Metalord Revolution Capitulo 7 – 8 – 9 – 10 – 11 y 12 [RE-PUBLICACIÓN]

CAPITULO 7

LA BALADA DEL UZI

PERSPECTIVA: Rozuel Drayt

En una noche el poblado estaba bajo alerta cuando un grupo de bandidos denominados “Forajidos de Lars” se acercaba a Windaz, según parece sus miembros no eran simples ladrones, sino experimentados hombres con talento de lucha y algunos hábiles magos en sus filas.

Allí me encontraba en medio del pueblo trotando para buscar el punto ideal para darle uso a mi nueva creación, lo que me permitirá probar su funcionalidad en combate real y de paso resguardar la seguridad de mi madre de este lio imprevisto.

En mis manos llevaba una uzi, mi más reciente fabricación, con cuatro cargadores de munición 9mm con capacidad de 32 balas cada una que llevaba en mi cintura, disponiendo de 128 proyectiles en total.

A una esquina observo a un número concentrado de brujas tanto adolecentes como adultas, todas se dividen en grupos de tres dirigiendo uno al sur, otro al norte y el último al oeste, parecían ser grupos de brujas aptas para el combate y cada uno iba a cubrir un extremo del pueblo para defenderlo como un puesto.

—¿Entonces nadie cubre el este?.

Decidí encaminarme a esa dirección, llegando al extremo en donde Windaz tanto comenzaba como terminaba con la vista del bosque a unos cuantos metros al frente, pensando que estaría solo me topo con una joven veinteañera de cabellera negra y sombrero puntiagudo marrón haciendo guardia allí.

— ¿Qué haces aquí niño?, ¡vete al refugio del hospital! –Me advirtió ella con un tono algo agresivo.

—Mi seguridad es cosa mía –Le conteste con la misma intensidad verbal.

—Haga lo que quiera entonces, si terminas herido me da igual.

—¿Por qué este punto es el que menos se encuentra protegido?.

—En verdad no sabes cómo hacemos las cosas en este aquelarre, ¿eh niño?.

— ¿Me lo vas decir o simplemente vas a divagarme?, como sea es decisión tuya querer o no hacerlo.

—Tsk… que molesto eres, la Eldar ha levantado una poderosas barrera protectora que envuelve a todo el pueblo, sin embargo esta barrera tiene sus limitaciones con cuatro lados vulnerables a causa de que no están cubierto.

Ya lo entiendo, era como un “domo” invisible que protegía a Windaz, pero dicho “domo” tenía zonas abiertas ubicada en los cuatro puntos cardenales del pueblo y como estrategia concentraban en cada punto un numero de brujas hábiles para defender la zona, obligando a los invasores a tener que ir a uno de los cuatros puntos para entrar aquí.

—Pero eso no explica la razón del porque esta parte esta tan poco protegido, ¿y si llegaran a atacar también el lado este?.

—No te preocupes por eso, la Eldar notifico que este sería el único punto en que los bandidos no atacarían.

—¿Cómo está tan segura?.

—Su mano derecha “Naya” es alguien que posee la capacidad de sentir las presencias ajenas con intenciones hostiles a cierta distancia, detectando de esta manera varias concentraciones de los bandidos apostado en todos los lados del pueblo menos al este, aunque si bien la Eldar también tiene una buena percepción, pero dada a su condición no puede sostener la barrera y “sentir presencias” a la vez.

—Pero el que tú estés aquí quiere decir…

—Sí, Naya tiene una increíble habilidad perceptiva pero no es perfecta, es posible que si algunos de los “Forajidos de Lars” sean magos hábiles sean capaz de ocultarse con su magia de su capacidad para percibirlos.

Tiene sentido, pero que solo una bruja defienda este lado me parecía que estaban subestimando a los bandidos o que confiaban en que ella era realmente fuerte.

—Cambiando de tema, insisto en que un mocoso como tu deje de hacerse el valiente y se largue de aquí de una…

Fue tan rápido o quizás por distracción que no lo vio venir ni menos yo, era una flecha que había acertado en su abdomen dejándola malherida en el suelo.

— ¡Están aquí!…

Mire en dirección hacia donde vino la flecha y el arquero se mostró sin intenciones de ocultarse, no estaba solo, atrás de el por arte de magia aparecieron cuatro docenas de los suyos, entre ellos destaco un mago encapuchado de un largo exhibiéndose al frente como el líder de tal grupo.

—Ese sujeto… -Dijo la malherida bruja levantándose —¿¡Ese tipo fue capaz de ocultar a todos ellos con su magia!?, ¿¡tanto poder tiene!?.

No era el único mago de ese grupo, pues había otros dos con pequeñas varas en mano, pero ciertamente el del bastón largo poseía una cantidad de energía mágica superior al resto, podía sentir las energías místicas aun sin poder manipularlas y aterra a veces presenciar tipos así sobre todo cuando sabes que van a matarte.

El mago bandido ordeno a la mitad marchar hacia el frente, ellos levantan sus armas para abrirse a paso ligero como una estampida de barbaros.

—No voy a morir… ¡no voy a morir aquí!…

La malherida bruja luchaba con su condición manteniéndose de pie, pese a sus palabras su cara dejaba al descubierto todo su temor. Era el momento, de mi nueva arma y dependiendo de cómo la use saldríamos vivo o muertos de esta.

Empecé por sostener con ambas manos la uzi y apoyarla con firmeza en mi hombro derecho para mayor comodidad al disparar (pese a que tenía allí la herida vendado maldita) y enfocando a mis blanco apreté del gatillo.

El retroceso sobrepaso mis capacidades para resistirlo, al momento que los continuos disparos salieron del arma perdí control momentáneamente desatando una ráfaga desequilibrada vaciando así el primer cargador.

Sin embargo había logrado darle a la mitad de lo que venían hiriéndolos y haciéndoles perder el equilibrio, en el pánico los demás se detuvieron y como el resto rostros confusos con cierta inquietud se hicieron sobre mí y la uzi.

—¿Qué clase de magia es esa?.

—¿Es alguna especie de arma mágica?.

Mientras los forajidos se debatían en la duda, aproveche y recargue el arma lista para otra ronda, aprendiendo de mi anterior intento, apunto fijo resistiendo lo más posible el retroceso, manteniendo el equilibrio mientras presionaba en el hombro soportando el constante dolor de la herida, los disparos asestaban con mejor precisión a los blanco con un margen de fallo bastante reducido.

Uno en vano intento con un escudo de madera cubrirse, solo para que esta terminara hecha añicos con facilidad y el atravesado por ese proyectil desde la boca, cese los disparos a casi terminar el segundo cargador y los pocos que sobrevivieron (unos 3) con el miedo tanto infundido por la uzi como la sangre salpicada de los suyos en sus vestimenta, retrocedieron hasta situarse en la parte más atrás de la fila de los bandidos restante que quedaban.

Esa demostración bajo su moral para intentar otro asalto directo, pero su líder el mago no vacilo y apuntándome con su bastón me lanzo un proyectil mágico de energía, logre evadirlo a tiempo y contraatacar con la uzi para disparar las últimas tres balas restante del cargador, el bandido con su poderes crea en su defensa un escudo mágico que logra repeler las balas lo que me sorprende con sinceridad.

Aun me quedaban dos cargadores con 64 balas en mi posesión, pero ese escudo parecía lo suficiente fuerte, quizás lograría soportar una carga completa o quizás no, pero se me ocurrió la mejor manera de eliminarle para evitar perder más munición de la necesaria, mire a la bruja herida a mi lado aun despavorida de la impresión por presenciar en primera fila el poder de un arma fuego.

— ¡No te quedes ahí parada, usa tu magia y ataca al escudo de ese mago, deprisa! –Le pedí desesperadamente su apoyo.

Eso la hizo volver en sí y mirando al frente con determinación, aun con la hemorragia de la herida en su abdomen, nada le impidió concentrar su poder mágico en su brazo diestro y crear de su mano una roca del tamaño de una cabeza humana a la cual arrojo hacia el mago, acto seguido la joven cae de rodillas jadeando para mantenerse consciente como si toda la fuerza que le quedaba la hubiera depositado en ese único ataque.

La roca no logro destruir su barrera, peso si dañarla hasta envolverla de grietas, el rufián se concentró en repararla y tomando esa oportunidad recargue la uzi y le dispare. Había logrado reparar la mitad del daño de su defensa mágica lo que le permitió sobrevivir a los primeros proyectiles, pero el fuego continuo no le mostro piedad con el resto, aunque los primeros que repelió ya habían sentenciado su final al reducir drásticamente su barrera dañada, su único salvavidas se desploma como fragmentos de vidrios desapareciendo en su totalidad.

Las balas arremeten contra el desprotegido bandido mago siendo acribillado en varios puntos desde sus extremidades, abdomen y cintura, hasta uno le había dado justo en el cuello comprometiendo su arteria carótida y provocando la salida de un fuerte chorro de sangre sobre su cuerpo ya carente de vida. Sin darme cuenta hasta que el mago murió, había usado las 32 balas para eliminar a un solo hombre, me deje llevar por la fuerte emoción de creer que podría haber muerto en manos de ese sujeto si no lo eliminaba con toda seguridad, no escatime la cantidad por el “miedo” de perder y en consecuencia solo me restaba un cargador contra dos docenas restantes de forajidos.

— ¡L-lo mato… ese niño lo mato con tanta facilidad! –Comentaba horrorizado uno de los bandidos.

—¡Y dejo su cuerpo hecho un desastre!, ¿¡qué clase de magia endemoniada es esa!?.

— ¡Ese mocoso es un monstruo!…

Las fuertes palabras saliendo de la quebrantada moral de los forajidos al ver a su “poderoso” mago abatido me hizo aprovechar la situación denotando una vil sonrisa en mi rostro que acompañe con la uzi al apuntarles una vez recargada, sus reacciones consecuente era más que obvio, estaban atemorizados tanto por la sádica expresión que exponía como del “juguete” con el que amenaza sus insignificantes vidas.

Todos en ese instante emprendiendo la retirada de una forma tan desesperada y desorganizada, pero no me detuve allí, mientras huían decidí meter más leña a esta fogata de cobardes, use el ultimo cargador contra ellas, resistiendo el punzante dolor de la herida maldita de mi hombro a pesar de que la presión del retroceso de la uzi ya la había abierto tiñendo mis vendas con sangre que se seguía perdiendo en el proceso.

Pese a la larga distancia las balas no perdían efectividad, los atravesaba como papel pasando sin problemas a través de sus atuendos defensivos, su retirada se había convertido en una masacre al vaciar cada bala contra ellos, solo dos habían logrado sobrevivir con leves heridas físicas pero seguramente con un daño psicológico irreparable.

A los pocos minutos llegan a escena tres brujas dirigidas por una mujer adulta de piel morena de notable físico que enfundaba una larga espada en manos vistiendo un atuendo ligero.

— ¡Señorita Naya! –Nombro la bruja malherida mirando atentamente a la morenaza de la espada.

¿Eso quiere decir que esa era la tal “Naya” la misma mano derecha de la Eldar?, su imagen aparentaba más para ser una guerrera que bruja.

— Detecte la presencia repentina de varios enemigos en esta parte y vine lo más rápido posible con refuerzos –Manifestó la tal Naya —¿Qué paso con el enemigo?.

La joven señalo al frente apuntando al montón de cadáveres que quedaban de la mayoría de ellos, a lo que con un rostro estupefacto la mano derecha de la Eldar pregunto “¿Qué demonios paso aquí?” y todas las miradas se enfocaron en mí.

—No lo malinterpreten, no hice esto para salvar a este mísero pueblo –Asevere con una fría mirada hacia ellas —La única razón por la que lo hice, es por mi madre, nada más que eso.

Habiendo acabado aquí, me retire enseguida tras comunicarle tales palabras.

— ¡Espera!, ¿qué fue lo que hiciste? –Me pregunto la tal Naya.

— ¿Acaso importa?, yo que tú me preocuparía más en atender a tu compañera herida –Le conteste siguiendo mi camino.

Con la munición de la uzi agotada, el arma de momento me era inservible, nada podía hacer ya, además de que la pistola tan solo contaba con el cargador que llevaba puesto debido a que no podía cargar con más munición de la que podía llevar, no era un personaje de shooter como para hacer tal hazaña.

De manera que solo quedaba dejar el resto en manos de la fuerza de Windaz, mientras que yo me dirigía hacia el hospital para reunirme con madre.

— ¡ARGHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!…

Un grito de exaltación puso en alerta mis sentidos, pues estaba cerca del lugar de origen, no podía ignorarlo, mi cuerpo actuaba sobre mi sentido de lógica con intención de indagar la causa sin importar los peligros a los que podría exponerme.

Corro directamente hacia el sitio procedente del ruido tratándose de una casa y armado con la pistola me posiciono sobre la puerta como un típico agente armado a punto de entrar a una zona de riesgo, tras darle una patada a la entrada me encuentro con tres bandidos intentando secuestrar a dos niñas brujas, siendo una de ellas Riza Gramwind, en la escena se encontraba también la profesora Naly Scheen quien yacía en el suelo inconsciente.

— ¡Ni se te ocurra moverte niño o le rebano el cuello! –Amenazo uno de ellos poniendo el filo de su arma sobre la yugular de Riza —Muy bien quietecito allí, al mínimo intento de querer huir o pedir ayuda y tú amiga se muere.

Analizando detenidamente a los tres, dos de ellos llevaban espadas lo que los catalogaba como guerreros sin talento mágico, mientras que el tercero llevando una vara dejaba en evidencia que era mago, tal parece que pudieron colarse de alguna manera sobre la barrera y aprovechando el caos que había intentaban secuestrar cuanto pudieran algo de “botín”.

Uno de ellos comenzó a acercarse a mí, confiado en que terminare como el resto de ellas, ignorando la herramienta de mis manos como si pensara sé que tratara de algún juguete, apunte al primer secuestrador fijando el cañón a la cabeza.

— ¿Eh?, ¿qué estás haciendo mocoso de mierda?, ¿piensas hacerme algo con ese juguete raro?, ¡jajaja!, ¿es que quieres hacerte el héroe que rescata a las “doncellas” en apuro? –Reía el vándalo mofándose de mí junto a los suyos.

—Nunca me agradaron los cuentos de hada y menos los de héroes “princesos”, pendejo.

¡BANG!

Le había dado justo en la frente y antes de que su cuerpo cayera al suelo, apunte deprisa al que tenía como rehén a Riza y con el segundo disparo acabe con él de un tiro a la cabeza, quedando solamente el de la vara.

— ¡E-espera, por favor no me lastimes, me rindo pero por favor no me mates! –Suplicaba el tercero por su vida.

Pese a poseer magia reconocía que sus esfuerzos eran inútiles ante el poder de algo que nunca había visto, habiéndose rendido pensaría que no era una amenaza, pero prefería no correr riesgo alguno y le dispare dándole en el cuello.

— ¿¡P-porque…!?

Fueron sus últimas palabras mientras su sangre salía a montón muriendo en el acto, Riza me miró fijamente pero percibí que no me veía con la típica mirada de miedo de siempre, no le di importancia y me retire tras asegurarme de haber acabado con los tres, no sin antes atestiguar la llegada de algunas brujas que escucharon los disparos y se acercaron a investigar, pase al lado de ellas sin decir una sola palabra pues ya no tenía las ganas de hablar o hacer algo más.

Sin más obstáculos o imprevistos eventos que me retrasaran me dirigí al refugio para encontrarme con madre, de seguro recibiré un molesto sermón suyo por lo que hice, pero siendo franco adoraba esa parte de ella, porque sé que lo hacía por aprecio a su único hijo.

Continuara…


CAPITULO 8

EL GUANTELETE “MAGICO”

PERSPECTIVA: Rozuel Drayt

El refugio subterráneo del hospital resulto ser más grande de lo que esperaba, pese a la cantidad de gente que había aun tenía espacio para una buena cantidad más y contaba con iluminación mediante un amplio número de pequeños faroles encendidos con piedras mágicas de fuego.

Como era de esperar me comí a todo oído un buen sermón por parte de madre y culmino con un abrazo materno. Habían pasado un buen par de horas desde el ataque perpetrados por los bandidos, otro llega al refugio pero no se trataba de un aldeano buscando un sitio seguro, sino que era la bruja de brazos fornidos de piel morena y larga espada que cargaba en su espalda, la mano derecha de la Eldar, Naya, quien estaba acercándose a mí.

—La Eldar quiere hablar contigo, Rozuel Drayt, ¿vendrías conmigo un momento? –Comunico ella.

Parece que la líder de todo el pueblo mando a su gorila a buscarme para tener una charla privada, normalmente la rechazaría, pero tratándose de la mandamás de Windaz tenía curiosidad sobre lo que quería decirme y acepte ir.

— ¡Momento!… –Exclamo madre.

Ella insistió en ir también y de no hacerlo no me permitiría ver a la Eldar, Naya no tuvo problemas para aceptar su condición y permitirle venir.

El alba se acercaba y las calles de Windaz recobraba algo de tranquilidad tras el asalto de los bandidos, algunas brujas encargadas de defender el poblado seguían patrullando los alrededores atentas a cualquier amenaza, el número de ellas era menor comparado hace horas.

Habíamos llegamos al lugar donde yacía la mandamás, una peculiar casa de dos pisos, aunque este no era su hogar, sino el edificio en donde llevaba a cabo sus funciones como una entidad política, algo así como un ayuntamiento, al entrar subimos por unas escaleras para encontrarnos con la Eldar en persona sentada sobre su escritorio en la sala donde administrada su autoridad, de cerca podía notar mejor sus rasgos físicos, una mujer de tez blanco en sus 30 o 40 años, cabello corto negro con una esbelta figura pero muy delgada casi al punto de parecer físicamente débil, vestía un ropaje color ocre similar a una chaqueta acompañado del típico sombrero puntiagudo y un collar blanco de perlas.

—Es un placer conocerte, joven Rozuel, y me alegra volvernos a ver Marian –Saludo con una voz que infundía un natural tono amistoso —Me llamo Sara Dorbo.

La imagen que tenía sobre su personalidad era todo lo opuesto, la imaginaba más como alguien de carácter gruñón similar a un corrupto político o con el temperamento de un mafioso, aunque ya la había visto en otras ocasiones esta era la primera vez que entablaba una conversación con ella.

— ¿Qué razones tendría la gran Eldar para hablar con un no mago como yo? –Pregunte.

—Lo de “gran” es algo innecesario, pese a mi puesto sigo siendo alguien ordinaria –Contesto ella acompañado de una terrible tos.

— ¿Se encuentra bien mi señora?, ¿ha tomado su medicina? –Intervino preocupada su mano derecha.

—Estoy bien… la tome hace un momento, disculpa por preocuparte.

Me entero de que Sara se encontraba bajo la afección de una enfermedad pulmonar, combatiéndolo tanto con voluntad como con medicamentos administrado por la alquimista.

—La razón del porque te pedí venir, es que necesito de tu ayuda –Hablo la Eldar.

— ¿Ayuda?, ¿de un niño de 4 años sin talento para la magia?, ¿me pregunto qué puede esperar de mí? –Dije con un tono sobreactuada de ignorancia.

—No te hagas el listo –Agrego Naya —Muchos se ha hablado de ti, un niño no mago que usa extraños artefactos mágicos capaz de hacer frente un mago y eventualmente lograste vencer solo a una cantidad destacables de bandidos pertenecientes a los forajidos de Lars, la bruja que estuvo allí presenciándolo todo me detallo de lo ocurrido, sonaba imposible de creer pero al ver los cuerpos… empecé a dejar mi incredulidad a un lado.

De modo que esa joven bruja que estaba vigilando sola esa parte sobrevivió, veía venir que ella terminaría contando todo lo sucedido, llame la atención más de la necesaria.

—Te lo suplico que nos prestes tu fuerza un momento, tras logras repeler con éxito a los bandidos, muchas brujas terminaron heridas y se encuentran en este momento siendo trasladados con urgencia al hospital, algunos sufrieron heridas tan graves que no lograron sobrevivir, nuestras fuerzas han mermado y si fuéramos atacados otra vez, quizás esta vez no tengamos oportunidad –Explico la Eldar.

— ¡Me niego! –Respondí de inmediato.

— ¡Miserable!, ¿¡cómo puedes decir eso después de que te lo ha pedido con toda humildad!? –Protesto Naya.

—Esa es mi opinión, pero la respuesta final no depende de mí.

Mire a madre al decir eso, deje que ella tuviera la última palabra de esta decisión, si aceptaba yo me quedaría a ayudar, de lo contrario nos iríamos como teníamos planeados desde ayer.

—La respuesta es no, nos vamos de aquí Roz –Respondió ella por su parte.

— ¡Espera!, se lo ruego… Windaz podría correr el riesgo de perecer –Suplico Sarán con sus manos juntas.

—Y cuando mi hijo estuvo cerca de perecer también, ¿quién le ayudo?, ¡cuándo fue el centro del trato indiferente de todos!, ¿¡quién de este pueblo estuvo para darle una mano siquiera!? –Añadió mi madre conteniendo su rabia —Nunca en mi vida he despreciado a alguien, las enseñanzas y educación que recibí de mi madre no me lo permitían, pero estos últimos acontecimientos… ¡hicieron posible eso!, ¿sabes lo que es sentir tanto rencor e impotencia suprimida en años?, ¡cuando vi a mi Roz, a mi único hijo y razón de vivir soportar todo ese tormento y casi morir!, ¡no lo podía soportar!, ¡lo odio!, ¡odio a todos los que se atrevieron a hacerle daño a mi hijo!, ¡ODIO A TODO ESTE PUEBLO!.

Ni Naya o la misma Sara tenían una respuesta para sofocar tanta frustración, sea que algunas de la dos esté al tanto o no sobre nuestras vidas, nada iba a cambiar la decisión de madre, al dejar en claro su punto nos dirigimos a la puerta.

— ¡Preparare lo que necesiten para su mudanza! –Ofreció la Eldar —Marian, sé que tú y tu hijo están por mudarse, si me ayudan, prometo darles todo lo que precisen desde dinero o transporte para donde quieran ir, sé que a este punto es imposible convencerles de que se queden, estaba al tanto de lo que el joven Rozuel sufría pero aun así me negué a creerlo, no merezco ser perdonada, si es necesario me arrodillare y dejare que me golpees todo lo que quieras, pero por favor… ¡ayúdanos!, tanto tu poder curativo como la fuerza de tu hijo, ¡te lo ruego!.

La Eldar se levantó de su escritorio y camino hacia mi madre poniéndose de rodillas justo a sus pies.

— ¡Mi señora, no debería esforzarse…!.

— ¡No!, lo merezco, es mi culpa que una de mis viejas amistades haya tomado esta decisión, mi ignorancia es el responsable, pero por favor… ¡no dejes que Windaz pague el precio de mi torpeza!, te lo suplico Marian.

Mi madre miraba a la Eldar con ojos de indiferencia, parecían tener una historia de vieja amistad entre ambas, madre suspirando acepto con la condición de que yo estuviera de acuerdo y tras lo oído, me sentiría en el fondo con cierta “culpa” si lo rechazara una segunda vez, por lo que acepte por mi parte también.

La Eldar entre lágrimas se levanta agradeciéndonos, vuelve a toser pero eso no le impide sonreír. Ahora que hemos aceptado quedarnos de momento hasta pasar el conflicto, me di cuenta de que con la pistola mucho no haría si fuéramos atacados por otro grupo numeroso, la uzi la única capaz de permitirme enfrentar una amenaza semejante pero requería munición, crearla en casa con el metalito que había no me costaba nada, pero ahora que mis armas se han vuelto el centro de atención para muchos debía revelar su origen bajo “ciertas condiciones”.

—Necesito pedirte un favor –Le comunique a Naya —Reúne a las brujas restantes que están en condiciones de defender el pueblo en la plaza del centro, tengo algo que mostrarle.

Luego partí a casa con el permiso de madre para buscar la pistola, la munición que tenia de esta y una cantidad necesaria de metalito para la eventual creación de municiones para la uzi, pero no sería aquí donde lo haría, comprimiendo el tamaño y peso de la cantidad del mineral que dispuse para llevarlo al lugar acordado con Naya.

Mi plan consistía en mostrar como fue que hice estas armas, pero de hacerlo terminaría revelando mi naturaleza Esper, cosas que de momento quiero ocultar, ¿entonces cuál es la solución?.

Mi respuesta nos lleva a que algún momento había planeado esto y desde entonces además de haber creado dos armas (la pistola y la Uzi), también había diseñado otra cosa, un guantelete metálico adornado con un pedazo de metalito en la parte dorsal de la palma para darle un toque místico, ¿pero qué relación tenía mi idea con esto?.

Este guantelete seria la excusa perfecta para ocultar la naturaleza de mi verdadero poder, fingiendo que es un artefacto mágico que me permite manipular el metal para crear cualquier cosa a mí manejo, mi identidad Esper estaría asegurada. Cabe decir que a diferencia de la pistola o la uzi, crearlo me llevo mucho menos de lo esperado, quizás por ser menos complejo que un arma de fuego, pero lo que si me costó fue su diseño, lo pensaba tanto que casi me iba a dar por vencido.

Me lo puse en el brazo derecho y me dirigí al centro del pueblo, allí se encontraba un extenso prado con una fuente en medio y árboles para darle ese toque natural al sitio, un lugar ideal para meditar.

Al llegar estaban Naya y las brujas que disponían de la fuerza para defender su patria, habiendo alrededor de 3 docenas y media, evidentemente el número de bajas era atroz si lo comparamos con la anterior cantidad antes del primer asalto de los forajidos.

—Estamos todas aquí, ¿qué es lo que quieres mostrarnos? –Pregunto Naya.

Desenfunde la pistola a la vista de todos, algunas parecían conocerle dado a su claro gesto de temor a esta, incluso mostré la uzi también, acto seguido el metálico que había comprimido de tamaño lo altero a los ojos de todo tocándolo con el guantelete para regresarlo a su forma original.

— ¡Esto es metalito!, ¿de dónde lo sacaste? –Pregunta Naya.

—Eso no es lo importante, lo que importa es esto…

A sus ojos ven como el metal se vuelve líquido y comienza a tomar forma de acuerdo a mis pensamientos, creando en cuestión de minutos una pequeña escultura que cabía en la palma de mi mano.

—¿Cómo… haces eso?.

Conteste su pregunta al dirigir su atención en el guantelete, explicando que era mágico y me lo encontré en una cueva subterránea junto al metalito, desde entonces soy capaz de manipular el metal mediante este artefacto y crear objetos a través de él usando metales como el recurso principal para moldearlo a la imagen que deseaba.

— ¿Esto es un artefacto mágico?, no siento que emane algún aura o poder -Comento Naya examinando de cerca al guantelete.

Incluso deje que algunas se lo pusieran para que intentaran probar su poder, pero nada hacía porque obviamente no tenía tales poderes, con esto idee la cuartada de que era el único capaz de usarlo.

—Incluso ni mi madre es capaz de activar su habilidad, es como si al habérmelo puesto me convirtiera en su dueño legítimo, siendo el único capaz de hacerlo, al menos esa es mi teoría –Explique a todas las presentes.

El guantelete les parecía sospechoso como artefacto mágico al no sentir energía mágica alguna fluir de esta, pero dado a que no encontraban otra explicación término por ser algo verídico para todas, en cuanto a cómo se me ocurrió crear tan inusuales armas, solo respondí…

—Eso es un secreto.

Naya aseguro que tales obras eran dignos de un genio, ya que nunca había visto algo similar con un poder así, las muchachas al escuchar que tales artefactos estarían usándose para defender al pueblo se sintieron algo tranquilizadas comparados al rostro que tenían cuando las vi al llegar.

Con el tiempo que disponía me puse a crear las municiones para la uzi llevando el guantelete en el brazo, en un día pude hacer dos cargadores y por fortuna no atacaron Windaz. Al cabo de otros dos días una pequeña oleada de bandidos fue detectado al lado norte, todas las brujas y yo nos dispusimos a pelear contra ellos, si bien el número de enemigos era aún menos que la vez que invadieron el lado este. Con la magia de las brujas y el poder de la uzi vencerlos fue pan comido, algunos lograron escapar, pero después de ese último intento no supimos más de los forajidos de Lars.

Windaz se recuperaba con amplia mejoría, la mayoría de los heridos se les fue dado de alta y casi todo los daños estructurales estaban reparado. Nosotros el grupo encargado de la defensa seguíamos vigilando por las dudas aunque el pronóstico parecía asegurar que el pueblo volvería a la calma en cuestión de poco tiempo, en estos últimos días las brujas con la cual colaborada se comportaban más amistosa de lo usual, de hecho eran las primeras en tratarme con semejanza desde mi madre, Naya o la Eldar.

Una tranquila noche cae y mi turno de guardia culmina por hoy retirándome a casa, en el camino me topo con Naya y la Eldar quienes vinieron con algo importante para enseñarme, me pidieron que le siguieran hasta la capilla, el sitio en que los devotos religiosos le rezaban a su deidad llamada Astado.

—Sabes que no soy una persona muy espiritual, nunca he asistido a una sola misa antes o después de que todos empezaban a verme de manera indiferente –Le dije yo.

—Lo sé, pero la razón por la que te trajimos aquí es para enseñarte la razón del porque los forajidos de Lars nos atacaron, seguramente a este punto te habrás dado cuenta de que no fue por un simple saqueo –Manifestó la Eldar.

Era cierto, si fueran bandidos particulares no me plantaría esa duda, sin embargo tratamos con un grupo de movimientos coordinados, con buen equipo y que cuenta con un número de miembros de guerreros experimentados en sus filas, estos forajidos liderados por ese tal Lars no eran meros ladrones, lo que sea que buscaban en Windaz, me parecía que era más allá de  solo ser dinero, joyas o cualquier objeto material ordinario de valor, pareciera que había una razón mucho más grande, lo suficiente como para que su líder derroche las vidas de los suyos.

—Honestamente, pedí a la Eldar no hacerlo ya que no era necesario –Opino Naya.

—Pero nos ayudaste arriesgando tu propia vida para salvar a aquellos que te han tratado mal todo este tiempo –Asevero Sarán.

—Sabes que nunca lo hice por ellos, sino por mi madre –Le aclare.

—Lo sé y gracias a eso protegiste a Windaz también, quisiera agradecértelo compartiendo este secreto contigo, sé que no es nada comparado a lo que has hecho por nosotros…

—¿¡Pero que dice mi señora!?, ¿¡”que es esto no es nada”!?, ¡este secreto juega algo de suma importancia para Windaz!, este mocoso debería estar agradecido de que se lo enseñe –Comento su mano derecha.

—Está bien Naya, sé que el secreto es importante, pero la seguridad de los habitantes de Windaz lo es aún más para mí.

—Mi señora…

Sea lo que fuesen que vayan a mostrarse, sin duda era algo importante para ellos, el exterior de la capilla se veía como cualquier sitio oratorio de algún culto normal, cantidades numerosas de banquillos, decoraciones sagradas y el altar del sacerdote con la figura de la deidad colocada allí mimo.

Astado, el dios que representa a las brujas, era mostrado como un bello hombre adulto semidesnudo con un par de cuernos de ciervo en su cabeza, llevando una larga capa hecha de hojas la cual envolvía su cuerpo cubriendo sus partes íntimas y en su mano derecha portaba un cetro de madera.

Tanto la Eldar como Naya me llevaron al salón en donde la sacerdote preparaba su vestimenta para las misas que se llevaban, abriendo una entrada secreta a un sótano oculto, al bajar unas luces mágicas como flamas contenidas en pequeños faroles se enciende para iluminar una estrecha y vacía sala.

— ¿Eh?, ¿qué se supone que hay aquí? –Pregunte en mi mente.

La Eldar se acerca primero levantando una mano para deshacer una especie de barrera que ocultaba un pequeño pedestal en el que arriba se hallaba un huevo de oro del tamaño de una calabaza adornada con una piedra preciosa de color morado en la punta.

—He aquí el mayor secreto de Windaz –Señalo Naya al huevo.

¿Qué secreto llevaba consigo este huevo dorado?, tenía el presentimiento de que alguna historia de fondo trascendía sobre este solido objeto de incalculable valor.

Continuara…


CAPITULO 9

RENCOR DEL CORAZÓN

PERSPECTIVA: Rozuel Drayt

El tiempo se remota a un siglo atrás, Windaz es atacado por una imparable abominación de varios metros de altura, ni el poder de la Eldar de aquel entonces y sus leales brujas podían hacer frente a tal amenaza, todo parecía estar perdido para el pueblo.

Pronto una veloz figura pasa por encima de las brujas y con un solo ataque destruye al formidable monstruo, el responsable se muestra como un héroe de reluciente armadura mágica y una larga como ancha espada encantada, ante la Eldar se presentó como un mago de la espada procedente de tierras lejanas que imploro por su atención para pedir humildemente un importante favor, ante la demostración de sus extraordinarios poderes no dudo en escucharlo.

Con su mano el héroe se atraviesa el pecho retirando de su interior un huevo dorado adornada con una piedra preciosa de color morado en la punta a la cual entrega a la Eldar.

—“Por favor acepta este artefacto, protégelo, un enigmático poder duerme en su interior, algún día este poder traerá la salvación o la destrucción de este mundo” –Fueron sus últimas palabras.

Su cuerpo empezó a partirse en cientos de fragmentos flotantes que desaparecen sin dejar rastro alguno de su existencia, la Eldar abraza con aprecio el regalo del héroe y promete cumplir su voluntad. Esa era la historia.

La actual Eldar, Sara Dorbo, es la descendiente de la anterior, heredando la responsabilidad de proteger a su pueblo y la promesa del héroe que su antecesora conoció.

—Este es el mayor secreto de Windaz que solo pocos conocen, si el mundo se enterara de su existencia quien sabe si las más viles figuras vendrían por el huevo dorado –Dijo la Eldar.

—Si es un objeto muy importante y el asalto de los forajidos de Lars no es mera coincidencia, ¿dices que es posible que ellos estuvieran tras este artefacto? –Pregunte detenidamente.

—Sí, es lo más posible.

Tiene su lógica, incluso mirando detenidamente el objeto sentía una leve cantidad de poder mágico sobre esta, uno pensaría a simple vista que su auténtico valor vendría de su lado material, pero tratándose de un artefacto antiguo no me extrañaría que ocultara un tremendo poder capaz de desatar un desastre de proporciones bíblicas, en Avalia y con la magia todo era posible en mi criterio.

— ¿Por qué confiar tal verdad en alguien como yo?, a alguien incapaz de empuñar la magia o que desiste en venerar a su dios –Manifesté yo.

—Cada quien es dueño de creer o no en las doctrinas religiosas de Windaz, pero es obligatorio respetar las creencias del pueblo y no insultarla –Explico Naya —Sin embargo no puedo objetar mucho en el caso de la magia, Windaz nunca ha tenido habitantes no mago permanentes, todos con esa particularidad eran extranjero que llegaron aquí como visitantes, algunos tentados por brujas desesperadas por engendrar hijos y otros eran comerciantes ambulantes o aventureros que pasaron por aquí para reposar y marcharse al poco tiempo.

— ¡Naya!, no deberías ser tan detallada con eso último, es solo un niño –Comento la bruja líder.

—Conozco más de lo necesario acerca de la reproducción sexual, no necesitan ponerse quisquilloso conmigo –Opine haciendo que ambas se sonrojaran un poco —Mas importante, ¿tan impactante es un niño nacido del vientre de una bruja?.

—En toda la larga historia de Windaz… eres el primero.

Las brujas no les tienen mucha confianza a los forasteros, sobre todo a los hombres, pero ellos son necesarios para su sociedad con el fin de prevalecer su pueblo, por lo que incluso hay quienes tienen permitido vivir aquí en compañía de alguna bruja como su pareja y son aceptados por todas, sin embargo mi existencia es un fenómeno.

Todo varón nacido de una bruja no hereda la magia, eso es un hecho, incluso si el padre es un mago el resultado es el mismo, fue entonces que cuando nací y este fue mi destino, a causa de mis rasgos era un extranjero a sus ojos, volviéndome en lo que más desconfiaban y al tenerme entre ellas no como un visitante sino como un habitante, no toleraban mí presencia, entonces una cuestión sencilla se formuló entre ellas; “¿Por qué debo tratarlo como a uno de los nuestros a ese extranjero?”.

Ningún habitante de Windaz es un no mago, incluso los pocos hombres que hay pueden ejercerla aunque no al nivel de una bruja, pero basta para ser tratados como un habitante y no un forastero.

—Varones nacidos de brujas… considerados forasteros, esa es la cruda explicación de lo que soy –Dije en voz alta poniéndome a reír con cierto tono histérico hasta calmarme —Perdón por eso, es que me parece una excusa tan estúpida y trillada, me recuerda a un relato infantil de un libro titulado “Grog el rojo”, trataba sobre un pueblo en el que habitaban personas de piel azul y un día en su comunidad nace alguien con piel roja llamado Grog y a consecuencia de su aspecto es tratado como un marginado, todo a causa de juzgarlo por ese superficial defecto. Como sea, si es todo entonces me retiro para irme a dormir, prometo no decir nada sobre el huevo.

Lo que no le dije a la Eldar, fue el final del relato, Grog crece a consta de los incontables maltratos incluso de sus propios padres, fortaleció su cuerpo con intensos entrenamiento hasta volverme el más fuerte de todos y un día su pueblo fue invadido por sanguinarios guerreros que superaban en todo ámbito las fuerzas de cualquier piel azul, el muchacho de piel roja lucha contra ellos venciéndolos sin problema, pero lejos de terminar los invasores se preparaban para llevar a cabo un segundo ataque con todo lo que tenían, entonces Grog decide marcharse del pueblo siendo interrumpido por los ruegos de los pieles azules de no irse y quedarse para proteger a los suyos, él voltea y con una expresión rencorosa dice.

—“¿Y cuándo me han considerado uno de los suyos?”

Ignorando sus suplicas los deja a su suerte, eventualmente los guerreros masacran a todo el pueblo y nadie sobrevive salvo el piel roja quien aun en su partida sigue buscando un lugar al cual pertenecer.

Volviendo a mi vida, otros dos días trascurrieron y el pueblo estaba lo suficiente estable para no precisar más mi ayuda, madre y yo estuvimos de acuerdo con que hoy seria nuestra última instancia en Windaz.

De regreso a casa tras ir por algo de metalito, abro la puerta para encontrar a madre con una sonrisa jubilosa, con duda pregunto a qué se debe su tan buen humor en nuestro día de partida y ella me contesta señalando a la mesa, me fijo hasta darme cuenta de que habían varios obsequios acompañado de cartas.

— ¿De dónde salió todo esto? –Pregunte.

—De los habitantes –Respondió madre.

Habiendo regalos comestibles y materiales el cual curiosamente todos estos eran de metal, diversas cartas de agradecimientos ponían en ellas “gracias por salvar al pueblo”, “muchas gracias por defender Windaz”, “por favor acepta mi ofrenda y gracias por todo” y un sinfín más.

— ¿Qué dices Roz?, ¿probamos a quedarnos un tiempo más? –Pregunto madre.

—Claro –Contesto devolviéndole la sonrisa.

Antes de ir a mi cuarto me topo con un regalo que llamo mi atención, se trataba de un frasco de vidrio con el ungüento que uso sobre la herida maldita de mi brazo, esta venia con una carta anónima pegada encima que ponía “gracias por salvarme, por favor no te marches y acepta mi regalo para ti”, al fijarme en el frasco me asombro al ver que el color de la medicina no era verde como el resto del que suelo usar, sino que esta era de color rojo.

—Un momento, este color…

Era un preparado hecho con hojas del hada roja, aquella capaz de deshacer la maldición incura de mi herida. Lleve a mi cuarto el frasco pero en vez de usarlo, desistí de hacerlo al darme una evidente idea de quien pudo entregarme tal presente, por lo que lo envolví junto a la carta en una tela blanca.

Al día siguiente de un día de semana, las clases se reanudan tras todo volver en calma, en mi camino a la escuela soy salúdalo por todos los habitantes con quienes me topo.

— ¿Me habré golpeado la cabeza lo suficiente fuerte para terminar en una dimensión paralela o realmente me están dirigiendo la palabra? –Me planteaba a modo de broma tal duda.

Una vez en el salón de clases, tome asiento y ninguna de las chicas de mi alrededor intentaban algo sino que me ignoraban como siempre, supongo que el trato habitual de antes no cambio del todo, o eso pensaba cuando llego el receso, mientras estaba sentado en el patio poniéndome al tanto con las tareas, soy enseguida rodeada por todas ellas.

—D-d-disculpa… ¿podemos… acompañarte? –Pregunta una de ellas un “tanto” nerviosa.

—Pueden hacer lo que quieran, ¿pero porque parece que te costara tanto hacer esa pregunta?, ¿y porque tus mejillas están tan roja?, ¿estás bien? –Respondí haciéndome el ingenuo.

—S-si lo estoy… -Dice con una sonrisa.

Lo que me llama la atención es que no era forzada, realmente sonreía con toda intención al igual las demás quienes con permiso se sientan cerca de mí, me sentí el centro de atención pero no como objeto de desprecio, sino de… ¿admiración?.

Las clases de magia estaban por comenzar y dado que no formaba parte de la materia, me preparaba para retirarme a casa, algunas de las chicas me habían ofrecido que les acompañara para ver su destreza con la magia, pero me excuse con que tenía cosas que hacer por lo que entendieron y me dejaron ir.

De camino por el pasillo de la escuela, en una esquina se encontraba Riza Gramwind con la mirada baja y una expresión de niña arrepentida, me costaba creer que esa era su verdadera cara, estaba allí como si me esperara, pero yo ignorándole seguí mi camino hasta que ella me detuvo al hablarme.

— ¡Espera!, por casualidad… ¿tu… vas a irte de Windaz?.

—De momento no, madre y yo decidimos quedarnos unos días para ver si podíamos encajar aquí.

—Ya veo… es bueno oírlo.

El tono arrogante habitual con el que siempre me hablaba, no había tal rastro verbal en la forma en que me hablaba ahora, incluso la manera en que se alegró sobre que me quedaría en el pueblo, ¿tan simple es ella?, porque yo no lo soy.

—Dime, ¿tú eres quien me dio esto? –Le enseñe el ungüento rojo que desenvolví de la tela con la que lo traje.

—Si… fui yo.

— ¡Te la devuelvo! –Dije entregándosela en sus manos.

— ¿Por qué?… es para ti, no tienes que devolvérmelo.

— ¿No lo entiendes aun?, ¿¡en verdad crees que todo se puede resolver con una sonrisa, palabras de arrepentimiento y un regalo!?.

—Yo… sé que lo hice estuvo mal, ¡es por eso que quiero hacer todo lo posible para compensar mis errores!, ¡perdóname por favor!, ¡en verdad lo siento por todo lo que te hice pasar!.

—“Claro, te perdono”… o eso diría si fuera tan simple, ¡pero no lo es!.

Recordaba cada momento y aspecto relacionado con ella, cada memoria que quebrantaba mi tranquilidad, esos agitados episodios en que la cordura y mi locura se debatían en mi interior mientras ponía mi mano sobre mi hombro herido repitiendo la frase “no lo es”.

—Simplemente no puedo decir “Te perdono” y olvidar todo lo pasado, es un hecho que muchos en este pueblo me han tratado con miseria, pero entre todos solo una persona ha llegado a ser un dolor imborrable tanto físico como emocional en mi cabeza… ¡y ese eres tú!, ¡realmente te desprecio tanto, TANTO hasta el punto de asomárseme la ligera idea de matarte!, ¡¡de verdad nunca en todos mis años vivido había sentido tanto rencor, tanta frustración y odio hacia algo o alguien!!, ¿sabes porque?, ¡¡PORQUE EN VERDAD LO QUE SIENTO ES DESPRECIO TOTAL HACIA TI!!… eso es lo que mi corazón siente hacia ti… Riza Gramwind.

La bruja de cabellera naranja ante mi declaración deja caer el ungüento, sus ojos se empañaban en lágrimas a punto de romper llanto.

—Si de verdad quieres hacer lo posible para compensarlo, entonces nunca me vuelvas a hablar en todo lo que me queda de vida, agradecería ese detalle –Fue lo último que le dije.

Voltee para seguir mi camino a casa, mientras que ella llora desconsoladamente echándose a correr con sus manos cubriendo su cara, por muy fuerte que haya sido lo que dije, era lo que verdad sentía.

Continuara…


CAPITULO 10

RIZA GRAMWIND (Parte 1)

PERSPECTIVA: Riza Gramwind

La familia Gramwind ha sido una de los linajes más antiguos del aquelarre Windaz, Miha Gramwind es la actual cabecilla y mi madre, junto a mi hermana mayor somos en total los tres últimos vestigios de esta noble línea de brujas.

Anteriormente éramos cuatro, solíamos ser tres hermanas, pero pereció cuando aún no había nacido junto a su padre, con esto he de aclarar que nuestras figuras paternales tanto de mi única hermana y yo son diferentes personas, madre se enamoró de un extranjero no mago quien se aprovechó de su corazón adolorido al perder a dos seres queridos, la sedujo con artimañas y el resultado final de esa relación nací yo.

Poco después de ser engendrada el extranjero la abandono sin remordimiento o vergüenza alguna, nunca perdonare a ese hombre por tratar a mama de esa manera como si fuera un objeto al cual deshacerse después de usarlo, jamás confiare en los extranjeros, aborrezco llevar la sangre de ese miserable, pero no dudo sobre mi identidad, soy una Gramwind, mi cabello naranja es la herencia que trasciende en cada una junto al arte de la maldición incura y algún día seré reconocida, me convertiré en la mejor del linaje de esta generación y borrare todo rastro de ese despreciable hombre que albergue en mí.

[EDAD: 3 años]

Hoy es el primer día de clases, me preparaba en mi habitación cepillando mi larga cabellera y vistiendo el uniforme que constaba de un cómodo vestido marrón, recogí mi libro junto a la pluma mágica y marche a la escuela.

De camino me reuní con unas amigas quienes me contaron sobre un chico que vive en nuestro pueblo.

—Es un no mago, parece que es hijo de Marian Drayt, una de las curanderas de Windaz –Afirmo una de ellas.

— El que una bruja haya tenido un hijo varón es extraño y escalofriante –Opino otra.

—No, solo es un forastero –Comente por mi parte.

Un hombre, un no mago, no es de los nuestros, me asquea de solo pensar que alguien así vive entre nosotras.

Cruzando el pasillo llego al salón, soy recibido por las chicas que me admiran pero en mi camino mis ojos se cruzan con algo desagradable, en uno de los asientos lo encontraba ocupando un niño de nuestra edad, tenía corto cabello marrón y ojos grises, era él, el forastero.

— ¿Qué es esto?, ¿qué hace el “no mago” aquí?, este lugar no es para alguien sin talento como tú –Dije mirándolo fijamente con desagradado.

—Pues disculpe usted “majestad”, pues yo solo asisto a las clases “obligatorias” por obediencia a mi madre –Me contesta con impertinencia.

—Y encima tiene una lengua mordaz, eres asqueroso.

Tomo mi asiento alejándome lo más posible de él, es aberrante muy asqueante que alguien como él tenga permitido estudiar con auténticas brujas, su forma de hablar y tono al contestar me recordaban a ese desagradable hombre, ¡es imperdonable!.

Logre que las chicas estuvieran de mi parte, tanto en clase como en el receso lo tratábamos como le correspondía arrojándole diversas cosas creadas por nuestra magia para provocarle dolor o estropear su ropa, ruego para que su cordura le falle lo más pronto posible y nos deshagamos de él.

De regreso en casa me topo con madre, quien se encontraba con su pasatiempo de hacer té al volver de su trabajo en la biblioteca.

—Hola Riza, ¿cómo estuvo tu primer día de clases? –Pregunto ella.

—Todo iba bien hasta que me topé con “ese tipo” –Conteste.

— ¿”Este tipo”?, oh, ¿hablas de Rozuel el hijo de Marian?, es un chico interesante.

No puedo creer que madre diga eso y sostenga tal opinión con una sonrisa.

— ¿Cómo puedes decir eso mama?, ¡es un niño, no es uno de los nuestros! –Objete yo.

—No deberías juzgar a un libro por su apariencia mi niña –Me contesto mama —Además… al parecer le gusta mucho leer, últimamente su madre ha venido a mi biblioteca para pedir prestado algunos libros que su hijo le pidió con información sobre cultura, historia y fauna natural, para alguien de su edad leer tal material le seria aburrido, pero según Marian dice que su hijo esta tan sumergido en la lectura que a veces no le escucha ni cuando lo llama a comer, por eso creo que es un niño interesante.

—Un forastero… siempre será un forastero –Dije en voz alta caminando a mi habitación.

Me acosté en mi cama frustrando sobre las palaras de mi madre, ¿ese niño le parece interesante?, ¿acaso ha olvidado lo que resulta confiar en personas así?.

Para los siguientes días continuamos con el plan de subyugar al extraño, lejos de arruinar su humor, un día vino a clases con altos ánimos a pesar de todo lo que le hemos hecho.

— ¿Por qué esta tan contento como para ignorar todo lo que pasa? –Pensé ante la duda.

Entonces decidí llevar las cosas a otro nivel comenzando por ser yo quien llevaría a cabo con mis propias manos la siguiente estrategia, madre hace poco me había regalado una vara para practicar mi magia, esta sería la herramienta primordial para mis planes.

Hable con dos chicas sobre lo que tenía en mente y juntas nos preparamos  para llevar a cabo este ansiosa idea al siguiente día.

El lugar donde daría inicio es en el pasillo de la escuela, nos situamos allí en uno de los receso, notificamos a las chicas que no estaban involucrada en nuestros planes que no estuvieran presente a la hora en que íbamos a llevarlo a cabo, con el fin de que se mantuvieran al margen para hacer de esto menos sospechoso posible si llega a tener éxito.

Oíamos unos pasos era él acercando, estaba llegando por el pasillo justo a la hora indicada, era momento de ejecutar nuestro plan.

—Miren chicas, la vara que mi madre me regalo –Dije yo dándole inicio.

Las chicas tomaban el rol de elogiarme mientras yo preparaba el acto principal.

— ¿Debería probar lo eficiente que es? –Formule la pregunta clave.

Ellas responden con animado y profundo “si”, comenzando a canalizar mi energía mágica en la vara.

La idea era simple, una actuación en la que “enseñaba” a mis amigas un nuevo conjuro, este sería la excusa perfecta para un “accidente” y el resultado dejaría una marca imborrable en forma de una bella hematoma sobre el no-mago, gracias a la maldición incura transmitida de generación en generación en el poder emanado de los Gramwind, toda herida o lastimadura provocada por una de nosotros resultara imposible de sanar mientras esta perdure, la marca que posara en su cuerpo será casi eterna.

Desate mí magia sobre él, lanzándole un proyectil de viento con forma contundente hacia su pecho, pero inesperado pronto la punta de esta se torna penetrante como una flecha y comienza a desviar su dirección.

— ¡Maldición, se supone que no debía haber cambiado a una forma penetrante! – Dije en voz alta atónica a mi error

El conjuro había fallado tornándose más letal de lo que esperaba, esto es malo, mi idea es hacerlo sufrir, algo como esto más que dejar un lastimado podría matarlo y de ocurrir no habría excusa que me salve de esta.

La flecha asesta en su hombro derecho, cayendo al suelo con una hemorragia consiguiente, pronto la profesora Naly Scheen acude al lugar y lo lleva a su despacho para atenderle. Espero nervioso afuera, pensando en que decir, debía inventar una elocuente excusa, puse mi cara más triste y entre al despacho con ojos lagrimosos para darle autenticidad a mi actuación.

—Disculpe… profesora…

Le explique con todo lo ocurrido era un accidente y lo hice con la voz que mejor lástima podría aparentar, y el resultado fue mejor de lo que esperaba.

—Está bien Riza, a todos nos pasan, Rozuel entiende que esto fue un accidente y confía en que no volverá a ocurrir, ¿verdad Rozuel? –Dijo la profesora sin reprimirme o sermonearme con dureza.

No esperaba mejor resultado, estaba tan contenta que sin querer deje salir una pequeña mueca de la felicidad que contenía.

— ¡Miserable!… ¿¡en verdad crees que esto va a quedar así!? –Me exclamo el no mago señalándome con su mísero dedo.

— ¡Rozuel, entiende que fue un accidente!, Riza en el fondo se siente mal por esto, ¿acaso no ves cómo llora? –Le dice la profesora regañándole.

A causa de la herida por hoy se retiró temprano y no acabo allí, sino que al siguiente y al que le seguía no había vuelto, debido al grado en que estaba herido y la maldición incura estropeando su recuperación faltaría un buen tiempo a clases, ¡estaba tan emocionada!, yo solo esperaba dejarle una herida moreteada en el pecho, ¡pero salió muchísimo mejor y como bono no veríamos su cara por un buen rato!, espero que incluso sea para siempre.

De regreso a casa me topo con mama quien me miraba fijamente con un rostro de decepción y me pregunta lo mismo que el otro día.

—Riza, hija… ¿realmente fue un accidente?.

— ¡Mama!, ya te dije que sí, ¡fue un accidente!, admito que no me cae bien, pero tampoco llevaría mi desprecio tan lejos –Conteste yo — ¿Cómo puedes desconfiar de tu hija de esta manera haciéndome la misma pregunta día tras día?, en serio es ofensivo, entiendo que parezca sospechosa pero por favor mama.

—Es solo… que pareces no verte tan apenada por lo que hiciste, aunque podría ser mi imaginación.

—Si mama, puede que sea eso, deberías tomar uno de tus relajantes tés.

—Si… quizás debería.

Madre se retira dejándome con la razón, pero en el fondo sentía que ella sabía la verdad, al sentir su mirada indiferente cuando me interrogaba, ¡todo por un forastero!, calma… él ahora está sufriendo como debe, al final la victoria es para las brujas.

Pronto me entero que incluso todo el pueblo estaba en su contra, su sola existencia viviendo en Windaz era un descaro para ellos, las cosas marchaban fenomenal y los días de clases se tornaron tranquilos con su ausencia, pero desgraciadamente no todo lo bueno dura para siempre.

Un día él volvió al salón, su sola presencia opaco nuestra alegría inmensa, tomo asiento ignorándonos, pareciera como si planease algo entre manos, ¿pero que tanto puede hacer un no mago herido con un brazo maldecido para sanar?, me rio de solo pensarlo.

En el receso me encontraba con la mayoría de las chicas planeando en cómo hacer de su “regreso” uno tan amargo y en medio de nuestra charla un fuerte ruido repentino silencia nuestras palabras.

¡BANG!

Era como sonaba, fuerte y breve, venia del patio y allí nos dirigimos encontrándonos de paso con tres de nuestras compañeras quienes se nos acercan con rostros atónicos como si hubieran visto un demonio, ellas habían sido testigos de aquel efímero sonido que capto nuestra atención.

— ¿Qué pasa?, ¿por qué esas caras?, ¿qué fue lo que vieron? –Le pregunte una tras otra.

—Ese chico… ese no mago… aléjense de él, ¡es peligroso!, ¡muy peligroso! –Contesta con una histeria tanto en sus expresiones como oraciones.

Al poco tiempo un rumor se difunde, que el no mago traía consigo un extraño artefacto mágico tan letal como la magia misma de las brujas.

[EDAD: 4 años]

 

El tiempo pasa y con el rumor haciendo más influyente, pronto provoca que las chicas comenzaron a acobardarse, por temor nadie se le acercaba, nadie se animaba a plantarle cara o hacerle algo, ese chico se convirtió en un símbolo de terror para todas ellas.

—¿Qué está pasando?, ¿porque de pronto está ocurriendo esto?, miserable forastero, ¿¡que es lo que te traes entre mano!?.

No podía dormir bien con la inquietud del radical cambio que todas percibían hacia él, ¿tenerle miedo a un despreciable niño sin magia?, ¡nosotras las brujas no le tememos a nada!, ¡llegare al fondo de esto y hare que ese maldito se arrepienta por haber arruinado el buen ambiente que teníamos antes de su llegada!.

En un sábado teníamos tres horas de clase de magia a la mañana, mientras practicábamos nuestro manejo con el mana pedí permiso para ir al baño, al regresar me topé con ese sinvergüenza de Rozuel quien estaba observándonos de lejos, me puse firme y sin temer como debe una bruja le plante cara.

— ¿Qué estás haciendo aquí?, maldito no mago.

—Nada que te incumba, me marcho.

— ¡No te pongas arrogante solo porque nadie quiere meterse contigo! –Le comento de mi parte —No sé qué hiciste para que todas sintieran miedo hacia ti, ¡pero tus artimañas no funcionaran contra una Gramwind!, conoce tu lugar, inútil sin talento.

Me miraba con desdén, lo mismo lo hacía yo, ¿quién se cree que era para venir y fastidiarnos el sábado?, cuanta arrogancia viniendo de alguien que vive entre nosotros, ¡pero que no es considerado uno de los nuestros!

— ¡Cállate perra!, eres tan ruidosa que me arruinas el buen humor –Exclama él en voz alta.

— ¿¡Cómo me llamaste…!?

¿P-perra?, ¿¡acaba de llamarme perra!?, ¡está muerto!, ¡esta vez sí le voy a lanzar un conjuro y asegurarme de que no se levante!, que me hable de forma arrogante era una cosa, ¡pero insultarme, eso no tiene perdón!.

— ¡Yo Rozuel Drayt te desafío a ti Riza Gramwind, a un duelo de práctica, aun si no soy un mago, se puede hacer una excepción y validar un encuentro si estás de acuerdo!.

De repente me señala con el dedo desafiándome a un duelo de práctica, ¿¡a mí una bruja de fino linaje soy desafiada por una inmunda escoria sin magia!?, no podía evitar reírme con algo tan hilarante.

— ¿¡Me desafías a un duelo de practica!?, ¡jajajajaja!, ¡un chiste tan malo, como del herrero forjando una espada con lodo!

Toda la clase nos escuchó y se acercaron a nosotros habiendo oído lo que dije, con o sin temor hacia él la risa les llego igual, no dejaba de sonar como algo estúpido, era inevitable no carcajear con una cosa así.

— ¡Muy bien!, acepto el desafío.

No podía dejar pasar esta oportunidad, podría humillarlo y en público, ¡y si tengo suerte dejarlo aun peor para que nunca más vuelva a ponerse de pie!, el desafío se llevaría a cabo a las 5 de la tarde en el patio de la escuela, ahora solo quedaba prepararme, no… más bien esperar su inevitable derrota cuando nos encontremos allí.

Continuara…

NOTAS FINALES:

1: [AQUELARRE]: En “Metalord Revolution” los aquelarres son el equivalente a clanes de brujas, cada aquelarre lleva un nombre consigo (Ejemplo; el aquelarre “Windaz”) y el poblado o lugar en donde residen puede o no llevar el mismo nombre de su clan (Ejemplo; el “pueblo de Windaz”).


CAPITULO 11

RIZA GRAMWIND (Parte 2)

PERSPECTIVA: Riza Gramwind

Faltaban 15 minutos para que el encuentro se llevara a cabo, me miraba en el espejo de mi cuarto rebosante de confianza con la vara que usaría para el duelo, no habría duda alguna de mi victoria, contra un no mago no hay forma de que pierda.

—Hija, ¿puedo pasar? –Era madre tocando la puerta.

Otra vez tratando de convencerme de no seguir con esta pelea, que solo llevaría a arrepentirme de continuar, ¿¡yo arrepentirme!?, he esperado este momento ansiando demostrar la razón del porque las brujas somos la cúspide de Windaz, el corazón del aquelarre y ningún forastero va a cambiar eso.

—Rozuel, a ese chico… ¿por qué lo odias tanto?, ¿por ser varón?, ¿por no ser una bruja?, ¿por ser un no mago?, o… ¿existe alguna razón más específica? –Me pregunta mama como si un interrogatorio se tratara.

—Me retiro, tengo un duelo al cual acudir –Conteste ignorando cada una de sus cuestiones.

Marche hacia la escuela, el patio en el cual se llevaría a cabo el encuentro había sido preparado, me adentro a la arena esperando a ese arrogante chico, muchos han venido aquí a presenciar este evento, la cantidad de habitantes presentes sobrepasaba mis expectativas, era perfecto para una humillación en público.

—“¿por qué lo odias tanto?”

La pregunta de mi madre se manifiesta como un eco en mi cabeza, ¿por qué me perseguía tal interrogante?,  no tenía dudas para despreciar a ese chico, ¡su sola imagen me recuerda a él, a ese impetuoso hombre!.

—Aquí esta…

El no mago finalmente llega, por un momento tenía la ligera idea de que abandonaría, pero incluso él tiene razones para no ausentarse, cualquiera que sean sus motivos hoy los hare añico junto a toda esperanza que albergue.

La profesora Naly Scheen se acerca explicando las reglas, dado que él no tenía magia, se le entrego una espada y un escudo ambos de madera, la condición de su victoria era que me tocase con la punta del arma de endeble estado a mí para ganar, mientras que yo con solo destruir ambos objetos o dejarlo inconsciente bastaba, oh, pero eso no será lo único que vaya a destruir.

— ¡COMIENCEN! –Declaro la profesora Naly dando inicio al duelo de práctica.

Confiado en sus condiciones para ganar, corre con fervor acercando su espada hacia mí, lo detengo invocando un muro de viento que impide su paso y lo golpea con fuerza enviándolo hacia atrás.

— ¿Ya te das por vencido? –Le pregunte yo.

—En tus sueños –Replica el forastero levantándose.

Disparo un proyectil de viento pero él logra esquivarlo y esta termina dando en la valla, le di demasiada potencia que su velocidad se redujo drásticamente, maldita sea, entonces es hora de pasar a otro nivel.

— ¡Explosión de viento!.

Mis palabras dictan mi siguiente ataque, creando pequeñas burbujas de aire que yacen en el suelo en cercanía del no mago, el explotar de cada uno desataba fuertes vientos breves que lo lastimaban, él rápidamente comprendió mi técnica y comenzó a tomar distancia con vista aguda a las burbujas que creaba, aprovecho esta oportunidad y le disparo otro proyectil de viento.

La segunda logra darle, aunque destruyendo el escudo y lastimando de manera superficial su mano izquierda, cae al suelo siendo abochornado por todo el público, mientras que yo recibía su devoto apoyo, esto sin duda era un espectáculo para ellos y yo contribuiría a volverlo impecable.

— ¡Jajaja, que fácil!, solo me falta la espada y habré ganando, pero… ¿para qué terminar esto tan pronto? –Resalto en voz alta con intención de bajar sus ánimos y moral.

—En este duelo nunca tuve posibilidad… por eso yo… tengo que cambiar de estrategia si quiero ganar.

Me rio de las locuras que su boca deleita, ¿ganar por cambiar de estrategia?, ¿y que se supone que me hará?, solo le queda esa mediocre espada de madera y yo aún no he usado ni la mitad de mis fuerzas, hare que trague sus palabras cuando sus piernas jamás vuelvan a caminar, pero antes de que pudiese hacer mi siguiente movimiento, aquel no mago deja caer la espada al suelo, ¿se rendirá así nada más?, que predecible.

—Así que al fin te decides dar por vencido y reconocer la posición que te corresponde como no mago, es lo lógico, que tipos como tu reconozcan la mediocridad de su existencia creyendo ser mejores que las brujas.

— ¡Cállate!, ¡hablas demasiado!, ¡voy a desplomar está sobrevalorada fachada de superioridad y dejar en claro que la magia no es la gran cosa! –Exclama de manera proponte con un tono arrogante que me enfada.

Justo en ese instante de su cintura saca un extraño objeto jamás visto, ¿qué era eso?, noto como las chicas de mi clase quienes estaban presente entre el público se atemorizan de solo ver ese objeto, ¿acaso se tratara de aquel artefacto mágico del que hablan los rumores?, ¡ja, me rio de solo creerlo!, ¿de dónde sacaría un no mago un artefacto con gran poder?, eran puros cuentos de hadas.

¡BANG!

Antes de darme cuenta, aquella extraña cosa había lanzado algo que replico ese ruido que llamo la atención de todas nosotras ese día y el rumor cobro origen, incluso había herido mi pierna izquierda como si algo filoso hubiera rozado en ella, no puede ser, ¿¡esa cosa realmente es un arma!?, sentía un dolor impresionante pese ser una herida insignificante.

Apunto a mis pies a un principio, pero ahora levanta su arma dirigiéndola un poco más arriba, ¿planea en su siguiente ataque darme en la cara, brazos o el pecho?, ¿qué es lo que lanzaba esa cosa que fuera lo suficiente para provocar semejante daño?, calma, debo centrarme en repeler tal ataque, concentre mis energía mágica para crear un escudo que pudiera ante esa cosa.

¡BANG!

Sin embargo era todo en vano, fácilmente lo que de esa arma salía tenía un poder mucho más grande que el de una flecha, hizo añicos mí escudo en un parpadeo y lo siguiente en terminar igual fue mi varita, pierdo el equilibrio y ahora soy yo quien se encuentra en una desastrosa situación.

Antes de que pudiese recuperarme, él se adelanta y pone un pie sobre mí para impedirme levantarme, tenía la espada de madera en la mano izquierda y ese extraño artefacto en la derecha, parecía mi derrota, pero en ese instante observo atenta el cómo me apunta con esa arma a mi rostro.

Tenía miedo, él quería matarme, intentaba que mi boca soltara palabras para pedirle detenerse, pero estaba tan aterrada que incluso mi hablar estaba congelado, esta sensación… la he sentido antes, cuando tenía 2 años de edad.

—“Mama… hermana… ¿dónde están?”

Me había adentrada demasiado al bosque por culpa de mi inmadura curiosidad, me perdí con el anochecer acercándose, estaba temblando pero no de frio sino de un inmenso miedo a la soledad que me rodeaba y llorando en la desesperación un lobo hambriento se aparece mirándome con ojos sanguinarios.

Sin importar cuanto rogara o suplicase, el feroz animal se acercaba lentamente hasta tomar velocidad y abrir su boca para clavar sus letales fauces sobre mí, todo parecía perdido.

—“¡Riza!”

Una voz familiar pronuncia mi nombre en la incertidumbre y un fuerte viento sacude a la bestia hambrienta embistiéndolo hasta un árbol dejándole herido, en su reacción gime adolorido huyendo lejos.

—“Riza, ¿estás bien?”.

Mi única hermana había acudido en mi ayuda, en sus brazos a salvo me encontraba y sin reprocharme acaricia mi pelo llevándome de regreso a casa.

Pero ella ya no estaba en Windaz, al cumplir 10 años se marchó del pueblo para expandir su conocimiento y poder mágico, desde entonces jure hacerme fuerte también y enorgullecer al linaje Gramwind.

Sin embargo aquel traumático miedo había retornado, esa extraña arma, de solo ser apuntado con ella me recordaba al hocico de la bestia esperando el momento de asesinarme, ¡mi hermana no estaba para protégeme, sintiéndome inútil e indefensa!, he decepcionado a la línea de sangre a la que pertenezco, mis ojos se cierran esperando el inevitable final.

¡BANG! ¡BANG!

Había escuchado dos de esos “bang”, abrí los ojos y aun me encontraba respirando, temerosa pero viva, el no mago tras dejarme vivir aleja su extraña arma y pone sobre mi cuello la espada de madera, habiendo perdido el duelo de práctica, no podía expresar disconformidad o rabia, lo único que mi cuerpo transmitía era miedo mismo en su mayor esplendor.

Escuchaba las quejas conformándose de aquellos a nuestro alrededor, todas son calladas cuando él usa sobre la valla su artefacto mágico hasta dejar de hacer “bang”.

— ¡Ahora que tengo su atención, voy a dejar bien en claro un mensajito para que se lo graben en esa asqueante materia gris de cerebro que tienen!, ¡si quieren meterse conmigo, por mi háganlo, pero si alguien sin importar QUIEN SEA vuelve a herir de algún modo a mi madre, A MI FAMILIA, lo voy a dejar peor que a esa valla, lo que ven en mis manos no es el único “juguete” que tengo y créanme que no querrán verme enojado!, ¿¡SOY LO SUFICIENTE Y JODIDAMENTE CLARO!?.

Fueron sus palabras acompañadas de una fuerte mirada amenazante, se retira hasta perderse a la vista y yo ante la derrota aun devorada por el miedo, pierdo la consciencia.

No sé cuánto tiempo paso, para cuando desperté me encuentro en la cama de mi habitación con mi madre sirviéndome un té.

— ¿Te encuentras bien hija? –Pregunta ella al verme despierta.

Conteste su pregunta abrazando su regazo como lo hacía hace dos años.

—Tenía miedo… aun lo tengo… tengo tanto miedo… mama.

Mama acariciaba mi cabello sin preguntar o comentar algo referente al duelo, para los siguientes días, todo sentimiento de odio que albergue alguna vez sobre ese chico, ahora se había convertido en terror, de solo verle mi mente lo imaginaba con esa extraña arma en manos apuntando a mi frente, con un rostro de proporciones demoniacas y riendo malévolamente mientras me asesinaba una y otra vez.

Ahora comprendía por qué las chicas lo llamaban “demonio”, desde entonces todas hemos tomado distancia de él, alguien capaz de vencer a una bruja no era un humano ordinario, ¿qué clase de persona es ese no mago?, era como si pareciera de otro mundo.

Más de una semana ha trascurrido y en medio de la noche en la residencia Gramwind alguien golpea la puerta con sumo apuro, mama atiende al llamado y al abrirla se encuentra con una bruja que comunicaba un aviso urgente.

—Se ha reportado un enorme número de bandidos acercándose al pueblo, según creemos pertenecen a los “Forajidos de Lars”, saqueadores mercenarios y ex-soldados experimentados, incluso con talentosos magos en sus filas, ¡vayan pronto al hospital, allí hay un refugio subterráneo aguardando!.

Tan pronto termino de comunicarlo, te retira a avisar a otros, mama y yo marchamos al hospital, al llegar allí fuimos llevado al refugio subterráneo que tenían, pero en ese instante ella se separa de mi explicando que debía ayudar a las otras brujas a defender el pueblo, insistí en acompañarla pero ella negó toda mi ayuda, por ser muy joven y preocuparse demasiado de su hija.

Madre marcho dejándome en el refugio, más tarde que nunca llegan mis compañeras de clases, postradas contra la pared nos vimos preocupada porque la mayoría de nuestras madres había marchado a defender Windaz.

Con el pasar de un buen rato, noto que faltaba alguien, era Laida, ¿por qué aún no había llegado al refugio?, ella fue una de las primeras amigas en hacer, me preocupe al no verla entre nosotras, pregunte a las chicas si la habían visto, pero todas dijeron que no.

— ¿Podría ser que algo la haya atrasado?, ¿le habrá pasado algo malo?.

Tales interrogantes me causaban inquietud sobre mi buena amiga Laida, no pude continuar esperándola y salí del refugio ignorando el aviso de las brujas adultas que custodiaban el lugar, marchando firme con toda prisa rumbo a su casa.

Al llegar a su hogar, abro la puerta para encontrar a una depresiva Laida llorando con ansiedad.

—¡Laida!, ¿¡qué haces aquí!?, es peligroso quedarse en este sitio, debemos ir al refugio del hospital –Le hable mirándola a los ojos.

— ¡Mama!, ¡no encuentro a mama!, ¡me dijeron que fuera al hospital pero no he visto a mama desde hace horas!, ¡creo que ella…!

Un ruido sospechoso alerta mis sentidos, los fuerte lloriqueos de Laida pudieron haber atraído a algunos de esos forajidos que parecen haber logrado adentrarse al pueblo, trate de callarla hasta que uno de ellos se muestra abriendo la puerta violentamente armado con una espada en manos.

Intente hacerle frente pero inesperado un segundo aparece a mis espaldas sorprendiéndonos a ambas, el filo de su arma amenazó con rebanar mi cuello de intentar algo y Laida ante su miedo mezclado con la timidez tampoco era capaz de actuar, nos habían atrapado a las dos.

—Oh, que pequeñas brujitas tan bonitas, ¿cuánto crees que nos den en el mercado de esclavos por ellas? –Pregunto uno de los bandidos.

—Jejeje, bastante diría yo, las brujas sobre todo las muy jóvenes valen mucho, ¡y mayor es el precio si son virgen! –Le responde su compañera.

Esas eran sus intenciones desde un principio, ¿acaso nuestro fin culminaría con nosotras convertidas en esclavas para quien sabe qué tipo de sujeto?, el temor volvía a apoderarse de mí de tan solo imaginarlo.

— ¡No se muevan! –Ordena una voz a los dos forajidos.

Se trataba de la profesora Naly Scheen, había llegado justo a tiempo apuntando a los bandidos con su mano dominante concentrada de su energía mágica, uno solo de sus ataques bastaría para matar a esos dos, pero los maleantes no pensaban rendirse tan fácil, amenazaron con matarnos si hacia algo sobre ellos.

—Como si fuera a dejar que lastimaran a mis preciadas estudiantes, malditos bandi…

Algo golpea por la retaguardia de la profesora, se trataba de un ataque mágico que la había dejado inconsciente, su atacante era un tercer forajido que llevaba una varita consigo, un mago de ágil talento, para haber tomado por sorpresa a la profesora debe de haber lanzado un ataque ofensivo lo bastante silencioso para no ser detectado y lo bastante fuerte para vencerla sin matarla, un mago de nivel C o B tal vez.

Nuevamente nos encontramos en peligro, nuestra profesora ahora era víctima también y los tres charlaban de manera obscena sobre el valor incalculable que tenía incluso ella, ¿entonces este es nuestro destino?, ¿vivir en la esclavitud?, estaba temblando en desesperación atormentado de solo imaginarme en tal situación, pero Laida era quien peor la pasaba.

— ¡ARGHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!…

Un fuerte grito sale de su boca, pronto es callada por uno de los bandidos de una bofetada, por reacción intente moverme para ayudarla pero la espada de uno de ellos seguía sobre mí, haciéndome sentir impotente como para actuar.

—Se acabó… es el fin… -Dije en mis pensamientos — ¿Sera este el resultado de todo lo que he hecho?, entonces… ¿es un castigo por mis actos?, no quiero que esto termina así… mama, ayúdame… hermana, ayúdame… alguien, por favor ayuda… te lo suplico…

La puerta es nuevamente golpeada con fuerza, entrando esta vez un cuarto al lugar, no se trataba de un forajido o una bruja, sino del no mago, a aquel que considere como un forastero desde la primera vez que nos vimos, Rozuel.

En su mano llevaba la extraña arma que uso contra mí en el duelo, con ella apunto a los bandidos que nos tenían a merced.

— ¡Ni se te ocurra moverte niño o le rebano el cuello! –Amenazo uno de ellos poniendo el filo de su arma sobre mi yugular —Muy bien quietecito allí, al mínimo intento de querer huir o pedir ayuda y tú amiga se muere.

¿”Amiga”?, él me odia, ¿por qué se molestia en salvar a alguien como yo después de cómo lo trate?, está bien… al menos si muero, me alegrara saber que esos tres también tendrán el mismo destino.

¡BANG!

Su arma es accionada eliminando en un instante a uno de los bandidos que le acercaba, acto seguido elimino a otro siendo aquel que me tenía como rehén ante su espada, yo… había sido salvada por él, ¡la persona a la que tanto odie y temía me salvo la vida!.

— ¡E-espera, por favor no me lastimes, me rindo pero por favor no me mates! –Suplicaba el tercer bandido restante siendo el mago que dejo inconsciente a la profesora.

Sin vacilar mato también a ese forajido, ¿cómo es que es tan fuerte?, a su edad y siendo capaz de hacer frente ante tales individuos peligrosos sin siquiera temblar, mientras yo me revolcaba en el miedo al momento en que me encontraba pisando esta casa en busca de mi amiga, ¡era tan débil!.

Él se retira tras haber acabado con el trio de bandidos, unas brujas llegan a la casa tras escuchar esos “bang” encontrando con asombro la escena que yacía ante sus ojos, nos preguntaron sobre lo que paso, Laida estaba demasiada aterrada como para decir algo, por lo que yo hable con ellas, les explique todo lo que ocurrió y la manera en que todo termino así.

La profesora Naly Scheen despierta recuperándose del ataque sorpresa que recibió, por fortuna se encontraba bien y no tenía heridas serias, según parece ella me vio a lo lejos corriendo cuando marchaba a la casa de Laida a buscarla y decidió seguirme. La profesora pronto se entera de lo que ocurrió tras perder el conocimiento y se quedó sin palabras ante tales detalles.

Con el peligro pasado, ella nos escolta al refugio, Laida encuentra a su madre al llegar allí quien también la buscaba con desesperación. Pronto me entero que mi propia madre fue herida en la lucha pero ya se encontraba en el hospital siendo atendida por las curanderas, no corría el riesgo de morir pero necesitaba descanso para recuperar las heridas que padecía, me sentía aliviada de saber que estaría bien.

El tiempo restante me quede en el refugio esperando junto a las chicas a que todo pasara, allí vi a Rozuel junto a su madre, es extraño… a pesar de que lo tenía en frente ya no sentía temor alguno de solo verle, incluso sentía como si quisiera acerarme para decirle “Gracias”, pero me negaba a hacerlo, ¿pero aun así por qué sentía este raro malestar como una sensación punzante en el pecho?.

Me mantuve en mi lugar quieta por horas tratando de ignorarlo, cuando me encontraba profundamente dormida soñaba con todos los momentos vividos en que él aparecía, en especial cuando me salvo de ese trio de forajidos.

Desperté tras una larga siesta, mirando detenidamente Rozuel y su madre ya no estaban en el refugio, ¿se habrán ido?. Con oídos atentos escucho los murmullos de las brujas adultas a mí alrededor.

—“Escuche que ese chico hizo frente a un gran número de bandidos el solo”

—“Si, dicen que uso otro de esos extraños artefactos mágicos y con eso acabo fácilmente con esos bandidos”

—“Y pensar que alguien a quien tan mal ha sido tratado por nosotras, se tomaría la molestia de arriesgar su vida por Windaz”

—“¿Crees que nos guarde rencor aun?”

—“Yo lo estaría, para alguien de su edad haber vivido todo eso y no haber perdido la cordura… es admirable, yo nunca habría resistido semejante situación”

Todas las veces que lo he insultado, que lo he discriminado y he lastimado, tuvo más de una oportunidad de arrebatar mi vida y aun así no lo hizo, yo en cambio habría hecho lo contrario al haber tenido la más leve chance, esa sensación punzante en el pecho de solo pensar en él y todas las cosas que hice, ¿qué es lo que siento?.

Varios días trascurren desde el asalto de los bandidos, Windaz recupera poco a poco su calma y prosperidad, me encontraba en casa esperando a madre quien recibiría de alta hoy, recostada en cama con mi cabeza sumergida en la almohada, continuo confuso ante lo que sentía.

—¡Hija!, ¿¡estás aquí!?.

Escucho la llegada de madre llamándome, le contesto con un claro “si” y ella llega a mi cuarto contenta sintiéndose revitalizada tras su recuperación, al verme en tal decaído ánimo, se sienta a mi lado preguntando que me ocurría.

—No lo sé…

—Vamos hija, trata y dile a tu madre que ocurre realmente, confía en mí.

No podía negar tal petición, sentía la necesidad de decírselo a alguien y creo que mama era la más indicada. Explique parte por parte mi sentir desde el duelo que tuve con él, el fuerte miedo que sentí al poco tiempo sobre él y la vez que salvo mi vida, ahora sentía un inquieto malestar que ni la magia curativa o las pociones de la alquimista podían revolver.

—Lo que sientes mi querida niña, tan solo puede curarse de una forma, dime; ¿qué sientes ahora por Rozuel? –Pregunta mama.

—Yo… no lo sé…

—¿Sientes desprecio hacia él?.

—No…

—¿Lo odias aun?.

—No…

—¿Te agrada tal vez?.

—Yo… no lo sé…

—Pero quieres agradecerle por salvar tu vida, ¿o me equivoco?.

—Yo…

Era cierto, mama tenía razón, quería decírselo, ¡quería decirle y agradecerle por haber salvado mi vida pese a la forma en que siempre lo trate!.

—Ahora sé lo que debo hacer, ¡gracias mama!.

Sabía lo que debía hacer pero no bastaría con solo unas palabras, para eso acudí a ver a alguien que me ayudaría en mi cometido, fui a su local para ser atendido por una mujer de voluminosa cadera, gran busto y pañuelo en la cabeza, era la alquimista.

—Oh, ¿qué trae por aquí a la joven bruja de la familia Gramwind? –Pregunto ella.

Le explique sobre lo que quería hacer, sobre como quería agradecerla a alguien que salvo mi vida y lo único que le di por mi parte fue dolor, con mencionarle una herida que yacía en su hombro derecho ella lo entendió.

—Has venido justo a tiempo –Manifestó la alquimista.

Me entrego un frasco de vidrio que contenía en su interior un ungüento color rojo, esta medicina era la ideal para disipar la maldición incura que provoque en él, justamente iba a encargarla para que la hiciera pero fui sorprendida ya que ella empezó a prepararla hace unos días cuando Windaz recupero algo de calma tras el ataque de los forajidos de Lars.

—Te agradecería si se lo entregas, descuida que es gratis, es lo menos que puedo hacer después de lo que hice… -Dice ella con un rostro melancólico —Pero te sugiero darte prisa.

—¿Por qué?.

—Pronto él y su madre se irán de Windaz, para siempre.

— ¿Irse…? –Pregunte con una fuerte inquietud en el pecho.

—No de extrañar que lo hagan, el muchacho expuso su vida para defender Windaz a pesar de cómo fue tratado por todos en el pueblo… incluyéndome –Explico la alquimista —Incluso su madre fue objeto de represalias y para rematar me entere de alguien que intento asesinar al chico pero Marian logro llegar a tiempo para salvarlo, tienen todo la razón del mundo para despreciarnos… sin duda la tienen.

Podía sentir como la alquimista expresaba en sus palabras un evidente pesar anímico, a este punto creo que ella y yo no seriamos los únicos en todo el pueblo en sentir lo mismo.

Prepare el regalo pegando una nota encima en ella que ponía “gracias por salvarme, por favor no te marches y acepta mi regalo para ti”. Llego a su casa siendo atendido por su madre, Marian, para haber pasado por mucho se encontraba de buen ánimo, sin distraerme entregue mi regalo y pedí por favor ver a Rozuel.

—Lo siento querida, Rozuel en este momento no se encuentra.

—Entiendo… ¿podría entonces solo entregarle este regalo?, se lo agradecería.

—Claro, no hay problema.

Me despedí tras entregarlo, aunque su madre parece feliz, tenía mis dudas sobre como estaría él, ¿estaría contento o aun habría represalias emocionales de por medio?, solo quedaba esperar, mañana las clases volverían a reanudarse, aprovecharía entonces para hablar con el allí.

Finalmente llego el día, me prepare, me despedí de mama y me fui a la escuela, no tuve el valor para hablarle en el salón durante las clases, creí que las chicas seguirían ignorándolo como siempre cuando vi que nadie se le acercaba o hablaba en la clase, pero en el receso todas incluyendo a algunas brujas de otros grados superiores le rodearon pidiendo permiso tener su tiempo con él, ¿también les llego aquel sentimiento?.

Espere y tuve mi oportunidad a la hora de las clases de magia, Rozuel en ese periodo se retiraría a casa, lo espere en el pasillo con cierto nervios, lo vi venir, nuestras miradas se entrecruzaron pero él decidió ignorarme, sabía que no iba a dirigirme la palabra, entonces seria yo quien daría inicio a esta conversación.

— ¡Espera!, por casualidad… ¿tu… vas a irte de Windaz?.

—De momento no, madre y yo decidimos quedarnos unos días para ver si podíamos encajar aquí.

—Ya veo… es bueno oírlo.

Me sentía aliviada, aun habría tiempo para arreglar las cosas entre nosotros y de ser posible, convencerlo de que quedara en Windaz para siempre.

—Dime, ¿tú eres quien me dio esto? –Me pregunta enseñándome el ungüento rojo que le regale envuelto en una tela.

—Si… fui yo.

— ¡Te la devuelvo! –Dice entregándome el ungüento en las manos.

— ¿Por qué?… es para ti, no tienes que devolvérmelo.

— ¿No lo entiendes aun?, ¿¡en verdad crees que todo se puede resolver con una sonrisa, palabras de arrepentimiento y un regalo!?.

—Yo… sé que lo hice estuvo mal, ¡es por eso que quiero hacer todo lo posible para compensar mis errores!, ¡perdóname por favor!, ¡en verdad lo siento por todo lo que te hice pasar!.

—“Claro, te perdono”… o eso diría si fuera tan simple, ¡pero no lo es!.

Esta sensación de intranquilidad… sentía que lo peor estaba por venir.

—Simplemente no puedo decir “Te perdono” y olvidar todo lo pasado, es un hecho que muchos en este pueblo me han tratado con miseria, pero entre todos solo una sola persona ha llegado a ser un dolor imborrable tanto físico como emocional en mi cabeza… ¡y ese eres tú!, ¡realmente te desprecio tanto, TANTO hasta el punto de asomárseme la ligera idea de matarte!, ¡¡de verdad nunca en todos mis años vivido había sentido tanto rencor, tanta frustración y odio hacia algo o alguien!!, ¿sabes porque?, ¡¡PORQUE EN VERDAD LO QUE SIENTO ES DESPRECIO TOTAL HACIA TI!!… eso es lo que mi corazón siente hacia ti… Riza Gramwind.

Esas palabras, esa forma en que se expresaban, esa mirada desbordante de repulsión, la había visto en alguna parte, claro… era yo, era como verme a un espejo.

—“Eres un forastero, tu sola presencia desvanece toda felicidad y tranquilidad en Windaz, te detesto por ser lo que eres, ¡siente este rencor dirigido hacia ti con todo mi alma!”

Era como lo imaginaba, fue en ese punto que me di cuenta que yo me convertí en lo que más detestaba, cuánto más negaba a ese hombre, convenciéndome de no ser como él, era cuando más me parecía a él, toda mi frustración desembocada como excusas en una sola persona por mi rectitud, ahora lo entiendo, mama tenía razón cuando dijo que me arrepentiría de continuar con esto, ¡porque resulta que todo este tiempo yo era la que se comportaba como una forastera!.

Inevitablemente ante la declaración de Rozuel, deje caer el ungüento y mis ojos se empañaron de lágrimas, sé que lo merecía, pero esta verdad me dolía en el fondo.

—Si de verdad quieres hacer lo posible para compensarlo, entonces nunca me vuelvas a hablar en todo lo que me queda de vida, agradecería ese detalle –Fue lo último en decirme para luego voltear e irse.

Corrí entre lágrimas a casa, a estas alturas no me importaba faltar a la clase de magia, lo único que quería era ir a casa y apenas llegue me fui a mi habitación, hundiendo mi cara en la almohada y ni eso podía calmar este deprimente sentir, porque a quien tanto despreciaba ahora, era a mí misma.

—Lo siento tanto… de verdad lo siento tanto…

Daba igual las veces que me disculpara en voz alta, era obvio que su perdón jamás la tendría aunque se lo dijera mil veces, nada igualara el daño que le provoque.

—Daño… igualar… -Replicaba tales palabras surgiéndome una idea a la mente —Eso es… “daño”… “igualar”…

Me levante de cama y seque mis lágrimas, camine deprisa hacia la habitación de madre para buscar en su armario una pequeña caja de madera, en ella albergaba una reliquia familiar de los Gramwind, una daga de plata con empuñadura dorada cuyo hoja filosa rebosaba la maldición más potente de nuestro linaje.

Por suerte madre aún se encontraba trabajando en la biblioteca, para cuando regresara ya todo habrá acabado.

Continuara…


CAPITULO 12

NUEVO COMIENZO

PERSPECTIVA: Rozuel Drayt

Regrese a casa tras las clases, tanto ha cambiado desde el asalto de los forajidos, ¿realmente todos en Windaz nos han aceptado?, podre ser incrédulo, pero es difícil confiar en alguien, sobre todo en un pueblo entero cuando en una ocasión han intentado matarte asándote vivo.

Estando en mi habitación empiezo la planificación de mi siguiente “obra” por crear, actualmente tenía una pistola (Springfield XD) y un subfusil (Uzi), por lo que es momento de pasar a un nuevo nivel, tenía en mente un lanzagranadas pero era obvio que estaba fuera de mis capacidades, entonces lo otro que se me ocurrió es un fusil, me debatía entre uno de combate o asalto.

¿Qué diferencia hay entre un fusil de asalto y un fusil de combate?, en mi criterio la diferencia entre ambos es el calibre y la distancia, un fusil de combate tiene el cañón más largo para proveer disparos de mayor precisión y distancia alrededor de 700 metros o más (conllevando la desventaja del retroceso y peso de por medio), mientras que uno de asalto es más ligero en cuanto a peso usando calibres más pequeños teniendo la ventaja de la maniobrabilidad, siendo ideales para combates a distancias menores a los 700 metros en donde un fusil de combate perdería su ventaja al encontrarse contra uno de asalto a esta distancia. De momento no tengo en mente emplear un arma de tan larga distancia y menos si su retroceso es mayor, por lo que mi elección decanta por un fusil de asalto.

Dado que recibí muchos regalos metálicos desde barajita decorativa para el hogar o accesorios para el cuerpo, sería ideal usarlo y no malgastar el metalito de momento, un mineral de gran valor no crece en los árboles y la cueva subterránea no tiene provisiones infinitas de esta.

Alguien golpea la puerta interrumpiendo mi trabajo, como madre aún no estaba en casa decidí ir a atender a la visita, abriendo la puerta me encuentro con una desaminada Riza Gramwind de frente. Estaba a dos segundos de cerrársela a la cara, cuando noto en su mano derecha llevar una daga de empuñadura dorada, pero lo que más llamo atención de esa arma era un aura mágico a su alrededor, ¿un arma mágica?.

—Riza… ¿qué estás haciendo con esa cosa en manos? –Le pregunte a la bruja de cabellera naranja.

No respondía, se mantenía en un constante silencio lo que me intranquilizaba, por fortuna tenia escondida en mi cintura la pistola, dado a la forma en que actuaba puse una mano en la empuñadura del arma por si acaso.

—Riza… ¿qué carajos haces con esa maldita daga en las manos? –Vuelvo a preguntarle.

Con lo único que respondió fue volteando la mirada hacia abajo y dar un suspiro.

—¡¡Responde!!

Era el tercer aviso, me estaba sacando de mis cacillas haciéndome sostener la empuñadura de la pistola con más fuerza.

—Tienes razón… no puedo deshacer todo el daño que te hice –Dice Riza levantando la vista —Pero al menos, podre igualarlo.

Tras declarar dichas palabras, levanto en alto la daga que blandía y se apuñala a sí misma en el hombro izquierdo.

— ¿¡Que estás haciendo grandísima estúpida!? –Exclame anonado por su idiotez.

Reaccione a tiempo para poner mis manos sobre la daga y quitársela, cada segundo desperdiciado había hundía más el filo del arma en su carne, tras retirársela un frenético sangrado se desato, puse mis manos con el fin de contenerla, alguien cercano presencia lo ocurrido y fue por ayuda.

— ¿Con esto… estamos iguales? –Pregunta Riza con una forzada sonrisa en su agonizante estado.

Perdió el conocimiento, pero por fortuna brujas con habilidades curativas llegaron a tiempo, mientras retenían la hemorragia con su magia era trasladada al hospital, allí comenzó el tratamiento para estabilizar su condición, surgiendo un resultado bueno y malo, el bueno es que vivirá, pero el malo es que la daga con la cual se hirió, estaba encantada con una maldición incura mucho más potente que el yo tenía sobre mi herida.

Riza es ambidiestra, aunque tiene una mano más hábil por un margen menor siendo la izquierda, es decir originalmente era zurda, por eso mismo se apuñalo en el hombro izquierdo.

Miha Gramwind, madre de Riza llega al hospital tras enterarse lo de su hija, es recibida por mi madre quien le notifica los detalles de su condición, mientras yo continuaba aquí esperando sentado en la sala de espera dado a que ella aún estaba inconsciente como para recibir visitas.

—Tú eres Rozuel, ¿no? –Pregunta Miha sentándose a un lado mío —Es la primera vez que nos vemos, aunque ya te conocía por tu madre.

—Lo sé, usted trabaja en la biblioteca del pueblo –Dije yo — ¿Y bien?, ¿no dirá nada?

—¿Sobre qué?.

— ¿No está enojada?, de manera indirecta provoque que su hija terminara en esta forma, aun así no voy a pedir disculpas, mis decisiones no las tomo a la ligera.

—Está bien, no estoy enojada o guardo algún resentimiento.

— ¿Y eso es porque…?

—Se por todo lo que has pasado, Rozuel, soportaste momentos difíciles impropios para alguien de tu edad y lograste mantenerte firme ante todo, no exagero al decir que es admirable y si soy sincera, pienso que para ser solo un niño tiene una asombrosa madurez semejante a la de un hombre adulto.

Es fácil cuando tienes el cuerpo de un niño de 4 y la mente de un hombre superior a los 30.

—Lo cierto es, que quiero darte las gracias –Comenta la madre de Riza.

— ¿Darme las gracias?, ¿por qué? –Consulto ante la duda.

—Es gracias a ti, que mi hija ha logrado madurar.

— ¿Madurar?, ¿en qué sentido?, no le veo en que forma alguien madura después de apuñalarse a sí mismo con una daga encantada.

—Se llama convicción, presiento que Riza ahora será más segura de lo que siente.

—¿Y eso que significa?.

—Hmmm… cosas de mujeres.

La madre de Riza se despide de mí con esa última frase, pronto se le he concedido el permiso de parte de las curanderas de verla en donde esta internada al ser un familiar, quedarme aquí ya no tendría sentido de momento, pero regresaría cuando fuera posible hablar con ella.

Con el pasar de los días, madre me conto que en el hospital todos los días Riza era frecuentemente visitada por parte de sus amigas, incluso lo de apuñalarse a sí mismo fue el tema favorito en boca de todas en la escuela, algunos lo veían como un acto de “coraje” y otros lo llevaban como algo “pasional”, tratando de mujeres no iba a debatir su forma de interpretar las cosas, simplemente pase de largo e hice oídos sordos.

Con las clases de magia dando inicio, me preparo para ir a casa hasta que en el pasillo soy llamado por una joven bruja de nombre Laida quien dice ser una amiga cercana de Riza, me comunica que ella ha despertado y ahora puede recibir visitas en donde está reposando.

—Gracias por el aviso, pero entiendes que por hacerlo estas faltando a la clase de magia, ¿por qué te tomas la molestia? –Pregunte yo.

—Jeje, cosas de mujeres –Contesto ella retirándose para regresar a la dicha clase.

Me fui directo al hospital siendo recibido por madre quien estaba en su turno y las demás curanderas que la acompañaban, desde allí fui llevado a una amplia sala en donde se encuentran todos los internados del lugar, estando allí mismo la bruja malherida de cabellera naranja quien llevaba extensas vendas sobre su hombro izquierdo acompañado de ungüentos para el dolor y otros medios curativos empleados para detener la hemorragia, debido a que incura evitaba sanar la herida, solo se podía cubrir la hemorragia hasta el momento en que la maldición vaya disminuyendo su efecto.

—Viniste –Dice ella leyendo un libro sobre magia con su mano derecha.

—No tenía mucho para hacer –Dije tomando asiento en la silla cercana a su cama —En verdad estas locas, ¿lo sabes?.

—Si… pero al menos, pude igualar las cosas, ¿no?.

— ¿”Igualar”?, yo diría que te llevaste el doble de porción, a diferencia tuya, la herida que me dejaste hubiera sanado en una semanas más, pero gracias al ungüento hecho con las hojas del hada roja ya me encuentro curado completamente, sin embargo la maldición incura en tu herida es mayor, hasta el punto en que incluso el ungüento rojo que me diste es incapaz de disipar tal grado de maldición, según las curanderas estiman que estarás así como alrededor de 16 a 18 meses.

—Está bien, es lo menos que merezco después de lo que te hice, a propósito, aun no respondiste a mi pregunta.

—¿Cuál pregunta?.

—No eres bueno recordando, ¿verdad?.

Revisando en mis memorias, me detengo en ese fragmento de recuerdo en el momento exacto en que retiro la daga sobre Riza y ella herida seriamente pregunta mientras sostiene una forzada sonrisa “¿Con esto… estamos iguales?”.

—Sí, estamos igual.

Nos quedamos hasta tarde charlando, en el trascurso me conto la razón del porque tenía ese obsesivo desprecio sobre mí, jamás iba a sospechar que se trataría de un trauma en relación con su padre al cual nunca conoció, me pregunto si muchas brujan terminan con un trastorno similar a causa de eso.

Para cuando salí del hospital ya era de noche, me dirigía a casa pero justo en la salida me encuentro con Naya.

— ¿Tendrías un momento?, la Eldar quiere verte, es importante –Comenta ella.

Siendo escoltado por la bruja morena de la larga espada, llegamos a la sala donde se encontraba sentada sobre su escritorio la mismísima líder del pueblo y no estaba sola, allí también estaba la profesora Naly Scheen quien se veía angustiada.

— ¿Qué es tan importante como para llamarme? –Pregunte.

— ¿Recuerdas el día en que casi fuiste asesinado por una trampa mágica de fuego? –Manifestó la Eldar como el tema principal.

—¿Qué hay con eso?.

—Encontramos a la responsable, no… es más correcto decir que ella se entregó.

Tanto la bruja líder como Naya miraban fijamente a la profesora, entonces comprendí.

— ¿Así que fue usted? –Le pregunte mirándola a los ojos.

—Si… yo lo hice –Confiesa con sinceridad.

—¿Por qué?.

—El día en que venciste a Riza en el duelo de práctica, no tolere que un no mago fuera capaz de vencer a una de mis estudiantes, entonces… me deje llevar por mis emociones y ese fue el resultado.

— ¿Por qué confesaste?, por como lo veo jamás te habrían descubierto.

—Después de lo que hiciste por Windaz a pesar de la manera en haber sido tratado, no podía sentirme tranquila sabiendo lo que hice.

Ya entiendo, es alguien que siente remordimientos, una persona emocionalmente así es susceptible a confesar tarde o temprano, porque para ellos es la única salida para los males que la mente le juega, en mi anterior vida he conocido a sujetos así que asesinaron con armas que yo mismo les he proporcionado y el peso de la cordura por ensuciarse las manos con sangre fue mayor a lo que pudieron soportar, degenerando con el pasar del tiempo a la locura, algunos encontraron la salvación confesando sus actos y otros siguieron resistiendo, suprimiendo por cualquier medio ese pensar con finales fatales.

—A pesar de haber sido tu profesora, ¡por mi negligencia solo te cause dolor!, puedo entender si nunca llegara a tener tu perdón… -Decía con amargura emocional.

—Naly, ¿sabes cuáles son las consecuencias de atentar contra la vida de alguien del pueblo? –Le pregunta con seriedad la Eldar.

—Lo se… estoy preparada para mi castigo.

El crimen por el intento de homicidio a alguien en Windaz es la muerte, la Eldar había dejado ese veredicto a mi decisión, mi arma quien aún seguía en mi cintura, estaba al tope de  munición, solo con una bala bastaría para culminar tal acto, pero cuando más lo pensaba, menos valía la pena poner la mano en la empuñadura de la pistola.

—No voy a matarte, sigo vivo y con eso me basta, pero tienes razón en algo, no voy a perdonarte por haber intentado asesinarme –Aclare yo.

—Entiendo…–Fue lo último que oí de ella.

Al habérsele perdonado la vida, el castigo consecuente es la expulsión, le Eldar declaro sin dudar a Naly Scheen oficialmente expulsada de Windaz, a ella se le fue permitido llevar algunas de sus pertenencias y previamente marcharse del pueblo bajo el manto de la noche para siempre. Es curioso, lo último que vi en su rostro al irse no fue miseria o tristeza, sino una mueca sonriente bañada de sus lágrimas.

Vuelvo a reflexionar sobre aquella pregunta que me hice hace días; “¿realmente todos en Windaz nos han aceptado?”, siempre me he mantenido incrédulo en cuanto a confianza se trata, pero quizás esta vez, pueda darme la certeza de ser algo crédulo y creer, que este es un nuevo comienzo.

Continuara…

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