Yuiitsu no Shinjitsu

Capítulo 1: La Niña Fantasma

Yo sé lo que vi. Sé que la vi. Aunque fuera imposible. Primero pensé que me estaban jugando una broma. Luego empecé a preocuparme. ¿Un fantasma, tal vez? ¿Algún espíritu? No tengo idea. Solo sé que fue una situación muy extraña.

En un momento, vi algo que no debería haber visto. Y eso sería algo que me abriría las puertas a un mundo nuevo, un mundo para el que no estaba preparado. Un mundo de verdades escondidas, de engaños poco claros, de mentiras a rienda suelta. Pero, sin embargo, un mundo que aun ahora controla al nuestro.


Sucedió un día como cualquier otro. Soy un chico normal de 15 años, de clase media, viviendo en Tokio. Estaba con unos amigos de la escuela, o algo parecido, en un parque. No hacíamos nada en particular, solo mirar algunas chicas y tratar de matar el tiempo. Ya saben, haciendo tonterías sin ninguna razón, para entretenernos. Lo extraño ocurrió cuando vi a alguien sentado en un pequeño muro. Estaba seguro de que era una niña.

-¿Y esa chica? –pregunté a Hiramaki Toto, mi mejor amigo hasta el momento. Bueno, creo que llamarlo tanto como “mejor amigo” es exagerar, solo es con quien me llevo mejor y me parece más divertido pasar el tiempo. Él volteo de inmediato, un pervertido como siempre sin esconderlo, pero luego me miró como si estuviera tratando de jugarle una broma.

-¿Qué chica?

-La que está sentada en el muro. Allí, encima, agitando los pies –en realidad, era todo lo que podía decirle. No notaba nada más, por extraño que parezca. La estaba viendo, pero no podía notar ningún detalle. No podía ver su rostro, su ropa, el color de su cabello, nada. No estaba muy seguro de cómo puede ser eso posible. ¿Se puede ver a una persona sin mirarla? En ese momento, creo que pensaba que era un espejismo o algún reflejo de luz medio extraño.

-No hay nadie ahí, Tomonori-kun. Y me hiciste creer que pasaba alguna linda chica… Eres un malvado –comenzó a reírse malignamente, la broma que solía hacerme cada vez que lo engañaba por diversión-. Seguro que estas imaginándote a tu victima ideal, lolicon.

-¡Que no lo soy! ¡Ya deja de decir eso, imbécil! –le chille. ¿No se le mete en la cabeza? ¡Siempre lo dice! ¿Qué tiene por cerebro?

-Como digas, Tomonori-kun. Sigue mirando a tu loli imaginaria –dicho esto, comenzó a ignorarme con una sonrisa idiota.

Ahora si comenzaba a asustarme. ¿Hiramaki no podía verla? Pero ella seguía allí, aunque aún estaba… Transparente. Entonces fue que empecé a pensar que era un fantasma. Sin embargo, no parecía aterradora. De hecho, aunque podía asegurar que sonreía, notaba también que estaba muy triste.

Si hay algo en lo que soy bueno, es en leer las caras de la gente, por más que se den cuenta. No me pueden esconder sus expresiones verdaderas. La de Toto me decía a las claras que no la estaba viendo. Trate de actuar como si fuera una broma de las que solíamos hacer. Pero con el rabillo del ojo, note que esa chica seguía mirándome. Y sonreía. Pero ahora estaba terriblemente afligida.

Y así estuvimos todo el día. Durante cada minuto mientras el sol descendía en el cielo, mientras Hiramaki hacia tonterías y molestaba a nuestros otros compañeros de clase, mirando las piernas y los escotes de las mujeres y estudiantes sin esconderlo. Yo no tuve más remedio que soportar escalofríos continuos, mientras la niña me seguía mirando incesantemente.

¿Por qué me está observando a mí? No soy nadie especial. No debería haber ninguna razón para que ella este allí. ¿Qué tengo? Mi espina dorsal envía una señal de peligro detrás de otra, pero aun así, no siento pánico. No tengo intenciones de escapar, no hay miedo en ninguna parte de mi cuerpo.

Me estoy emocionando.

Ser observado por esa fantasma con tal mirada triste me excita.

Y no entendía porque diablos ocurre eso.


Han pasado un par de semanas. La chica no ha vuelto a aparecer después de que volví a casa ese día. En mi mente, la llamo ‘La Niña Fantasma’. Investigue en Internet, pero no había nada sobre eso. Ni leyendas urbanas, ni historias de fantasmas, ni tampoco nadie dijo nada de una niña difícil de ver. En otras palabras, la cosa rara me estaba pasando a mí.

Tal vez se estén preguntando lo siguiente: ¿Realmente investigaste bien? Podría tratarse de un malentendido, o alguna broma pesada de un grupo bien organizado, entre otras explicaciones completamente racionales. Sin embargo, debo estar en contra de tales teorías. No soy un novato en el tema paranormal.

Digamos que mi estilo de vida es… Algo raro.

Para empezar, aunque mis notas en la escuela son buenas, no me esfuerzo en lo más mínimo. Mi único objetivo es que sean adecuadas, para que mis padres o los profesores no se quejen. No lo hago para salir con chicas, ni por que busque juntarme con amigos. La idea es que nadie me moleste mientras disfruto de mis pasatiempos.

Por cierto, estos hobbys míos incluyen tanto anime como manga, creepypastas y rituales de magia negra, algunas leyendas urbanas, además de mitos y leyendas de todo el mundo. Incluso soy un lector empedernido de light novels y best sellers. ¡Y también videojuegos! ¿A que soy una persona con demasiados pasatiempos? Y no me llamen “otaku” así nada más, montón de imbéciles discriminadores.

Sin embargo, todavía me aburría. Es que todo lo que sucedía en la ficción era tan interesante, que nuestro mundo se ve muy soso en comparación. Por esas razones siempre tuve ganas de que llegara ese momento en que me llegara un digivice, la llave de un mecha por correo, una Mahou Shoujo para protegerme de algún ser mágico (de preferencia, sin Kyubey), o algo parecido.

Sin embargo, tal cosa no ocurrió. Y yo solo podía aburrirme mortalmente, suspirando a cada momento mientras mi monótona vida escolar toma lugar. Por esa razón, investigue arduamente para descubrir la verdad detrás de esta Niña Fantasma. Sin embargo, lo único que pude lograr fueron fracasos tras fracasos. Empecé a preguntarme si era algo que solo pasaba una vez en la vida.

No sabía que eso solo era el comienzo, un preludio para lo que estaba por venir.


Ese día, acabábamos de llegar al parque. Algunos estaban jugando con unos naipes, y parecía que Hiramaki los estaba desplumando a todos. Probablemente hiciera trampa, pero no lograba captar la manera exacta. Yo observaba el muro, esperando verla aparecer de nuevo. Como las dos semanas pasadas, nada. Estaba ya casi seguro de que me lo había imaginado. Tengo una mente un tanto problemática, además de mí retorcida personalidad.

No me gusta tanto socializar. Solo intento caerles bien a todos. Pero, en secreto, no dejo de pensar que son un montón de perdedores. Por ejemplo, siempre creí que Hiramaki era un idiota que solo pasa tiempo conmigo para verse friki y que las chicas tengan esa impresión de él. Me gustaría pasar de su compañía, pero era divertido, así que no me quedaba más opción que soportarlo. Ya ven, soy un poco retorcido. Y no han visto la manera en que analizo a la gente. Me gusta ser cruel.

Pero ese día, conocería a gente que era por demás extraña. Sin mencionar sospechosa. Y, para rematar, peligrosa. Sin embargo… Digamos que no me quedó otra opción.


Ese día, note que me estaban observando. Me dio ese cosquilleo que siente la gente cuando se dan cuenta de que alguien los está mirando desde un punto ciego. Siempre pensé que era una tontería. Pero igualmente tuve ese presentimiento, o tal vez solo los noté por accidente subconscientemente. Con disimulo, mire hacia todas partes. Y vi a mis perseguidores.

Un chico y una chica.

El primero parecía de mi edad. Tenía un peinado alborotado, como si se acabara de levantar de la cama, en su cabello negro oscuro como plumas de cuervo. Sonreía estúpidamente, como si pensara que todo estaba saliendo perfecto. Era tan guapo como para molestarme su apariencia de niño bonito, un completo ikemen. Jugueteaba con algo que parecía una moneda. Estaba vestido como un estudiante, aunque ese uniforme no me parecía nada familiar. Era azul y negro, con una insignia curiosa: Una mano enguantada que sostenía una ciudad en miniatura. Que diseño tan extraño. Sus ojos rojos, literalmente rojos, parpadeaban con aburrimiento.

La chica era alta, probablemente mayor que yo. Tenía el cabello corto, azul oscuro. Unos pechos enormes, que se notaban muy bien con su ropa: Un cosplay de esas niñas mágicas de anime cliché, con vara terminada en corazón y todo. Ya saben, ese traje tan súper vergonzoso y de tantos colores que era más llamativo que un elefante caminando por las calles. Sus ojos eran blanquecinos, como si fuera ciega, pero claramente podía ver.

No dejaba de mirar en mi dirección.

No parecía feliz. Es más, me daba la sensación de que prefería largarse, pero no podía. Se volteó para mirar al otro chico. Y enseguida se exaltó, preguntándole algo a su compañero. Él negó con la cabeza, mirando a su lado. Allí no había nada. En ese momento se le borró la sonrisa del rostro, como si hubiera tenido que haber algo allí.

Por sus reacciones, deduje que ellos habían perdido algo. O, peor aún, a alguien. Una persona estaba con ellos antes, y ya no. Discutieron. Parecía que no se decidían si buscar a esa persona, o seguir vigilándome. Finalmente, terminaron eligiendo lo primero, y se largaron. Estaban apresurados.

Y, no sé porque lo hice, decidí seguirlos.

Me escurrí sin que me vieran mis compañeros, y los perseguí a través de la multitud. Doblaban a cualquier parte, así qué deduje que la persona que buscaban tenía un mal sentido de la orientación, porque no lo encontraban. Entraron a un callejón. Me oculté tras unas cajas vacías de una tienda, en plan James Bond, y traté de escuchar lo que decían.

-…Si lo estabas vigilando! ¡Te dije que no podíamos sacarle los ojos de encima a Shiro ni un segundo! –le gritaba la chica al chico. Si, definitivamente perdieron a una persona. Que tontos.

-Yo te sugerí que no lo trajéramos, pero como estabas pensando que ese niño tenía un rastro, dijiste que no pasaba nada si nos quedábamos a mirar, Mirai-san –el chico no parecía muy preocupado. ¿Se refiere a mí? Es lo más probable.

-Tú también lo sentiste. Era muy débil, pero allí estaba. No podíamos saber si uno de Ellos lo dejó, o si venía del chico, pero en cualquiera de los dos casos teníamos que vigilar. ¡No me vengas con tus excusas, Yuuki! ¡Tenías que tener visto a Shiro, y nada más! ¡No era nada difícil! –le decía la tal Mirai. ¿Ósea que el perdido se llama Shiro? ¡Qué nombre más raro! ¿Y por qué me estaban observando? ¿Qué pinto yo con estos raros?

-No me llames por mi nombre en público, Mirai-san. ¿Te parece Master Piece muy difícil de pronunciar? –replicó el tal Yuuki, o Master Piece, pero sin estar enojado. Parecía divertirse, ya que no quitaba esa sonrisa burlona e irónica muy mal puesta.

-¡Impronunciable! Además, no es hora de distraernos, sino de encontrar a Shiro. Tendrás que usar uno de tus centinelas –Mirai parecía muy irritada.

-Está bien, si tú lo dices… Hay que encontrarlo antes de que haga algún problema. ¿Desde el cielo está bien? –me asomé, y quede sorprendido. Allí estaba Yuuki, sosteniendo esa moneda entre sus dedos, que logre reconocer como una ficha de plástico verde y roja. La arrojó al aire, donde se quedó flotando, antes de soltar un destello de luz pálida y salir volando hasta perderse de vista. El chico tenía los ojos cerrados-. Ya estoy revisando el parque. Shiro no está. Tampoco el niño –¿qué tenía con decirme niño? Era molesto. Todo en este idiota, desde su apariencia a su actitud, es muy irritante.

-Se llama Tsuruya Tomonori. 15 años, tipo de sangre A+, estudiante de Primer Año en la Preparatoria Shibanashi. Nació el 31 de Diciembre de 1997  –comenzó a decir la chica, como si fuera algo obvio. Me quedé helado. ¿Cómo sabia mi tipo de sangre y mi fecha de nacimiento? Era imposible. Y espeluznante. Incluso emocionante. Sin mencionar lo de la ficha voladora. Mejor irme de aquí antes de que se den cuenta de que los estoy espiando.

Y, como buen torpe que soy, al retroceder apenas tres pasos, tropiezo. Caigo al suelo, seguro de haberme chocado con algo. Me levanto rápidamente, mirando que es. Y mi sorpresa aumenta.

Hay un chico tirado en la calle.

Es albino, al parecer. Piel pálida, pelo blanco. Unos 15 años. Parece que llevara el mismo uniforme que Yuuki, si, definitivamente es el mismo. No se movía. Estaba allí, tirado en medio de la calle. No me costó nada darme cuenta de que él era Shiro. El apodo le quedaba bien. Busque en su muñeca, como enseñaron en una clase. Había pulso. Por lo menos estaba vivo.

Lo mejor sería largarme de allí, sus amigos lo hallarían enseguida con solo salir del callejón. Ahora que lo pensaba, ¿cómo había terminado aquí? No lo había visto antes, detrás de mí. Sin embargo, no quería que me encontraran. Si ese joven de verdad podía ver cosas a la distancia con esa ficha, entonces sería mejor que volviera con mi clase antes de que notaran que los había seguido y espiado.

Sin embargo, un solo comentario acabo con mi plan.

-Oh… ¿Y quién eres tú? ¿Eres uno de Ellos? –una voz extraña de chica dijo eso a mis espaldas. Me voltee lentamente. Una loli acababa de aparecer allí, dos metros detrás de mí.

El mismo uniforme azul y negro, con unas largas medias en sus muy bonitas piernas. Los brazos cruzados alrededor de su pecho casi completamente plano. Una melena negra oscura le caía lacia por la espalda. Ojos rosas, por más raro que parezca. Su cara daba a entender que estaba interesada en escuchar mi historia. Debía de tener un par de años menos que yo. No estoy seguro de porqué, pero intuí que debía de ser pariente del chico del callejón. Tenían algo en común, un parecido.

-Yo… ¡Solo pasaba por aquí! Este chico parece estar en problemas, habría que llamar una ambulancia o algo… –la chica me interrumpió con un movimiento. Había sacado algo de su bolsillo. Una hoja de acero, probablemente de una navaja para afeitarse. La sostenía entre sus dedos. Su mirada paso de ser curiosa, a estar enojada. ¡Sospecho que ya no quiere escuchar lo que yo diga!

-Eres un mentiroso. Tu Espacio es muy torpe. Tu rastro es evidente, aunque sea débil. No me engañaras. Tú debiste atacar a Shiro-chan. Acabas de cometer un gran error. Así que vas a morir. ¡Lo siento! –con una vocecita y gestos que sonaban muy lindos, agitó la mano en donde sostenía la hoja de afeitar. No sé porque, pero tuve una sensación de peligro. Aunque no parecía estar hablando en serio, la forma en que decía estas cosas seguía siendo muy extraña. Rápidamente, salté a un lado.

¡Fiu! ¡Ziz!

En donde había estado yo un segundo antes, había ahora una línea apenas ella movió la mano. Esa chica, de alguna manera, al agitar esa hoja de afeitar, acababa de… ¡Cortar el suelo! Una hendidura de dos centímetros de ancho en la baldosa, justo al lado del chico albino. La chica, no muy preocupada de que casi le saca la cabeza a Shiro, me miró un tanto sorprendida, pero tenía una sonrisa aterradora y lunática.

-¿Lo esquivaste? Qué extraño. Eres el primero. Pensé que usarías una barrera. Casi me haces matar a Shiro-chan. Mi Onii-san se enojaría conmigo si hago eso –la loli volvió a levantar la mano. Iba a volver a cortar. ¡Tenía que apartarme, y ya mismo, antes de quedar rebanado! ¡Si le hace eso al piso, No creo que haya algún hospital capaz de coserme de vuelta!

¡Fiu! ¡Ziz!

Nuevamente, salté en el último segundo. Sentí el aire correr junto a mi oreja. Y, nuevamente, se abrió un corte en el suelo. Y este era aún más largo que el anterior. Unos cuatro metros. Sin mencionar que me parecía todavía más profundo. La chica estaba sorprendida, y preocupada. Aunque su expresión era en realidad muy linda. ¿Qué diablos le pasa? ¿¡Y por qué me preocupo por lo que piensa ahora mismo!?

-Pero… Si no te mato… Mi Onii-san se va a enojar… Mucho… ¿Por qué no me dejas matarte? –lo decía como si estuviera esperando que me quedara quieto con una sonrisa mientras me destripaba con su hoja de afeitar mágica. ¿Estaba loca o qué? ¡Una loli loca, lo que me faltaba!-. Bueno… Entonces tendré que ponerme seria, antes de que contraataques. ¿Podrás esquivar esto? –saco mas hojas de afeitar. Ahora sostenía tres cuchillas en cada mano, entre sus dedos.

No estaba seguro de poder esquivar seis a la vez. Y aunque lo hiciera, terminaría cansándome. Tenía que huir de allí, antes de que me convirtieran en rodajas. Pero si escapo… ¡Me cortara por la espalda! ¡Ni siquiera conozco el alcance de sus ataques, no puedo correr y dale la espalda en esa situación! Seria suicidio asistido.

-¡Adiós! –canturreo, cruzando sus dos manos. ¡Está a punto de atacar!

Entonces, se escuchó una voz conocida.

-¡Suficiente, Kiyoshi! –me di la vuelta. Yuuki, con su sonrisa divertida, nos miraba. Arrojaba la ficha al aire y la volvía a atrapar. Parecía entretenido de ver que estaban a punto de matarme. ¡Maldito chico guapo!

-¡Onii-san! –Kiyoshi salió corriendo, pasando a mi lado sin problemas, y saltó a abrazar al chico. Si, tenían el mismo cabello, y unas sonrisas iguales. Ese era el parecido que noté-. Estaba a punto de matar a este espía de Ellos…

-No es un espía –le interrumpió Mirai, parada junto a Yuuki. Me miraba con mucho interés, mientras agitaba su varita mágica de un lado a otro-. Es un problema. Uno que debemos solucionar de inmediato.

Continuara…

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