Yuuitsu no Shinjitsu

Epilogo: La Oración

Me arrepiento.

Me arrepiento profundamente de haber convertido a Tsuruya Tomonori en entendedor.

Lo hice sabiendo lo que pasaría. Sabiendo que terminaría implicado en este horrible mundo, cubierto con una máscara bonita, para que no parezca tan terrible. Sin embargo, él mismo ha empezado a intuir lo que está pasando. Tarde o temprano, lo iba a descubrir.

Una máscara no puede tapar todo el olor a podrido.

Si yo no hubiera usado mi True Understanding en él, seguiría viviendo como un chico normal. Iría a la escuela cada día tranquilamente, sin temor de ser un objetivo. Jamás sabría que su amigo es un soldado de una organización secreta. Nunca se enteraría de quien controla el mundo realmente.

Eso hubiera sido mejor.

Pero yo, al final, decidí hacer mi parte en esta historia escrita con sangre.

No creí que en realidad pudiera haber otro. Otro como yo.

Esa Serpiente me dijo que mi deseo seria cumplido cuando otro Side Soul apareciese. Pero somos tan pocos… No pensé que sucedería en menos de mil años más. Me aferré a una esperanza lejana, y por eso me sorprendí cuando encontré a Tsuruya Tomonori.

Para cumplir mi deseo, fui capaz de arrojarlo a este mundo cruel.

Estoy mintiendo. No lo hice por esa razón.

Aunque deseo mucho lograr mi objetivo, no lo convertí en un Despertado con esa intención. Es aun peor, lo hice por una motivación todavía más egoísta. ¿Por qué soy capaz de intentar algo así por una oportunidad tan lejana?

Tomonori es un Side Soul. Y es muy parecido a esa persona.

Pero no es él.

Me aferré a dos esperanzas completamente en vano. Y cómo resultado de eso, volví a realizar una acción imperdonable. Mi alma esta tan manchada por el pecado que no merezco ni siquiera que oren por mí.

Y sin embargo, estoy feliz.

Estoy feliz de ver a Tsuruya Tomonori aquí, mientras escucha su nuevo alias. Por alguna razón, verlo quejarse por todo de forma tan exagerada me alegra el corazón. Incluso aunque me arrepiento profundamente de haberlo traído a este mundo, lo volvería a hacer si fuera necesario.

¿Soy tan estúpida? ¿O ya he llegado al punto en que he decidido olvidarme de mis remordimientos, y que mis acciones se guíen nada más por mi puro egoísmo? ¿Ya decidí resignarme a que mi nombre sea incluido en el Libro de la Vida?

No lo sé.

Me gustaría decir que lo hice por una buena razón, pero no es la verdad. Que mis acciones egoístas dieran como resultado esta escena divertida y tierna es muy contradictorio. Me hace sentir que no me equivoqué, aunque sé que es así.

En este momento, estoy en un dilema moral demasiado profundo.

¿Fue correcto traer a Tsuruya Tomonori al mundo de los que pueden entender? ¿Poner su vida en riesgo por mis intereses personales? ¿Aunque parece estar disfrutando mucho de estar en esta Academia? ¿Incluso cuando sé que va a estar en peligro permanente?

No, no lo fue. Esa es mi conclusión final.

Sin embargo, ya no puedo deshacer lo hecho. Puedo lamentarme todo el tiempo que quiera, pero eso no pagara mis errores. Si quiero, por lo menos, ser perdonada por él, debo protegerlo con cada tecnicismo y vacío legal que encuentre en mis restricciones.

Incluso si Tomonori decide no perdonarme, en el remoto caso en que pueda decirle toda la verdad, continuare defendiéndole como pueda. Sospecho que lo hará, pero incluso si se niega, no me molestare. Está en su derecho de odiarme con toda su alma. Sólo espero que ese rencor no pueda llegar a ennegrecer su corazón.

Haré lo mejor que pueda para evitar eso.

He mentido otra vez. Dios mío, sé que seguramente no existes, pero por favor, perdona los pecados de este cordero tuyo que se ha extraviado del rebaño. Incluso si es sólo por mi egoísmo, no puedo parar de pedir misericordia por aquellos a quienes asesiné, directa o indirectamente; y a todos a quienes les arruiné la vida, que no son pocos. Tal vez, alguno de ellos logre superar la ruina a la que los arrastré.

En realidad, no quiero protegerle para compensarlo.

Quiero hacerlo porque sé que, algún día, en el lejano futuro, estaremos juntos bajo ese hermoso Cielo de Cristal. Estaremos recostados juntos sobre ese Suelo de Oro y Piedras Preciosas. Y uniremos nuestras manos, allí donde no hay nada, atascados en algún parte, juntos en ese mundo que no es ni Cielo ni Infierno.

Y me gustaría que, cuando estemos allí juntos, aunque sea un pecado pedirlo…

Me gustaría que podamos reír juntos allí, los dos.

Por favor, Dios mío, por favor te lo pido.

Ese es mi único deseo.

Final de la Parte Uno

Próximamente, Parte Dos: Ellos

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