Metalord Revolution Capitulo 173

CAPITULO 173

EL CORAZÓN DEL OASIS

 

 

PERSPECTIVA: Rozuel Drayt

Compartíamos una habitación pequeña con dos camas separadas, con un velador en el medio el cual se hallaba nuestra única fuente de luz, una lámpara alimentada con una piedra mágica de luz de baja calidad. Cuando la única puerta es abierta, ingresa un hombre de piel morena armado con una lanza y escudo para despertarnos a los dos.

 

— ¡YAZTAIQ!.

 

Era uno de los guardias de la tal Amira, haciendo de despertador humano, uno el cual no dudaría en usar la fuerza para hacernos levantar de la cama si no obedecíamos al primer minuto transcurrido. Nuestras prendas fueron cambiadas, ya no vestíamos unos harapos ensangrentado, en su lugar nos hicieron vestir unas camisas y pantalones, está de más de decir que la calidad de la tela era de lo más económica posible, demasiado económica.

 

Al salir de la habitación, el guardia nos escolta con suma vigilancia por un pasillo iluminado por numerosas antorchas colocado sobre soportes en las paredes, varias puertas se hallaban a los alrededores, cada una con una habitación que albergaba a un “trabajador” en una situación semejante a la nuestra. Al llegar a la puerta (de diferente color al resto) que se hallaba en el fondo, esta da con unas escaleras hacia arriba solo para llevar a otra puerta que finalmente nos conducía (obligatoriamente) a nuestro sitio destinado.

 

Un extenso salón decorado con la elocuente elegancia de nobleza, desde costosas piezas de artes como jarrones, estatuas y pinturas, finas telas de seda y un ambiente aromatizado con un incienso relajante. Cojines del tamaño de una silla se enumeraban en el lugar, siendo usado por hombres de color (bronceado) de diferentes aspectos, algunos delgados, otros robustos y no podían faltar los gordos (y eran lo más numerosos).

 

Pero todos tenían en común una cosa, su manera de vestir en sus túnicas, turbantes y mantos, la joyería que portaban en sus dedos e incluso dentaduras, y los escoltas que llevaban consigo, eran hombres de altos estatus social. Los denominados “Alnabil”, la nobleza de estas tierras, quienes ocupan los puestos sociales de mayor prestigio y poseen abundante riqueza como posesiones materiales.

 

Acostados en sus cojines, fumando en pipas de metal una famosa sustancia llamada opio (el cual conoció bastante bien), con bellezas de tez morenas haciendo danzas exóticas a la vista y acompañado además de alcohol. Esto era el “Corazón del Oasis”, un sitio dedicado exclusivamente a brindar confort, alivio y placer a cualquier cliente que tuviera el dinero para pagarlo.

 

Da igual el estatus que se posea, mientras tengas dinero contigo, tendrás el servicio de este sitio, desde un lugar para beber, comer, deleitarse con la vista de doncellas bailando en vestimentas atractivas y por supuesto no podía faltar lo más esencial, la asistencia carnal que puede o no venir acompañado de un relajante masaje. Básicamente este sitio combinaba un negocio de burdel y posada, con la posibilidad de alquilar una habitación bastante lujosa con todos los servicios mencionados anteriormente.

 

¿Qué trabajo teníamos Riha y yo?, como otros esclavos cumplíamos labores menores, desde la limpieza, llevar las bebidas e incluso la comida a la clientela y todo labor que involucrara usar fuerza como el transporte de objetos pesados en cajas. Todo aquel que llevara un collar en el cuello se le reconocía de inmediato como  un “esclavo”, y dichos instrumentos no son puramente cosmético.

 

No solo anulaban todo intento de poder mágico (los magos son incapaces de ejercer magia), sino que además te imposibilitaba la capacidad de utilizar objetos mágicos, pero la cosa no termina allí. Amira nos explicó que este collar de esclavitud está ligado a la vida de quien lo lleva puesto, ¿qué quieres decir con eso?, que con ciertas condiciones que el esclavo viole o rompa, el objeto lo matara en el acto.

 

El corazón del oasis en una edificación situada dentro de la selva a la cual los dos terminamos en nuestra huida de los esclavistas, los clientes habituales que la frecuentan pueden hallar el camino a este establecimiento fácilmente gracias a ciertos medios de naturaleza mágica. Los esclavos tienen prohibido pisar los límites fuera del establecimiento o de lo contrario morirán, incitar violencia contra el personal del local o los clientes, conllevara a activar un hechizo de dolor sobre el perpetrador que lo someterá en un estado de parálisis sumamente doloroso al instante.

 

En simples palabras, un esclavo era incapaz de huir, era incapaz de levantarle la mano a su ama o personal/clientes del establecimiento e incluso se le bloqueaba el uso de todo elemento mágico. Una herramienta digna para un prisionero, quitarle todo medio posible que pudiera usar para planear su huida o rebelión y hacerlo trabajar bajo la condición de una comida prometida.

 

Sí, dependiendo de la calidad laboral de cada uno de los esclavos, su paga no era dinero, era únicamente comida, el techo y la cama eran cosas aparte, el que no aportaba suficiente trabajo, se le era privado de la comida e incluso agua. La nutrición y la hidratación son una vital importancia en la vida de todo ser viviente, los apresados en este lugar lo saben muy bien, no pueden quejarse del trato que reciben o mejor dicho, no se le da el derecho mínimo de hacerlo.

 

—“Somos mano de obra desechable” –Pensé entonces.

 

Entre los esclavos existe un cierto sistema de “rango”, aquellos que llevan más tiempo y son de más confianza para la propietaria, visten mejor ropa, se les enseña matemática básica (sumar y restar) y leer para trabajos más administrativo como la estricta revisión del inventario del negocio. No solo se supervisaba la comida, la bebida o los ungüentos utilizados en terapias de masajes relajantes, lo principal era el opio, la que mayor fuente de ganancia brindaba. Desconozco si la producen por sus medios o la obtienen comprándola en el exterior.

 

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El orgullo no era una opción, debía soportar la indiferencia de las miradas en los alrededores y las opiniones negativas dichas en un idioma incomprensible hacia mi entendimiento. Todo mientras me encontraba siendo sobrexplotado en trabajos triviales como la limpieza o llenar la copa de un maldito gordo noble quien en algunos casos termina con escupirme su bebida en mi rostro para expresar el rechazo por esta y exigiendo que le cambiara por otro.

 

Los días transcurren, y la tal Amira, al ser la única que hablaba mi idioma, me inculcaba tanto a mí como a mi compañera, sobre la sociedad del reino en el que me hallaba, de esa manera supe que era un “Alnabil”.

 

— ¿Por qué haces esto? –Le pregunte al tenerle frente a mí —Conociendo a los de tu tipo, por regla general, prefieren mantener a los esclavos en total ignorancia, para “manejarlos” mejor.

 

—Si los dos trabajaran para mí por un largo tiempo, es mejor que empiezan a conocer ciertas cosas relevantes sobre estas tierras, su gente, su sociedad e incluso… sus gobernantes –Declaro la mujer de cabellera turquesa y punto purpura en la frente.

 

Aquellas explicaciones nos eran dabas cuando las horas de trabajo de los esclavos finalizaban y cada uno regresaba a su habitación, para recibir su “pago” y descansar. Por supuesto, ella no venía sola, a su lado lo acompañaba su guardaespaldas personal, la semihumana con cabeza de chacal, a la cual llamaba “Namida” y casi siempre estaba en su cercanía, además de hallarse afuera de la habitación algunos guardias con un oído en alerta por cualquier cosa.

 

Comenzó por detallar la moneda utilizada en todo el continente de Sharya, el cual es llamado “Rubre”, a diferencia de Gresswold que la utilizada es denominada “Bals”,  es de suponer que Orianta también posee su propia moneda. Pero todas tienen una cosa en común y es, que cada uno es representado en forma de monedas de cobre, plata y oro con sus respetivos valores.

 

El reino en el que me hallaba se llamaba Quíatar, en su esfera política predomina un sistema de clases sociales, del cual el término plebeyo también era utilizado aquí para referirse a la clase más baja y numerosa. Después se encontraban los Alnabil, la nobleza de esta nación, el cual se dividían entre nobles de clase baja, media y alta, aquellos monarcas que gobernaban sobre un estado tenía el estatus de “Azim Alnabil” (el equivalente de un “Loren” en el reino de Luthe).

 

Pero quien tenía el mayor poder, la autoridad total y soberanía de esta nación, era el Sultán, la figura política equivalente a un rey, de hecho, varias naciones vecinas de Quíatar tienen como líder supremo de sus reinos un Sultán. Pero eso es solo en los reinos del sur de este continente, pues según Amira, en las naciones ubicadas en el norte de Sharya, sus principales gobernantes son reyes.

 

En el reino de Quíatar predomina un clima desértico, con días muy calurosos y noches frías de brusco descensos de temperatura, pero no todo es puro desierto, hay zonas semidesiertas como montes (pero son escasas). Y por supuesto, destaca la selva donde yace ubicado el “corazón del Oasis”, ¿pero cómo es posible que tal bioma pueda existir en un área tan árido y caluroso?.

 

—Eso es un secreto, y así permanecerá –Fue la respuesta de Amira.

 

El dios venerado en Quíatar es llamado “Creador del sol y la luna”, o simplificado como “Creador Absoluto”, aunque gracias a “cierta Orden” de gran influencia que se ha extendido por buena parte de Sharya, la religión de Deux también se está extendiendo por estos lares.

 

Este reino también posee sus propios semihumanos, como su guardia personal, que era una “Anubian”, se caracterizaban por solo poseer manos, pies y cabeza animal (de un chacal), el resto de su cuerpo es humano. Físicamente son más fuerte que un humano, sus sentidos del oído, vista y olfato están mejor desarrollados, pero el talento de la magia de esta raza es inferior a la humana, a lo sumo, rara ocasiones habrá un Anubian de nivel B o nivel B+.

 

Otra raza semihumana que destacaba eran los “Kamodo”, una raza de reptiles antropomórficos también denominados “Moradores del desierto”, pues poseen una magia nata y única en torno a la arena que les da amplia ventaja. Sus armas más habituales son el arco, el hacha y el báculo, y son de poseer magos de buen nivel entre sus filas.

 

También destacaban la presencia de Enanos en estas tierras, la diferencia con los de Gresswold, es que los de Sharya poseen un color de piel bronceado, además de que destacan mayormente como guerreros y en minoría están los que son poseedores de habilidades artesanales en la herrería arcana. Como dato extra, los Enanos de este continente no poseen su propia nación, aunque están ampliamente distribuidos en varios reinos de Sharya.

 

Existe una raza de elfos en Sharya, pero no habitan en Quíatar y tampoco en los reinos vecinos, ya que son oriundo del norte del continente, rara vez se suele ver a uno de ellos, se caracterizan por además de sus habituales orejas puntiagudas, ser individuos altos y con una piel totalmente rojiza, son llamados “Sangalus”.

 

Finalmente otra raza semihumana son los Beremita, una raza demoniaca que habita en este continente, destacan por poseer una cabellera albina de nacimiento, un único cuerno sobre su frente, una piel oscura como la de una pantera negra y una fornida contextura física. Coexisten con los humanos y otras razas, aunque dado a varios conflictos bélicos ocurridos en el pasado entre ellos (guerras humanas-demonios), la intolerancia y el racismo son algo frecuente. Los Beremita poseen un nato dominio de la magia desde su nacer y hasta la fecha hay tres reinos en Sharya gobernados por esta raza.

 

La raza humana como siempre, es la más predominante, tanto numérica como socialmente en Quíatar y buena parte de Sharya, por lo que la discriminación hacia los semihumanos también son puntos fuertes y común en este lado del continente.

 

Amira culmina entonces su explicación y con esto concluyo su “clase” hacia nosotros dos, estaba por retirarse deseándonos un cómodo descanso, hasta que le planteo una pregunta en concreto.

 

— ¿Y que hay con las personas que tienen un punto purpura en la frente?, ¿tiene algún significado social o algo así? –Pregunte.

 

La mayoría de los humanos de Sharya, son gente de una tez morena, pero dos destacaban por poseer ese llamativo punto purpura en la frente, una era Amira, el otro era aquel prisionero que vimos preso de los esclavista del desierto (que nos atraparon también a Riha y a mi). Me plantea una cuestión, ¿ese punto forma parte de una clase política específica de este reino?, ¿o podría ser un mero simbolismo religioso?.

 

—Eso no es de tu incumbencia –Fue la fría y amarga respuesta de la mujer de cabellera turquesa.

 

Cerró la puerta con fuerza y se marchó con su guardaespaldas semihumana, era evidente su incomodidad y desconcierto ante la pregunta planteada.

 

— ¿Cuál es su problema?, ¿no es ella en primer lugar que quiso hablar con nosotros? –Pregunto con impasible tono.

 

—Quien sabe… -Opine con total desinterés personal en la respuesta.

 

La comida llego a los pocos minutos, un plato de sopa acompañado de un pedazo de pan, una comida no condimentada sin sabor alguno para únicamente aportar los nutrientes necesarios y un pan que estaba entre la línea delgada de lo blando y duro. Venía acompañado de una vasija llena de agua que debía durarnos hasta la siguiente comida.

 

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Los días siguieron transcurriendo, nuestros trabajos se hicieron más exigentes, hasta el punto de tener a los esclavos de más “rango” dándonos ordenes como si fueran nuestros jefes. Hubo ocasiones en que algunos clientes nos miraban fijamente a los dos con curiosidad y malos presagios, eso se debía a nuestra condición como “Ghrayb”, esa palabra, significa “forastero” con una connotación negativa.

 

Los esclavos ghrayb son una rareza, en especial si se trata de un semihumano de otro continente, la cantidad de depravados que posaban sus ojos sobre la Lupian que me acompaña, eran incontables. Hubo una ocasión en que uno de esos Alnabil, un gordo de ropaje caro con numerosos anillos de oro en casi todos sus dedos, una larga e horrible nariz y cachetes sudosos, exigió una habitación privada con Riha, no hacía falta decir cuáles eran sus ruines intensiones.

 

El Alnabil sonreía con perversión mientras no quitaba su vista de la Lupian, en eso Amira en persona llega y al hablar con ese noble, la cara de gordo se tiñe en decepción y enojo, para luego voltear su vista lejos de la semihumana y fumar su pipa con opio. No sé qué le habrá dicho, puesto que hablaban en el idioma local de estas tierras, ¿pero acaso rechazo la petición de ese individuo?.

 

El trabajo prosiguió con total normalidad, las demandas aumentaban y eso significaba estar al servicio obligatoriamente más de 8 horas (creo que incluso conté 10), con lapsos cortos de descanso (que no duran ni 8 minutos). Lo usual, ser mangoneado por esclavos de mayor “rango” en un idioma que no entendía un cuerno.

 

— ¡Yalaca ashad hidta alsuq! –Eran una de las tantas “ordenes” que recibía de uno mientras señala una caja.

 

—Vete al carajo, árabe idiota –Dije en voz alta mientras levantaba una caja pesada.

 

Dado a que no me entendía y Amira no estaba cerca, era un placer responderles con insultos en un idioma que ellos no comprendían en lo más mínimo.

 

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Semanas han transcurrido, ¿ha pasado un mes?, he perdido la cuenta, pero no el tiempo mientras era sobreexplotado como un inmigrante sin papeles. He hecho mis jugadas en secreto pacientemente, aguardando este momento.

 

Tras caer la noche, a pocas horas después de cenar, me desperté, al levantarme lo primero que hice fue caminar hacia donde aguardaba Riha quien profundamente dormía, solo para sacarla de su sueño con unas palmadas suaves en su frente.

 

— ¿Eh?… ¿ya es hora de levantarse…? –Dijo una somnolienta Lupian con el bostezar en el acto.

 

—Soy yo, Riha, despierta.

 

— ¿Roz?, ¿qué sucede?.

 

—El plan está en marcha, todo está listo para que salgamos de aquí.

 

— ¿¡De verdad!? –Exclamo la semihumana con emoción.

 

— ¡Shhhhh!… ¿quieres que los guardias de afuera te escuchen?.

 

—Uh… lo siento –Expreso arrepentimiento con el bajar de sus orejas animales y el constante rose de sus dedos índices entre sí.

 

En los corredores siempre había guardias haciendo sus horas nocturnos de vigilancia, es por eso que con el menor ruido posible, me dirigí a mi cama y saque el colchón tirándolo a un lado, la cara de Riha se torna en estupefacción. No era para menos, lo que había revelado era la presencia de armas de fuego que fui creando conformes los días pasaron.

 

Se hallaban tres en total, una pistola Beretta 92 9mm de fabricación italiana, una escopeta recortada y una TEC-9 pistola ametralladora 9mm (categorizada como subfusil) de fabricación americana-Sueca. Me ha llevado un considerable trabajo conseguir haber fabricado estas armas en secreto, en especial conseguir los materiales (metal) de manera discreta sin llamar la atención.

 

He tenido que valerme desde utensilios de cocina, pipas utilizadas para fumar el opio y escasas monedas Rubre de cobres hallados en el suelo. Cuando en mis manos llegaban sin que un ojo lo notara, usaba mi poder para comprimirlo en un tamaño tan minúsculo sin que nadie lo notara, para después llevarlo a la habitación donde dormía.

 

Por las noches mientras Riha descansaba profundamente, aprovechaba esos momentos para empezar a trabajar sobre los materiales obtenidos para la fabricación de las armas que conllevarían a nuestro plan directo de escape.

 

—Eso explica porque muchas veces parecías amanecer con mucho sueño, ¿pero porque no me dijiste nada?, pude haberte ayudado –Pidió la Lupian una explicación.

 

—Tenía que ser lo más discreto posible y era el más idóneo para ello, no te lo dije para evitar que no fuéramos descubierto –Le justifique —Si la loca del punto purpura en la frente volvía a “interrogarte”, nuestros planes iban a ser descubierto, conmigo su interrogatorio no parece funcionar, pero en ti es todo lo contrario.

 

—Tiene sentido para mí, pero Roz, ¿cómo haremos para lidiar con este problema? –Señalo su collar de esclavitud —Aun con las armas de fuego, en el momento en que las usemos, el collar y tú brazalete actuaran para someternos y todo habrá sido en vano.

 

Tenía un excelente punto, pero también ese dilema ya estaba resuelto, usando mi habilidad ESP, me retire al instante el brazalete de mi muñeca izquierda, acto seguido también quite el collar de Riha.

 

— ¿Cómo… como hiciste eso? –Pregunto abrumada de la sorpresa la loba humanoide.

 

— ¿Quieres que responda eso o quieres salir de aquí de una maldita vez?.

 

Riha en silencio camino para tomar la pistola Beretta 92 de 9mm, dejando en claro su respuesta.

 

—Yo tomare la escopeta recortada y el TEC-9 –Fueron las armas que designe para mí.

 

Con la cantidad limitada de metal que pude obtener, solo hice un número escaso de munición para cada arma, la pistola Beretta 92 que Riha utilizaría, hace uso de un cargador de 15 balas y cuenta con un total de 5 cargadores a su disposición. La TEC-9 que poseo utiliza cargadores de 32 balas y solo dispongo tres en totales, de la escopeta recortada cree solamente 12 cartuchos.

 

Como un medio para facilitar el transporte de nuestra munición mientras nos movíamos, cree una suerte de cinturón hecho de metal con pequeños soportes diseñado exclusivamente para acomodar cada cargador (y cartucho de escopeta). Con mis poderes esper, ajuste el cinturón metálico sobre la cintura de Riha para poder equipárselo y luego sobre el mío, colocando en sus respetivos soportes, la munición que correspondía, no eran unos ítems seguros para tales propósitos, pero era mejor que nada.

 

—Recuerda, nada de piedad –Declare con el poner de mi mano en la manija de la puerta.

 

Y entonces la abrí, dando inicio nuestra fuga a tiros…

 

Continuara…

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