Guerreros del olvido: Capítulo 3

Un nuevo capítulo de esta interesante novela!!!

Disfruten!!!


Capítulo 3 – Palabras sacras

 

 

“Si tuvieras una sola palabra que puede cambiar el destino del mundo cual utilizarías” Madre Palabras.

 

“Todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, su poder divino fluye a través de nuestras venas y tenemos su misma facultad de crear con nuestro verbo así que recuerda, nuestra raza, a través de los tiempos ha otorgado la magia que mueve nuestro mundo y por eso somos llamados palabras, porque es a través de esta, que logramos nuestro poder y justificamos nuestra existencia” – estas son las enseñanzas de madre palabras, mi maestra – dijo ketany.

  • Vivimos en un templo y se nos prohíbe salir de allí; durante 18 años no pronunciamos ni una sola palabra pero ese día cuando dan las 12 pm recibimos las palabras sacras; palabras que al pronunciarse se materializan, palabras de poder; entre menos palabras recibimos más poderosas son cada una de ellas, por supuesto podemos utilizar palabras normales y palabras mágicas como el escudo de agua que utilice hace poco – dijo Ketany. Aunque solo me queda una palabra sacra pensé.

Debido a nuestro poder, hemos sido blanco de temor de muchos, y de codicia de otros, pero solo hemos sido utilizados como instrumentos por todos; recuerdo,  faltaban 2 semanas para cumplir mis 18 años cuando el regente de la zona solicito que mis palabras sacras fueran para él, sus palabras serian poder, riqueza e inmortalidad.

Un grupo de guerreros llego a nuestro monasterio, y llevando un documento antiguo, lo mostro a nuestra superiora quien al revisarlo cambio completamente su semblante, el documento era una promesa escrita por el primer palabra de otorgar sus dones a quien tuviera ese documento, y claro, aplicaba a todos sus descendientes así que estaba obligada a obedecer aunque no quisiera; sabía que solo deseaban mis palabras y que cuando las hubiese utilizado sería un recipiente vacío.

Por primera vez en mi vida derrame unas lágrimas, quería guardar en mi recuerdos mi hogar, mis compañeras, mi vida, mi madre, si mi madre la vi en la torre más alta despidiéndose con una lánguida sonrisa, la verdad no sé qué edad pudiese tener, pero algunos decían que había nacido con la primera palabra del mundo y que su palabra final sería  la última en escucharse.

Madre sálvame quise gritar pero los sellos restrictivos de mis labios ni siquiera permitieron que pudiese abrir la boca, sentí como una caricia suave en lo profundo del corazón  y un sentimiento de aliento, hija mía se libre fue la materialización de ese sentir.  Me sentí reconfortada e inundada por el cariño de mi madre.

Prontamente fui tomada de la mano y conducida a una jaula metálica en donde me colocaron grilletes en todas mis extremidades.

El más joven del equipo entre 20 y 25 años un hombre de contextura mediana, músculos forjados por el entrenamiento, cabello caoba ondulado, ojos cafés y una agradable sonrisa se me acerco.

  • Es la primera vez que veo una Nereida (las nereidas son seres mágicos que poseen la mitad de su cuerpo humano y sus extremidades inferiores son de pez, aunque pueden tomar también forma humana) y en especial una tan hermosa, sé que tienes prohibido hablar por el don de palabras que posees, sabes, me encantaría escucharte y por cierto mi nombre es etmakur pero todos me llaman etma.

Lo mire desconcertada, un don, ja, para mí ha sido más una maldición, por este poder he perdido todo, mi casa, mi familia, mi vida, pensé.

Durante la travesía, el guerrero me hablaba por horas y me entretenía  con sus historias; fue la primera persona fuera del monasterio que me trato como un ser y no como un objeto, que me trato como un igual; recuerdo que me enseñó muchas cosas, de sus entrenamientos, de las lecciones de su maestro y entre tantas cosas me hablo del mundo, de las maravillas que habían fuera de las ventanas del templo y de las rejas de mi actual hogar; me hablaba y mi mente volaba con sus palabras; deseaba conocer esos sitios, deseaba ser libre; parece que el entendió mis sentimientos y empezó a buscar la forma de darme libertad.

Recuerdo que un día llego a mí con un rostro lúgubre.

  • no lo entiendo Ketany, creí que cuando dabas tus palabras sagradas simplemente serias un ser normal, no sabía que implicaba tanto como para que tu vida corriera peligro, aun deseo que seas libre, sé que entiendes mis palabras y en cierta forma siento que puedo entenderte; solo nos quedan dos días de viaje, algo se me ocurrirá – dijo Etmakur.

Esa noche tuve un sueño, en el, El  ser supremo soplaba sobre mi pecho y en esos momentos el número tres apareció en mi mente. Feliz cumpleaños hija mía, mi obsequio son tres palabras sacras utilízalas con sabiduría – además recordé los sentimientos de mi madre al despedirme hija mía se libre.

Al despertar estábamos rodeados por un grupo de caballeros completamente armados, algunos de ellos tenían hachas, otros grandes espadas y algunos hasta arcos con sus respectivas flechas, y ondeante, estaba el emblema del regente.  Un hombre alto de cuerpo delgado y ojos hundidos se nos acercó, parecía más un esqueleto que un humano, nadie recordaba su nombre pero todos lo llamaban snake.

  • ¡Qué sucede! – gritó el jefe de mi escolta – la prisionera que llevamos pertenece a tu amo no hay necesidad de su presencia.
  • Creo que no entiendes tu posición, deseo esas palabras para mí y nadie más – dijo snake mientras reía malévolamente.
  • ¡A sus posiciones! – gritó Nardo el jefe de los guardias; entre todos hicieron un muro alrededor de mi jaula, e inmediatamente entregó las llaves a etma quien las tomó, abrió la jaula liberándome.
  • ¡Debemos escapar, el jefe protegerá nuestra retirada! – dijo Etmakur.
  • ¡Rápido escapad! – gritó Nardo – ¡no se preocupen por nosotros, pronto los alcanzaremos!
  • ¡Que divertido! – gritó snake – ¡ataquen, solo necesito que la nereida viva!, al menos hasta que pronuncie sus palabras.

Mis guardianes lucharon valientemente pero les superaban en número y poco a poco fueron cayendo; mientras tanto corría a la máxima velocidad que podía soportar, llegamos a la entrada de un bosque.

  • ¡Entra al bosque, huye, yo te daré tiempo! – grito etmakur.

Corrí con todas mis fuerzas, realmente lo siento etma no quiero morir, a mis espaldas escuché un grito de dolor.

Poco después estaba rodeado por los bandidos; snake sonreía, tenía en sus manos el documento antiguo.

  • Ahora tus palabras serán mías y mi primera palabra es…

¡Libertad!, gritó Etmakur.

Inmediatamente sentí como se consumía mi primera palabra, grité libertad y el documento se hizo cenizas, ahora mi raza es libre pensé.

  • ¡Atrapadla, debemos obligarla a que utilice sus palabras y matad a ese tonto! – grito snake mientras se me acercaba lentamente.
  • ¡Olvídate de mí! – grito etma – ¡olvídate y huye!

Y esa fue mi segunda palabra olvido, de esta manera les daba verdadera libertad a mi raza, serian libres y a la vez ya nadie codiciaría nuestro poder, seriamos solo una leyenda, un recuerdo olvidado.

Todos me miraban y se miraban desconcertados, ¿qué hacemos aquí? se decían unos a otros, luego vieron a etmakur herido – rápido señorita Nereida, por favor ayude a nuestro compañero – dijeron.

  • Bueno – respondí asombrada de que nada pasó, solo fueron palabras normales pensé, ahora entendí, me quedaba mi palabra sacra pero podía utilizar otro tipo de palabras.

Me acerque a etmakur, su herida era profunda y si no hacía algo pronto moriría.

Una suave voz llego a mi mente, era la voz de mi madre – querida hija concentra tu mente en tus manos, siente como fluye tu energía a través ellas, luego imagina como esa energía va llenando los sitios de la herida y como esta va desapareciendo – así lo hice, y una luz verde salió de mis manos y fue inundando el sitio donde estaba la herida, cerrándola por completo sin dejar ningún rastro.

  • Bien hecho hija mía, sabía que podías lograrlo, ahora ven lo más pronto al monasterio, hay muchas cosas que debes saber.
  • Sorprendente, señorita Nereida usted debe ser una alta sacerdotisa para haberme sanado de tal forma, no sé cómo compensarle por salvar mi vida – dijo Etmakur.
  • Ya me has ayudado suficiente – respondí, te prometo que un día saldare mi deuda, aunque me cueste mi última palabra pensé, y con una sonrisa partí a mi nueva libertad.

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