Metalord Revolution Capitulo 196

CAPITULO 196

EL GHRAYB QUE SE VOLVIÓ EL ENEMIGO PUBLICO NUMERO 1

 

 

PERSPECTIVA: Tercera Persona

 

Fue en el palacio de los Afigad, donde su nombre llego al Azim Alnabil con una influencia que continuaba expandiéndose hasta el día de hoy, aspiraba a convertirse en una autoridad superior al propio sultán. Como tal, los Muhaqdad, los líderes militares y guerreros más fuertes del reino, estaban a su servicio, con miles y miles de soldados a su disposición, él era Muer Afigad.

 

—Es un ghrayb, su nombre es Rozuel Drayt -Revelo Alnayits.

El investigador Muhaqdad, Alnayits, en una audiencia con Muer Afigad, el nombre del Trotamundos llega a oídos de este codicioso noble que anhelaba el poder absoluto de toda una nación.

 

—¿Un ghrayb?, ¿¡un ghrayb!?, ¿¡UN GHRAYB!? -Repitió el enfurecido Azim Alnabil.

 

Iracundas venas surgían sobre su rostro, los vagos sanguíneos de sus ojos se dilataban haciendo que estos se tornaban en parte roja en señal de irritación y de su boca espuma escupía, cerraba sus puños con fuerza hasta el punto de hacer que estos sangrasen.

 

—¿Un ghrayb acabo con uno de mis Muhaqdad y su ejército de 3000 hombres?… ¿¡es eso lo que estoy escuchando!? -Planteo dicha pregunta para confirmar tal verdad.

 

—Si su excelencia, un ghrayb consiguió eliminar al Muhaqdad, Yusuf Ahja Zad´tyk y un regimiento de 3000 hombres que le servían.

 

La confirmación de tal suceso por segunda vez, alarmo aún más a todos los Alnabil presentes, porque si alguien había conseguido eliminar por su cuenta a uno de los tres poderosos líderes militares y a un ejército de 3000 efectivos, significaba que no era alguien a quien se podía ignorar.

 

—He confirmado que este ghrayb colabora con los rebeldes.

 

El solo hecho de que tal enemigo este colaborando con los rebeldes, hacía que los propios Alnabil comenzaran a sentirse perplejos, inquietos en lo más recóndito de su ser, al ver que la amenaza insurgente que ellos consideraban un chiste, ahora contaba entre sus filas con alguien capaz de matar a un Muhaqdad. Solo Muer Afigad era la excepción a esa presión desmotivadora, no se sentía intimidado, estaba en cólera.

 

—¿¡Porque un insignificante ghrayb serviría a los rebeldes!?, ¿¡que le prometieron por servir a la causa de ellos?, ¿¡fortuna!?, ¿¡tierras!?, ¿¡prestigio!? -Se pregunto Muer Afigad enfurecido —¡Si posee tal poder, es a mí a quien debería servir!, ¡yo puedo darle la fortuna que codiciaría, la tierra más prospera de esta nación y su propia autoridad para gobernar sobre cientos de súbditos!, ¿¡y en lugar de eso prefiere ayudar a esas escorias insurgentes!?, ¿¡a desafiar mi poder!?, ¡¡IMPERDONABLE!!.

 

—Desconozco las razones del porque este ghrayb colabora con los rebeldes -Informo el investigador de cabellera gris y gafas de metal —Quizás tenga sus propios objetivos que sean compatibles con dicho grupo y por ello les ayuda.

 

—¡Sea cual sea sus razones, es imperdonable!, ¡lo sentenciare a morir lentamente, lo convertirse en un espectáculo de entretenimiento para mi deleite y el de todos mis seguidores!, ¡tal humillación viniendo de un ghrayb no tiene perdón alguno! -Dejo en claro el gordo Azim Alnabil —Dime Alnayits, ¿¡cómo es este ghrayb!?, ¿¡cuáles son sus habilidades!?, ¡quiero saber todo sobre él!, ¡en especial su aspecto físico!, ¡mandare a colocar carteles de búsqueda en todo el reino y una recompensa por su cabeza!.

 

La decisión del noble mandamás era la correcta, sus súbditos lo aprobaban, condenar al ghrayb con la reputación de un criminal era una respuesta idónea, no solo tendría que lidiar con el ejército del reino, sino también mercenarios, cazarrecompensas e incluso aventureros. Alnayits entonces se dispuso a dar su informe en torno al forastero.

 

—Mientras me dirigía hacia aquí, me tome la molestia de tomar algunos de los cadáveres de la fortaleza Hasr para examinarlos a fondo, entre ellos se incluye el propio cuerpo de Yusuf Ahja Zad´tyk, a quien le falta la cabeza y puedo estar 100% de que el enemigo de la quedo como trofeo de su victoria.

 

Los Alnabil respondieron con asco ante la profanación del cuerpo sin vida de uno de sus Muhaqdad, Alnayits continuando con su explicación, quien llevo una autopsia personal en su carreta personalizada de camino al palacio de los Afigad.

 

La carreta del investigador Alnayits, fue concebido como un artefacto mágico de primera calidad hecho por su propia mano, a simple vista luce como una carreta majestuosa digna de un noble de casta alta. Pero en su interior es donde su magia especial desemboca, es capaz de cambiar de “espacios” o alternarlos como si fueran pisos, es decir, su carreta cuenta con varias “habitaciones” o “pisos” intercambiables entre sí, como si aquello en lugar de ser una carreta, fuera una torre de varios niveles andante, cada nivel una sala diferente con una función en específico.

 

Eligio entonces una en concreto, donde albergaban instrumentos cortantes como perforantes hechos para la examinación de cadáveres, cerca suyo se encontraban 4 cuerpos en un estado avanzado de descomposición, del cual uno carecía de cabeza, ¿por qué escogió entonces esos cuatro cuerpos en concreto?. El hallazgo del investigador le hizo dar con un descubrimiento fascinante.

 

—Varios de los guardias eliminados, presentaban en el interior de ellos, los restos de unos extraños proyectiles hechos de metal -El investigador notifico de su descubrir con el enseñar de su mano derecha dichos objetos, sus restos estaban achatados, aplastados por una gran fuerza producto del impacto.

 

Los Alnabil a su alrededor los relacionaron entonces con virotes o flechas hechas de acero o metales semejantes, pero el Muhaqdad les corrigió.

 

—No, estos “proyectiles” son más pequeños, y, sin embargo, por la forma en que los cuerpos presentaban las heridas, tenían una fuerza de impacto superior a cualquier flecha que haya visto, incluso capaces de desplazarse a mayor velocidad -Declaro Alnayits —Estos “proyectiles” son disparados por una especie de arma manipulada por este ghrayb, y uno de sus puntos fuertes, es que puede disparar de manera continua incluso con mejor precisión como potencia que una ballesta de repetición potenciada con magia.

 

Entonces los nobles presentes sospecharon de un artefacto mágico especial, algo capaz de disparar pequeños proyectiles de metal y sus características de poder disparar continuamente eran en sí, un atractivo para los tiradores.

 

—Este ghrayb incluso con su “magia”, la de su arma mágica, es capaz de penetrar armaduras blindadas reforzadas con magia, es lo que concluí al encontrar los restos de un escuadrón de soldados de infantería pesada los cuales presentaban numerosos agujeros en sus piezas, semejantes en tamaño y magnitud al de los cuerpos que examiné.

 

Los Alnabil quedaron aún más asombrados, si tal herramienta en solo una mano es capaz de lidiar con varios soldados de infantería pesada cuyas vestimentas defensivas estaban potenciada con magia, lo que sería al ser empuñados por varios a la vez. Se imaginaron a un pequeño escuadrón de tiradores empuñándolas en medio de un campo de batalla, con tal descripción proporcionada por el investigador de sus funciones, deducen que los tiradores arrasarían con toda infantería a su paso.

 

—¿Cuál es el alcance de este artefacto mágico? -Uno de los Alnabil pregunto.

 

—Deduzco, que superior a cualquier arco o ballesta, un hábil arquero o ballestero gozan de un alcance efectivo de 200 a 250 metros, el artefacto mágico de este ghrayb supera con creces dicha distancia -Concluyo de manera deductiva el investigador.

 

Los Alnabil no hicieron sino más que impresionarse, un arma que pueda llevarse a manos, capaz de superar el alcance como potencia de arcos y ballestas e incluso lidiar contra infanterías pesadas, si uno lo pensara, tal arma con dichas características, era bastante revolucionario. De repente, todas las incógnitas llegaron a un punto en común.

 

—¿¡De que reino es este ghrayb!?.

 

—¿¡En donde fabricaron tales artefactos mágicos!?.

 

—¿¡Es posible obtener tales armas para nuestra nación!?.

 

Pronto la codicio invadió a todos los nobles de esta nación, a pesar de desconocer la apariencia o todas las características a detalles del arma, la sola mención de alguna de sus capacidades les convenció. Querían hacerse con ellas, si un ghrayb la portaba, significaba que alguien las creo, y eso conllevaba a que era posible obtener más de estas.

 

—“Sin embargo…”

 

El propio investigador Alnayits era incapaz de obtener pistas algunas del origen del arma de ese ghrayb, desconocía incluso aun la patria del cual procedía dicho muchacho, pensó en dos posibilidades. La primera es que perteneciera a un reino del norte del continente de Sharya, pues tienen la misma tez de piel que los ciudadanos de dichas regiones, y la segunda es que provenga del continente de Gresswold. Si quería más información en torno al forastero o la inusual creación que utilizaba, debía dar con él.

 

—¡Oh, pero mis Alnabil, he guardado lo mejor para el final! -Exclamo el investigador.

 

Dos soldados súbditos del Muhaqdad, cuyo rostro cubrían con un grueso turbante del cual en dicha prenda yacía grabada la imagen de una estrella de ocho puntas, se aparecen en el palacio, cada uno llevaba consigo a un prisionero. Eran dos hombres adultos, de sucia vestimenta y algunas lesiones menores, sus brazos esposados por grilletes, pronto son liberados por los servidores del investigador. El Azim Alnabil entonces enfoco su atención en ellos.

 

—¿Quién son estas dos alimañas?, desde aquí huelo su pestilencia plebeya -Expreso Muer Afigad repulsión ante dichos individuos.

 

—Encontré con estos dos “caballeros” de camino a Naar´thue, su excelencia, fue un golpe de suerte haberlos hallado solo por casualidad, pues ellos dos son sobrevivientes del regimiento de los 3000 soldados del Muhaqdad Yusuf -Afirmo Alnayits.

 

Fue una revelación que captó la atención de todos en la sala, pues la identidad de aquellos dos hombres no era poca cosa, de esa fuerza militar de 3000 soldados que el fallecido Muhaqdad Yusuf solicito, tras la derrota de estos, nadie volver a saber de algunos de ellos. Si algunos consiguieron sobrevivir, con la muerte de su señor (Yusuf), era evidente que optarían por desertar, pues pocos o casi nadie, tendría el valor de regresar y atestiguar que su líder militar, su Muhaqdad ha muerto, concluirían, que sería como pedir una soga al cuello, porque la muerte de su general o maestro, conlleva al fracaso de sus soldados, por ende, un crimen de pena capital.

 

—¿En esto cierto Alnayits? -Muer pregunto.

 

—¡Es cierto mi señor, servimos bajo el liderazgo de la sabiduría y fuerza del Muhaqdad Yusuf Ahja Zad´tyk! -Uno de los dos hombres hablo para confirmar dicho punto.

 

—¡Suplicamos su piedad, intentamos volver para contar sobre lo ocurrido, pero tras nuestra derrota… quedamos varados en medio del desierto y con casi nada de suministro! -El segundo notifico.

 

Alnayits relata que ambos fueron encontrados en un pequeño oasis que estaba en el camino que seguía el investigador, los dos hombres mostraban indicios de haber pasado por una severa deshidratación. El agua del oasis calmo su sed, pero el hambre era otra historia, según los dos sobrevivientes, originalmente eran un grupo de 12, del cual solo ellos quedaron.

 

—¿Y aun no has “tomado” de ellos lo que importa? -Muer pregunto.

 

—Esperaba para llevarlo a cabo en presencia de esta audiencia, su excelencia, como una prueba fidedigna de mi palabra -Concluyo el joven Muhaqdad de cabellera gris y gafas de metal.

 

—Hmmm… lo apruebo, ahora procede.

 

—Así será, su excelencia.

 

Alnayits se acercó a uno de los hombres, el cruce de su mirada con dicha persona, hizo que esta se sintiera intimidado ante la aún más cercana presencia como atención del Muhaqdad.

 

—Relájate, si cooperas, prometo que no te hare daño -Le aseguro el investigador.

 

—¿L-lo promete?.

 

—No le hare daño a ninguno de los dos, si me dan lo que quiero, por supuesto.

 

—¿Qué es lo que desea de nosotros?.

 

—Lo que ustedes saben.

 

—Ya le hemos contado todo, maestro Alnayits, desconozco que más desea que le contemos.

 

—Oh, pero no es de su boca donde quiero obtener tal saber, sino… -Señalo la cabeza con el dedo índice.

 

El hombre expresa su confusión declarando no entender las palabras del Muhaqdad, a lo que este situándose a su lado y con un gesto de confianza, coloca su brazo alrededor de su cuello, pidiéndolo que solo diga las siguientes palabras: “Te concedo mi permiso”. El hombre solo se sintió aún más confundido, pero tampoco tenías alternativas, desobedecer a un Muhaqdad era castigado con muerte, por lo que obedeció de inmediato y replico dichas palabras.

 

— Te concedo mi permiso…

 

El Alnayits expreso una sospechosa sonrisa de tinte sádico, y entonces, sus dedos tocaron frente del individuo para acto seguido, atravesar la piel, la sangre no brotaba, y aquel hombre no gritaba, pues se encontraba en una especie de trance. Sin embargo, su compañero sobreviviente, se mostró alarmado hasta tal punto de que, por el miedo, pensó en huir, pero los soldados servidores del Muhaqdad se lo impedían.

 

—Ahora, muéstrame lo que sabes…

 

Recuerdos inundaron en la psiquis del investigador, pequeños fragmentos que comenzaron a unirse, formando entonces las memorias que buscaba con tanto deseo.

 

—Si… es esto de lo que hablaba… oh, que interesante… realmente fascinante -La sádica sonrisa de Alnayits se hizo más notorio —Si, con eso bastara.

 

Al retirar los dedos de la cabeza del hombre, pequeñas heridas superficiales quedan sobre la piel, nada grave, pero aquel individuo que fue puesto en aquella experiencia, tras salir de su trance, tambalea como un borracho cualquiera y acto seguido, cae al suelo.

 

—¿Qué… que le ocurrió?, ¿no me digas que acaba de…?

 

Su compañero sobreviviente con horror se preguntó por su amigo, el investigador hizo un chequeo rápido de su condición, concluyendo que este había muerto.

 

—¡Prometió que no nos haría daño! -El sobreviviente restante protesto temblando de miedo.

 

—No es mi culpa que tu compañera tuviera una voluntad mediocre -Dejo en claro el Muhaqdad —Mi habilidad me permite adentrarme a los recuerdos y saber de todo ser viviente, claro está, que hay una condición que debe cumplirse para que pueda “acceder” a dicha fuente de conocimiento -Explica Alnayits —Aquella persona o criatura a la que intento “acceder” a su saber, debe ser de mi propiedad, para que pueda hacer uso de mi habilidad sin ningún inconveniente, toma por ejemplo, a mis leales soldados, o a mis queridos creaciones mágicas, pues son de “mi propiedad”.

 

En caso de que tales personas o criaturas no estén anexadas como “propiedad” de Alnayits, existe una forma de que pueda acceder a sus recuerdos, y era que estos, por voluntad propia pronunciasen “Te concedo mi permiso”. Al hacerse tal pronunciación, se concede entonces el “permiso” para que la habilidad del investigador, tenga efecto sobre aquellos que no son de su propiedad.

 

—Por supuesto, al hacer uso de esta habilidad, conlleva a cierto riesgo, si la persona sometida a mi poder no es de una voluntad mental fuerte, morirá al concluir el proceso tras ver toda su fuente de saber -Expone el investigador —Por eso tu amigo murió, su voluntad, su mente, todo en él era débil.

 

—¿V-v-vas a hacer lo mismo conmigo? -El sobreviviente restante pregunto con escalofrió recorriendo su cuerpo.

 

—Claro que no -Contesto de inmediato el investigador —Ambos poseen el mismo saber de lo que realmente me interesaba conocer, no necesito ver tu… fuente de conocimiento, así que no, no me sirves ya, y tal como prometí, no te hare daño.

 

El sobreviviente entonces tomando asiento suspira de alivio, pues la muerte de su compañero, garantizo su vida, el investigador entonces le ignora, para acercarse a su excelencia, Muer Afigad. A quien, tras tener cara a cara, extiende su brazo derecho, acercando su mano a la del monarca.

 

—Así como puedo acceder a recuerdos y saber de otros, también los puedo compartir con otros, así es como funciona mi habilidad, su excelencia -Manifestó el Muhaqdad con el pedir de la mano de su excelencia.

 

Muer entendiendo su punto, estrecha su mano con la del investigador, el contacto físico entre los dos emana poder mágico producto de una conexión de dicha naturaleza, pronto los recuerdos que Alnayits obtuvo del sobreviviente, se adentran a la mente del monarca.

 

—“¿No son estos los recuerdos de ese plebeyo?”…

 

Las memorias lo trasladan a aquella noche, el sobreviviente se encontraba en las afuera de la fortaleza Hasr, junto a cientos y cientos de otros guerreros, rodeados de espadachines, arqueros, magos, maquinaria de asedio, ect. Habían rodeado la fortaleza entera como su Muhaqdad les ordeno, esperando entonces la señal de su maestro, para llevar a cabo su marcha contra el enemigo.

 

—Jajaja, siento pena por esos imbéciles rebeldes, de seguro deben ser solo un puñado de diez, contra nosotros, una fuerza de 3000 -Uno de los soldados hablo.

 

—Espero que haya una mujer entre ellos, dado a que es una rebelde, no creo que les importe que nosotros nos encarguemos de escarmentarla, jejeje…

 

—¡Ja!, como si los demás no pensaran lo mismo que tú, de ser el caso, solo los oficiales y lugartenientes se llevaran esa suculenta tajada.

 

Una conversación obscena entre camaradas de armas, un aire de confianza y alta moral rebosaba entre las filas de estas fuerzas compuestos de humanos y semihumanos, pero pronto todo eso cambio en un parpadeo…

 

—Oigan… ¿qué demonios es esa cosa?.

 

Un humo blanco se produce entre en las cercanías cubriendo a cientos de soldados con ella, pronto gritos de horror y agonía se producen dentro de esa cortina humeante. El ojo perspicaz de algunos soldados y semihumanos, observan a objetos caer rápidamente del cielo, estos al estallar liberan aquel humo blanco que a quien toque, comienza a gritar como si estuviesen en la cámara de un despiadado torturador, siendo despedazado trozo a trozo.

 

—¡Una de esas cosas ha caído cerca nosotros!…

 

Uno de los proyectiles impacta cerca del hombre cuyos recuerdos era la perspectiva que el monarca observaba, el humo blanco se expande rápidamente, observa como un Enano guerrero al contacto con este, exclama con intenso dolor mientras su piel era dañada en el proceso, junto a la armadura y el hacha pesada que utilizaba. Entonces el hombre comprendió al instante que si tal humo hacia contacto con su cuerpo, sería su fin como el del resto, tan solo quedaba una acción desesperada ante tal situación.

 

—¡DEBEMOS IRNOS DE AQUÍ!, ¡HUYAMOS!…

 

Un puñado entonces tomando la oportunidad, huyen de allí, tenían la suerte de haberse situado en la parte más alejada de la zona donde el humo blanco se manifestó, con un grupo de 12 personas, huyeron hacia una dirección en concreto, observaron además que otros hacían lo mismo.

 

—¡Por los dioses del desierto!…

 

El hombre con agobiante terror, observo como ese humor blanco había rodeado toda la fortaleza de Hasr, se había manifestado en el mismo sitio en donde las fuerzas de 3000 soldados se habían instalado. Podía oír con toda claridad los gritos adoloridos de cientos e incluso miles de almas padeciendo un infierno en ese blanco fenómeno innatural, nada podía hacer por ellos, tan solo huir, con tal de sobrevivir.

 

Los recuerdos llevan al grupo de 12 soldados que consiguieron escapar, al encaminarse en el desierto con escasos recursos, algunos la sed los mato, a otros los peligros de la fauna salvaje, entonces solo dos quedaron, y para su fortuna encontraron un oasis. Eventualmente sus caminos se cruzarían con el Muhaqdad Alnayits, quien alimentaria y escoltaría a los dos como “prisioneros” ante la audiencia con Muer Afigad.

 

Luego otros recuerdos fueron llevado a la psiquis del Azim Alnabil, estos desde la perspectiva del propio Muhaqdad Yusuf, en su combate contra el tal ghrayb. Muer se sorprender al descubrir que tal forastero, tal ghrayb responsable de eliminar a uno de sus generales poderosos y destruir una fuerza de 3000 soldados, era un joven, un “mocoso” adolescente. Los recuerdos se extienden hasta mostrar incluso como ese ghrayb elimina a toda la guarnición de la fortaleza Hasr por su cuenta, y este concluye con la muerte de Yusuf, la mano del monarca deja entonces de hacer contacto con la del investigador tras finalizar el intercambio de estas memorias.

 

—Lo ha visto con sus propios ojos, su excelencia, este ghrayb, no es alguien a quien debemos subestimar -Declaro Alnayits.

 

El Azim Alnabil, quien en todo momento se mostraba como alguien en colera, poseído por una furia incalculable, ahora exponía un estado de intranquilidad emocional, angustia como tal, pues presencio a un “monstruos” en el cuerpo de un mocoso que había pisado el reino que anhelaba gobernar por completo a futuro. Tal poder para destruir regimientos enteros, tal fuerza para superar incluso a un Muhaqdad, estaba escéptico al principio sobre las capacidades de este ghrayb, pero tras presenciar en persona, lo que era capaz ese adolescente, un pavor inundo su mente, si tal poder llegara a presentarte hostilmente ante él, a apuntarle y amenazar con tomar su vida. Si los Muhaqdad no eran capaz de lidiar con él, entonces seria su fin, no… el fin de todo Quíatar.

 

—Entonces, su excelencia, ¿qué es lo que hará? -Le pregunto el investigador —¿Proseguirá con el plan centrándose en su totalidad en continuar la expansión de la política Afigad por todo el reino o… de centrar una contramedida eficaz para erradicar a los rebeldes y a su nuevo aliado?.

 

La discusión inicial que anteriormente se estaba llevando a cabo, llevaba a decidir dos temas de suma importancia, sobre gestionar la mayor parte de los recursos en el plan de la expansión de la política Afigad o la de brindar más apoyo para combatir a los rebeldes y eliminarlos por completo. Muer Afigad, no tardo en dar su veredicto…

 

—¡¡Que todos los Azim Alnabil bajo mi mandato se centren en reforzar las fuerzas en sus territorios, que organicen escuadrones de búsqueda y destrucción!!, ¡¡todo campamento rebelde que se localice debe ser completamente destruido en el acto!!, ¡¡manden a crear cientos de carteles de búsqueda con el rostro dibujado de este ghrayb y coloquen una recompensa de 400.000 Rubres por su cabeza, vivo o muerto!!.

 

400 mil Rubres era una suma exorbitante, alguien podría vivir como un sultán por décadas con tal cantidad de dinero, los Alnabil a su alrededor querían protestar ante tal petición de su excelencia Muer Afigad, pero el mismo dejo en claro las razones de ofrecer una recompensa tan alta por este ghrayb.

 

—Este ghrayb representa una amenaza para mí, podría desembocar en que todo mi plan se venga abajo, da igual que tanto dinero pierda con tal de eliminarlo, estará garantizado mi futuro en los anales de la historia de este reino una vez acabe con él, y con el tiempo recuperare la inversión hecha, tan solo… debe morir, solo morir… -Aclaro un serio y tenso Muer.

 

Aun sin ver los recuerdos a los que el gordo Azim Alnabil mandamás atestiguo, los demás Alnabil estaban convencido con sus palabras, si decía que ese ghrayb era una amenaza para todo el elaborado plan de expansión de la política Afigad, entonces debía ser eliminado.

 

El Trotamundos conocido como Rozuel Drayt, se convertiría entonces en la figura más infame de todo el reino de Quitar, pues poseía la recompensa más alta por su captura, vivo o muerto, ningún criminal hasta la fecha ha tenido un valor tan alto por su cabeza como él. No solo aventureros, cazarrecompensas o mercenario estarían tras el esper, se alentaba incluso a los malhechores del bajo mundo a perseguirle, pues no solo obtendrían la recompensa monetaria, sino también una orden de indulto para toda clase de crimen que haya cometido en el pasado. Literalmente, aquel ghrayb se convirtió en el enemigo número 1 de toda una nación, bajo el apodo de “Mensajero del Reino de la Agonía”.

 

Continuara…

 

 

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