que lo reclutaste tú mismo. Además, Owari no Sensou se caracteriza por su honestidad, este será un duro golpe para él.

Yuuki continuó por como Nonomiya hizo que parte del edificio se derrumbara, y su pelea con Uragirimono. Cuando describió la forma en que Takane-chan asesino a sus subordinados, recordé porque le temía a esa chica.

Su poder era terrorífico, y no sabemos cómo funciona. En el peor de los casos, ella podría matar a cualquier persona en su presencia. Es una amenaza terrible.

-¿Esa acosadora puede hacer eso? –sorprendido, Tsuruya soltó una exclamación-. ¿Qué tipo de entendimiento es ese?

-Hay muchos genios en la Academia últimamente, Tomonori-kun. En los últimos tiempos, Japón está experimentando una generación inusualmente poderosa de entendedores. Y varios de ellos tienen habilidades ciertamente peligrosas –explicó Yuuki-. Sin embargo, lo que me sorprendió fue lo que ocurrió después…

Y allí esta lo que esperaba. Explicó acerca de ese rastro extraño, tan enorme y tan espantoso. Todos los presentes agacharon la cabeza al recordarlo, con excepción de Tsuruya, que sólo parpadeo.

-¿Odio? No recuerdo haber sentido ningún rastro así.

-¿Realmente? No veo cómo es posible, Tomonori-kun. Claramente, el epicentro estaba dentro del edificio. Deberías haberlo notado antes que nadie.

-Yo también lo sentí. Era muy horrible. Y su poder parecía ilimitado.

Kiyoshi-chan estaba de acuerdo. ¿Sólo Tsuruya, quien estaba más cerca, no lo sintió?

Qué extraño. Me suena tan raro que es sospechoso.

-En todo caso, te toca contar lo que paso allí abajo, niña Yandere –sugirió él.

Ante esas palabras, ella se quedó tiesa como una estatua, con su rostro oculto por su cabello largo. Le tomo unos segundos recuperarse, pero aun cuando hablaba se la veía y oía decaída.

Comenzó a contar desde la caída. Curiosamente, el rostro de Tsuruya se puso rojizo otra vez en un par de momentos, pero Kiyoshi-chan escogía muy bien sus palabras, y no dijo nada que realmente fuera vergonzoso.

Sea lo que fuere, lo estaban escondiendo. No importa.

Cuando llego a la parte de Daimondai, Ayano-chan soltó un gritito ahogado, pero se tranquilizó después de que Yamanaka le acaricio la cabeza.

Finalmente, luego de que se separó de Shiro y Tsuruya, habló de cómo derrotó a Nonomiya ampliamente, y lo dejo huir después de que prometió no volver nunca más.

Algo en esa historia no me cierra por completo, pero no es momento para discutirlo.

-¿Entonces puedes hacer armas? –preguntó Tsuruya, maravillado-. ¿Por qué escondiste un poder como ese? ¡Podrías haberlo destrozado el otro día!

-¡No quería mentirle a Onii-san y Mirai-nee! –se justificó rápidamente Kiyoshi-chan-. Pero consideré que tener un as bajo la manga era más importante que mi orgullo.

-Ya lo sabía –acotó rápidamente Yuuki.

-Yo también –añadí.

-¡¿Qué?! –Kiyoshi-chan abrió sus ojos, sorprendida.

Procedí a explicar mis motivos.

-Cuando los traje, noté que sus rastros eran densos. Sabía que tenían cierto tipo de habilidades poderosas, y Yuuki no me decepcionó. Sin embargo, como luego de todo este tiempo no habías mejorado nada, tenía la impresión que nos escondías tu verdadero poder –Kiyoshi-chan se quedó sin habla ante mi declaración-. Pero creí que tenías tus motivos, así que lo ignoré.

-En mi caso, en realidad no noté todas esas cosas que dice Mirai-san, pero sí que ocultabas algo, hermanita. Tienes ciertas señales que no pude ignorar –cómo un buen hermano, Yuuki había llegado a la misma conclusión que yo a través de medios distintos.

-¡Lo siento, Onii-san, Mirai-nee! ¡Pensé que sería mejor si no sabían de mis habilidades! –inclinó la cabeza hasta tocar el suelo con su frente.

Lo entiendo. Ella teme que descubramos a su verdadera yo, sea cual sea.

Sin embargo, como parece ser mejor de lo que yo imaginaba, entonces no hay necesidad de castigarla por eso.

-Eso explica porque tu rastro es tan grande. Yo diría que es la mitad del tamaño de Akire –mencionó Tsuruya-. Y ya que estamos en eso, ¿qué paso con Hanshakaiteki, Mirai-sempai? ¿Lograron deshacerse de él?

-Ah, cierto, no expliqué lo que sucedió.

Veamos, hay varias cosas que no puedo decir, ¿y si hago un resumen?

-Para abreviar: Estaban allí Danger y Hanshakaiteki en pleno combate, además de los subordinados de Nonomiya. Les di una paliza, Danger sacó su arma secreta, y no veremos a ese experto en locura nunca más –murmuré, rápidamente.

-¿Nada más? –preguntó Tsuruya, que hoy parece estar particularmente molesto-. ¿Y no sentiste el rastro misterioso?

-Oh, sí que lo sentimos. Según Danger, había allí cuatro rastros. El primero debía ser de Akire, ¿no es verdad? –el chico asintió-. El segundo era el terrible, el tercero tenía un tinte diabólico, y el último era de Kaminari, el Dios Eléctrico.

-¿Ahora dices que eran dos más? –se quejó nuevamente Tsuruya.

Me dan ganas de darle un puñetazo. ¡Que pesado!

-Ciertamente, había dos rastros enormes y terribles, entrelazados como si fueran uno. El primero era enorme, lleno de Odio, pero… El otro era terrorífico. Estaba tan lleno de maldad que no parecía salido de una mente humana –Yamanaka me ha quitado las palabras de la boca.

Sin embargo, no les diré acerca de las conclusiones de Danger, o la posesión de Koumeisai. No son cosas que deban saber. Podrían asustarse más de la cuenta, o tener un interés excesivo y caer en la trampa de este ente misterioso.

¿Qué habrá sucedido realmente? Quiero saberlo, y lo más rápido posible.

Me tengo que sacar esta curiosidad. Es muy peligrosa.

-Está bien, me toca contar lo que paso –Tsuruya comenzó con relatando como subieron arriba, y encontró a Akire robando el virus.

Cuando menciono la invisibilidad, Kiyoshi-chan puso una objeción.

-¿Sempai ya puede usar un entendimiento? ¡Es muy pronto!

-En realidad, no fui yo, sino la Niña Fantasma.

No le hemos dicho esto a Kiyoshi-chan. ¿Cómo reaccionara?

-¿Niña Fantasma? ¿Hay una chica cerca de sempai? –los ojos rosados se llenaron de cierta emoción particular, volviéndose afilados-. ¿Dónde está?

-Detrás de ti, en realidad –Kiyoshi-chan se dio la vuelta, buscando a alguien, que claramente no podía ver-. Pero sólo yo puedo verla. Tal vez la recuerdes, ella es Rea.

-¿Rea? –su rostro se iluminó de comprensión y temor-. ¡¿Quieres decir ESA Rea?!

-Sí, esa misma –cuando lo confirmé, nuevamente su expresión se tornó oscura. Y, por alguna razón, también la de Ayano-chan.

Un momento… Rea, Kiyoshi-chan, Ayano-chan… ¡Fufufu, Tsuruya, eres muy rápido! Pensar que, en tan sólo este corto tiempo, ya tienes tres… ¡No me quiero imaginar que pasara después! ¿Se convertirá en una orgía de menores de edad?

Hay que llamar a la ONU, ¡pero ya!

Oh, claro, casi lo olvidaba. Ese organismo es una fachada, una inútil además.

-Imposible… No se puede… –murmura Ayano-chan, mientras le corren lágrimas por la cara. Yamanaka intenta calmarla, pero está en un estado inconsolable.

-Contra Rea-san… Competir es inútil… –incluso Kiyoshi-chan comienza a balbucear incoherencias.

Yuuki ignora completamente esta reacción, en apariencia, pero sé que en el fondo está preocupado. Después de todo, la relación afectiva es recíproca.

-¿Qué diablos están haciendo ustedes dos? –preguntó Tsuruya, irritado-. Como sea, continuare con lo demás…

Explicó cómo robo la información, se ocultó del traidor, y todas las dificultades que pasaron. Cuando llego al momento en que casi fue encontrado porque se introdujo en el espacio de tres metros, pero lo impidió usando un Espacio perfecto, todos en la habitación quedamos anonadados.

-Espera un momento, ¿todavía estas usándolo?

Era cierto que ese rastro que envolvía su cuerpo en un radio de tres metros se había desvanecido por completo. No siento ni una pizca en él, como si fuera una persona normal.

-Sí, ¿cuál es el problema?

¿Qué cuál es el problema? ¡Es un novato haciendo un Espacio perfecto cuando hasta hace un par de horas ni siquiera podía sentir rastros!

-La razón por la que no podías captar rastros era porque todavía no se había agudizado tu sexto sentido –expliqué-. Se va despertando de a poco mientras te mantienes en contacto con rastros alrededor. Sin embargo, hay casos raros en donde primero terminan acercándose a uno de tal tamaño que lo despierta a la fuerza, como el de Akire. Incluso así, hacer un Espacio perfecto en esas condiciones… ¿Podría ser lo que pienso? –hagamos una pequeña prueba. Si la pasa, entonces estamos frente a algo interesante-. Cierra los ojos. Usare entendimiento en un objeto particular, y quiero que determines cuál es sólo por su rastro.

Me dirigió una mirada molesta, pero acató la orden.

-Ese de allá –con sus ojos cerrados, señaló perfectamente a su derecha, detrás de Yuuki. Había un reloj de arena rosada que estaba corriendo de abajo a arriba-. ¿Ya pasé esta ridícula prueba?

-Cien puntos. No cabe duda, tienes sensibilidad extrema a los rastros, igual que Koumeisai.

-¿Sensibilidad extrema? ¿Significa que tengo un sexto sentido muy agudo? –se le iluminó el rostro-. ¡Sí! ¡Sabía que tenía algo especial!

-Pero también puede ser una debilidad. Múltiples cantidades de rastros, o uno muy grande, pueden provocarte un colapso mental. Tienes que ser muy cuidadoso con eso, Tomonori-kun –le aclaró Yuuki-. Fíjate lo que ocurrió cuando estabas junto a Akire-sensei. Dijiste que no podías moverte del miedo, pero también pudo haber sido la presión del impacto por ese rastro poderoso, magnificada debido a tu sensibilidad.

-Como sea, continua –ordené. Otro día le explicaremos el resto.

Ya quiero que llegue a la parte donde aparece Kaminari. Necesito respuestas.

-Está bien –comenzó a explicar la habilidad que Akire descubrió en plena búsqueda, la capacidad de generar un radar a partir de su buena audición.

Sin embargo, cuando relató cómo quedó inconsciente, le hice detenerse.

-¿Te desmayaste, y cuando ya te habías despertado, alguien había derrotado a Akire? –eso no sólo suena ridículo, también me parece sumamente sospechoso.

-Y mi mano estaba así –levantó sus nudillos vendados-. Según él, yo tengo personalidad múltiple, mis recuerdos borrados, y soy un agente de Abismo enviado para molestarlo o algo así. ¿No les parece totalmente bizarro?

El tiempo, más o menos, encajaba. Sin duda, ese era el momento en que ese rastro horrible apareció. Sin embargo, la persona que más información nos podía dar al respecto, sólo tenía teorías vagas de un oponente que ni siquiera podía deducir la situación del rival.

Bueno, eso es perfectamente normal, Tsuruya es el anormal.

Finalmente, termino diciendo como fue salvado por Kaminari, incluyendo todo lo que dijo.

-Si, como imaginaba. Él es un mentiroso –afirmé-. Kaminari probablemente sabia de toda esta situación, y también que esta invasión fracasaría estrepitosamente. Nos estaba probando a nosotros, los propios alumnos, para asegurarse de que podíamos defender la Academia sin su ayuda.

-Pero no sabía de Akire-sensei, hasta que vino a investigar el rastro extraño, y se encontró con él –añadió Yuuki-. Como nadie más podía detenerlo, se encargó en persona de eliminarlo. Ni siquiera le importó mostrar su técnica a Tomonori-kun, así que tiene mucha confianza en sí mismo.

-Hablando de eso, ¿en realidad no murió nadie? –preguntó Tsuruya.

-Ni un solo estudiante, aparte de los matones de Nonomiya –aclaré-. Y de los adultos, sólo Chi no Ken, que probablemente fue asesinado por Akire en persona.

-¿Cómo puede ser posible? Digo, el conflicto era muy violento, no hay manera de que no haya heridos graves, ¡y ellos nos superaban en número!

Los razonamientos de Tsuruya son ciertos. Es probable que el estratega oponente pensara cosas similares.

Pero, afortunadamente para nosotros, no conocía a Kouri no Hauto-sensei.

La estrategia fue sublime. Mientras transcurría el combate, las ordenes que Takayama hizo llegar a todos por medio de un telépata fueron ‘Ante heridas poco serias, retirarse inmediatamente’. Por eso, la batalla fue cada vez más unilateral, mientras nuestros reclutas sólo huían y se retiraban, acorralándose en una esquina del edificio de Personal.

Esto era todo parte del plan.

Para empezar, había un mínimo de tropas necesarias para mantener la línea defensiva. Y estuvimos siempre en ese límite. El enemigo probablemente pensó que estábamos huyendo debido a la baja moral.

En realidad, el sensei aprovecho nuestra ventaja más significativa: Shinjinfuka. Si hay algo que nunca debes subestimar, es a un sanador como ella. Probablemente, los atacantes no trajeron ninguno con ellos.

Una y otra vez, pequeñas heridas eran sanadas continuamente. Y como resultado, muchos estudiantes pudieron reunirse en un punto alejado, formando un segundo frente que tomó por sorpresa a nuestros oponentes.

Y cuando se daban la vuelta para contraatacar, un tercero los sorprendió, integrado por los alumnos que se estaban escondiendo en los dormitorios y en los edificios aledaños al terreno. Toda la zona, de hecho, fue comprada por Nosotros como tapadera para la Academia, pero también tiene fines estratégicos.

Este tercer frente estaba liderado por Oni no Sansujin-sha, quien tenía fama de ser sumamente peligrosa si se llegaba al combate físico.

Siendo atacados desde tres direcciones simultáneas, y al darse cuenta de que en un principio eran inferiores en número, eso destruyo su moral. Además, esto coincidió con la llegada de Daimondai, que desequilibró la batalla contra los genios de Ellos por completo.

Con todos estos factores en contra, el comandante dio la orden de retirarse estratégicamente a través de la única vía de escape libre, un agujero en la formación que casi parecía hecho a propósito.

En realidad, era a propósito.

Takayama describió las expresiones del enemigo, en el momento en que lo vieron, como ‘Aterrorizados por completo’. Eso fue porque el viejo Kyojin se les apareció para cortarles la retirada, y con toda su fuerza: Todo el dormitorio masculino, convertido en un golem de diez metros de altura.

Esta técnica es muy lenta, y toma su tiempo, pero el resultado es impresionante.

-Los invasores fueron barridos por completo. Los que huyeron, totalmente desorganizados, ya están siendo cazados por el anillo de guardias de seguridad de Nosotros, que fueron alertados misteriosamente por una paloma mensajera –sonreí malignamente luego de decir eso. Obviamente, yo fui la responsable-. ¡Nadie ataca nuestra escuela y vive para contarlo!

-¿Ah? No lo sabía –murmuró Tsuruya-. Mirai-sempai es inesperadamente sanguinaria y vengativa. ¿Segura que no quieres ser la comandante de un ejército?

Sin un instante de duda, tomé el cuello de su uniforme, y lo atraje hacia mi tan rápido que parecía una escena de ‘beso repentino’.

Sin embargo, no tenía nada que ver con eso.

El objetivo era ponernos tan cerca como para que él pudiera sentir mi aliento en su nariz. Obviamente, no perdí atención de cómo Ayano-chan y Kiyoshi-chan se sobresaltaron.

-¿Decías algo? –puse una sonrisa extremadamente tensa.

-¡Nada! ¡Nada en lo absoluto! –lo solté, arrojándolo hacia atrás.

-Muy bien. Volviendo al tema, el enemigo fue aplastado. Lamentablemente, Kurai Sora convoco una espesa neblina que ocultó el escape de él y sus genios aliados –palmeé el hombro de Yuuki-. Afortunadamente, alguien capturo efectivamente a Pyromancer, así que podremos interrogarlo y averiguar sus identidades.

En realidad, hay algo más que me molesta. Takayama mencionó que, durante un minuto, el grupo de genios de Ellos pudo predecir los movimientos de los maestros; cosa que aprovecharon para huir.

Incluso las tácticas de Kouri no Hauto-sensei fueron predichas.

No sabemos cómo lo hicieron. ¿Tendrán algún otro as bajo la manga? Esperemos que haya sido temporal. Si no es así, tenemos un misterio que resolver.

-Podríamos decir que el asunto del ataque a la Academia Jikû ha quedado zanjado, ¿verdad? –propuso Radio.

-Casi. Aún hay una última cosa que debemos aclarar.

Dirigí mis ojos a Tsuruya, lo cual provocó que se sobresaltara ligeramente. No es extraño, hace un momento fui un tanto violenta, algo necesario para disciplinar a los novatos engreídos.

-¿Puedes deshacer tu Espacio un segundo? Hay algo que debo confirmar.

Tsuruya obedeció casi instantáneamente.

De inmediato, su rastro reapareció, regándose por todo el lugar. Ya que había un Espacio añadido a la insonorización, no escaparía de este cuarto.

-Enorme –señaló Yuuki-. Como mínimo, está al nivel de un especial de segunda clase, ¿verdad?

-Yo diría que de primera –señaló Yamanaka-. Dependiendo del Tipo, claro está. Si es un Tipo Mental, tiene sentido que sea así de grande y denso.

-¿De qué están hablando? –preguntó Tsuruya. Es evidente que no comprende nada.

-Tienes mucho talento, sempai –le felicitó Kiyoshi-chan.

Se podía notar un levísimo rubor en sus mejillas.

-¿De qué estás hablando? ¡Ni siquiera puedo hacer una barrera!

-Tsuruya, aún no sabes nada. Hay cuatro Tipos de entendimiento distintos. No es una clasificación oficial, pero es ampliamente conocida y usada –comencé a enumerar con mis dedos-. Primero, los Tipo Material; nuestro entendimiento nos permite controlar objetos; somos los más comunes en el mundo, un 45% de la población mundial. Luego están los Tipo Corporal; ellos controlan los cuerpos físicos, son el 25%. En tercero, los Tipo Elemental, que manipulan fuerzas de la naturaleza; son el 20% del mundo. Y, finalmente, están los Tipo Mental; ellos manipulan las mentes de sus objetivos; son los más raros, sólo representan el 10%.

-Como la mitad del mundo es Tipo Material, el programa de la Academia se enfoca en ellos –continuó Radio-. Por eso, el primer objetivo para los novatos es hacer barreras, que son la especialidad de los Tipo Material. Como te darás cuenta, todos en esta habitación, a excepción de ti, somos de ese Tipo.

-Los rastros vienen del cerebro cuando se usa entendimiento. Por eso, se los considera de Tipo Mental –acabó Yuuki.

-¿Eso quiere decir que soy Tipo Mental? –comprendió finalmente Tsuruya-. Akire me llamó así un par de veces. Supongo que él era un Tipo Corporal, ¿verdad?

-Lo has entendido –confirmé-. Cada uno tiene diferentes afinidades con los Tipos. Habrá uno que será el mejor, claramente, y otro en el que eres malo. Incluso si entrenas arduamente tu peor afinidad, tu avance será lento, y nunca obtendrás los mismos resultados. Kiyoshi-chan, ¿cuál es tu peor afinidad?

-El Tipo Mental, Mirai-nee –afirmó ella.

-¿Puedes liberar tu Espacio un momento para dar una demostración?

-Claro –lo deshizo inmediatamente.

-¿Eh? ¡Tu rastro apenas cambio! –señaló Tsuruya.

Efectivamente, el Espacio de Kiyoshi-chan sólo retiene una fracción pequeña de su rastro. Por eso tuvo que evitar completamente el uso de su técnica real para esconderlo.

-Y eso que lo entreno diariamente –murmuró ella, algo decaída-. Que sempai pueda hacer un Espacio perfecto es sorprendente. Creo que nunca llegare a ese punto de maestría.

-En realidad, Tomonori-kun, ese es un logro enorme. Veras, yo sólo puedo contener un parte de mi rastro, y eso que el Tipo Mental es mi segunda afinidad. La hazaña que conseguiste es magnífica. Quién sabe, podrías ser un genio –dijo Yuuki.

-¿¡Es en serio!? –Tsuruya está bastante sorprendido, y es natural.

Es una enorme coincidencia que pueda haber encontrado a mi tercer genio en diez años…

¿O será acaso obra del Destino? Nunca podremos saberlo.

-¡Felicidades, Onii-chan! –Ayano sonrió nuevamente.

Una hermosa sonrisa, que rara vez aparece. Es una verdadera lástima.

-Eh, bueno, gracias –el rostro de Tsuruya cuando esta apenado es interesante.

¿Acaso acabo de encontrar su debilidad?

-Pero, a todo esto, ¿entonces el entendimiento de Kaminari es tan fuerte? Si no malinterpreto todo lo que hizo, puede convertir su cuerpo en electricidad. No sólo sirve para trasladarse por la red eléctrica, también le permite esquivar ataques de medios conductores. Es probable que sea inmune a cualquier cosa que conduzca electricidad, incluido el cuerpo humano. ¿Eso cuenta como Tipo Corporal o Tipo Elemental? –preguntó.

-Ambos. Una cosa es aprender como dominar otros Tipos, y otra muy distinta son las técnicas combinadas. Probablemente, él es un Tipo Doble, que puede usar los dos Tipos Elemental y Corporal simultáneamente –me puse a pensar en las implicaciones de eso. No sólo tiene un poder de ataque terrible, sino también una táctica cuerpo a cuerpo. ¡Es riesgoso alejarse, pero aún más estar cerca!-. Uragirimono también es un Tipo Doble, ¿no es así, Yuuki?

-Así es, Mirai-san. Haruka-kun no sólo podía producir fuego, también lo manipulaba a conveniencia. Claramente es un Tipo Elemental-Material. Como notaras, Tomonori-kun, el mundo del entendimiento es más complejo de lo que imaginabas.

-¿Complejo? ¡Si me hubieran dicho cualquiera de estas cosas antes, hubiera sido mucho más fácil! –se quejó él, cruzándose de brazos-. ¡Gracias por ayudar a casi matarme!

-Todo salió bien, no hay razón para quejarse –remarque el ‘no’ con una mirada asesina-. Ahora mismo, lo siguiente que tenemos que hacer es entregar la información secreta. Y luego dejaremos que los altos mandos discutan y hagan sus estupideces típicas, mientras nosotros volvemos a la normalidad.

-¿No querrás decir a la anormalidad? ¡En este lugar, todo el mundo hace lo que se le da la gana! –este chico está a punto de hartarme. ¡En serio, es irritante como discute todo!

¿No puede comprenderlo por sí mismo? ¡Se lo tendré que decir para que cierre la boca!

-¡Esa es la premisa de la Academia! –le grité, a ver si ahora se deja de molestarme-. ¿Has visto cómo está la situación? ¡Todo el mundo puede hacer lo que quiera! La única razón de que haya alguna regla que los mantiene tranquilos, es que la mayoría no se da cuenta de ello. ¡Son tan idiotas, y están tan perdidos en las nubes, que ni lo notan!

La boca de Tsuruya pasó a ser la de un pez, literalmente.

Luego, sonrió muy diabólicamente.

¡Si llega a aparecer un pervertido con esa cara en mi habitación, de noche mientras duermo, me daría el peor susto de mi vida!

Y luego, fijó que lo mato. Con mucho dolor.

-Espera un minuto… Quieres decir que si, hipotéticamente, me pusiera unas bragas en la cabeza y saliera a correr desnudo por el patio agitando una bandera en llamas… ¿Puedo hacerlo? ¿Nadie se quejara?

-Por supuesto, Tomonori-kun. No hay reglas en lo absoluto –aclaró Yuuki, ante esa pregunta realmente estúpida-. Si quieres, puedo conseguirte las bragas. ¿Tienes unas de sobra, Kiyoshi?

Esta pregunta, todavía más idiota, hizo que Kiyoshi-chan se quedara helada. Sus mejillas se pintaron tanto de rojo que su cabello podría incluso teñirse en cualquier momento.

-Si Onii-san y sempai lo piden… ¡Entonces está bien! –comenzó a ponerse de pie, mientras deslizaba las manos por debajo de su falda…

-¡Lo decía hipotéticamente! ¡No era en serio! –chilló Tsuruya, pero no parecía que lo dijera por timidez. Más bien, trataba de evitar una escena que me diera excusa para darle una paliza ejemplar-. Además, ya hubo suficientes problemas hoy, no es momento para comenzar otro asunto que trastorne la situación.

Solté un chasquido de lengua, demostrando mi irritación.

-Ten presente, Tsuruya, que incluso si puedes hacer una estupidez, yo tengo permitido también destrozarte la cara para arreglar lo que este mal en tu cerebro –señalé. Espero que lo entienda-. En todo caso, para eso se creó la BACUCE, para controlar a los locos que intentaran hacer esa clase de cosas. Sin embargo, es claro que tenemos muy poco poder. Y todo es culpa de los anteriores directores, que apoyaron este sistema sin sentido. Si plantas una semilla podrida, crecerá algo podrido, ¿no creen?

Yamanaka y Tsuruya asintieron, entendiendo perfectamente mi punto.

-¡Si plantas una semilla podrida, no va a crecer nada! –discutió Kiyoshi-chan, sin entender a lo que me refería, haciéndonos soltar un par de carcajadas.

Ella realmente tiene esos momentos en los que te das cuenta de que sigue siendo una niña consentida. Se ve adorable. Dan ganas de comértela.

Tsuruya, ni te atrevas a ponerle una mano encima.

Yo apenas me resisto, así que sé que debe estar muy tentado.

-Es hora de que regresemos. El viejo Kyojin ya debería haber reconstruido los dormitorios. Llevare a Shiro allá, y te esperaremos, Tomonori-kun. Buena suerte –con estas palabras, Yuuki tomó de la mano al chico albino, y salieron volando por la ventana.

Tsuruya miraba la escena con una expresión extraña, como si quisiera decir algo.

-Esto… Mirai-sempai… ¿Sabes algo sobre Shiro? –de improviso, salió con una pregunta extraña-. Quiero decir, sé muy poco de él. ¿De dónde vino? ¿Qué busca?

¿Eh? ¿Por qué esa pregunta? En general, Shiro es prácticamente parte del decorado de las habitaciones. Por lo menos, es callado y obediente, muy fácil quererlo.

Ahora que recuerdo, no le pregunté nada. Estaba tan quieto que me olvide de su existencia. Aunque, igualmente sería inútil pedirle que explique algo, nos ignoraría.

-Es curioso que preguntes eso. En realidad, no sabemos nada sobre él –aclaré-. Lleva en el Grupo S más tiempo que yo, y antes de eso, fue abandonado en un bosque de bebé. Todo lo que ha dicho del pasado es que vio a Rea en su cuna, y por alguna razón recuerda algo como eso, pero no ha querido hablar sobre sus padres. Y, como habrás notado, es una persona de pocas palabras.

-¿Desde antes que tú? ¿No llevas diez años como entendedora, Mirai? –preguntó Radio, bebiendo algo del té de Ayano-chan, mientras un reproductor de música comenzaba a pasar canciones automáticamente, sin decidirse por ninguna.

-Tampoco sabemos su edad. Nosotros han estimado que tiene unos quince años –añadí.

-Sempai debería llevarse bien con él, ya que ambos son del mismo Tipo –comentó Kiyoshi-chan, acercándose sigilosamente a Tsuruya sin que esté la viera.

Se puso a… ¿Esta oliendo su nuca? Es lo más normal que se me ocurre. No querrán saber qué otras cosas se me vinieron a la cabeza.

-Tipo Mental, comunicación telepática con los animales –murmuró él, pensando en algo nuevamente-. ¿Podría tener algún truco? ¡No se me ocurre nada!

-¿De qué estás hablando, Onii-chan? –también Ayano-chan aprovechó la menor oportunidad para acercarse sigilosamente.

Ambas niñas intercambiaron una curiosa mirada desafiante, aunque la de Kiyoshi-chan tenía intención asesina, y la Ayano-chan estaba temerosa.

-En realidad, no es nada –murmuró Tsuruya-. ¡Ah, lo acabo de recordar! Mirai-sempai prometió decirme su nombre si salíamos vivos de esto. Así que, ¿cuál es?

Otra vez esa sonrisa de Pedo-bear. ¡Qué miedo! ¡Y que ganas de bajarle los dientes!

¡¿Cómo se le ocurre preguntar eso en este mismo momento?! ¡Realmente, no debería siquiera recordar eso! Sólo les quería dar un incentivo para que volvieran vivos, pero no imagine que este chico pérfido pensara en semejante forma de humillarme.

Sin embargo, una promesa es una promesa. ¡Tendré que decírselo! Maldita sea… Lo haré rápido para que no llegue a escucharlo.

-Kirisaki Ruri –murmuré, tan bajo como me atreví.

Claramente, Tsuruya no pudo haberlo oído, así que estoy a salvo…

-No seas tan egoísta, Mirai-nee.

¿Me está reprendiendo Kiyoshi-chan? ¡He caído muy bajo!

Mirai-san tiene tanta vergüenza que rompe su promesa con Onii-chan!

Incluso Ayano-chan… ¡Diablos! ¡Simplemente no puedo decirlo, es muy vergonzoso! ¡Odio que todo el mundo tenga la misma reacción cuando lo escuchan!

-Su nombre completo es Kirisaki Ruri –reveló Radio, apuñalándome por la espalda.

¡Esa es una jugada traicionera! ¡Eres una completa Judas! ¡Tu fechoría es comparable a la traición de Akechi Mitsuhide! ¡Muy mala amiga! ¡Sekai estaría celosa de ti!

-¿Ruri? ¡Ese nombre es muy lindo! –de alguna manera, se las ingenió para esquivar mi gancho que iba directo a su cabeza. Mostrando una sonrisa arrogante, comenzó a burlarse de mí-. Y pensar que a Mirai-sempai le avergüenza tanto que sepan su lindo nombre… ¡Eso es muy tierno!

Tsuruya… ¡Acabas de grabar tu epitafio! ¡Comienza a correr, insecto bastardo, porque si te atrapo te matare!

-¡Cállate! ¡Te arrancare la piel a tiras! ¡Discúlpate ahora mismo! –salté sobre él, pero me esquivo, y repentinamente se desvaneció en el aire.

-¿Cómo quieres que me disculpe sin hablar? La Niña Fantasma y yo iremos a entregar el pendrive, así que todavía no puedes matarme –su voz se escuchaba alejándose, junto al sonido de pasos rápidos. ¡Está huyendo!-. ¡Nos vemos después!

¡Ese condenado chico! Al parecer, los rumores de que los Tipo Mental son de la gente más extraña, molesta y anormal son ciertos. ¡Espera a que te atrape, y ya verás!

-Bueno, yo tengo que irme, Mirai-nee. Hay algo que tengo que hacer…

Con una sonrisa que se notaba culpable, Kiyoshi-chan abandono la habitación. ¿Algo que hacer? Tengo que vigilar a esa chica. Seguramente, sea algo que no aprobare.

Sin embargo, antes de que pudiera comenzar a pensar que cosa podía ocurrir, una paloma mensajera entro por la ventana. Cargaba un papel, y estaba marcado en rojo, señal de que era urgente.

En cuanto lo leí, ahogué una exclamación.

-¿Mirai? –preguntó Yamanaka. Le pase la nota, y ella también se sorprendió-. Esto significa… Que siempre nos tuvieron vigilados. ¡Maldita sea! ¿Cuánto crees que sepan?

-No lo sé. Sin embargo, esto puede ser el comienzo de algo muy peligroso.

No puedo creerlo. Pensar que esa persona, en realidad, ocultaba tan bien semejante secreto sin que lo supiéramos. Aún más que Uragirimono, nos engañó a todos.

-¿Eh? ¿Qué sucede? –preguntó Ayano-chan, asustada por la nueva atmósfera, repentinamente negativa.

No la culpo. Estamos en una situación horrible. En el peor de los casos, información de todas nuestras habilidades se ha filtrado a Ellos. Y lo que es peor, incluso podrían haber descubierto puntos cruciales de nuestras personalidades.

¿Cuántos traidores más están entre nosotros?


(Cambio de Narrador: Rea)

Esa persona ingresó rápidamente a una casa particular, vigilando alrededor.

Está buscando a posibles perseguidores. Sabe que lo estaban siguiendo, pero logró escabullirse gracias a su habilidad específica. Como es un Tipo Mental experimentado, su Espacio es magnífico. Y posee una técnica terrorífica, que si bien no tiene capacidad de combate, puede alterar el transcurso de cualquier enfrentamiento.

Es un entendimiento que permite leer la mente.

Bueno, no es exactamente eso. Leer la mente es algo tan avanzado, que incluso aquellos con esa habilidad tienen muchas condiciones para usarla, además de su extrema dificultad.

No hay nada tan complejo como la mente humana.

El entendimiento de esa persona, en realidad, tiene una base diferente; pero a través de mucho estudio y práctica, logro aplicarlo de esta manera. Y no sólo consiguió usarlo en muchas personas en la Academia Jikû, incluso se apropió de material importante.

Un trabajo de espionaje muy hábil. Apenas me entere, vine aquí a buscarlo.

Por eso le estoy siguiendo. Tengo que esperar al momento indicado, y modificar cualquier documento en el que Tomonori aparezca. No puedo dejar que sea un objetivo. Y, aunque su habilidad le permite averiguar perfectamente si lo están siguiendo, no funciona si no es capaz de ver a su objetivo.

Así que en mí, es inútil.

Para empezar, él es un Despierto, nunca me ha visto. Y la única persona en este mundo que puede verme es Tsuruya Tomonori.

Luego de tocar el timbre de manera extraña, probablemente una clave, se abrió la cerradura electrónica de la puerta. Él ingreso, conmigo detrás, y sólo se quedó parado en la entrada un instante.

Escuche un sonido curioso venir de las paredes. Cuando revise, descubrí unas máquinas que estaban analizando su rostro, contextura física, vestimentas, y rastro. Luego de que acabaron, sonó un pequeño timbre, como si hubiera aprobado.

Una persona apareció en el umbral.

-Lo siento por las maquinas, pero ya sabes, nunca se está demasiado seguro. Los de arriba querían que tuviéramos un cuartel bien provisto –declaró Kurai Sora.

Es un joven alto, de cabello ceniciento y brillantes ojos amarillos. Su cuerpo es alto y delgado, pero está en forma, además de ser ciertamente guapo. Debe tener la misma edad que Mirai. Aún continúa vistiendo el traje negro ceñido.

-Sí, lo sé –murmura la persona que estoy persiguiendo. Tiene el cabello rojo, ojos de tonos anaranjados, ambos dan la impresión de estar en llamas. Su peinado es del estilo punk, remarcado por su ropa, aunque eso es un disfraz-. Yo hubiera hecho lo mismo. ¿Cómo están los demás?

-Bien, dadas las circunstancias. Trickster tiene una torcedura de tobillo, pero se recuperara pronto –suelta un suspiro-. Todo salió mal. ¿Cómo hubo tantos fallos?

-Ya verás. ¿Y el resto?

-Por aquí –indicó el muchacho alto.

Ambos pasan al cuarto principal. Es un extenso lugar, aunque sin ninguna decoración, algo normal considerando que todos son varones y este es un refugio que podrían abandonar mañana.

Allí están esperando dos personas más, sentadas a una mesa, bebiendo té: Un chico serio, delgado y pálido, con un largo cabello negro petróleo, que parecía de la misma edad que Tomonori, mirando todo fríamente con unos ojos de un sorprendente verde oscuro; y un niño de unos diez años, de ojos violeta claro y cabello castaño oscuro, observando al recién llegado con evidente timidez.

Si no me equivoco, ellos son FrostSnow y Motto Tsuyoku, los genios de Ellos.

-¿Es él entonces? ¿Nuestro contacto? –preguntó el muchacho de melena negra-. ¿Cómo era su alias?

-No me dieron uno. Pero ya me acostumbre al de la Academia. Pueden llamarme Owari no Sensou.

Si, así es. Tal vez lo recuerden. Él, la persona a la que he seguido, es en realidad un infiltrado de Ellos que ha estado en la Academia por años. Y su nombre es…

Morimura Kengo, el líder del Grupo E.

Era parte de una estrategia a gran escala, largamente planeada. Tomaron a un niño de diez años, de quien poco sospecharían, y le dieron la misión de entrar en la Academia Jikû. No falsificó nada, ni su nombre, ni sus habilidades, ni su historia. Incluso fue mayormente sincero con su personalidad. Todo para ganarse la confianza de Nosotros, y lo consiguió.

Lo que si escondió fue su misión, y el punto al que llegaba su talento.

Todos en la Academia creían que su poder es ‘leer el rastro del oponente’. Una habilidad que le permite entender el estado de ánimo de una persona a través de su rastro, causando que sea capaz de ver los sentimientos del rival.

Sin embargo, Kengo es un genio, y su verdadera técnica esta un paso más allá. Eso fue lo que oculto, y muy bien lo hizo.

Con su verdadero poder, con sólo hacer contacto visual con el rostro de alguien, es capaz de percibir sus emociones. Todas. Desde la ira a la tristeza. De esta manera, incluso una pequeña reacción puede ser anticipada.

Es una forma de leer la mente de manera indirecta. Así fue como predijeron los movimientos de Kouri no Hauto, ya que Kengo estaba a su lado en un cuarto de observación durante la batalla.

Hasta ese punto confiaban en él.

En realidad, yo sólo sé todo esto porque leí su mente. No, no fue un método indirecto. Utilice un entendimiento que lee la mente, recuerdos específicos, con gran detalle. Me tomó 50 años desarrollar la teoría, y dos siglos más aplicarlo exitosamente, y sólo porque soy una experta en el campo.

Soy algo… Particular.

-¿Quieres decir que han descubierto tu identidad, Sensou-san? –preguntó el niño, sorprendido por su apariencia.

Para ser el genio Motto Tsuyoku, se veía bastante débil. Con razón no es un agente de combate. Sus manos conservaban un leve temblor, como si tuviera miedo de algo.

-No exactamente. Hice un mal movimiento –Kengo se sienta a la mesa, apoyando su codo sobre ella, y la mejilla sobre su puño. Suelta un gruñido animal, sobresaltando a Motto Tsuyoku-. Me dieron la orden de buscar un método para liberar a Pyromancer, pero cometí un error estúpido. Vi una oportunidad donde no la había, y resultó en que hubo una ligera sospecha sobre mí. Y, justamente, Kouri no Hauto de alguna manera se dio cuenta de que sus documentos fueron movidos. Una mala combinación, así que tomé todo lo que pude rescatar, y hui a este lugar.

-¿No te siguieron? –preguntó FrostSnow, aunque su rostro permanecía desinteresado.

-Sí, lo hicieron, pero los perdí a las tres calles. ¿En serio creían que podían seguirme? Sólo mire atrás una vez, y me di cuenta de que tenía a seis detrás mío. Después, fue fácil.

-Un buen trabajo. Nos hacía falta un Tipo Mental en el equipo –murmuró Kurai Sora-. Ya teníamos mucha fuerza bruta, entre FrostSnow, Pyro-kun y yo.

Sora-san, no digas esas cosas! ¡Suena como si fueras a abandonar a Pyro-san! –exclamó el niño, muy alterado.

-¡No lo vamos a abandonar! Hablé con los altos mandos. Hay una manera de sacarlo.

Quien dijo todo esto fue un recién llegado, que literalmente se materializo en medio de la sala, sentado a la mesa. Kengo se sorprendió, saltando a un costado, pero los demás ni se inmutaron. Incluso Motto Tsuyoku, que claramente es una persona muy nerviosa, ya estaba acostumbrado.

Se me pusieron los pelos de punta.

No puede ser. ¡No puede ser! ¡Es imposible!

¡¿QUÉ HACE ÉL AQUÍ?!

Si él ve su nombre… Algo malo pasara. ¡No puedo dejar que vea su nombre!

-¿En serio? Parece que Nosotros es más indulgente que Ellos –Kengo se tranquilizó, luego de darse cuenta de quién era.

En esta ocasión, se refirió a las organizaciones de manera opuesta a como lo han hecho los chicos de la Academia. Si, sé que es confuso. Llevan seiscientos años causando problemas en torno a sus nombres. No es que me preocupe, realmente, el nombre es lo de menos.

Lo terrible son las cosas que hacen. No importa lo que haga, nunca pude impedir que pasaran todas esas cosas. Me odio por ser tan inútil.

Y aun así, sigo causando dolor al mundo.

Soy un árbol envenenado, que sólo cosecha frutos ponzoñosos.

-Alguien en los altos mandos aceptó que enviarnos a esta misión fue un desastre desde el comienzo. No tenían a Hanshakaiteki en buenos términos, en primer lugar. Y atacar la Academia nunca fue una verdadera prioridad –comenzó a hablar el recién llegado-. Afortunadamente, parece que él no tuvo un buen resultado en su venganza contra Danger. Y nuestro patético estratega fue completamente incapaz de competir con Kouri no Hauto. Por eso, ya tenían planes de contingencia listos. No hay nada que podamos hacer, por ahora, salvo esperar a que finalicen las negociaciones. ¿Te dieron la orden de garantizar nuestra retirada?

-Sí, así fue. Logre salvar a cuatro de cinco, no está mal. Lo malo es que arruiné mi cobertura –Kengo miraba hacia el suelo, frustrado-. Ocho años a la basura. ¡Qué hermosa vida! ¡Si, preciosa de veras!

-No te lo tomes tan mal. ¿Acaso no lograste lo que querías? –Kurai Sora puso una mano en su hombro para tranquilizarlo-. Hemos escuchado de ti. Tu familia no sabía nada, ¿verdad? Recibían el apoyo económico de Ellos, mientras Nosotros suministraba los favores políticos. Hiciste muchos sacrificios para darles un sustento. Eres un verdadero hombre.

-Sí, ya lo sé, pero al final fue en vano, ¿lo sabes? –Owari no Sensou soltó una carcajada irónica-. Un simple incendio, y todos…

-Bienvenido al club –interrumpió FrostSnow, con un comentario oscuro.

La atmósfera se tornó muy sombría.

-Tratamos de no pensar en eso –concluyó Kurai Sora-. ¿Y bien? ¿Qué era ese rastro? No se parecía a nada que hubiera visto antes.

No necesito ni explicar a que se refieren, ¿verdad? Es evidente.

-No tengo la menor idea. Estuve allí por ocho años, y es la primera vez que ocurre algo similar. El epicentro fue el edificio de Archivos, probablemente cerca del Depósito 9. Tengo entendido que, quien fuera, destrozó a Akire por completo –reveló Kengo, malhumorado. Arrojó al suelo una hoja de papel-. Estos son los inscriptos de los últimos tres meses. Hay una alta probabilidad de que este allí. Si no, quiere decir que tienen algún arma secreta de la que no han hablado.

Ninguno le prestó demasiada atención al documento, así que me apresure a mirarlo.

Como me lo temía, su nombre está aquí, al final de la lista. Tengo que trabajar rápido y ser cuidadosa, para borrarlo por completo. Si ninguno de ellos mira en esta dirección, sería ideal.

-En serio, ¿quién diablos puede tener un rastro como ese? –se quejó Kurai Sora, revolviendo en una bolsa de papas fritas-. Parecía como un monstruo. Y por el tamaño, se deben de haber enterado todos los entendedores del país. Muy pronto tendremos a los Ishida metiendo la nariz en todos lados.

-Por lo que tengo entendido, el nuevo cabeza de familia tiene una personalidad paranoica, especialmente con su hermanita –habla FrostSnow, que no está bebiendo té, sino una lata de refresco. Y hasta parece que uso su poder para ponerla a su temperatura ideal.

-Yo también la tendría, de ser ella mi hermana menor –Morimura Kengo soltó unas risas, mientras miraba al techo-. Recibe dos docenas de cartas amorosas cada día, tiene al menos veinte acosadores, y la invitan a quien sabe cuántas citas a diario. Y a todo eso, ella sólo dice cosas como ‘Son muy traviesos’. Es tan indefensa, que de no ser por esas amigas suyas y el miedo a su familia, ya habría sido secuestrada.

-Parece que ya extrañas ese lugar, ¿no es así? –preguntó el niño, para luego encogerse, como si quisiera desaparecer lo más posible.

Créeme, ser invisible no es nada agradable.

-No era un mal sitio. Sólo algo descontrolado.

-Eh, y… ¿Qué talla de sostén usa exactamente? –el recién llegado, primero que nada, pone una sonrisa lasciva y hace una pregunta pervertida.

Trickster, esa pregunta ha sido lo más estúpido que has dicho en todo el día –señaló Kurai Sora-. Pensé que, al menos, podías pasar veinticuatro horas sin llegar a ese nivel de idiotez.

-No te quejes, Sora. Todo típico adolescente tiene derecho a preguntar eso, ¿no? –contraataco Trickster, robando una de las papas fritas de su compañero.

-En realidad, Trickster, tengo entendido que es al menos F. Y eso sólo por sus acosadores, no pienses mal de mí, no soy un adolescente típico –replicó Kengo cínicamente.

-¿En serio? ¡Qué par de melones! ¿No es tu tipo, Sora?

-Ya deja de molestarme, ¿quieres?

Mientras continuaban con su conversación pervertida, modifiqué el documento. El nombre de Tsuruya Tomonori fue completamente borrado. Y sin ningún rastro.

Ahora, no podrán saber de él, a menos que se saque alguna otra información de encima. Aún es posible que oculte más papeles bajo su chaqueta. Todavía me preocupa que Trickster pueda leerlos.

Eso sería desastroso.

-¿Qué haremos ahora? –preguntó Kengo, todavía decaído.

-Tenemos un presupuesto para las próximas dos semanas. Mientras nos atengamos a él, podemos hacer lo que queramos –respondió Trickster, sonriendo maliciosamente-. ¿Les muestro un buen cabaret?

-¡NO! –respondieron Kurai Sora, Owari no Sensou y FrostSnow, todos a la vez.

-Preferiría ir a algún sitio tranquilo. Una región apartada, sin demasiada gente –sugirió Motto Tsuyoku, retorciéndose las manos. Sus orejas habían enrojecido ante el comentario del cabaret-. Algún lugar sin conflictos a punto de estallar.

Todos hicieron silencio un momento, probablemente pensando en su propuesta.

Finalmente, Trickster habló.

-Estoy de acuerdo. El verano sigue diciendo que todavía no quiere acabar en los próximos días. ¡Vámonos de vacaciones! –se teletransporto encima de la mesa, haciendo un gesto extraño con el puño en alto-. ¡Los Poderosos Cinco iremos a buscar chicas!

Trickster, tu tobillo…

La advertencia del joven pálido llego un poco tarde. El chico sobre la mesa apoyo su peso en su pie lastimado, causándose mucho dolor, y cayendo de espaldas.

A media caída, desapareció nuevamente, para reaparecer recostado en el suelo.

Kengo dio un largo suspiro.

-¿Siempre es así? –preguntó, con expresión muy irritada.

-Créeme, a veces es todavía peor. Tenemos suerte de que este con la moral baja –le respondió Kurai Sora-. Está enfadado porque no pudo desenmascarar a Daimondai.

-¡Ese sujeto es extraño! ¡Cuando lo pateé, se movió de una manera incomprensible! –se quejó Trickster, sujetando su tobillo torcido-. ¡Hay algo muy raro en él!

-¿Además de su vestimenta, su entendimiento, y que mide casi tres metros de altura? –ironizó Kengo-. De todas formas, estuve investigándolo. Logre reducir la lista a cincuenta personas –extrajo otro documento de su bolsillo.

-Esas son muchas –se quejó FrostSnow, revisando los papeles.

Yo estoy lista, mirando sobre su hombro, pero el nombre de Tomonori no está, así que no tuve que hacer nada.

-¿Prefieres volver a veinte veces esa cantidad? –replicó Owari no Sensou.

FrostSnow ignoró ese comentario, arrojando el documento a la mesa.

-Yo prefiero un analgésico –murmuró Trickster.

Motto Tsuyoku le alcanzo un frasquito diminuto, que apenas parecía contener un par de gotas, con un poco de rubor en sus orejas.

El temblor de sus manos desapareció en ese momento, y no regreso.

Apenas Trickster lo bebió, se puso de pie rápidamente, con una sonrisa.

-¡Como nuevo!

-¡No se ha curado todavía! ¡Si sigues usando el tobillo, sólo lo dañaras más! –lo amonestó el niño-. ¡Siéntate y descansa!

-Como quiera, doctor –el chico se sentó de nuevo, provocando más enrojecimiento en las orejas de su compañero.

-¿Podemos hacer cualquier cosa? Hay un par de lugares donde me gustaría ir, pero me temo que después de este incidente haya una seguridad excesiva en toda la ciudad –murmuró, preocupado, Kurai Sora-. Lo siento, Owari no Sensou, pero será mejor que permanezcas escondido, incluso si nos acompañas.

-Me da igual.

-Oigan, ¿y qué hay de ese anuncio? –Trickster desapareció un instante, para luego volver con un folleto, que desplegó sobre la mesa-. Alejado de la ciudad, no es muy caro, y tendremos desde un descanso hasta chicas. ¡Es perfecto!

-Tendrías que tomarte unos días en la escuela –señaló Motto Tsuyoku.

-¿Vas a una escuela? ¿Una normal? –preguntó Kengo, sorprendido-. Incluso con tu entendimiento, es riesgoso. Si descubren tu cara, tu vida se acabó, ¿lo sabes?

-No hay cuidado. Nunca falto a las misiones, pago mis propias cuentas, y hago amigos. ¿Les conté de ese chico de primer año? Todos siempre dicen que es callado, y se la pasa aburrido todo el día, pero he notado ciertas cosas sobre él…

Trickster comenzó a relatar varias cosas sobre esa persona, incluyendo algunas anécdotas.

La vez que se metieron a una casa embrujada, y estaba muerto de miedo, pero su compañero incluso desafió a los fantasmas, aunque no apareció ninguno.

La vez que les jugaron una broma a los matones, y los mandaron al hospital, cosa que sólo hizo reír a su amigo.

También hicieron hechizos a media noche, pero nunca ocurrió nada.

Fueron a convenciones de anime, disfrazados con cosplay. Y aprovechando que llevaban mascara, espiaron en el baño de mujeres.

Ese amigo suyo es una persona muy extraña… ¿Estará hablando de quien yo creo?

-Suena como una persona interesante –le felicitó el niño.

Entonces, Trickster comenzó a reír de una manera aterradora.

-Ten cuidado, Motto. Si ese chico te ve, podría pensar que eres una chica. No quiere admitirlo, pero es obvio que es un lolicon cuando lo conoces –sus risas asustaron a Motto Tsuyoku, que se encogió todavía más-. ¡Incluso cuando lo atrapé mirando ciertos mangas muy delatores, lo negó! ¡Es tan gracioso! Por alguna razón, no ha venido en la última semana. Tendré que preguntar que le paso.

-Lindo amigo –murmuró FrostSnow.

-Tomonori-kun es un buen chico, no lo malinterpretes. Es sólo que siempre se lo ve aburrido, como si deseara vivir en un anime. Si le dijera la verdad, ¿no creen que se quedaría maravillado?

Sí, me lo temía. ¡Está hablando de él!

-Si sólo le muestras tu color de cabello real, sería suficiente –señaló Kurai Sora.

Es cierto. Trickster utiliza un disfraz en la Preparatoria Shibanashi. Probablemente, porque su cabello púrpura y sus ojos de ese tono gris acero llamarían mucho la atención.

Cuando lo vi junto a Tomonori, su apariencia no era llamativa. Por eso me sorprende verlo aquí, porque no me imaginaba que esta persona era un entendedor.

No recuerdo si es uno de mis Despertados, pero sí recuerdo cuando lo vi la última vez. Estaba junto a Tomonori, el día en que lo desperté.

Este chico, que sonríe de forma atrevida, mientras piensa en cosas pervertidas sin parar.

Hiramaki Toto, también conocido como Trickster, el entendedor más rápido de Japón.

Y, mientras estos cinco chicos discuten sobre las vacaciones, y sus vidas cotidianas, comienzo a preocuparme. ¿Cuánto tiempo tomara antes de que descubran la verdad?

Tengo que esforzarme, ponerme una máscara, para que Tomonori no pueda ver mi cara de preocupación. Su intuición es aterradoramente certera. Si no tengo cuidado, él vera muchas cosas de mi que no es prudente que un humano sepa.

Después de todo, soy una figura divina para el resto del mundo.

Y debe segur así, mientras se pueda.

Por el bien de este mundo, y de quienes viven en él.

Por el bien de todos.

Continuara…

 

Chaos World: Bouken no Baka Kami

Capítulo 1: Soy Divinamente Trolleado

Supongo que debería explicar cómo acabé en esta situación de vida o muerte.

Siéntense un momento, la explicación será larga.


Me llamó Kamishoji Ken. Tengo 17 años de edad. Estoy en Segundo Año de Preparatoria en la Academia Privada Hoshiyaki. Soy una persona tranquila, que disfruta la paz y el silencio. Desafortunadamente, eso no existe en este mundo.

-¡Ken-chan, espérame!

Y ahí se fue toda mi paz y tranquilidad.

-Myu, ya te dije que no me llames así –le respondo a la chica que viene corriendo detrás mío. Ya que empezó a hablarme, no puedo ir a casa sin tener que hablar con ella un rato para dejarla contenta.

-Ken-chan es Ken-chan –y volvió a decirlo. Siempre usa la misma excusa, con esa sonrisita suya. Si supiera lo mucho que quiero disfrutar del silencio, creo que no dejaría de hacer eso una y otra vez. ¿Tanto le gusta molestarme?

Ella es Kamishiro Myu, mi amiga de la infancia. Una típica japonesa bajita, cabello castaño claro, ojos café y una bonita sonrisa. Una hermosa y maldita sonrisa muy molesta que siempre usa para burlarse de mí. Esta chica parece que no sólo se me ha pegado desde la Primaria, si no que sabe exactamente como meterse conmigo.

¿Ven por qué pido algo de tranquilidad?

Ahora mismo, caminamos de regreso a casa de la escuela. Ella está en mi clase. Un tío suyo que trabaja en Hoshiyaki la pone conmigo cada año, y nuestros compañeros de escuela están complotados para conseguirle el asiento detrás de mí cada año. No tengo manera de quitármela de encima.

Si, sé que parece una acosadora más que una amiga de la infancia, pero no hay más remedio. Porque me hospedo en su casa, y sus padres son quienes me mantienen. He dicho mil veces que podría pagar el alquiler de algún sitio con mi trabajo de medio tiempo e ir a una escuela pública, pero son tan jodidamente amables que no puedo decirles que no. Ni a ellos, ni a Myu.

-No hace falta que me sigas a mi trabajo de medio tiempo, Myu –le dije, tratando de sacármela de encima. Los otros chicos de la escuela están seguros de que estamos saliendo… ¡Pedazos de mierda retrasados! ¿No notan la diferencia entre salir con una chica o ser acosado por ella? ¡Debe ser porque son una manga de virgos que no han visto una puta vagina fuera de Internet! ¡A ver si algún día descubren la diferencia entre realidad, y sus putas fantasías de videos AVS!

-¿No hace falta? ¿Y que pasaría si otras chicas se ponen a coquetear con Ken-chan y le hacen llegar tarde al trabajo? ¡No puedo permitirlo, como amiga de la infancia es mi deber cuidar de Ken-chan! –Myu palmeo su pecho casi imperceptible.

-Ah, claro, la excusa de siempre… ¿Y cómo planeas exactamente hacer eso? Porque con tu inexistente “sex appeal”, dudo que alguna chica dude en acercarse a mí… –respondo sarcásticamente, reforzando mi maldita intención al mirar directamente a sus senos nada destacables.

¿Qué más quieren que haga? ¿Qué sea un buen chico y le deje molestarme? ¡Váyanse a la puta mierda, haré lo que quiera como se me venga en gana!

-¡Eres demasiado cruel, Ken-chan! –Myu comienza a golpearme en el pecho muy débilmente, pero obligándome a retroceder hasta la pared-. ¡Ken-chan cruel! ¡Ken-chan cruel! ¡Ken-chan cruel! ¡Ken-chan cruel! ¡Ken-chan cruel! ¡Ken-chan cruel!

-A este paso, tú me harás llegar tarde…

Estaba comenzando a murmurar una forma de sacármela de encima, cuando sucedió la “Cosa Mas Rara que me ha Pasado en la Vida”.

Una burbuja transparente, como las de jabón, vino flotando hacia nosotros.

Sólo que… ¡La jodida burbuja mide un metro de diámetro!

-¡¿Qué es eso?! –soltó Myu, ocultándose tras de mí como la cobarde que es.

Iba a responderle, pero una persona apareció de repente detrás de la burbuja. Era muy alto, y usaba una larga capa y capucha negras. Comenzó a soplar en nuestra dirección, haciendo que la cosa extraña nos alcanzara de inmediato.

Hubo un destello de luz, obligándome a cerrar los ojos. Sentí que perdí el apoyo de mis pies en el suelo. Frenéticamente, traté de alcanzar algo con mis manos, pero no conseguí tocar nada. Termine girando sobre mi mismo, flotando en el aire…

¡¿Cómo que flotando?! ¡¿Qué mierda esta pasando aquí?!

Abro mis ojos… Y no puedo creer lo que estoy viendo.

Hay hileras de colores desparramados, retorciéndose en el cielo. Parece que alguien hubiera volcado una maldita colección de acuarelas gigantes en el Espacio, provocando este fenómeno súper bizarro. Mis pies no tocan ningún suelo ni fondo, sólo se agitan en el aire como si estuviéramos en gravedad cero.

Frente a mi, sentada en el aire y girando a mi ritmo, esta la persona encapuchada que nos sopló la burbuja en la calle. Me doy cuenta rápidamente de que lo hizo a propósito, y de que esa cosa causo esta situación.

Lo sé porque tengo su burlona sonrisa en mi cara.

-¡Serás hijo de puta! –le grité. Inmediatamente, noté que no podía respirar. El aire que había desperdiciado gritando no lo recuperaría, así que tenia que planear muy bien mis palabras.

La persona, sin previo aviso, se desprendió de su ropa flotante. Bajo la capucha había una mujer hermosa, de larguísimo cabello castaño y ojos rojos. Su cuerpo desnudo se me reveló, absolutamente perfecto y curvilíneo. Sus pechos de tamaño justo eran tan firmes que apenas si se movían en la ingravidez.

-¿Vas a desperdiciar tu aliento y tiempo insultándome? ¿No te parece que hay algo más importante que hacer? –a ella parecía no afectarle la falta de aire respirable. Extendió un brazo, señalando.

Giré la cabeza, notando que una figura se movía sin control a escasa distancia, aparentemente en estado de confusión. Parecía un pez al que acabaran de sacar del agua, retorciéndose en este extraño Vacío de mierda.

Myu también había venido aquí.

-¿Te doy un empujón? –me ofreció, con una sonrisa malditamente maliciosa en su rostro blanco. Me encantaría darle un puñetazo, pero ahora mismo, Myu es prioridad.

Controlé mi cuerpo para girar en su dirección, pero era cierto que no tenia punto de apoyo para acercarme a ella. Entonces, sentí algo apoyado en mi espalda, y luego fui empujado de una manera malditamente rápida hacia mi amiga de la infancia.

¡Puta mierda, que fuerza tiene esa mujer! ¿¡No acabo de recorrer unos veinte metros con su patada?! Aunque tampoco puedo calcular bien distancias sin puntos de referencia, este condenado lugar de porquería no tiene ninguno.

Abrí mis brazos, y en el momento en que choque contra Myu, la sujeté con fuerza. Ella esta inconsciente, pero su cuerpo se revuelve sin control. Entre el golpe, y varios codazos y rodillazos, empiezo a formar una colección de moretones.

-¡Ya basta, estúpida! ¡Para ya! –gritó, intentando desperdiciar el mínimo de oxigeno posible. Afortunadamente funciona, porque deja de retorcerse.

Entonces, esta mierda se comenzó a poner peor.

Un sonido retumbó junto a nosotros. ¿Cómo carazos lo oigo sin aire? ¡Yo que voy a saber, no soy físico teórico! Pero el caso es que se abre una línea en el… ¿Espacio? Una especie de raya horizontal que se ve como vidrio roto, haciendo sonidos acordes. Este lugar sin sentido lógico comenzó a retumbar como si hubiera un terremoto, aunque no hay suelo para que hubiera uno… ¿¡Podemos respetar alguna ley de la Física!?

-¿Leyes de la Física? ¡Quien las necesita! ¡Son para aburridos! O debiluchos… ¡Para ambos! –comienza a salir una voz de la grieta. Acto seguido, algo se cae… ¿Se cae sin gravedad? Y pega contra el suelo… ¡¿Sin suelo?!

Ay, carajo, esto es la mierda más incoherente en toda la puta Creación.

-¿Creación? ¡Yo soy la Creación! ¡Incoherencia es mi segundo nombre! –el sujeto se arregló la cabellera plateada con una mano, mientras se enderezaba para flotar a nuestro lado. Su ropa parecía la mezcla entre un gigoló y un JoJo, dándole un aire putamente raro y excéntrico. Encima de todo eso, el sujeto estaba vestido con gabardina azul, y armado con pistolas y espada…

¿De que condenado videojuego has salido? ¡Aquí sólo aparece gente completamente loca y rara! ¡¿En que sueño de drogas alucinógenas nos hemos metido?!

-Veamos… Ustedes dos me interesan. ¿Quieren que hagamos algo divertido? –una puerta se materializo detrás de nosotros. Encima de eso, el tipo raro sacó una bolsa de secuestrador, y puso una cara de villano sacado de la película más cutre que se te ocurra.

¡Que ni se le pase por la cabeza lo que me estoy pensando!

-Oh, es exactamente lo que estas pensando. No te preocupes, no debería pasarles nada malo… Probablemente. Posiblemente. Tal vez. ¡En todo caso, será tu culpa!

¿Por qué toda la gente con la que me he cruzado hoy son unos bastardos malparidos que no tienen una puta mierda mejor que hacer que joderme?

Entonces, cuando parecía que nos iban a meter en un saco y llevarnos a no sé donde… ¡La puerta se prendió fuego! ¡Y no fuego normal, fuego opaco y negro! Intente alejarme, pero una mano salió de entre las llamas y nos arrastró lejos del Gigoló Divino.

-Ah, no, ellos son míos.

La Loca Desnudista nos tiró a un costado. Salimos volando para cualquier lado a toda velocidad. Empiezo a tener ganas de vomitar.

-¿Cómo puedes escapar del mismo Espacio que estas tocando? –escuché al Gigoló Divino… ¡Aunque sigue sin haber aire respirable! ¡Hagan algo, par de dementes, me voy a asfixiar si seguimos así!

Me quedo completamente anonadado cuando veo que el borde del Vacío se convierte en una mano gigante que se acerca a nosotros… Pero entonces, una niebla negra forma otra mano enorme, y agarra a la primera por la muñeca.

-Hasta aquí llega el largo brazo de la ley –se oyó la voz de la mujer-. Como dije, ellos son mis juguetes. No te metas.

-¿Ósea que quieres jugar? ¡Juguemos entonces! –contestó el sujeto.

La mano espacial hizo aparecer una… ¿¡Raqueta de Ping Pong gigante!? Y la quiere usar para… ¡Ni se te ocurra, Gigoló Divino malditamente drogado!

Si, nos golpeó con ella. Y obvio, dolió como si un camión nos llevara por delante.

-¡Putos locos, ya paren con esto! –grité, dejando mis pulmones peligrosamente bajos de oxigeno. ¡Necesito ya algo de aire! ¿Myu siquiera puede aguantar esto?

-¿Parar? ¿En serio le estas pidiendo a seres como nosotros que paremos? –la Loca Desnudista comenzó a reírse despectivamente-. Tan lindo… Cuando nos volvamos a encontrar, lo pasaremos muy bien.

Onomatopeya de relamerse los labios.

¡Puta loca pervertida!

La mano de niebla sombría apareció detrás nuestro, sosteniendo un… Bate de béisbol… Ay, no… ¡Jodida hija de puta!

Y otra vez, nos golpearon. ¿¡YA QUIEREN DEJAR DE USARNOS COMO PELOTAS!? ¡JURO QUE ALGÚN DÍA LES VOY A PATEAR VUESTROS DIVINOS CULOS!

-Si, claro… ¡Inténtalo! –dijeron al unísono.

Abro mis ojos en este Vacío mierdoso, mientras salimos despedidos a cualquier parte. Puedo ver a lo lejos que el Gigoló Divino esta apuntándole a la Loca Desnudista con sus armas de fuego. Y una pistola arroja témpanos, y la otra dispara rayos láser.

De nuevo, sin oxigeno… ¡SEAN LOGICOS, CARAJO!

Mientras tanto la chica sólo bosteza, mientras llamas negras se comen el fuego de una de las armas, y aparta los témpanos con la otra. De repente, el Gigoló Divino aparece detrás de ella con un raro efecto de succión, espada en mano creando un tornado gigante. Y la Loca Desnudista lo ataja con una espada de niebla negra bañada en llamas opacas. Desenfunda una daga con brillo púrpura, pero el otro loco usa un raro brazalete para recubrir su mano en una armadura de tierra.

Y como siempre, las leyes físicas son tratadas como algo que se come. ¿¡Y POR QUÉ CARAJOS LOS DOS SE ESTAN RIENDO CÓMO SI ESTO FUESE GRACIOSO!?

-Pelear con alguien cercano a mi poder es… Más entretenido de lo que esperaba. ¡Divirtámonos juntos, Yami-kun! –comenzó el Gigoló Divino.

-¿Cercano? Eso es tan gracioso… ¿Desde cuando los novatos se creen tanto? Jikû-chan, aprende a tratar a tus mayores –respondió la Loca Desnudista.

El sujeto saca un reloj antiguo de entre su ropa, el cual despliega una pantalla holográfica. Pone cara de confundido.

-¿Mayores? Que yo recuerde, pronto seré mayor que tú –de la nada, aparece otro portal raro como el que le hizo aparecer. Se metió dentro, y volvió a salir, exactamente igual. Sin embargo, la pantalla del reloj claramente mostraba un número mucho mayor-. ¡Bien, ahora soy tres horas mayor que tú!

-¿¡POR QUÉ DIABLOS ACTÚAN CÓMO JAPONESES!? ¡¿QUÉ CARAJOS ES ESO DE HACERSE MAYOR DE LA NADA?! ¿¡PARA QUÉ MIERDA HACES ALGO CÓMO ESO!? –me cansé de tanta idiotez sin sentido. ¡Les gritare hasta quedarme sin aire!

-Oh, Ken-kun, es que con este reloj puedo registrar mi edad. Se me olvida a veces, ¿sabes? Sólo deje pasar un poco de tiempo para ser mayor –aclaró el Gigoló.

-Eh… ¿Eso no te hace un viejo decrepito? –le rebatió la Loca.

Ella hizo aparecer montones de círculos mágicos detrás de él… ¿Círculos mágicos? ¿¡Eso no me suena familiar!? ¡Ese ataque tiene copyright! ¡Gilgamesh te demandara!

Para defenderse, el sujeto sacó dos portales nuevos… De los que salieron un perro negro y un león blanco… O mejor dicho, ¡armaduras con la forma de esos animales! ¿Eres un Caballero del Zodiaco de porquería?

Hubo una explosión de luz cuando sus técnicas colisionaron, y por fin salieron de mi vista. No quiero saber nada más con ellos.

Si son putos Dioses o lo que sean, no quiero volver a encontrarme con esos seres.


Lo primero que noté fue que podía respirar de nuevo.

Lo segundo… ¡Que caíamos en picada hacia el suelo!

Rápidamente, busqué como parar, pero no teníamos paracaídas. Ya no flotábamos, el Espacio Vacío se había esfumado. Íbamos directo a lo que parecía un enorme cráter de meteorito, deformando el paisaje.

Nos íbamos a convertir en pulpa humana.

Entonces, la velocidad comenzó a subir. Entre mas nos acercábamos al suelo, mas rápido íbamos. Me di cuenta entonces de la burbuja alrededor nuestro, era la misma que nos había atrapado en la calle, pero se había hecho mucho más grande.

Estoy seguro de que cuando lleguemos abajo, ya habremos sido hechos pedacitos por la fricción atmosférica. ¡Tengo que hacer algo!

Justo a unos cinco metros del suelo, nos detuvimos de pronto. Pude entonces ver el paisaje desértico y árido. ¿Dónde carajo estamos?

-¿Ken-chan? –la sacudida despertó a Myu. Soltó un bostezo cansado-. ¿Qué hay para desayunar? ¿O me dormí en la escuela de nuevo?

-¿Te parece que estamos en la escuela? –señalé alrededor con gesto teatral-. Este maldito lugar no es nuestra ciudad… No es Japón… ¡Ni siquiera parece nuestro planeta!

Acabó de notar algo que debí haber visto primero que nada. En el cielo hay, por lo menos, cuatro lunas pequeñas. Y eso que es de día, pero se ven con claridad, mas o menos. Es oficial, este lugar no es la Tierra.

-¿Estaremos bien? –Myu miraba hacia abajo con cara de miedo, revolviéndose en mis brazos-. ¿La burbuja no se romperá si nos movemos mucho?

-No creo. Aguanto todos esos golpes de los otros dos dementes. No creo que se rompa fácilmente –murmuré. No tuve que haber dicho nada.

De un lado, apareció una aguja flotante, acompañada de unas risas maniacas.

Del otro, un punzón de niebla oscura, con unas carcajadas psicópatas.

¡Plop!

-¡Dioses hijos de la grandísima puta madre que los parió!

Y caímos de cabeza al suelo de tierra.


Ay, eso duele.

Cuando caímos, intenté mantener a la frágil Myu fuera de peligro. Así que recibí la mayor parte del impacto. Y mi brazo… Bueno, no esta en una posición normal para los estándares humanos. Esta completamente torcido hacia un lugar antinatural.

-¡Ken-chan! ¡No te muevas! ¡Tu brazo! –el rostro de Myu esta pálido como la cera.

-¡Si no me muevo, seguirá mal puesto! –me quejé. Intentaba aferrarlo, pero era tan difícil alcanzarlo en su posición que no tuve éxito.

-¡Te dije que no te muevas! –Myu me sujetó el brazo malo, el izquierdo, y lo puso fuera de mi alcance. Una oleada de intenso dolor me recorrió todo el cuerpo.

-¡Basta! ¡Ya suéltalo! –escuche un “crack”, seguido de la desaparición total del sufrimiento. Ya ni sentía nada por debajo del hombro. Esperen un segundo… ¿¡No me digas que me lo acaba de arrancar!?

-Ok, así debería estar bien.

Cuando me fijé, afortunadamente estaba en su lugar. Flácido y colgante, pero por lo menos en una posición completamente normal. Escuche un sonido de rasgar, y vi que Myu estaba haciendo tiras con el borde de su uniforme escolar.

-Enrollarlas para que queden firmes… Sujetar bien el cabestrillo al cuello…

Oh, ya recuerdo. Ella es muy buena en las clases de este tipo. Economía domestica era una pasada cuando estabas en su equipo. Y además era la ayudante de la enfermera. Por lo menos, ayudaba a la hora de compensar sus calificaciones en matemáticas.

Pronto, pude tener mi brazo de nuevo controlado. Haría falta tiempo para que sane, pero por lo menos no estorbara. Necesitare estar lo mas libre posible para enfrentarme a… Lo que venga. En la literatura, estos lugares suelen estar repletos de monstruos, bandidos, gente con magia o superpoderes, trampas, y demás cosas asesinas. Digo, si es verdad lo que sospecho: Estamos en un mundo distinto.

-Ken-chan, ¿qué es esa cosa? –Myu señaló en una dirección.

Algo se aproximaba. Parecía una nube de polvo, o mejor dicho, algo que se escondía en una nube de polvo. Sea lo que fuere, iba a una velocidad similar a la de un automóvil en una carretera.

¡Los problemas empezaron demasiado rápido!

-Myu, tenemos que irnos ahora…

-¡Ken-chan! ¡Detrás nuestro!

Ella me advirtió, pero no le hice caso. Porque ya sabía que había visto. Cortinas de polvo similares se acercaban por uno de nuestros costados. Y de reojo vi más por el otro lado. Era claro que, fueran lo que fueran, nos habían rodeado antes de que nos diéramos cuenta. Y ahora estaban estrechando el cerco.

No había donde correr. Venían de todas las direcciones.

-Myu, busca algo con lo que defenderte. Lo que sea. Piedras, palos, sólo encuéntralos rápido –advertí. Estoy tratando de no entrar en pánico.

-¿Eh? Esto… ¡Aquí hay algo! –me alcanzó una larga rama. Se veía seca y frágil, pero serviría para dar al menos un golpe. Ella desenterró una bola de barro dura de la que surgía un manojo de hierba, algo que podía servir para darle en la cara a alguien.

¿Y con esta mierda pensamos defendernos? ¡Estamos muertos!

Entretanto, las cosas nos habían alcanzado. Tragué saliva al ver que se detenían, aminorando la marcha y mostrando sus identidades. Eran enormes lobos rojizos, del mismo tono que el suelo. Sus cabezas eran algo pequeñas, pero no quedaba dudas de sus intenciones al ver la forma en que les caía baba de la boca.

Éramos el almuerzo. ¡El puto almuerzo!

-Eh… Lindos perritos… ¿Quieren una galleta? –preguntó Myu con un hilo de voz. Su rostro ya no estaba pálido, sino azul del miedo.

Los lobos no se ven impresionados.

-Myu… A mi señal, comienza a correr lo más rápido que…

De repente, los lobos hicieron algo muy extraño. Sus pelajes superiores se alzaron de sus espaldas, revelando un interior correoso de entre rosa y rojo. Por un momento, pensé que se habían arrancado el pellejo, pero entonces lo noté.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

-Imanos… Imanos ricos…

-Comer Imanos…

-Imanos… Carne…

Los pelajes hablaban.

No eran pellejos. Eran unas criaturas deformes y espantosas que le surgían de la cadera, levantándose hacia arriba. Se ven como fetos de lobo muy grandes y que crecieron mal, tienen tres o más patas cada uno, les faltan o les sobran ojos, un par son muy apestosos y están semi-derretidos, sus articulaciones se giran hacia cualquier parte.

Es la cosa más repugnante y enfermiza que he visto en la vida.

Parece que probablemente estas criaturas están recostadas sobre las espaldas de los lobos durante la carrera, por lo que al ponerse en “Modo Cacería” se alzan por alguna razón. Y cómo acabo de escuchar, no sólo hablan nuestro idioma… Mas o menos… ¡Además saben que somos comida!

Espero que no lancen ácido o algo así, ¿verdad? Digo, seria el colmo.

-¡Comer Imanos! –dijo uno. Tal parece que es la orden para atacar, porque todas estas cosas sueltan unos intentos de aullido patéticos que exaltan a los lobos.

El primero se lanza como un rayo hacia nosotros, o mejor dicho, hacia Myu. ¡Estos Lobos Rojos Deformes aplican la ley de atacar al más débil primero! Antes de que llegara, agité la rama frente a su cara, deteniendo su embestida.

-¡Ken-chan! ¡Por detrás! –advierte ella. Giro rápido la cabeza, viendo como ella parte el pedazo de tierra en el costado de uno de esos monstruos rojos. Sin embargo, este ni siquiera se da por aludido, como si no hubiera sentido el golpe.

-Imanos pelean… Imanos tontos… ¡Comer Imanos! –suelta su verruga deforme, entre carcajadas de burla. ¡Se esta riendo de nosotros! ¡Puta deformidad!

Con mis nervios estallando de furia, agite mi pedazo de madera inservible para golpear en la cara a ese tumor. Y obviamente, la cosa lo atrapó con la boca, mordiéndolo hasta romperlo sin dificultad.

¡Maldito día de mierda! ¡¿Algo puede salir bien hoy?!

No estaba pidiéndole a nadie ayuda, menos al par de Dioses hijos de puta, pero parece que mis ruegos no pasaron desapercibidos para el Universo.

Una cosa extraña salio de la nada, clavando al Lobo Rojizo Deforme que se burlaba de nosotros al piso. Por un momento pensaba que era un proyectil o algo similar, pero luego de seguirlo con los ojos me di cuenta de que era una extremidad. La pata de una cosa más grande, haciendo que Myu soltara un gemido aterrado.

Era un bicho gigante. Me recordó a una mantis religiosa de diez metros de alto, con un color azul pálido. Le salían cuatro cabezas del cuerpo alargado, dos de cada lado mirando en direcciones opuestas. Tenía una docena de patas larguísimas, que se unían al abdomen de ambos lados. En una de ellas estaba clavado el lobo, que no dejaba de retorcerse sin control.

-¡Grojoa, malo! ¡Grojoa come Cimillo! ¡Imanos buenos! ¡Imanos ricos! ¡Grojoa malo! ¡Correr de Grojoa! –chillaba el tumor.

La mantis, ignorándolo, procedió a empalar muy rápidamente a otros tres lobos con la misma pata. Ya con su brocheta de carne terminada, la alzó de manera súper rara, llevándola a su boca más cercana. Se metió toda la pata por la garganta, pero luego la saco sin lobos. Me pareció muy interesante la manera en que se alimentaba, clavando presas para luego comérselas en grupo.

Evidentemente, el resto de los lobos salieron huyendo al instante, mientras la Mantis Brocheta devoraba a sus compañeros.

-¡Esa cosa es enorme! –exclamó Myu. Sus ojos se le salían de las órbitas.

-¡Silencio! –susurré, poniendo mí expresión irritada-. ¡Si esa cosa se da cuenta de que existimos, acompañaremos a los lobos en su estomago!

Sin embargo, ya era muy tarde. La Mantis Brocheta ya nos había visto, y de inmediato, lanzó una de sus patas hacia nosotros. Afortunadamente, falló por varios metros, haciendo un agujero espectacularmente profundo en el suelo desértico. Se me helaba la sangre de sólo pensar en tener esa pata atravesando mi estómago.

-Ken-chan…

-¡Quieta! –murmuré. Ya me había dado cuenta de algo.

La Mantis Brocheta era corta de vista.

Aunque nos veía, no nos atacaba. Y viendo la velocidad con la que apuñalaba, no había forma de que lo esquiváramos. La única explicación para que no estuviéramos muertos todavía era esa. El bicho no nos podía ver bien.

El ataque anterior no fue a nosotros. Golpeo el lugar donde estaba el lobo que intentó atacar a Myu, ese al que le corté el paso. Si tuviera que adivinar, diría que esta atrocidad ve mejor el movimiento que otra cosa. Mientras nos quedemos quietos, no debería ser capaz de vernos, en teoría.

Los hombros de Myu estaban temblando.

Sin embargo, el bicho no reaccionó a ello. Golpeó un par de veces más en el lugar anterior, pero luego se rindió. Se quedo allí parado, sin moverse demasiado, aunque en ocasiones asustaba la manera en que sus cuatro cabezas giraban hacia todas partes.

-No podemos quedarnos aquí para siempre. Nos podría pisar por accidente. Vamos a movernos muy despacio hacia allá, ¿bien? –señalé con cuidado entre las dos hileras de patas de la criatura. Myu asintió, notando que era el lugar mas seguro. No había manera de que el bicho gigante pudiera golpear ahí con sus extremidades asesinas, su cuerpo era muy voluminoso y le estorbaba.

Entonces, ocurrió algo inesperado. Un gruñido nos sobresalto de repente.

-¡Imanos! ¡Imanos ricos! –el tumor estaba aquí, tirado boca abajo en el suelo. No lo habíamos visto por ese pelaje rojizo que tenia. ¿No se lo habían comido? ¡Debió caerse de la boca de la Mantis Brocheta, y justo aquí para jodernos la vida!

Obviamente, el enorme bicho gigante de mierda se dio cuenta de que este tumor seguía moviéndose, aunque es más probable que lo escuchara. Y evidentemente, es comida fácil, así que lo empalara y lo devorara.

Y nosotros estamos justo al lado.

¡Puta suerte de mierda!

La criatura levantó rápidamente la pata, y veo que apunta directo a nosotros. Agarro a Myu por la cintura, tirándonos directo debajo de su abdomen regordete. A nuestra espalda escucho sonidos que parecen dignos de un impacto meteórico, pero seguramente es sólo el ataque continuo de la Mantis Brocheta. Cuando volteo a ver, del tumor del Lobo Rojizo Deforme no queda nada aparte de pedazos de pellejo dispersos por ahí.

¡Eso podríamos haber sido nosotros si reaccionábamos un poquito tarde!

Miro al bicho, pero de nuevo parece que se olvido de registrar nuestras presencias. ¡Carajo, ya muévete de aquí, cosa espantosa! ¡Quiero estar bien lejos de ti!

¿Ah? ¿Por qué esta girando de esa manera?

De repente, una pata golpea el suelo cerca nuestro, dándonos parte de la onda de impacto. La criatura, totalmente advertida ahora de que aquí estamos, esta intentando girar para sacarnos del punto ciego de sus patas. No acierto a entender como sabe que nos pusimos debajo de él, ¡pero ahora mismo no importa! ¡Si no corremos, seremos brochetas humanas!

La criatura se movía muy despacio, pero las patas eran rápidas como misiles. Al fijarme, me doy cuenta que el problema es la coordinación, no logra mover el conjunto de sus extremidades con suficiente velocidad. ¿Cómo es que esta cosa tan lenta se nos acerco tanto, que ni los lobos pudieron darse cuenta a tiempo? ¿Y como carajos se dio cuenta de que seguimos aquí?

Al mirar hacia arriba con rabia, obtengo la solución. El estomago de la Mantis Brocheta es del mismo tono azul del cielo de la mañana. Es mas, esta reflejando las tonalidades, porque su camuflaje es demasiado perfecto. Seguramente se pasa todo el día cazando lobos y demás seres que no pueden ni verle, ni me quiero imaginar de noche.

En cuanto a como sabe que aquí estamos, ese fue mi error. Pensé que el mejor puto lugar para ocultarse era debajo suyo, porque no llega aquí con sus patas perforadoras. Pero no me había dado cuenta de que desde debajo de su cuerpo colgaban esas tiras semitransparentes. Estas cosas nos están tocando, deslizándose en nuestros cuerpos como si estuvieran cubiertas de aceite. Hay decenas de miles de ellas.

Si tuviera que adivinar, son alguna clase de órgano sensorial que este bicho desarrollo, para encontrar presas debajo suyo por medio del tacto. La situación es tan urgentemente peligrosa, que ni me queda tiempo para dejarme llevar por el asco. Mejor no decirle nada a Myu, o le entraran ganas de vomitar.

-¡Rápido! –le insté. Ella jadeaba por el esfuerzo, mientras nos manteníamos justo en medio de las hileras. Esta cosa era lenta, pero su tamaño es tal que un mínimo reposicionamiento suyo equivalía a que nosotros teníamos que seguir corriendo un buen rato, y el ciclo se volvía eterno.

Se movía, corríamos debajo.

Se volvía a mover, y nosotros volvíamos a ponernos en medio.

Continuaba tratando de alcanzarnos, y continuábamos alejándonos de sus patas.

Una y otra vez, interminablemente, se repetía el ciclo. Myu empieza a ponerse pálida, lo que significa que esta llegando a sus límites físicos. No, a juzgar por lo cansado que estoy yo, ella ya debe haber sobrepasado esos limites. En cualquier momento, se va a desmayar, y no creo poder continuar huyendo de esa cosa si tengo que cargarla.

¡Tengo que poner fin a esta persecución en este puto momento!

Hurgué en mi bolsillo mientras corríamos en círculos, buscando entre la basura que suelo llevar. Monedas, llaves de la casa, pañuelo sucio, paquete arrugado del almuerzo, audífonos… ¡Aquí esta! Saqué triunfante el mechero.

No pienso rezarle a esos bastardos, pero… Quien pueda oírme, pido por favor que los órganos sensoriales de este bicho gigantesco horrible sean sensibles.

Lo encendí, alzándolo hacia la tira membranosa más cercana.

Esta se encendió como una línea de pólvora, subiendo rápidamente. En el camino, ligeros roces con las otras provocaron que el fuego se extendiera. ¿Será que ese aceite corporal que tienen impregnado encima es combustible? ¡Tenemos suerte, carajo!

Si mirábamos hacia arriba, veíamos hermosas líneas de fuego que subían espectacularmente hacia el cuerpo de la Mantis Brocheta. Finalmente, ocurrió la reacción que estábamos esperando. La criatura comenzó a soltar aullidos por sus cuatro bocas, o mejor dicho, por una especia de branquias en los cuellos de estas. Su cuerpo comenzó a moverse en una dirección fija, como si intentara huir de aquello que le hacia daño.

-¡Es nuestra oportunidad! ¡Corre, Myu! –grité. Por si acaso, me asegure de sostener siempre su mano, ya que no sabía cuando su malditamente débil cuerpo se vendría abajo. Nos dirigimos hacia unas formaciones rocosas cercanas. No parecían estar tan lejos. ¿Cómo es que no las vimos antes?

-¡Ken-chan! ¡Esa cosa todavía no se ha ido! –chilló Myu. Mire de reojo un segundo, y me di cuenta de que la Mantis Brocheta nos observaba con una de sus cabezas. Los fuegos de su estomago estaban a punto de extinguirse, probablemente porque no había mas para quemar.

La criatura estaba enderezándose para venir hacia nosotros.

¡Maldita sea! ¡Puto monstruo rencoroso! ¿No puede sólo irse a la mierda?

-¡Mas rápido! ¡En cuanto se ponga a correr, nos alcanzara en un instante! –advertí a Myu, para intentar que acelerara un poco mas. Si seguíamos a este ritmo, no íbamos a poder escapar de ninguna manera. Tal parece que funcionó, porque ella consiguió acelerar un poco más.

Volví a ver delante, y las formaciones rocosas… ¿Eh? ¡Ya no están! En vez de eso… ¡¿ESTAMOS EN LA FALDA DE UNA PUTA MONTAÑA QUE SALIÓ DE LA PUTA NADA?!

¡¿QUÉ CARAJOS ESTA PASANDO AQUÍ?!

¿Por qué mierda me hago problemas por eso? ¡Esto es mejor! ¡No hay manera de que ese bicharraco mierdoso pueda atraparnos en este lugar! A menos claro que tenga un cañón láser en la boca o algo parecido, cosa bastante improbable… Espero…

Con toda la velocidad que pudimos sacarle a nuestras piernas, aceleramos para subir por la montaña. Era más difícil, pero ya veíamos la entrada de una pequeña cueva unos metros mas arriba.

Sin embargo, a nuestra espalda se escuchaban sonidos aterradores. Me doy la vuelta un instante, dándome cuenta de que la Mantis Brocheta ya se ha recuperado. Esta avanzando paso a paso hacia nosotros… ¡Pero cada uno de esos pasos vale por mil de los nuestros! ¡Tenemos apenas un par de minutos antes de que cubra la distancia!

-¡Puta mierda de bicho, muérete de una vez! –grité, motivándonos a subir mas rápido. Ya apenas nos quedaba tiempo, así que simplemente tomé a Myu en brazos y salté de piedra en piedra hasta llegar a la cueva. Nos lanzamos dentro tan rápido como pudimos, pero no nos dimos cuenta de que la entrada estaba en el techo del lugar, así que seria más correcto decir que caímos en el interior.

Rápidamente, mire por encima. Una enorme pata de la bestia estaba apuñalando la entrada de la cueva, golpeando todo lo que podía dentro del rango de movimiento que le delimitaba el pequeño agujero. Si no nos hubiéramos caído dentro, esa cosa nos habría hecho papilla en un instante. Literalmente, estuvimos a nada de la muerte.

Finalmente, la criatura se rindió, y después de sacar la pata sólo pude oír una especie de chirridos que interpreté como rugidos de furia. Por fin pude volver a respirar, tirándome al piso rocoso.

-Eso… Estuvo muy cerca… –balbuceé entre jadeos-. Por poco… Nos parte a la mitad… ¿Estas bien, Myu?

No me respondió.

-¿Myu? ¡Contesta! –la sacudí por el hombro. Sin embargo, no hubo respuesta. Puse mi cabeza en su pecho, buscando su respiración. Afortunadamente, ella continuaba con vida. El esfuerzo había sido tal que se había desmayado.

Apenas ahora noté cuan cansado estaba. Mis piernas ardían, me faltaba el aliento, y ambos estábamos cubiertos de sudor y raspones. Esa carrera me había llevado al limite de mis fuerzas, para Myu debió ser una tarea titánica. Mejor dejarla descansar todo lo que pueda, o escapar de la Mantis habrá sido en vano.

Y ahora que me paro a pensar… ¿¡POR QUÉ MIERDA ME PREOCUPO TANTO POR ELLA!? Lleva años molestándome. ¡Pude haberla dejado ahí sin más y salvarme yo solo! Ya hasta se me ocurre una excusa para las autoridades:

“Lo siento, oficial, pero era un monstruo gigante. ¡No teníamos como escapar! Y la pobre Myu-chan, ella tan valiente… ¡Se ofreció como sacrificio para salvarme!”, todo eso entre sollozos fingidos.

Soy un estúpido.

¡Maldita sea! Mejor dejo de pensar en eso. Estamos vivos, aunque en un lugar horrible. No nos pongamos a pensar posibilidades. Además, soldado que huye vive para luchar otra vez. Todavía puedo usarla de sacrificio en otro momento… Como sea, basta con los intentos de asesinato a las amigas de la infancia. ¿Acaso soy un maldito psicópata? Siempre me lo he preguntado.

A estas alturas, estamos en una posición precaria. No tenemos idea de donde estamos, ni con que nos vamos a encontrar, y encima no contamos ni con el equipo básico de supervivencia. ¿Será mejor buscar algo de comida y agua? Empiezo a tener hambre, y conociendo a esta chica, va a estar totalmente desesperada por comer algo apenas despierte. Aunque… Hay un pequeño problemita aquí…

-¡ESTAMOS EN UNA PUTA CUEVA ENORME Y OSCURA! –grité en voz alta. Y tal como imaginé, recibí el eco amplificado. Este maldito lugar es enorme, y seguro que no voy a encontrar nada bueno si me adentro en las profundidades sin luz alguna. Intenté con mi celular, pero en algún momento se había roto, la pantalla estaba destrozada y ni siquiera encendía. Y según recuerdo, Myu perdió el suyo hace un par de días, ni vale la pena revisar sus bolsillos. Saqué el mechero, el cual afortunadamente todavía tiene mucho combustible, y lo encendí.

El lugar era horriblemente feo. Suelo de tierra y rocas afiladas que tenia que esquivar a cada paso, paredes de piedra gruesa, un techo altísimo cubierto de estalactitas, pero curiosamente no hay ni rastros de ningún ser viviente aparte de nosotros.

Comencé a caminar hacia uno de los numerosos pasajes, pero enseguida me di cuenta de que me perdería fácilmente si no hacia nada. Tomé una piedra blanca del piso, y comencé a dibujar flechas en las paredes conforme avanzaba. Así podría regresar en cualquier momento. Debo decir que fue buena idea, porque este puto lugar parecía un laberinto de principio a fin.

Luego de algún tiempo de circular por rendijas que subían y bajaban sin control, me encontré con un agujero. No paraba de bajar. Sin embargo, a pesar de que se veía muy sospechoso y peligroso, había un aroma delicioso viniendo de abajo. Algo que parecía… ¿¡Yakiniku!? ¿En las profundidades de una cueva oscura en un mundo distinto? Aquí hay algo que no tiene el más mínimo sentido. Como todo en lo que va del día.

Me interné con cuidado en el pozo, teniendo siempre seguridad de que podría volver a subir. Afortunadamente, había muchísimos peñaldos naturales que facilitaron la tarea, por lo que llegué al fondo sin problemas. Tras unos minutos de seguir el pasaje y doblar un recodo, vi una luz al final del túnel. Literalmente.

-Así que hay algo aquí. Pero eso no parece un fuego, ni luz eléctrica. Ni siquiera del sol –murmuré, ya cansado de tanto silencio-. ¿Se habrá hecho de noche? Pero no parece la luz de la luna, es muy azul. ¿Una pantalla digital? ¿Una luz de neón?

Sea lo que sea, estoy muy cansado para retroceder sin hallar nada.

Me acerco lentamente. Al llegar al lugar iluminado, notó que es una pequeña sala en la caverna. Dentro no hay nadie, ni tampoco aberturas al exterior, y mucho menos tecnología de mi época. La luz azulada viene de cientos de miles de cristales incrustados en las paredes y el techo, que emiten tal luminosidad. Es un bello espectáculo.

-Si consigo uno de esos, podré ahorrar combustible del mechero –murmuré. Era lo mejor que podía hacer, ya que aparte de ser bonito, no había ni un poco de utilidad en este lugar. Sin embargo, cuando traté de sacar uno de los cristales de la pared, descubrí que estaban totalmente pegados. No lo moví ni un milímetro, así que desistí de la tarea.

El olor de Yakiniku parecía mezclarse con el aroma a humedad, haciendo que se me quitaran las ganas de comer. Por otro lado, ya me había dado cuenta de que las posibilidades de encontrar una parrilla aquí eran nulas. Y aún me sigue extrañando que no viera ningún animal, ni planta. Ni siquiera hay insectos. Busqué telarañas, pero no encontré ni una sola. ¿Todos los bichos en este mundo son así de enormes? En ese caso, mejor ni pensar en salir fuera. En conjunto, me daba muy mala espina.

Terminé de inspeccionar el lugar, pero todavía no encontraba la fuente del olor, o alguna explicación convincente para el brillo que emitían. Estaba por abandonar el lugar, pero me encontré con un cuenco natural en un rincón. Estaba lleno de un líquido blanco azulado. Al acercarme, pude notar que el olor de Yakiniku venia de ese extraño jugo blanco.

-Se ve muy sospechoso… ¿Veneno? –por seguridad, introduje el envoltorio que llevaba en los bolsillos. No se desintegró ni nada, para mi alivio. El líquido se comportó de manera bastante normal, manteniendo una textura de crema aguada.

Probé a encender el papel impregnado, manteniéndolo bien lejos de mi cara, pero la llama no logró encender el aluminio. Parecía la típica reacción de un líquido no inflamable. Me hacia dudar sobre si era tranquilizador, o sospechosamente normal.

Con mucho cuidado, acerque mi dedo a la cuenca. Introduje la punta de mi uña en esta cosa blanca. No paso nada raro. Haciendo todas mis dudas a un lado, lamí la sustancia misteriosa. No sabía mal. De hecho, tenía sabor a Yakiniku… A Yakiniku liquido, más específicamente. Era rarísimo, pero debo aclararlo, amo el Yakiniku.

-Supongo que la siguiente prueba es… Beberlo –con cuidado, forme un cuenco en mi mano, tomando una porción de sustancia blanca. Me la bebí despacio, pero al final casi me atraganté, era muy difícil no devorar este Yakiniku liquido cuando tenia tanta hambre. Bajo por mi garganta sin complicaciones. Espere unos minutos, sentado, pero no hubo la menor reacción adversa. SI esto era venenoso, por lo menos no actuaba rápido.

Sólo por un instante, imaginé que esta cosa era… Bueno, ya saben, ESO. Si, ESO, y ya lo bebí… ¡A la mierda! ¡Ya es muy tarde para volver atrás!

Empecé a beber del charco a grandes sorbos. El sabor no disminuya, de hecho, se hacia mas y mas delicioso. Este Liquido X era de las mejores cosas que he probado en mi vida, y lo estoy bebiendo en una cueva sospechosa en un mundo paralelo. ¿Cómo carajos la situación se puede hacer más rara?

Luego de beber una buena cantidad, terminé por saciarme. Aun quedaba una buena cantidad en el cuenco, y Myu debería despertarse en cualquier momento, así que seria mejor llevarle esto. Busqué la lata de refresco que haba terminado en el bolsillo interior de mi chaqueta del colegio, y la introduje en el charco blanco. El tazón natural era mas profundo de lo que pensaba, así que tuve que meter toda la mano hasta alcanzar el fondo y depositar la lata.

Al hacerlo, algo hizo contacto con mis dedos. Algo duro.

¡No, no lo malpiensen! ¡No fue ESO! Es duro, grueso y largo… ¡Pero porque es un pedazo de vidrio! ¿Qué pensaron que era, malditos bastardos de menta sucia y depravada?

Tomé el objeto, que resultó ser un cristal similar al de las paredes. Era del tamaño y ancho de un lápiz nuevo, pero la mitad de largo. A diferencia de los que podía ver en los muros, este no emitía ninguna luz.

-Te agradecería que volvieras a colocarme en mi Pozo Vital, honorable ser humano.

¿Ustedes oyeron lo mismo que yo?

Yo no he oído nada, así que no sé a que se refiere, honorable ser humano.

¿Esta voz extraña en mi cabeza viene de donde yo creo que viene?

-No soy una voz extraña, honorable ser humano.

-¡Para un poco con eso del “honorable”, ¿si?! ¡Intento procesar que un puto cristal esta hablándome! –le grité al… Ni siquiera sé que mierda es esto. ¿Cristales parlantes? ¿Este mundo se rige bajo las leyes del caos o que?

-Bueno, en realidad… A este mundo se le suele llamar el Chaos World, pero es un asunto no muy agradable del que hablar… Por otro lado, ¿qué sucede con ese vocabulario tan vulgar? ¿Todos los seres humanos afuera son tan irrespetuosos?

-¿Y qué se supone que eres? ¿Un caballero de la alta sociedad? –pregunté.

Estoy teniendo una linda conversación con un pedazo de vidrio coloreado… Ya entiendo porque a este lugar lo llaman “Chaos World”. ¿A qué puto lugar me enviaron esos Dioses de mierda? Espero no volverme a encontrar con otro de esos seres, o le voy a meter la punta de mi zapato en su divino culo…

-¿Caballero? Se confunde usted, honorable humano. Yo en realidad… Soy un Dios. Así como escucha. Por cierto, ¿qué es un “culo”?

¡¡¡MALDITA MIERDA DE SUERTE LA MÍAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!

Continuara…

 

Chaos World: Bouken no Baka Kami

Autor: LordSombras

Sinopsis: El Chaos World es el mundo de los locos, donde ocurren cosas extrañas cada día, y sólo gente totalmente bizarra logra adaptarse. Allí ocurrieron catástrofes mágicas sospechosas en el pasado, que quebraron el mundo, ademas de traer a innumerables seres externos que apenas comienzan a buscar su lugar.

Uno de ellos es Kamishoji Ken, un tranquilo chico de 17 años. Junto a su amiga de la infancia Myu, él es arrojado a este mundo por un par de seres locos divirtiéndose. Y cuando pensaba que las cosas no podrían ir peor, se encuentra con una voz que afirma ser un Dios en un momento de necesidad.

Y así, comienzan las locas aventuras de esta disfuncional pareja…

 Lista de Capítulos

Prologo

Capítulo 1 – Capítulo 2 – Capítulo 3 – Capítulo 4 – Capítulo 5

Capítulo 6 – Capítulo 7 – Capítulo 8 – Capítulo 9 – Capítulo 10

Capítulo 11 – Capítulo 12 – Capítulo 13 – Capítulo 14 – Capítulo 15

Capítulo 16 – Capítulo 17 – Capítulo 18 – Capítulo 19 – Capítulo 20

Chaos World: Bouken no Baka Kami

Prólogo: El Peor Día de mi Vida

Este es, sin duda alguna, el peor día de mi vida.

Me corrijo, la peor semana de mi vida. Porque llevamos una semana persiguiendo a este sujeto por todo el territorio de este ridículo país. O Reino Garitha, como les encanta repetir. ¿Qué importa el nombre? Sólo es otra nación cabeza dura gobernada por políticos tontos que en lo único que pueden pensar es la cantidad de impuestos que cobran, cuánto dinero se acumula en sus bolsillos, si sus esposas descubrirán a sus amantes, o a que pobre idiota van a quitarle sus tierras con una excusa barata. Sigue leyendo

Chaos World: Bouken no Baka Kami

Historia del Chaos World

Siglos atrás, antes de que el Chaos World recibiera su trágico nombre, este era un mundo como cualquier otro. Un lugar común donde los mortales poblaban la Tierra, metidos en sus asuntos, mientras los Dioses existían tranquilamente en los Cielos, disfrutando su inmortalidad.

Sin embargo, un día corriente que pasaría a la Historia, el Emperador del Imperio Gruos y el Rey del Reino Zuren tuvieron una discusión. Nadie recuerda cual fue el motivo, pues ha quedado perdido en algún oscuro recoveco de la Historia, pero se sabe que ambos gobernantes comenzaron a pelear como niños por alguna razón. Sigue leyendo