Werewolf & Assassin [Reboot] Capitulo 13

CAPITULO 13

 

El gordo de baja estatura levanto el brazo con el que sostenía el cuchillo de carnicero, mirando con ojos maliciosos al Peter de 13 años, quien no mostraba reacción emocional alguna y solo se quedaba allí parado, viendo a su verdugo, pedófilo y caníbal con ojos vacíos.

 

El perverso hombre desciende rápidamente la mano con el cuchillo hacia el rostro del chico, pero en el último instante cambia su dirección clavándolo en el potro de madera, Peter ni se inmuto en algún momento.

—Seria insatisfactorio cortar tu carne sin algo de juego previo, y tu linda cara… –Acaricia el hombre gordo una de las mejillas de su “producto” —Que mirada tan muerta, que mente tan quebrantada e inocencia destrozada, me gustan los niños así, me encanta oírlos gemir cuando ya están rotos por dentro, quiero oírte gritar mientras te rompo por fuera, jejeje… -Su baba se le caía a montón de tan solo mencionarlo.

 

Camino hacia el estante lleno de objetos de masoquismo, dejando el instrumento de corte allí pegado en el de tortura, cuando eligió la herramienta apropiadas para su “juego previo” siendo un látigo, volteo para ver al niño sosteniendo el arma cortante que tenía hace unos momentos, ahora en su mano derecha.

 

— ¡Vaya!, que ternura, ¿piensas matarme?, no seas tonto niño, aun si lograras matarme, ¿cómo saldrías de aquí?, no hay nada para ti en este mundo, tan solo eres otro pobre pequeño en la miseria sin un propósito, en el instante en que llegaste aquí tan solo te convertiste en una “mercancía” como muchos más, acepta las cosas como son –Se echa a reír.

 

Peter no reacciono de manera alguna a sus palabras ofensivas, incluso cuando el hombre gordo caminaba acercándose hacia él.

 

—Ahora dame eso y ponte de espalda, quiero oír tus mejores gritos.

 

Apunto de quitarle el cuchillo de la mano, en un movimiento veloz que los ojos del adulto pedófilo no pudo seguir y reaccionar a tiempo, el menor a quien tenía como blanco predilecto para abusar como quisiera tanto física como emocionalmente, se había revelado contra su rol, su expresión vacía pronto cambio a una maniática.

 

Desplazo la cuchilla con tal destreza, con tal fuerza y precisión, desgarrando la garganta del inmundo hombre bajo, la sangre brotaba a grandes chorros salpicando sobre Peter, la voz del pervertido sujeto no salía de su boca, quería gritar pero no emitía sonido alguno, la razón era increíble.

 

En tan solo esa tajada, el joven peliblanco cortó sus cuerdas vocales, no podía pedir ayuda ni tan siquiera manifestar el insoportable dolor que experimentaba mientras se moría desangrándose, solo podía observar el enfermizo y placentero rostro del menor gozando de lo que había hecho, sus últimas palabras las había dicho en su mente, “¿Quién es este pequeño demonio?”.

 

Cayo al suelo, muriendo en el acto tras la pérdida masiva de sangre, pero el chico no quedo satisfecho y empezó a cortar una, otra y otra vez, el cuerpo sin vida de su primera víctima, embestía con brusca fuerza el filo de la cuchilla en la cabeza del aun fresco cadáver, abriéndosela hasta deleitar su cortada masa encefálica que decoro el piso como el resto.

 

—Mate a alguien… -Dijo el chico peliblanco en sus pensamientos.

 

Era la primera vez que cometía un asesinato, asesinar una vida humana no era lo mismo que matar a un ave o aplastar un insecto, sintió una sensación diferente, la mayoría de alguien de su edad se estremecería de lo que había hecho y quedaría conmocionado, quizás traumado de por vida y con años de terapia para superar tal acontecimiento, pero Peter en cambio sintió…

 

—Que… ¡EMOCIONANTE! -Exclamo en su cabeza.

 

Una euforia sin igual hizo eco en las emociones del menor, como si probara por primera vez una sabrosa hamburguesa o estrenara una consola lujosa muy entretenida, un estímulo de júbilo sacudió su ser, era consciente de lo que hizo, era su voluntad, él había cometido asesinato y pese a saber todo ello, no había remordimiento alguno, solo un placer orgásmico como ninguno se había hecho presente en toda su vida.

 

El aura roja del pedófilo obeso que observo continuamente con su nueva perspectiva, había desaparecido, cuando la vida se extingue, también el aura en sus cuerpos, pues ya no había intenciones maliciosas en ello, solo muerte en todos los aspectos.

 

Pero no quedo allí la cosa, con su nueva visión sintió algo más, otra cualidad despertó, al otro de la puerta sintió dos auras rojas, eran de los matones fortachones que quedaron para vigilar y encargarse de la seguridad del cliente, pese a no verlos físicamente, podía sentirlos como si los observara a través de esta, era como tener un radar en la cabeza que captara a individuos potencialmente peligrosos.

 

Peter se acercó lentamente a la puerta, al estar descalzo casi ni se percibía el sonar de sus pisadas, coloco una de sus orejas sobre la puerta para oír a los matones hablar entre ellos.

 

—Oye, necesito echar una meada rápida, enseguida vuelvo –Le dijo uno de ellos.

 

— ¿En serio?, ¿justo ahora? –Le dice su compañero molesto.

 

—Ni que te fueras a morir solo por ausentarme unos putos minutos.

 

—Solo apúrate y si el jefe se entera, no cuentes conmigo para defender tu culo.

 

Peter sintió como uno de ellos se aleja hasta dirigirse a una dirección en concreto y salir del rango de su percepción única, había quedado solo el otro haciendo guardia, el rostro del chico peliblanco no pudo evitar sonreír con malevolencia y sujeto firme la empuñadura del cuchillo, para luego abrir la puerta.

 

— ¿Termino tan pronto?, bueno, tampoco soy quien para decirle al cliente como invertir su tiempo en la mercancía que… -Volteo el fortachón lentamente creyendo hablar con el ya fallecido gordo de baja estatura y quedar anonado al ver al menor de pelo blanco parado a solo unos centímetros suyos.

 

Con su cabello y ropa manchada de sangre y el cuerpo sin vida del estimado cliente, no pudo ni decir unas palabras o hacer algún movimiento de reacción, entre sus cejas tenía clavado con brutal presión de fuerza el cuchillo con el que tantas víctimas jóvenes menores de edad habían sido asesinadas con esta y ahora él se había convertido el siguiente.

 

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El segundo fortachón regreso para observar que su compañero no estaba en su puesto, miro en todos lados en vano encontrarlo en las proximidades, entonces noto el rastro de sangre salir bajo la puerta cerrada de la habitación donde yacía el cliente, eso le dio una mala sensación y un augurio de intenso nervio como terror.

 

Se acercó a la puerta, no sin antes tomar la pistola que guardaba en su cintura sobre la funda de esta, encima de la entrada, se dispuso abrirla lentamente hasta revelar que sus peores temores se hicieron realidad al ver los cuerpos sin vida tanto del cliente como de su amigo y lo otro que presencio, siendo lo último, fue a un ensangrentado chico puberto con un cuchillo clavándoselo en la cabeza, desde allí todo se volvió oscuridad para él.

 

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Peter ahora se encontraba en el taller con tres direcciones que elegir, había 4 caminos en total, el primer era el cuarto del que había salido, el segundo llevaba a la sala de celdas donde tenían prisioneros a todos los menores, el tercero conducía al pasillo que llegaba a la habitación del obeso pelón mandamás y el cuarto llevaba hacia unas escaleras, quizás en la última estaría la salida.

 

Pero él no quería salir de allí aun, había unos cabos sueltos que resolver antes, camino por la puerta que lo llevo al amplio pasillo con varias más, eligiendo aquella de color dorada, adentrándose al cuarto del individuo a quien más odiaba de momento, para su fortuna no percibió a nadie alrededor salvo a una persona, misma que tenía en frente.

 

Allí lo encontró, roncando completamente, en su lujosa cama durmiendo en calzoncillos con un antifaz para cubrir sus ojos y conciliar mejor el sueño, el rostro del chico peliblanco denoto una tenebrosa sonrisa de impuros deseos de venganza.

 

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El obeso hombre pelón mandamás de todo el lugar, despierte de su sueño, pero lo hace al sentir como todo una botella de vodka es vaciada al empapar su cara del licor, luego se le retira el antifaz para que pudiera ver que ocurría, hallándose con un inquietante escenario.

 

Para empezar, él se encontraba totalmente atado, cada una de sus extremidades sujeto con una firme soga, su boca estaba amordazada con una pelota roja y su ropa interior fue retirada quedando su vulgar miembro al aire, observo como el causante de tales hechos se le acerco con la cuchilla de carnicero en mano, eso lo puso aún más de los nervios.

 

—Tienes el sueño muy pesado, lo que me dio tiempo para aprovechar y debo agradecer que en esa estantería tuvieran todo lo que necesitaba –Dijo Peter hablando del mueble que albergaba los objetos de masoquismo —Ni te molestes en preguntar como llegue hasta aquí, explicar los detalles es tedioso y no tengo ganas, lo que importa es que justo ahora, te preguntaras, ¿qué es lo que te hare?, la respuesta claro es obvia, voy a matarte, pero lo hare de una manera tan ruin como tú se las has causado a otros, incluso lo intentaste conmigo.

 

El obeso entre miedo, con ojos lagrimando intentaba hablar, pero la mordaza en su boca le impedía formular palabras entendibles, Peter sin embargo sabía lo que quería decir, seguramente le ofrecería un trato de dinero y salir de allí a cambio de perdonarle la vida.

 

—No te equivoques, cuando te mate, tomare todo el dinero que pueda llevar para mi uso, pero antes, ya que disfrutaste con mi cuerpo, yo lo hare con el tuyo –Dijo poniendo la cuchilla a su vista —Me diste una cruel lección de la vida, los fuertes y oportunos son lo que viven mejor, llegue aquí siendo un pobre diablo, debilucho y de mente frágil, pero tras experimentar la crudeza de la realidad como alguien débil, acabe conociendo una parte de mí, una que me fortaleció, me brindo una nueva manera de ver las cosas y claro… ¡me entrego una maravillosa experiencia!, que voy a sentir con todo el dolor que voy a infligirte y te mate.

 

El obeso pelón, veía antes en ese muchacho, solo como un juguete de carne del momento con la cual satisfacer su parafilia, pero ahora lo observaba detenidamente viendo en él un monstruo, imaginando a causa del intenso miedo, una diabólica cara inhumana en Peter, una cara de faceta demoniaco que exhalaba fuego de los ojos y la nariz, tal era el punto de su alucinación que pensó que era auténticamente real y lo hacía agitar intentando en vano liberarse de sus ataduras, sin importar cuánto daño se ocasionaba en sus extremidades en el proceso.

 

Peter levanto en alto el cuchillo y sonriendo de manera maniática con su cara ensangrentada, la bajo con todas sus fuerzas, cortando el miembro del obeso pelón, el dolor que sentía al perder su masculinidad biológica era de proporciones colosales, de no ser por la mordaza, sus gritos quizás resonarían en todo el lugar.

 

Pero el chico no se detuvo allí, soltó de momento el cuchillo de carnicero y tomo dos objetos que obtuvo de la estantería de artículos masoquistas, teniendo en su mano derecha un martillo y en el izquierdo un consolador de madera pintado de negro con un tamaño aproximado de 30 cm.

 

Introdujo el juguete sexual de madera en el recto del obeso pelón, quien sintió el puntazo anal, pero apenas pudo introducir los primeros centímetros de dicho objeto, por ello, hizo uso del martillo y golpea el consolador como si fuera una estaca hundiendo hasta el fondo casi los 30 centímetros en el culo del sometido hombre.

 

Peter se deleitó con sus expresiones agonizantes, noto como la brutalidad de la tortura anal hizo que causara un notable sangrado en dicho orificio, echándose el menor de pelo blanco a carcajadas de su sufrimiento.

 

—¿¡Que se siente que te den por culo!?, ¡puto saco de grasa! –Exclamo con el último martillazo hundiendo los últimos centímetros restantes del consolador en el ano del sodomizado obeso.

 

Era ahora de su acto final, tomo la cuchilla nuevamente y la clavo en el regordete estomago del jefe, abriéndoselo como si le platicara una carnicera autopsia, dejando sus intestinos y contenidos estomacales a la vista, para entonces el obeso hombre ya había muerto.

 

—Lo conseguí, mate al hijo de puta que tanto despreciaba –Dice en voz alta con un rostro insensible — ¡Que sensación tan maravillosa! –Sonriendo de manera eufórica con sus brazos alrededor de su cuerpo.

 

Había asesinado a la persona que más odiaba, ya no tenía razones para quedarse, entonces se retiró del cuarto, tras comprobar que no había moros por las cercanías con su percepción única, en el trayecto noto que una de las puertas era diferente, a excepción de la habitación con la puerta dorada, todas las demás eran grises, pero una era de color roja.

 

Su curiosidad la llevo a abrirla, encontrándose con un cuarto oscuro, la presionar el único interruptor de luz, todo el lugar es iluminado con un rojo oscuro, revelando en el centro una silla de metal manchado con sangre seca, a su lado había una mesa llena de instrumento como pinzas, navajas, mazos, una sierra para cortar hueso y carne e incluso una bacteria de auto.

 

No tardo en deducir que era una habitación de tortura, estaba por retirarse hasta que vio unos bidones llenos de combustible, una macabra idea surgió en su mente, su último gesto antes de irse de allí para siempre.

 

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La puerta de la sala de celdas es abierto y para sorpresa de todos los menores cautivos, quien ingresa es Peter, denotando un asombro sin igual, no solo por verle en total libertad sin supervisión de los matones, sino por el aspecto escalofriante que resaltaba con toda la sangre cubriendo su cuerpo, todos ellos no tardaron en pedirle que los liberara.

 

Peter sonrió de manera sádica, haciendo oído sordo de sus réplicas y luego sale afuera de la sala un momento, regresando con un bidón lleno de combustible el cual empezó a rociar en el suelo y las celdas de alrededor con sus respetivos prisioneros, cuando termino de vaciarla, tomo otra que tenía afuera y repitió el mismo acto en los lados que aún seguían sin cubrir, dejando todo el lugar inundado del peligroso material inflamable.

 

Camina hacia la puerta, situándose en donde el combustible no estaba al alcance, mostrando ante todos una caja de fosforo, cada uno de los menores entonces sintiendo un horror de escalas pesadillesca, empiezan a rogar, suplicar tirado al suelo, llorando, que no lo hiciera, inclusive el trio de adolecente maniáticos, quien antes denotaba la imagen de un grupo temido, ahora se veían como un montón de cobardes implorando piedad con lágrimas y mocos saliéndole a chorros.

 

Peter puso su dedo índice y medio en el oído, poniendo una arrogante expresión de malicia.

 

—Que dulce sonido puedo oír de sus patéticos intentos de convencerme de algo que llevare a cabo, sin importar lo que digan o hagan –Dijo él en voz alta —Tengo motivos personales simples para hacerlo, todos me caen mal y quiero matarlos, es todo lo que necesitan saber, ahora…

 

Tomo un fosforo y lo encendió, el griterío de todos los menores encerrados se hizo más intenso, seguían suplicando que parara, que se detuviera, Peter siguió ignorándolos y procedió a arrojar el encendido cerillo que inicio el fuego en todo la sala.

 

—Es la melodía que tanto quería oír… que majestuosa sinfonía.

 

Gritos de inmensa agonía hicieron eco en toda la sala, las llamas cubrían a los menores cautivos, el dolor que exclaman era como una escena plasmada en la realidad de un infierno lleno de atormentadas víctimas.

 

Peter se retiró cerrando la puerta, podía oír el ruido de sus gritos aun aunque en menor medida, camino hacia el único camino que le quedaba por elegir, subiendo por unas escaleras, llega hasta un corredor en el que se encontraba una puerta con dos ventanas abiertas en sus lados y más adelante otras escaleras a la cual subir.

 

Su percepción le advirtió, sintió que adentro de aquella puerta, se hallaban numerosas presencias hostiles, eran los matones del gordo mandamás ahora muerto, parecían pasar el día allí de ocio hasta que se les llamaba para alguna orden de su jefe, Peter en plan sigiloso camina lentamente, agachándose para pasar de las ventanas abiertas, continuando hasta las escaleras del final.

 

Fue cuando al subir por estos últimos escalones, se halló con otra puerta, al cruzarla se encontró con la salida que buscaba, con sus descalzos pies sintió el frío suelo con nieve, observo un cielo totalmente nublado y nevoso, contemplando estas vistas desde un callejón en la noche.

 

Después de tres largos años, por fin se encontraba afuera, sus propios ojos lagrimaban con una sonrisa demencial, miro la billetera que había obtenido en un cajón de la habitación del obeso pelón, en su interior había más de 100.000 dólares en efectivo.

 

Puede que ahora vistiera con harapos viejos y sucios carente de calzado alguno, sintiera frio y fuera huérfano, pero ahora tenía toda la libertad que anhelaba y sustancial dinero con el que valerse, ahora era una lucha por su supervivencia en el exterior.

 

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El recuerdo finaliza allí y toda el área se vuelve blanco, retornando el Peter actual y la entidad fantasmagórica Licten.

 

—“El sueño acabo, hora de despertar, Peter” –Se despide el ente lobuno.

 

Todo el lugar comenzaba a tonarse en oscuridad, señal inminente de su salida del plano onírico.

 

— ¿Qué sentido tuvo todo esto?, fue una pérdida de tiempo, que estupidez –Opino Peter.

 

—“Puede que tu cuerpo este experimentando la inhumanidad en su forma física, pero tu pasado es un recuerdo y prueba, de que despojaste tu humanidad en espíritu” –Comento Licten.

 

—Tsk… ¿qué mierda filosófica me estas tirando?.

 

—“A lo que quiero llegar, desde la perspectiva de tu humanidad y la de Eliux, eres un monstruo, un engendro aborrecible peligroso para los de tu especie y considerado en toda regla como un enemigo de los humanos, todo a la vez, siendo aun biológicamente en aquel entonces un humano” –Explico Licten —“Entonces, incluso aunque seas despojado de manera biológica tu humanidad, ¿qué cambiaría en ti?, seguirías siendo un monstruo como lo has sido siempre, es lo que eres, serás y morirás siendo, fue en lo que te convertiste en el instante en que tomaste tu primera vida, Peter Garnier”.

 

Fueron las últimas palabras que escucho de Licten al acabar el sueño, su letargo culmina y sus ojos se abren en la realidad regresando a la habitación alquilada de La Osa Golosa, en ese instante noto algo entre sus piernas y estaba acompañado de lascivos sonidos relacionados con la saliva.

 

Mirando detenidamente vio a una mujer pelinegra de casi su misma edad, totalmente desnuda haciéndole una felación de forma tan animada y con un rosto extasiada, pero observo que en aquella chica había rasgos inhumanos.

 

Sus orejas eran puntiagudas y cubiertas de un pelaje grisáceo, incluso estaban presente también en sus manos y muñecas e incluso los pies, su cola era otra característica expuesta y al toque final eran sus llamativos amarillentos ojos y colmillos observables de su boca mientras lamia con toda lujuria el erecto miembro del joven peliblanco, ella era una mujer lobo.

 

Continuara…

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