Metalord Revolution Capitulo 193

CAPITULO 193

LA EXPERIENCIA CONTEMPORÁNEA DEL DRAGÓN OSCURO

 

 

PERSPECTIVA: Tercera Persona

 

—No solo tienen monturas de metal capaces de desplegarse por los cielos, ¿sino también por tierra? -El dragón oscuro pregunto con inquietud.

 

Soldados se introducían dentro de vehículos acorazados de tierra, quienes al arrancar un ruido producían como comparable al rugido de una bestia, pero aún no habían mostrado todas sus garras. De largos cañón exhalaban un fuego, el dragón oscuro relaciono tal armamento con los cañones mágicos, pero los cañones de aquellas bestias de metal, podían disparar con más continuidad, sus proyectiles eran más rápidos, más alcance y su potencia de impacto aun mayor.

—Como las espadas gigantes voladoras les sirven para conquistar los aires, esas bestias metálicas lo hacen por tierra… -Pensó Myldark en voz alta.

 

Pero las sorpresas no hicieron sino apenas empezar, más “bestias metálicas” surgieron, diferentes a los demás, pues no tenían ese largo cañón característico, sino dos grandes y robustos con varios agujeros separados entre sí. De dichos agujeros salen disparados numerosos proyectiles que, desde su perspectiva, eran varas metálicas que se desplazaban a grandes velocidades, impulsados por un fuego que se manifestaba en su parte inferior, podían atacar tanto por tierra y aire, lidiar con enemigos terrestres e incluso aéreos, propinando una lluvia de explosiones letales.

 

Incluso otras bestias de acero hicieron acto de presencia, eran diferentes a los anteriores, era más robusto, y no tenia un cañón, en su espalda, cargaba una enorme vara de metal, un potente fuego surge bajo de este, impulsando a tal objeto a elevarse y ascender al cielo, a una velocidad que al dragón le costaría seguir o evitar, si tal cosa se le acercara. Aquella vara estalla a una considerable distancia, produciendo lo que era, la explosión más intensa y poderosa que haya visto, con tal poder, incluso una ciudad humana quedaría devastada ante tal magnitud de fuego.

 

—Todas estas armas…

 

Desde su desconocimiento, Myldark no tenia idea del concepto armamentístico de los carros de combate o tanques de guerra, o incluso misiles balísticos, con cada nueva arma de tal tipo que observaba, su interés como temor ante tales creaciones aumentaba. Bestia de aceros de cañones que apuntaban al cielo, capaces de disparar continuamente proyectiles que superaban varios kilómetros, la distancia como velocidad a la que recorrían, haría temblar a toda clase de criatura alada acorazada, ya fuera terrestre o aérea, incluso un dragón.

 

—Si varios dragones adultos lucharan contra esas bestias de acero, que consigan vencer a uno no es el problema… el problema real, es si llegase alguno a sobrevivir a tal lluvia de destrucción -Dedujo Myldark ante lo observado.

 

Los dragones eran de entre las bestias mágicas, la que tenían el mayor escalón en Avalía en cuanto a poder, eran reverenciados como temidos en cada rincón del mundo, incluso su imagen era utilizada en emblemas e insignias, como también su nombre a modo de una referencia de la fuerza y grandeza de tal raza. La humanidad de Avalía, envidiaba y tenia temor de ellos, porque los consideraba casi invencibles, pues se necesitarían numerosos escuadrones para lidiar contra un dragón adulto.

 

Los dragones pasan por cuatro fases en su crecimiento, iniciando su desarrollo como un dragón infante (primeros años de vida), dragón joven (10 años cumplidos), dragón adulto (50 años cumplidos) y finalmente, alcanzar su mayor madurez a los cien años, como dragones ancestrales. A media que se desarrollaban, su poder mágico lo hacia magistralmente, sus escamas eran más fuertes, resistentes y sus sentidos rozaban a la perfección, podían ver, escuchar u percibir sensorialmente a niveles superiores que otros seres envidiarían poseer.

 

Dicho de una forma más simple, los dragones eran un símbolo de autoridad como poder, sinónimo de dominio, muchos hombres intentan derrotar a uno por el prestigio, la recompensa de su carne y escamas como poderosos ingredientes mágicos, pero pocos consiguen siquiera derrotar a un dragón de edad adulta. Con todo el pasar de los siglos, en Avalía los dragones seguían invicto en su reputación de poderío sobre cada raza existente, humana o semihumana.

 

Al menos, esa es la mentalidad que casi todos se tendría sobre los dragones, Myldark, atestiguando el poder de tales maquinaciones de metal, que servían como montura para aquellas razas que bajo su perspectiva eran “seres inferiores”, llego a una conclusión.

 

—Si hubiera una guerra entre dragones y estos humanos, ya no seria una batalla unilateral, sería una guerra encarnizada con ambos bandos parejos en fuerzas… no… al principio ese sería el pensamiento trivial de cada dragón joven o adulto, entonces lo más perspicaces de mi raza se darían cuenta al final, que dicha guerra conduciría a la…

 

Sus pensamientos son interrumpidos por el sonar de numerosos cañones de artillería, el rugir de aviones cazas sobrevolando el cielo y el disparar de ametralladoras pesadas, tales inventos bélicos, por mucho, superaban en todos los aspectos a las tradicionales armas utilizadas en Avalía. Da igual cuanto esfuerzo y sudor esmere un caballero con su espada, o un arquero, un lancero, un maestro ingeniero especializado en maquinarias de asedios como catapultas y arietes, el resultado era evidente. ¿Y qué hay de un escuadrón de soldados montados en grifos o wyvern domésticos?, da igual, nada se compararía siquiera a un arma de fuego ordinaria como una ametralladora o rifle, poner entonces a blindados o vehículos aéreos en la balanza para comparar fuerzas, ya era una discusión inútil, el ganador era obvio.

 

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La noción del tiempo se hizo desconocido para el dragón, ¿cuánto ha pasado ya?, ¿días?, ¿semanas?, ¿meses?, no lo sabía con certeza, pero poco le importaba llegado a este punto. Como un espectro errante, viajaba tal cual como nómada, observando a esta inusual civilización, en todo este tiempo transcurrido en dicho plano, llego a darse cuenta de algo.

 

—No hay semihumanos, tan solo humanos…

 

Los nombres de los tres continentes que él conocía, Gresswold, Sharya y Orianta, no existían, reinos como Luthe, Nagret (Nación Enana), Elvaria (Nación elfo) o Zaragos, que eran localizaciones de Gresswold muy reconocidas, tampoco figuraban ni por asomo. En su lugar llego a oír nombres de continentes como “América”, “Europa”, “Asia” o “África”, como también oír el nombre de países tales como Rusia, China, Estados Unidos o Japón. El dragón con sus siglos de vida, nunca había oído de ellos jamás, hasta ahora.

 

El numero de naciones sin duda en tales continentes eran enorme, quizás más que en Avalía, pero los que destacaban en termino como países “fuertes” eran al menos tres naciones, Estados Unidos, Rusia y China. Aunque no tardo en oír varias veces sobre un tal “corea de norte”, pero comparado a la tal “Unión Europea”, el tal “corea” le resultaba insignificante a su lado.

 

Latinoamérica o África estaban fuera de su foco de interés, aunque al principio le llamo poderosamente atención conocer sobre dichos lugares, pudo concluir que la diferencia de niveles sociales con los tales “Estados Unidos” o “Europa” o “Asia”, era bastante. De hecho, aquellos países que destacaban por una superioridad militar y económica, parecían tener bastante influencia sobre aquellos menos prospero, comparo a este punto, como aquellos reinos fuertes de Avalía, que, al derrotar a una nación pequeña, la hacían su estado vasallo o al final, terminaban por anexarlo a sus tierras permanentemente.

 

Lo que le asombro era que el nivel de cultura en este mundo, era sin duda mucho más variado a comparación de avalía, pero eso en buena parte, era debido a los inventos o tecnología desarrollada por esta humanidad. La tal “televisión”, “computadora” o “internet”, que al dragón le tomo meses entender su propósito y usos, pudo comprender a pesar de que tales creaciones cumplían funciones banales, eran una adquisición realmente avanzada de este plano.

 

Un detalle fuerte que llamo su atención, era su capacidad de entender un idioma en concreto, el “ingles”, aunque existían otras lenguas, tales como el chino, japones, francés, alemán, etc. Podía leer y oír palabras del inglés a un nivel de consciencia, que, en su perspectiva, eran como si hablasen en el idioma natal del dragón.

 

Los dragones poseían su propio idioma, pero no escrito, solo verbal, a diferencia de otras razas, no eran capaces de crear edificaciones, levantar ciudades, desarrollar tecnologías o complejos sistemas socio-económicas, es decir, eran incapaces de crear su propia civilización. ¿No lo hacían porque su biología les determinara como debían vivir o quizás la sola de idea de forjar una les resultaba aburrido y tedioso?.

 

—¿Es este el futuro que tendrá el mundo de Avalía?… ¿o quizás esto no es Avalía?…

 

Su mayor incógnita fue, que donde se encontraba, le surgían teorías sobre aquel plano misterioso, quizás lo que presenciaba era una posible visión futura de su mundo natal, o quizás, aquellos que atestiguaba, era en realidad, una civilización de otro mundo, una civilización de Trotamundos.

 

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Más tiempo transcurría, tanto que Myldark ignoro el concepto mismo de este, prefiriendo elegir ser un observador silencioso, del avance de esta civilización, llego a un tiempo en que surgieron unos seres que llamaron su interés. Eran capaces de producir manifestaciones que rompían o violaban las leyes científicas establecidas por aquella humanidad, manipular los elementos, desplazarse en formas y velocidades de lógicas absurdas, modificar los aspectos orgánicos que desafiaban a la madre naturaleza.

 

Tales seres les recordaban enormemente a los magos, pero el concepto del poder de estos individuos, era diferente, el mana era la fuente de toda magia, era el principio y fundamento de los magos. El mana no existía aquí, pues estos seres, estos humanos dominaban una fuerza conocida como PSI o energía ESP, eran llamados esper.

 

El origen de estos “esper” provino de una enorme roca que cayó del cielo (meteorito), y la humanidad con su ciencia, a través de complejos trabajos de bioingeniería, creo al primero de ellos, luego a más, y tiempo después, surgirían naturalmente para dar inicio a su era. Y la civilización como tal, alcanzo más desarrollos tecnológicos como nunca, los esper, fueron el corazón de ese progreso.

 

Armas de fuego más potente fueron creador, los tanques de combate habían sido mejorados en su equipamiento armamentístico como la dureza de su resistencia a los impactos, las naves marinas y aéreas superaron a sus predecesoras, aunque la superioridad aérea tuvo mayor énfasis en el poderío militar de los tiempos posteriores. Las armas balísticas y toda aquella capaz de utilizarse desde donde fuera, atacar o intimidar a la distancia de miles de kilómetros, no había nación que ya no tuviera una a la fecha, incluso la más pequeña y débil, poseía su propio armamento de tal calibre.

 

Los esper, cuando más de la mitad mundo ya eran como ellos, todo conflicto ya fuera de talla bélica o urbana, siempre involucraría a uno, pues los esper se convirtieron en el eje central de toda infantería estándar, inclusos para las fuerzas de seguridad pública de una nación o la de empresas privadas, contar siempre a dichos individuos en sus filas, no era por mera imagen, era una obligación que el PSI se impusiese como una forma de dominación.

 

Pronto los humanos comenzaron a utilizar una especie de “armaduras”, pero a diferencia de las utilizadas por soldados de Avalía o sus caballeros, aventureros, etc. Cuando se equipaban con esto, se asemejaban a lo que Myldark conocía como un gólem, pero los movimientos como capacidades empleados por un humano en estas “armaduras”, hacían palidecer a dichos caballeros o a los propios gólems creados por un Enano.

 

—Exoesqueletos mecánicos… -Pronuncio el dragón oscuro el nombre de estas “armaduras”.

 

Tenían la ventaja de ser manufacturados en mayor cantidad con un costo que a comparación sería menor de lo que le tomaría a un reino crear a un escuadrón de caballería o infantería pesada, su resistencia era incluso mejor a las armaduras encantadas con magia, como tal no utilizaban mana, pero estos exoesqueletos hacían uso obligatorio de una fuente de energía interna ajena a esta. Los humanos siempre presumían de sus talentosos artefactos creados para emplear a su voluntad las fuerzas del mana, pero la inmensa mayoría de los dragones, tales inventos eran inferiores o de baja categoría. Pues sin importar el esmero con el que forjen tales productos artificiales de magia, sus dominios y técnicas con dicha fuerza, eran mediocres al lado del auténtico poder de un dragón.

 

Los únicos artefactos mágicos que eran de ser respetados por los dragones, eran las denominadas “reliquias Logianos” o “artefactos Logianos”, aquella perteneciente a una civilización extinta hace más de 2000 años. Ningún dragón ha llegado a conocer a uno en persona, pero aquellos que experimentaron en carne propia la luchar contra uno de estos artefactos y vivir de ello para contarlo, se asombraron con el nivel de complejidad mágica que emplean tales creaciones al detalle al utilizarse, era un grado de conocimiento mágico artificial que ni humanos, semihumanos o incluso dragones han llegado a descifrar o comprender aún.

 

Si un dragón joven o adulto luchara contra tales “exoesqueletos” de esta civilización, no tardarían en comprender, que no serían creaciones a los que uno debería confiarse a la primera. Aunque existían versiones de estas vestiduras metálicas que no precisaban energía ESP para funcionar, aquella que, si estaban alimentadas por “Baterías ESP , deleitaban con un rendimiento abrumador. Myldark estaba seguro de vencer en una lucha uno a uno, contra un soldado equipado con tal “exoesqueleto mecánico”, pero contra docenas de ellos, que además llevasen encima sus respetivas armas estándar (armas de fuego), la tendría difícil al tener que lidiar contra los tales “armamento pesados” diseñador para destruir objetivos blindados, los humanos verían a un dragón, como en la forma de un tanque con alas que escupe fuego.

 

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—¿Acaso siempre estaré aquí?, ¿vagando eternamente como un fantasma para observar sin una voz o presencia física ante estos humanos? -Se pregunto entonces el dragón oscuro.

 

No era difícil intuir que años habían transcurridos, aunque el hambre o la sed no le afectaban, el dragón comprendido entonces, lo aburrido que era ya no escuchar nuevamente la voz de ese “mocoso”. Había visto cuanto quisiera de esta civilización, ya nada le sorprendía, ya había perdido el interés por continuar observando y “estudiando” a dicha humanidad, su deseo ahora era obvio.

 

—Ya me he aburrido en este lado, por más que permanezca aquí, solo soy un observador, nunca podre volver a sentir el placer de una batalla -Comento Myldark para luego echarse a reír levemente —¿Me pregunto que estará haciendo ahora ese mocoso?, je, sin mí, debe estar pasándola bastante mal.

 

El dragón se echa a reír con una fuerte carcajada, contemplando el cielo por un largo rato, reflexionando sobre su interés por marcharse de ese plano misterioso, o quizás más bien, su deseo personal. Despliega sus alas y vuela majestuosamente cual tal hacia una dirección al azar.

 

—¿Hmmm?…

 

Su destino lo lleva a una zona de ambiente fresco, un paisaje rebosante naturaleza tropical y un cielo nublado, el dragón pronto se dio cuenta…

 

—Fue en este lugar al que llegué cuando desperté en este plano.

 

Aterrizo en las proximidades, como siempre, era consciente de que era incapaz de sentir el follaje, los arboles o la fauna salvaje a su alrededor, tan solo la brisa del viento y el frio del ambiente llegaban a percibirse en sus escamas. El dragón entonces se recostó en dicho lugar para descansar, aunque era incapaz de conciliar el sueño como lo hacia en vida, de igual manera lo hizo, estiro su cuerpo y se hecho al suelo por simple placer banal.

 

—¿Estoy sintiendo… sueño?… es… imposible…

 

Una sensación de somnolencia invadió al dragón, aquel acto que no había sentido por un tiempo indefinido, repentinamente resurge en su ser, a Myldark no le molesto en absoluto, pues se dejó llevar por tal manifestación.

 

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Fragmentos de recuerdos repercuten en su mente, todo en relación a su actual portador, Rozuel Drayt, reproduciendo en numerosas pantallas mentales, cada lucha o confrontación llevadas a cabo en los años que permaneció a su lado. El dragón pronto sintió una sensación de nostalgia, riendo por cuanto más observaba, disfrutando del espectáculo como si fuera un show de TV, que narraba hechos que había experimentado en persona.

 

—“Lo disfrutas, bien, al menos di una buena primera impresión”.

 

Una voz masculina resonó en su cabeza, Myldark pronto despierta en un amplio cuarto oscuro, con un abismo sin fondo en todas direcciones, pero había una parte de ese lugar que contaba con iluminación. Era un escritorio, uno iluminado por una bombilla, observo que había alguien allí, sentado y sobre una mesa, ocupado con la fabricación de unos artilugios.

 

Miro la creación producida por dicha entidad, a sus lados se encontraban apilados en el suelo armas de fuego, desde rifles, pistolas, escopetas y ametralladoras, todas tenían algo en común, las iniciales “ML” estaban grabadas en cada una de ellas. Se acerco para observar a la figura de más cerca, este se encontraba de espalda, trabajando en la creación de más de estas armas.

 

Pero sin importar cuanto se aproximará, lo que observaba, no era a un humano, o a un ser de dicha raza como tal, lo que estaba en ese escritorio fabricando armas de fuego con sus propias manos, era una especie de sombra humanoide. Tenia el aspecto de un hombre adulto de larga cabellera, carente de rostro, toda su piel era del color de la propia oscuridad, era en sí, una sombre moldeada en la forma de un humano, o quizás, otra cosa que aparentaba ser uno.

 

—No es necesario que estés a la defensiva, no soy tu enemigo, no planeo hacerte daño.

 

Aquella entidad le hablo, su voz masculina, era la misma que escucho con anterioridad.

 

—Esas armas… -El dragón le hablo.

 

—Oh, te refieres a esto…

 

La sombre humanoide culmina con la fabricación de un AK-47 y la coloca junto al resto de pilas de armas de fuego.

 

—Es un viejo habito, podría definirlo como mi propia tentación, pero no puedes quitarle a un hombre el propósito de toda una vida.

 

—¿Quieres eres?, ¿dónde me encuentro?, ¿acaso tú sabes cómo llegue a parar en este plano? -Pregunto Myldark.

 

—Soy una existencia producto de este sitio al que llamas “plano”, te encuentras en una forma de subconsciente entremezclada y si, en parte se como has llegado hasta aquí -Contesto la entidad —Puedes llamarme “Señor S” -Se presento bajo aquella identidad —Platiquemos, oh, gran Myldark, señor dragón, “Acero de las Sombras”.

 

Continuara…

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