Metalord Revolution Capitulo 197

CAPITULO 197

REENCUENTROS INESPERADOS

 

 

PERSPECTIVA: Tercera Persona

 

La decisión fue tomada finalmente, Muer Afigad priorizo la captura o eliminación del ghrayb, Rozuel Drayt, con una recompensa de 400.000 por su cabeza, lo que lo convertiría en el más buscado por todo el reino de Quitar.

 

—Sabia elección, su excelencia -Le elogio Alnayits —Si me permite un momento, entre los dos Muhaqdad que quedamos actualmente, deje en mis manos la caza del ghrayb, que Hatim-Alev, “Flama del juez”, se encargue de proteger nuestras fronteras -Sugirió el investigador —Yo lidiare con los rebeldes, y principalmente, en la captura del ghrayb, vivo o muerto, traeré personalmente su cabeza si llega a morir.

 

—Preferiría que ambos colaborasen para atrapar a ese malnacido ghrayb, pero es cierto… la seguridad de la frontera es una prioridad vital -Expreso el gordo Azim Alnabil —Si desplazara a Hatim-Alev de su puesto, el “Consejo de la duna” no tardara en darse cuenta y eso me daría problemas con la realeza, a pesar de que Alistary Al-dub III Kalize es el nuevo sultán, tan solo tiene 17 años, en realidad, quien toma las riendas de la nación son los 10 sabios a su lado, al menos… hasta que él cumpla la edad mínima necesaria, para asumir todos los poderes de un monarca real.

—Oh, pero si nuestro querido sultán Alistary Al-dub III Kalize llegase a morir… bueno, toda la sangre real se perdería, necesitaríamos a un nuevo linaje -Declaro el investigador Muhaqdad tales palabras mirando a Muer.

 

El noble Afigad de robusta barriga, se hecha a reír, su preocupación en torno al ghrayb se disipa por un momento, tras oír las palabras de su fiel servidor Muhaqdad.

 

—Me halagas Alnayits, si de “alguna manera” llegara a convertirme en sultán, por supuesto, todos aquellos a los que me han servido con fidelidad, no se quedaran con las manos vacías, vastas recompensas les aguardaran.

 

La declaración de Muer, hace sacudir de la emoción a los Alnabil de a su alrededor, quienes deberían venerar o respetar a su nuevo sultán, no sienten reparos en tal pronunciación dicha por al Azim Alnabil, alentando aquel deseo de que ocupase el trono como el nuevo regente de toda la nación.

 

—D-disculpe, maestro Alnayits, yo… ¿puedo retirarme?.

 

La voz de uno de los sobrevivientes del derrotado ejercito de 3000 hombres de Yusuf Ahja Zad´tyk, hablo, quienes originalmente eran dos, uno yacía muerto por obra de la habilidad del investigador Alnayits. Quien, según sus propias palabras, “murió por tener una voluntad mediocre”.

 

—Vaya, por un momento me había olvidado completamente de ti -Dijo con sinceridad el investigador de cabellera gris y gafas de metal —Como te he dicho antes, no voy a hacerte daño, ya tomé de “ustedes” lo que me importaba, tú, ya no tienes interés alguno para mí.

 

—¿Entonces puedo irme?, ¡oh gracias mi…!

 

—Pero… ese es solo mi veredicto, la sentencia final la dicta su excelencia.

 

Muer nuevamente fijo sus ojos como toda atención en aquel plebeyo cuya presencia consideraba una alimaña ante su palacio.

 

—Miserable plebeyo… ¿tienes el atrevimiento de rogar marcharte como si nada… después de lo que has hecho? -Muer le pregunto con un tono desdeñoso.

 

—Su excelencia… no lo entiendo…

 

—Te lo diré con más claridad, servir bajo las ordenes de un Muhaqdad, para una alimaña como tú, es el mayor de los honores -Explico el Azim Alnabil —¡Pero tú…!, abandonaste a los hombres con los cuales debías luchar codo a codo a muerte, huiste del asesino de tu Muhaqdad y no regresaste para vengar su muerte, el que Yusuf haya muerto y tu sigas vivos después de haber huido de la batalla… ¡eres un desertor!, ¡un traidor!.

 

Fue la etiqueta final que sello en el sobreviviente, haber huido del campo de batalla, no vengar la muerte de su Muhaqdad, ante todos los Alnabil y quienes servían con fidelidad a la familia Afigad, aquel hombre era considerado oficialmente un traidor.

 

—¡Su sentencia es la muerte! -Decreto Muer entonces el veredicto final.

 

Aquel hombre temblando y sumido en el miedo, tan solo podía pensar que huir era la mejor opción para evitar la ira del Azim Alnabil, pero los dos fieles soldados del investigador presente en el palacio no se lo permitían, sometiendo al sobreviviente con el fuerte de agarrar de sus brazos. En vano eran sus forcejeos por huir, físicamente no estaba en las mejores condiciones para brindar una resistencia mínimamente decente.

 

—¡Y yo seré tu verdugo!.

 

Muer Afigad, tras manifestar dicha oración, se levantó de su cómodo cojín tamaño trono, mostrando que aquel obeso noble, tenia una altura casi de 2 metros de altura, sus brazos estaban tonificados. Flexiona sus piernas denotando una musculatura como tal en ambas extremidades inferiores, un aura de mana rodea su cuerpo, revelando su condición como mago.

 

Acto seguido realiza un salto sobrehumano, aterrizando a escasos centímetros del sobreviviente, oyendo el temblar del suelo con su impactare en este, su iracunda mirada se hace más intensa en torno a la alimaña plebeya, conforme estaba más cerca del declarado traidor. Este le rogaba piedad, lloraba por misericordia, pero en lugar de calmar su ira, solo conseguía enfurecer aún más al gordo y alto Azim Alnabil.

 

—Me asquea que me pidas clemencia después de lo que hiciste, ¡no debiste huir!, ¡debías luchar como el soldado que eras!, ¡vengar a tu Muhaqdad, aun si mueres en el intento!, no hay segunda oportunidad, no hay perdón, eres un traidor como tal y mereces esta sentencia digna de una alimaña como tú.

 

—¡Lo siento mucho!… ¡por favor… n-no me mate!…

 

—Debiste haber muerto como un soldado, ahora morirás como un traidor, ¡traigan mi “lanza de la justicia divina”!.

 

Tras la orden de Muer, un fornido hombre de largo pantalón negro como calzado del mismo color, con el pecho al descubierto que detallaba un abdomen en forma, como también extremidades superiores e inferiores tonificadas, cubría su rostro con una tela oscura dejando solo al descubierto su boca y orificios al nivel de los ojos para que su visión no fuera perjudicado. Era la representación misma de un verdugo, en sus manos traía consigo una gruesa lanza de 1 metro de largo, pero lo más curioso era el diseño de esta en particular.

 

La lanza poseía adherida a esta, una cadena enrollada con un largo equivalente a 90 centímetros, el grosor de esta era comparable a un brazo humano. Cuando tal arma por fin llego a Muer, el verdugo de rodillas, le hizo entrega de esta, para luego retirarse con la orden emitida por el propio Azim Alnabil.

 

—“Oh, realmente lo va a hacer” -Pensó Alnayits con cierta emoción.

 

Desenredo la cadena que yacía sobre la lanza, luego la enrollo sobre el cuello del hombre sentenciado, al enrollar suficiente de la cadena sobre el traidor, la otra punta de la cadena no adherida a la lanza, tenía un gancho que iba enroscado sobre un hueco en la propia arma. Es aquí donde entra en función la sentencia dictada…

 

—¡¡¡MUERE TRAIDOR!!!

 

Con fortalecimiento mágico, levanta la lanza y la arroja con una fuerza sobrehumana en lo alto de la pared hasta clavarse en esta, el hombre sentenciado quien se encontraba adherido a la cadena, sentía como la presión le estrangulaba, cortando toda circulación con el aire. Intento quitarse aquella cadena, pero era inútil, estaban muy aferradas a su cuello y todo intento por removerlas, era esfuerzo desperdiciado, dio su ultimo aliento con un rostro manchado por lágrimas y mucosidad.

 

—11 segundos, solo eso resistió, ¿se supone que era un soldado?, ¿acaso Yusuf tenía puros debiluchos bajo sus órdenes? -Se pregunto un molesto Muer.

 

—“No ha perdido la costumbre, como se esperaba del ejecutor de la cadena” -Pensó el investigador Muhaqdad.

 

Antes de dedicarse en labores de gestión y la política, Muer Afigad en su juventud fue un mago soldado con hábiles dotes en el manejo de la lanza, pero no fue su maestría como tal en dicha arma lo que le dio su reputación, sino la manera en que ejercía ciertos actos de ejecución con ella. A todos los enemigos que caían derrotado ante él, o eran capturados por los escuadrones que servían bajo su mando, se les dictaba una sola sentencia, la muerte.

 

Hacia uso de dos lanzas, una destinada a las batallas, luego mando a forjar una segunda para su propio uso personal, una que tuviera una cadena larga y gruesa adherida a esta, esta segunda lanza no estaba destinada al combate, sino a satisfacer la demanda de sus “juicios”, cuyo papel que tomaba era el de verdugo. A todos los envolvía con la cadena sobre el cuello, una con el suficiente ajuste para no estrangularle en el acto y que le fuera imposible liberarse de ella, para acto seguido, arrojarlas para que se clavasen en elevadas alturas y terminaran por estrangular a sus víctimas.

 

Algunos alegan que era la forma en que él impartía de manera justa tal sentencia sobre sus enemigos derrotados, pero lo cierto en realidad, era que disfrutaba de ver a gente morir por estrangulamiento, a tal punto, que era una emoción que sentía con gran gozo al punto de verse como un fetiche. Cuanto más duraban sus victimas el verse estrangulados por la cadena, más placentero era el disfrute de tal show para este hombre, según estadísticas, ejecuto a cientos de esta manera, no solo hombres, también mujeres y niños. Como tal, fue apodado como el “ejecutor de la cadena”.

 

—“Incluso en el pasado, construye una recamara propia, hecho a la medida para organizar ejecuciones en secreto, con prisioneros del montón, semihumanos, vagabundos e incluso huérfanos” -Corroboro Alnayits en sus pensamientos —“A pesar de que dejo de ser un guerrero al cumplir los 40 para dedicarse a las labores de administración, nunca dejo ese hábito, por supuesto, nunca puedes abandonar un vicio, en especial uno que te satisface tanto como la comida, la lujuria o la codicia”.

 

—Alnayits, dejo en tus manos el que te encargues de lidiar con ese maldito ghrayb, tendrás todos los hombres a tu disposición, solo dime cuanto necesitas y donde -Le ordeno Muer con el ofrecer de los recursos necesarios.

 

—Su excelencia, no es necesario que disponga de esos hombres bajo mi mando, ya dispongo de todos los recursos que preciso para lidiar con tal amenaza a nuestro reino, es mejor dividir los roles -Aconsejo el investigador de cabellera gris y gafas de metal  —Que esos hombres se encarguen de buscar todo campamento rebelde y destruirlo, si capturan a alguno de esos insurgentes, no lo maten en el acto, es mejor sacarle toda información que tenga a su conocimiento, sino saben nada o se resisten bastante, entonces ejecútenlo, en cuanto a mi… yo empezare la planificación para dar con Rozuel Drayt, “Mensajero del Reino de la Agonía”, caerá presa a mis manos.

 

—Confió en tus habilidades, ahora ve mi Muhaqdad, cumple con tu cometido y aplaca el mal que azota a este reino, que esperan ansioso a su futuro y nuevo gobernante.

 

—Así será, su excelencia.

 

El investigador le dedico una reverencia, para luego marcharse del palacio, una maliciosa expresión tiñe en su rostro, pues sus verdaderas intenciones las guardo para sí mismo.

 

—“Oh, planeo aplacar ese mal, pero no es el chico ghrayb la raíz de dicha fuente… todo este reino lo es, y seré quien lo purifique de toda impureza”.

 

__________________________________________________________________

 

Una semana antes, dos días después de que los rebeldes asaltaran la fortaleza Hasr.

 

PERSPECTIVA: Rozuel Drayt

 

Habíamos retornado al “Corazón del Oasis”, era el anochecer, pasado de la medianoche, docenas de soldados rebeldes, yacían danzando alrededor de una gran fogata, del cual se encontraba clavado sobre una pica de metal, la cabeza del fallecido Muhaqdad Yusuf. Si, lo que ocurrió era como tal, un festejo, una fiesta celebrando la victoria llevada a cabo sobre la fortaleza de Hasr.

 

Y no era para menos, obtuvieron grandes cantidades de recursos al saquear la fortaleza, rescataron a numerosos miembros de su grupo, como también potenciales reclutas, se hicieron con varios prisioneros como valiosa información de pequeña o mediano valor, de los movimientos militares de los territorios de Muer Afigad. Pero lo más importante, era que una de las tres figuras más primordiales de las autoridades militar de este reino, uno de los guerreros más fuerte de Quitar y enemigo formidable por excelencia de los rebeldes, había muerto y su cabeza era el decorativo principal de este festejo.

 

Los guerreros danzaban entonando una melodía en su idioma natal, eran bastante bullicioso, pero no era podía culparlos de querer festejar un triunfo de tal magnitud. Incluso para mi esta celebración me venía de maravilla con la comida y bebida acompañada, y no, no era alcohol lo que tomaba, no podía darme el lujo de emborracharme aquí, además, con un cuerpo de 13 años, aun no podía disfrutar de la bebida con la misma satisfacción que un adulto. Disfrute de la festividad con un mantel colocado bajo de mí, sentado en este con varios platillos encima (en su mayoría carne) y junto a una jarra llena de agua (alternativa a bebida alcohólica).

 

Adil se encontraba junto a Arpue Asa Hablu, el Alnabil que rescatamos de momento descansa después de una larga temporada encerrado, tomara su tiempo para que el “Red Dasmo” se active, Arpue se asegura de ello, ahora solo restaba esperar. En cuanto a Crokrengunn, alias solo “Crok”, digamos que ahora él estaba bastante “ocupado” con sus nuevas amistades…

 

— ♫Ay, ay, ay, ay… canta y no llores… ♫

 

El hombre amazona estaba emborrachándose con alguno de esos rebeldes, dedicándoles una canción, aunque los rebeldes que le oían no entendían su habla (por la barrera de idiomas), les agradaba la melodía cantada por Crok. Incluso le habían dado un instrumento de cuerdas que se tocaba con las manos, una guitarra, pero mucho más pequeña que las que conocía, el Trotamundos americano si que sabia tocarla bastante bien.

 

Al principio cuando Crok llego aquí, Adil y sus hombres no confiaban absolutamente nada en él, Amira le permitió estar con nosotros (dado a su colaboración en la operación), claro que con la condición de sugerir (casi más como una orden) de vigilarle, dado a su condición como un ghrayb (al igual que yo), tenían razones suficientes para no confiar en él. Y ahora lo veo y me da gracia, los hombres de confianza de Adil, en lugar de vigilarlo, se encuentran bebiendo con él y disfrutando de su cantar con el acompañar de las melodías tocadas con esa guitarra por el Trotamundos.

 

En cuanto a mí, me di tiempo entonces para examinar algo, del cinturón de cuero equipado con numerosos bolsillos, tomé de uno de estos una esfera de cristal, tal objeto la obtuve del cuerpo sin vida de Yusuf. Mirándolo detenidamente, su tamaño y forma era igual al que ese Kamodo utilizo para establecer una comunicación con el Muhaqdad cuando estaba en vida, y nos revelo que habíamos caído en su trampa.

 

Pero he aquí el dato que llama mi atención, este artefacto, esta esfera de cristal, es la que el propio Yusuf utilizo para comunicarse con nosotros con la otra esfera, siendo conscientes, esto es un objeto mágico como tal, y aquí viene lo raro. No detecto magia alguna en este artefacto, incluso la esfera de cristal que ese Kamodo le dio a Adil y por el cual Yusuf se comunicaba con nosotros, no desprendía ninguna emanación de mana.

 

—“Pero hay algo más aparte”…

 

Por alguna razón, en una fracción de menos de un segundo, creí… o imaginé haber sentido algo, es decir, no percibí magia alguna en esa esfera, pero… como que sentí otra fuerza emanar de esta, pero fue tan repentino, tan breve aquel momento, que fui incapaz de descifrar que fue, o si realmente lo que sentí fue real, pude haberlo imaginado y ello hace que esto resulta más confuso para mí.

 

—“Otro misterio que queda sin revolver… por ahora”.

 

—Rooooz… -Mi nombre es pronunciado por una alegre e intoxicada voz.

 

Una tambaleante Lupian se acerca a mí, recostándose sobre el mantel en donde yacía, aferrando su hocico animal sobre mi hombro, su jubiloso estado solo era producto de una cosa.

 

—Riha, ¿en serio bebiste alcohol? -Le pregunte detenidamente.

 

—Solo un poquiiito… *hic* -Se excuso la loba con el notorio acompañar de hipo.

 

Su embriagador comportamiento, era como el de un perro contento, incluso agitaba su cola en señal de dicho grado de gozo o euforia, un lado que desconocía de mi compañera semihumana hasta ahora.

 

—Oye Roz…

 

—¿Qué sucede Riha?.

 

—Roz… ¿tú… confías realmente en mí?.

 

¿A que venia esa pregunta tan repentina?, más sobre todo a estas alturas del partido, dicen que el alcohol saca lo peor de uno, que en cuyo caso, resulta ser en su mayoría una cruda honestidad, pero no veía dicha declaración de la semihumana como algo crudo, sino me sentí con dudas.

 

—Riha, si no confiara en ti, en primer lugar, no te dejaría usar alguna de mis creaciones -Fue la respuesta que le di —¿Riha?.

 

Para cuando me di cuenta, Riha ya se encontraba profundamente dormida, las Lupian tendrán sentidos desarrollados y todo eso, pero la tolerancia al alcohol no es su fuerte por lo visto. Estaba por volver al tema de la esfera de cristal, hasta que de repente…

 

—¿Eh?…

 

Cerca de un árbol, lejos de la fogata, la aviste, era una muchacha de piel bronceaba (etnia de estas tierras) que llevaba un vestido blanco con su vientre expuesto, una estatura que rondaba por los 170 cm, tenía el aspecto de una joven de 16 o 17, con una larga cabellera negra, pero el rasgo más llamativo era el punto purpura en su frente. No era la primera vez que la vi, ya tuve un encuentro anteriormente con ella, cuando Riha y yo pensábamos huir de este sitio.

 

—Es ella…

 

A pesar de que estaba a la vista de varios, nadie parecía notar su presencia, ¿acaso son ciegos o qué?, estaba al lado de un maldito árbol, y nadie decía nada, ¿acaso la conocen?. Lo que me inquietaba, era que miraba fijamente hacia mi posición, hacia mi persona, pronto ella se da vuelta para perderse en la oscuridad.

 

—“Esa chica…”

 

Me levanta cuidosamente sin despertar a Riha, dejándola descansar plácidamente sobre el mantel, por mi parte, entonces decidí seguir a esa chica, al seguir por la misma dirección en la que se dirigía, me di cuenta que se alejaba de los limites del edificio del “Corazón del Oasis”. Por seguridad entonces, tome de uno de los bolsillos la canica que correspondía a la AK-47, y armado con ella, continúe avanzando.

 

¿Por qué me arriesgaba a adentrarme en plena selva enigmática a la noche?, la respuesta era esa misteriosa muchacha, las dos veces que me encontré con ella, percibí una presencia inusual, una de que me hacia dudar… de que si era humana. El punto purpura en su frente, está relacionada de algún modo con Adil y Amira, y la presencia misteriosa que emanaba de ella, alberga misterios cuyas respuestas podrían ser contestadas si volvía a encontrarme con esa muchacha, si volvía a hablar con ella, era una corazonada.

 

Además, la forma en que me miraba, nadie parecía notar que estaba allí, ¿una coincidencia?, era como si me dijera “sígueme” con solo la mirada, si ese era su plan, me esta haciendo caer perfectamente en él.

 

—“Siento una presencia mágica irradiar cerca… debe ser ella…”

 

Al acercarme lo suficiente, me encuentro entonces con alguien, pero no era aquella muchacha.

 

—Vaya, el mundo si que es pequeño, nos volvemos a encontrar, joven…

 

La voz masculina de quien me hablaba, provenía de un hombre de grueso abrigo de piel color negro que cubría casi todo su cuerpo dándole el aspecto de un noble, pero lo que llamaba la atención, era su piel azul, con orejas puntiagudas como las de un elfo, de un largo y bello cabello plateado. Yo le reconocí de inmediato…

 

—Eres ese tipo, Lecius…

 

Automáticamente por instinto le apunte con el AK-47.

 

—Por favor, no es necesario las hostilidades -Dijo el tal Lecius con suma calma.

 

—De todos los lugares en el mundo, que te encuentres justo en este continente, en este preciso sitio… ¿qué haces aquí? -Le pregunte directamente.

 

—Oh, parece que esta serie de reencuentros inesperados, se ha tornado más “emocionante” -Expreso Lecius con los brazos cruzados mirando hacia otra dirección.

 

Era como si quisiera que volteara para esa dirección, un truco simple para distraerme, hasta que de pronto pude oír el ruido de un arco siendo tensado, una mirada como instinto asesino se sentían provenir de la misma dirección en donde Lecius miraba. Entonces voltee, encontrándome a una segunda persona, quien me apuntaba con su arco.

 

Era una mujer joven, de una cabellera verde oliva, armada con un arco de naturaleza mágica, vistiendo un ligero traje de tela son ninguna protección endurecida sobrepuesto en esta, pero lo características que llamaba poderosamente mi atención en ella, era que en el flujo de su mana podía sentir algo, era la “bendición de Astado”, ella era una bruja…

 

—Eres un sangre de bruja entremetido -Declaro tales palabras.

 

También sabía quién era, pues le reconocí al instante, la ultima vez que le vi fue hace tres años…

 

—Livia Archan -Pronuncie su nombre.

 

Continuara…

 

 

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