SANGUINARIO E INMORTAL

Al principio fue un relato one-shot (de un capitulo) que utilice para un concurso de internet sobre escritos, pero luego decidí volverlo un especial ambientado en el universo de Metalord Revolution, que lo disfruten =).

Este “Especial” puede ser catalogado como una “Historia Random”.


 

SANGUINARIO E INMORTAL

 

Mi nombre es Joshua, hace poco cumplí 9 años de vida, vivo solo con mi madre en una pequeña aldea de no más de 200 habitantes, allí lo más llamativo que hay es el inmenso bosque cercano, al cual siempre suelo jugar allí cuando no me encuentro ayudando a mama, siendo una de las razones por la cual no tengo amigos, ya que a nadie le gusta el bosque, porque casi todos le temen por supersticiones tenebrosas, aunque también se burlan de mí por el cabello blanco que tengo, ya que soy el único chico de la aldea con un color de pelo tan inusual que me llaman “raro” por eso, pero en cuanto al bosque que mencione hace un momento, adoro ese lugar, tanto su tranquilidad y su fauna.

 

Nadie lo sabe, pero en mi privacidad he matado pequeños animales tan solo para llenar mis manos de su sangre, el día que experimente el sabor de este líquido rojo tocar mi lengua, por alguna inexplicable razón, lo disfrute, como si comiese un dulce de sabor único.

 

Tan solo he probado la sangre de animales, pero a veces me pregunto, ¿a qué sabrá la humana?, en días anteriores he tenido tantas oportunidades de matar sin llamar la atención, a algunos de los tantos niños que se burlan de mí, siendo marginado y tachado de bicho raro o fenómeno, pero cuando sostengo la pequeña piedra de punta filosa con la cual uso para realizar mis violentos actos, mis brazos tiemblan y dudan en hacerlo, dudan en perforar ese cuello en donde se concentra la mayor parte de ese “dulce”, ¿pero por qué dudo?, ellos se burlan de mí, incluso algunas veces me arrojan cosas que me lastiman, ¿por qué dudo en hacerles daño como ellos me lo hacen a mí?, ¿no tengo la suficiente motivación?, ¿qué más necesito para lograr tal proeza?.

 

Fue que un día de regreso a casa, me topé con una escena que hizo estremecer mis sentidos, con mis propios ojos fui testigo de cómo los pobladores de la aldea, quemaban viva a mi madre atada a una hoguera, las llamas ardían vorazmente, consumiendo la carne de la única familia que tenía en este mundo, con sus constantes gritos de agonía, aun en esos últimos momentos de consciencia, antes de partir al otro mundo con el sufrimiento que padecía, ella me miró a los ojos desde lejos y aguantando el dolor unos momentos, me dedico una sonrisa por última vez como despedida.

 

Los aldeanos se percataron de mi presencia, de que asistía a la ejecución de mi madre, quien había sido acusada de herejía por el mismo cura de la aldea, pronto fui señalado y me llamaron “hijo de bruja”, lo que provoco que una turba enfurecida con intenciones hostiles me persiguiera para ser el siguiente en ser juzgados por ellos.

 

Hui hacia el bosque, logrando escapar de mi poblado natal, estaba fatigado y con mis ojos escurriendo lagrimas ante la soledad que me aguardaría el resto de mi vida.

 

Tres días habían pasado desde entonces, sobreviviendo en la naturaleza como mi único refugio y hogar, saciaba mi hambre y sed con la sangre de los animales que mataba con la piedra de punta filosa que aún conservaba conmigo, hasta que una tarde me topé con un niño de la aldea en la que vivía antes, se había adentrando en solitario en las cercanías del terreno para recolectar las moras que crecían de un arbusto y cuando vi su cara lo reconocí, solía ser uno de los tantos bravucones de un año mayor que yo que se metía conmigo solo por diversión y también era el favorito del cura.

 

Me acerque sigilosamente como una bestia al acecho y al estar tan solo a unos centímetros a espaldas suyas él se dio cuenta de mí, volteo nervioso y al verme al rostro con la piedra de punta filosa que sostenía en mano, cayó al suelo estupefacto del miedo tiritando como un conejo asustado, lloraba suplicando que le dejase en paz.

 

Obviamente ignore cada uno de sus ruegos y luego lo mate, pero no lo mate pensando en lo que le hicieron a mi madre o menos por todas las cosas horribles que me hizo en vida, tan solo lo mate… por instinto.

 

Apuñale su cuello una y otra vez, forzando un gran chorro de sangre salir por siguiente y cuando lo probé, la exquisitez que mi paladar sentía era incapaz de describirlo en palabras, era un placer de enorme fervor que ni la carne o el agua me habían brindado, por primera vez en mi vida había probado la sangre humana y me sentía lleno de vida, chupaba saboreando los restos que quedaban de ese majestuoso néctar impregno en mis dedos.

 

Algunos recurrían a comer la carne de otros para saciar el hambre, pero yo sin entenderlo, solo sentía esa satisfacción al consumir únicamente la sangre fresca y por si fuera poco, el sentimiento que exaltaba en mí, al extinguir la vida de una persona, era tan anhelante, no sentí miedo o nervio alguno en mi primera vez, sino al contrario, lo disfrute en todo su esplendor, entonces comprendí del por qué pude hacerlo; había encontrado el motivo.

 

Un día después, otros se adentraron al bosque, esta vez se trataban de tres hombres adultos armados, parecían estar buscando al niño que asesine, merodeaban por los alrededor sin éxito en su búsqueda y cuando la noche empezó a caer, dos de ellos se retiraron, pero el tercero insistió en seguir pues era el que más preocupado estaba, sin duda era el padre, cuando la noche finalmente se alzó y él inútilmente siguió en su cometido, mi instinto me llamo.

 

Como un rayo silencioso me movía entre árboles y arbustos con destreza, hasta tenerlo justo en frente mío, con su retaguardia al descubierto lo apuñale en el cuello, sumergí mi boca en el gran chorro que salió a continuación, el sabor de la sangre de un adulto tenía un sabor mucho mejor que el de aquel bravucón y siendo mayor la cantidad, el éxtasis que mi mente sumergía a mi cuerpo, me hacía imaginar como si flotase en el aire, siendo acurrucándome en los brazos de un bello ángel de alas escarlatas, oh… que sentimiento tan hermoso y maravilloso, jamás me había sentido así en toda mi vida y era una verdad innegable.

 

Semanas pasaron y a más de ellos había cazado, lo hacía bajo el telón de la noche, cuando la oscuridad inundaba la aldea y los desprevino indefensos estaban. Con el pasar del tiempo, el invierno había llegado y de mis victimas sus ropas abrigadas saqueaba como mi botín para protegerte de esta fría estación. En tan solo 1 mes, mi paladar gozo del dulce sabor de néctar rojo de 15 vidas; 10 hombres y 5 niños.

 

Hasta que un día nublado, un error cometí y en una trampa caí, el sol estaba por ocultarse y un señuelo disfrazado con astucia como mi siguiente victima en un solitario paisaje, me llevo a terminar ser rodeado por casi todos los aldeanos armados con sus herramientas agrícola y de caza, pensé “este es mi fin”, pero ellos no tenían en mente asesinarme con sus armas.

 

Me llevaron bruscamente hacia el centro de la aldea, atándome con fuerza a un viejo pedazo de tronco y pequeños leñas a montón habían sido acumulados bajo mis pies, era evidente cual sería mi sentencia de muerte, moriría de la misma forma como la mujer que me llevo en su vientre y me dio luz a este mundo.

 

Antes de iniciar la ejecución, el padre leyendo uno de sus tantos pasajes bíblicos, alentó a la muchedumbre acumulada del lugar con una creciente devoción religiosa a tacharme de “engendro hereje”.

 

Mi verdugo con una antorcha encendida la arrojo a las leñas de mi alrededor, llamas comenzaban a rodearme y el calor a agobiarme, pero no me estremecí, con la mirada en alto y viendo a la cara a los asesinos de mi madre, sonreí orgulloso con mis labios aun manchado de restos de sangre seca.

 

Esperando mi inminente muerte, del cielo vi como copos de nieve empezaron a caer, terminando una de ellas en mi nariz hasta derretirse por el calor que me rodeaba, me alegre al saber que moriría tras haber tocado una segunda y última vez la nieve, la primera fue… cuando vivía con mi madre.

 

—“Te veré pronto, mama” –Pensé en mi cabeza y con los ojos cerrados.

 

Pero al abrirlos un inexplicable suceso se dio, el fuego de mi alrededor apagado había sido y los habitantes que me abucheaban deseosos de verme sufrir en mi ejecución, yacían todos muertos en el suelo bajo un inmenso charco de su propia sangre mezclado con la nieve.

 

Y entonces en una suave brisca friolenta, una bella mujer que vestía un atractivo conjunto de pieles negras hace acto de presencia, acercándose lentamente a mí, tenía un largo cabello rojo y unos hermosos ojos color escarlata, al ver su rostro por alguna razón me recordó a mi difunta madre.

 

Ella se detuvo al estar lo suficiente cerca de mí y enseguida las cuerdas que me tenían prisionero fueron cortadas por si sola como por arte de magia, una vez libre, mire fijamente su rostro más de cerca, note que en sus labios pequeñas manchas rojas tenia, pensé en ese instante “¿¡ella también tiene mi misma afición!?, ¿¡ella también ha bebido el dulce néctar rojo de incontables personas!?, ¿¡realmente no soy el único que ha experimentado esta inexplicable condición de júbilo!?”.

 

La bella mujer de cabello rojo extendió su mano hacia a mí, para luego decirme.

 

—“Pobre y pequeño niño solitario, ¿quieres venir conmigo?”

 

Al pronunciar su propuesta, sonríe con amabilidad recordándome a la madre que alguna vez tuve y perdí, sintiendo un regocijo en el pecho, acepte su propuesta y tome su mano con confianza, marchando con ella en el frio camino por delante. Con un gesto benevolente me llevo consigo en sus brazos cubriéndome con sus pieles, sin separarse de mí en todo el trayecto al nuevo hogar que tendría.

 

Desde entonces, como un fiel hijo, sirvo a mi “madre” como mi ama y maestra, hasta el fin de los tiempos, y lo hago bajo el nuevo nombre con el que fui bautizado con su sangre; Drave Tilve.

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