Werewolf & Assassin [Reboot] Capitulo 11

CAPITULO 11

 

Una celda, era pequeña y sucia, y el nuevo hogar del pequeño Peter. El hombre del callejón resulto ser un secuestrador y entrego al niño por una suma de dinero, a otro grupo de individuos más peligrosos.

 

Pero no era el único desafortunado, pues la sala en la que se encontraba, era una llena de varias celdas, la mayoría ocupada por diversos chicos de su edad, los mayores tenían 13 años, una prisión donde la luz del sol no llegaba y los horrores se plasmaban en realidad.

Un grupo de dos hombres fortachones y un sujeto vestido blanco, se adentran al sitio encendiendo la luz de una bombilla, la persona de blanco miraba detenidamente cada niño enjaulado, estos temblaban horrorizados al sentir su mirada fija en ellos.

 

— ¡Ese, llévenselo! –Señalo.

 

Los fortachones abren la celda para llevarse al niño a la fuerza, el menor aleteaba sus extremidades y gritaba llorando inmerso en la desesperación que se detuvieran, pero inútil fueron sus resistencias y peticiones, pues fue arrastrado por la misma puerta por la que vino el trio de personas.

 

—Ese tipo de blanco de nuevo, solo significa una cosa… –Dijo a medias uno de los niños encerrados.

 

— ¿Q-que es lo que le harán? –Pregunto el pequeño Peter sumido en el miedo.

 

—Oh, eres el nuevo, ¿no?, puede que pronto lo averigües –Le dijo de forma nada amistosa el mayor de los cautivos.

 

Intensos gritos de dolor y agonía se oían al otro de la puerta por donde el niño fue llevado a la fuerza, eran del mismo menor, como si lo estuvieran despellejándolo hasta la muerte, sus gritos culminan a los siguientes segundos de empezar.

 

—No… no quiero estar… no quiero… -Decía en voz alta el pequeño niño peliblanco.

 

—Acostúmbrate chico, estaremos aquí para siempre o… hasta que muramos, como él –Le dijo el niño prisionero a su lado.

 

Todo lo que ocurría, el Peter de 18 años lo presenciaba, pues eran recuerdos de su pasado plasmado audiovisualmente por la entidad fantasmagórica a su lado.

 

—“Miedo, depresión, desesperación… era lo que sentías en tu primer día en ese lugar” –Le dice Licten.

 

—Lo recuerdo perfectamente, todo este sitio formaba parte de un cuartel de trata de personas, centrados especialmente al secuestro de menores y explotarlo para trabajos ilegales en la manufacturación de drogas –Revelo Peter —Lo tenía bien escondido de la ley, un gran sótano de varios pisos, el hijo de puta que mando a hacer este lugar sabia como hacer las cosas de manera discreta, y tan solo secuestraba varones, ya que tenía un colega suyo con quien tenía contacto cercano, que se centraba en otro lado en el secuestro de mujeres menores de edad y explotarlas sexualmente.

 

—“Pero tú y yo sabemos el final que se llevó este lugar, ¿no?”.

 

—Si lo sabes entonces termina con esta mierda, tengo mejores cosas que hacer en la realidad que verme en mi momento más patético y vulnerable de mi vida, siendo la perra de todos.

 

—“Jejeje, pero apenas hemos rasgado la superficie, aún queda mucho por ver, hasta llegar al gran momento de tu autentico surgir”.

 

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El escenario cambia a un taller donde los niños son forzados a trabajar, todos sentados alrededor de una sólida mesa de metal, los obligaban a manipular grandes cantidades de un sospechoso polvo azul y a colocarlo cuidadosamente dentro de muchas bolsas de plástico para darle forma de un bloque.

 

Tocar mucho tiempo el extraño polvo azul ocasionaba una molesta comezón en las manos y ellos eran obligados a trabajar sin poseer como mínimo unos guantes, era aguantar o ser apaleado por los numerosos guardias que vigilaban.

 

El recuerdo nuevamente se adelanta varios días después enfocado en el mismo taller, mostrando lo primera la crueldad de un guardia al sumergir la cabeza de uno de los prisioneros en un tambor lleno de agua, quita su cabeza del tambor al quedarle escasos segundos de oxígeno y lo tira bruscamente contra el suelo.

 

Todos los menores estaban reunidos y eran espectadores de tal maltrato, en compañía de los guardias y del mandamás del lugar, un obeso pelón de fea nariz, que deleitaba su vanidad con un traje elegante acorde a su talla, fumaba costosos habanos y caminaba con un bastón decorado con una reluciente piedra valiosa en la punta de esta.

 

— ¿Sabes lo que le ocurren a los escapistas? –Le pregunto el mandamás.

 

—L-lo s-siento mucho… no v-v-v-volveré a h-h-hacerlo…

 

—Por supuesto que no lo volverás a hacer –Chasquea sus dedos.

 

A la sala entra sus matones escoltando a un hombre alto de apariencia ricachón, de fino ropaje, con notable barriga y joyería en manos.

 

—Este de aquí es el señor “Chop”, uno de nuestros más queridos clientes, al señor “Chop” no solo le encanta nuestra droga, también tiene otros gustos “exóticos”, gustos que por cierto podemos brindarle como servicio –Dirige el gordo mandamás aquellas palabras a los menores —Yendo al grano, al señor “Chop”, le encanta fornicar niños y luego comérselos.

 

Tal revelación estremeció a todos.

 

—Y ahora, uno de ustedes será ofrecido para complacer la necesidad y demanda pagada por el señor Chop –Les dio otra mala noticia —Pero… por fortuna no habrá que elegir, pues ya tenemos al candidato por elección —Miro al niño que era castigado por la negligencia de escapar.

 

— ¡N-no… N-n-no p-por f-f-favor…!

 

El niño entrando en pánico ante el inminente destino que le deparaba, intenta en vano correr para alejarse, pero no había salida alguna y con tantos de los hombres del abusivo jefe, lo atraparon al acto y se lo llevaron a una habitación privada junto con el denominado señor Chop, quien en su mano llevaba un cuchillo de carnicero, mirando con lujuria y hambre al menor al momento de ingresar al cuarto.

 

—Espero que esto deje en claro lo que sucede cuando alguien se le plantea la sola y estúpida idea de escapar –Les dejo en claro el obeso jefe —Pero eso no es todo, verán, nosotros evaluamos su productiva y lo registramos en una tabla, o más bien dejamos al mejor de los nuestros con los números, para que se encargue del asunto, llegado cierto meses, tenemos una lista que nos dice quién es el menos empeño y corazón brinda en su trabajo, ¿saben lo que le pasa a quien está en el último lugar de la productividad?.

 

Todos recordaban al sujeto de blanco, la respuesta era él, era quien hacia las cuentas, era quien registraba la eficacia e inutilidad de todos los menores aprisionados y también era el juez que los enviaba a un trágico destino.

 

—Ocasionalmente, primero los vendíamos al mejor postor como un instrumento sexual, ni se imaginan la cantidad de compradores motivados que quieren hacerse con uno de ustedes y “darle todo su amor”, jejejeje… -Relevo el repugnante pelón —La segunda opción, era venderlos como “carne”,

 

Al otro lado de la habitación se podía oír los fuertes gritos del niño que había sido llevado a la fuerza, en conjunto con el sonido del metal afilado rebanar carne, todos temblaban, algunos lloraban y había quienes se agachaban en posición fetal con expresiones traumáticas.

 

—Descubrir una nueva clientela, que paga mucho más que solo para saciar sus carnales deseos, la fascinación por deglutir carne humana de niños, mírenlo de esta forma, ustedes son como “terneros” y ellos el cliente de un restaurante esperando su platillo, debemos ser profesionales y saciar la petición de los clientes –Una sombría y repulsiva sonrisa acompaño su rostro con ese último comentario —Y no se preocupen si el número de ustedes merma, de hecho, tenemos bastantes de donde traer a más pequeñas almas desafortunadas, así que ya lo saben, trabajen duro, esfuércense, para seguir viviendo otro día más, con un plato de comida y un techo en donde dormir, sean perezosos o rebeldes y el resultado… -Señalo la habitación de donde el niño escapista fue llevado —Espero que esta lección les haya llegado al corazón, jejejeje…

 

El recuerdo cesa allí y toda la habitación se vuelve blanca, yaciendo únicamente Licten y el Peter actual.

 

—“A partir de ese momento, aun siendo un debilucho cobarde, sabias que lo más inteligente era hacer lo que te pedían”.

 

—Ya lo sé, recuerdo perfectamente que mientras intentaba sobrevivir como el resto, no solo debía soportar el puto maltrato de esos matones.

 

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El recuerdo se enfoca a un año después, ubicándose en un extenso baño con varias regaderas, allí se les brindaba a los menores, la posibilidad de higienizar su cuerpo con un tiempo estimado de 20 minutos, después el paso del agua seria cerrado automáticamente y la ducha culminaría.

 

Cada niño totalmente desnudo, empezó a hacer uso de una de las regaderas, la escasa cantidad de jabones los llevo a tener que compartir lo que había entre ellos, parecía todo tranquilo, hasta que la intranquilidad se presenta con la llegada de un trio compuesto por los tres chicos de mayor edad, adolescentes de entre los 13 y 14 años.

 

Quienes desataron su propia crueldad y tiranía contra los suyos, con la finalidad desquitar su frustración y entretenerse, una rutina habitual, comenzando por tomar el jabón a la fuerza de uno de los chicos que lo usaba y luego lo golpearon entre los tres hasta dejarle en el suelo, riéndose mientras le ignoraban tras darle su paliza y se dedicaron a ducharse.

 

Los 20 minutos habían pasado y el agua es cortada, las duchas dejan de expulsarla dando la señal de retirarse del baño, a quienes se tardaban más de la cuenta el salir, los matones vendrían a buscarle y llevarlo a la fuerza a su celda totalmente desnudo.

 

Peter estaba marchándose entre nervios apurado por salir lo más pronto posible del baño, el trio de adolecentes solo podía hacerles daño cuando los matones no estaban cerca, cuando el chico peliblanco estaba a escasos centímetros de la salida…

 

—Oye, ¿a dónde vas con tanta prisa?.

 

Uno de ellos le bloqueo el camino y se le acerco sujetándole del cuello con un falso gesto amistoso.

 

—Debemos ir a la celda… o se enojaran con nosotros –Dice un atemorizado Peter.

 

—Oh, es cierto, pero no puedes irte así, mírate, no te has bañado bien, ¿no ves esa mancha que tienes allí? –Le dice el adolecente con una expresión malevolente.

 

—¿Cuál mancha?.

 

—Veamos, creo que esta… ¡AHÍ!.

 

Acto seguido le propina un puñetazo en el estómago a Peter, el chico peliblanco sumido en el dolor cae al suelo sollozando, mientras era rodeado por el trio de puberto maniacos.

 

—Oigan amigos, seamos buenos con él y “ayudémosle” a quitarle esa mancha –Propuso uno de ellos con intenciones viles.

 

—Pero no hay agua, ¿se te ocurra con que podríamos limpiarlo? –Pregunto haciéndose el ingenuo con un rostro malicioso.

 

—Yo tengo una idea –Sugirió el tercero con la misma perversidad que los demás.

 

El pequeño Peter estaba indefenso, tan solo podía dejar que los bravucones hiciesen lo que querían para que se aburrieran cuanto antes y le dejasen en paz, era la cruel realidad, entonces el trio por igual pensó y teniendo al peliblanco rodeado a su merced, se le ocurrió un ruin acto.

 

Empezaron a orinar, a desechar sus secreciones amarillentas sobre el pequeño Peter, quien tan solo en su defensa podía cubrirse la cara para que esta no empapara su cara, cuando el trio finalizo su humillante gesto, se marcharon del baño dejando al chico peliblanco impregnado con el mal olor sus orines.

 

El perturbador suceso, había dejado a Peter emocionalmente incapaz de ponerse de pie, quedándose allí llorando, fue entonces que los matones al notar su retraso ingresaron al baño y lo tomaron a la fuerza, arrastrándolo con brutalidad hasta su celda.

 

Arrojado tras los barrotes sin su ropa, estaba postrado en el suelo con un rostro miserable, desnudo, con frio y adolorido física como psicológicamente, mientras era atormentado por las burlas inmaduras de sus compañeros de alrededor que se burlaban de su desgracia, esta era ahora su vida diaria.

 

Continuara…

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