Yuiitsu no Shinjitsu

Capítulo 3: Entender

Los dormitorios eran casi tan magníficos como el resto de la escuela. Bueno, eso deberían, pero en realidad me parece que intentar hacerlos ver bien siendo tan cutres quedo patético.

Son dos edificios largos y bajos, pintados de un amarillo patito, rodeados de jardines bien cuidados. Docenas de chicos iban de aquí para allá, cargando maletines. Todos usaban los uniformes, a pesar de que varios de ellos parecían muy jóvenes para estar aquí. De hecho, ahora que lo pensaba, Kiyoshi debería estar en Secundaria. Así que la Academia Jikû tenía incluso Primaria, si no me equivocaba con esos niños pequeños. ¿También Guardería? No me malinterpreten, no hay infantes, pero solo me lo preguntó.

-Nos pusieron en la misma habitación –declaró Kazami-kun al ver una placa que me acababan de entregar al salir del edificio principal. Decía que estaba en el Grupo S. Algunos alumnos caminaban con estas placas colgadas, como si los hicieran ver importantes.

Tenían letras que iban desde la A a la Z, y noté rápidamente que había números muy desequilibrados respecto a la cantidad de estudiantes en cada Grupo. Para dar un ejemplo, solo Kazami-kun se había puesto la del Grupo S, porque yo no pienso llevar esta cosa a la vista. En cambio, vi al menos una docena de placas del Grupo A en minutos. ¿Los Grupos eran escogidos sin ningún orden?

-Comida… –dijo una voz misteriosa. Entonces note que se trataba del chico albino. Shiro acababa de decir una palabra, por primera vez en toda la tarde. Debía de ser un milagro. Su voz era rara, rasposa, como si tuviera algo en la garganta. ¿Resultado de ser casi mudo?

-Sí, es cierto, nos hemos perdido el almuerzo por toda esta situación. Será mejor ver si podemos conseguir algo con Youhin-san –concedió Kazami-kun. Nos llevó a través de las habitaciones, pasando por lugares de lo más raros.

Dentro, las paredes estaban pintadas de cualquier manera, en combinaciones de muchísimos colores. Llovía en algunas zonas, ¡y me refiero a los pasillos! Incluso en algunos cuartos. La gente evitaba esas nubes grises como si fueran más una molestia que algo inaudito. Dos veces nos cruzamos con pasajes dañados por completo, como si hubiera pasado un tornado por allí.

-¿Qué paso aquí? –pregunte, luego de ver un agujero en una pared que daba al patio. Era perfectamente redondo y liso, como si lo hubieran hecho con una maquina industrial. Kazami-kun se encogió de hombros.

-Ni idea. Alguien se lució para hacerlo hoy, al parecer –lo miré con una expresión alarmada, pero como siempre, él no parecía preocupado-. Lo arreglara el vigilante cuando venga a dar el toque de queda. Nadie ha conseguido hacer un cambio permanente al edificio, a excepción de Daimondai, pero ese fue un caso especial –me pregunte quien sería tan problemático para que lo llamaran ‘Gran Problema’. Probablemente fuera algún tipo de loco, o algo así. Mejor no preguntar.

Pasamos por más salas raras. Había incluso habitaciones de cabeza. Bueno, al menos así parecían. Probablemente fueran ilusiones. Probablemente.

Nos detuvimos frente a un pasillo bastante normal. Lo máximo de peculiaridad era una telaraña dorada en una esquina. Me estaba preguntando si sería oro de verdad, lo cual era posible, pero Kazami-kun nos llevó dentro de una habitación. Allí había una sola persona.

Un muchacho de la edad de Mirai-sempai, unos 18, estaba sentado en un sillón de cuero. Y, hay necesidad de mencionarlo, era extremadamente gordo. No exagero. El tipo debía de pesar unos… 200 kilos. Sus mejillas estaban llenas de piel extra, un enorme cuerpo rebosante de grasa bajo una camiseta que sin duda superaba la talla XXL. Esos dedos eran como salchichas, los ojos se le salían de las órbitas, las piernas parecían gritar debido al castigo que supondría caminar con ellas.

No creía que existía gente de ese tamaño… Hasta ahora. Bueno, también debería serme extraño estar siendo acompañado por un chico de pelo negro revuelto y ojos rojos, y otro que era pálido como cera hasta en el cabello, ambos vestidos con esos uniformes negros y azules.

Joder, aquí la gente sí que era extravagante.

Esta genial.

Youhin-san –llamó Kazami-kun. El chico gordo respondió con dificultad.

-Kazami… ¿Almuerzo para tres?

-Si, por favor, Youhin-san –¿así nada más? En serio, este lugar es raro. Y me quedé de piedra, mientras el gordo posaba las manos en el escritorio, y en este aparecían de la nada tres bandejas repletas de comida que olía excelente. Joder, ¿es en serio? Este chico puede hacer aparecer comida de la nada. ¡Las hambrunas dejarían de existir si se encargara del asunto!

¿Qué se supone que estoy haciendo aquí, con esta gente que entiende no sé qué cosa? Kazami-kun le entrego al chico unas monedas, bastante poco si era un pago, y nos hizo señas para tomar las bandejas e irnos.


-Ahora, Kazami-kun, ¿me explicas que estoy haciendo aquí?

-Por supuesto, Tomonori-kun. Veras, tú al igual que nosotros, eres uno de los que entienden… ¡Hmff! –la razón de que no pudiera continuar, por más rara que parezca, es que un gato con una espesa cola de zorrino le tapó la boca.

Había otros como ese. Y un par de perros. Y varios pájaros. Y… Puedo seguir con esto un buen rato. Este lugar, nuestra habitación, estaba repleto de montones de animales. No tenían que decirme la causa, era obvio Shiro atraía a este zoológico. Estaba recostado en su cama, con una pareja de loros sobre los hombros, una ardilla en el bolsillo, y varias mascotas en su regazo. En cierta manera, era tierno. Y en otra, era terrorífico. En serio, no pienso dormir en este lugar. No importa que tan genial sea esta Academia.

Kazami-kun se sacó la cola del gato, arrojándole una sardina en un costado, y continúo con lo que iba diciendo.

-Veras, Tomonori-kun. Todo comienza de la misma manera. Hace poco tiempo, debiste de ver a una niña, ¿verdad? –me quedé sin habla. ¿Cómo sabia de la Niña Fantasma?-. Imagino que así es. No me sorprende. Casi todas las personas aquí, desde el director a los alumnos, la han visto. Algunos, caminando en la calle. Otros, sentada en alguna parte. Unos pocos, en sus propias habitaciones. En cualquier situación, los que podemos entender llevamos siglos viendo aparecer a la misma niña sonriente de la nada. Y luego desaparece. Algún tiempo después, notamos cosas extrañas. Cambios. Conseguimos el poder para entender, que nos permite hacer esto que ves frente a tus ojos.

-¿Dónde la viste tú? –pregunte rápido, sin pensar. Su expresión se volvió sombría. Entendí que no era algo agradable de contar con una sola mirada.

-Yo y Kiyoshi la vimos a la vez, hace tres años. Pasó frente a nuestro hogar. Eso es todo lo que se. Si quieres saber más, pregúntale a mi hermanita –supuse que habría algo malo en ese momento. La manera que evadía decir detalles sonaba a trauma. Tal vez eso había pasado-. Mirai-san la vio desde un coche, cuando era niña. Y Shiro era un bebe en su cuna, y ella se inclinó para verlo, o eso nos dio a entender. La llamamos Rea. Aunque, por supuesto, nadie ha podido hablar con ella. Aparece, deja a algunos flipados con su extraña aura, y desaparece, dejando atrás su recuerdo grabado a fuego y el poder de entender.

-Vaya… Entonces, esta chica Rea es un enorme misterio. ¿Y lleva apareciendo por siglos?

-De hecho, el reporte más viejo parece ser del 1143, si hacemos caso de los rumores. No ha cambiado ni un ápice. No sé porque. Lo poco que sabemos de ella es lo que nos dicen. Pero todos la recordamos con mucha claridad…

-No es necesario que me digas, si tienes problemas –le interrumpí, notando la manera en que parecía entristecerse. ¿Qué habría pasado hace tres años que los dejara así a él y su hermana?

-Es que tuve un pequeño accidente. Olvide algunas cosas… Y me han costado caro. Con suerte, podré recordarlas pronto. Bien, como te iba diciendo, el poder de entender es la razón de todo lo que viste. Te lo diré sin rodeos: El poder para entender es… La habilidad para alterar la realidad de lo que entendemos. Así de simple –sonrió Kazami-kun, y aunque se veía algo amable, también conservaba su aire presuntuoso.

¿Alguien me explica eso de manera que se entienda? Si realmente alteraran la realidad, todos en este loco colegio serian dioses. Y no me parece que seres superiores estarían por ahí, yendo a una escuela porque quieren. No tendría ningún sentido.

-Un momento –aparté a un pájaro raro que se me había posado en la cabeza-. Entonces, quieres decir que puedes modificar la realidad… Me parece raro. Si alguien pudiera hacer eso, causaría pánico en el mundo –me imagine a unas cien personas, caminando por la calle, justo cuando aparecía uno de estos chicos raros usando sus poderes para convertir a la gente en picadillo. Muy bonito, hablando sarcásticamente.

-De hecho, Tomonori-kun, somos unos 7 millones, aproximadamente. Y la razón de que nadie lo sepa, es que todo incidente es encubierto. Tenemos gente en cada gobierno del mundo. Desde la creación de nuestra organización, Nosotros, hemos dominado al mundo de forma ininterrumpida durante los últimos seiscientos años. Los únicos que se oponen a que gobernemos son Ellos. Se trata de otra organización que se hace llamar ‘Nosotros’, y ambas llaman ‘Ellos’ a la otra. Nos hemos enfrentado a Ellos para poder liberar al mundo de su maligno control durante siglos. Y, como te lo imaginaras, las cosas no van exactamente bien.

-Si encuentran a uno de Ellos, lo matan. Y si los encuentran a ustedes, los asesinan –comprendía. No era raro. De hecho, era tan cliché que no me sorprendí en absoluto. ¿Dos organizaciones súper secretas que intentaban matarse desde tiempos inmemoriales? Súper obvio. ¿No se supone que la realidad supera la ficción?

-Correcto. También están los Extraños, que son neutrales, y tratan de vigilarnos para minimizar los problemas que podríamos causar a la humanidad. Y además hay algunas mini facciones que tratan de sobresalir. Es peor que la política, porque hay una hostilidad permanente, y además nos jugamos el Destino del mundo entero –aparto su bandeja, ya terminado su almuerzo.

Joder, este lugar está lleno de conspiradores psicópatas.

-¿Sin presiones, eh? –murmure, tratando de que no se notara mi decepción.

-Sin presiones. Si ‘entendemos’ algo, creamos un rastro, similar al que experimentamos cuando aparece Rea, que nos obligó a mirarla. Había un resto de ese rastro en ese parque, y cuando pasamos por allí, vimos que nos guiaba a ti. Has debido de entender algo sin darte cuenta. Algo pequeño, que no notaste.

-¿Y cómo puede ser eso? Si ese poder es real, entonces cualquiera podría destruir el mundo entero –sospechaba que había algo más detrás de todo eso. Kazami-kun soltó una risita, y saco una de sus fichas. Una típica pieza de plástico, verde y roja. Me la arrojó.

-Intenta hacer algo con ella –lo intente. De veras lo intente. Pero no funciono para nada. No logre ni un cambio, nada de lo que imagine. Kazami-kun parecía divertido. En serio, este idiota intenta burlarse de mi ignorancia. Eso me molesta, pero no me quedaba otra opción si quería averiguar más. Ya más tarde se lo haré pagar.

-Veras, para cambiar algo, se necesita conocerlo perfectamente. ‘Entender’ no es solo una expresión. Hay que saber muy bien lo que haces. Yo puedo hacer unas cosas, pero solo con estas fichas, y no es demasiado. Por ejemplo, mírala ahora –lo hice. Para mi sorpresa, el color verde se había convertido en azul, y el rojo en amarillo. Era muy impresionante, mas aun considerando que todavía la tenía yo en mis manos.

Kazami-kun realizo un pase de mago con las manos, y el azul se volvió negro. Otro más, y el amarillo era blanco. El cambio no era gradual, simplemente ocurría. Un último pase, y volvió a su estado original. Entonces se desvaneció, apareciendo en la mano de Kazami-kun, que la guardo en un cajón junto a otras. Debía de tener un centenar, o tal vez más por lo que vi. Me pregunte de donde las habría sacado, eran demasiadas.

-Entonces… ¿Lo que mejor podré cambiar será algo que entienda perfectamente? –pregunté. ¿Conozco algo lo suficiente para poder decir que lo entiendo? Creo que no. ¿Qué tipo de condiciones ridículas son esas?

-Así es. Al igual que mi hermanita con sus espadas, necesitas saber muy bien como es el objeto, y la manera de hacer el cambio. Te sorprenderías lo realmente difícil que es el proceso mental de cambiar el color de mis centinelas. Y eso que puedo moverlas, modificarlas, multiplicarlas, y usarlas como órganos sensoriales, entre otras cosas. Es muy útil poder hacer eso –Kazami-kun sonreía mucho, pero no puedo imaginarme demasiadas utilidades de eso. ¿Será un idiota hasta para usar sus poderes? ¡Si vas a presumir, hazlo bien, cabeza hueca!

-Que difícil –solo lo dije para hacerlo sentir importante. Díganme ustedes… ¿Para qué va a servir mover esas fichas por todas partes? Suena genial, pero no le veo ninguna utilidad cuando se trata de un combate.

Y ahora que se me ocurre, ¿siquiera usan estos poderes para pelearse entre ellos?

Es una pequeña duda que tengo.

-Muy bien, espero haber podido contestar tus preguntas. Ahora será mejor que vengas a la práctica de la noche. Es una buena manera de adaptarse a esta escuela. Si me disculpas, tomare una siesta –dicho esto, se recostó en la cama, y debía estar bastante cansado, porque parecía dispuesto a dormir con ropa y todo.

Puedo entenderlo. Estamos hablando de que estaba allí afuera, donde podía ser atacado en cualquier momento, y además tenía que ocuparse de que su hermanita loli no me rebanara. Y todo con esa sonrisita de molesto imbécil creído que lo sabe todo. Un momento… ¿Cómo puede ser que justo apareciera su hermana allí afuera cuando tropecé con Shiro? Él estaba viendo desde arriba, pudo haber avisado a Kiyoshi que no era un enemigo.

Pero dio la voz solamente cuando ella estaba a punto de matarme.

¡Ese maldito! ¡No había intervenido porque quería ver si podía sobrevivir al ataque de corte de esa chica! Que bastardo. ¡Ni se te ocurra que voy a dejarte dormir en paz!

-Oye, Kazami-kun, ¿por qué dices que debo adaptarme? Ya tengo escuela, amigos, y una casa –sospechaba la respuesta, pero quería ver lo que me decía. A las malas, conseguí que se mantuviera despierto.

-No podemos dejar que estés allí afuera. Es orden absoluta de los jefes. Si eres capaz de entender, y dejas un rastro, hay que traerte y controlarte. No podemos perder un posible talento. Y si te dejamos afuera, alguien te asesinara, y eso no sería feliz. Ni pienses que habrá una mínima responsabilidad, la policía nunca encontraría tu cadáver, serias catalogado como desaparecido para siempre –eso suena aterrador. Joder, estamos hablando de una clara forma de corrupción. ¡Y lo decía sin ningún reparo!-. Los trámites de traspaso ya deben estar hechos y entregados. Kaminari-sensei es un excéntrico, pero no es para nada idiota. Él sabe que le conviene tenerte aquí. También se enviara una notificación a tu familia de que estarás internado en la Academia toda la semana.

¿Tan rápido? Si Kazami-kun está diciendo la verdad, entonces es evidente que hacer todas esas gestiones no es ningún problema para una organización así. Nosotros podían controlar al mundo. De hecho, ya lo hacían. Esa era la verdad del mundo. La única verdad. Diablos, me acabo de enterar de algo súper-ultra-archí-secreto, y nadie me lo creería aunque les dijera.

Joder, la vida es cruel, sin duda alguna.

Fue entonces que note algo raro. ¿Cómo decirlo? Tuve de nuevo el presentimiento de que me estaban observando. Kazami-kun seguía con los ojos cerrados. Shiro se había dormido entre varios animales que deberían haberse almorzado unos a otros. Además, esta intención asesina era… Familiar.

Y, era imposible no notarlo tarde o temprano, la vi. Yuuki Kiyoshi, actuando como si fuera un gato más, con un curioso y erótico cosplay de Neko Girl que sin duda alguna no era adecuado para usar en los terrenos de una escuela. ¿Es una especie de broma extraña? ¡Si te fijas, es obvio que ella no es un gato! Y menos aun con esa ropa.

Mostraba demasiado de su suave y blanca piel… ¿Suave? ¿De dónde saque eso? Nunca la he tocado. Mi cerebro esta comenzado a freírse con esta situación. ¡A este paso, está linda y atrevida chica de 13 años va a volverme lolicon! Sacudí la cabeza como pude, tratando de calmarme, pero un nuevo vistazo a esas tiras de cuero negro me dio un golpe crítico.

Mi nariz se sentía húmeda.

¿Me estaba dando una hemorragia nasal?

-¡¿Qué haces aquí, Kiyoshi, y así vestida?! –pregunté de un grito, aterrado ante la posibilidad de volverme lolicon. En serio, joder, yo suelo discriminar a esa gente. Salte a la pared de atrás, y me pegue a ella, tratando de estar lo más alejado posible de esta sexy loli Yandere. No es que tenga un fetiche por las chicas con orejas de gato, pero la manera en que le quedaban a ella era fenomenal… ¡Basta, por lo que más quieras! ¡Todavía soy virgen, no puedes volverme un maniático de las Neko Girls de esta manera!

-Hermanita, creo que ese traje es mucho para Tomonori-kun. Agradecería que fueras a cambiarte –le pidió Kazami-kun, luego de oír mis gritos desesperados. ¡Por fin, dejemos que su Onii-san se encargue del asunto! Ella debería hacerle caso… ¿Verdad?

-Onii-san… –oh, no. No me gusta el tono con el que susurro eso-. ¿No te gusta? Si quieres, me cambiare. Pero con una condición –sonrisa malévola. Joder, esto está empeorando a cada momento-. ¡Ayúdame a cambiarme!

-¡Eres mayor como para hacerlo sola! –chillé repentinamente. No debí de hacer eso. Ella me lanzo una mirada que decía ‘Después te cortare en trocitos, Tomonori-sempai’, y continuo coqueteando con su propio hermano.

-¡Por favor, Onii-san! Está muy apretado. Es difícil hacerlo sola –se puso a cuatro patas, levanto las caderas, y quedo en una posición tan erótica que creo que me desmayare. Mi nariz sangraba como si me la hubieran agujereado. Saque la cabeza por la ventana, tratando de respirar aire que no oliera a ese aceite corporal que era seguro que Kiyoshi estaba usando, mientras los hermanos seguían discutiendo entre excusas y frases zalameras.

Allí afuera, mientras los estudiantes caminaban de un lado para otro, algunos entendiendo cosas en el camino, vi algo raro. Un movimiento inusual. Una figura se acababa de acercar a mí. La Niña Fantasma estaba allí. Mire alrededor, pero nadie se había percatado de su presencia. ¿Significa que solo yo puedo verla ahora? Que gracioso. Exactamente no la veo, sigue borrosa, así que no sé qué palabra usar para definir esto.

-Oye… Rea… ¿Qué significa todo esto? ¿Por qué yo? –pregunté. Ella sonreía. Y yo seguía notando que estaba muy triste. Como si ya estuviera eligiendo las flores de mi tumba. Parecía estar diciéndome ‘¡Te lo dije!’ a gritos. Yo solo me quede allí, esperando, mientras ella me observaba con mucha atención.

Y entonces ocurrió algo.

Ella me toco. Rozo mi cara con el dorso de su mano, o eso creo. Estaba fría. Muy fría. Podía casi imaginar la tristeza de esta chica. ¿Por qué era tan infeliz? Llevaba unos mil años creando gente capaz  de entender. ¿Sería que vivir tanto tiempo la ponía triste? Intente ser alegre.

Le sonreí.

-Sabes, no esta tan mal. Al menos, me sabe mejor que seguir siendo una marioneta de los gobiernos marionetas. Después de todo, debiste de elegirme por algo, ¿verdad? –me miró muy seria. Parecía preocupada. Bueno, al menos era un avance-. ¿Te gusta que te llamen Rea? Es el nombre de la madre de los dioses olímpicos. Una sabía titán que, por amor a sus hijos, traiciono a su marido. Suena un poco extraño, pero… Creo que te va bien.

Lo que escuche me sorprendió. Una risa. Pequeña, corta, que se desvaneció de inmediato, pero una risa alegre por primera vez. Me pregunte si habría logrado un avance con esta diosa del entendimiento.

-Ya se fue, Tomonori-kun –me dijo Kazami-kun. Me di la vuelta un segundo, comprobando que había logrado deshacerse de su loca hermana. Quería seguir hablando con Rea, pero cuando mire fuera, ella ya no estaba. Se había ido de nuevo. Dos veces en un día. ¿Se trataría de un récord? Mejor no lo mencionaba. Además, no sé si alguien había sido tocado por ella antes. La sensación había sido demasiado íntima para revelarla a alguien más. Y aun no confiaba en nadie de aquí.

Y con buenas razones, como vi después.


(Cambio de Narrador: Kiyoshi)

Y, al final, Onii-san me echo de la habitación, y tuve que caminar con este apretado traje de cuero por todos los dormitorios masculinos para salir. ¡Qué vergüenza! Todos me estuvieron mirando. ¡Pervertidos! ¡Solo mi Onii-san puede desnudarme con la mirada! ¡El resto que se atrevan a insistir!

No confió en Tomonori-sempai. Estoy casi segura de que va a lanzarse sobre Onii-san cuando pueda. ¡Qué horror! No me quiero imaginar las cosas malvadas que le haría a mi Onii-san. Es una bestia. Ya ataco al pobre Shiro-chan hace unas horas. ¿Qué clase de monstruo es? Estoy segura que es de Ellos. A la primera oportunidad que encuentre, lo matare, y entonces yo, Onii-san, Mirai-nee y Shiro-chan podremos ser el Grupo S de nuevo, felices como siempre.

No necesitamos intrusos.

Y menos un traidor en nuestra familia.

-¡Kiyoshi-chan! ¡Ya casi es hora de la práctica de la noche! –¡Kyah! ¡¿De dónde salió Mirai-nee?! Y, un instante después, recordé que esa era la alarma de mi celular. Mirai-nee me la grabó porque siempre me olvidaba. Ella no está aquí.

¡Qué suerte!

Es vergonzoso que me vea así. Ella es una persona a quien quiero y le confiaría mi vida, pero dejar que me vea con este cosplay especial para Onii-san es muy mala idea. Me gritaba cuando me acercaba mucho a Onii-san.

No es que ella intentara robármelo, es solo que no le gustaban mis sentimientos por Onii-san. Decía que eran demasiado atrevidos para alguien que compartía su misma sangre. Y así era. Hubiera querido ser media hermana de Onii-san, o hermanastra, pero éramos hermanos reales de ambos padres. Mi amor por Onii-san era difícil, pero no me rendiré.


Porque amo a Onii-san.

Me escape rápido de ese lugar, me colé por la ventana del dormitorio femenino de un salto, y empecé a tratar de quitarme el traje. Pero era mucho más difícil que ponérselo. ¡No! Iba a necesitar ayuda para poder sacármelo a tiempo. Me daba vergüenza que lo hiciera Mirai-nee, y Onii-san se negó, así que no me queda más opción que llevarlo a la práctica.

Y morirme de vergüenza. ¡No hay manera de que haga eso!

Intente disimularlo bajo el uniforme de gimnasia, espero que funcione. ¡Bien! No se ve. Pero será mejor que no me mueva mucho. O pasare por una horrible humillación, y Onii-san pensara que soy una pervertida.

Casi estaba tarde, así que corrí lo más rápido que pude. En la oscuridad de la noche, no debería de verse el cuero negro. Logre llegar a tiempo, y me puse tras Tomonori-sempai en la fila que hacia nuestro Grupo. Onii-san y Mirai-nee estaban delante. Shiro-chan nunca venia, así que no lo esperábamos. Los demás se organizaban como querían, pero Mirai-nee siempre nos hacia formarnos en fila.

En el centro del campo, ardía una fogata de campamento, la cual contribuía a dar un aspecto misterioso a la velada. Era normal. El entrenador principal, Akire-sensei, un veterano de la guerra contra Ellos, supervisaba todo. Era un hombre de mediana edad gruñón, que prefería estar en el frente que enseñar a los novatos, pero estaba aquí hasta recuperarse de sus lesiones.

Saco una lista. Oh, de nuevo. Iba a elegir a alguna pareja al azar para dar una batalla. Esta sería bastante salvaje, ya que Akire-sensei nunca intervenía. Por lo menos la enfermera, Shinjinfuka-sensei, estaba preparada. Un herido grave en un entrenamiento era una mala situación. Perfecta para devolver al frente al entrenador, que buscaba ser despedido. Y, debido a eso, solía elegir a los peores alborotadores de toda la Academia. Por ejemplo…

Choukyouryoku, un paso al frente –un chico de 15 años, cabello oscuro y pajoso, con grandes ojos café y una enorme sonrisa súper arrogante. Sus compañeros empezaron a corear su alias.

En realidad, se llamaba Nonomiya Jun. Era el alumno más molesto y bárbaro de toda la Secundaria. Tenía una banda de tontos que no paraban de aprovecharse de los nuevos, robar los casilleros, hacer bullicio general, y causar malestar. Su especialidad era entender el aire, lo usaba para transformarlo en varias cosas. Era común convertir Nitrógeno en diversos objetos, pero él lo usaba siempre para levantar las faldas de las chicas y hacer que salieran volando las cosas importantes. Un auténtico bravucón, y el preferido de las prácticas nocturnas de Akire-sensei.

Me compadecí un poco del pobre que tuviera que enfrentarlo.

-Su oponente será… ¡Chijouyoku! –grito de nuevo.

Me tomó un instante reconocer ese alias.

¿¡Yo!? ¡Justo hoy! ¡Qué mala suerte! Y encima debía pronunciar tan fuerte ese apodo ridículo que me habían inventado.

De hecho, había sido Nonomiya-sempai.

El año pasado entrego una docena de documentos con firmas reales de algunos alumnos para elegir sus alias, sin nuestro consentimiento. Creímos que era una petición para algo, y el chico que pedía las firmas no tenía fama de ser una mala persona, así que no preguntamos. Después nos enteramos que había sido siempre un amigo de Nonomiya-sempai, en secreto, buscando hacer una broma pesada como esa.

No me cayó nada bien, y encima Onii-san lo encontró divertido. Solo por eso no había cambiado ese tonto alias. Pero me daba vergüenza.

Chijouyoku! –repitió Akire-sensei. No quedaba de otra, tenía que combatir con él, un alumno dos años mayor. Mi Onii-san y Mirai-nee me hicieron señas de buena suerte. ¡Gracias! Necesitare toda la ayuda posible. Nonomiya-sempai era famoso por lastimar demasiado a sus oponentes en estas prácticas.

¡Y yo usando este cosplay vergonzoso bajo el uniforme! ¡Qué mala suerte!

Continuara…

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