Yuuitsu no Shinjitsu

Capítulo 2: Mirada del Terror

¿Alguna vez han querido matar a alguien?

No, no es ninguna especie de broma. Lo estoy preguntando seriamente.

Todos hemos estado enojados alguna vez. Y en ese momento, no razonamos nuestras acciones. Por eso son peligrosos los ataques de ira incontrolables, porque puedes terminar haciendo algo sin pensar, y luego debes asumir las consecuencias.

Sin embargo, si empiezan a pensar en matar a alguien, si diseñan un plan, si se preparan para ello, incluso buscando deliberadamente entorpecer a cualquiera tratando de impedírselo, en ese momento tienen que empezar a preocuparse.

En ese momento, en verdad tienen que tener miedo. Y si no lo tienen, acéptenlo: Son unos psicópatas. Porque no hay otra forma de planear un homicidio tan metódico, y continuar pensando eso incluso después de haberse enfriado la cabeza. Ya no es una reacción violenta, es una necesidad inhumana muy peligrosa.

Ahora, vamos a añadir algunos ingredientes a la receta. Quieren que su víctima sepa que fueron ustedes, o no quedaran satisfechos. Este es un asunto personal, necesitan la satisfacción de ver en sus ojos el terror de sus últimos momentos, dándose cuenta de la razón por la que morirá. Obviamente, esto añade riesgo al asunto. Tienen que asegurarse de que no sea capaz de decirle a nadie, ni que algún otro pueda sospecharlo. Tiene que ser algo sutil.

Por ejemplo… ¿Qué les parece sonreírle en el momento en que lo asesinan? En ese fatídico momento, en el cual esa persona que tanto quieres ver muerta comprende su Destino, le sonríen con toda la maldad en vuestro corazón, dando el mensaje silencioso de quien es el responsable.

Y ahora, luego de tantas suposiciones, vamos a imaginar que pueden hacerlo. Que pueden matar a esa persona que odian tanto. Sin siquiera tener que hacerlo en persona, con sólo un simple movimiento de la muñeca.

Si fuera tan sencillo cometer ese asesinato… ¿Lo harían?

Tomen un momento para pensarlo.

Y ahora, deténganse. Si no se han dado cuenta todavía, lo acaban de hacer. Acaban de considerar, siquiera por un segundo, una forma práctica para matar a otro ser humano, sin sufrir ninguna consecuencia.

¿Deberían temer? ¿Son unos psicópatas?

No se hagan tantos problemas. La mayoría de las personas, independientemente de sus rencores o valores personales, no tienen la capacidad para matar a alguien con tanta facilidad. La tentación no existe, no tienen que preocuparse.

Pero… Imaginen, sólo por un momento, que esa tentación existe. Que hay un rencor. Que tienen todo el tiempo del mundo, y tantas oportunidades como quieran. Que nadie va a sospechar de ustedes, que poseen el intelecto necesario para planificarlo, que no tienen ningún principio moral fuerte que les oponga resistencia.

Y, por encima de todo, que poseen algo que nadie sabe, algo tan poderoso y extraño como para permitirles cumplir su deseo, y jamás ser sospechosos: Una misteriosa habilidad, conocida como ‘Entendimiento’, la cual la mayoría de las personas desconoce, y no pueden enfrentar de ningún modo.

¿Lo harían? ¿Planificarían el momento, hora, lugar, arma, y hasta el asunto de la sonrisa? No olvidemos, por supuesto, la destrucción de toda la evidencia, unas meras hojas de papel de impresora que no molestan a nadie. Y también deben mantener su cara de póker absoluta, para que nadie sospeche ni lo más mínimo.

Oh, casi olvido el detalle más importante. No se trata de un solo homicidio, no. Son ocho asesinatos. Ocho jodidos crímenes perfectos, totalmente satisfactorios, y que todavía hoy siguen sin resolver, pues nadie sospecha que son asesinatos.

Un accidente de tráfico, un suicidio por ahorcamiento, una electrocución, un ahogamiento, un envenenamiento por monóxido de carbono, un suicidio por sobredosis, un traumatismo de cráneo, y finalmente, hipotermia severa.

Dos estudiantes de Preparatoria, tres estudiantes de Secundaria, una mujer adulta, y dos chicos de Primaria. A todos ellos se les dio lo que se merecían, un castigo divino. Y yo fui quien se los administró; haciendo el papel de juez, jurado, y verdugo.

Supongo que, a estas alturas, la mayoría de ustedes están pensando una de estas dos cosas: “¿Quién te crees que eres? Sólo Dios puede juzgar a otros”, o tal vez “¿Puedes dejar de restregarme tus experiencias como asesina? No me interesan”.

A ambas preguntas tengo la misma respuesta: Lo sé. No tengo derecho a tomar las vidas de otros, ni a desahogar mis mierdas con ustedes. Creí que había dejado todo eso atrás, que lo había olvidado, pero ahora veo que no así.

Yo… Asesiné una vez más…


Tirada en mi cama, me retuerzo en agonía, imitando a un árbol viejo y nudoso que tiene todas sus ramas enredadas.

Yo… Maté a esas dos personas. Dos jóvenes. Debían tener unos 18 años. Los quemé vivos. No, incluso peor, hice que la persona a la que más admiraban los ejecutara por mí, en contra de su voluntad.

Ahora son diez las muertes en mi conciencia. Y otra vez, todo fue mi culpa. Porque me deje engañar de nuevo. No aprendí nada de lo que sucedió antes. No debo confiar en nadie. Todas las personas en las que confió, tarde o temprano, me traicionaran. Siempre lo han hecho. Yo atraigo a ese tipo de gente.

Ya no quiero matar a nadie más. Puede que consiguiera ocultar mis asesinatos a todo el mundo, pero no es cierto que evité cualquier consecuencia. Todas las noches tengo pesadillas, y son tan horribles que despierto empapada en sudor. Apenas he podido dormir.

Solté un leve gemido, agarrándome la cabeza con fuerza.

Supongo que no soy una psicópata. Ahora que tengo la edad para usar la razón, para entender lo que significa la empatía, estoy pagando por lo que hice.

Como resultado, día a día estoy muy estresada. No puedo concentrarme, estoy irritable y malhumorada. Tengo suerte de que en esta Academia a nadie le importa si falto a clases.

Esta última semana, bajo la excusa de un resfriado, me encerré en mi habitación. Hay un par de chicas más, que igual que yo, son del Grupo B, pero ellas hacen como si yo no existiera. O, mejor dicho, intentan no molestarme, porque me tienen miedo. El resto de la Academia, ahora que se ha extendido la noticia de la verdadera identidad de Amano Haruka, también decidieron ignorarme por completo.

Creo que hay otra chica en el dormitorio que hace lo mismo. Dicen que no ha salido de su habitación en años. Sinceramente, pensar en quedarme encerrada tanto tiempo me asusta, pero recientemente lo empecé a considerar.

Y mientras me recluía, ahogándome en mis penas personales, alguien tocó la puerta.

-Takane-chan, abre la puerta. Quiero hablar contigo.

Esa voz es de Mirai. ¿Quiere hablar conmigo? ¿Para qué?

¡Oh, ya me acuerdo! Estamos en la primera semana de Octubre. Ya no falta mucho para ese día… La Battle Royale de la Academia Jikû. Un evento que tiene lugar cada año, el día de Halloween. Aún recuerdo lo que pasó el año pasado, cuan frustrada estaba Mirai tras haber perdido.

Seguramente, va a tratar de reclutarme.

Sí, no tengo duda de que lo va a intentar. Ella piensa que, conmigo en su equipo, podrá vencer al Grupo H, los campeones del año pasado.

¡Que ridícula! ¿Cómo espera lograr eso? ¡Ni siquiera conoce la habilidad de Nameless! ¡Es imposible vencer a un oponente del que desconoces su habilidad! ¡Literalmente, es igual que tratar de escalar una montaña sin siquiera saber que tan alta es!

Aunque… No diría que es imposible. No del todo. Si estos dos rastros que he estado sintiendo son de quienes pienso, entonces tiene una ligera probabilidad.

Esos dos, los hermanos Yuuki… ¿Es una coincidencia que ambos fueran genios?

Dos genios y un entendimiento raro. Eso, y lo que sea que tenga ese tal Tsuruya Tomonori que destruyó a Akire de un solo golpe. Ese rastro era demencial. No sé de donde habrá salido, pero podría funcionar muy bien como arma secreta.

Ya veo. En ese caso, tratar de reclutarme no suena como una mala idea. Si consigue el ‘entendimiento misterioso’ de un genio Tipo Mental, suena como una buena formación de batalla. Incluso Nameless debería temer contra tantos enemigos poderosos.

¡Bah! ¡Me da igual! Sin importar cuantas veces me lo pida, no pienso aceptar. No me interesa participar en un espectáculo decadente como ese. Y no importa cuánto me lo pida, cuánto me ruegue, cuánto me suplique, mi única respuesta es no.

-Takane-chan… ¡Vamos, abre! –aun después de varios minutos, continúa tocando insistentemente la puerta-. Si no me abres, tendré que entrar por la fuerza.

-No lo harás –murmuré una respuesta, pero sólo fue para mí misma.

-¡Te doy cinco segundos! –dejo de golpear a la puerta-. ¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos! ¡Uno!

De repente, un sonido estruendoso.

Alcé la cabeza. La puerta estaba en medio de la habitación, luego de ser arrancada de sus bisagras de una patada.

En el marco de la puerta destrozada había una persona. Una mujer de cabello azul, aunque de un tono mucho más oscuro que el mío. Con una figura envidiable, una sonrisa maliciosa, y unos ojos que parecían ciegos; ella es Kirisaki Ruri, alias Mirai, líder del Grupo S.

-¡No puedo creerlo! ¡En serio lo hiciste! –me incorporé, muy molesta-. ¡¿Estás loca o qué?! ¡Mira el desastre que has hecho!

-¿De qué estás hablando? ¡Yo no veo nada! –ella puso una sonrisa sarcástica, al tiempo que alzaba su mano derecha en alto, y chasqueaba sonoramente sus dedos.

De inmediato, la puerta se alzó en el aire. Los trozos de madera que saltaron del marco volvieron a su sitio, regresando atrás como en una película en reversa. La puerta se quedó quieta un instante, mientras está molesta mujer se invitaba ella misma con una reverencia hipócrita, y luego volvió a su posición usual. Sonaron unos ruidos raros, y luego se acopló perfectamente, como si jamás la hubieran roto.

Haciendo una burla final, Mirai abrió la puerta desde adentro, la volvió a cerrar, y entonces se oyó el sonido de la cerradura.

Ese conveniente poder de controlar el tiempo… ¡Es irritante!

-Si podías abrirla tan fácilmente, ¿para qué la pateaste?

-Porque fue más dramático, ¿verdad? –ella se plantó frente a mí, exhibiendo su arrogante sonrisa-. Además, consiguió sacarte de la cama, ¿no es así? Todos ganamos.

-¡Te equivocas! ¡Maldita loca! –me paré en puntas de pie, intentando parecer algo más alta e intimidante, pero fue inútil contra esta mujer. Ella supera el metro setenta, es ridículamente enorme-. ¡No entres a la fuerza a las habitaciones de otras personas!

-Si no quieres abrirme, ¿qué más quieres que haga? ¡No me dejaste otra opción! –Mirai se sentó en mi cama con suma arrogancia.

¡Me está hirviendo la sangre de ira! ¡Esta mujer es una maldita desgraciada y creída!

-¡No quiero abrirte porque no pensaba escucharte! ¡Sé muy bien para que viniste, y la respuesta es no!

Mirai comenzó a reírse de repente, como si algo de lo que dije fuera gracioso.

-¿¡Cuál es tu maldito problema!?

-Pues, para empezar, ni siquiera te he dicho para que vine a verte, y ya estas negándote a todo. ¿Qué tal si hubiera venido a salvarte la vida? –me lanzó una mirada presuntuosa, al tiempo que sonreía con malicia-. Y antes de que te pongas a decir que no es así, déjame advertirte que realmente vengo a ayudarte.

-¿Ayudarme? ¡Créeme una cosa, Mirai; no importa cuántas veces lo pidas, no importa si te arrodillas ante mí, no me importa si me lames los pies mientras suplicas con lágrimas en los ojos, jamás me uniré a tu Grupo para participar en la Battle Royale! ¡Detesto esa absurda farsa! ¡No participé ni una vez, y no pienso iniciar ahora!

Solté todo ese discurso con una furia desbordante, casi echando espuma por la boca. No sé cómo debo verme en el espejo, pero como mínimo tiene que haberle entrado en la cabeza que estoy siendo seria sobre esto.

Mirai bajó la cabeza, asintiendo levemente.

-Lo imaginaba. Y estas en tu derecho de decir que no quieres participar –alzó la mirada, clavando sus ojos blanquecinos en los míos de color caoba-. Pero realmente te quiero en mi equipo para ese momento. Y por esa razón, pensé en hacerte este pequeño regalo.

Llevó la mano a su enorme pecho, sacando un trozo de papel del bolsillo de su uniforme. Me lo tendió, agrandando incluso más esa sonrisa demoníaca suya.

Yo no quería aceptarlo. Tenía un presentimiento muy negativo al respecto. Sin embargo, mi maldita curiosidad me derrotó casi instantáneamente, y tuve que recibir el regalo.

-¿Un boleto de tren? ¿Quieres que vaya a algún lado?

-Correcto –respondió ella-. Una amiga mía me invitó a pasar una semana en una isla, y me dejo traer algunos amigos. Unas cortas vacaciones en un hotel de lujo completamente gratis. Imposible perdérselas, ¿verdad?

-Pareces un anuncio de Internet –me burlé, aunque fue de manera lacónica-. ¿Y para qué quieres invitarme a una isla? ¿Vas a intentar lavarme el cerebro o qué?

-¡Por supuesto que no! ¿Quién piensas que soy? –hizo una risita muy molesta-. Simplemente, me gustaría que pasaras un tiempo conmigo y mi Grupo, relajándote y disfrutando. Luego de que pase la semana, te daré la oportunidad de decidir si quieres unírtenos o no. Es tu decisión.

Me lanzó una mirada profunda. La vista de esos ojos blancos me provocó un ligero escalofrío. Por un instante, sentí como si pudiera ver a través de mí.

¿Qué está intentando hacer? ¿Cree que cambiare de idea sólo por unas vacaciones? Ella no es estúpida, sabe que no va a convencerme con esto. Lo mejor sería declinar la invitación, ya que no tengo idea de qué diablos esté planeando hacer en ese supuesto hotel de lujo. Para empezar, ¿cómo diablos consiguió una amiga suya estas cosas?

No puede ser…

Ahora que lo pienso, esta mujer no tiene muchos amigos. Su personalidad aleja a la gente, especialmente a los hombres. Que yo sepa, sólo se junta con dos personas aparte del Grupo S.

Yamanaka Aya, del Grupo U, la hermana mayor de la conocida Hikikomori…

…E Ishida Kitsumiya, hija de la rama principal de la familia Ishida.

Tuve que usar toda mi fuerza de voluntad para evitar que mis piernas comenzaran a temblar sin control.

-Ehm… ¿Mirai-san? –intenté no balbucear, pero se hacía difícil-. Por casualidad… Esta invitación viene de parte de Ishida-san, ¿no es así?

-¿Oh? ¿Cómo lo supiste? –aunque fingía ignorancia, se me hizo evidente que se daba cuenta de lo que yo estaba pensando-. Acertaste. Quien nos invitó a estas vacaciones fue Miya. Ella está ansiosa por conocerlos a todos.

Maldita sea.

¡Maldita sea!

¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea!

¡¡¡MALDITA SEAS, MIRAI!!!

No puedo decir que no.

A estas alturas, decirle que no a esta chica sería como insultar a la familia Ishida.

Hacer eso… Es el equivalente de saltar desde el techo de un rascacielos. Para cuando llegue al suelo, no quedara mucho que sepultar. Tendrían que recogerme en bolsas. Quedaría irreconocible.

La mayoría de la gente simplemente cree que esa familia es una antigua casa tradicional con mucho dinero, que maneja una empresa valuada en billones de dólares americanos.

En esta Academia, ellos sólo son los benefactores que mantienen estas instalaciones, consiguiendo nuevos talentos alrededor de todo el país. Justamente por eso, Ishida Kitsumiya es extremadamente popular y muy querida por todos.

Pero yo sé mucho más que eso. Sé cuan terribles pueden ser. Por nada del mundo quisiera ser enemiga de esa familia, ni siquiera de la hija menor. Ella puede parecer inofensiva, pero tiene en sus venas la misma sangre.

La misma sangre que esas personas. Aquellos que saben todo lo que he hecho.

Sólo tuve que verlos una vez para darme cuenta. No se juega con esa familia. Si vas contra ellos, moverán el Cielo y la Tierra para encontrarte, destruirte, y encargarse de que jamás nadie sepa que pasó contigo.

Sólo pensar las cosas que han hecho hasta ahora me hiela la sangre. Absolutamente no quiero vivirlas en carne propia.

-Está bien. Estaré ahí mañana –murmuré débilmente, bajando la cabeza, totalmente derrotada-. Comenzare a hacer mis maletas.

-Un momento, Takane-chan. Hay algo que deberías arreglar primero –ella se puso de pie, tomándome por los hombros-. Ven conmigo un segundo.

Sumisamente, me deje arrastrar hasta el baño. La forma en que ella me guiaba era algo extraña, se sentía muy incómodo. Casi como si me estuviera tratando como a un perrito. Finalmente, me puso frente al espejo, abrazándome suavemente el cuello con sus brazos.

Podía sentir su aliento en mi oreja. Y también dos enormes cosas en mi espalda.

-Mírate bien –ordenó.

Alce los ojos, contemplándome. Lo que vi parecía sacado de una película de terror.

Estoy muy pálida, casi cadavérica. Mi cabello es un desastre. Tengo las mejillas hundidas, unas profundas ojeras, y el pijama sucio y arrugado. Pero lo peor es la mirada en mis ojos. Se ve tan apagada y temerosa… Ya veo como esta mujer sabía cada cosa que estaba pensando: Lo vio fácilmente en mi cara.

Esa niña capaz de esconder que había cometido ocho asesinatos ya murió hace mucho tiempo.

-Será mejor que te tomes un tiempo para descansar apropiadamente. No querrás que los chicos te vean así, ¿verdad? –murmuró Mirai amablemente.

Sin embargo, por más que su sonrisa se vea amigable, es sólo la máscara de un demonio. La forma en que está inclinada, asomándose por encima de mi hombro, es tétrica. Empiezo a pensar que está acosándome sexualmente.

Suspiré para dejar escapar mi nerviosismo.

-Tienes razón. Me ha costado dormir últimamente.

-Todos tenemos ese problema alguna vez. Afortunadamente, hay soluciones –puso en mi mano dos píldoras blancas. La sensación de sus dedos en mi piel me ponía tensa-. Tomate estas, tiéndete en la cama, y en media hora estarás durmiendo como un bebe. Y hasta que no recuperes el color en el rostro, no te levantes. Créeme, funcionan.

¿Ella también las usa? Supongo que no es una psicópata tampoco. Tal vez sólo me está intimidando con este lenguaje corporal tan raro. Si le cuesta dormir, debe ser porque tiene cosas en su cabeza que la atormentan, igual que yo.

Por cierto, también es obvio porque sólo me dio dos, en vez de un frasco entero o algo así. No quiere que este tentada a suicidarme. Aunque, en verdad, nunca lo considere como posibilidad. No importa cuán mal me sienta, quitarme la vida no es una opción.

Del otro lado me esperan cosas mucho peores, estoy segura.

-Muchas gracias –respondí débilmente-. ¿Nos vemos después?

-Claro. Un auto vendrá a recogernos mañana, alrededor de las 05:30. No te retrases –con estas palabras, me soltó y salió del baño. Se paró frente a la puerta-. Adiós, Takane-chan. Espero que pasemos unas hermosas vacaciones.

Tan repentinamente como vino se marchó, aunque esta vez de una forma mucho más silenciosa.

Ya sola, me derrumbe en el piso del baño, abrazando mis rodillas. Deje escapar una risa nerviosa.

Tengo miedo. Miedo de esa mujer, miedo de los Ishida, miedo de todo.

A estas alturas, lo mejor que puedo hacer es dejarme llevar, actuar como una muñeca sin alma, no llamar su atención. Mientras no haga nada estúpido, deberían dejarme en paz. Al menos espero que sea así.

Si no tuviera este maldito poder…

Si no hubiera cometido esos asesinatos…

Si no me hubiera encaprichado de Amano Haruka…

Todo esto es una mierda. Una gran mierda.

Pero no hay nada que yo puedo hacer para cambiarlo.


(Cambio de Narrador: Mirai)

Lo logré.

Hice que la muy renuente Takane-chan accediera a este viaje.

Tuve que engañarla un poco, pero fue por una buena causa.

En realidad, y es mejor que ella no lo sepa, los Ishida no la mencionaron en lo absoluto. Miya sólo quería que mi Grupo viniera, pero la convencí de que me permitiera llevar a algunas personas más.

Pasé cuatro horas discutiendo con Ayano-chan, pero no conseguí convencerla. Después de eso quede tan frustrada, que probablemente me acabo de descargar con Takane-chan. No trataba de amenazarla, pero creo que me extralimite cuando le hice creer que la familia Ishida le ordenaba venir.

Aunque lo peor, por lejos, fue cuando me puse a toquetearla. Por suerte, mi autocontrol evitó que hiciera algo estúpido. Pero es claro que me aproveche de mi posición de autoridad para acosarla sexualmente. ¡Y ella ni siquiera es mi tipo!

Realmente estoy estresada si estoy pensando seriamente en manosear a una chica de Secundaria para descargar mi frustración sexual. Por eso tuve que salir lo más rápido que pude de esa habitación… Antes de pasar un punto de no retorno.

-Tendré que tener una charla con ella. Con suerte, ignorara lo que hice.

Di un suspiro cansado.

Necesito un descanso. Todavía tengo que preparar mi cara de póker para cuando Kiyoshi-chan se ponga su traje de baño. Si me la quedo mirando, con baba en la boca, tarde o temprano alguien sabrá mis… Tendencias…

No quiero que este en guardia de mí. Eso sería terrible.

Mi celular sonó, recibiendo un correo de Kiyoshi-chan. Entre la enorme cantidad de locas suposiciones de que Tsuruya y su sexy prima tenían un romance incestuoso, logré entender que él traería a esta chica y su hermano en el viaje con los boletos extra.

Con eso ya somos ocho. Y si no exagera sobre la tal Ka-chan, debe ser una belleza de mi edad. Espero que sea digna de contemplar. Hará el viaje entretenido.

Pero, antes de eso, tengo que hacer una llamada.

-Hola, Miya.

-Buenos días, Ruri –respondió una voz melodiosa al otro lado del teléfono.

De fondo podía escucharse el sonido de conversaciones. Parece que el aislamiento del jet privado es tan bueno que los motores ni siquiera se oyen desde adentro. Todo un viaje de primera clase.

-Confirmé que recibió la invitación. Vendrá mañana, junto a un par de familiares. ¿Las instalaciones están preparadas?

-Tengo entendido que ya llegó la primera ronda de visitantes. Unos muchachos nos estarán acompañando esta semana.

-¿La inauguración no era mañana?

-Eso se supone, pero según Onii-sama, es malo para el negocio usar trivialidades para incomodar al público. Por otro lado, que ya haya gente interesada es una buena señal.

-Eso es cierto –acordé-. No serán problema, probablemente. Y si alguno se pasa de listo… Sólo déjame hacerme cargo.

¿Necesito hacer algún gesto cliché para sugerir violencia? Creo que es innecesario a estas alturas. Ustedes pueden imaginar lo que podría pasarles a esos idiotas. Por favor, no olviden incluir en sus fantasías el clásico sistema de pechos rebotadores.

Oh, y si acaban de imaginar a los míos en esa situación, pueden empezar a tocar sus pequeños palillos que comienzan a endurecerse. Lentamente, acelerando poco a poco… Cierren los ojos, relájense…

¡Y disfruten mientras se los rompo de una patada!

No, ya en serio, no lo hagan. Es de muy mala educación masturbarse mientras miran a los pechos de alguien. Créanme, cada vez que veo a algún idiota mirando los míos, me dan ganas de estrellarle la cabeza contra alguna pared y clavarles un talonazo directo en las bolas.

No me obliguen a hacerlo, ¿sí? Preferiría no tener que hacerlo, pero si es necesario…

-Ruri, ya hay seguridad. No es necesario que hagas nada violento –Miya me sacó de mis pensamientos, soltando una risita amigable-. Sólo tienes que decirme si te sientes incomoda, y me encargare de todo.

-No me gusta tener que depender de gente que ni siquiera conozco –me quejé.

-Nada malo puede pasar, Ruri. Onii-sama también vendrá.

La revelación me tomó desprevenida.

-¿Kurokami? ¿Está interesado en ellos?

-Por supuesto. Onii-sama también quiere conocerlos. Me pidió que organizara este viaje –Miya soltó un suspiro-. Aun no puedo creer que vayamos a encontrarnos personalmente. ¡Estoy tan emocionada!

-Miya, sé que no soy quien para discutir vuestra fe, pero tengo que advertírtelo: No esperes algo extraordinario. Ella no parece ningún tipo de Dios. Sin mencionar que sospecho que Tsuruya no va a estar de acuerdo con nada de esto –se me escapó una risa burlona-. De hecho, creo que él tiene miedo de que ustedes lo descuarticen o algo así.

De inmediato, ella también comenzó a reírse.

-¿Por qué haríamos eso? No entiendo cómo podría llegar a esa conclusión –sonreí. La risita infantil de Miya era capaz de alegrar el corazón de cualquiera-. En cualquier caso, estamos muy ansiosos por encontrarnos con ellos. Este será un evento único en la historia de nuestra familia.

Una pausa dramática, seguida de una solemne declaración.

-Porque yo, Ishida Kitsumiya, podre por fin cumplir una de las grandes tareas que mi linaje ha perseguido desde hace siglos: Probar la existencia de Nuestra Señora Rea, Madre de Todo el Entendimiento…

Escuche un suspiro fanático del otro lado de la llamada.

-…Y también, dar la bienvenida a Nosotros al Apóstol de la Madre Rea, Kronos, Tsuruya Tomonori-dono.


Y al día siguiente, cerca de las seis de la mañana…

-Juro que apenas ella le ponga la mano encima, se la cortare –murmuraba Kiyoshi-chan, rechinando sus bonitos dientes blancos.

-Hermanita, no digas eso. Estoy muy seguro de que no hay ningún tipo de relación enfermiza entre Tomonori-kun y su prima –aseguró Yuuki, con su sonrisa omnipresente pintada en el rostro-. Además de eso, ¿con que cuchillos harías semejante cosa? Kirisaki-san y yo te los confiscamos todos. Y si haces más, ya sabes lo que pasara, ¿no es así?

-Lo sé, Onii-san –refunfuño Kiyoshi-chan, molesta-. Tendría que volver a encerrarme en la Academia otra semana, hasta que mi emisión de rastro baje otra vez.

-Correcto. Así que nada de pasarse de lista, ¿comprendes? –ante mis palabras, ella dejo escapar unas maldiciones en voz baja, al tiempo que se cruzaba de brazos en el asiento-. Y cuidado con tus modales. ¿O prefieres quedar al cuidado de Aya?

Kiyoshi-chan dejo escapar un gruñido. Ella seguramente piensa que suena como una amenaza, pero es más comparable a un perrito que se ha portado mal.

¿Recuerdan lo que utilizó el Volumen pasado para esconder su rastro de todo el mundo? No usar su entendimiento de creación de armas, sino uno de modificación, con tal de disminuir la emisión. Es una táctica que se ha usado por siglos para no ser reconocido como un entendedor.

No hay manera de que tres genios puedan salir de vacaciones sin llamar la atención. El rastro de un genio ya es enorme, con nosotros en el mismo lugar sin duda alguien va a notarlo. Necesitamos una manera de anular nuestros rastros.

Para eso se inventó el Espacio, pero somos Tipo Material, no Tipo Mental. Ninguno puede hacer un Espacio perfecto, a diferencia de Tsuruya y Shiro. Con nuestras técnicas incompletas sólo somos capaces de bloquear una parte de nuestros rastros, así que tenemos que recurrir a este tipo de tácticas para pasar desapercibidos fuera de la barrera de Danger.

Desde la semana pasada, no hemos usado nuestros poderes.

Bueno, estrictamente hablando, quebré eso ayer cuando rehíce la puerta de la habitación de Takane-chan, pero no importa. Puedo calcular mi emisión de rastro, y tengo un Espacio lo suficientemente bueno para contener algunos usos deliberados del entendimiento temporal. Aun así, estoy casi en el límite, así que será mejor no hacer tonterías.

Yuuki debe estar en una situación parecida a la mía. Sé que sólo ha usado una ficha para vigilar a Kiyoshi-chan ayer, cuando fue a casa de Tsuruya. Ella es quien más complicada esta, su Espacio es apenas aceptable. Puede contener el rastro residual de la semana pasada, pero si vuelve a usar ese entendimiento, habrá fugas.

Es una buena excusa que tenemos para que se mantenga calmada.

En este momento, estoy en el asiento del acompañante de una discreta camioneta negra. La misma está siendo conducida por un auxiliar de la Academia Jikû. El sujeto no ha dicho una palabra en todo el trayecto, casi parece que fuera un robot o algo parecido.

Detrás de mi esta Takane-chan, quien no tiene ningún problema con rastros residuales debido a su Espacio perfecto. A su derecha esta Yuuki. Y a la derecha de él, Kiyoshi-chan, refunfuñando. Shiro viene con el equipaje, ya que fue imposible hacerlo desprenderse de ese gato de la cola peluda. Además, trae una ardilla metida en su bolsillo; y un pájaro raro de color azul eléctrico parado sobre su hombro. Por lo menos, sus animales se comportan perfectamente, a diferencia de cierta chica.

-Estúpido sempai, ¿por qué tiene que traer a una súper sexy prima lujuriosa seductora? ¡Es ridículo! ¡Es muy obvio que yo soy más linda que ella! ¿Qué le vio? ¿O es por el sentimiento prohibido de poner sus manos encima de un pariente? ¡Seguro que ella lo sedujo con ese cuerpo curvo podrido inmundo deforme lleno de grasa inútil y asquerosa!

-Hay tantas cosas que podría reprocharte… ¡Ni siquiera sé por cual empezar! –le lance una mirada afilada, haciendo que se encogiera en el asiento-. Por favor, Kiyoshi-chan, no me hagas amordazarte, ¿bien?

Ella asintió lentamente.

Yuuki se estaba aguantando las ganas de soltar una carcajada.

Por otro lado, Takane-chan sólo mira aburridamente por la ventana. No ha dicho una sola palabra desde que subimos al auto. Por lo menos tiene mejor aspecto que ayer, ya no parece una vagabunda drogadicta. Es probable que tenga miedo de decir algo erróneo y molestarnos, como si fuéramos los sirvientes de los Ishida.

Todavía no tuve tiempo de hablar con ella. No creo que se ponga a decir nada, pero no puedo estar segura. La parte de mi amenaza usando a los Ishida no me preocupa, puedo hacerlo ver como una broma de mal gusto. Sin embargo, lo del acoso sexual es otra cosa.

No quiero ni imaginar la cara de Kiyoshi-chan si se entera de las cosas que hice a sus espaldas. Especialmente cuando se entere adónde van a parar sus bragas desaparecidas.

-Parece que ya hemos llegado, Kirisaki-san –avisó Yuuki. El vehículo comenzaba a bajar su velocidad.

Nos detuvimos frente a la estación de trenes. El auxiliar no se movió del volante mientras sacábamos nuestro equipaje. Eche un vistazo alrededor, pero Tsuruya no estaba por ninguna parte.

-¿Y sempai? –preguntó Kiyoshi-chan, llevando a Shiro de la mano. El pájaro estaba en su hombro, y el gato dormía mansamente encima de una maleta con ruedas. No veo a la ardilla, pero esa debe estar escondida en algún lado.

-Llegamos temprano. Debería aparecer en unos minutos –respondió Yuuki, mirando su teléfono.

Terminado el trabajo de bajar las maletas, el robot encendió la camioneta, largándose tan rápido como había llegado. Suspiré. ¿De dónde sacó Miya a este sujeto? No esperaba al tipo más elocuente de la Tierra, pero por lo menos sería bueno que no pareciera como si estuviéramos en plena misión de espionaje.

Takane-chan, completamente apática, comenzó a escribir algo en su celular. Mirando de reojo, me asegure de que los hermanos estaban ocupados con el chico albino. Me acerque a ella, pero ocultó el Smartphone cuando intenté mirar la pantalla.

-Espero que no estés haciendo nada extraño, ¿verdad? –pregunté, tratando de sonar desinteresada.

-No –su respuesta fue escueta. Evitaba encontrarse con mis ojos.

-Oye –le tomé el brazo suavemente, causando que se sobresaltara-. Sobre lo de ayer… Sabes que no era tan en serio, ¿verdad?

-¿Oh? ¿Qué parte? –me lanzó una mirada furiosa con disimulo-. ¿Qué eres un perro de los Ishida? ¿Qué estabas intentando intimidarme para traerme? ¿O tienes por hobby manosear a chicas más jóvenes?

Diablos. Es más perspicaz de lo que pensaba. ¡Estúpida característica de los Tipo Mental! Si sólo ella y Tsuruya fueran como Shiro, todo sería más fácil.

-Para responder a tus preguntas… No soy el perro de nadie. Simplemente me sirvo de cualquier arma para lograr mis objetivos. Y sí, me pasé con la amenaza, me disculpo. En cuanto a mis hobbys, mis preferencias son mi asunto.

-¿Preferencias? –lanzó una mirada a Kiyoshi-chan, que estaba ocupada acariciando al gato dormido-. Tú y ella…

-¿Crees que le haría eso a una cosita inocente y adorable como ella?

El rostro de Takane-chan se estaba poniendo rojo lentamente.

-Lo que ustedes hagan no es de mi incumbencia. Por cierto, ¿podrías soltarme?

Deje ir su brazo. Inmediatamente, puso un paso de distancia entre nosotras.

-No vuelvas a tocarme. ¡Pervertida! –por suerte, lo dijo en voz baja-. Si vuelves a ponerme un dedo encima, se lo diré a todo el mundo.

-Muy bien –alcé las manos, en señal de paz-. No te tocare. ¿Tenemos un trato?

Alargué la mano para estrechársela. Takane-chan la ignoró, dándose la vuelta.

Ah… Eso salió bastante mal. Por lo menos conseguí convencerla de no decir mi pequeño secreto. Es un trato justo, así que no le daré más vueltas. No voy a gastar mi arma secreta en una discusión banal.

-¡Ahí viene sempai! –gritó Kiyoshi-chan, señalando a un auto que se acercaba rápidamente. Era un modelo nacional de hace unos años, bien cuidado.

Se detuvo. El conductor, a quien identifico como Tsuruya Mikuni, apaga el coche. Un segundo después, la puerta del acompañante se abre, revelando a un Tsuruya bastante nervioso.

Primero lo primero, la cortesía. Me acerqué al padre de Tsuruya, quien estaba bajando tranquilamente, a diferencia de su hijo.

-Tsuruya-san, supongo –realice una inclinación rápida-. Mi nombre es Kirisaki Ruri, jefa del club. Encantada de conocerlo.

-El placer es mío, señorita. Veo que mi hijo está en buenas manos –por un segundo, tuve la desagradable impresión de que había mirado más abajo que mi mentón. Suele suceder-. Estoy agradecido de ver que se ha unido a un buen club, para variar. No todos pueden tener Tesoros Nacionales…

-¡Otou-san! ¡Creí que ya habíamos discutido eso! –gritó Tsuruya, que había pasado de la preocupación a la ira en un instante. Su hermano menor, a punto de bajar del auto, reprimió a duras penas la risa.

-Hijo, no hagas un escándalo por una broma inocente.

-¿Qué tiene de inocente? ¡Si ella se da cuenta, va a molerme a golpes!

¿Si me doy cuenta? ¿Acaso ese idiota cree que no voy a notar que llamaron ‘Tesoros Nacionales’ a mis pechos? No hay forma de no darse cuenta, especialmente con esas miraditas de reojo que intentan esconder.

Hombres mirando mis pechos es cosa de todos los días. Es una de esas molestias que me estresan mucho, y me hace querer reventarles la cara a puñetazos. No sé cómo Miya no se molesta por esto.

Y si, sé que algunos imbéciles entre el público deben estar pensando en ese asunto. “¿Por qué te pusiste un cosplay atrevido antes si no te gusta que te miren?”

Tengo una pregunta que hacerles a esos idiotas: ¿Por qué les importa tanto? ¿Creen que una chica quiere que la miren con lujuria o la acosen sólo porque se puso una minifalda?

Eso es estúpido. Que una chica use ropa atrevida no les da una excusa a los hombres pervertidos de acosarla. Podemos vestirnos como queramos. Yo puedo usar la ropa que quiera, y ahora mismo no llevo nada llamativo, así que no entiendo porque el pervertido padre de Tsuruya tiene que mirar mis pechos.

Ah… Supongo que de tal astilla, tal palo. No sé ni porque me estoy sorprendiendo.

-Tsuruya-san, déjeme asegurarle que cualquier cosa que su hijo le haya dicho sobre mí es una exageración sacada de contexto, producto de una mente muy fructífera a la hora de inventar excusas –interrumpí la discusión padre e hijo con una corta explicación, la cual es una obvia mentira a oídos de ese lolicon pervertido. Sin embargo, espero que una discusión adulta haga que este hombre reaccione como tal, y deje de comportarse como un adolescente en celo.

-Estoy seguro que sí. Mi hijo es una persona que suele dramatizarlo todo –con una sonrisa, su parte que es padre reaccionó-. Espero que disfruten mucho de este viaje. ¿Podrás tratar con él y su hermano? Juntos son mucho peores.

-Le aseguró que sí. Un par de niños en plena pubertad no son la gran cosa. Cuando vuelvan, van a estar mucho más calmados que antes, se lo prometo.

Tsuruya-san soltó una risa alegre.

-Muy bien. Y, te lo advierto, también deberías tener un ojo en Touka. Ella puede ser más problemática que los dos juntos. Los tres al mismo tiempo… Aún recuerdo lo difíciles que eran de pequeños.

¿Un trio de chicos problemáticos? ¿Qué sigue, me crecen orejas en el pelo y me convierto en Kuro Usagi? Si eso llega a pasar, por favor, que nadie se vuelva Shiroyasha. No me malinterpreten, adoro a esa pervertida, pero no quiero tenerla entre mis pechos 24/7.

-Créame, tengo experiencia tratando con chicos problema.

Miré detrás de mí, viendo como Yuuki detenía a su hermana de lanzarse a derribar a Tsuruya al suelo. Takane-chan ignoraba a todo el mundo, escribiendo cosas en su celular. Shiro se había quedado parado, muy quieto, mientras el pájaro en su hombro y la ardilla en su cabeza atraían la atención de los transeúntes.

-Ya veo –el padre de Tsuruya asintió con la cabeza, viendo la situación-. Mi esposa debe estar por llegar con nuestra sobrina. Por cierto, me recuerdas a ella.

-¿A su sobrina? –respondí, con una sonrisa presumida.

-No, a mi esposa. Ustedes dos tienen la misma… No sé cómo explicarlo. ¿La misma aura? –se encogió de hombros, confundido.

Un segundo después, otro auto se estacionó junto a nosotros. Este era importado, nuevo y reluciente. Si los transeúntes ya nos miraban por el comportamiento de estos chicos problema, ahora no podían sacarnos los ojos de encima. Casi siento como más de un hombre mira donde no debería. ¡Estúpidos pervertidos!

Del asiento del conductor bajo una mujer que también reconocí. Tsuruya Hikari rodeó el carísimo Maserati, abriendo la puerta del acompañante.

-Touka-chan, llegamos. ¡Despierta!

Frotándose los ojos, una chica emitió un largo bostezo mientras recogía una maleta bastante grande.

Wow. En serio. Tuve que controlarme mucho para no quedarme tiesa y boquiabierta.

Ella es muy hermosa.

Su piel bronceada relumbra en un tono similar al chocolate. Ese cabello castaño rizado y llenó de broches es precioso. Y tiene unos ojos oscuros como la obsidiana, profundos como el Vacío del Universo, y brillantes como las estrellas.

A diferencia de mi cuerpo desproporcionado, sus curvas son perfectas. Las caderas son igual de anchas que los pechos. La cintura no es demasiado estrecha, ni demasiado rellena. Su cuello está perfectamente delineado, sus muslos tienen el tamaño justo. No hay ninguna forma en que pueda decir que no es preciosa y perfecta.

Si tuviera que ponerla en un ranking de belleza, le daría el top 4, desbancando a la misma Miya (jamás lo admitiré frente a ella). Ayano es muy difícil de mover de su sólido tercer puesto. El top 2 es para Kiyoshi-chan, pero esa es únicamente una preferencia personal. Y creo que no tengo que decir a quien puse en primer lugar. Sólo la vi una vez, y fue suficiente…

¡Ah, mierda! ¡¿Qué carajo es lo de arriba?! ¡Por favor, ignoren los tres párrafos anteriores! Siento como si mi lado homosexual me hubiera poseído por un instante. Hagan como que no han leído nada… ¡O ya verán!

-Encantada de conocerte. Mi nombre es Kanagawa Touka –ella me saludó a mi primero. Su sonrisa es cordial y aventurera-. Estoy en Segundo Año de Preparatoria. Mis aficiones incluyen la natación, el boxeo, las películas de acción, y el ramen de carne. ¡Muchas gracias por esta oportunidad!

Kanagawa Touka hace una reverencia frente a mí, haciéndome sentir incomoda. Ahora puedo notar que es casi tan alta como yo. Viste ropa ligera, shorts, y unas medias de nailon debajo de ellos. Considerando sus autoproclamadas aficiones, creo que es un poco marimacho.

Perfecto. También me gustan así. Mujeres, hombres, ¿cuál es la diferencia?

¡Ah, rayos! ¡Ya cálmate, Ruri! ¡No es momento de pensar cosas pervertidas! ¡Si te pones así con una chica que apenas conoces, terminaras babeándole el traje de baño a Kiyoshi-chan!

-Kirisaki Ruri, Tercer Año. Mis aficiones incluyen la lectura, el karate, la música pop, y hacer cosplay –le devolví la reverencia. Mi cintura no estaba acostumbrada, así que dolió un poco-. Estoy segura de que nos llevaremos muy bien, Kanagawa-san.

-Por favor, llámame Ka-chan –me dio una mirada picara-. ¿Está bien que te llamé Ruri-chan?

-Demasiado lindo para mi gusto –respondí, con una risa nerviosa.

-Que lastima. Suena tan adorable… Pero es cierto, no combina. Kirisaki-san parece más bien una Onee-chan sexy –murmuró, con una sonrisa maliciosa.

Sin duda, esta chica es pariente de Tsuruya. Nadie más se atrevería a decir semejante cosa apenas conocernos. Aunque no es nada malo que ella me considere sexy. Nada malo.

-Por favor, disculpa a mi sobrina impertinente. Es demasiado masculina para ser tan guapa –Tsuruya Hikari puso una mano sobre el hombro de Ka-chan, provocando que ella se pusiera tensa-. Le encanta poner incomoda a la gente en su primer encuentro, igual que a mi hermana. El abuelo solía decir que toda su familia era extraña por naturaleza. ¿Tenemos algún gen raro?

-El Asperger suele ser genético –respondí educadamente, intentando despejar la densa atmósfera que producía la presencia de esta mujer-. Muchas grandes figuras de nuestra época lo tienen, así que no debería ser tan malo.

-Eso sólo depende de la crianza, la parte más difícil –lanzó una mirada a sus hijos, poniéndolos nerviosos-. Tomonori ya es un caso perdido, pero creo que Kyousuke tiene esperanzas.

-¡Ka-san! –se quejó Tsuruya, apartando la cara violentamente-. ¡Deja de hacerme quedar mal!

-Tomonori, yo no te hago quedar mal. No necesitas mi ayuda para eso –su hijo no pudo replicar nada, fulminado por una mirada sumamente inquietante-. Ruri, ¿puedes venir conmigo un segundo? Hay algo que quiero discutir contigo.

La acompañé hasta unos diez metros de distancia. Le dimos la espalda a los demás, mientras hacían sus presentaciones. Noté que se veía un poco incomoda al tener que mirarme hacia arriba, probablemente porque tiene edad para ser mi madre.

-Seré directa –musitó, al tiempo que sacaba un chicle de nicotina de su bolso y se lo ponía en la boca-. ¿Cuál es la verdadera razón de esto?

¿De qué está hablando? No hay manera de ella sepa nada sobre…

Qué diablos… ¿¡Qué pasa con esa mirada!? ¡Es aterradora! ¡Esta mujer parece el Mal en persona! ¡Puedo ver algo extremadamente peligroso en la profundidad de esos ojos oscuros! ¡¿Ella es algún tipo de monstruo?!

-Dime, Ruri. ¿Por qué una simple líder de un club en el que mi hijo apenas ha estado menos de una semana tiene reservaciones para un hotel recién abierto en Okinawa?  ¿Desde cuándo se le dan tantos favoritismos a una amiga del colegio? ¿Y por qué trae a gente que apenas conoce con ella? Yo notó un montón de cosas sin sentido allí. Y cuando hay cosas ocultas, significa que alguien tiene malas intenciones.

Su mirada oscura no me dejaba escapar, exigiendo una respuesta.

-Yo… Yo… –tomé aire apresuradamente, buscando ideas-. Ishida Kitsumiya es la hija más joven de la rama principal, que ya tiene otros siete hijos. Nadie esperaba nada de ella, no hubo ningún esfuerzo por criarla adecuadamente. Desde que nació, estuvo completamente sola y sin ningún amigo. La única persona que le prestaba atención era su hermano más cercano, Ishida Koutarou. Tiene un grave complejo de hermana, así que le da todo lo que quiere. Y como tampoco tiene muchas amigas, me haría cualquier favor que le pida. Incluso pagarme unas vacaciones.

-¿Así que tú le pediste que te diera las invitaciones? ¿Por qué?

¡Tengo que pensar en algo! ¡Algo que no suene como una mentira! Si quieres mentir bien, tienes que mezclarlo con verdad para que no encuentren donde empieza lo falso. Tiene que haber algo que pueda decir, algo que sirva para justificar el viaje…

¡Lo tengo! ¡Puedo usar eso!

-Creo que ya debería haber notado el interés de Kiyoshi-chan en su hijo –ella asintió lentamente-. Pensé que, ya que es un otaku, vivir un poco de su mundo soñado podría hacer que pierda sus inhibiciones y piense en tomarla más en serio. Una isla es el sitio perfecto para un escenario de comedia romántica.

Tras escuchar mi explicación, Tsuruya Hikari cerró sus ojos.

Y luego comenzó a reírse.

¿Eh? ¿De qué se está riendo? ¡Hace un segundo me tenía aterrorizada! ¿Qué es lo gracioso?

-Disculpa, Ruri. No pude evitarlo –una nueva carcajada-. Ese tipo de táctica ridícula sin duda funcionaria con Tomonori. ¡Es un gran plan!

-¿En serio? –solté una risa nerviosa. El ambiente había cambiado con demasiada brusquedad-. Ya que es muy estúpido, pensé que era la clase de cosa que le encantaría.

-No te equivocas –ella abrió sus ojos. Ya no había hostilidad en ellos, sino esa burla que caracteriza a esta familia-. Aun escondes algunas cosas, pero no creo que importen. Sin embargo, me parece curioso que intentes juntar a una chica tan linda con Tomonori. ¿No te preocupa?

-En lo absoluto. Mantendré sus correas firmes y tirantes. Ellos no harán nada que no les autorice. ¿Está bien con eso?

-Perfecto. Casi había perdido la esperanza de que consiguiera una novia de forma legal –comenzó a reírse, mientras meneaba la cabeza-. Pero no hagas que vayan muy rápido, o se volverá un idiota.

-Tiene razón. No lo haré. No puedo tener idiotas en mi club –intenté imitar su sonrisa maliciosa-. Y si fallamos con Kiyoshi-chan, hay un Plan B.

-¿En serio? ¿De dónde sacarías otra niña adorable que esté interesada en él?

Una cierta Hikikomori estaba pasando por mi cabeza.

-Créame, eso está arreglado. Sin embargo, me gustaría que sea Kiyoshi-chan. Ella necesita urgentemente distraerse –recordando lo que había estado haciendo los últimos años, era realmente necesario. No quiero tener que volver a tratar con su absurdamente molesto complejo de hermano.

-Eres muy confiable, Ruri. Eso no es fácil de conseguir –su sonrisa maliciosa se intensificó. Parecía la boca de un escualo, sólo le faltaban las filas de dientes puntiagudos-. Confió en ti. Lo harás bien. Eres una chica fuerte.

Bajé la cabeza, ligeramente avergonzada.

-¿Yo, fuerte? Tal vez me confunde, Tsuruya-san. No soy tan fuerte como debería.

-No es así. Fuera de mi familia, eres la octava persona que ve mi Verdadera Naturaleza y no desvía la mirada ni un segundo. Eso no lo puede lograr cualquiera –su sonrisa se volvió mucho más amigable-. Es lo que yo buscaría en una hija.

-¿Una hija? –pregunté, tratando de que mi cara no comenzara a enrojecerse de vergüenza.

-Sí. No logramos tener una. Por eso intentamos usar a Touka-chan como sustituta, casi como una hermana mayor, pero ella resultó ser igual que ellos. Aun así, su influencia los ayudo un poco. Tú puedes terminar el trabajo. Por experiencia, sé que para controlar a un chico problemático se necesita una mujer fuerte –soltó una risita malévola.

-Su marido sigue siendo un pervertido –repliqué.

-‘Controlado’ no es lo mismo que ‘suprimido’ –ella dio un suspiró-. Tendré que tener una ‘conversación’ con él.

Por un instante, vi esa “Verdadera Naturaleza” asomar en su cara, pero enseguida se desvaneció.

-Muy bien. Nuestra charla se ha alargado demasiado. Creo que sería hora de…

-¡SÚPER LINDA!

Ambas nos dimos la vuelta, sorprendidas.

Ka-chan tenía a Kiyoshi-chan agarrada de la cabeza y enterrada entre sus pechos. Saltaba de alegría, mientras todos los presentes nos quedábamos mirando.

Estoy muy segura de que nadie se esperaba eso.

Por cierto, me está corroyendo la envidia por dentro, pero eso no importa ahora mismo.

-¡Wah! ¡Me ahogó! ¡Me ahogó! –Kiyoshi-chan chilló como un ratoncito asustado, zafándose del apriete. Corrió a esconderse tras la espalda de Tsuruya-. ¡Sempai! ¡Aléjala de mí!

-¡Ni loco me meto en su camino! –respondió este. Trató de sacarse a Kiyoshi-san de encima, pero era mucho más fácil decirlo que hacerlo. Ella se le pegaba como una garrapata, tratando de usarlo como escudo.

-¡Tomo-chan, muévete! –ordenó Ka-chan.

-¡Lo estoy intentando! ¡Es difícil!

-¿Por qué no lo intentas un poco más, Nii-san? –se burló Kyousuke.

-¡Cállate, idiota! ¡Si tienes tiempo para burlarte, dame una mano!

Ka-chan apartó a Tsuruya bruscamente, dirigiendo una mirada hambrienta a Kiyoshi-chan. Sus dedos se agitaban siniestramente en el aire. Estaba a punto de lanzarse encima de ella, y apachurrarla como un animalito peludo.

-¡Onii-san! ¡Ayúdame! –chilló Kiyoshi-chan, evitando por poco las manos de la chica. Yuuki hizo como que no escuchó nada, así que fue por la siguiente opción-. ¡Ruri-nee!

Corrió hacia mí a una velocidad que rayaba lo sobrehumano, y sin usar entendimiento. Con una mirada de terror desorbitado, se escondió tras mi espalda, aferrándose a mi cintura como si la persiguiera una horda de zombies.

-¡Ella es rara! ¡Tengo miedo! ¡Es como un sempai súper pervertido con pechos enormes y olor a champú! –hablando como ametralladora, Kiyoshi-chan se asomaba detrás de mí-. ¡Sálvame! ¡Por favor!

Que yo recuerde, hace unos minutos estabas diciendo que le cortarías la mano.

¿Ven por qué es imposible que ella haya matado a alguien? ¿Alguna vez han visto a un asesino tener una reacción tan linda? Cada vez que Tsuruya se asusta por su acto de Yandere, me dan ganas de reírme. ¡Es tan tonto!

-Kirisaki-san, por favor… ¡Es tan linda! –balbuceó la prima de Tsuruya. Sus ojos y boca estaban completamente abiertos, formando una expresión increíblemente obscena. Si fuera un hombre, ya lo habría derribado de un puñetazo.

-¡No! ¡Que no se me acerque! –chilló Kiyoshi-chan.

-Mmm… No lo sé… ¿Te comportaras? –la mire de reojo.

Su rostro asustado se arrugó de irritación. Dejó escapar un ruido entre dientes, quejándose. Y luego asintió una vez con la cabeza.

Intercambie una mirada con Tsuruya Hikari.

-Touka-chan, es suficiente –la mujer colocó una sonrisa maliciosa, sólo una advertencia.

-Está bien –respondió Ka-chan, aunque a regañadientes. Ni siquiera intentó protestar.

Tengo que aprender a hacer eso. Meterles miedo a los idiotas a puñetazos es divertido, pero hacerlo con sólo una mirada… ¡El maldito nirvana!

-Chicos, miren la hora –exclamó Tsuruya Mikuni, fijándose en los horarios exhibidos en los carteles electrónicos-. ¡Vuestro tren saldrá en cualquier momento!

En realidad, no es así. Ese tren no saldrá si nosotros no lo abordamos. Pero nadie aparte de mí tiene porque saberlo, por supuesto.


Tras algunas conversaciones banales y despedidas (Tsuruya Mikuni se puso muy emocional, para tormento de sus hijos), abordamos nuestro tren.

-¿Todo el vagón es nuestro? –preguntó Ka-chan, con una gran sonrisa, caminando entre los asientos vacíos con rapidez.

-Apenas hay gente en este tren, así que no hay problema. Siéntense donde gusten –contesté.

Miya nos hizo el favor de reservar extraoficialmente este tren. Todos los otros pasajeros son agentes de seguridad, observadores, y algunos actores que están de relleno. Espero que ninguno sea espía o algo así, ya tuve suficiente de ellos con lo que pasó la otra vez.

Por cierto, ya que lo mencioné, haré un pequeño resumen de lo que hemos averiguado hasta la fecha. El par de idiotas que capturé junto a Danger no han parado de hablar, pero no han dicho nada que sirva. Por el contrario, Pyromancer esta callado como una tumba.

Encontraron ADN de Nonomiya en el edificio de Archivos, pero él se ha hecho humo. Ni siquiera hay cuerpo, así que no sabemos si está vivo o no. Según Kiyoshi-chan, lo dejo escapar luego de asustarlo un poco. Lo más probable es que huyera con alguno de los rezagados de Ellos en el ataque. Si lo llego a ver, me voy a divertir mucho dándole su merecido.

En cuanto a Owari no Sensou, es otro callejón sin salida. Desapareció de la faz de la Tierra, y junto con él varios documentos valiosos. Investigar su entorno no llevo a nada. Su familia era muy pobre, así que asistía a la Academia bajo la excusa de un trabajo, y ellos recibían su supuesto sueldo. Sin embargo, un incendio arrasó su casa el año pasado. No hubo sobrevivientes. Tampoco encontraron evidencia de que fuera intencional, sino que fue probablemente culpa de un cable viejo que hizo cortocircuito.

Por esas razones, los altos mandos no tienen ni la más remota idea de donde esta Morimura Kengo. Sin embargo, lograron darse cuenta de que su habilidad es mucho más poderosa de lo que sabíamos. Evadió a todos sus perseguidores sin ayuda ni violencia. Es probable que sea un genio del Tipo Mental, como mínimo. Y no sabemos que puede hacer, o cuanta información ha filtrado al enemigo. Es un dolor de cabeza importante.

En cuanto a la investigación de ese rastro obscenamente poderoso, es confidencial. No sé mucho más que antes. Si fue un Monstruo, un Demonio, o cualquier otra cosa, ni idea. Sé que fue cerca de donde estaba Tsuruya. Causó un gran daño al edificio, salvándole de Akire en lo que Kaminari se presentaba. Pero eso es todo lo que he podido averiguar.

Por cierto, el resto de la banda de Nonomiya tuvo una suerte de espanto. La mitad fueron colgados por Daimondai, quien desapareció luego de terminada la batalla. Y a la otra mitad hubo que recogerlos del suelo. No tengo idea de cómo hicieron para saber de quién era cada parte, estaban despedazados de tal forma que me dio nauseas.

Por alguna razón, cuando interrogaron a Tsuruya por eso, él afirmó que Shiro era responsable. Entiendo que pueda pensar que Kiyoshi-chan es peligrosa, pero eso fue pasarse de la raya. ¿Shiro haciendo esa masacre? ¡Has leído demasiado manga gore!

Producto de todo lo ocurrido, fui elogiada por algunos superiores por el manejo de la situación. Ellos parecían convencidos de que todo era parte de mi plan, o algo así.

La verdad, más del 70 % fue pura improvisación. Que hayamos logrado resultados tan buenos es producto de nuestra buena suerte. Me dio un poco de pena tomar el crédito, pero realmente necesito hacer algún mérito. Me acerca más a mis metas.

Por otro lado, han cambiado el rango del Grupo S. Estamos en el segundo lugar de la Academia en cuestiones de poder, según el ranking no oficial de los superiores; sólo por debajo del Grupo H, quienes están de vacaciones con su permiso especial por haber ganado la Battle Royale del año pasado.

¡Eso sí que me molesta! ¡Se supone que son los más fuertes, y cuando más los necesitamos están alardeando del maldito permiso especial que yo debería haber conseguido! ¡Si no fuera por Nameless, no habría perdido el año pasado!

Oh, y hablando de esos permisos, están más estrictos que nunca. Kiyoshi-chan no puede poner ni un pie afuera sin autorización ahora que fue reclasificada como genio. Yuuki, luego de que derrotara a Uragirimono, también fue reclasificado como genio superior, que es lo más lejos que se puede llegar sin un entendimiento raro.

Por otro lado, yo no conseguí nada importante. El mérito por la derrota de Hanshakaiteki le corresponde a Danger. Me hubiera servido, pero tristemente, no contribuí en lo absoluto a esa pelea. Lo único que logré fue hacer un poco de drama, y patearles el culo a dos matones inútiles que él hubiera derrotado en segundos. Que decepción.

Lancé un suspiro irritado luego de recordar todo eso.

Volviendo a la realidad, todos han comenzado a acomodarse en los asientos. Kiyoshi-chan no se despega de Tsuruya, así que se ha formado un grupito con él y sus parientes. Yuuki se ocupa de que Shiro no haga nada extraño, y espero que esta vez lo haga bien. Takane-chan fue a sentarse al asiento más lejano, aislándose de todo el mundo, con su cara metida en medio de las páginas de un grueso libro. Intento mirar el título, pero el inglés se me da muy mal. Reconozco el nombre de Stephen King, pero apenas ella se da cuenta de mi interés, se aparta rápidamente.

Suspiré otra vez.

Este va a ser un lindo viaje, ¿verdad?

Bueno, supongo que es hora de ponernos manos a la obra. Hay algo que tengo que comprobar obligatoriamente.

-¿Me lo prestan un segundo? –pregunté, al tiempo que agarraba del hombro a Tsuruya. Le lancé una mirada que debería leerse fácilmente.

-¡Como quieras! –notó rápido mi mensaje. Se puso de pie, acompañándome.

Caminamos por el pasillo hasta la puerta del vagón. La abro. Este tren es tan rápido que sería peligroso caminar si no fuera por el último modelo de amortiguación. Hay cabinas especiales entre vagones que contribuyen a esto, como la que tenemos aquí.

-Vamos directo al grano –lo miré directo a los ojos, practicando mi cara aterradora estilo Tsuruya Hikari-. ¿Esta ella aquí?

-¿Te refieres a Ka-chan? ¿O a Kiyoshi?

-Deja de hacerte el idiota. Sabes a quien me refiero.

Los ojos oscuros de Tsuruya miraron a nuestro lado. Un hombre en sus veinticinco está apoyado contra la pared, leyendo atentamente un periódico de cabeza. Estaba vestido con una gabardina naranja muy sospechosa, un sombrero totalmente fuera de lugar, zapatos europeos de hace un siglo, y unos lentes cuadrados sacados de una película de espías.

-Haruhiko-san… Si va a usar un disfraz, por favor, hágalo bien. Su intento es tan miserable que da lástima –murmuré, mirando hacia abajo con evidente pena ajena.

-¿Uh? ¿Mi disfraz no es bueno? –replicó el sujeto, saliendo rápido de su papel de ignorante-. Estoy seguro de que lo estaba haciendo perfecto. ¿Dónde está el error?

Tsuruya se lo queda mirando, atónito. Al ver su cara, Haruhiko-san estalla en carcajadas.

-¡Eres tan divertido como me han dicho! –arrugó el periódico, guardándolo en su gabardina-. Mi nombre es Yoshida Haruhiko. Trabajo en el Departamento de Inteligencia de Nosotros como Agente de Campo Investigador y Observador de Seguridad.

-¿Es un agente? ¿Y qué hace en el tren? –preguntó Tsuruya, todavía en guardia.

-Estoy actuando como observador para mis superiores, la familia Ishida. Ellos quieren confirmación de que los pasajeros VIP están en camino.

-¿Pasajeros VIP? ¿La Niña Fantasma es tan importante?

-¡Por supuesto que lo es, idiota! ¿Te das cuenta de que ella es una figura misteriosa que otorga habilidades paranormales? ¿Qué no sabemos casi nada concreto? ¿Y por qué tú si puedes verla? ¿Qué te hace diferente? ¡Tenemos que encontrar respuestas a todos esos interrogantes! –le repliqué.

-¡Eso ya lo sabía! ¡Sólo pensé que, como no parecía que había algún tipo de investigación, se habían olvidado del asunto o algo!

-No es que lo olvidáramos, Tsuruya-dono. Fue pospuesto porque los altos mandos tenían cosas que discutir –Haruhiko-san explicó la situación con mucha tranquilidad, contrariando su sospechosa vestimenta-. La situación era tan irregular que no sabían que hacer. Hubo una intensa discusión, tras la cual se decidió dejar toda la investigación del asunto a la familia Ishida.

-¿Ósea que estas ‘vacaciones’ son para investigar si miento con lo de Rea? –Tsuruya se veía algo decepcionado. ¿Estaba esperando alguna cosa en especial?-. ¡Que fastidio! ¿¡Cómo quieren que explique algo que ni yo mismo sé porque ocurre!?

-No estábamos esperando que usted nos de todas las respuestas, Tsuruya-dono. La investigación es seria, no una caza de brujas –el agente se mostró cordial, intentando calmarlo. No tuvo mucho éxito.

-¡Ya deja de protestar! ¿Ella está aquí o no? –lo amenacé con la mirada. Parecía que no había mucho efecto, debe estar acostumbrado a cuando su madre lo hace. Sin embargo, luego chasqueo la lengua, ilustrando que estaba molesto.

-Si quieres saberlo, ¿por qué no le preguntas a ella?

Señaló detrás de mí.

Estaba dudando de si voltear o no, ya que seguramente va a intentar escaparse apenas lo haga, pero la expresión sorprendida de Haruhiko-san me convenció de que no era un truco.

Pero… ¿Qué carajo? ¿Una libreta voladora?

No, es un bloc de notas. Y, mientras yo estaba pasmada mirando el extraño suceso frente a mis ojos, una lapicera apareció en el aire, escribiendo en el bloc.

“Hola.”

Eso es lo que escribió la lapicera voladora en una nota flotante.

-Esto es realmente extraño –musitó Haruhiko-san, sosteniendo su barbilla.

La nota suspendida en el aire se dio la vuelta, y nuevas palabras fueron escritas en ella.

“Aquí estoy. No me iré a ninguna parte.”

-Como Yoshida-san debe saber, soy Tipo Mental, así que no puedo hacer que las cosas floten en el aire –se burló Tsuruya-. ¡Por lo tanto, este es un genuino fenómeno espectral!

-Oh… Vaya, supongo que tiene razón, Tsuruya-dono. Usted no puede ser responsable de esto –el agente se acercó, tratando de distinguir algún truco en el bloc de notas volador.

-Algo así ya había pasado antes con una taza de té –añadí.

-¡Bien, creo que el observador ya tiene lo que quería! Ahora, ¿alguien me explica que vamos a hacer ahora? ¿La comisión de investigación tiene algún plan para tratar de comprobar que no estoy inventando esto? –preguntó él, cruzándose de brazos con una sonrisa presumida.

Una nueva nota fue despegada del bloc.

“No lo estas entendiendo, Tomonori. La familia Ishida no está buscando comprobar si mientes o no. Ellos están tratando de probar que yo existo.”

Una conversación muy natural comenzó en estas extrañas circunstancias. Haruhiko-san y yo estamos tan sorprendidos que ni siquiera podemos intervenir.

-¿Qué tú existes? ¿Eso no está claro? Ellos debieron verte alguna vez.

“Ellos son Despiertos, hijos de personas que ya poseían el entendimiento. El antepasado de los Ishida que yo desperté, y que comenzó la línea genética de la familia, falleció hace varios siglos. Desde entonces, han estado buscando una prueba irrefutable de mi existencia.”

-¿¡Desde hace siglos!? ¡Están un poco obsesionados, ¿no crees?!

“Naturalmente. Muchos Despiertos han heredado de sus ancestros esa necesidad de comprobar mi existencia. Es la base de todos las sociedades que me rinden culto.”

-¿Qué te rinden culto? –el rostro de Tsuruya se puso completamente pálido-. Entonces, los Ishida están haciendo esta investigación…

-…Porque están dentro de una religión que adora a la Madre de Todo el Entendimiento, la Señora Rea –intervino el agente-. Fe que también es la mía, por cierto.

Apareció un tic en el ojo de este imbécil pervertido.

Y luego, un nuevo sonido de papel rasgado.

“No te preocupes, Tomonori. Me asegurare de que tus restos reciban el respeto que merecen. No dejare que los contaminen con sus experimentos.”

Creo que, en este momento, no necesito ver a la Niña Fantasma para saber que está sonriendo de forma traviesa. Igual que yo.

Ah… Este viaje va a ser muy divertido…

Continuara…

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