Yuiitsu no Shinjitsu

Capítulo 2: Academia Jikû

Los secuestros no son raros. A la gente le ocurren cosas malas. Muchos desaparecen cada día en todo el mundo. Pero, lo que no es habitual, es ser secuestrado por una pandilla de chicos locos con superpoderes. Y eso me paso hoy.

Joder, tengo una suerte de mierda.

Los cuatro me estaban conduciendo a alguna parte. Mirai (la chica del cosplay), Yuuki (el idiota sonriente), Kiyoshi (la loli con cuchillos en el cerebro), y Shiro (el chico albino perdido), aunque este último no contaba. Desde que lo despertaron, no había hecho más que caminar con esa mirada de tonto que ni sabe adónde esta.

Los pájaros se posaban en sus hombros cuando pasaban por aquí, los insectos se pegaban a su piel sin picarle, e incluso los perros y gatos callejeros se frotaban con sus piernas. Este chico parecía un imán de animales. Y, aún peor, un imán de atención. Como era una especie de mancha blanca y negra, debido a su piel y cabello contrastando con el uniforme negro, la gente nos volteaba a mirar en cualquier parte.

Yo intentaba poner una sonrisa que sugiriera a los transeúntes que me estaban secuestrando, pero era difícil, pues tenía a esa loca de las hojas de afeitar mirándome como si fuera una amenaza inmediata para su Onii-san que debía “limpiar”. De hecho, estaba tan pegada a ese chico, que ya me imaginaba unas escenas para adultos entre ellos dos.

Joder, que el incesto no es uno de mis temas favoritos de anime. ¡Es tu maldito hermano mayor, no te le pegues tanto!

Además, tenía que ser una chica linda.

Pero lo peor, sin duda, era que estaba seguro de que era una Yandere.

Una verdadera Yandere, joder, existen de verdad. Chicas locas que manejan demasiado bien los cuchillos, y están enfermamente enamoradas de alguien. Pero su propio hermano… Eso es delirante. Y, a juzgar por la sonrisita de ese chico, definitivamente alguien los había dejado así de traumados. No me malinterpreten, es que es evidente que están pasando por alguna situación horrible que los volvió locos. O al menos así suele ser en los mangas, ¿verdad?

-Así que… Ustedes tienen superpoderes… –traté de romper el hielo.

Y, como esperaba, la idea fue muy mala. La chica que iba delante, Mirai, se detuvo y me volteo a ver.

-¿Eres idiota? –me preguntó.

Y yo, como siempre, sentí que algo se me escapaba. ¿Qué quiere que responda? Digo, no hay muchas cosas que pueda decir.

-No –respondí.

Al parecer, esa era la réplica equivocada. La chica se enfadó, y me pegó un puñetazo en el estómago. Si, dolió, joder. Tenía bastante fuerza. Me quede en el suelo, sin aliento. Desde aquí podía ver su ropa interior, verde con lunares rojos. Era muy visible con esa minifalda del cosplay que llevaba. ¿No es demasiado infantil? ¿O es parte del cosplay?

-Lo eres. ¿Sabes qué hubiera pasado si te encontraba alguno de Nosotros, de Ellos, o de los Extraños? Lo mismo que estaba a punto de hacer Kiyoshi-chan. No la llaman Chijouyoku por nada. Como habrás notado, le gusta cortar gente –no la estaba acusando ni nada, pero Kiyoshi retrocedió un par de pasos. Parecía avergonzada. Su cara estaba enrojeciendo.

Me incorporé con dificultad.

-No digas esas cosas, Mirai-nee. No en frente de Onii-san… –entendí entonces porque le había llamado -chan. Se veía muy adorable sonrojada. Esa chica podía ser linda, cuando quería, y cuando no trataba de matarte. Yuuki se río disimuladamente.

-Sí, así es Kiyoshi. Una linda hermanita cuando no piensa en convertirte en rodajas de carne –me comento, como si fuéramos grandes amigos.

La reacción de la loli fue muy exagerada. Se tiró al suelo, apoyando la frente en el suelo, y suplicando a su Onii-san que la perdonase. Ridículamente adorable, especialmente cuando levanto la cabeza y tenía lágrimas en los rabillos de sus ojos.

En serio, la iba a secuestrar algún lolicon. Y luego moriría, convertido en picadillo. Diría que es un pobre tipo, si llegara a pasar, pero odio a esa inmunda gente.

-Cómo iba diciendo… Si alguien te encontraba, te matarían pensando que eres un enemigo. Y tendrían razón. Seria tu culpa, por no ocultar tu rastro bien –continuó Mirai. Espero que no se dé cuenta de que también estuve mirando su escote cuando se distrajo. En serio, ese traje es ridículamente tonto, por no decir bastante provocativo. ¿No puedes hacer cosplay con un vestido menos sugerente? Se de algunas Mahou Shoujo que no andan mostrando los pechos y las bragas así de fácil, pero no me atreví a hablar.

-De hecho, todavía no sabemos si es uno de Ellos, Mirai-san –aclaró Yuuki. No sé qué seria eso de “Ellos”, pero sonaba bastante mal. La chica del cosplay empezó a mirarme muy intensamente, como si evaluara si era o no un enemigo.

¿Qué diablos pasa?

-Eso es cierto. Tal vez esta sea una trampa. Pero si es así, está muy elaborada, o es demasiado burda. No hay otros en el área. Y encima, este tonto tiene un rastro demasiado obvio, aparte de que casi lo mata Kiyoshi-chan. No, estoy segura de que es un novato –me miró como si fuera una sempai que me hubiera atrapado entrando al baño de chicas en mi primer día-. Ahora lo llevaremos a la Academia, para asegurarnos.

-¿No tengo voz ni voto en esto? –pregunté, tratando de sacar algún dato en blanco.

-¡No! –respondió Mirai. Ahora que lo pensaba, ese probablemente era un apodo, ya que no reaccionaba como si fuera su nombre. Eso lo deduje por su anterior conversación, cuando hablaron de alias que estaban usando.

Y, pensando en eso, recordé algo.

-Antes, dijiste mis datos muy precisamente. ¿Cómo los supiste?

-¿Estabas escuchando? ¿Y aun así casi te mata Kiyoshi-chan? Realmente eres un idiota –esta chica tenía un problema. ¡Sin duda alguna! ¿No puede dejar de ridiculizarme por cualquier excusa?-. Llamé a mis jefes, y ellos me pasaron tus datos. ¿Qué no es obvio?

Mirai-san, creo que él niño no sabe nada de nada. Trátalo un poco más amablemente –me defendió Yuuki. Bueno, si no fuera por el ‘niño’, seria agradable. Pero… Su sonrisa de idiota no ayudaba para nada-. Un gusto en conocerte. Soy Yuuki Kazami, 16 años, alias Master Piece. Y esta es mi hermanita, Yuuki Kiyoshi, 13 años, alias Chijouyoku. Un gusto conocerte.

Su tono era amable. Sin embargo, no me sacaba de la cabeza la idea de que era una amabilidad actuada. Este chico era un hipócrita, un guapo idiota odiable. Y su hermanita loli Yandere era un gran problema. Tendría que ser cuidadoso con esta gente.

-Yo soy Tsuruya Tomonori, 15 años, alias nada. Y agradecería que dejaras de llamarme niño, Yuuki-san –respondí, tratando de parecer indignado.

Aunque realmente no necesitaba presentarme, ya que esa loca haciendo cosplay sabía más de mí que yo mismo. No, en serio, yo ni recordaba cual era mi tipo de sangre.

-Si me dices Kazami-kun está bien. Y yo te diré Tomonori-kun, si no te molesta –eso era normal para mí. Hasta Hiramaki, mi único amigo, me decía así. ¿Qué tiene la gente con ser muy cercanos conmigo tan rápido? ¡Podría ser un homicida serial!-. Si quieres decirle a mi hermana Kiyoshi-chan, mi amor, o zorrita, no me molesta.

¿¡Era en serio!? ¿Estaba tratando de que acosaran a su hermana? Bueno, esa chica podía defenderse sola. Yo, al menos, no pensaba acosarla por nada del mundo. Tal vez sólo un poquito… No, mejor no. Ella está emitiendo un aura muy siniestra, y obviamente quiero conservar mi cuello en su lugar.

Bien, eso estaba resuelto, al menos. Kiyoshi se había sonrojado, pero seguramente era sólo por lo que dijo su hermano. Yo le importaba poco y nada, más que para afilador de cuchillos, por supuesto.

Ahora, había algo que llamaba mi atención.

-¿Y este chico? –señalé a Shiro.

Debía de tener unos 15, o menos, a juzgar por su apariencia. No sólo era pálido, sino también enfermizo, débil y frágil. Parecía que se estuviera por caer a cada momento. Y además se perdía fácilmente, como ya noté. ¿No deberían tenerlo en alguna especie de hospital?

-¿Shiro? Él es así. Sabemos que se ve mal, pero los médicos no han podido hacer nada. Esta perfectamente sano, aunque no lo parezca –respondió Mirai, distraídamente, haciéndonos caminar de nuevo-. Al menos, está bien físicamente. Casi nunca habla.

-¿Su poder es hablar con los animales? –quería averiguar algo más sobre esos poderes.

No me gustaba la idea de que hubiera gente capaz de cortar el suelo, o espiar con fichas de plástico. ¿No creen que sería muy peligroso? ¡Estas personas podrían hacer lo que se les venga en gana y nadie sabría cómo lo hacen! ¿Qué les diría a la policía?

“¡Oficial, estos cortes los hizo una loli con magia!”

Sí, claro. Me lo creerá perfectamente. Hasta me imagino su reacción:

“Chico, no molestes, estoy trabajando.”

-Sí, algo así. Los ‘entiende’ –la forma en que Kazami-kun respondió eso sonó como si fuera una expresión más profunda. ‘Los entiende’. ¿A qué se referiría con eso? ¿Tiene que ver?

-Ya casi llegamos –informó Mirai-. Bueno, ya que eres novato, te perdono lo de esta ocasión. Pero no vuelvas a ‘entender’ algo en público. Si no, tendré que castigarte, como miembro de la Brigada de Alumnos para Controlar el Uso Clandestino del Entendimiento.

-BACUCE, para la mayoría –me susurró Kazami-kun, en plan ‘soy tu amigo’. Habría que seguirle el juego. Su hermanita nos miraba como si fuera su amante… ¿Su amante? En serio, esta chica me va a traer problemas. Todavía sostenía esas hojas de afeitar.

¡No las lleves en público, loli Yandere!

-¿Adónde estamos por llegar? –pregunté, confundido. Estaba pensando mucho en la niña loca, así que ni siquiera vi adonde diablos me dirigían mis secuestradores.

Y entonces me quedé de piedra.

Joder.

Estábamos en frente de un terreno baldío. Y, allí, mirándome con una expresión bastante aterradora, estaba la Niña Fantasma. Como antes, no podía verla. Sólo podía percibir unos pocos detalles. Y nuevamente sonreía, pero ahora era todavía más obvio que estaba deprimida. Y la manera en que me miraba… Parecía que dijera: “¡Fuera de aquí! ¡Corre ahora, antes que sea tarde!”

Ojala le hubiera hecho caso.

-¡Llegamos! –anunció Mirai. Me pregunte a quien se lo decía, porque no parecía a nosotros. Tampoco a la Niña Fantasma, que estaba parada en medio del terreno-. Y traemos un novato.

-¿Contraseña? –preguntó una voz que salía de la nada. Parecía venir de justo en frente de nosotros, donde comenzaba el terreno, pero no había nadie allí.

¡Ah, ya entiendo, es un hombre invisible! Estaba oculto, guardando la puerta, y a menos que dijéramos la contraseña no nos dejaría entrar. Esperé a que Mirai la dijera, pero…

-¿La contraseña? ¡Tú ya me conoces, Danger! ¡No necesitas pedírmela!

-¿Te conozco? ¿Cómo sé que no eres uno de Ellos? Si no hay contraseña, no pasas –refunfuño la voz cascarrabias.

La supuesta sempai nos miró. Parecía que suplicara. Un momento, ¿no se acordaba la contraseña? ¡Maldita estúpida! ¿Me traen hasta aquí para dejarme tirado? Con razón la Niña Fantasma me miraba con esa cara de terror. Esta gente era de lo más tonta y sospechosa. Me secuestraban, me llevaban por todas partes, me decían cosas inentendibles, y ahora no sabía la contraseña. ¿Qué tenía en esos pechos? ¿Un montón de grasa? ¡Se supone que las miembros de una organización de lo que fuera tendrían que ser buenas sempai!

-¿Otra vez, Mirai-san? La contraseña es ‘Entendemos el mundo, de la manera que hay que entenderlo, y porque debemos entenderlo por el bien de la humanidad’ –dijo Kazami-kun, con su sonrisa de tonto. Por fin, alguien avispado usaba su cabeza. Kiyoshi sonreía de oreja a oreja, pero Mirai se veía molesta. A Shiro parece que todo le da igual.

-¡Muy bien, Onii-san! ¡Ese es mi Onii-san! ¡Nadie se iguala a Onii-san! –la loli le dio un fuerte abrazo a su hermano mayor. En serio, hasta podía ver cómo le aplastaba su pequeño busto en la espalda. No me quiero imaginar lo que debía estar pensando Kazami-kun en este momento. O estaba disfrutándolo, o se sentía asqueado.

Yo, en este momento, estaba en un punto medio entre las dos.

-Oh, no lo digas así, hermanita. Me haces sonrojar –mientras decía esto, pasó algo sorprendente.

El terreno baldío desapareció. Ahora, frente a mis sorprendidos ojos, había una enorme escuela. Estaba pintada de color dorado con mucha elegancia. Había jardines preciosos alrededor. El terreno no era tan grande para contenerla, así que además de invisible, debía tener algún truco de expansión. El muro estaba pintando primorosamente con el nombre de este edificio: Academia Jikû.

El portero era un hombre mayor de cabello canoso. Vestía un uniforme azul y negro del mismo diseño que estos chicos, pero en versión de profesores. Ahora notaba que la insignia de la mano enguantada que sostenía la ciudad miniatura estaba grabada en todas partes.

Lo que yo estaba pensando en este momento, era que me estaban llevando al mundo de las hadas. Pensar que había una escuela en este lugar, oculta a simple vista, y nadie lo notaba. Y con ese nombre ya condenaban el asunto. ¿Por qué el nombre parece sacado de un anime? ¿Alguien me lo explica?

En medio de los terrenos, en un lugar que parecía sospechosamente una arena de combate, estaba la Niña Fantasma con una expresión que decía: “Lo siento. Esa era tu última oportunidad. Buena suerte.”


Y aquí estaba yo, fuera de la oficina del director. Y a mi lado estaban parados una Yandere, una cosplayer de Mahou Shoujo, un chico pálido y enfermizo, y un joven con graves problemas para dejar de sonreír. Lindo séquito. ¿Por qué sospecho que esta reunión no acabara bien? ¡Prácticamente estoy gritando que me maten con esta gente al lado!

-Adelante –dijo una voz profunda. Mirai nos hizo pasar.

La oficina no estaba mal. Parecía que estuviéramos en una entrevista con un abogado exitoso, no un director. Se notaba que esta gente ganaba muy bien. ¿Lo mismo iba para los graduados? No me molestaría… Un momento. ¿Qué están tratando de hacer aquí? Si todo sucede como en manga y anime, entonces…

-Así que piensa entrar en la Academia, ¿verdad Tsuruya-kun? Y con el grupo de Kirisaki-san, además –y tenía que decirlo. Lo que sospechaba. Estaban tratando de unirme a este colegio de magia. ¿Estaban locos o qué?

Bueno, este director parecía normal. Traje negro con corbata, bien peinado, escritorio impecable. Si, este hombre parecía dar el ejemplo. Qué bueno saber que había alguien responsable en este lugar. Los directores de ficción suelen desnudarse cada cinco minutos. Muy gracioso, pero inútil e irresponsable a fin de cuentas.

-En realidad… –revisé el nombre en la placa del lindo escritorio-. Kaminari-sensei, yo no estoy pensando en inscribirme a esta escuela. Para empezar, no soy mago –traté de parecer amable. Y, entonces, Kaminari-sensei comenzó a reírse. Sospeché que se reía de mí. No, estaba totalmente seguro que se burla de mí.

-Tsuruya-san, usted no es un mago. Ni yo tampoco, y menos estos chicos. Pero todos nosotros podemos entender –otra vez con eso. ¿Qué significaba ‘entender’, exactamente?-. Y por eso, somos diferentes. Esa es la razón de que me llamen Kaminari. Pero si lo desea, le haré una demostración. ¿Arakawa-chan?

-¿Si? –una mucama apareció de detrás de una pared. Y si, dije mucama. Un vestido negro y blanco de mucama.

Mi ilusión de que este hombre era normal se desmoronó.

Justo a tiempo.

La ropa del director se disolvió, como si fuera hielo seco convirtiéndose en gas. Ahora estaba en ropa interior, unos horrendos calzones de corazoncitos. El sujeto se… No, no pienso decir lo que hizo en frente de su asistente, pero háganse la idea de que normalmente se hubiera comido una docena de bofetadas, y más de una denuncia por acoso sexual. ¡Qué asqueroso! ¿Se da cuenta de que somos menores?

Justo después, con una expresión de éxtasis, dijo algo muy irrazonable.

-¡Dispárame! ¡Dispárame primero, Arakawa-chan, para mostrarles a estos niños la pasión! –la asistente-mucama saco una pistola de su vestido, dejándome en la duda de porque la tenía, y le disparo directamente a Kaminari-sensei en la cara.

Estaba a punto de correr, pero me quede de nuevo helado al ver que la había atrapado con los dientes. ¿Y no era un mago?

-Lo que aquí ves, Tsuruya-san, no es magia. Es simplemente el poder del entendimiento. Yo ‘entiendo’ esta bala –continuó, escupiendo el proyectil en su mano.

De inmediato, la bala se disolvió igual que el traje, y se convirtió en un gas metálico que volaba regresando al arma.

Ahora sí que estoy confundido.

-Ya lo he inscripto en la clase de Yuuki-san. Enseñadle la Academia. ¡Vamos, adelante niños, disfrutad de la juventud!

Prácticamente nos dijo “¡Fuera de mi oficina!”, y no había que ser un genio para saber que planeaba hacer. La mirada que le echaba a la mucama era inconfundible. Me quede afuera, sin saber mucho más de lo que ya sabía.

Bueno, si sé una cosa: La gente aquí está loca. ¡Muy, pero muy loca!

-Parece que seremos compañeros, Tomonori-kun. ¡Qué suerte la nuestra! La clase de hoy ya termino, así que te mostraré los dormitorios. ¡Acompáñame, por favor! –dijo Kazami-kun con una sonrisa.

Maldito idiota. ¿No ves que estoy aterrado? ¡Ustedes dan miedo!

-Perfecto. Parece que te han añadido a mi Grupo. ¡Asegúrate de comportarte! –me amenazó Mirai, justo antes de irse corriendo mientras agitaba la varita mágica.

Diablos, no daba mucho miedo con ese cosplay, pero recordaba el puñetazo de hace un rato, y había dolido. Mejor no provocarla. Además, estaba pensando en cómo le había dicho el director. Kirisaki. Lindo apellido. ¿Por qué no se presentó? ¿Habrá algún problema?

Vi a Kazami-kun llevando a Shiro de la mano, como si fuera un niño, y me dispuse a seguirlo. Pero alguien me sujetó de la ropa. Kiyoshi. Tenía la cabeza inclinada hacia abajo, así que no podía verla a los ojos. Pensé que tal vez preferiría no quedarse sola. Era una niña, casi, así que debía tener algo de miedo.

-Oye… ¿No deberías seguir a Mirai-sempai? –intenté decir eso tranquilamente.

Entonces levanto la vista. Un aura oscura la rodeaba, extremadamente maligna, y los ojos le brillaban como faros luminosos rojos. Hablo con una voz terrorífica, muy lento.

-Tomonori-sempai… Onii-san… Los dos… El dormitorio…

Oh, diablos. Joder. ¡Ya me podía imaginar lo que pasaba por su cabeza! Tuve el tiempo justo de salir corriendo, mientras una Yandere enloquecida me perseguía agitando sus navajas de afeitar. Gritaba algo que sonaba como:

-¡No te acerques a Onii-san, Tomonori-sempai!

Y el maldito sólo se reía mientras yo corría por mi vida. ¡No estamos jugando!

En serio, quiero matar a este tipo. Si sobrevivo, por supuesto.

Y, sin molestarse en decir ni una palabra, Shiro sólo miraba a los pájaros que le trinaban desde la ventana abierta.

Continuara…

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