Chaos World: Bouken no Baka Kami

Historia del Chaos World

Siglos atrás, antes de que el Chaos World recibiera su trágico nombre, este era un mundo como cualquier otro. Un lugar común donde los mortales poblaban la Tierra, metidos en sus asuntos, mientras los Dioses existían tranquilamente en los Cielos, disfrutando su inmortalidad.

Sin embargo, un día corriente que pasaría a la Historia, el Emperador del Imperio Gruos y el Rey del Reino Zuren tuvieron una discusión. Nadie recuerda cual fue el motivo, pues ha quedado perdido en algún oscuro recoveco de la Historia, pero se sabe que ambos gobernantes comenzaron a pelear como niños por alguna razón.

Por un lado estaba el Imperio Gruos, la potencia militar más poderosa de su tiempo, y por el otro el Reino Zuren, una nación insular que se había expandido recientemente al continente. La diferencia de fuerza parecía abismal, así que el Rey de Zuren apeló a una batalla justa entre representantes. Y el Emperador estuvo de acuerdo.

Sin embargo, el día de la competencia, ambas partes quebrantaron las reglas convenidas. El resultado fue una batalla campal sin límites, cuyo resultado no fue aceptado por nadie. La discusión, a este punto, ya no importaba. Ambos gobernantes estaban muy molestos, y sus seguidores los instaron a la única solución posible.

Guerra.

Por supuesto, rápidamente el Imperio Gruos tomó la ventaja gracias a su experiencia y poder militar. Todos sus soldados, independientemente de su posición, habían jurado lealtad eterna al temible Dios de la Guerra Murkyansis, uno de los Dioses más poderosos e importantes. Peleaban hasta la muerte, con ferocidad sin igual y poder implacable.

Sin embargo, el rumbo de la guerra se torció cuando el Reino Zuren comenzó a traer a sus tropas desde su isla principal, donde estaba su capital. Debido a la posición geológica, la riqueza y abundancia de mana, y otros factores menores, sus habitantes tenían una alta predisposición genética a ser excelentes magos. De hecho, era muy común el dicho “los mejores magos nacieron en la Capital de Zuren”.

Por si fuera poco, la debilidad principal de las tropas de Gruos era su escaso nivel mágico, por lo que Zuren era el único país capaz de compensar la diferencia en números, poder y experiencia con complejas y elaboradas estrategias basadas en ataques mágicos de gran escala. Debido a esto, consiguieron una ventaja nada significativa y precaria, pero era más de lo que ninguna nación jamás había logrado contra Gruos.

Cuando esto ocurrió, Seagray, Dios del Mar principal adorado en Zuren, comenzó a presumir frente a Murkyansis. Esta vanidad no tenía ningún pie real, pues era una ventaja minúscula, pero este Dios disfrutaba mucho quebrando el orgullo de otros. Por supuesto, Murkyansis se encolerizó, enviando desastres contra Gruos como castigo por su incompetencia. Sin embargo, eso no compensaba la desventaja mágica, y solo acrecentó el descontento de la población.

Iracundo por la continua falta de resultados, el Dios de la Guerra discutió con el Dios del Mar, y fue una disputa tan ruidosa que muchos otros Dioses fueron a observarlos, y varios tomaron partido, gritándose por los motivos más simplones.

Era como un suelo regado de pólvora, y solo requería una chispa para hacerlo explotar.

Y esta llegó cuando algún Dios, hasta ahora desconocido, atacó a otro con intención asesina.

Se desató entonces una batalla de Dioses, por primera vez en la Historia. El mundo fue testigo de cómo los elementos se enfrentaban entre sí, destruyendo toda creación mortal a su paso. Nada era capaz de resistir el poder arrollador de los Dioses, seres que no estaban hechos de carne, si no de pura magia y energía.

Las naciones del mundo, temerosas de que la situación pudiese empeorar y descontrolarse todavía más, comenzaron a intervenir en el conflicto entre Gruos y Zuren, que se había recrudecido todavía más ante la batalla entre sus Dioses principales. Primero intentaron hacerlo disimuladamente, pero al ver que sus acciones no estaban teniendo peso, los diversos países se declararon la guerra unos a otros.

Esto, lejos de tener el efecto deseado, solo hizo que más Dioses comenzaran a discutir entre sí, defendiendo a sus naciones protegidas. Por supuesto, esos seres divinos también comenzaron a tomar partido en el conflicto principal entre Murkyansis y Seagray, causando más devastación y destrucción sin fin.

Y cuando el mundo se hallaba sumido en el caos de la guerra, un Héroe nació entre los Humanos. Debido a una vida plagada de desgracias nacidas de los conflictos bélicos, tanto los librados entre Humanos como los ocurridos en los Cielos, su corazón se lleno de valor y se dio a sí mismo la misión de ser el Héroe Salvador que acabaría con todo el caos.

De alguna manera, con grandes hazañas que nadie consideraba posibles, logró abrir la Puerta Celestial, entrando así al lugar donde ningún mortal había puesto un pie jamás: el Santuario de los Cielos, donde residen los Dioses. No se sabe como lo consiguió, ni que hiciera allí exactamente una vez que encaro a los seres de magia.

Lo que sí se sabe, y la razón por la que es llamado “El Héroe del Caos”, es lo que ocasionó.

Murkyansis murió ese día.

Los Dioses, al ser entidades de magia que poseen conciencia, no están atados a cuerpos físicos, pero de alguna extraña manera, un mortal consiguió asesinar a un Dios. Y lo peor es que asesino al mismísimo Dios de la Guerra, uno de los más poderosos.

La explosión resultante, cuando todo su poder se convirtió en energía pura, causo tanta destrucción que extinguió del mapa a civilizaciones enteras. El Espacio y el Tiempo se desgarraron, causando que el mundo se quebrara sin control, y por esas grietas se escapaban restos del poder, yendo muy lejos en el Multiverso.

Cuando los demás Dioses contemplaron lo ocurrido, horrorizados, se dieron cuenta de lo que habían estado haciendo. Todos dejaron caer sus armas, y solo acertaron a preguntarse como había ocurrido tal terrible resultado. El mundo había tratado de salir del caos, solo para caer en un autentico Caos sin igual.

Y lo peor estaba por venir.

Con el ser que representaba a todo el conflicto muerto, los Dioses abandonaron sus ánimos de batalla. Comenzaron a reunirse, buscando explicaciones para esta catástrofe que había destrozado al mundo. Y, claro está, un culpable. Luego de una corta deliberación, decidieron arrojar al Dios del Mar a las profundidades de la Tierra, para ser aprisionado durante Trece Eras, tiempo en el cual sus pecados serían perdonados.

Posteriormente, comenzaron a moverse velozmente, arreglando desastres antinaturales en todas partes. Sin embargo, solucionar todo el Caos que había ocasionado la explosión era demasiado difícil, y no tardaron en agotarse hasta el punto de comenzar a desvanecerse. Se dieron cuenta muy pronto que reparar todo el daño tomaría mucho tiempo, y que se avecinaba una Era muy negra para la humanidad.

Y aun no tenían idea de lo que se les venía encima.

Con los Dioses agotados, la mayoría de las naciones supervivientes estaban en estado de crisis grave. Algunas apenas se sostenían en pie, mientras en varias estallaban revoluciones y rebeldías, otras muchas ya habían sucumbido. Hubo tantos gobiernos y reinados cambiando de manos que ya nadie recordaba quienes eran los auténticos herederos.

Y entonces, ocurrió lo que de verdad puso de cabeza a todo el mundo.

Los fragmentos de poder restante de Murkyansis, dispersados a través del Multiverso por medio de las grietas dimensionales, de alguna manera imposible, acabaron por llegar a Universos muy lejanos. Y lo peor, estos mundos estaban habitados por montones de seres muy diferentes entre sí. Nada bueno iba a salir de esta situación. Y de todos los resultados posibles, de los peores, solo el más terrible ocurrió de este incidente.

Fragmentos de mundos lejanos fueron tomados, y llevados al lugar de origen de la fuente de magia. La razón de esto aun se investiga, pero muchos presumen que ocurrió un efecto rebote, y paso de ser energía sin control a un hechizo de invocación. Por supuesto, esta hipótesis es tan inverosímil que nadie serio la consideraría, pues la posibilidad es de una entre miles de millones.

Y con la cantidad de precisión de esas invocaciones, trayendo tan exclusivamente a seres vivientes, muchos teorizan conspiraciones sin pruebas. Tienen razones para hacerlo, ya que el incidente fue muy sospechoso. No había forma de que semejante situación pasara de esta manera tan absurda.

Si pensaban que había Caos antes, lo que vino solo creó un desastre sin límites.

Muchas personas, de distintos Universos, se encontraron de repente en este mundo desconocido. Los residentes originales no lo podían creer. No sólo llegaron muchos humanos, también había todo tipo de seres fantásticos con diversos conocimientos en magia, ciencia, y otras áreas que para este mundo eran desconocidas.

La reacción más evidente no se hizo esperar.

Todos comenzaron a atacarse entre sí sin vacilar.

Estas personas y criaturas, amén de seres más raros aun, no entendían nada de nada. Estaban completamente fuera de sus cabales, incapaces de razonar. Atacarlo todo era la solución más simple y primitiva que se les cruzaba por la cabeza. Y los residentes originales estaban también muy confusos, y recibían la hostilidad de gente desconocida luego de un desastre mágico de proporciones nunca vistas.

Los Dioses, nuevamente, estaban aterrados.

Intentaron todo lo que estuvo en sus manos, pero apenas lograron nada con sus escasas fuerzas. La sangre se derramó sin fin, inundando todos los mares y océanos. Las lágrimas innumerables de los supervivientes fluyeron como ríos. Los continentes se quebraron, ya debilitados por la explosión de Murkyansis, y comenzaron a separarse en nuevos territorios, cada uno más imposible de habitar que el anterior.

Tal era el poder de estos nuevos seres que habían llegado, maestros en armas y tecnología bélica avanzada, magia rara y poderosa que alteraba los principios de la Creación fácilmente, habilidades especiales que nadie había visto ni imaginado jamás, y muchas cosas similares.

Los Dioses, suplicantes, pedían que todo esto no fuera real. Estaba mas allá de sus manos terminar con la catástrofe. Sin embargo, algunos decidieron que era hora de resignarse. Con sus escasas fuerzas, se afanaron en cerrar tantas grietas como pudieron, intentando prevenir la llegada de estos extranjeros a esta realidad.

Y todos ellos fallaron miserablemente al intentar sanar el mundo, desapareciendo prácticamente en vano. Porque por cada grieta que cerraban, con grandes esfuerzos, dos nuevas se abrían en su lugar.

Finalmente, el hijo mayor de Murkyansis lidero a la facción más radical, quienes habían decidido apartarse de los mortales. Se sentó en el trono de su padre, poniendo fin a todo conflicto con su poder divino. Irguiéndose como heredero, tomó toda la fuerza restante de la representación de la Guerra, calmando las mentes de residentes originales y nuevos por igual.

Una débil paz fue alcanzada, a costa de muchísimo dolor.

Una paz tensa y completamente frágil, pero paz al fin y al cabo.

El mundo estaba despedazado, y había otros trozos extraños mezclados por doquier. La Espacio y el Tiempo se deformaban en algunas partes, siendo incomprensibles. Y aun había muchísimo que entender, muchísimo que arreglar, muchísimo que explicar.

Paulatinamente, los recién llegados empezaron a adaptarse a este nuevo mundo, y se asentaron en los lugares vacíos que habían ocupado los fallecidos en las guerras, la catástrofe mágica, y la violencia sin sentido. Hubo miles de preguntas, y miles de respuestas distintas.

¿Podían regresar a su mundo de origen?

¿Querían volver siquiera?

¿Cómo podían sacar provecho de la situación?

Sin embargo, hubo algo en lo que todos estuvieron de acuerdo: Como llamarían a este nuevo mundo. Nadie tuvo dudas apenas escucharon esas dos palabras, incluso los residentes originales.

Chaos World, el Mundo del Caos.

Ese fue el nombre con el que se bautizo a este mundo, que pasó por las peores demencias y locuras, una vez que alcanzó por fin la paz tan ansiada.

Desde la muerte de Murkyansis y la locura, han pasado ya más de diez años.

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