Espadachin

Como soy buena persona me di a la tarea de mantenerlos informados… no la verdad no.

Kiel se va de viaje por trabajo… no a trabajar si no a conseguir xD.

Y esto va aparte: por que no se han agregado a los nuevos traductores? Es un enigma…

Ya saben si saben de donde es el relatito no lo digan.


“¡Cuidado, Princesa! ¡Hay rufianes cerca!” Blendarf se colocó en posición de estocada y puso la mano sobre la empuñadura de su espada mientras tres enemigos emergían de las sombras del laberinto.

 

“Gracias por ahorrarnos la parte de la escalada.” Dijo el asaltante más grande con una sonrisa mellada. Hizo un gesto en dirección a la Princesa con su maza de pinchos.” A partir de aquí ya nos encargamos nosotros.

 

“Supongo que se quedarán con la recompensa.” Dijo Phores.

 

“¡Esto es ridículo!” Gritó Blendarf. “Yo me encargaré de estos bárbaros zarrapastrosos.”

 

“¿No estamos en inferioridad?” Reflexionó Phores, aunque sin atisbo de miedo en su voz.

 

“No son rivales para mí. Mira la pinta que tienen. Parece que no saben lo que es un sastre.” Se burló Blendarf.

 

La Princesa se cruzó de brazos y repiqueteó con los dedos. “¿Podría, quien quiera que sea mi secuestrador, darse prisa? Los guardias del laberinto deben de estar de camino.”

 

“Los guardias no se encuentran muy bien.” El segundo enemigo más alto escupió en el suelo y, a continuación, lanzó un puñetazo al aire. “Les dimos una buena y ahora están echándose la siesta. Haremos lo mismo con vosotros si no os quedáis calladitos.”

 

“Debería usar mi espada para enseñarte a no amenazar así a la realeza, palurdo.” Blendarf desenvainó su espada con un gratificante shhhiinnnggg. “Burdos patanes, os presento a mi espada, Blendarf.”

 

La Princesa hizo una pausa en su actuación dramática. “¿Le pusiste a tu espada tu propio nombre? De todos los ególatras…”

 

“Tengo mucho en común con mi espada.” Afirmó Blendarf.

 

“Prefiero no saberlo.

 

“No estoy seguro de cuál de estas gallinitas es la Princesa.” Dijo el menor de los ladrones, interrumpiendo la discusión. Sacó un sable de su cinturón.

 

“Es una pena despeinar al muchacho.” Bromeó el más grande.

 

“¿Crees que se ofenderá si el filo que lo mata no está limpio?” El segundo más grande sacó dos cuchillos de su cinturón.

 

“Déjame a estos imbéciles a mí, Phores” ordenó Blendarf. “¡Me encargaré de todos a la vez!

 

“Está bien” dijo Phores, que se entretenía cogiendo luciérnagas para la cena de Sushie.

 

Aún no habían llegado al primer arco del laberinto cuando Blendarf se abalanzó sobre los enemigos. Su espada dejó un beso carmesí en el torso, el brazo y la cara de los asaltantes. Las rápidas estocadas le mantenían fuera del alcance, su espada parecía extenderse el doble de su tamaño. Los cortes del sable, las arremetidas de los cuchillos y los balanceos de la maza solo impactaban al aire, lo cual no ayudaba a evitar las punzadas que recibían los enemigos. Blendarf avanzó lentamente mientras luchaba, bloqueaba, esquivaba, se cubría y cortaba con gracia, todo ello sin dejar de soltar leves insultos. “¡Golpeas con la velocidad de una tortuga! ¡Dime el nombre de tu maestro para culparle de tu muerte prematura! ¡Plantaré un rosal en tu tumba, amigo!”

 

Pero mientras Blendarf acorralaba a los dos más grandes en un callejón sin salida, el más pequeño se escapó de la refriega y agarró a la Princesa.

 

“Se escapa con tu recompensa” dijo Phores.

 

Blendarf corrió tras el secuestrador, pero lo perdió en los oscuros pasillos del laberinto. Volvió, pero los otros dos también habían desaparecido.

 

“¡Ayúdame, Phores!” gritó Blendarf.

 

“Pensé que tú te encargarías de estos imbéciles.”

 

“¡No podemos dejar que estos ingratos roben lo que hemos capturado legítimamente!”

 

“Está bien.” Phores levantó el ancla por la cadena y la lanzó hacia la oscuridad. Al volver, el gancho traía consigo a los tres llorosos y magullados matones, que había enganchado por las chaquetas, los cinturones y los muslos, sin mencionar una planta rodadora hecha de espinas. La Princesa Malene bajó de los hombros de su captor y acabó en el regazo de Blendarf. Solo tenía un rasguño en su pálida mejilla, del que brotaba un poco de sangre.

 

“¡Bien hecho, Phores!” Vitoreó Blendarf.

 

“Estúpidos” se quejó la Princesa. “¿No sabéis… que las espinas del naranjo espinoso… son venenosas… para las Princesas?

 

Sus ojos se cerraron mientras caía en los brazos de Blendarf.

 

La Guardia Real apareció apresuradamente en el balcón que había encima. “¡Han escapado por ahí!” Gritó uno.

 

Blendarf se puso nervioso. “¡Que no cunda el pánico! He memorizado el camino… izquierda, izquierda, derecha… no, es para atrás…”

 

“Diría que no hay tiempo para rompecabezas” dijo Phores y arremetió contra la pared de naranjos espinosos del laberinto, derribándola y creando una masa densa de largas espinas y frutas maduras.

2 pensamientos en “Espadachin

    • Todo lo que tenga titulos como “el pequeño dragon” o “Nya” son historias cortas ya lo demas seran de las novelas que tradusco… y no teri no ara novela! (A menos que lo obligen…)

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