Yuiitsu no Shinjitsu

Capítulo 3: Entender

Los dormitorios eran casi tan magníficos como el resto de la escuela. Dos edificios largos y bajos, pintados de un amarillo patito, rodeados de jardines bien cuidados. Docenas de chicos iban de aquí para allá, cargando maletines. Todos usaban los uniformes, a pesar de que varios de ellos parecían muy jóvenes para estar aquí. De hecho, ahora que lo pensaba, Kiyoshi debería estar en Secundaria. Así que la Academia Jikû tenía incluso Primaria, si no me equivocaba con esos niños pequeños. ¿También guardería? No me malinterpreten, no hay infantes, pero sólo me lo preguntó.

-Nos pusieron en la misma habitación –declaro Kazami-kun al ver una placa que me acababan de entregar al salir del edificio principal. Decía que estaba en el Grupo S.

Algunos alumnos tenían letras que iban desde la A a la Z, aunque no todos las mostraban en público. Eso sí, noté que había algunas letras que se repetían muchísimo.

-Comida… –dijo una voz misteriosa. Se trataba del joven albino. Este niño acababa de decir una palabra. Debía de ser un milagro. Su voz era rara, rasposa, como si tuviera algo en la garganta.

-Sí, es cierto, nos hemos perdido el almuerzo por toda esta situación. Será mejor ver si podemos conseguir el almuerzo con Youhin-san –concedió Kazami-kun.

Nos llevó a través de las habitaciones, pasando por lugares de lo más raros. Adentro, las paredes estaban pintadas de cualquier manera, en combinaciones de muchísimos colores. Llovía en algunas zonas, y me refiero a dentro del edificio. En serio. La gente evitaba esas nubes grises como si fueran más una molestia que algo raro. Dos veces nos cruzamos con pasillos dañados por completo, como si hubiera pasado un tornado por allí.

-¿Qué paso aquí? –pregunté, luego de ver un agujero que daba al patio. Era perfectamente redondo y liso, como si lo hubieran hecho con una maquina ultra-precisa.

Kazami-kun se encogió de hombros.

-Ni idea. Alguien se lució para hacerlo hoy, al parecer –lo mire con una expresión alarmada, pero como siempre, él no parecía preocupado-. Lo arreglara el vigilante cuando venga a dar la hora de dormir. Nadie ha conseguido hacer un cambio permanente al edificio, a excepción de Daimondai, pero ese fue un caso especial.

Me pregunte quien sería tan problemático para que lo llamaran ‘Gran Problema’. Probablemente fuera algún tipo de genio, o algo así. Mejor no preguntar.

Pasamos por más salas raras. Había incluso habitaciones de cabeza. Bueno, al menos así parecían. Probablemente fueran ilusiones. Probablemente.

Nos detuvimos frente a un pasillo bastante normal. Lo máximo de peculiaridad era una telaraña de oro en una esquina. Me estaba preguntando si sería oro de verdad, lo cual era posible, pero Kazami-kun nos llevó dentro de una habitación.

Allí había una sola persona. Un muchacho de la edad de Mirai-sempai, unos 18, estaba sentado en un sillón de cuero.

Y, hay necesidad de mencionarlo, era extremadamente gordo.

No exagero. El tipo debía de pesar unos… 200 kilos. Sus mejillas estaban llenas de piel extra, su cuerpo rebosaba de grasa bajo una camiseta que sin duda superaba la talla XXL. Sus dedos eran como salchichas, los ojos se les salían de las órbitas, las piernas parecían gritar debido al castigo que supondría caminar con ellas.

No creía que existía gente de ese tamaño… Hasta ahora. Bueno, también debería serme extraño estar siendo acompañado por un chico de pelo negro revuelto y ojos rojos, y otro que era pálido como cera hasta en el cabello, ambos vestidos con esos uniformes negros y azules.

Youhin-san –llamó Kazami-kun.

El chico gordo respondió con dificultad.

-Kazami… ¿Almuerzo para tres?

-Si, por favor, Youhin-san.

¿Así nada más? En serio, este lugar es raro. Y me quede de piedra, mientras el gordo posaba las manos en el escritorio, y en este aparecían de la nada tres bandejas repletas de comida que olía excelente.

Joder, ¿es en serio? Este chico puede hacer aparecer comida de la nada… ¿No podrías hacer algo mejor con esa habilidad? ¿Algo cómo, no sé, solucionar el problema del hambre en el mundo? ¡Creo que le saldría perfectamente bien!

¿Qué se supone que estoy haciendo aquí, con esta gente que entiende no sé qué cosa? Kazami-kun le entrego al chico unas monedas, bastante poco si era un pago, y nos hizo señas para tomar las bandejas e irnos.


-Ahora, Kazami-kun, ¿me explicas que estoy haciendo aquí?

-Por supuesto, Tomonori-kun. Veras, tú al igual que nosotros, eres uno de los que entienden… –la razón de que no pudiera continuar, es que un gato con una espesa cola de zorrino le tapó la boca. Había otros como ese. Y un par de perros. Y varios pájaros. Y… Puedo seguir con esto un buen rato.

Este lugar, nuestra habitación, estaba repleto de montones de animales. No tenían que decirme la causa, era obvio que se trataba de Shiro. Estaba recostado en su cama, con una pareja de loros sobre los hombros, una ardilla en el bolsillo, y varias mascotas en su regazo. En cierta manera, era tierno. Y en otra, era terrorífico. En serio, no pienso dormir en este lugar. No importa que tan genial sea esta Academia.

Kazami-kun se sacó la cola del gato arrojándole una sardina en un costado, y continuó con lo que iba diciendo.

-Veras, Tomonori-kun. Todo comienza de la misma manera. Hace poco tiempo, debiste de ver a una niña, ¿verdad? –me quedé sin habla, de nuevo. ¿Cómo sabia de la Niña Fantasma?-. Veo que así es. No me sorprende. Todas las personas aquí, desde el director a los alumnos, la han visto. Algunos, caminando en la calle. Otros, sentada en alguna parte. Unos pocos, en sus propias habitaciones. En cualquier situación, los que podemos entender llevamos siglos viendo aparecer a la misma niña sonriente de la nada. Y luego desaparece. Algún tiempo después, notamos cosas extrañas. Cambios. Conseguimos el poder para entender, que nos permite hacer esto que ves frente a tus ojos.

-¿Dónde la viste tú? –pregunté rápido, sin pensar.

Su expresión se volvió sombría. Entendí que no era algo agradable de contar.

-Yo y Kiyoshi la vimos a la vez, hace tres años. Pasó frente a nuestro hogar. La vimos, ambos, mirándonos con una sonrisa. Eso es todo lo que sé. Si quieres saber más, pregúntale a mi hermanita –supuse que habría algo malo en ese momento. La manera que evadía decir detalles sonaba a trauma. Tal vez eso había pasado-. Mirai-san la vio desde un coche, cuando era niña. Y Shiro era un bebe en su cuna, y ella se inclinó para verlo. La llamamos Rea. Aunque, por supuesto, nadie ha podido hablar con ella. Aparece, deja a algunos flipados con su extraña aura, y desaparece, dejando atrás su recuerdo grabado a fuego y el poder de entender.

-Vaya… Entonces, esta chica Rea es un enorme misterio. ¿Y lleva apareciendo por siglos?

-De hecho, el reporte más viejo parece ser del 1143, si hacemos caso de los rumores. No ha cambiado ni un ápice. No sé porque. Nadie sabe demasiado de ella realmente. Pero todos la recordamos con mucha claridad…

-No es necesario que me digas si tienes problemas –le interrumpí, notando la manera en que parecía entristecerse.

¿Qué habría pasado hace tres años que los dejara así a él y su hermana?

-Es que tuve un pequeño accidente. Olvide algunas cosas… Y me han costado caro. Con suerte, podré recordarlas pronto. Bien, como te iba diciendo, el poder de entender es la razón de todo lo que viste. Te lo diré sin rodeos: El poder para entender es… La habilidad para alterar la realidad de lo que entendemos. Así de simple.

-Un momento –aparté a un pájaro raro que se me había posado en la cabeza-. Entonces, quieres decir que puedes modificar la realidad… Me parece raro. Si alguien pudiera hacer eso, causaría pánico en el mundo.

-De hecho, Tomonori-kun, somos unos 7 millones, aproximadamente. Y la razón de que nadie lo sepa, es que todo incidente es encubierto. Tenemos gente en cada gobierno del mundo. Desde la creación de nuestra organización, Nosotros, hemos dominado al mundo de forma ininterrumpida durante los últimos seiscientos años. Los únicos que se oponen a que gobernemos son Ellos. Se trata de otra organización que se hace llamar ‘Nosotros’, y ambas llaman ‘Ellos’ a la otra. Nos hemos enfrentado a Ellos para poder liberar al mundo de su maligno control durante siglos. Y, como te lo imaginaras, las cosas no van exactamente bien.

-Si encuentran a uno de Ellos, lo matan. Y si los encuentran a ustedes, los asesinan –comprendía. No era raro. De hecho, era tan cliché que no me sorprendí en absoluto. ¿Dos organizaciones súper secretas que intentaban matarse desde tiempos inmemoriales? Súper obvio. ¿No tienen ningún argumento más  original?

-Correcto. También están los Extraños, que son neutrales, y tratan de vigilarnos para minimizar los problemas que podríamos causar a la humanidad. Y además hay algunas mini facciones que tratan de sobresalir. Es peor que la política, porque hay una hostilidad permanente, y además nos jugamos el destino del mundo entero.

-¿Sin presiones, eh?

-Sin presiones –confirmo irónicamente Kazami-kun, encogiéndose de hombros-. Si ‘entendemos’ algo, creamos un rastro, similar al que experimentamos cuando aparece Rea, que nos obligó a mirarla. Había un resto de ese rastro en ese parque, y cuando pasamos por allí, vimos que nos guiaba a ti. Has debido de entender algo sin darte cuenta. Algo pequeño, que no notaste. Así fue que te descubrimos.

-¿Y cómo puede ser eso? Si ese poder es real, entonces cualquiera podría destruir el mundo entero. Ni hablemos de siete millones de personas –sospechaba que había algo más detrás de todo eso.

Kazami-kun soltó una risita, y saco una de sus fichas. Una típica pieza de plástico, verde y roja. Me la arrojó.

-Intenta hacer algo con ella –lo intenté. De veras lo intenté. Pero no funciono para nada. No logre ni un cambio.

Kazami-kun parecía divertido. En serio, este idiota parecía intentar burlarse de mi ignorancia. Eso me molesta, pero no me quedaba otra opción si quería averiguar más.

-Veras, para cambiar algo, se necesita conocerlo perfectamente. Entender no es sólo una expresión. Hay que saber muy bien lo que haces. Yo puedo hacer unas cosas, pero sólo con estas fichas, y no es demasiado. Por ejemplo, mírala ahora.

Volví a mirar la ficha en mi mano. Para mi sorpresa, el color verde se había convertido en azul, y el rojo en amarillo. Era muy impresionante, aunque inútil.

Kazami-kun realizó otro pase, y el azul se volvió negro. Otro más, y el amarillo era blanco. El cambio no era gradual, simplemente ocurría. Un último pase, y volvió a su estado original. Entonces se desvaneció, apareciendo en la mano de Kazami-kun, que la guardo en un cajón junto a otras. Debía de tener un centenar, o tal vez más.

Me pregunté de donde las habría sacado. ¿Se robó un casino?

-Entonces… ¿Lo que mejor podré cambiar será algo que entienda perfectamente? –pregunté.

-Así es. Al igual que mi hermanita con sus espadas, necesitas saber muy bien como es el objeto, y la manera de hacer el cambio. No puedo convertir las fichas en otros colores que los que te mostré. Pero puedo moverlas, modificarlas, multiplicarlas, y usarlas como órganos sensoriales, entre otras cosas. Es muy útil poder hacer eso.

-Que difícil –me imagine pensar en todo eso a la vez. Si, parecía complicado. Imaginar que todas las personas aquí podían hacer eso era muy difícil. Se necesitaría un mínimo de inteligencia, paciencia, concentración, y otro par de cosas más.

-Muy bien, espero haber podido contestar tus preguntas. Ahora será mejor que vengas a la práctica de la noche. Es una buena manera de adaptarse a esta escuela –dicho esto, se recostó en la cama, y debía estar bastante cansado.

Veamos, ¿qué otra cosa todavía no me cierra?

-Oye, Kazami-kun, ¿por qué dices que debo adaptarme? Ya tengo escuela, amigos, y una casa –sospechaba la respuesta, pero quería ver lo que me decía.

-No podemos dejar que estés allí afuera. Es orden absoluta de los jefes. Si eres capaz de entender, y dejas un rastro, hay que traerte y controlarte. No podemos perder un posible talento. Y si te dejamos afuera, alguien te asesinara, y eso no sería muy bonito. Ni pienses que alguien se hará responsable, la policía nunca encontraría tu cadáver, serias catalogado como desaparecido para siempre.

Eso suena aterrador. Joder, estamos hablando de una clara forma de corrupción.

-Los trámites de traspaso ya deben estar hechos y entregados. No creas que porque Kaminari-sensei es un excéntrico también es idiota. Él sabe que le conviene tenerte aquí. También se enviara una notificación a tu familia de que estarás internado en la Academia toda la semana.

¿Tan rápido? Si Kazami-kun está diciendo la verdad, entonces es evidente que hacer todas esas gestiones no es ningún problema para una organización así. Nosotros podían controlar al mundo. De hecho, ya lo hacían. Esa era la verdad del mundo. La única verdad.

Diablos, me acabo de enterar de algo súper-ultra-archí-secreto, y nadie me lo creería aunque les dijera. La vida es cruel, sin duda alguna.

Fue entonces que note algo raro. ¿Cómo decirlo? Tuve, de nuevo, el presentimiento de que me estaban observando. Kazami-kun seguía con los ojos cerrados. Shiro se había dormido entre varios animales que deberían haberse almorzado unos a otros. Además, esta intención asesina era… Familiar.

Y, era imposible no notarlo, la vi. Yuuki Kiyoshi, actuando como si fuera un gato más, con un curioso y erótico cosplay de Neko-Girl que sin duda alguna no era adecuado para usar en los terrenos de una escuela. Mostraba demasiado de su suave y tersa piel…

¿Suave y tersa? ¿De dónde saque eso? ¡Nunca la he tocado!

Mi cerebro esta comenzado a freírse con esta situación. ¡A este paso, está linda y atrevida chica de 13 años va a volverme lolicon! Sacudía la cabeza como pude, tratando de calmarme, pero un nuevo vistazo a esas tiras de cuero negro me dio un golpe crítico.

Mi nariz se sentía húmeda y pegajosa. ¿Me estaba dando una hemorragia nasal?

-¡¿Qué haces aquí, Kiyoshi, y así vestida?! –pregunte de un grito, aterrado ante la posibilidad de volverme lolicon. En serio, joder, yo suelo discriminar a esa gente.

Salté a la pared de atrás, y me pegué a ella, tratando de estar lo más alejado posible de esta sexy Yandere. No es que tenga un fetiche por las chicas con orejas de gato, pero la manera en que le quedaban a ella era fenomenal…

¡Basta, por lo que más quieras! ¡Todavía soy virgen, no puedes volverme un maniático de las niñas animales de esta manera!

-Hermanita, creo que ese traje es mucho para Tomonori-kun. Agradecería que fueras a cambiarte –le pidió Kazami-kun, quien recién se dio cuenta de que ella estaba aquí por mis gritos.

Por fin, dejemos que su Onii-san se encargue del asunto. Ella debería hacerle caso… ¿Verdad?

-Onii-san… –oh, no. No me gusta el tono con el que susurró eso-. ¿No te gusta? Si quieres, me cambiare. Pero con una condición.

Sonrisa malévola. Joder, esto está empeorando a cada momento.

-¡Ayúdame a cambiarme! –esa petición es… Indescriptiblemente erótica.

-¡Eres mayor como para hacerlo sola! –chillé repentinamente. No debí de hacer eso.

Ella me lanzo una mirada que decía ‘Después te cortare en trocitos, Tomonori-sempai’, y continuó coqueteando con su propio hermano.

-¡Por favor, Onii-san! Está muy apretado. Es difícil hacerlo sola –se puso a cuatro patas, levanto las caderas, y quedo en una posición tan erótica que creo que me desmayare.

Mi nariz sangraba como si me la hubieran agujereado. Saque la cabeza por la ventana, tratando de respirar aire que no oliera a ese aceite corporal que era seguro que Kiyoshi estaba usando, mientras los hermanos seguían discutiendo entre excusas y frases zalameras.

Allí afuera, mientras los estudiantes caminaban de un lado para otro, algunos entendiendo cosas en el camino, vi algo raro. Un movimiento inusual. Una figura se acababa de acercar a mí.

La Niña Fantasma estaba aquí.

Mire alrededor, pero nadie se había percatado de su presencia. ¿Significa que sólo yo puedo verla ahora? Que gracioso. Exactamente no la veo, sigue borrosa, así que no sé qué palabra usar para definir esto.

-Oye… Rea… ¿Qué significa todo esto? ¿Por qué yo? –pregunté. Ella sonreía. Y yo seguía notando que estaba muy triste. Como si ya estuviera eligiendo las flores de mi tumba.

Parecía estar diciéndome ‘Te lo dije’ a gritos. Yo sólo me quede allí, esperando, mientras ella me observaba con mucha atención. Y entonces ocurrió algo.

Ella me tocó. Rozó mi cara con el dorso de su mano, o eso creo.

Estaba fría. Muy fría. Podía casi imaginar la tristeza de esta chica. ¿Por qué era tan infeliz? Llevaba unos mil años creando gente capaz  de entender. ¿Sería que vivir tanto tiempo la ponía triste?

Intenté ser alegre. Le sonreí.

-Sabes, no esta tan mal. Al menos, me sabe mejor que seguir siendo una marioneta de los gobiernos marionetas. Después de todo, debiste de elegirme por algo, ¿verdad? –me miró muy seria. Parecía preocupada. Bueno, al menos era un avance-. ¿Te gusta que te llamen Rea? Es el nombre de la madre de los dioses olímpicos. Una sabía titán que, por amor a sus hijos, traiciono a su marido. Suena un poco extraño, pero… Creo que te va bien.

Lo que escuche me sorprendió. Una risa. Pequeña, corta, que se desvaneció de inmediato, pero una risa alegre por primera vez. ¿Por qué se está riendo? ¿Por mis comentarios tontos? ¿Por qué digo todo esto mientras me sangra la nariz?

Me pregunté si habría logrado un avance con esta diosa del entendimiento.

-Ya se fue, Tomonori-kun –me dijo Kazami-kun.

Me di la vuelta un segundo, comprobando que había logrado deshacerse de su loca hermana. Quería seguir hablando con Rea, pero cuando mire fuera, ella ya no estaba. Se había ido de nuevo.

Dos veces en un día. ¿Se trataría de un récord? Mejor no lo mencionaba. Además, no sé si alguien había sido tocado por ella antes. La sensación había sido demasiado íntima para revelarla a alguien más. Y aún no confiaba en nadie de aquí.

Y con buenas razones, como vi después.


(Cambio de Narrador: Kiyoshi)

Y, al final, Onii-san me echo de la habitación, y tuve que caminar con este apretado traje de cuero por todos los dormitorios masculinos para salir. ¡Qué vergüenza! Todos me estuvieron mirando. ¡Pervertidos! ¡Sólo mi Onii-san puede mirarme desnuda! ¡El resto que se atrevan a insistir! ¡Los hare pedazos!

No confió en Tomonori-sempai. Estoy casi segura de que va a lanzarse sobre Onii-san cuando pueda. ¡Qué horror! No me quiero imaginar las cosas malvadas que le haría a mi Onii-san. Es una bestia. Ya atacó al pobre Shiro-chan hace unas horas. ¿Qué clase de monstruo es?

Estoy segura que es de Ellos. A la primera sospecha que encuentre, lo matare justificadamente, y entonces yo, Onii-san, Mirai-nee y Shiro-chan podremos ser el Grupo S de nuevo, felices como siempre.

No necesitamos intrusos. Y menos un traidor.

-¡Kiyoshi-chan! ¡Ya casi es hora de la práctica de la noche!

¡Kyah! ¿De dónde salió Mirai-nee?

Oh, qué alivio, no es ella. Es la alarma de mi celular, me la programó para que no me olvide de ir. La apagué, suspirando de alivio. Casi me da un ataque. Sólo pensar que podría verme con esta ropa… ¡Me daría un larguísimo regaño!

Me gritaba cuando me acercaba mucho a Onii-san. No es que ella intentara robarme a Onii-san, es sólo que no le gustaban mis sentimientos por Onii-san. Decía que eran demasiado atrevidos para alguien que compartía su misma sangre. Y tiene la razón.

Hubiera querido ser media hermana de Onii-san, o hermanastra, pero éramos hermanos reales de ambos padres. Mi amor por Onii-san es difícil, pero no me rendiré.

Porque amo a Onii-san.

Me escape lo más rápido que pude, me colé por la ventana del dormitorio de un salto, y empecé a tratar de quitarme el traje. Pero era mucho más difícil que ponérselo.

¡No! Iba a necesitar ayuda para poder sacármelo a tiempo.

Si se lo pido a Mirai-nee la voy a pasar muy mal, y Onii-san se negó, así que no me queda más opción que llevarlo a la práctica. Y morirme de vergüenza.

Intenté disimularlo bajo el uniforme de gimnasia, espero que funcione. ¡Bien! No se ve. Pero será mejor que no me mueva mucho. O pasare por una horrible humillación, y Onii-san pensara mal de mí.

Casi estaba tarde, así que corrí lo más rápido que pude. En la oscuridad, no debería de verse el cuero negro, así que estoy a salvo.

Logre llegar a tiempo a la arena de combates, y me puse tras Tomonori-sempai. Onii-san y Mirai-nee estaban delante. Shiro-chan nunca venia, así que no lo esperábamos. En el centro del campo, ardía una fogata de campamento, la cual contribuía a dar un aspecto misterioso a la velada. Era lo normal.

El entrenador principal, Akire-sensei, un veterano de la guerra contra Ellos, supervisaba todo. Era un hombre de mediana edad gruñón, que prefería estar en el frente que enseñar a los novatos. Sacó una lista.

Oh, de nuevo. Iba a elegir a alguna pareja al azar para dar una batalla. Esta sería bastante salvaje, ya que Akire-sensei nunca intervenía. Por lo menos la enfermera, Shinjinfuka-sensei, estaba preparada, sentada en una silla cercana. Un herido grave en un entrenamiento era una mala situación.

Perfecta para devolver al frente al entrenador, que buscaba ser despedido. Y, debido a eso, solía elegir a los peores alborotadores de toda la Academia. Por ejemplo…

Choukyouryoku, un paso al frente –un chico de 15 años, cabello oscuro y pajoso, con grandes ojos café y una enorme sonrisa.

Sus compañeros empezaron a corear su alias. En realidad, se llamaba Nonomiya Jun. Era el alumno más molesto y bárbaro de toda la Secundaria. Tenía una banda de tontos que no paraban de aprovecharse de los nuevos, robar los casilleros, hacer bullicio general, y causar malestar.

Su especialidad era entender el aire, para transformarlo en varias cosas. Pero él lo usaba siempre para levantar las faldas de las chicas y hacer que salieran volando las cosas importantes. Un auténtico bravucón, y el preferido de las prácticas nocturnas de Akire-sensei. Me compadecí un poco del pobre que tuviera que enfrentarlo.

-Su oponente será… ¡Chijouyoku! –me tomo un instante reconocer ese alias.

¿¡Yo!? ¡Justo hoy! ¡Qué mala suerte! Y encima debía pronunciar tan fuerte ese apodo ridículo que me habían inventado. De hecho, había sido Nonomiya-sempai.

El año pasado entregó una docena de documentos de otros alumnos para elegir sus alias. Creímos que era una petición, y el chico que pedía las firmas no tenía fama de ser una mala persona, así que no preguntamos para que era. Después nos enteramos que había sido siempre un amigo de Nonomiya-sempai, en secreto, buscando hacer una broma pesada como esa.

No me cayó nada bien, y encima Onii-san lo encontró divertido. Sólo por eso no había cambiado ese tonto alias. Pero me daba vergüenza. ¡Parece que fuera una especie de loca pervertida! ¿Qué diablos se supone que piense?

Chijouyoku! –repitió Akire-sensei.

No quedaba de otra, tenía que combatir con él, un alumno dos años mayor. Mi Onii-san y Mirai-nee me hicieron señas de buena suerte. ¡Gracias! Necesitare toda la ayuda posible. Nonomiya-sempai era famoso por lastimar demasiado a sus oponentes en estas prácticas.

¡Y yo usando este cosplay vergonzoso bajo el uniforme! ¡Qué mala suerte!

Continuara…

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