Capítulo 15 – La Responsabilidad de un Secretario-‘​Sobrevivir a una Fantasía Cruel con Artículos de Trucos’

​Sobrevivir a una Fantasía Cruel con Artículos de Trucos Capítulo 15 – La Responsabilidad de un Secretario

Un cierto día, Lyle-sensei me llamó para hablar seriamente con él. 

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WGD Capítulo 109: Matanza Explosiva de un Mono Feroz Mutante 

WGD Capítulo 109: Matanza Explosiva de un Mono Feroz Mutante 

Era como el Mono Feroz Mutante cuando se movía. Fue sólo un poco más lento que el Zombi de tipo velocidad S2. Evitó el disparo de Yue Zhong, y apareció ante Yue Zhong como el viento, llevando un olor a pescado frío y mordaz. El Mono Feroz ataco sin piedad, con su garra hacia el cuerpo de Yue Zhong.

Yue Zhong levantó su Imitación de la Espada Tang para bloquear el golpe del puño del Mono Feroz.

Los ojos del Mono Feroz destellaron de rojo sangre. El puño no se desaceleró, y el mono apretó los músculos, saltando sobre la Espada de Yue Zhong.

La Espada y el puño se enfrentaron. Yue Zhong sintió un enorme poder que inundó sin fin hacia la Espada. La Imitación de la Espada Tang en su mano derecha fue sacudida y enviada volando a un árbol lejano por el puño del Mono Feroz.

“¡Tan extremo!” 

En el primer momento, Yue Zhong activó la habilidad Paso Sombra, y su imagen se retiró repentinamente. Su mano derecha entumecida volteó, y otra Espada Tang apareció en su mano.

Huesos Blancos inmediatamente vio la situación mientras protegía a Guo Yu, y disparó dos Lanzas de Huesos extremadamente afiladas hacia el Mono Feroz Mutante.

El Mono Feroz utilizó su gran mano para agarrar una Lanza de Hueso que salía de Huesos Blancos. A continuación, uso su fuerza para arrojar sin piedad a Huesos Blancos en un árbol grande.

La velocidad de Yue Zhong fue casi tan rápida como la del Mono Feroz después de que comenzó la habilidad Paso Sombra. Se aprovechó del Mono Feroz que trataba con Huesos Blancos, y se lanzó hacia adelante como una flecha. Su Espada cortó en la cintura del Mono Feroz con un frío chillido.

La afilada Espada Tang bajo el excesivo poder del fortalecimiento de Yue Zhong abrió la carne mutada del Mono Feroz, desgarrando una herida superficial.

Después de que el simio fue herido, se volvió aún más frenético. Uso todos sus músculos flexionándolos en la herida, bloqueando inesperadamente la Espada Tang de Yue Zhong en su lugar. Entonces aprovechó la oportunidad y envió un puño a Yue Zhong.

“¡Verdaderamente un monstruo!” 

Yue Zhong soltó la Espada y de repente se retiró. Usó su mano izquierda y apuntó el Revolver Aguijón Tipo 2 hacia la Bestia Mutante.

Tan pronto como Yue Zhong apuntó su revolver al Mono Feroz Mutante, la bestia extremadamente asesina sintió una sensación de peligro intenso que venía. Se impulso y se movió hacia un lado varios metros. Sus instintos podían sentir que el Revolver Aguijón de Yue Zhong tenía suficiente poder aterrador para matarlo.

“¡Qué animal tan astuto!” 

Yue Zhong frunció las cejas. Su mano derecha voló y apareció un Fusil de Asalto tipo 79. Apuntó directamente al Mono Feroz Mutante con el Fusil de Asalto tipo 79 y dejó caer ráfagas de fuego como un loco.

El cuerpo de la bestia fue golpeado por varias balas a tan corta distancia bajo el fuego concentrado. Pero las balas fueron inesperadamente incapaces de perforar su cuerpo. Sólo se rompieron en la piel. Los músculos del Mono Feroz podían compararse con el acero cuando flexionaba sus músculos. Si no fuera por esto, el ataque de Espada de Yue Zhong justo ahora habría cortado su cintura.

El Mono Feroz Mutante se volvió aún más frenético después de haber notado que su piel No seria perforada por las balas. Sus ojos destellaron con una luz feroz, y se precipitó a través de las balas como un cañón hacia Yue Zhong. Después de unos pasos apareció ante Yue Zhong, y se agacho para agarrarlo.

Los ojos de Yue Zhong emitieron una luz fría. Extendió un dedo. Se inclinó ligeramente y apuntó el Anillo de Bola de Fuego justo hacia el Mono Feroz Mutante.

Una Bola de Fuego salió disparada desde el Anillo hacia el Mono Feroz cuando estaba a sólo dos metros de distancia.  

La bestia no estaba preparada para el Anillo de Bola de Fuego de Yue Zhong. Sólo podía levantar una garra para bloquear delante de su cuerpo.

La mano de la Bestia Mutante explotó y se rompió cuando la tiránica Bola de Fuego se elevó sobre su puño.

Huesos Blancos se aprovechó de la oportunidad y sin piedad disparó una Lanza de Huesos en la rodilla del Mono Feroz Mutante. La bestia perdió el equilibrio y se desplomó a un lado.

Aprovechando el momento, Yue Zhong usó su mano izquierda y apuntó su revolver al cuerpo de la bestia, disparando tres disparos.

La habilidad de combate del Mono Feroz era realmente extraordinaria. Tan pronto como tropezó, rodó a un lado, evitando la muerte segura. Sólo una bala del Revolver Aguijón golpeó cerca de su área pectoral derecha haciendo un agujero del tamaño de un puño.

Después de que el simio rodó por el suelo, se levantó y saltó hacia un árbol grande. Ya sentía la amenaza de la muerte que dio origen a la idea del miedo.

Huesos Blancos extendió ambas manos y disparó una Lanza de Hueso hacia el árbol al que el simio escapó, formando una prisión de huesos.

El Mono Feroz Mutante agitó salvajemente sus garras, abriendo la prisión de Huesos Blancos como tofu.

Yue Zhong se aprovechó de que el Mono Feroz estuviera atado a Huesos Blancos, y avanzó mientras recargaba su revólver. Alzó su revólver hacia el mono y continuamente lo bombardeó desde cerca.

Cada bala dejaba un puñado de agujeros sangrientos en el cuerpo del mono. Las seis balas aterrizaron en el Mono Feroz, y cayó impotente al suelo, perdiendo completamente su vida.

Un Orbe de Experiencia flotó hacia fuera y aterrizó en Yue Zhong.

“Enhorabuena, has llegado hasta el nivel 24…”

“Enhorabuena, has llegado hasta el nivel 25…”

Yue Zhong escuchó dos sonidos suaves de subir de nivel en su interior tan pronto como el orbe de experiencia entró en su cuerpo.

¡Añade todo a la resistencia!

Yue Zhong inmediatamente eligió.

Una luz dentro de su cuerpo se rompió, y re-alimentó su cuerpo, haciéndolo aún más tiránico.

Yue Zhong rápidamente tomó todos los libros de habilidad y cajas blancas de los Monos Mutantes y el Mono Feroz en su bolsa. Luego usó una Imitación de la Espada Tang para romper el cráneo del Mono Feroz. En su interior encontró la cosa que quería encontrar.

“¡Encontré uno!” 

Yue Zhong buscó alrededor del cerebro de ese Mono Feroz y encontró un pequeño cordón blanco. Estaba extremadamente feliz, y rápidamente tomó el cordón blanco y lo puso dentro de su Anillo de Almacenamiento.

Justo cuando Yue Zhong pensó en marcharse, miró las dos patas de 20 cm de largo del Mono Feroz. Pensó por un momento, y entonces tomó las dos patas y las colocó en su Anillo de almacenamiento.

“¡Rápido, vámonos!” 

Yue Zhong finalmente le dijo esto a Guo Yu y a los otros tres en voz baja después de terminar todo.

La sucesión de usar dos habilidades de paso de sombra en un momento, encontrarse con el grupo de monos, y luchar contra el Mono Feroz causó que la resistencia de Yue Zhong llegue a un nivel extremadamente peligroso. Yue Zhong estaría en peligro si se encontrase con otro Mono Feroz o un grupo de monstruos. Pero, retrasar el tesoro es una necesidad.

Guo Yu y los otros siguieron de cerca detrás de Yue Zhong.

Yao Yao miró los cadáveres de los monos que rodeaban el bosque y luego miró a Yue Zhong. Sus ojos emitieron una extraña luz, y ella siguió detrás de Yue Zhong.

A lo largo del camino no encontraron otra Bestia Mutante. El grupo de Yue Zhong volvió sin problemas al vehículo. Guo Yu arrancó el coche y los llevó de regreso al Pueblo Siempre Brillante.

Ficha de Personajes-Miembro 00a: Kronos

Alias: Kronos

Nombre: Tsuruya Tomonori.

Fecha de Nacimiento: 31 de Diciembre de 1997 (15 años).

Origen: Despertado.

Apariencia: Hombre, 168 cm de altura. Cabello negro, ojos oscuros.

Tipo de Sangre: A+.

Ocupación: Estudiante.

Afiliación: Nosotros. Academia Jikû. Grupo S.

Tipo de Entendimiento: Tipo Mental. Manipulación de Rastros.

Clasificación: Especial, ¿Segunda Clase?

Técnicas: Espacio perfecto, sensibilidad extrema a los rastros por entendimiento.

True Understanding: Desconocido.

Yuuitsu no Shinjitsu

Capítulo 18: Kronos

No me entiendo.

Desde que vine aquí… No, seamos más claros. Desde el momento en que Mirai-sempai me obligó a venir a punta de vara mágica, siempre estuve pensando lo mismo: ‘Esto es una molestia’. Que el lugar fuera espantosamente caótico no ayudo para nada, contribuyendo a mi malestar.

Además, todos aquí tienen un pequeño problema con respecto a sus personalidades alocadas. En resumen, están chiflados. Completamente fuera de la realidad.

Sin embargo, ¿puedo afirmar que no me agrada?

Ese sentimiento, del momento exacto cuando Akire me estaba cazando… Si, tenía miedo, estaba asustado, pero al mismo tiempo, me emocioné. Era como estar en un manga. Me estaba divirtiendo, aunque mi vida estuviera en la cuerda floja.

Ese sentimiento fue tan extraño, tan irracional, que no puedo esperar para volver a sentirlo. Por momentos, pienso que puedo volverme adicto a eso.

¿Este lugar es una molestia? ¿Todos están locos? ¿Pareciera que estoy siendo irracional? ¡Al diablo con todo eso! Cada día, en mi vida normal, me aburría mortalmente. No volveré a esos días.

Si tengo que renunciar a la realidad, lo haré, pero no perderé estos momentos llenos de emoción. Ese es, sin duda, el pensamiento que se quiere quedar arraigado en mi mente.

Lo prefiero. No dejare que se me escape esta oportunidad. ¡Me convertiré en un entendedor de verdad! ¡Viviré en este mundo que me gusta tanto!

Y el primer paso, es aprender más. Soy un Tipo Mental. Tengo que averiguar todo lo que pueda sobre mi Tipo, y perfeccionar cualquier habilidad que tenga. Por ahora, sólo puedo usar Espacio, pero si soy de los más raros debo tener algunas habilidades ocultas útiles. Es como el inicio de un anime, el chico nuevo sin poder alguno que resulta ser muy fuerte. ¿No puedo ser esa clase de protagonista? ¡Vamos, mundo, no seas tan cruel!


Como sea, actualmente, me encuentro descansando en el dormitorio. La reunión con Kouri no Hauto-sensei fue larga y pesada. Tuve que contar toda la historia… Bueno, la mayor parte. Obviamente, excluí algunas cosas, como el plan sobre el virus y el duplicado de la información.

En algún momento, quiero saber qué diablos había en esa computadora que era tan importante para hacer todo este caos sin sentido. Tiene que ser terriblemente valioso para que Ellos lo quisieran con tanta desesperación. Y, por la expresión de Kouri no Hauto-sensei en el momento en que le di la información, allí hay algo que los estudiantes no deberían revisar. ¿Qué está ocultando Nosotros?

Mientras me revuelvo en la cama, totalmente agotado a causa de esta noche tan agitada, siento una leve sensación. Me parece muy familiar. ¿Las sabanas están frías?

Abro los ojos, y veo a una cierta chica transparente recostada frente a mí.

-¿Qué se supone que estás haciendo? –le pregunté.

Ella sólo me devolvió la mirada, pero con ojos de cachorro.

Literalmente, podía leer en su mirada el ‘Por favor’.

Solté un suspiro largo. Le debo mi vida, varias veces. Simplemente, a estas alturas, no puedo rechazar su petición, o me vería como un desagradecido.

-Sólo esta vez, ¿sí? –su sonrisa se sintió ardiente como el Infierno.

-¡Como quieras, sempai!

¿Eh? ¿La Niña Fantasma acaba de hablar? No, no puede ser. Ella también se ve sorprendida. Y esa voz sonó escalofriantemente familiar…

¡¿Qué hace esa chica aquí?!

Lentamente, me doy la vuelta, confirmando mis peores temores. ¡Ella esta acostada justo del otro lado! ¿Desde cuándo hay espacio en esta cama para los tres? Bueno, ellas dos apenas ocupan sitio, así que no haré demasiados problemas por eso.

La expresión de Kiyoshi es tan fácil de leer que me impacta. El brillo en sus ojos rosados no puede ser natural, es demasiado atrayente. Sus labios están fuertemente apretados, formando una sonrisa pequeña, pero dulce.

Pero, y sólo pude comprobarlo unos segundos después, eso no es lo peor. Noté que sus hombros están desnudos, así que mi cerebro inicio automáticamente la búsqueda de algo necesario, la tan humilde barrera contra perversión que llamamos ‘ropa’.

Y ese es el problema, si la lleva. ¡Un camisón blanco transparente! Olviden el calor del verano, absolutamente el objetivo de esta ropa no tiene nada que ver con la temperatura. Eso no puede siquiera llamarse ropa, no es funcional para nada.

La manera más cruda de describirlo: Es un cosplay erótico de ‘Imouto Kawaii’.

Mis ojos no podían apartarse de sus hombros, hasta que note que sus axilas y ombligo estaban al descubierto también. Debido a las mantas, sólo puedo ver hasta su cintura, pero me queda claro que es probable que esté usando una preciosa ropa interior blanco puro.

Es más, tengo mucha suerte de que la sección de su camisón correspondiente a sus pechos sea más opaca que el resto. Aunque su tamaño es ciertamente moderado, ella todavía se ve como una chica joven y sana, en perfecta edad para reproducirse.

Empiezo a sentir que hay algo extraño corriendo por las venas de mi cara. Me arden las orejas. No puedo ni hablar. ¡Simplemente, esta visión es demasiado para mi cerebro! ¿Cómo es posible que me dé una reacción así? ¡Esto debería ser un golpe crítico para esos inmundos lolicon, no para mí! ¡No me afecta, de verdad que no!

-¿Kiyoshi? –murmuró, sin comprender nada.

¿Cómo puede ser posible? ¿Esto es una bandera como las que aparecen en los juegos de citas? ¡No, ya entiendo! Ella, en su habitual torpeza de niña pequeña, se equivocó de cama. Quería acostarse junto a Kazami-kun, pero termino aquí por accidente.

¡Espero que entienda eso y no trate de matarme por su propio error!

-¿Si, sempai? –su respuesta es muy natural, y está llena de… No sé.

Incluso puedo ver el rubor sano en sus mejillas. No parece que este en ‘modo asesina psicópata’, pero eso puede cambiar con tan sólo una simple palabra equivocada.

-Tu Onii-san está durmiendo allá –señalé a un costado.

Por razones evidentes, la cama de Shiro es la más cercana a la ventana; y según Kazami-kun, él siempre olvida arreglarse si no duerme junto al baño, aunque en realidad nunca se arregla en lo más mínimo; por lo que duermo en medio de ellos.

Como una nota aparte, estos dormitorios tienen un estilo ligeramente occidental, aunque le va bien, para mi gusto.

-Ya lo sé –responde ella, con una extraña sonrisa de oreja a oreja.

-Entonces, ¿no te equivocaste? ¿Tienes alguna razón para querer matarme tan temprano? –preguntó, preparándome para correr.

No sé qué tan lejos pueda llegar antes de que haga aparecer un arma peligrosa, pero espero lograrlo. Si Rea me ayuda un poco, creo ser capaz de escapar a tiempo.

-¿Matar a sempai? Sempai está muy equivocado –suelta una risita-. Kiyoshi sólo quería estar cerca de sempai. Y, ya que tenía este lindo cosplay que de seguro le gusta a sempai, pensé en probármelo.

-¿Cómo llegaste a una conclusión así? ¡No me afecta en lo absoluto! –mi voz suena desesperada. ¡Tengo que sacarla de mi cama urgentemente!

Aunque es grande, ya está ocupada parcialmente por la Niña Fantasma, así que el espacio restante es demasiado pequeño. La distancia entre mi piel y la suya no es mayor a diez centímetros. ¡Esta situación es demasiado terrible! ¡Podría perder el control!

Y luego se me vendrían encima la ONU, el FBI, y tal vez la CIA.

-Porque sempai es lolicon, claro está. Kiyoshi se siente muy afortunada de encajar perfectamente en los gustos de sempai –esa respuesta me dejo helado de terror.

¿Se volvió más loca de lo que ya estaba o qué? ¿Por qué todo el mundo, y literalmente lo digo, desde Hiramaki hasta esta Yandere, tienen una impresión tan equivocada? ¿De dónde sacan esas estupideces? ¡Repetí docenas de veces que los odio!

-¿Y por qué querrías hacer eso? –si buscaba acostarse en mi cama, usar un cosplay que cree que funciona conmigo, y hablarme de esta manera…

¿Qué se supone que ocurre aquí? ¡Esta chica es imposible de comprender! ¡Es como hablar con un idiota, nunca te escucha! Me recuerda a Hiramaki, pero él tiene como premisa ser un pervertido.

Un momento… Esta chica también es una pervertida, especialmente con esos cosplay.

-Porque… Es vergonzoso decir esto, pero… ¡Kiyoshi se dio cuenta de la verdad! –más rápido de lo que puedo reaccionar, se abalanzó sobre mí, presionándome fuertemente sobre el colchón.

Por un momento, pensé que mi estómago seria perforado, o que me cortaría el cuello, pero la verdad superó mis expectativas.

Sentí algo dulce y húmedo en mis labios.

¿Esto qué es? Mis ojos estaban abiertos, pero no podían procesar las imágenes correctamente. ¿Cómo es posible? ¿Por qué está ocurriendo esto? ¡No tiene ningún sentido! ¡Es incomprensible!

No puede estar ocurriendo realmente… Si es lo que creo, definitivamente hay algo mal con el mundo. Por lógica, esta clase de cosas no deberían ocurrir en la vida real, pero aun así, todos mis sentidos me lo están diciendo. Este tipo de escenas sólo deberían pasar en los mangas para adolescentes, porque no hay ninguna chica así de verdad.

Soy yo quien no lo puede creer.

Kiyoshi se levantó con lentitud, encima mío. Sus muslos estaban perfectamente ubicados en la peor, o mejor, parte posible. Como imaginé, estaba usando unas bragas preciosas de un rosa pálido muy lindas. Pero lo más impresionante, sin duda, era la manera en que sus ojos me miraban.

Le brillaban como dos gemas rosadas, hermosas y agudas como cuchillos.

Ella me había besado.

No había más explicación posible. Era la lógica más obvia. Esta chica acababa de robarse mi primer beso. Con sus mejillas ruborizadas, su cuerpo indefenso inclinado sobre mí, no hay manera de no llegar a una reacción fisiológica en este instante.

-Ese fue mi primer beso, sempai… –eso se nota mucho. Esta rozando sus labios con las yemas de sus dedos de una manera inconfundible, como si quisiera disfrutar cada milisegundo de esa sensación.

Y, además, la hace ver notablemente sexy.

Esta chica es un crisol increíble de hermosura, lindura, sensualidad, torpeza y peligro.

¿Puede existir una mujer tan perfecta? ¿Puedo delirar más de lo que ya lo estoy haciendo? ¿A alguien siquiera le importa lo que digo?

Entonces, siento un golpe en mi pecho. Una mano transparente está allí, helando mi piel. Mirando hacia la derecha, noto a la Niña Fantasma, que me observa con desaprobación, y algo que parecen celos.

Esto, literalmente, me enfrió la cabeza, devolviéndome la capacidad de pensar racionalmente. Sin contemplaciones, aparte a esta chica demasiado hermosa de mi vista.

-¡¿Sempai?! No sabía que querías ser tan rudo. Si querías jugar a eso, pudiste decírselo a Kiyoshi…

Se recuesta en la cama, en una postura tan erótica que mis ojos empiezan a derretirse.

Sin embargo, un toque de Rea en mi mejilla me devolvió a la realidad.

-Para empezar, ¿a qué diablos estás jugando? ¡Joder, casi me matas de miedo! ¡Y cálmate, niña Yandere en celo! –ante mis palabras furibundas, los ojos de Kiyoshi comenzaron a humedecerse. Todo su aspecto sensual desaparece.

Recordé que hace nada más unas pocas horas, ella se había deprimido un poco porque la llame así. ¿Será que estoy siendo cruel? ¡Me da igual, esta chica es un peligro para la sociedad! ¡Alguien debió enseñarle disciplina hace mucho tiempo, no arrojármela de esta manera!

Arrojármela… Ahora que lo pienso, esta situación es sospechosa.

La Niña Fantasma me abraza, de una manera muy posesiva.

¿Ah? ¿Tú también? ¿Qué está pasando aquí? Pero entonces, sonríe maliciosamente, mientras me jala hacia delante, ¡haciéndome caer justo sobre Kiyoshi!

Mi cara golpea contra algo muy suave y terso, que rebotó levemente con una extrañísima sensación. Mi mano derecha siente algo similar, mientras la izquierda trata de aferrarse a las mantas, pero termina tomando algo muy delicado y sedoso, jalándolo hacia arriba. Y, por alguna razón, mi rodilla parece atrapada entre dos bolsas cálidas y suaves.

En este momento, justamente en este preciso momento, se enciende la luz.

Parado junto al interruptor, está un Kazami-kun ligeramente más despeinado que de costumbre, todo un logro. Es natural que se haya despertado, estamos haciendo una cantidad de ruido anormal. Está mirando directamente hacia acá.

Siguiendo la línea de sus ojos, veo la situación en la que estoy realmente.

Para empezar, estoy justo sobre Kiyoshi. Mi mano derecha, por alguna razón, sostiene su pecho por encima de su ropa. Y mi mano izquierda está levantando su camisón, revelando bastante de su torso. Ni siquiera tengo que mencionar mi rodilla, atrapada entre sus muslos, a milímetros del lugar más importante.

Encima de todo, mis labios están justo sobre su otro pecho, casi besándolo.

Y, para hacerlo todavía peor, ahora eran claramente visibles las lágrimas en los rabillos de sus ojos debido a que herí sus sentimientos hace un momento.

Puedo ver a la Niña Fantasma, parada junto a la cama, poniendo una expresión diabólica. Debe estar diciendo algo como ‘Te lo tenías merecido, pervertido’.

No necesito estar en la posición de Kazami-kun para saber que esto se ve claramente como una situación de ‘ataque a la hermanita menor’. Y, por supuesto, yo soy el atacante.

-Ay ay ay… ¿Qué pasa aquí, Tomonori-kun?

Claramente, estaba teniendo sentimientos cruzados, en este mismo instante.

Por un lado, estaba sorprendido y pasmado.

Por el otro, había una intensa sensación asesina.

Sus ojos rojos parecían decididos a llevarme hasta lo más alto del edificio de Archivos, y dejarme caer, para hacer una hermosa flor escarlata.

Joder, ¡estoy acabado!


(Cambio de Narrador: Kazami)

Tomonori-kun tiene mucho que explicar.

Sin embargo, es claro que no todo es su culpa. Para empezar, sé perfectamente que no hay manera de que esta situación llegue a tales extremos sin que la otra parte estuviera involucrada. Es evidente que Kiyoshi tiene mucha de la culpa también, pero no me agradan las excusas de Tomonori-kun.

Echarle la culpa a Rea, a quien sólo él puede ver, es demasiado exagerado.

-Está bien, entiendo –asentí con la cabeza. Mejor, escuchemos otras excusas antes de dar un veredicto-. Así que, hermanita, ¿cómo llegaste a ponerte ese cosplay tan ridículo?

-¡Onii-san! Si lo dices así, me avergüenzas. Kiyoshi sólo quería seducir a sempai, ¡eso es todo! –tengo que admitir su valor para decir estas cosas tan tranquila.

Sin embargo, Tomonori-kun no parece muy de acuerdo.

-Ya deja tu actuación. Sólo lo hace ver más extraño –replicó él, bien lejos de Kiyoshi-. ¡Explica porque hiciste todo eso! ¡Sin más excusas!

-En realidad… Lo que ocurrió, sempai, es que Mirai-nee me abrió los ojos –comenzó a decir ella, con sus mejillas enrojecidas infladas, así que su voz sonaba rara-. Yo siempre había creído que amaba a Onii-san… Pero en realidad, lo que sucede es que tengo un fuerte complejo de hermano que no puedo superar. Y cuando me puse a pensar en todo lo que ocurrió, me di cuenta de que quien realmente me gustaba todo este tiempo… ¡Eras tú, sempai!

Haciendo esta firme declaración, finalmente colapsó en la cama de Tomonori-kun, sin querer enseñar su rostro.

-¡Lo dije! ¡Al fin lo dije! ¡Qué vergüenza, pero me siento muy satisfecha!

En este momento, no necesito la habilidad de Tomonori-kun para saber lo que está pasando por su cabeza. Su reacción es increíblemente obvia.

-Ósea que Kazami-kun es un hermano mayor con un fuerte complejo de hermana. Y tú eres una hermana menor con un fuerte complejo de hermano –parpadeó, antes de agarrarse la cabeza con las manos-. ¿Y por qué de repente soy yo quien te gusta? ¡Es incomprensible como llegamos a esta situación! ¡Había pensado que por fin me había acostumbrado a sus niveles de anormalidad, pero esto es el colmo! ¡Mirai-sempai me va a pagar caro todo este problema, lo juro! ¡No podrá ni caminar cuando acabe con ella!

-No te enojes tanto, Tomonori-kun. No puedes rechazar de manera tan ruda a una doncella que te confesó su amor. Claro, si sigue siendo una doncella…

-¡Lo sigue siendo! ¡No te enojes!

-No estaba enojado –no estoy mintiendo. Estas situaciones podrían volverse comunes, así que sólo me acostumbrare y seguiré la corriente-. Sólo hacia una observación. Como hermano mayor, la seguridad de mi hermanita es ciertamente una prioridad para mí.

-Onii-san… Me voy a morir de la vergüenza…

-¡¿Y cómo sobreviviste a acostarte junto al chico que supuestamente te gusta vestida así?! ¿No crees que pueda haber algo mal en tu cabeza? –se puso a quejarse Tomonori-kun-. ¿No será que eres así de pervertida?

-¡No lo soy! ¡Pensé que a sempai le gustaría la sorpresa! –replicó ella-. Y eso que Kiyoshi estaba dispuesta a renunciar incluso a…

-¡No quiero oír ni una palabra más! ¿Cómo puedes decir esas cosas delante de tu propio hermano? ¡Sólo lárgate de aquí! ¡Estoy muy cansado! –suplicó Tomonori-kun, algo frustrado-. ¿Y ahora qué? Sabes que no fue culpa mía… ¡Esta chica salió de la nada! Tampoco interrumpió algo, porque no estábamos en una situación así. ¿Qué te enoja tanto?

Comenzó a hablarle al aire, no, probablemente es Rea.

Por alguna razón, mi hermanita comenzó a refunfuñar.

-Sempai… ¿Rea-san está ahí? –preguntó ella, escondiendo las manos atrás de la espalda.

Esa es una señal de que planea algo.

-¿Eh? Si, ella está sentada justo junto a ti…

Se interrumpió al instante. Kiyoshi estaba cortando el lugar donde Rea debería estar con una katana que acaba de aparecer en sus manos.

-¡SEMPAI ES MÍO! ¡NO ME LO QUITARAS NUNCA! ¿Me oíste, Rea-san? ¡NUNCA! –grita desesperadamente, sin dejar de intentar asesinarla.

Aunque, por supuesto, los fantasmas no pueden ser heridos con espadas de acero, ¿verdad?

-La Niña Fantasma dice que pruebes más tarde, tal vez le hagas cosquillas –se burló Tomonori-kun. Luego, comenzó a disculparse-. ¡Es una broma! Obviamente, no podrá hacerte nada.

Retrocedió un paso. ¿Se está disculpando con Rea, o está huyendo de ella?

-Sí, ¡ya se! Entiendo: No es gracioso que te estén atravesando con una espada. ¡No pongas esa cara otra vez!

De repente, el arma de Kiyoshi se detuvo en el aire. Ella jaló con fuerza, pero no pudo liberar la hoja, que estaba paralizada como si alguien la estuviera deteniendo.

¿Rea se ha enojado? Es bastante posible.

-¡Suéltala! –aunque tiro con mucha fuerza, no fue suficiente para hacer que Rea soltara su espada-. ¡Hazlo ahora, ladrona de sempai! ¡¿Kyah?! –la hoja fue liberada, pero mi hermanita aún estaba jalándola, así que perdió el equilibrio por su propio impulso.

Estuve a punto de detener su caída, pero no fue necesario.

Ella cayó justo sobre Tomonori-kun.

Ambos terminaron en el suelo, en una curiosa posición, totalmente opuesta a la anterior. Esta vez, mi hermanita acabó sentada sobre sus muslos. Y por alguna razón, las manos de Tomonori-kun la sostenían por la cintura, haciendo parecer que estaban a la mitad de un juego erótico.

Todo el rostro de Kiyoshi, desde su cuello hasta la raíz de sus cabellos, se puso totalmente rojo.

-¡Sempai, no aquí, frente a Onii-san! –intentó alejarse, pero ‘algo’, la empujo hacia abajo, justo sobre Tomonori-kun.

-¿Qué no? ¡Lo intentaste hace unos minutos, chica loca! ¡Y ya deja de hacer eso, Niña Fantasma! ¿Desde cuándo eres tan vengativa?

-¡Onii-san no nos estaba viendo! ¡Ya es suficiente, Rea-san! ¡Kiyoshi promete no tratar de matarte de nuevo! ¡Lo prometo de verdad! –ante sus chillidos, Rea por fin dejo de bromear y le permitió levantarse.

Inmediatamente, mi hermanita tomó distancia, respirando a grandes bocanadas.

Entonces, habló una voz rasposa.

-Pervertida…

Shiro-chan, no tú también! ¡Que no soy pervertida!

Todo este alboroto debe haberlo despertado. Nos está mirando con esos fríos ojos suyos, tan rojos como la sangre recién derramada. Siempre me he preguntado cómo consiguió ojos tan siniestros, siendo tan inofensivo.

-No es fácil creerte vestida así, ¿sabes? –las palabras de Tomonori-kun, llenas de ironía hiriente, hacen que Kiyoshi se entristezca. Se marcha por la puerta, arrastrando los pies.

-Lo siento, sempai, Onii-san, Shiro-chan.

Camino lentamente afuera, mascullando cosas sobre que no es una pervertida, que todo es culpa mía y de Tomonori-kun, y sobre que tiene vergüenza de toda esta situación. Realmente, le cuesta mucho asumir que tiene alguna responsabilidad, sólo evita cualquier culpa con excusas baratas.

-¡Rea-san, algún día voy a verte morir! ¡Es una promesa! –se escucha un último grito.

Ay, esta hermanita mía es tan celosa… Bueno, es cierto que no hay forma de que ella o Yamanaka-san puedan competir contra Rea. Si todo lo que he escuchado es cierto, su belleza ha destruido países enteros en el pasado. A veces, me gustaría poder recordar el momento en que la vi.

Pero eso está muy lejos, fuera de mi propio poder.

Un momento. Me acabo de dar cuenta de algo.

-¿No prometiste hace minutos que no lo volverías a intentar? –Tomonori-kun, cansado, se lanza de cabeza al colchón-. Si cae una bomba encima de mi cabeza, no me despierten.

Y se queda dormido en el acto, incluso después del alboroto y con la luz encendida. Debe estar realmente cansado. Sin embargo, no es momento para eso, sigo pensando en lo que acabo de notar.

Luego de que Shiro y un par de sus gatos se quejaron por la luz, toqué el interruptor para apagarla. Sin embargo, incluso de nuevo en mi cama, mi mente continua trabajando, totalmente centrada en resolver el enigma que acabo de notar. Y eso me impide dormir.

Hace poco, Yamanaka Ayano y Kiyoshi se deprimieron porque era Rea quien competía con ellas. No estoy seguro realmente si la Niña Fantasma, como la llama Tomonori-kun, tenga esos sentimientos por él. Sin embargo, incluso así, claramente acaba de demostrar que no está muy feliz con la confesión de mi hermana menor.

¿Realmente las tres están pensando en enfrentarse por el corazón de este chico?

Sin embargo, aquí hay una pequeña irregularidad que no acabo de entender.

¿Por qué Yamanaka Ayano se deprimió justo ahora? Hace días que sabe sobre Rea. La primera vez, sólo se asustó, pero no reaccionó en lo más mínimo de esta manera que vimos hoy. ¿No se dio cuenta de que era su competencia? ¿O hay algo más detrás de esto?

Es imposible que lo haya olvidado, la memoria de esa niña es su punto fuerte. Por algo consiguió el arreglo para estudiar desde su habitación, Yamanaka-san es muy inteligente para su edad.

Finalmente, deshecho estas preguntas. Sea lo que sea, como dice a veces Mirai-san, ‘Si es necesario, ocurrirá, darle vueltas al asunto sólo complica todo de forma innecesaria’. Así que, simplemente, dejare que el Destino decida las cosas a su manera.

Y que sea lo que tenga que ser.

¿Será una buena decisión?

Quien sabe…


(Cambio de Narrador: Yami)

¿Están dormidos? No. Shiro aún está despierto. No es que importe, pero preferiría no ser vista por él. No es momento todavía. Aún no esta tan profundamente hundido en la Oscuridad para que nos reunamos otra vez. Dependiendo de lo que ocurra, tal vez no suceda nunca.

Y eso sería lo mejor. No quiero verlo de nuevo.

Me acerco lentamente a sus camas. Shiro se mantiene estoico, con la mano en el lomo de un gato calicó, sin ganas todavía de dormir. Yuuki Kazami ronca levemente. Y allí esta Tsuruya Tomonori, junto a la Niña Fantasma, quien no necesita descansar, así que esta recostada a su lado observándolo.

Una tierna escena, aún más considerando lo que yo sé.

Querido Longinus, vas a odiarme por esto. Pero es para educarte.

Me deslizo entre ellos, riendo. Ni siquiera el albino o la fantasma pueden detectarme ahora. Gracias a mi Ars Goetia (Memory Make-Perfect Plan), soy completamente indetectable.

Solamente he venido a evaluar su avance. No a entrometerme. Todavía no.

Delicadamente, paso mis dedos sobre la frente de Tsuruya Tomonori. No está listo. Longinus sí, pero quiero darles posibilidades de victoria, así que tendrán que esperar. Eso le molestara, pero valdrá la pena al final.

Todo es por su bien. Incluida su ignorancia.

Entonces, observo a su compañera de cama.

Que belleza.

Ese cabello negro, esa piel tersa y suave, esos labios rosados, y esos ojos oscuros y profundos. Es hermosa. Muy hermosa. Casi tanto como yo, pero ella es natural, a diferencia de mí.

No me malentiendan, es sólo que mi belleza es demasiado imposible de alcanzar para los mortales e inmortales. Estoy demasiado lejos de ellos. Simplemente, soy algo superior a todo lo que pueden imaginar. Por eso, es mejor que no me conozcan todavía.

Sus almas podrían ser arrancadas de sus cuerpos si me observan descuidadamente.

En todo caso, esta niña es tan hermosa que comienzo a mojarme.

Ah, no, todavía no. Vamos a darle algo de tiempo más.

Han pasado muchos años. Mi Serpiente todavía guía a Longinus. Tiene mucho trabajo que hacer, empezando por enseñarle a hablar japonés. Además, debe hacerle entender todo el desarrollo humano de los últimos siglos.

La ciencia puede cambiar este mundo, aunque no de la misma manera en que yo lo hago. Digamos que, en comparación, soy algo extrema.

A veces, es difícil ser yo.

Es hora de irme. No hay razón para hacer nada. Todo va perfectamente.

Mi sonrisa es imborrable.

La inversión pronto valdrá la pena. Tarde o temprano, gane o pierda, el precio será saldado. Nuestro pacto de sangre no se puede quebrar. Estará eternamente en deuda conmigo, y su alma nunca se separara de mí.

Longinus ya es mío. Mate o no a Ragnarok, terminara convirtiéndose en un Asesino de Dios, y uniéndose a mis Condenados Espectrales. Eso ya es un hecho.

Entonces, me alejare. Los dejare a solas por unos días. Sin embargo, siempre estoy observando. Falta algún tiempo para que las cosas se pongan interesantes.

No puedo esperar. El tiempo de los mortales se ve muy corto a veces, y ahora se siente extremadamente largo.

Por eso me gustan los mortales.

-Nos veremos pronto… Mi querido Longinus


(Cambio de Narrador: Mirai)

A la luz del nuevo día, la Academia se ve realmente mal.

Hay orificios de bala por doquier. Ni hablar de casquillos, trozos de barreras, y demás efectos secundarios de entendimientos varios. Va a ser un completo dolor de cabeza arreglar todo este lugar.

Ah, bueno, no importa. No soy yo quien se hará cargo de eso. Y como los impuestos públicos financian este lugar, no hay que preocuparse por falta de fondos. Lo único que no podemos arreglar son las vidas humanas. Pero gracias a Shinjinfuka, no tenemos que preocuparnos por alguna fatalidad en nuestro bando.

En cuanto a las tropas de Ellos… No es que me guste tener que dejar a su suerte a tanta gente, pero se lo tienen merecido. Somos estudiantes en edad escolar, e incluso hay niños que se quedaron huérfanos, o gente que no puede vivir sin una cubierta de Espacio permanente, porque tienen rastros demasiado fuertes.

¿Por qué tanto esfuerzo en arruinar las vidas de la gente que sólo quiere vivir en paz?

Bueno, sé la respuesta a esa pregunta. Pero sigue sin gustarme. A final de cuentas, lo que importa más que nada es el beneficio de aquellos con poder. Las minúsculas vidas de las personas no significan demasiado cuando puedes destrozarlas con sólo agitar una mano, o decir una palabra.

Esa forma de pensar me enferma. Pero poco puedo hacer al respecto.

Mirai-nee, ¿estas segura de eso? –preguntó Kiyoshi-chan, quien ha estado alicaída todo el día-. ¿Segura? ¿Segura, segura de verdad?

Estamos sentadas en un banco junto a los cerezos. Vine a revisar si no había ningún efecto secundario de Zone of Silence, pero todo se ve muy normal.

-Por supuesto. Sus reacciones son evidentes, por más que lo haya negado. Es un lolicon, estoy 100% segura de ello –no necesita saber porque estoy segura de ello.

Si esta chica se diera cuenta de cómo suelo mirarla, se asustaría.

¿Qué pensarían ustedes si supieran que se bañan y cambian frente a alguien que los tiene en su zona de strike? ¿Qué duermen junto a una persona que disfruta mucho verlos mientras están dormidos? ¿Qué incluso comparten información íntima con esa persona?

Ahora que lo pienso, eso me hace sonar como una pervertida, ¿no?

Mejor dejo de hablar del tema.

-¡Pero sempai me rechazo! ¡Estuve en su cama, vestida muy eróticamente, y no me hizo nada! –se quejó. Miré hacia ambos lados, pero afortunadamente nadie está cerca para oír sus gritos. Sería muy vergonzoso que alguien nos oyera diciendo esta clase de cosas.

-Porque seguramente te comportaste como una desquiciada, ¿no es así?

-¡Por supuesto que no! –miente. O simplemente está poniendo sus típicas excusas ridículas y baratas. En cualquier caso, el resultado es obvio.

-Ningún chico con un mínimo de inteligencia, ni aunque sea extremadamente pervertido, se acostaría con una adolescente que parece una loca peligrosa. Y aun menos si su hermano, con un complejo fuerte de hermana, está durmiendo en la cama de al lado –mientras daba las explicaciones, su rostro se iba poniendo más y más nervioso. Cada palabra mía era un clavo más en el ataúd de sus intenciones románticas-. Y aparte de todo eso… ¿Qué tipo de relación empieza con sexo? Eso sólo serviría para atraerlo temporalmente. Una vez que se canse de fornicar contigo, ¿qué crees que pasara?

La forma en que la mirada de Kiyoshi-chan se oscureció me dio algo de risa. ¿Realmente pensó que funcionaria? ¿En serio? Esta chica es tan torpe cuando no se detiene a pensar las cosas.

-Así que… ¿Hiciste todo eso por impulso?

Ella asintió con la cabeza. Sus ojos se veían como los de un pez muerto.

Suspiré falsamente.

-Escúchame, entre más parezcas una demente impredecible, más lo alejaras. Ni hablemos de intentar desnudarte tan pronto. ¿Conoces lo que se llama paciencia?

Tengo que guiarla de manera correcta. Aún es demasiado pronto para avanzar tanto. Pero si los hago ir demasiado lento, no ocurrirá nada. Tendré que vigilar de cerca, para evitar que Tsuruya le ponga la mano encima, o que deje de verla. Cualquiera de las dos opciones es un fallo.

No vas a hacer esa clase de cosas con MI cosita adorable. No todavía.

Kiyoshi-chan sólo emite sonidos guturales, sin ser capaz de justificar sus acciones.

Ah… Es tan linda, incluso cuando se deprime. Sin embargo, también me contagia su tristeza al ver su expresión sin ningún ánimo. La Kiyoshi-chan que conozco debería ser alegre y brillante como el sol. Estando abatida, me deja un agujero en el corazón.

-¡Está bien! Te ayudare a conquistarlo –declaré, con una enorme sonrisa.

-¿En serio? –los ojos de Kiyoshi-chan se iluminaron inmediatamente.

-Por supuesto. Créeme, lo vas a tener lamiendo tus pies en poco tiempo –no exagero. Por más que Tsuruya sea un bicho raro, sigue siendo un chico.

Tendré que limitar las ocasiones en que ella se comporta como una lunática. Que ocurran sólo cuando intente tener intimidad con él. De esa forma, Tsuruya no querrá hacer nada en la cama, al menos por el momento.

Y hablando del Rey de Roma, ahí viene. Y no se ve feliz.

-¡Tú! –me señaló con el dedo extendido, de forma muy grosera-. ¡Bastarda de dos caras! ¡Sabía que estabas planeando algo! ¡Vas a tener que explicarme muy bien esta situación!

A su lado, Yuuki sólo se encogía de hombros. No creo que le guste ser un espectador en una conversación como esta, pero es el tipo de persona que no puede contener su curiosidad en un caso como este.

Tsuruya llego junto a nosotras. Empezó a gesticular mientras hablaba, pero se paró de repente, y volvió a empezar. Y se volvió a trabar.

Parece que esta tan enojado que se olvida de lo que quiere decir apenas abre la boca.

¡Esto es tan gracioso! ¡Tengo que contener la risa como puedo!

-¡¿QUÉ SIGNIFICA ESTA SITUACIÓN?! ¿Por qué la Yandere ahora está obsesionada conmigo? ¿¡Te das cuenta de lo que eso significa!? –logra decir, finalmente.

Puedo notar que tiene unas ojeras leves. Probablemente, entre la situación de anoche y la visita nocturna de Kiyoshi, no pudo dormir adecuadamente.

-No me digas Yandere, sempai –murmuró Kiyoshi-chan, desviando la mirada-. Más bien, eres tú el acosador, nos encontraste aquí cuando estamos solas.

-¡Y tú no te metas en mi cama en plena madrugada, loca demente! ¡Pensé que moriría! ¡Y no seas ridícula, puedo oler ese rastro tan obvio tuyo desde muy lejos! –esa respuesta hizo que los hombros de la chica bajaran aún más-. Pero ya, no importa. Tienes 13, es normal que hagas cosas algo ilógicas a veces. ¡Lo peor es tu actitud, Mirai-sempai! ¡Tú si estas plenamente consciente de sus acciones! ¡No tienes ninguna excusa!

-¿Excusa? ¿Para qué? –me hice la ignorante.

-¡Respóndeme! ¿¡Cual era la idea detrás de hacer que Kiyoshi se obsesione conmigo!?

-No estoy obsesionada de sempai… ¡Es amor! ¡Estoy enamorada de sempai! –discute ella, con las mejillas rojas como manzanas.

Sin embargo, una mirada furiosa de Tsuruya le hace soltar un gemido débil.

-No. Nadie se enamora en apenas un par de días. ¡Eso sólo pasa en la ficción! –suelta él, siendo muy sarcástico, más de lo que debería-. ¿No prefieres volver a acosar a Kazami-kun? ¿Por favor?

Se está desviando de lo que quería decir. Mejor para mí, se está olvidando de que estaba furioso conmigo, y le presta atención a quien debe mirar.

-Ya te dije, sempai. No estoy enamorada de Onii-san, sólo tengo un complejo de hermano. E incluso si intentara algo con él, me rechazaría de inmediato, como siempre. No hay futuro en insistir en ello –responde Kiyoshi-chan, desviando adorablemente la mirada. Todavía es incapaz de mirarlo a los ojos.

-Obviamente, ningún hermano mayor aceptaría un incesto tan fácilmente –señala él.

-No tiene que ver con el incesto. A Onii-san nunca le atraje en lo más mínimo –se encogió de hombros, resignándose-. A Onii-san nunca le gustaron las chicas.

Un momento de silencio.

-Repite eso –pidió Tsuruya, con la cara rígida.

Oh, cierto, nadie se le dijo. ¿Recién se entera?

-A Onii-san nunca le gustaron las chicas.

Si, recién se entera.

-¿Entonces que le gusta? –preguntó él.

-Los chicos –respondió Kiyoshi-chan, con toda la inocencia del mundo-. Onii-san es gay.

Tsuruya no reaccionó de inmediato. Se quedó congelado en el lugar un minuto.

Acto seguido, volteó a ver a Yuuki, quien estaba algo apartado. Y lo hizo con curiosa naturalidad, sin siquiera parecer alarmado.

-¿Es cierto eso, Kazami-kun? –preguntó.

-Ay, parece que por fin te enteraste –murmuró Yuuki-. Si, Tomonori-kun. Soy gay.

-Entiendo. ¿Y por qué no dijiste nada hasta ahora, Kazami-kun?

-Si lo hubiera dicho, ¿no te habrías puesto en guardia? No quería que estuvieras preocupado siempre sobre si yo tenía algún tipo de atracción hacia ti, o si intentaba hacer algo contigo –Yuuki se encogió de hombros, sin alterar su cara de póker-. Eso sí, debo señalar que tienes unos muslos y una espalda muy bonitos, Tomonori-kun.

Soltó una risita burlona.

Tsuruya no reaccionaba. Parecía que su cerebro estaba asimilando la nueva información, mientras le temblaban los dedos de las manos.

¡Estoy a punto de perder el control!

-Que quede claro, no tengo ningún problema con los homosexuales. Mi punto de vista es que deberíamos normalizar su existencia. El mundo avanza rápido, y no deberíamos estancarnos en prejuicios idiotas –comienza diciendo Tsuruya, con una expresión aparentemente calmada-. Pero… Tengo un pequeño problema… ¡CONTIGO!

Señala a Yuuki con el dedo, vociferando como un altavoz. ¿No va a dolerle la garganta después de todos esos gritos?

-¡Si tenías esas intenciones, debiste decirlas desde un principio! ¡Me siento violado! ¡Seguramente pensabas toda clase de cosas indecentes cuando nos cambiábamos! ¡No hubiera dejado que vieras ni un centímetro de más de mi piel si hubiera sabido eso!

Comenzó a respirar con fuerza, luego de gastar todo su aire.

Sus jadeos apresurados están a punto de romper mi expresión. ¡No aguanto más! ¡Me duele el estómago de tanto aguantar la risa! ¡Es demasiado!

No pude más, así que comencé a reír sin parar. No podía ni mantener los ojos abiertos, estaba demasiado concentrada en continuar limpiando mi alma.

Cuando me di cuenta, yo también estaba sin aliento. Tuve que hacer un serio esfuerzo para no terminar rodando por el suelo, algo muy indigno de mí.

-¡No puedo creerlo! ¡Es incluso más grave de lo que pensé! ¡Cada uno es peor que el anterior! –escucho la voz de Tsuruya, pero no soy capaz de voltear a verlo-. ¡¿Por qué me pasa esto a mí?! ¡Diosa mía, dame una señal de que no me odias! ¿No puedes hacer aparecer una waifu de verdad aquí?

¿Es mi imaginación, o acaba de proclamar a los cuatro vientos que es virgen? ¿Y qué está diciendo de diosas? Probablemente sea de algún anime, no hay que tomarlo seriamente.

-¿Diosa? ¿Te refieres a Rea-san? ¿¡Te convirtió a su culto maligno!?

Kiyoshi-chan está sacando conclusiones tan extrañas, que me cuesta imaginar de donde salen. ¿Por qué adorarías a alguien que está en tu harem potencial?

-Cálmate, Tomonori-kun. Ni siquiera eres mi tipo. Me gustan los chicos más bonitos.

Yuuki, sin alterarse, comienza a burlarse del propio Tsuruya. ¿Realmente le divierte tanto molestarle? Aunque, viendo sus reacciones exageradas, es evidente que todo el mundo desearía continuar fastidiándolo.

-Ah… Ah…

Me cuesta respirar. Me duele el estómago. Pero no me arrepiento de nada, es muy gratificante divertirse así. Me hace olvidar mis feos recuerdos.

Entonces, cuando por fin abro los ojos, veo la situación ante mí. Tsuruya está mirando hacia arriba, como si le rezara a un dios imaginario. Esto pone de malhumor a Kiyoshi-chan, que no deja de murmurar cosas contra Rea, mientras Yuuki le acaricia la cabeza para consolarla. Una interacción no asquerosa entre hermanos.

En ese momento, escucho un batir de alas. Es la paloma mensajera de Shiro. Y trae algo en sus patas, un documento sellado con el emblema de la Academia Jikû.

Estaba esperándolo. Lo presenté esta mañana. Han respondido rápido.

-Veamos que dicen –tomé el documento, dándole unos cereales a la paloma por su buen trabajo. Ella emitió unos sonidos alegres, parándose en mi hombro-. Perfecto. Han aceptado. ¡Felicidades, Tsuruya! Tienes tu alias.

-¿Alias? ¿Qué diablos estas diciendo ahora? –me arrebata el papel de mis manos.

Un poco más de mala educación, y tendré que disciplinarlo. Ya saben de qué forma.

-¿Esto es en serio? ¿Hiciste que me pusieran ESTE alias? ¿Qué tienes en la cabeza?

Suficiente. Me harté de soportar sus quejas.

Me puse de pie, y antes de que nadie pudiera reaccionar, le di un rodillazo en el estómago. Cuando se inclinó por pura inercia, le agarré el pelo y le di un cabezazo. Su frente hizo un sonido casi hueco al chocar contra la mía.

Tsuruya se derrumbó como un muñeco de trapo.

¡No te di tan fuerte, no exageres!

-Ay, eso debe doler –señaló Yuuki, riéndose. Hace ya tiempo que él sabe cómo evitar decir las estupideces que provocan que me moleste. Lo aprendió de esta forma, mejor que recuerde bien, o ya vera.

-¿Cómo hiciste para hacer que lo acepten sin la firma? –preguntó Kiyoshi-chan, tomando el documento de manos del derribado Tsuruya.

No le preocupa que yo lo discipline. Se acostumbró cuando lo hacía con Yuuki. A diferencia de los chicos, ella rara vez decía algo que mereciera corregirse. Porque suena adorable cuando dice estupideces, a diferencia de ellos.

-Ser líder de Grupo tiene privilegios –aclaré, con una sonrisa.

-No lo sabía. ¿Cómo se lee esto? –esta confundida por el texto, ya que no es un apodo en kanji-. Negro… ¿Negroros?

Kronos. Es de la mitología griega. Kronos era rey de los titanes, Señor del Tiempo –le aclaré-. Sin embargo, la razón por la que lo elegí es otra.

-¿Por qué? –pregunta ella. Estoy segura que no le va a gustar la respuesta.

Kronos era esposo de Rea. Supongo que ahí está el chiste –aclara Tsuruya, sujetándose el estómago-. La Niña Fantasma dice que no le molesta, de hecho se está riendo.

-No me gusta ese apodo –refunfuñó Kiyoshi-chan, molesta.

Se ve tan linda. Me dan ganas de abrazarla y apretujarla entre mis pechos.

-No es más que un apodo, hermanita. No significa nada –Yuuki se encogió de hombros, sonriendo de oreja a oreja-. Si lo pones de ese modo, tú serias una loca que va por ahí matando gente de forma pervertida.

Este nuevo comentario la hizo reír, aunque de manera algo forzada.

-Entonces, no hay ningún problema. Felicidades, Kronos, ya eres legítimamente un miembro del Grupo S. Desde hoy, eres un entendedor, un habitante del mundo secreto detrás de la realidad. ¿Hacemos una fiesta? –propuse, sonriendo alegremente.

-¡Olvídenlo! ¡Todavía me duele todo por lo de ayer! ¡Y mi mano sigue estando sin piel! ¿No podemos relajarnos un día? –de repente, como si hubiera recordado algo, se incorpora con rapidez-. Un momento. Si aceptaron ese alias… ¿¡LES DIJISTE QUE PUEDO VER A REA!?

-No te pongas histérico. Nada va a pasar. La gente del culto a Rea es tranquila, en general. Mientras no hagas nada llamativo, nadie querrá asesinarte –le resto importancia al asunto.

Tsuruya se arroja al suelo, murmurando cosas sobre que será diseccionado.

Los hermanos Yuuki se ríen.

Este es, nuevamente, otro hermoso día en la Academia Jikû.

Continuara…

Original Sin: Kage no Michi

Capitulo 1

Los Aguijones

-¡Te digo que es la única explicación! ¡El Rey Demonio esta muy interesado en doblegar primero este país! –clamó, por tercera vez, el mercenario.

-Y yo te digo que has bebido demasiado. O si no es eso, simplemente estas muy paranoico –le respondió su compañero de armas.

Ambos hombres bebían en un bar al aire libre. Apenas era la Quinta Hora de Luz, pero este establecimiento continuaba recibiendo ordenes de clientes sin parar. No eran pocos los mercenarios que volvían de sus incursiones, además de los que utilizaban este campamento como base. Sumando a los viajeros y comerciantes de paso, una compañía militar de la Frontera Roja que se había extraviado, los nómadas migrantes, y algunos extras más que habían llegado por quien sabe que razones, el lugar estaba repleto.

El bullicio en el bar era tan ruidoso que ambos hombres debían conversar a gritos. Ellos pertenecían a la clase más común de mercenarios, esa a la que apodaban “Carroñeros”. Su trabajo era revisar periódicamente los territorios de la Frontera Roja cercanos al campamento, en busca de algún grupo de Demonios que hubiera escapado al cerco del Ejercito Real. Les pagaban por cada uno que liquidasen.

Por supuesto, este dinero no alcanzaba para nada. No porque fueran pocos los Demonios que se filtraban fuera del Territorio Vedado, si no porque había docenas de grupos de Carroñeros explorando los territorios circundantes. Era casi un juego de azar, patrullando en busca de cualquier monstruo que les pudiera reportar un ingreso. Y los días infructuosos simplemente acababan haciendo tareas básicas, para ayudar a mantener el campamento en buen estado y ganar algunas monedas.

La noche anterior habían tenido suerte: Un Demonio intentaba esconderse en los pastizales, pero alcanzaron a verlo primero. No fue difícil para el grupo de cuatro acabar con él. Y ahora, dos de ellos estaban aquí, despilfarrando el dinero recién adquirido en placeres pasajeros.

Típico día para un par de Carroñeros.

-¡Fíjate que es cierto! ¡El Rey Demonio viene a por nosotros! –exclamó el ruidoso mercenario después de un instante de silencio. Sus mejillas estaban enrojecidas, señal de su estado de ebriedad.

-Si fuera verdad, ya estaríamos muertos. Y los Demonios estarían sacándole la piel a nuestros cadáveres –su compañero estaba mucho mas lucido, recostado en la silla de madera-. Es obvio que esta cantidad de bestias atacan en todos los países a la vez, no tenemos nada especial para llamar la atención de sus tropas.

-¡Que si hay algo extraño aquí, Crajers! –volvió a insistir el mercenario bebido, luego de vaciar su quinta jarra del día de un solo trago.

-Es Crijiers –le corrigió su compañero-. ¿Por qué tanta fijación a ese tema? ¿Prefieres que haya menos Demonios que cazar, Fuodza?

-¡Obviamente no! Bueno, preferiría que no hubiera Demonios en primer lugar –gruñó Fuodza, limpiándose restos de cerveza de su corta barba-. Pero no puedo sacarme de la cabeza las palabras de ese sujeto. ¿Te acuerdas de la compañía militar de la semana pasada? ¿Esos que volvían del Reino vecino?

-Si. Hicieron un escándalo con el jefe del campamento por las condiciones de viaje que tuvieron. ¿Qué culpa tenia él? Es obvio que si vas como refuerzo a las fronteras ajenas, será un viaje duro. ¡Y ni que hubiera sido el jefe quien los mando! –recordó Crijiers, resoplando de irritación. Estaba cansado de tantos pelotones despistados que venían a molestar aquí porque se había perdido. Sólo daban problemas.

-Como sea. Uno de ellos estaba quejándose con la chica que contrató en la habitación junto a la mía. Y lo hacia a los gritos –Fuodza se acercó a su compañero, para hablarle en privado, cosa inútil porque nadie en realidad les prestaba atención-. Dijo que el número de Demonios en ese Reino vecino era mucho menor. Se quejaba de que parecía que los habían enviado para nada, porque las tropas locales hicieron todo el trabajo y ellos estuvieron varios días matando el rato. ¿No te parece extraño?

-Ciertamente, hay algo raro allí. Si las tropas del Ejercito Real holgazanearan mas de lo que ya lo hacen, estaríamos  peleando día y noche contra esos malditos monstruos –Crijiers se rascó la barbilla lampiña-. Tienes un punto. Podría ser que estén concentrándose en este país. Pero no creo que sea por nada en especial. Si yo fuera su estratega, hace años me habría dado cuenta de la cantidad de agujeros en el cerco del Ejercito Real. Seguramente por eso tienen este país en la mira.

Ambos intercambiaron expresiones preocupadas.

-¿Crees que sea buena idea largarnos? A este paso, el Reino no durara mucho tiempo más. Si ocurre otra Gran Matanza, seremos los primeros en ser desollados vivos –murmuró Fuodza. Su compañero no pudo oírle bien por todo el alboroto alrededor, pero capto la idea de lo que intentaba comunicar.

-¿Y adonde iríamos sin dinero? Cualquier puesto fronterizo nos haría regresar a punta de espada. ¡Nadie quiere a los refugiados pobres! –totalmente pesimista, Crijiers destrozó las esperanzas del borracho-. Además, aparte del Imperio, no hay más naciones capaces de plantarle cara a un ejército tan grande. Tarde o temprano van a caer. Y ya sabes lo que opina el Imperio de los demás países.

Fuodza trago saliva. Cada vez que algún comerciante del Imperio pasaba por ahí, afirmaba fuertemente que su nación no toleraba a los cobardes países vecinos. Que si no hubiera un enemigo como el Rey Demonio, con un poderío tal que les obligaba a gastar todos sus recursos militares, ya hubieran conquistado a todos los Reinos aledaños.

Eso sin mencionar las formas increíblemente despectivas que tenían todos los mensajes de las Tropas Imperiales a los puestos de avanzada y campamentos cercanos a su Frontera Roja, como este. Eran advertencias periódicas de no entrar al Imperio bajo ningún motivo, incluso si eran perseguidos por un ejército de Demonios. Las insinuaciones que hacían eran tan horribles, que nadie intentaba probarlas.

Los piadosos comerciantes trataban de advertirles que, literalmente, serian decapitados si ponían un pie en el Territorio Imperial.

-¿Qué diablos les pasa a esos sujetos? ¡Que nosotros no somos el enemigo! ¡Combatimos a los Demonios igual que ellos! –se quejó Fuodza, sujetándose el estomago. Empezaba a sentir los efectos de ingerir tanta cerveza.

-No tengo idea. Lo mas probable es que ven este país como algo inútil, así que no somos igual que ellos –razonó Crijiers-. En el mejor caso, gente como nosotros deben parecerle escudos de carne para algún soldado de la clase mas baja. En el peor, nos cortaran las piernas y las asaran para la cena.

-¡Aggghh! –ante la mención del canibalismo, Fuodza se encogió, con nauseas.

-Si, a eso me refiero. Allá estaríamos seguros de los Demonios, pero no podemos decir lo mismo de los demás humanos –vacío una jarra enorme, refunfuñando-. ¡Maldito Rey Demonio! ¡Maldito Ejercito Real! ¡Maldito Imperio! ¡Malditos Dioses que se sientan a mirar como nos pudrimos!

-¡Malditos todos! –coreó Fuodza.

Ambos hombres chocaron sus jarras, gritando improperios contra todo el mundo.

En lo que se distraían, una conmoción empezó a extenderse por el campamento.

-¿Qué pasó? ¿Ataque de Demonios en masa? ¡Vamos a morir! –chilló Fuodza, hablando solo.

Un sujeto del mantenimiento de establos que pasaba por allí le escuchó, y comenzó a negar con la cabeza.

-No son Demonios, señor. Ha llegado un grupo de Cazadores del Territorio Vedado. ¡Es El Destajador, y trae consigo cien cabezas demoníacas! –dicho esto, se largó rápidamente a atender sus deberes.

Los dos Carroñeros intercambiaron miradas sorprendidas.

-¿¡Cien cabezas demoníacas!? –Crijiers murmuró esas palabras en voz alta, ante la dificultad de asimilar su significado-. ¿Te das cuenta de lo que eso significa?

-¿Qué ellos son mejores que nosotros? –respondió Fuodza.

El grupo que regresaba no era uno de Carroñeros. Eran “Aguijones”.

Se trataba de una profesión mucho más arriesgada. Ellos no eran tan cobardes como para esperar a que las tropas del Rey Demonio vinieran, enfrentaran al Ejercito Real, y pasaran de a uno entre los agujeros de la inestable Frontera Roja.

Los Aguijones entraban en el Territorio Vedado.

Luego de conseguir un permiso especial, ingresaban periódicamente. Mientras los Carroñeros eran un sistema de seguridad que impedía que los Demonios invadieran los terrenos privados de los nobles, y el Ejercito Real era la fuerza principal encargada de hacerles frente, los Aguijones se adentraban entre las filas de los Demonios. Confiando únicamente en sus habilidades, causaban tanto daño como les era posible, y regresaban triunfantes.

Por supuesto, la paga que recibían por sus hazañas era más que generosa. Incluso así, no había demasiados candidatos para convertirse en Aguijones. Nadie sabía con certeza cuantas bajas sufrían estos grupos. Si eras atrapado por Demonios allí afuera, no había que ser muy listo para imaginarse la clase de final atroz y horrible que tendrías. Por no mencionar que tu cadáver nunca seria sepultado, y era muy probable que lo profanaran de toda forma posible.

En definitiva, o tenias éxito, o te esperaba la muerte.

Y El Destajador era una de esas personas que habían tenido éxito.

-¿Quieres ir a ver? –preguntó Crijiers a su compañero.

-¿Para qué? ¿Morirnos de envidia? –se quejó Fuodza, terminando la jarra que tenía en sus manos-. Déjalos, que sigan en lo suyo. Que disfruten de la gloria mientras puedan. Tarde o temprano, acabaran mal.

Con un último eructo, el Carroñero se durmió sobre la mesa, producto de la ebriedad. Su compañero suspira, intentando incorporarse, pero le falla el equilibrio y termina en el suelo.

Tirado en la tierra, comienza a sentir vibraciones crecientes, producto de los pasos de muchas personas. Alza la cabeza, contemplando cómo se acerca una gran multitud, siguiendo a un grupo de hombres que caminan solemnemente a la cabeza.

Tras ellos, los recién llegados arrastran sacos enormes.

-Así que no era necesario ir a verlos, ¿eh? –murmura Crijiers. Se queda contemplando la forma en que la gente del campamento les adula, ofreciéndoles todo tipo de productos a su llegada, desde tragos hasta sexo. Era evidente para el Carroñero que cargaban en esos sacos abultados.

Cabezas. Cien cabezas de Demonios. Una extraordinaria proeza.

Antes de siquiera notarlo, esta intercambiando miradas con el líder del grupo, el hombre más alto que encabeza la marcha. Los ojos de este se clavan dolorosamente en la figura patética del mediocre Carroñero borracho.

Una armadura pesada de cuero y acero. Cargaba un mandoble con una oscura hoja rojiza. Una cicatriz entre sus ojos, producto del ataque de algún Demonio en su juventud. Era la viva imagen del poder de la humanidad.

Sin embargo, su mirada dio escalofríos al hombre tumbado en el suelo.

Esa era la mirada de un loco, un monstruo inhumano.

Los ojos de Vourdred el Destajador hicieron temblar el alma de Crijiers, incluso aunque este ya se había alejado, seguido de cerca por su grupo y la comitiva que les acompañaba.


A El Destajador no le causo ningún impacto el hombre tendido en el suelo. Para él, un Carroñero mediocre no era importante. Si moría, otro más ocuparía su lugar. Eran tan desechables como los ineptos e inexpertos soldados del Ejercito Real.

Tarde o temprano, iban a morir por su pasividad.

En cambio, cada uno de los hombres que le acompañaba era capaz de enfrentar a los Demonios por sí solo. Se habían curtido en el campo de batalla, preparándose para, en un día no muy lejano, enfrentar al enemigo de manera desesperada.

-¡Es suficiente, señoras y señores! –exclamó uno de los Aguijones, haciendo gestos teatrales. Druess era el portavoz del grupo, gracias a su elocuencia y creatividad-. Acabamos de regresar de un duro viaje de tres días al Territorio Vedado, deslizándonos con cautela entre hordas y hordas de Demonios sedientos de nuestra sangre. ¿Nos acosaran a preguntas, en el estado extenuado en que nos encontramos?

Los aduladores fueron completamente captados por las palabras de Druess, y comenzaron a dispersarse.

Estaban frente al único hospedaje solido del campamento. El rustico edificio de madera podía albergar a unas doscientas cincuenta personas como máximo, siendo todas estas casi siempre Aguijones, o funcionarios del Ejercito Real que venían a hacer las revisiones regulares.

Este tipo de lugares eran los sitios donde el grupo de Vourdred recuperaba sus fuerzas luego de cada incursión al Territorio Vedado, al otro lado de la Frontera Roja.

En la puerta, los guardias armados se hicieron a un lado para permitir la entrada a los inquilinos. El mayordomo, quien también era el encargado y dueño del lugar, les dio la bienvenida con una reverencia. No necesitaba ni que se identificaran, eran tan conocidos que podía reconocerlos solamente al darles una mirada.

-¡Bienvenidos! ¡Estábamos esperando vuestra llegada! –comenzó a decir. Alzo la cabeza, acariciándose el bigote-. ¡Por favor, acepten una muestra de nuestra hospitalidad! Tenemos el baño listo, y un banquete digno del Rey para agasajar a nuestros bravos guerreros que mantienen a los Demonios lejos de nuestras familias. La Casa invita, por supuesto.

Había sido alertado por sus empleados de la llegada del grupo de Aguijones, y había ordenado un repaso general a las habitaciones que usarían. Sin embargo, necesitaban algo de tiempo para tenerlas a punto, así que debía entretener a los clientes mientras tanto. Cuartos sucios era algo realmente malo para el negocio.

-No es necesaria la hospitalidad. Nuestras manos nunca vuelven vacías después de vernos cara a cara con los sucios y horribles Demonios –respondió Druess, haciendo una leve reverencia en respuesta a la del encargado.

Druess intercambio una mirada con Vourdred.

Vourdred hizo una seña a dos de sus hombres, los cuales sonrieron casi inmediatamente. Se acercaron, sacando de entre su ropa objetos brillantes.

Ante los ojos desorbitados del mayordomo, ellos le entregaron un pesado cáliz de oro incrustado con joyas, y un collar de plata con un zafiro en forma de estrella.

Estos tesoros fácilmente podían adquirir el hotel entero, incluyendo a las personas y animales que incluían el servicio. Era un pago absolutamente desproporcionado a la estadía en el hotel. Era como comprar un trozo de pan con monedas de oro.

-Esto… Es mucho… ¡Agradezco humildemente la generosidad que me ofrecen! –musitó el encargado, tratando desesperadamente de que no se notara la codicia en su voz. Incluso volvió a hacer una reverencia, para evitar que vieran el brillo en sus ojos-. ¡Les daré las mejores habitaciones durante toda la Época de Manzanos!

Se oyeron algunas risas.

-¿He escuchado la Época de Manzanos? Me temo que nos está malentendiendo, señor Látencer –el encargado se quedo en blanco al escuchar su nombre de familia. El jamás había pronunciado esa palabra en este campamento, para evitar cualquier problema-. Estas meras fruslerías no pueden pagar un establecimiento tan fino como el vuestro por tal tiempo. Simplemente, nos quedaremos una semana.

Las palabras de Druess dejaron a Látencer sin habla. Sus ojos parecía que se le iban a salir de las órbitas. Su quijada podría haber caído al piso si no estuviera ligada a su cara. Sus manos se quedaron heladas. Los guardias apostados alrededor estaban prestando mucha atención, admirando el brillo del oro y las joyas en estado de shock, pero él ni se daba cuenta.

Era imposible. ¿Acaso acababa de pasar lo que su cuerpo le estaba diciendo a su mente? ¿En serio? ¿De verdad? ¿Sin ninguna duda?

Esas personas, estos Aguijones… ¡¿Ellos realmente estaban dispuestos a entregarle a él estos tesoros increíblemente valiosos por nada?!

Los ojos del encargado se llenaron de lágrimas.

-Ustedes… ¡Vuestra generosidad me llega hasta el alma!

El mayordomo comenzó a derretirse en elogios hacia ellos, y no eran las típicas palabras zalameras que decía a los otros inquilinos. Están nacían de su profundo agradecimiento hacia el grupo de Aguijones. Desde el fondo de su corazón, sin exagerar.

-¡Agradecemos sus bellas palabras, honorable señor Látencer! –Druess dio una sonrisa limpia de oreja a oreja, mientras gesticulaba con sus manos de manera natural-. ¡Por favor, cuide de nosotros durante nuestra corta estadía!

Con estas palabras, los guardias que venían escuchando la conversación se hicieron a un lado, dejándoles ingresar al hotel. Vourdred hizo una nueva señal, indicándoles que entraran detrás de él.

Druess no fue detrás de ellos inmediatamente.

-Señor Látencer, ¿podría escuchar una última petición de nuestra parte?

-¡Claro! ¡Lo que quieran! –respondió éste, abrazando contra su cuerpo los tesoros.

-Vera… Los trofeos que trajimos del Territorio Vedado… Ya tenemos muchos –Druess soltó una risa irónica-. ¿Podría encargarse de estos? Al jefe dice que le gustaría ponerlos en la entrada del campamento, mirando hacia el Sureste.

-¿Hacia el Sureste? –preguntó Látencer. La Frontera Roja estaba al Sureste.

-Sí. De esta forma, les dará valor a nuestros compatriotas cuando salgan a enfrentar a los terribles Demonios. Sin mencionar que llenara de miedo los corazones de los monstruos que se atrevan a siquiera acercarse a este campamento –explicó el mercenario, actuando como si estuviera sobre un escenario, con un público ávido de ver su interpretación.

-¡Qué gran idea! ¡No se preocupe, yo me encargare de todo! ¡Vaya a limpiar su cuerpo, comer y descansar, buen hombre! –aseguró el encargado.

-Muchas gracias, señor Látencer. Me despido de usted, debo reunirme con mis compañeros. ¡Hasta luego!

Con un ademán, entro rápidamente en el edificio, con una sonrisa enorme en su rostro sucio y mal afeitado. Nadie vio su expresión apenas les dio la espalda.

-A ver, veamos que tenemos aquí –murmuró el dueño del hotel.

Tomó el borde de uno de los sacos dejados por los mercenarios. Del interior venia un olor espantoso a putrefacción, así que fue fácil para él adivinar que contenían. No era extraño que pasaran cosas como esas, eran muchos los Aguijones que traían trofeos para celebrar sus victorias contra el ejército demoníaco.

El hombre calculó que el tamaño de cada cabeza debería ser similar a un melón. Si así era, entonces el número de trofeos era mayor a los que se decía. Debían ser al menos doscientas.

-¡Señor! –llamó uno de los guardias. Parecía que estaba haciendo lo mismo que él, inspeccionando los sacos para ver qué clase de trofeos habían traído los Aguijones-. ¡Venga a ver esto! ¡RÁPIDO!

-¿Ah? ¿Qué sucede? ¿Hay algún problema? –Látencer se acercó al ver la expresión asustada del hombre. Se trataba de un Carroñero, así que cabezas de Demonio deberían ser cosas relativamente normales para él.

Sin embargo, olvido eso cuando sus ojos se posaron en el contenido de la bolsa.

-Esto… Esto es…

Por segunda vez en corto tiempo, se había quedado sin habla.

Lo que estaba dentro del saco era una sola cabeza. Enorme y maciza, los ojos estaban anormalmente separados entre sí. Sus dientes del tamaño de un ladrillo eran amarillentos, y en algunos había feas marcas negruzcas. La piel tenía un tono verdoso que recordaba al moho, y sin duda era más gruesa que la de cualquier Demonio. El poco cabello, del color de la paja sucia, eran matojos revueltos y enmarañados sobre las orejas de la criatura. La nariz era asquerosamente grande.

-¡Un Troll! –exclamó el guardia.

-Es demasiado grande –contestó Látencer.

-Una vez, vi uno de estos. Por suerte, estaba bien lejos cuando logre avistarlo –aseguró otro de los hombres, atraído por el escándalo. Su rostro estaba pálido-. ¡Es un Ogro de las Tierras Bajas! ¡En el Ejercito del Rey Demonio, estas cosas son usadas para arrastrar armas de asedio, o para llevarse por delante a compañías enteras de soldados!

-¿Cómo se las ingeniaron para acabar con este monstruo? –murmuró el primero, aterrorizado al ver la gruesa piel que tenia. Las espadas no podían cortar eso.

-Mira atentamente –respondió Látencer, señalando a los ojos del Ogro.

Ambos estaban atravesados por flechas largas. La derecha estaba partida, como si alguien la hubiera quebrado al intentar quitársela. La izquierda estaba completa, mostrando unas largas plumas de pato silvestre.

-¿Qué arquero podría darle a blancos tan pequeños? ¡Y eso en medio de una batalla contra un monstruo como este! –el segundo guardia tragó saliva-. ¿Qué clase de monstruos son esos Aguijones?

-Pues me alegró de estar en el mismo bando que ellos –aseguró el encargado, abrazando contra su pecho los tesoros que se le habían entregado-. Fuertes, generosos, educados… ¡Esta es la clase de hombres que salvaran a la humanidad del Rey Demonio!

Los guardias fueron completamente incapaces de refutar sus palabras. Ante la vista de esa hazaña, no tenían forma alguna de expresar lo que sentían en palabras.


En palabras simples de explicar, ¿qué es un regalo?

Un regalo tan generoso era un acto claro de amabilidad, un gesto de personas con gran corazón. Una muestra de la bondad del ser humano. ¿No es así?

Pero… ¿Qué parte de ello es el gesto de bondad? ¿Desprenderse de tesoros tan valiosos? ¿Entregárselos a una persona que no conocías? ¿Incluso después de haberlos robado de los horribles Demonios a costa de sangre, sudor y lagrimas?

¿Y qué dirías si supieras que, para esas ‘buenas personas’, esos tesoros tan valiosos les dan igual?

¿Qué dirías si te dijera que no hay nada que podrían hacer con ellos si se los quedaran?

¿Es todavía un acto desinteresado de bondad? ¿El gesto todavía es algo grande? ¿Hay realmente una muestra del buen corazón de la humanidad?

¿O acaso es solamente un acto al nivel de tirarle un hueso a un perro callejero?

¿Qué opinas tú?


Ya dentro del establecimiento, se escuchaban las risas de los Aguijones, mientras se quitaban el barro y la sangre de sus cuerpos llenos de músculos. Los empleados del hotel, luego de que se corriera la noticia sobre la cabeza de Ogro, estaban tan impresionados que aceleraron sus trabajos.

Eso, y que el dueño les había prometido monedas extras si terminaban antes de la Octava Hora de Luz.

Entre la conmoción, los empleados ocupados, que no había más clientes importantes capaces de pagar la estadía, y el respeto hacia el grupo de mercenarios, ellos pudieron darse un largo baño en la enorme estancia con relativa facilidad.

Sin embargo, si alguien más hubiera entrado, se habría encontrado confundido.

¿Por qué los que reían eran sólo cuatro personas junto a la puerta? ¿Y por qué parecía que estaban forzándose a sí mismos a hacerlo? De vez en cuando, aparecía alguno de los demás a sustituir a una de estas cuatro personas. De esa manera, seguían contando historias banales y chistes tontos, mientras soltaban carcajadas ocasionales con extrañas expresiones en sus rostros.

Daba incluso algo de miedo.

En el fondo del baño, metido hasta la cintura en agua caliente, Vourdred se arrojó un cubo de agua humeante sobre su enorme y fornido cuerpo. Estaba repleto de cicatrices, muchas de ellas viejas. Había una muy grande en su hombro izquierdo, allí donde el alfanje de aquel Demonio se había clavado. Aunque era claro que la herida más notoria estaba en su rostro: Una marca negruzca, dejada allí por la figura negra el día que su vida se derrumbó en un instante.

Su expresión estaba tan fría que incluso congelaba el agua a su alrededor, haciendo que el agradable baño caliente se tornara algo incomodo.

-¡Jefe! ¿Estás escuchando?

-¿Ah? –Vourdred salió de sus pensamientos al ver que Firdas le hablaba-. No, repítelo. Y no me llames jefe aquí.

-Está bien, Vourdred –murmuró el hombre. Tenía el cabello rubio platinado, y un cuerpo flaco y fibroso. Aparte de eso, con su nombre sacado de una vieja leyenda élfica, muchas veces el resto de los hombres solían fijarse si tenía orejas de punta-. Estaba preguntando si iremos en una nueva incursión a la Llanura de Acero. Los Demonios empiezan a venir en caudales mayores.

-Lo sé. No hay razones para quedarse más tiempo. Recuperaremos fuerzas y suministros y partiremos a las Colinas de los Aullidos. Allí debería haber mejores oportunidades, especialmente cuando llegue el Invierno. Los Trolls y Ogros tendrán problemas para moverse con la nieve gruesa de esa zona.

-Entendido –Firdas no discutió nada. No hizo más preguntas. No eran necesarias.

Vourdred se quedo solo una vez más. Él y sus pensamientos no fueron perturbados durante el resto del día. Solamente se quedo en silencio durante el baño, el banquete, y la tarde. Nadie más le pregunto nada, nadie le prestó atención.

Como si fuera natural que el líder de la tropa de mercenarios no hiciera el más mínimo comentario, todos los demás pasaron a su lado hasta la noche sin prestarle atención. Incluso cuando Druess contó historias de terror frente al fuego de la chimenea, asustando a los empleados. Tampoco cuando Mulen y Seigbuk hicieron una competencia de pulsos. Ni siquiera cuando Ergasse partió rocas en dos con la fuerza de sus enormes y poderosos brazos. Hasta los chistes ridículos de Kaltras se oyeron esa noche, y no le inmutaron ni un poco.

Cómo si se hubiera convertido en una estatua de piedra con forma de hombre.

Como si estuviera esperando algo.


Esa noche fue silenciosa.

El campamento, luego de la agitación de la mañana, se quedó en silencio.

Fue por eso que ese insignificante ruido despertó al mercenario.

No era el chirrido de un insecto. No era un animal domestico despierto. No era el ronquido de un hombre. No era ningún sonido natural.

Si le preguntaras a Vourdred, él diría que era una risa. Una débil, fría y sibilante risa.

Y luego, esa sensación helada. Se sentía como una mano de pura malicia glacial que acariciaba su costado. Y subía lentamente, acercándose a su cuello.

Casi podía sentir las escamas frías de la serpiente, mientras se acercaba a los puntos vitales de su cuerpo.

Sintió el lamido de la lengua bífida en su cuello.

La cicatriz de su frente comenzó a picarle.

Se incorporó rápidamente, con una mano agarrando el mango de la espada, y la otra asiendo al viperino animal que intentaba morderle el cuello.

Sin embargo, no había nada ni nadie. Ni serpiente, ni enemigo. La habitación donde descansaban él y sus hombres estaba vacía. El calor corporal de la chimenea y las personas durmiendo llenaba la estancia, mientras la ventana abierta dejaba entrar un aire fresco ligero. La única frialdad la sentía en su cuerpo, pero rápidamente desaparecía.

¿Una pesadilla?

Frotándose la oscura marca sobre su nariz, el Aguijón se levantó de la cama. Camino lentamente hasta la ventana, dispuesto a cerrarla sin despertar a sus compañeros. Sin embargo, en el momento en que estaba frente a ella, algo le hizo desviar su mirada hacia la calle completamente vacía. Desde el primer piso, tenía una vista perfecta.

Una forma oscura se podía ver a la débil luz de una tea que estaba casi extinguida.

A pesar de que la calle estaba vacía hasta hace un momento, ahora había alguien allí. La tea comenzó a arder de repente con una llama negra como la Oscuridad Infinita, que se devoraba la negrura alrededor.

Esa forma oscura de una persona con capa y capucha, rodeada de un aura negra.

A pesar de la distancia, era capaz de ver al ser sombrío que le había hecho esa cicatriz que ardía en su frente. Y esa criatura, esa cosa, esa abominación, estaba allí.

Le hacía señas con una delgada mano, pálida como la Luna.

“Ven. Ven aquí ahora.”

Vourdred no espero ni un segundo. Tomo su espada, saltó por la ventana, y comenzó a correr como un loco hacia la forma encapuchada que le esperaba allí. Si hubiera algo en medio, lo habría arrollado como un búfalo salvaje desquiciado.

De sus labios escapaba un gruñido animalesco.

Sin embargo, la forma oscura no parecía en lo absoluto preocupada por un enorme hombre corpulento corriendo en su dirección. Ni siquiera reaccionó cuando el mercenario esgrimió la espada, preparándose para partirle en dos.

Simplemente, en el momento en que se acercó lo suficiente, se dio la vuelta con naturalidad, y camino hacia el establecimiento más cercano. No mostraba la más mínima preocupación, ni cambio su ritmo al desplazarse.

No le alarmaba el hombre intentando atacarle.

Vourdred, con la manía de la experiencia obtenida en combate, se dio cuenta de que no llegaría a golpear a la figura oscura antes de que llegara a la carpa. No podía ir más rápido, ni serviría de nada arrojarle la espada. Recordando sus experiencias pasadas, todavía dudaba de que esta arma fuera capaz de herir a este ente misterioso.

Justo antes de desaparecer detrás de la tela, la figura dejo entrever una sonrisa bajo su capucha. Los labios carmesí en la piel pálida no mostraban ninguna imperfección.

El Aguijón gruñó por la impotencia, pero nada podía hacer más que aminorar el paso y bajar su arma. Entro rápidamente a la carpa, mirando hacia todas partes en busca del Demonio encapuchado, pero no había señales de su presencia. Y tampoco ningún lugar donde pudiera estar ocultándose. Una única vela larga y gris iluminaba el lugar con facilidad, así que tampoco podrían estar escondiéndose en las sombras.

La atención de Vourdred se dirigió hacia las personas en el lugar, imaginando que no sería capaz de reconocer a la figura oscura sin sus atavíos regulares, pero se llevó otra decepción. Tan sólo había un hombre mayor con una larga barba, y un niño pequeño que sostenía una bolsa de arpillera.

Ninguno de ellos tenía parecido alguno con ese ente que le había hecho la cicatriz.

¿Adónde había ido?

-¿Han visto algo extraño? Vi que una persona sospechosa pasó por aquí –dijo Vourdred, refrenando la furia que ardía en su sangre.

Había esperado por siete años. Todavía no había llegado al límite de su paciencia. Si la figura oscura se había mostrado después de todo este tiempo, significaba algo. Las respuestas que estaba buscando debían estar por revelarse.

-¿Alguien sospechoso? Por ejemplo… ¿Qué tal un sujeto que aparece en mi tienda, espada en mano, cuando todavía falta más de una hora para que amanezca? –respondió el dueño, mirando al reloj de arena a su lado, y poniendo una sonrisa irónica en sus labios oscuros-. Y aparte de eso, con el torso al descubierto con este frio… ¿Busca un resfriado?

El Aguijón no estaba de humor para bromas. En su precipitación, había olvidado la vaina de la espada, por lo que clavo la punta en el suelo, mientras miraba por el lugar. Sus ojos buscaban lugares donde ocultarse, pero la frutería no tenía ningún escondite para una persona tan alta como él.

La figura oscura no había entrado en ese lugar. Le había engañado.

El Destajador exhaló lentamente, calmando su mente. Dejo de preguntarse adonde podía haber ido ese Demonio. No estaba aquí, y de nada serviría obsesionarse con ello. Con la adrenalina retirándose de su cuerpo, se dio cuenta de que el viejo tenía razón. El frío de la noche no se sentía en el cuarto calefaccionado del hotel, pero aquí era otra historia.

El niño, maravillado, comenzó a observar la enorme espada del mercenario. La hoja desnuda no brillaba ni se veía hermosa. Era un instrumento cuya única utilidad era matar, y nada más que eso. Se podían ver una serie de pequeñas letras alineadas en el mango, pero sus trazos eran tan pequeños y finos como hilos de araña.

-¿Esas son runas élficas? –preguntó el niño. Sus ojos brillaban.

El Aguijón, quien seguía buscando alrededor en busca de pistas, presto atención al pequeño que admiraba su mandoble.

-Enanas. O al menos, eso dicen –él había adquirido la espada en una armería, tiempo atrás. Había costado mucho oro, supuestamente por las propiedades mágicas de las runas en su mango, y la hoja hecha de acero celestial. Cuanto de esto era realmente cierto, no sabía, pero en estos años no recordaba haber sentido ni presenciado ningún hecho místico relacionado a esa espada.

Era mucho más común que fueran los Demonios, o los hechiceros errantes, quienes usaran magia contra él. Y jamás con buenas intenciones.

-¡Impresionante! –murmuró el niño-. Entonces, ¿es usted el Aguijón que cazó a un Ogro de las Tierras Bajas? ¡Dicen que era tan alto como una torre, con una piel más gruesa que una coraza de acero, y portaba una espada gigantesca!

Los rumores que había oído dejaron a Vourdred perplejo. Cada uno era más ridículo que el anterior. Para empezar, los Ogros no eran tan altos, pues caminaban encorvados; y este en particular usaba un garrote y un hacha.

Algunas personas, al parecer, disfrutaban enormemente de inventarse historias de la nada para hacerle ver como una especie de héroe legendario.

-¿No deberías estar en casa? En la noche pueden acechar todo tipo de criaturas horribles –advirtió el mercenario.

-¡No les tengo miedo a los Demonios! ¡Algún día, tendré mi propia espada, y cortaré en pedazos a cada uno de esos monstruos! –el pequeño comenzó a agitar un arma invisible, adoptando poses gallardas. El espectáculo era tan ridículo que a Vourdred le entraron ganas de reírse.

Y luego, comenzó a acordarse del pasado. De su pequeño Jadred. De cómo él se ensuciaba siempre las manos con tierra jugando, de cómo practicaba ser arquero arrojando ramitas, de la vez que había intentado levantar el hacha de su padre, pero sólo consiguió caer sobre su propio trasero.

Recordó su pequeño cadáver, en el suelo, asesinado por las bestias que hicieron arder su aldea ese día, sin dejar un solo edificio en pie.

El niño de la bolsa de arpillera había empezado a describir sus heroicas hazañas, y se volteó para ver si el mercenario seguía prestándole atención. Sin embargo, se quedó tieso al ver la escena que tenía lugar en ese momento.

Los ojos del hombre, que miraban a ninguna parte, estaban tan llenos de odio e ira que se le olvidaron todas sus fantasías de ser un guerrero. En lo profundo de esa mirada yacía un ansia tan repulsiva, que las piernas del pequeño comenzaron a temblar.

-Ah… Has- ¡Hasta otro día! –se despidió el niño, aferrando fuertemente la bolsa de arpillera. Salió despacio, como si caminara frente a un león dormido.

Un león al que no quería despertar.

-Que tengas un día bonito –le despidió el dueño, quien había estado abstraído de todo lo ocurrido, contando las monedas en una bolsa. Se fijó en que Vourdred seguía allí parado, ensimismado en sus pensamientos-. ¿Necesitas algo?

-No –respondió el Aguijón, volviendo al presente.

-Pues mejor ve a abrigarte, que hace un frío espantoso allí afuera –declaró el anciano, bostezando por el cansancio-. Qué horror de día. ¿Bonito? ¡Desde hace años que no hay un día bonito en este maldito campamento!

-Si tiene frío y sueño, ¿por qué tiene la tienda abierta? –discutió Vourdred, empezando a enfadarse por la actitud de este viejo.

La mayoría de las tiendas no abrían hasta el amanecer. Lo que el viejo hiciera de su vida, a él le daba igual, pero si se quejaba por eso, era un hipócrita.

-¿Ah? Me desperté de repente por ese sueño horrible. Y cuando salí a caminar para olvidarme, me encontré a ese niñato hablando con una muchacha preciosa frente a la tienda. Pensé que sería su hermana o algo así. El caso es que ella me pidió si podía venderle unas manzanas para el pequeño, y soy un hombre. ¿Cómo podría rechazar a esa mujer tan hermosa que me pide algo? –el dueño hizo una sonrisa zalamera.

-¿Mujer? –una idea se deslizó de repente por la mente de Vourdred-. ¿Era igual de alta que yo, con la piel blanca, labios rojizos, vestida de negro? ¿Con los ojos rojos como la sangre recién derramada?

A duras penas resistió las ansias, para que no se filtraran en su voz.

-Sí, ella era exactamente así. ¿La conoces? Si es así, ¿te molestaría decirme…

El Aguijón no escuchó el resto. Salió corriendo, espada en mano, buscando frenéticamente alrededor, hasta que vio la espalda del niño. Corrió hacia él, respirando fuertemente, como un buey en embestida.

Alcanzó rápidamente al pequeño, y lo agarró por los hombros. Jadeando, comenzó a interrogarle con una expresión enloquecida.

-Esa mujer… La que te compró las manzanas… ¿La conoces?

Ante el brillo demente en los ojos del hombre, el niño no pudo hacer más que responder nerviosamente.

-Ella… Yo había tenido una pesadilla, y me desperté en plena noche… Me hizo señas por la ventana… Jugamos un rato… Y entonces me dijo que le hiciera un favor, pero ella terminó comprándome estas manzanas… ¡Eso fue todo!

Ambos se miraron unos segundos. Nadie hablaba. La atmósfera incomoda preocupaba al niño, quien miraba muy seriamente la espada del mercenario.

¿Era su turno de probar cuán afilada estaba la hoja?

-Esas manzanas… Te las compró –Vourdred se sacó un pendiente de plata que llevaba en el lóbulo de su oreja izquierda, entregándoselo al niño en las manos sorprendidas y temblorosas.

Sólo con una mirada, supo que era muy valioso.

-Está bien –dejó escapar con un hilillo de voz.

Con una sonrisa maníaca, el mercenario tomó la bolsa de arpillera, y salió corriendo como un loco en la oscura noche.

El niño parpadeo, repentinamente solo en la quietud del campamento dormido. Caminando con lentitud, regresó a su hogar, todavía pensando si debía considerar que esta noche había sido un sueño.


-¿Manzanas? –preguntó Kaltras, parpadeando de sueño y sorpresa.

Rápidamente, se hizo su habitual coleta en el cabello teñido de azul, haciendo extraños ademanes exagerados. Se acercó a la chimenea, avivando las llamas y agregando nuevos troncos. Iban a necesitar todo el calor que pudieran para despertarse rápidamente.

-No las toquen. Podrían estar malditas –advirtió Vourdred, arrojando la bolsa de arpillera sobre un banquito. Envaino su espada, y luego comenzó a ponerse sus ropas-. Druess, encárgate.

-Claro, jefe –el mercenario de cabello largo se frotó las manos frías, acercándolas al fuego que ya ardía con fiereza. El Destajador estaba tan ensimismado, que olvido recordarle que no debía llamarle de esa manera fuera del campo de batalla.

Acto seguido, comenzó  hacer ademán de tocar la bolsa de arpillera, pero siempre se detenía a milímetros de hacerlo. Repitió esto unas cuantas veces, pero no ocurrió nada extraño. Tras terminar esta comprobación, abrió la bolsa, y echo un vistazo al contenido.

-Alcohol –pidió, alargando la mano.

Su asistente, el viejo Marguil, le alcanzó una botella de vodka medio vacía. Druess arrojó un chorro dentro de la bolsa. Rápidamente, agarró una astilla de madera que había junto a la chimenea, y presiono la punta contra los leños ardientes para encenderla. Acto seguido, la uso para prender el alcohol que había arrojado dentro, provocando una llamarada.

Los demás mercenarios observaban la ceremonia, intrigados por la forma en que su compañero descubría las maldiciones colocadas en la fruta. Druess era un conocedor de toda leyenda antigua que hubiera, las cuales había recopilado en múltiples libros. Incluso había pasado un año estudiando en la sede de la Santa Iglesia, aprendiendo sobre las maldiciones demoníacas y la magia negra.

Si había algo en esas manzanas, él iba a descubrirlo.

Una vez la llamarada provocada por el alcohol se extinguió, el mercenario abrió la bolsa, sacando las tres frutas rojas algo chamuscadas, depositándolas en el banquito.

-¿Algo en la bolsa? –preguntó Vourdred.

Ergasse tomó la arpillera, y la deshizo en trozos fácilmente con sus poderosas manos. Negó con la cabeza. No había nada en el interior.

Mientras tanto, Druess había sacado una fina aguja de su cinturón. La sostuvo verticalmente, por encima de una de las manzanas, y la dejo caer. La punta chocó con la piel de la fruta, haciendo un rasguño diminuto, antes de caer a un costado. Repitió esto con las otras dos, pero seguía sin ocurrir nada anormal.

-¿Son para comerlas? –preguntó el mercenario a su jefe. Vourdred negó con la cabeza-. Entonces, es todo. No hay problema con tocarlas o cortarlas. No encontré ninguna maldición en ellas. ¿Qué debemos hacer?

-Corta una. Veamos que hay dentro –ordenó el jefe.

-Como diga –Druess sacó un cuchillo corto de su cinturón. Sujetando la manzana, comenzó a cortarla lentamente, de arriba a abajo. Tras llegar a la mitad, se detuvo de repente-. Parece que tenía razón, jefe. Hay algo dentro ofreciendo resistencia.

-¡Sácalo! –en la voz de Vourdred se notaba claramente la impaciencia.

Con una risa sarcástica, Druess cortó el otro extremo de la manzana, y la partió en dos. Del interior extrajo una pieza de un metal liviano, grabada con delicados dibujos. Su asistente le alcanzo un trapo para que pudiera limpiar los restos de fruta.

-¿Cómo lograron meter esto dentro? –preguntó Marguil, mirando por encima de su hombro el extraño objeto. Era rectangular, con los bordes pulidos. Cabía en la palma de su mano. Luego de limpiarlo mejor, se hacía evidente que era de fabricación artesanal, hecho con dedicación por un herrero de primera clase.

-Definitivamente, no lo hicieron con métodos ordinarios. Me huele a magia. Sin embargo, hacer algo como esto… Sin duda, se trata de una clase de magia de la que nunca he oído antes –declaró Druess. Enseño los pedazos de la manzana, colocándolos boca arriba sobre el banquito. Se oyeron algunas exclamaciones de asombro.

Parte del corazón de la fruta se apreciaba dentro. El contorno del objeto se notaba en el interior, como si hubieran retirado específicamente la parte que necesitaban con alguna herramienta desconocida. Sin duda alguna, no había forma de hacer crecer la manzana con esa cosa incrustada, así que debía ser obra de hechicería.

-En ese caso, seguramente hay otras cosas dentro del resto de fruta –aseguró Firdas, tomando una de las dos manzanas restantes. Sacó un cuchillo curvo de su cinturón y comenzó a recortar cuidadosamente la fruta. Ergasse agarró la otra, estrujándola entre sus manos.

-¿Qué metal es? ¿Acero? –preguntó Thorun, admirando el trabajo de grabado.

Era por lejos el más joven del grupo, con apenas dieciséis primaveras. Era el hijo del herrero del pueblo, pero apenas había sido iniciado en el trabajo cuando ocurrió la Gran Matanza. No había logrado aprender mucho. Y obviamente, ya no tenía ninguna oportunidad para seguir la tradición familiar. Incluso así, aun le apasionaba la idea de continuar sus estudios, y trabajar en una forja.

-No. Esto es… ¡Aluminio! –Druess parpadeo, sorprendido-. ¿Sabes lo asquerosamente difícil que debe ser encontrar un herrero que trabaje con este metal? ¿Quién tiene el dinero y los contactos para hacer algo como eso?

-Además, esos grabados son muy delicados. Esto fue hecho por encargo. ¿Y ese sello? ¿Es de alguna familia noble? –preguntó Marguil.

-No. El emblema que veo aquí no se parece al de ninguna familia de la nobleza. Al menos, ninguna de la que tenga conocimiento –Druess le paso el objeto, ya limpio, a Srump-. ¿Lo conoces?

-Sin duda. No es de una familia noble –el hombre rubio señalo uno de los símbolos-. Eso es un león con cabeza de águila. Una bestia mítica que aparece en las leyendas sobre la fundación de este Reino. Este es el sello de la Casa Real.

Comenzó a girar el objeto, enseñando las diversas formas decorativas alrededor.

-Esta cosa no la había visto antes, pero si escuche de ella. Es un Pase Real, que sólo puede ser emitido por su Majestad en persona, luego de contar con la aprobación de la Cámara de Ministros y la Cámara de Nobleza –continuó Srump, haciendo gala de todo su conocimiento sobre la política e historia de este Reino-. Te permite entrar en cualquier ciudad sin pagar impuestos, incluso en la Capital. No tiene fecha de vencimiento. No puede ser revocado. Sólo el Rey puede negarlo, y debe hacerlo en persona, frente a ambas Cámaras.

-¿Entrar en cualquier ciudad libre de impuestos? ¿También se aplica a tu carga? –Srump asintió a la pregunta de Thorun-. ¿¡Eso no te permitiría meter contrabando de cualquier tipo a plena luz del día y a la vista de todos!?

-Exactamente. Por esa razón, no se ha vuelto a emitir ninguno en las últimas tres generaciones. El poder político y comercial que te otorga es absurdo –el hombre rubio se fijó en las fechas grabadas en la base del Pase Real-. Pero este en particular es viejo, fue emitido por un Rey anterior. Y aun así, todavía sirve. Mientras no sea fundido, este pequeño objeto permite a su poseedor ser inmensamente poderoso.

-¿Qué querrá significar esta señal? ¿Por qué un Pase Real antiguo estaba en esa manzana? –preguntó Marguil.

-Esta podría ser la respuesta –Firdas había recortado su manzana, revelando que dentro había un recipiente de vidrio sellado. Lo rompió con un golpe del mango. Del interior sacó un pergamino pequeño.

-Pásalo –pidió Gandour. Se alisó su barba canosa, examinando la apretada escritura-. No creo que sea buena idea leerlo en voz alta. El lenguaje está lleno de formalismos y protocolo, es bastante irritante. En resumen, es una invitación a un evento secreto en la Capital. Algo que los remitentes llaman “La Reunión de los Mártires”.

El nombre despertó algo de polémica entre los mercenarios. Se escuchaban murmullos, intrigados por la elección de tal título para ese encuentro.

-Es sólo para Aguijones. Y no puedes participar si no presentas la “Moneda del Mártir” –continuó Gandour-. El lugar es la residencia de la familia Mardetroid. Y la fecha, dentro de una semana.

-Si vamos en carruajes y caballos, todavía podemos llegar a tiempo –añadió Druess.

-¿Y esas monedas? –preguntó Vourdred.

Ergasse extendió su mano, mostrando el contenido de la tercera manzana. Entre sus enormes dedos había tres monedas de cobre. Thorun las tomó, notando que eran muy distintas de las habituales monedas.

-Observen. Las monedas normales tienen la faz del primer Rey en la cara, y el emblema de la Santa Iglesia en la cruz –sujetaba una moneda normal en la mano izquierda, comparándola con la Moneda del Mártir en su derecha-. Pero estas tienen el rostro del Archiduque que fundo la casa Mardetroid, y el sello de los feudos de Mardefild, que son propiedad de esa familia. ¡Sin la menor duda, es una moneda especial que ha sido acuñada por esa familia!

-Emitir moneda falsa es un delito. Y se pena con la horca –señaló Srump-. Incluso si están distribuyendo estas monedas en secreto, es sumamente arriesgado. Podrían ser colgados por fraude.

-A menos que tengan permiso del Rey –añadió Gandour-. En ese caso, es incluso más extraño. En cualquiera de los dos casos, algo está pasando aquí.

-La pregunta es… ¿Iremos? –Firdas puso en palabras lo que todos los demás estaban pensando. Todos dirigieron su mirada hacia Vourdred.

-¿Dice cuál es el motivo del encuentro? –preguntó El Destajador a Gandour.

-No. Pero si menciona que podría haber una gran recompensa.

-Es una buena táctica para atraer a los Aguijones –murmuró Thorun.

Vourdred cerró los ojos un segundo, pensativo.

Este era sin duda un mensaje de la figura oscura. Estaba sugiriéndoles que deberían ir a esa Reunión de los Mártires. Incluso les había dado los medios para participar.

No sabía que intenciones tenía ese ser sombrío. Lo que le había dicho hace siete años todavía estaba grabado a fuego en su memoria. Supo que sería llamado El Destajador, algo que no ocurrió hasta varios años después.

¿Estaba el llamado Parche Rojo en esta reunión? ¿Tendría una oportunidad de concretar su venganza? ¿Y cuál era el objeto de este evento?

Él no sabía nada. No tenía idea. No había ninguna respuesta.

Y justamente por eso, no podía dejar pasar la oportunidad.

-Prepárense para partir –ordenó El Destajador-. Vamos a la Capital.

Todos en la habitación asintieron. Nadie puso ninguna queja.

Vourdred y sus compañeros asistirían a la Reunión de los Mártires.


Mientras tanto, lejos de allí, en un angosto pasillo de la residencia de la familia Mardetroid, Krurin rezaba en voz baja.

-¿Podrías callarte? –pidió Youche-. Me pones de mal humor.

Ambos estaban vestidos con armadura completa, y sujetaban largas lanzas. La hoja metálica de sus armas estaba recubierta de un leve resplandor pálido. Si te acercabas a mirar, podrías notar que había formaciones mágicas tanto en el mango de sus armas, como en los cascos y guantes que llevaban, e incluso en el pomo de las espadas que tenían al cinto.

-Lo que yo haga no te incumbe –masculló Krurin, interrumpiendo sus rezos-. Es nuestra última semana aquí, quiero sobrevivir hasta conseguir mi último pago.

Youche chasqueó la lengua, fastidiado por la actitud de su compañero. Lo habían contratado hace apenas tres meses, así que era un completo novato. Todavía creía que había un riesgo real por el cual tenían que usar estos equipos mágicos.

-Llevo aquí dos años. Y sé que no le ha pasado nada a ninguno de nuestros predecesores en estos siete años que han pasado. No tienes ninguna razón por la que preocuparte. Nada ocurrirá en estos últimos siete días –le contradijo.

-Aun así, no me calmare hasta que me den mi maldito dinero –respondió Krurin.

Ellos estaban parados a ambos lados de una puerta de madera sencilla. Dentro, se escuchaban débiles sonidos. Generalmente eran ruidos de agua, telas, o pisadas.

Y en ocasiones, extraños sonidos que ningún humano era capaz de identificar.

-Disculpen, pero… ¿Han dicho siete días? –repentinamente, se escuchó una voz viniendo del cuarto. Krurin se tensó por completo, aferrando fuertemente su arma.

-Sí. Escuchaste bien. Faltan siete días para la Reunión de los Mártires –Youche, ignorando la mirada aterrada de su compañero, respondió a la débil voz femenina.

-Muchas gracias. Disculpen la molestia, Youche, Krurin –con este comentario, se escucharon los débiles sonidos de pasos que se alejaban de la puerta.

-¿¡Cómo sabe mi nombre!? –susurró furiosamente el aterrado guardia-. ¿¡Se lo dijiste!? ¿¡Estas mal de la cabeza!?

-Deja de joder por tus estúpidas supersticiones –respondió Youche, mirándolo con desprecio-. ¿Todavía no te das cuenta de que todo lo que dices puede ser escuchado dentro? No importa si lo dices en voz baja. Te va a oír.

Al escuchar esto, Krurin cerró inmediatamente la boca. Se puso firme, esperando que algo ocurriera, pero fue en vano. No ocurrió nada. Incluso así, seguían temblándole las manos. Continuaba pensando que esta última semana seria su perdición.

Youche se cansó de intentar convencerlo. Sabía lo que debía estar pensando. Recordaba perfectamente cómo, hace dos años, era en extremo cuidadoso al montar guardia fuera de este cuarto.

En ese entonces, no paraba de preguntarse “¿Por qué acepte vigilar a ESTA COSA?”

Luego de dos años, se pregunta “¿Por qué fui tan idiota en el pasado?”

Ambos continuaron parados en el lugar, con tan distintas ideas pasando por sus mentes. Pero mientras tanto, dentro de la habitación, empezaron a escucharse algunos ruidos. Eran esos sonidos ininteligibles que hacían que Krurin tuviera escalofríos, además de pesadillas cada noche.

Allí dentro, a la tenue luz de la luna que entraba por una ventana enrejada, se veía moverse una figura delgada. Y a su alrededor, extrañas y amorfas criaturas emitían esos sonidos, a los cuales ella respondía.

Observando a la luna en lo alto del cielo oscuro, la persona sonrió. De sus labios escapó un suspiro, mientras cerraba su ojo derecho.

-Sólo siete días más…

Si, cerró únicamente el derecho.

Porque el izquierdo… Estaba cubierto con un parche de cuero rojo.

Un Parche Rojo.

Continuara…

Rules-Free capítulo 18

Kon’nichiwa minna-san ~~♫♫ !Shu-chan reportándose¡ ¿Vosotros no perdéis las ganas de hacer cosas cuando llega el calor? En el caso de Shu-chan, más que perder las ganas por el calor, se está derritiendo, literalmente. Esperemos que Shu-chan no se convierta en gelatina para el final del verano…

 

Traductor: Shu-chan
Editor: Bro-chan

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¡¡El retorno del Mal!!

Hola a todos~~~

¡¡¡Regrese para volver a arreglar esta cueva de traducciones!!!

Ballrod aquí, como no soy de muchas palabras, vamos con los puntos a tratar sobre la pagina:

1.- en estos días estaré organizando todo lo que se ha publicado en este ultimo tiempo, eso incluye nuevas novelas, actualizaciones de la ya antiguas y ademas una pequeña reestruturación de la clasificación de dichas novelas.

2.- Como siempre se ha dicho, se buscan traductores para las novelas antiguas que no tengan, ademas quiero decir que frente a esto, las novelas que tengo confirmadas que no tienen un traductor activo serian (hasta ahora) Kuro no Maou y Skill Taker’s, entre otras mas. De esto no se ha realizado un estudio a fondo, pero ya tendré una respuesta definitiva para el fin de semana.

Creo que eso seria todo por ahora.

Ah una cosa mas, para aquellos que me enviaron un correo para integrarse a traducir en SlaveRod, ya les envié su respuesta~~~ creo que hay algunos que me enviaron su correo como hace un mes pero de todas maneras les respondí jeje~~