Chaos World: Bouken no Baka Kami

Prólogo: El Peor Día de mi Vida

Este es, sin duda alguna, el peor día de mi vida.

Me corrijo, la peor semana de mi vida. Porque llevamos una semana persiguiendo a este sujeto por todo el territorio de este ridículo país. O Reino Garitha, como les encanta repetir. ¿Qué importa el nombre? Sólo es otra nación cabeza dura gobernada por políticos tontos que en lo único que pueden pensar es la cantidad de impuestos que cobran, cuánto dinero se acumula en sus bolsillos, si sus esposas descubrirán a sus amantes, o a que pobre idiota van a quitarle sus tierras con una excusa barata.

Sin embargo, aquí está pasando justamente lo opuesto: Este Reino Garitha está siendo invadido por sus vecinos. Y claro, como no tienen nada más en la cabeza que sus propios problemas, los nobles son incapaces de defender siquiera un pedazo de tierra.

Por su culpa, estoy en esta situación. Como no pudieron ni seguirles el paso a ese grupo de exploración enemigo, acabamos peleando una batalla perdida contra este tipo. ¿Lo llamaban Cabeza de Limón? No, ese es solo el apodo que le invente porque su verdadero alias era tan ridículo que no puedes pronunciarlo sin sentirte avergonzado.

Lo llaman “Yelmo Dorado”.

Sucede que este sujeto es importante. Una especie de héroe de guerra. Y además de eso, un creído que se pasea por territorio enemigo como si estuviera en casa. Porque claro, para ellos, ya han ganado la guerra. Aunque ni siquiera empezó, están todavía en su periodo de preparación.

Esta gente me pone muy nervioso. Son tan imbéciles que dan ganas de romperles la cara a puñetazos, a ver si se les arregla el cerebro. A Cabeza de Limón, al Conde Labios Pintados, ese Capitán Pata de Gato, el Escriba Baboso; y la peor de todas, la Teniente Melones. Si, exacto lo que están pensando, los tiene muy grandes. ¡Y no sirven para nada aparte de rebotar! Así de inútil es ella.

De pronto, una voz comienza a hablar en mi cabeza.

Que títulos tan extraños. No suenan para nada épicos.

Me corrijo de nuevo. Este sujeto es, sin duda, el peor de todos los idiotas con los que me he encontrado desde que termine en este maldito lugar. ¡Debí haberlo dejado morirse en esa cueva sucia y oscura!

¡No puedes hacerle eso a un Dios! ¿En que estas pensando?

Ya cierra tu imaginaria boca, Dios Idiota.

¡Eres muy grosero, Ken! Ya te dije que te devolveré el favor, porque soy un Dios de la Guerra honorable que siempre paga a sus benefactores. ¿No te he dado las gracias por tu gran hazaña al haberme rescatado?

¿Grosero? ¿Me dices a mi grosero? ¡Pedazo de Dios Inútil metido en una roca de mierda, no me llames grosero si vas a ser tan casual conmigo! ¡Recuerdo que no puedes ni iluminar una puta cueva diminuta! ¡Cierra la maldita boca y déjame concentrarme!

Hablando de eso… ¿No deberías mirar al frente?

Las palabras de esté Dios Idiota me devolvieron a la realidad.

Estoy observando un campo de batalla, en el cual las tropas de la Teniente Melones y un par de aliados se enfrentan a los soldados del Cabeza de Limón. Y como el Capitán Pata de Gato y el Conde Labios Pintados se retrasaron… Me corrijo, se acobardaron como los putos maricones que son, y están por ahí haciéndose que sirven para algo. Algo hay que reconocerle a la Teniente Melones, las tiene bien puestas. Sólo le faltan neuronas.

-¡Cuidado, aquí viene! –grita de repente esta tonta que tengo al lado, por supuesto es la Teniente, que sufrió un esguince de tobillo al comienzo de la batalla. Que inútil.

Miró hacia al frente, colina abajo, y veo cual es el problema.

Cabeza de Limón viene justo aquí, a toda la velocidad de su caballo tan bien adornado. Su casco todo de maldito oro sólido, que debe pesar mil toneladas, me está observando directamente mientras mantiene en alto una larga espada.

¿Se ha dado cuenta de soy quien le está jodiendo la existencia? Es más, no sé qué hago aquí parado, ¡debería empezar a correr!

No adelantaras a un caballo con tus piernas, Ken. Lo mejor que podrías hacer ahora seria prepararte para ejecutar…

-¡Cierra la puta boca y haz algo! –le gritó en voz alta, mientras miro alrededor, en busca de un escondite.

Sin embargo, es muy tarde. El Yelmo Dorado ya llegó hasta nosotros, y está girando el brazo para sacarme la cabeza de un solo tajo. La Teniente grita, provocándolo, pero él la está ignorando.

Veo el filo de su arma acercándose a mi cuello.

¡Maldito sea este mundo de mierda!

Continuara…

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